Yerba Amanda

Misiones arrasa en la exportación de yerba: concentra al menos 72,6% y La Cachuera lidera el negocio

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La exportación argentina de yerba mate cerró el primer semestre de 2026 con un marcado liderazgo de Misiones, una fuerte concentración entre cuatro grandes operadores y una dependencia todavía extraordinaria del mercado sirio.

Entre enero y junio se exportaron 26.044,78 toneladas, por un valor FOB total de US$ 48.259.728. El precio promedio de las operaciones fue de US$ 1.852,95 por tonelada, de acuerdo con el relevamiento aduanero que comprende yerba simplemente canchada, yerba mate y preparaciones o extractos incluidos en las posiciones arancelarias analizadas.

La comparación interanual debe realizarse con cautela porque el registro aduanero y las declaraciones de salida de molino del Instituto Nacional de la Yerba Mate no tienen necesariamente la misma cobertura. Como referencia, el INYM había informado exportaciones por 24.495 toneladas en el primer semestre de 2025. Contra ese registro, el volumen aduanero de 2026 representa una expansión aproximada del 6,3%.

La Cachuera se quedó con más de un tercio del mercado

La gran ganadora del semestre fue La Cachuera, elaboradora de Amanda, que exportó 9.030,54 toneladas, equivalentes al 34,67% de todo el volumen nacional.

Sus ventas generaron US$ 15,13 millones, el 31,35% del valor total exportado, con un promedio de US$ 1.675,13 por tonelada. La empresa, con producción y trayectoria industrial en Misiones, exportó principalmente hacia Siria, Brasil y España.

El segundo puesto correspondió a Productores de Yerba Mate de Santo Pipó, propietaria de Piporé, con 4.398,72 toneladas, el 16,89% del total, y ventas por US$ 8,57 millones.

La cooperativa logró un precio promedio de US$ 1.947,89 por tonelada, 16,3% superior al obtenido por La Cachuera. Su principal destino también fue Siria, aunque presentó una cartera más diversificada, con embarques hacia Chile, Emiratos Árabes Unidos, Canadá, Alemania, Países Bajos, Líbano y Estados Unidos. La cooperativa tiene su casa central y su planta en Santo Pipó, Misiones.

El tercer lugar fue para la correntina Las Marías, con 4.101,14 toneladas, el 15,75% del volumen, y una facturación de US$ 7,60 millones. El precio promedio fue de US$ 1.853,31 por tonelada, prácticamente en línea con el promedio nacional.

Las Marías mostró una estructura comercial más diversificada: aunque Siria concentró 67,3% de sus embarques, también exportó cantidades importantes a Chile y China, además de Estados Unidos, España, Francia, Paraguay, Alemania, Canadá, Australia y otros mercados. Su establecimiento productivo está ubicado en Gobernador Virasoro, Corrientes.

El cuarto gran jugador fue Grupo Kabour, con 3.870,90 toneladas, el 14,86% del mercado, y exportaciones por US$ 6,10 millones. Toda su producción tuvo como destino Siria, con un valor promedio de US$ 1.576,23 por tonelada.

Cuatro compañías controlan 82% de las exportaciones

La concentración es uno de los datos centrales del semestre.

La Cachuera, Piporé, Las Marías y Grupo Kabour exportaron en conjunto 21.401,30 toneladas, equivalentes al 82,17% del volumen nacional.

La concentración aumenta al ampliar el cálculo:

  • La primera empresa controla 34,7%.
  • Las dos primeras, 51,6%.
  • Las tres primeras, 67,3%.
  • Las cuatro primeras, 82,2%.
  • Las diez primeras, 93,1%.
  • Las doce primeras, 94,5%.

Las otras 44 firmas que aparecen en el registro se repartieron apenas 5,5% de las toneladas exportadas.

El negocio exportador tiene una estructura dual: cuatro grandes compañías dominan las exportaciones masivas, mientras que un conjunto numeroso de operadores participa con embarques pequeños, generalmente dirigidos a mercados de mayor valor unitario.

Las empresas misioneras sumaron 18.899,95 toneladas, equivalentes al 72,57% de todas las exportaciones argentinas.

La fortaleza misionera está sustentada principalmente por La Cachuera, Piporé y Grupo Kabour. Solamente esas tres compañías colocaron 17.300,16 toneladas, equivalentes al 66,4% de toda la yerba exportada por la Argentina.

Las dos grandes compañías correntinas -Las Marías y la Cooperativa Agrícola de Colonia Liebig, dos y uno del mercado doméstico- exportaron juntas 4.619,86 toneladas, equivalentes al 17,74% del total nacional.

Corrientes participó con 17,7% de las cantidades, pero capturó alrededor de 19,4% del valor FOB, debido fundamentalmente al desempeño de la Cooperativa Liebig.

La elaboradora de Playadito alcanzó un valor promedio de US$ 3.428,29 por tonelada, 85% por encima de la media nacional. Sus principales destinos fueron España, Chile, Estados Unidos, Alemania, República Checa, Portugal, Australia, China y Reino Unido. La cooperativa está radicada en Colonia Liebig, Corrientes.

La conclusión territorial es contundente: por cada tonelada exportada por compañías correntinas, las empresas misioneras despacharon aproximadamente 4,1 toneladas.

La dependencia del mercado sirio continúa siendo la principal característica -y también una de las principales vulnerabilidades- del comercio exterior yerbatero.

Siria recibió 17.493,57 toneladas, equivalentes al 67,17% del volumen total, y generó US$ 29,02 millones, el 60,13% de las divisas. El precio promedio fue de US$ 1.658,88 por tonelada, por debajo de la media general.

Cuatro compañías concentraron 97,2% de las ventas a ese país: La Cachuera, con 6.930 toneladas, Kabour con 3.870, Piporé con 3.450 y Las Marías, con 2.758 toneladas. 

Buena parte de la yerba enviada a Siria se exporta molida en bolsas de aproximadamente 50 kilos y posteriormente se fracciona en destino.

Chile fue el segundo destino, con 3.058,73 toneladas, el 11,74% del total, por US$ 5,92 millones. El precio promedio fue de US$ 1.936,68.

Brasil quedó tercero con 1.618,82 toneladas, 6,22% del volumen, mientras que España recibió 942,07 toneladas, 3,62%. Estados Unidos completó los cinco primeros lugares con 583,55 toneladas.

La concentración geográfica es casi tan elevada como la empresarial. Siria, Chile y Brasil explicaron por sí solos 85,1% del volumen exportado.

Junio fue el mejor mes por volumen y facturación: las cantidades crecieron 34,1% frente a mayo y más que duplicaron las registradas en febrero. Sin embargo, el precio promedio bajó a US$ 1.760 por tonelada, 6,3% menos que en mayo.

La expansión de junio estuvo impulsada principalmente por Grupo Kabour, Piporé, La Cachuera y Las Marías. Kabour exportó 1.667,2 toneladas durante el mes; La Cachuera, 1.470,13 toneladas; Piporé, 1.377,45; y Las Marías, 892,46 toneladas.

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Victoria Szychowski, la mujer que heredó un siglo de yerba, familia y frontera

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La historia de Victoria Szychowski no empieza en un despacho ni en una sala de directorio. Empieza mucho antes, en 1900, cuando sus bisabuelos llegaron a Apóstoles desde aquella Europa partida por imperios, pasaportes cruzados y hambre de futuro. Misiones todavía no era provincia. Era territorio nacional, frontera viva, tierra por poblar y por defender. Allí, sobre el arroyo Chimiray, la familia eligió una chacra de 25 hectáreas con una intuición que hoy parece extraordinaria: algún día, para crecer, haría falta energía.

De esa mirada nació La Cachuera. Primero fue un molino. Después, arroz y maíz. Más tarde, en 1917, llegaron las primeras plantaciones de yerba mate. Y con ellas comenzó una historia que atraviesa más de un siglo y que hoy tiene a Amanda como una de las marcas más vendidas del país y a La Cachuera como la principal exportadora argentina de yerba mate.

Victoria habla de esa historia sin grandilocuencia. Como quien sabe que administra algo más delicado que una empresa: una herencia. Pero no una herencia quieta, de museo y bronce, sino una tradición que debe probar todos los días que todavía está viva.

¿Cómo se conduce una compañía familiar centenaria sin quedar prisionera del apellido? ¿Cómo se honra a los pioneros sin repetirlos? ¿Cómo se sostiene una marca histórica en un mercado donde cada generación exige otro lenguaje?

La respuesta de Victoria tiene más gestión que nostalgia. La tercera generación, dice, tiene un desafío enorme: profesionalizar. Abrir la mesa. Incorporar miradas externas. Escuchar al consumidor. Entender que la marca no puede vivir eternamente de la frase “la yerba que tomaba mi abuela”. Amanda debe seguir siendo memoria, sí, pero también presente.

Ese equilibrio parece ordenar toda su conducción.

La empresa que hoy exporta al mundo estuvo, alguna vez, al borde de desaparecer. En 1966, La Cachuera estaba fundida. Fue entonces cuando su padre, Juan Alfredo “Pancho” Szychowski, volvió para hacerse cargo. Preguntó cuánto se debía, midió el tamaño del problema y reconstruyó la compañía desde adentro. Una tía vendió su casa en Quilmes para aportar capital y se mudó al campo. La familia entera entendió que salvar la empresa no era solamente salvar un negocio: era salvar una forma de vida.

Pancho fue el gran refundador. Un hombre duro, trabajador, visionario. Victoria lo recuerda como alguien exigente, pero justo: nunca pedía más de lo que él mismo estaba dispuesto a dar. También fue quien vio antes que muchos que la yerba mate podía cruzar fronteras. Mientras el producto seguía atado al consumo argentino, él miró hacia Medio Oriente. Viajó, recorrió mercados, convenció clientes y abrió una ruta comercial que todavía hoy sostiene buena parte del liderazgo exportador de La Cachuera.

Siria y el Líbano no aparecen en esta historia como simples destinos comerciales. Aparecen como capítulos de una trama cultural inesperada: inmigrantes árabes que habían vivido en la Argentina, que volvieron a sus países con el hábito del mate y que convirtieron a la yerba en una costumbre propia. Allí, Amanda encontró un mercado. Y también una prueba de que lo profundamente local puede volverse universal.

Victoria llegó a la empresa en 1990. No empezó arriba. Pasó por tareas administrativas, acompañó reuniones, tomó notas, escuchó. Fue secretaria del directorio y, sin proponérselo, absorbió la empresa como una esponja. Producción, secaderos, ventas, finanzas, proveedores, familia, conflictos, decisiones. Todo pasaba por esa mesa.

Cuando asumió la presidencia en 2016, no fue en un momento luminoso. El día de la asamblea murió su madre. Poco después falleció el presidente de la compañía. En medio del duelo, Victoria tuvo que tomar el mando. Reconoce que hubo meses nublados, casi sin memoria. La sostuvieron su familia, su esposo y el equipo de trabajo.

“Hay noches en las que no dormís”, admite en diálogo con La Fábrica del Podcast. No lo dice como queja, sino como parte del oficio. Dirigir una empresa de este tamaño no es administrar una marca desde lejos. Es cargar con empleados, productores, proveedores, mercados externos, consumidores y una comunidad entera que mira a La Cachuera como parte de su propia identidad.

Por eso, cuando habla de liderazgo, Victoria no habla de autoridad sino de escucha. Un buen líder, dice, debe aceptar que no sabe todo. Debe rodearse bien. Debe tener sentido común. Debe poder decir: me equivoqué. En una empresa familiar, esa condición es todavía más importante, porque las rencillas domésticas pueden entrar al negocio si no existen reglas, profesionalismo y distancia.

Amanda compite hoy en un mercado mucho más complejo que el de sus abuelos. Hay nuevas marcas, blends, influencers, venta digital, discursos sobre lo orgánico y consumidores cada vez más atentos. Victoria mira ese fenómeno con una mezcla de curiosidad y advertencia. No todo lo que se vende como natural u orgánico lo es. La certificación importa. La trazabilidad importa. La confianza importa.

Allí ubica uno de los diferenciales de Amanda: controlar el proceso. La empresa posee secaderos propios, trabaja con proveedores históricos auditados y busca garantizar que el paquete que llega a la góndola tenga la misma identidad que el consumidor espera. No es sencillo. La yerba mate es un producto vegetal, sensible al clima, al secado, al estacionamiento y al blend. Cada paquete debe parecerse al anterior, aunque la naturaleza nunca produzca dos cosechas iguales.

Esa tensión entre industria y naturaleza está en el centro del negocio yerbatero. También explica la crisis reciente del sector. Victoria evita las explicaciones fáciles. Sostiene que la caída de precios no puede atribuirse únicamente a la desregulación impulsada por Javier Milei. Hubo, dice, una combinación de factores: tres años de sequía, faltante de materia prima, precios altos, expansión de plantaciones, recuperación de los yerbales con las lluvias y luego una oferta abundante frente a una demanda que no creció al mismo ritmo. La consecuencia fue conocida: márgenes mínimos en toda la cadena.

¿Dónde queda una empresa líder en ese escenario? En el lugar más incómodo: debe defender calidad, sostener mercados, cuidar costos y, al mismo tiempo, pensar en el largo plazo.

Quizás por eso Victoria vuelve tanto al museo familiar. Allí está el viejo molino. Las máquinas adaptadas. Las herramientas construidas por prueba y error. La evidencia material de que todo comenzó con muy poco y con una voluntad enorme.

Cuando camina por ese lugar, no encuentra sólo recuerdos. Encuentra una pregunta: si ellos pudieron, ¿cómo no vamos a poder nosotros?

Esa parece ser la clave de su presidencia. No administrar la nostalgia, sino convertirla en método. No repetir a los fundadores, sino estar a la altura de su audacia.

En el fondo, Victoria Szychowski conduce una empresa que se parece mucho a Misiones: hija de inmigrantes, de frontera, de monte, de trabajo familiar, de industria nacida lejos de los grandes centros de poder. Amanda es una marca nacional, pero su raíz sigue clavada en Apóstoles, donde un arroyo, una represa y una familia decidieron que la yerba mate podía ser mucho más que una hoja.

Al final, cuando habla de su padre, Victoria resume el legado con una frase sencilla: poder caminar por la calle con la frente alta. No hay balance más exigente que ese.

La principal exportadora de yerba mate argentina no se explica sólo por toneladas, mercados o facturación. Se explica también por esa ética antigua, casi austera, que todavía ordena la vida de muchas empresas familiares del interior: trabajar mucho, deber poco, honrar la palabra y dejar algo mejor de lo que se recibió.

Victoria Szychowski parece haber entendido que su tarea no es cuidar una marca congelada en el tiempo, sino lograr que Amanda siga siendo Amanda, incluso cuando el mundo cambia.

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