Ajustar conlleva costos políticos. El objetivo del gobierno durante estos meses complicados se reduce a evitar que los mismos afecten la gobernabilidad. Es decir, que se profundice la caída de la popularidad del gobierno, la desconfianza de los gobernadores y el malestar social. Dentro del oficialismo, la preocupación generó algunas expresiones. Los radicales y la diputada Carrió ensayaron algunos diferenciamientos. Y algo similar está haciendo María Eugenia Vidal, quien acusó a “los empresarios que están aumentando los precios sin justificación cambiaria” y considera que la tasa de referencia del BCRA en torno al 40% “no puede seguir mucho tiempo”.
La “protesta” de Vidal se da en el marco de lo que comentáramos la semana pasada: los recortes fiscales en obra pública afectarán al distrito que ella gobierna. La discusión, en este clima de escasez, se traslada a la distribución de las partidas vigentes. La antigua división Nación versus Provincias se convirtió en Ciudad & Provincia de Buenos Aires versus el Interior. De ello se trata el debate por los fondos de AYSA, la empresa de aguas que es de propiedad estatal y que tiene asignada un fondo para obras. Los gobernadores quieren nacionalizarlo y federalizarlo; Vidal y Larreta quieren que se respete la ejecución prevista (en su gran mayoría, en el área metropolitana) y que sea traspasado en forma directa a sus dos distritos.
Sin embargo, lo que podría ser visto como un logro del gobierno en este momento desafortunado es que el peronismo muestra señales de división en circunstancias que, en otro contexto, propenderían a una unificación. Ya no se trata solamente del diálogo entre gobernadores y kirchneristas, sino de la propia identidad del primer grupo.
Tras siete días de conflictos sindicales y una marcha del 25 de mayo de tinte opositor, este miércoles el Senado tratará el proyecto opositor de tarifas, que ya tiene media sanción en Diputados y que propone entre otras cosas retrotraer los valores a noviembre de 2017. El gobierno pasó de rendirse y avisar que iba a vetar cualquier cosa que salga del Congreso, a querer una victoria política. Es decir, a mostrar que puede frenar al Senado en una mesa de negociación sin necesidad de usar las facultades extraordinarias del Ejecutivo. Mostrar que aún tiene alianzas legislativas como para negociar, junto a la oposición, reformas de contenido económico que podrían formar parte del acuerdo con el FMI.
Lo cierto es que la dispersión del peronismo no kirchnerista es una posibilidad. Por un lado está la posición de Pichetto, quien sigue siendo un coordinador de los intereses de los gobernadores en el Congreso pero hoy está más cercano a la idea de mostrar oposición y alternativa política ante la sociedad. Es también la línea de Sergio Massa, ausente en el debate público pero aún presente en otros niveles. La otra posición, minoritaria pero clave para los números, es la del salteño Juan Manuel Urtubey. Precandidato, pero a la vez más cercano al gobierno y crítico del proyecto de tarifas, Urtubey es la voz de “no poner palos en la rueda” en mayo y junio.
Los números están en el límite. En la mañana del lunes todo dependía de un voto. Pichetto insiste: si no se muestra coherencia ahora, no podremos ser una opción política en 2019. La imagen de la descoordinación o fractura del peronismo pospone el escenario de la coordinación opositora. Ante la opinión pública y los observadores internacionales, deja la lectura de un peronismo balcanizado. Y ello equivale, en este marco, a la gobernabilidad de Macri.
Unos días antes de la corrida cambiaria, Maurice Closs anticipó que la salida del Gobierno era pedirle auxilio al FMI. Hoy advierte que aunque se superó la encrucijada del SuperMartes con los vencimientos de Lebacs, los problemas de fondo de la economía argentina siguen estando en el mismo lugar, pero con un saldo de más deuda, mayor inflación y tasas de interés asfixiantes. El senador advierte que la turbulencia de esta semana modifica el escenario electoral pensando en 2019, año donde tendrá el rol de acompañar: “No estoy en clave electoral”, asegura. ¿Ese anticipo fue información privilegiada o experiencia?
Venía viendo el devenir de la economía con el escaso conocimiento que uno tiene, pero nos dábamos cuenta. El modelo de tipo de cambio atrasado con tasas de interés altísimas y apertura de importaciones sin potencial exportador, hacía que la Argentina se quede sin dólares, con déficit fiscal, que sale a financiarse con letras, Lebacs a tasas altísimas, lo que arma una bola de nieve que no paraba más. Ante la primera corrida uno empieza a ver cuál es el camino de salida que tiene, porque ya le pidió plata prestada a todo el mundo y el usurero te estaba apretando un poco más de la cuenta. Conociendo el modelo de gobierno y conociendo el ajuste que no se estaban animando a hacer, veo que le queda el prestamista de última instancia, al que le vas a pedir cuando estás fundido. Decía dos cosas: “Ajuste y Fondo Monetario, que son las dos caras de una misma moneda”. Fue lo que ocurrió. Por ahí no era indispensable, pero conociendo como piensan algunos del Gobierno, veía que de este descalabro se salía con otro prestamista y el único prestamista de última instancia que te puede resolver 30 mil millones de dólares es el FMI.
¿Se solucionaron los problemas o se compró tiempo?
Las causas que llevaron a esta corrida, siguen prácticamente todas vigentes. El déficit fiscal, la gran bola de nieve de las Lebacs. Lo único que cambió, pero lo hizo el mercado, es el tipo de cambio, que se fue a 25 pesos, que ya es un precio de salida más caro para quienes quieren salir del país. Las causas que provocaron la corrida, se mantienen intactas. Lo que ganamos con el SuperMartes, que hay que reconocer que estuvo bien jugado, es tiempo hasta el próximo vencimiento de las Lebacs, que será dentro de un mes, porque las Lebacs se están colocando a un plazo muy corto. ¿Cuál es la salida? El principal error es querer parar la inflación cuando no la podía parar. El Presidente habla mucho de la herencia recibida, pero si hay algo que el Gobierno anterior no le dejó, fue herencia de deuda, aunque sí una política de precios desvirtuada. Salir de esa política tiene sus costos, básicamente de inflación, porque si subís tarifa, sube la inflación, subís combustible, más inflación, el maíz, sube la carne, más inflación… acomodar todo el tema tarifas es inflacionario. El error fue haberse puesto como objetivo pautas de inflación bajas cuando todavía no había resuelto el esquema de precios relativos de la economía y todavía no los terminó de resolver. Yo hubiera puesto a crecer la economía, porque había condiciones, con inflación, devuelto competitividad con el tipo de cambio y acomodar gradualmente las tarifas, pero con una economía más dinámica, en crecimiento. Ahora lo que queda, para mí, es cambiar el modelo, mirar mucho más a la producción y no tanto a las finanzas. No puede ser que el ajuste fiscal sea todo para disminuir gastos, que significa menos viviendas, menos rutas, menos obra pública, menos Conectar Igualdad, y que suba el déficit financiero, que es plata para la timba. Eso lo tienen que parar, haciéndoles pagar a ellos el costo financiero. Para eso creo que viene el Fondo Monetario Internacional. Van a tratar de conseguir dinero para sustituir el esquema perverso de las Lebac. El Presidente pidió un gran pacto ¿Hay que acompañar?
El presidente está jugando muy fuerte a la política y ese fue uno de los errores. En 2017 decidió instalar la grieta entre buenos y malos, como la economía no andaba. Le dio resultados. Tuvo una gran elección con la grieta de por medio, pero la economía seguía en problemas. Con ese resultado pensó que tenía ganado el 2019 y el 2023. Yo decía en la campaña electoral: “Se vienen los ajustes de segunda generación y tienen cara de joven y cara jubilado”. ¿Qué pasó? Intentaron el ajuste previsional y lo hicieron, como vieron que salieron un poco dañados en su imagen, volvieron a jugar a la política y lanzaron la candidatura de Macri, la reelección de María Eugenia Vidal y Horacio Larreta. Mezclaron la política y esto les explotó en las manos. Mezclaron un modelo inconsistente en la visión económica y financiera. No había posibilidad de cubrir estos vencimientos, con la anticipación de un calendario electoral. Cuando el Presidente llama a los gobernadores es como la mancha venenosa, llama para compartir el ajuste. Hay que ser sensato, hay que darle las herramientas de administración, para tarifas, para la deuda. Pero que él sea el que se lleva los laureles si le sale bien o los costos si le sale mal, porque esto de compartir los costos es adolescente. ¿Por dónde se haría el ajuste? El gasto social es lejos el más alto. Cuando Macri asume, con el karma de ser de derecha, cuida todos los derechos adquiridos en el Gobierno anterior e incluso amplía la base en algunos casos, como la reparación histórica a los jubilados o la AUH para monotributistas. Mantuvo el fuerte esquema social… que uno tiene que preguntarse si es consistente o no, en cobertura. La torta del gasto es social. El Gobierno va a intentar mantener esos programas, pero es probable que lo que cambie sea el mecanismo de actualización, o sea licuar vía inflación. Es probable que no sea más automático. Van a eliminar planes, Conectar Igualdad no va a quedar nada. El gobernador Hugo Passalacqua contó que le eliminaron cien médicos de cabecera. Es probable que saquen todo. No es meter miedo. Estará difícil que pague los planes forestales como prometió. Por ahí cerraría la canilla. Es como un déficit cero…
Un déficit cero sin anunciarlo, con una base caja, con egresos muy similares a los ingresos. Se va a parar la obra pública en un Estado que ya se retiró de la obra pública menor. El Gobierno nacional ha bajado la partida en viviendas de modo gigantesco. ¿Cambió el escenario 2019?
Cambió notablemente. Macri empezó a jugar a la política mucho tiempo antes, cuando anunció las tres reelecciones. Esa anticipación de la carrera, parecía una enorme madrugada con la oposición fría esperando el 2019 y 2023 en manos de Cambiemos. Hoy el peronismo federal o el kirchnerista sabe que juntos o separados tienen posibilidad de ganar en 2019. Llama la atención la mezquindad de Vidal en estos días de crisis, cuidando su imagen y no defendiendo al Gobierno. Ahora las encuestas la miden a ella arriba de Macri. Ahora… creo que el plan B, Vidal, no existe. Si la gente se cansa de Cambiemos, Cambiemos no gana ni que le pongan a Messi de candidato.
¿Los gobernadores son el sostén?
La política debería ser el sostén, donde los gobernadores ocupan un rol muy importante. Macri debería respetar aunque suene duro, los códigos de la política. Es jodido pedirle gobernabilidad a un espacio como el peronismo cuando se intervino el partido. Hoy necesitan que los gobernadores de espacios provinciales como el nuestro den una mano, cuando hace unos días los tenías a los cachetazos. ¿Y en Misiones? El año pasado hablaste de preservarte…
Nunca dije preservar. Mi visión no pasa por preservar. Pero muchas veces me ayudaron para que sea y ahora dispuesto a ayudar. He vivido en clave electoral desde 2003, con Carlos Rovira, después como candidato a senador, a gobernador, la reelección. Se lo que es estar en clave electoral y hoy no lo estoy. Estoy absolutamente en otra cosa, quiero ayudar desde mi rol de legislador, aportando la visión desde la política o la economía. Pero después de catorce años de estar en clave electoral, hoy no lo estoy.
¿Cómo está la Renovación?
Ha decidido un esquema de convivencia, de gobernabilidad. Eso genera algunas zonas grises, pero habiendo hecho bien las cosas durante tantos años en este proceso, tiene más posibilidades que un modelo que se presenta como el cambio, pero que en el corto tiempo que le tocó administrar el país, no lo está haciendo con éxito. La Renovación tiene mucho más para mostrar. La clave es mostrar que la Renovación ha funcionado bien como proyecto político y como gobierno. Es fácil que te digan te queremos cambiar porque hace mucho que estás en el Gobierno. ¿Qué vas a traer? ¿Algo nuevo? La Renovación tiene que resaltar sus procesos y poner en valor lo que hizo desde 2003. El desendeudamiento, el país y la provincia estaban endeudados y la Renovación, primero Rovira, después yo y ahora Hugo, en ningún momento emitió deuda, con un proceso de desendeudamiento que hace que si hoy sube el dólar no tenemos que preocuparnos por sacar plata de la educación para pagar la deuda. Segundo, resultados en educación. Haber logrado ser la provincia con mayor inclusión en escolaridad rural o los Nenis, fue un proceso que hoy se mantiene. Por último, obras públicas, son producto de ese proceso que tiene resultados en la política fiscal, desarrollo social, salud, son resultado de un continuo desde 2003. Yo defiendo ese continuo y a quienes fueron responsables desde 2003.
En el primer trimestre de 2018 se concretaron llamados a licitación por un valor total de $41.041 millones. De ese total, 21.376 millones corresponden a obras a ejecutarse en los territorios gobernados por Larreta y Vidal.
Más de la mitad del monto total de los llamados a licitación de obra pública concretados en el primer trimestre de este año corresponde a obras a ejecutarse en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. El dato va en línea con el Presupuesto 2018, que reserva para las jurisdicciones gobernadas por Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal un 42% de la inversión total prevista para obra pública.
Con Ciudad y Provincia en lo más alto del podio, si se agregan al grupo Córdoba y Santa Fe el porcentaje escala a 65%. En contraste, las últimas 17 provincias de la lista se reparten poco más de 12 puntos de la torta de la obra pública.
Según el último informe del sitio web Construar, especializado en obra pública, en el primer trimestre de 2018 se concretaron llamados a licitación por un valor total de $41.041 millones, lo que representó una reducción de 28% respecto del año anterior. Del total de esa cifra, 21.376 millones corresponden a obras a ejecutarse en los territorios de Ciudad o provincia de Buenos Aires.
Consultora Tendencias realizó un análisis sobre la evolución de la imagen del gobierno nacional de diciembre de 2017 a marzo de 2018 que muestra un incremento de la imagen negativa de la gestión del gobierno de Mauricio Macri trepando al 66.85% de desaprobación en la provincia de Buenos Aires.
En el mes de marzo, el 62.55% de los bonaerenses evaluaron negativamente la imagen del Presidente Macri (48.3% negativa y 14.25% regular). Por su parte, María Eugenia Vidal, en la provincia que gobierna acumula un 44.15% de imagen negativa y un 14.25% regular, porcentajes de desaprobación similares a los que obtiene Cristina Fernández de Kirchner (44.55% negativa y 13.35% regular) en el mismo territorio.
El presidente Mauricio Macri salió ayer a pedirles a los gobernadores que pongan el hombro y reduzcan impuestos provinciales (básicamente Ingresos Brutos) en las boletas de luz para alivianar el impacto del tarifazo en la población.
María Eugenia Vidal recogió el guante y salió a anunciar una rebaja en IIBB que le implicará un costo fiscal de $3.000 millones que dejará de percibir el fisco bonaerense.
Obviamente, la jugada conjunta Nación-Provincia ahora espera la respuesta del resto de los gobernadores.
Lo que el presidente Mauricio Macri no dijo ayer y tampoco lo recordó la gobernadora de Buenos Aires, es que Nación y provincias firmaron un Pacto Fiscal que le otorgó al mayor distrito del país unos $60.000 millones adicionales al año.
¿De dónde salió ese dinero? Esa plata la pusieron el resto de las provincias, la Nación y hasta los jubilados, a los que se les modificó su fórmula de actualización automática. Hay que recordar que el Pacto Fiscal y la reforma previsional iban de la mano, y firmar el Pacto Fiscal implicaba apoyar las modificaciones en las jubilaciones.
Los gobernadores intentaron desentenderse de esto, pero el Gobierno Nacional hizo valer lo acordado más tarde, cuando se debatió la polémica reforma previsional. Los $60.000 millones extra para Vidal
Fueron $40.000 más por modificaciones en la Coparticipación a favor de Buenos Aires y en detrimento de los giros automáticos a las provincias, que básicamente resignaron una porción de lo percibido por Ganancias y el impuesto al cheque.
Pero Vidal exigía -para retirar sus demandas por más Coparticipación ante la Corte Suprema (alentadas por el propio Macri)- no menos de $60.000 millones anuales extra.
Entonces, para que la gobernadora aceptara el Pacto Fiscal, Macri decidió otorgarle los $20.000 millones restantes por “afuera” de la Copa. Es decir, del propio bolsillo de Nación.
Eso se cubre en parte con lo que se ahorra por las modificaciones en la reforma previsional con la modificación de la fórmula de ajuste automático. En su momento, se calculaba que se ahorrarían unos $100.000 millones al año por esos cambios, polémicos, que generaron protestas en la Plaza de los Dos Congresos y obligaron al presidente a pedir la presencia de buena parte de los gobernadores para distribuir el costo político de la antipática reforma.
¿Qué se llevaron las provincias del Pacto Fiscal? Las provincias se conformaron con seguir percibiendo lo mismo.
Solo que ahora la porción que resignaron en forma automática a favor de Buenos Aires se cubre con compensaciones que pone Nación de su bolsillo y cuyo monto debe actualizarse cada tres meses. Esto es peligroso, porque cuando una provincia resigna un giro automático pasa a depender de la discrecionalidad de la Casa Rosada y de sus propias urgencias fiscales.
El gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, dijo hoy en declaraciones radiales que “no tenemos los impuestos que tiene Vidal. Lo que [Buenos Aires] pierde por un lado, lo recibe por otro lado”.
“Este gobierno tiene mucha habilidad para trasladarle el costo político a los gobernadores y provincias. Lo hizo con la reforma previsional y lo hicieron ahora con las tarifas”, sostuvo Lifschitz en diálogo con radio La Red. Así evaluó Economis el Pacto Fiscal firmado en noviembre y que está en plena vigencia en 2018.