VIDA SILVESTRE

Retroceso ambiental: habilitarían uso comercial de madera de desmontes ilegales en Chaco

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Las organizaciones Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre Argentina y Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) expresaron su profunda preocupación ante el inminente tratamiento del proyecto de ley 1861/2024 en la Legislatura de la provincia de Chaco, previsto para este miércoles 23 de abril.

El proyecto plantea modificaciones a artículos clave de la Ley 2079-R, que regula las sanciones por desmontes ilegales, incorporando un nuevo artículo 45 bis. Este artículo permitiría legalizar la comercialización de productos forestales obtenidos de manera ilegal mediante contratos privados.

“De aprobarse este proyecto, se institucionalizaría un incentivo perverso, promoviendo el negocio de la madera proveniente de desmontes ilegales. Esto implicaría un retroceso enorme para la protección de los bosques nativos chaqueños y consolidaría un modelo de explotación insostenible”, advirtió Francisco González Táboas, Director de Coordinación Institucional de Aves Argentinas.

Chaco es una de las provincias más afectadas por la deforestación. En lo que va de 2024, se han perdido casi 40.000 hectáreas de bosque nativo, pese a las restricciones legales vigentes. Desde la sanción de la Ley Nacional de Bosques en 2007 hasta fines de 2022, la provincia perdió cerca de medio millón de hectáreas, según datos oficiales de la Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal (UMSEF).

“El proyecto propone legalizar lo que la Ley de Bosques penaliza, debilitando aún más una normativa que ya viene siendo vulnerada y que resulta fundamental para la conservación y el uso sustentable de nuestros bosques nativos. Es necesario fortalecer su cumplimiento tanto a nivel provincial como nacional, para evitar incongruencias entre lo que la ley proclama y lo que efectivamente sucede”, señaló Sebastián Fermani, Director de Conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina.

Las organizaciones firmantes reclamaron el retiro del artículo 45 bis del proyecto y la implementación de mecanismos más eficaces para combatir los desmontes ilegales, como el decomiso de madera y el agravamiento de sanciones en caso de quema posterior. Estas medidas ya habían sido sugeridas por el propio Poder Ejecutivo provincial a través del Ministerio de Producción.

“El avance del desmonte ilegal pone en riesgo no solo la biodiversidad de la región, sino también la posibilidad de construir un modelo productivo verdaderamente sostenible para Chaco. No podemos seguir legalizando lo ilegal”, concluyeron las organizaciones.

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Cuando -lo que creemos que son- buenas acciones lastiman: por qué los animales silvestres no son mascotas

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En una casa del interior, una vecina muestra con orgullo un pequeño mono tití que “rescató” después de que su madre fuera atropellada. Lo alimenta con una mamadera, frutas, le tejió un abrigo, le pone pañales y hasta le dio un nombre. La señora asegura, con mucho amor, que lo está cuidando y que lo salvó. Y aunque sus intenciones parecen nobles y sinceras, la realidad es otra: ese monito, como tantos otros animales silvestres que viven en hogares humanos, está siendo alejado de su verdadero mundo, de los de su especie, de su naturaleza. 

La tenencia de animales silvestres como mascotas es un fenómeno extendido en todo el mundo, muchas veces impulsado por la desinformación o la empatía mal dirigida. Desde pichones de aves, como los loros, hasta pequeños felinos, coatíes, tortugas o monos, la lista de animales nativos que terminan en jaulas o peceras en casas particulares es extensa. Sin embargo, detrás de cada caso hay una historia de desequilibrio ecológico, sufrimiento animal y, a veces, riesgo para las personas. 

Lo que para algunas personas puede parecer un gesto de cuidado, muchas veces representa un daño que luego es difícil de reparar. Un animal silvestre criado en cautiverio pierde habilidades fundamentales para sobrevivir en su ambiente natural: para encontrar alimento, para evitar a sus depredadores naturales, para interactuar con los de su especie, cambios radicales en su dieta natural, entre muchos otros. En otras palabras, se vuelve prisionero en un entorno que no le pertenece, que no les es natural. 

A su vez, muchos de los animales silvestres pueden transmitir enfermedades, volverse agresivos al crecer o simplemente vivir en un estado constante de estrés. No están hechos para convivir con humanos en sus casas. Su bienestar depende de un entorno específico: el monte, la selva, el río, el cielo abierto. 

Es verdad que ciertas veces los animales silvestres pueden necesitar ayuda de las personas: pueden estar lastimados, desorientados, sin su madre. Pero el paso correcto o indicado no es llevarlos a casa. Existen centros de rescate, profesionales especializados y protocolos que permiten evaluar si pueden ser o no reinsertados en la naturaleza. En cambio, cuando los adoptamos como mascota, le negamos esa posibilidad. 

El problema se agrava cuando no logramos distinguir entre una mascota —un animal domesticado como un perro o un gato— y un animal silvestre. Esta confusión lleva a justificar la tenencia con argumentos como “pero lo trato bien”, “está mejor acá que en el monte” o “lo salvé”. Sin embargo, y pese a que los argumentos muchas veces nacen de personas bienintencionadas, los animales silvestres no necesitan ese tipo de cariño humano: necesitan la selva, su libertad y a otros de su especie. Si esto último no fuera posible, se le deben brindar condiciones apropiadas para su conservación fuera de la naturaleza, conocida como conservación “ex situ” y pueden ser parte de programas de educación ambiental o de aportes de material genético para programas de reintroducción, en caso de ser necesarios.  

La buena noticia es que cada vez más personas y comunidades están reflexionando sobre esta problemática y es positivo que así sea. Se preocupan y reaccionan al toparse o escuchar sobre casos de tenencia de animales nativos como mascotas. Por ello, hay una necesidad seguir impulsando acciones para que esto no siga ocurriendo. 

La educación es, con seguridad, una de las claves para que cada vez más personas puedan diferenciar claramente a los animales domésticos de los silvestres, y promover una relación basada en la observación respetuosa y la coexistencia, y no en la tenencia. Entender que no todo animal necesita ser rescatado —al menos no por cualquier persona— es un paso importante hacia una cultura de mayor respeto y responsabilidad ambiental. 

El desafío actual es cambiar la forma en que miramos a los animales silvestre. No como objetos de ternura ni como trofeos exóticos, sino como parte esencial de un ecosistema que también nos sostiene a nosotros. Y reconocer que, a veces, la mejor forma de cuidar es no intervenir. 

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Restauración de la selva misionera: más de 36.000 árboles serán plantados en 2025

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La Fundación Vida Silvestre Argentina reafirma su compromiso con la restauración de la selva misionera y proyecta para 2025 la plantación de más de 36.000 árboles nativos en el municipio de San Pedro, Misiones. Esta iniciativa será posible gracias al compromiso de 38 familias de pequeños productores, quienes restaurarán 152 hectáreas a través de distintas modalidades. Con esta nueva etapa, se superarán las 380 hectáreas restauradas en San Pedro, fortaleciendo la conectividad ecológica y los servicios ecosistémicos de la región.

El proyecto “Restaurando la selva misionera para las personas y la naturaleza” es liderado por la Fundación Vida Silvestre Argentina y se implementa en conjunto con la Municipalidad de San Pedro y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Desde su inicio en 2022, ha involucrado a más de 80 familias. Según Jonatan Villalba, analista de restauración y manejo de bosque de la Fundación Vida Silvestre Argentina, la participación activa de las familias rurales resulta fundamental para el éxito del proyecto, ya que la restauración se lleva a cabo en sus chacras a partir de un trabajo de relevamiento, apoyo técnico e intercambio permanente. “Cada árbol que las familias plantan en sus chacras no solo ayuda a recuperar el monte, sino que también significa agua, sombra y un futuro resiliente frente al cambio climático”, afirmó.

Bajo un enfoque de “conservación inclusiva”, la iniciativa combina restauración ecológica con el desarrollo productivo local. Además de la reforestación, el proyecto brinda capacitación y asistencia en actividades productivas sustentables, así como apoyo para el acceso al agua segura según las necesidades de cada familia.

Villalba destacó que pequeños cambios en las actividades productivas, la restauración, la puesta en valor y el cuidado de los recursos ambientales pueden generar un impacto significativo. Mencionó que, más allá del apoyo al desarrollo productivo, el proyecto busca garantizar un entorno sano para la región, fortalecer la conectividad entre áreas protegidas, mejorar los cauces de agua y contribuir a la conservación del yaguareté.

Desde 2008, la Fundación Vida Silvestre trabaja en la restauración forestal en la provincia de Misiones. En Comandante Andresito, más de 120 familias rurales han contribuido a la recuperación de más de 400 hectáreas. Actualmente, los esfuerzos están centrados en San Pedro, con la meta de superar las 380 hectáreas en proceso de restauración este año. Villalba resaltó que el conocimiento de la población local, sumado a la experiencia del equipo técnico del proyecto, resulta clave para resguardar los servicios ambientales esenciales, como el agua. “Las familias que participan no solo están restaurando, están apostando y promoviendo un futuro mejor para sus hijos y para la naturaleza que los rodea”, enfatizó.

Las acciones de restauración incluyen tres modalidades:

  • Plantación sobre macizo, que consiste en la reforestación de áreas degradadas con escasa o nula vegetación.
  • Enriquecimiento de monte, que refuerza la regeneración natural de áreas forestales existentes.
  • Sistemas agroforestales, que integran cultivos productivos, como la yerba mate, con especies arbóreas nativas para mejorar la biodiversidad y la sustentabilidad económica de las familias participantes.

La selva misionera forma parte de la ecorregión del Bosque Atlántico, que se extiende por Argentina, Brasil y Paraguay. Se trata de uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo y cumple un papel crucial en la mitigación del cambio climático, la regulación hídrica y el sustento de comunidades locales. Sin embargo, más del 80% de su superficie original se ha perdido debido a la deforestación y la fragmentación del hábitat. La degradación del bosque no solo impacta la biodiversidad, sino también a las personas que dependen de él para su bienestar y desarrollo.

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Animales de la selva usan alcantarillas como cruce seguro de rutas

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En Misiones, el atropellamiento de fauna es una de las principales amenazas para la conservación de mamíferos. Para mitigar este impacto, alcantarillas y puentes fueron adaptados para que puedan funcionar como pasos de fauna optimizando así su uso por parte de la vida silvestre. Las tareas de adecuación de puentes y alcantarillas de drenaje como pasos alternativos para la fauna silvestre en la provincia se encuentran avanzadas y monitoreos incipientes arrojan resultados alentadores.

Este trabajo, liderado por la Fundación Vida Silvestre Argentina, el Instituto de Biología Subtropical (IBS-CONICET), el Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CeIBA), y la Administración de Parques Nacionales, se focalizó en una primera etapa en el Parque Nacional Iguazú. En las alcantarillas y puentes ya existentes, se construyeron veredas o pasarelas secas para permitir el cruce seguro de animales por debajo de la ruta, junto con la instalación de cercos conductores y rampas de escape. Estas medidas, que no representan una solución definitiva a la problemática, buscan mitigar el atropellamiento de fauna en rutas que atraviesan áreas naturales protegidas, complementando otras iniciativas destinadas a reducir el impacto vial sobre la biodiversidad.

“En tan sólo cuatro días de monitoreo de una de las alcantarillas intervenidas para favorecer a especies que evitan el contacto con el agua, el equipo técnico logró comprobar que ya la comenzaron a usar. En pocas horas, las cámaras trampa fotografiaron a un tapetí (conejo de monte) y un el ocelote utilizando las pasarelas”, señaló Lucía Lazzari, coordinadora del programa bosques de Fundación Vida Silvestre Argentina. “Si bien se trata de una muestra insipiente, las imágenes obtenidas parecen indicar que el esfuerzo valió la pena” agregó.

Para abordar la problemática del atropellamiento de fauna, además de prever la construcción de pasafaunas y la adecuación de nuevas alcantarillas o puentes, es necesario seguir trabajando en medidas de control y penalización del exceso de velocidad, cuya máxima es 60 km/h en áreas naturales protegidas, junto al emplazamiento de reductores físicos de velocidad en áreas donde actualmente se está registrando más mortalidad por atropellamiento (“zonas calientes”). Es fundamental, además, que las personas respeten, y hagan respetar, los límites de velocidad para reducir al máximo esta problemática.

Un enfoque innovador para mitigar atropellamientos

Con el objetivo de evaluar el uso de las alcantarillas por parte de la fauna para cruzar en forma segura las rutas, el equipo de investigadores monitoreó, entre 2022 y 2023, 34 km de rutas que incluyen la RN12, RN101 y accesos al área Cataratas y al Aeropuerto dentro del Parque Nacional Iguazú y el Parque Provincial Puerto Península. Con cámaras trampa instaladas en 21 alcantarillas y puentes, se obtuvieron más de 450.000 fotografías. Además, se analizaron 35 sitios cercanos de selva para evaluar la presencia y comportamiento de especies en los alrededores de estas estructuras.

El estudio demostró que diversas especies de animales, muchas de ellas en peligro de extinción, utilizaban alcantarillas y puentes por debajo de la ruta para atravesarlas. Sin embargo, se pudo apreciar que determinadas especies presentaban limitaciones para utilizarlas, principalmente en aquellas alcantarillas que tienen agua casi permanentemente. Esta situación dificulta el uso de las estructuras para varias especies, como los ocelotes, a los que no les gusta mojarse. A partir de este estudio es que se diseñaron y llevaron a la práctica diferentes adecuaciones a estos cruces para aumentar su efectividad como pasos de fauna alternativos.

Propuestas y avances

En respuesta al estudio, el equipo desarrolló diversas propuestas de acondicionamiento de estructuras para mitigar atropellamientos en tramos de rutas y caminos dentro del Parque Nacional Iguazú. A partir de ello, se efectuaron mejoras en alcantarillas existentes y la construcción de nuevas estructuras para optimizar su uso como pasos seguros para la fauna. Se instalaron cercos conductores sobre la ruta, alambrados que se ubican en sitios de alto riesgo de atropellamiento de especies sensibles y que son acompañados por un paso de fauna. Esta medida de mitigación contribuye a evitar que los animales crucen por la calzada y lo hagan por las estructuras seguras.

Estas intervenciones buscan, no sólo evitar el atropellamiento de fauna silvestre, sino garantizar la conectividad de hábitats y proteger tanto a la biodiversidad como a los usuarios de las rutas.

Una problemática urgente

El atropellamiento de fauna es una amenaza creciente en Misiones. Miles de animales medianos y grandes mueren a lo largo del año en rutas que atraviesan áreas naturales protegidas*. Este problema pone en riesgo no solo a las especies locales, sino también a las y los conductores, reflejando la necesidad de un enfoque equilibrado entre desarrollo vial y conservación.

A medida que las obras de adecuación concluyan, se iniciarán nuevos monitoreos para evaluar el impacto de estas intervenciones en las especies que anteriormente no utilizaban las estructuras.

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Día Mundial de la Alimentación: el sistema alimentario es uno de los principales motores de pérdida de naturaleza   

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Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, con el objetivo de concientizar sobre el problema alimentario mundial, fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre y la desnutrición, y recordar la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria. Este día fue proclamado en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el lema planteado para este año refiere al «Derecho a los alimentos para una vida y un futuro mejor.»   

El Informe Planeta Vivo 2024, recientemente publicado por WWF y difundido en Argentina por Fundación Vida Silvestre, expone que el sistema alimentario mundial está destruyendo la biodiversidad, agotando los recursos hídricos mundiales y cambiando el clima, pero no proporciona la nutrición que las personas necesitan. La producción de alimentos es uno de los principales motores del declive de la naturaleza: utiliza el 40% de toda la tierra habitable, es responsable del 80% de la pérdida de biodiversidad, el 80% de la deforestación, el 29% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y el 70% del uso del agua.  

Sin embargo, a pesar de la producción récord de alimentos, alrededor de 800 millones de personas no tienen cubiertas sus necesidades básicas de alimentación: los índices de obesidad están aumentando, mientras que casi un tercio de la población mundial no recibe con regularidad suficientes alimentos nutritivos. Paradójicamente, nuestro sistema alimentario está socavando nuestra capacidad de alimentar a la humanidad, ahora y en el futuro. Por eso, es esencial revisar urgentemente cómo estamos produciendo alimentos a gran escala, con el objetivo de lograr un real desarrollo sustentable compatible con la alimentación de una población global creciente y dentro de los límites planetarios.  

“El actual sistema alimentario mundial no solo está fallando en alimentar adecuadamente a la humanidad, sino que también está destruyendo los ecosistemas de los cuales dependemos. Es urgente que transformemos la forma en que producimos y consumimos alimentos para garantizar un futuro sustentable tanto para las personas como para la naturaleza”, detalló Manuel Jaramillo, director general de Vida Silvestre.  

A pesar de que el sistema alimentario es el principal factor de degradación ambiental, no se aborda adecuadamente en las principales políticas ambientales internacionales. Es necesaria una acción coordinada para: 

  • Fomentar una producción respetuosa con la naturaleza, que proporcione suficientes alimentos para todas las personas y permita, al mismo tiempo, la conservación de la naturaleza. Esto requiere de la adopción de prácticas agrícolas y ganaderas responsable con el ambiente.
  • Garantizar que toda la población mundial tenga una dieta nutritiva y saludable, producida de forma responsablelo que requerirá cambiar las opciones y elecciones alimentarias, al mismo tiempo que se aborda la desnutrición y la seguridad alimentaria.
  • Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos: en la actualidad, se calcula que alrededor del 40% de todos los alimentos producidos nunca se consumen, lo que implica que también se desperdician los recursos naturales utilizados para producirlos. Esto tiene un impacto significativo en el cambio climático, contribuye e intensifica la degradación ambiental y perpetúa la inseguridad alimentaria.
  • Aumentar el apoyo financiero y fomentar la buena gobernanza de sistemas alimentarios sostenibles, resilientes y respetuosos con la naturaleza, reorientando el financiamiento a la producción sustentable, a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, a mejorar el consumo y mantener los alimentos al alcance de todos. 

“Es vital y necesario garantizar un futuro donde las personas y la naturaleza puedan prosperar. Debemos trabajar en conjunto —gobiernos, empresas, sociedad civil y ciudadanía— para transformar nuestros métodos de producción y consumo. Solo así podremos construir un sistema alimentario sustentable que asegure alimentos saludables para todas las personas, sin comprometer los recursos del planeta”agregó Jaramillo. 

En esa línea, desde Fundación Vida Silvestre se aborda la problemática a través del trabajo conjunto con diferentes sectores, con el objetivo de transformar los actuales sistemas de producción de alimentos y lograr que sean amigables con la naturaleza y saludables para las personas. En esa línea las acciones están orientadas a:  

  • Promover métodos de producción y consumo eficientes y respetuosos con la naturaleza: el sector empresarial es clave en la economía global, por eso Vida Silvestre trabaja con empresas para reducir sus impactos ambientales, promoviendo transformaciones que integren la sustentabilidad en sus operaciones y cadenas de valor, priorizando alianzas que fomenten la conservación, y brindando información sobre el impacto de la producción en la naturaleza. Con ese objetivo, se desarrollaron fichas técnicas sobre sistemas alimentarioscarne vacuna y soja, para poner a disposición información relevante que permita fomentar la transformación y los compromisos empresariales.
  • Fomentar la adopción de buenas prácticas de producción agrícola y ganadera compatibles con la conservación, para asegurar la sustentabilidad de los sistemas productivos: Vida Silvestre impulsa métodos para mejorar el manejo de ambientes naturales (como bosques y pastizales), que permitan un uso sustentable de los recursos naturales dentro de un enfoque productivo. Para apoyar a los productores en este desafío, se ha desarrollado una plataforma sobre Ganadería Sustentable, con el objetivo de promover la adopción de buenas prácticas ganaderas que contribuyan a la conservación de los entornos naturales y la biodiversidad.
  • Concientizar sobre la importancia de adoptar hábitos de alimentación más responsables con el ambiente y que eviten el desperdicio de alimentos: para ello, Vida Silvestre realizó una Guía de 21 días que propone hábitos alimentarios más saludables y amigables con el ambiente, promoviendo dietas que cuidan la salud y el planeta. A su vez, lanzó un cuadernillo de educación ambiental sobre Consumo Responsable, que aborda el impacto del sistema alimentario en la naturaleza y ofrece recursos para que docentes y estudiantes puedan trabajar la temática en las aulas. 

Resulta primordial redefinir los modelos de producción y de consumo, respondiendo a las tendencias alimentarias y productivas que demanda el mercado global y garantizando los cuidados necesarios para todas las personas, así como también para nuestro planeta. Esto permitirá revertir la pérdida de biodiversidad, frenar la destrucción de ecosistemas, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mitigar la contaminación del agua y la escasez hídrica, y garantizar el acceso a alimentos saludables y nutritivos para todas las personas. 

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