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Ni Una Menos: la violencia contra las mujeres es un problema estructural para una amplia mayoría social

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A once años de la primera marcha del Ni Una Menos, la consigna que sacudió a la Argentina en 2015 conserva una centralidad incómoda: para la mayoría de la sociedad, la violencia contra las mujeres no es una suma de hechos aislados, sino una trama persistente, estructural y todavía abierta.

Una encuesta nacional de la consultora Zuban & Córdoba, realizada entre el 1 y el 3 de junio de 2026 sobre 1.200 casos, muestra que el 72,2% de las personas consultadas considera que la violencia contra las mujeres es “un problema estructural en la sociedad”. Apenas el 21,4% la define como “un problema de casos aislados”, el 3,6% sostiene que no es un problema relevante y el 2,8% no sabe.

El dato principal no está sólo en la magnitud de la respuesta mayoritaria, sino en la brecha de percepción por género. Entre las mujeres, el diagnóstico estructural trepa al 84,2%. Entre los varones, baja al 60,1%. La diferencia es de 24,1 puntos porcentuales: una distancia que revela que el consenso existe, pero no se distribuye de manera pareja. Las mujeres leen con mucha más nitidez la dimensión sistémica de la violencia; entre los varones, en cambio, casi un tercio todavía la interpreta como una sucesión de casos aislados.

La encuesta también preguntó si el “Caso Agostina” refleja un problema generalizado de violencia contra las mujeres en la sociedad argentina. El 61,9% respondió que sí, el 35,4% que no y el 2,7% no sabe. Nuevamente, la diferencia por género es determinante: el 74,7% de las mujeres vincula el caso con una problemática generalizada, contra el 48,4% de los varones. Entre ellos, incluso, la respuesta negativa es levemente mayoritaria: 49,3%.

Ese cruce es clave para leer el clima social once años después del grito de Ni Una Menos. La sociedad argentina no abandonó la preocupación por la violencia machista, pero la lectura del fenómeno sigue atravesada por experiencias desiguales. Para las mujeres, los casos resonantes no aparecen como anomalías; se inscriben en una continuidad. Para una parte importante de los varones, en cambio, todavía pesa la idea del episodio excepcional.

El tercer dato fuerte del estudio apunta a la demanda de herramientas institucionales: el 92,6% cree que debería existir en Argentina un registro de dominio público de ofensores sexuales. El rechazo es marginal, de apenas 3,5%, mientras que el 3,9% no sabe. También aquí el apoyo es transversal, aunque más alto entre mujeres: 95,2%, frente al 90,3% de los varones.

La lectura política y social del relevamiento es precisa: el Ni Una Menos no quedó congelado como una fecha de calendario ni como una consigna de movilización urbana. Once años después, su núcleo de sentido sigue activo en la opinión pública. La mayoría reconoce la violencia contra las mujeres como una cuestión estructural y reclama respuestas estatales más firmes. Pero el informe también advierte una fractura persistente: el problema se ve con distinta intensidad según el lugar desde donde se lo vive.

En esa brecha se juega buena parte del desafío. La Argentina parece haber incorporado el lenguaje de la violencia de género, pero todavía discute su profundidad. La mayoría ya no la minimiza. Sin embargo, una porción considerable, especialmente entre varones, continúa interpretándola como una serie de hechos aislados. A once años de aquella primera marcha, el Ni Una Menos conserva vigencia precisamente por eso: porque logró instalar una verdad social, pero esa verdad aún no terminó de convertirse en una conciencia común.

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Milei enfrenta su peor umbral político: 71,2% cree que hace falta un cambio de gobierno

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El gobierno de Javier Milei ingresó en mayo de 2026 en una zona de desgaste político estructural. No se trata ya de una oscilación coyuntural de la opinión pública ni de un mal mes aislado, sino de una consolidación de tendencia: la desaprobación nacional alcanza el 64,5%, mientras que apenas el 34,3% aprueba la gestión libertaria. En paralelo, siete de cada diez argentinos consideran que hace falta un cambio de gobierno, un dato que en cualquier otro contexto sería leído como una señal de crisis terminal. Sin embargo, la singularidad del escenario argentino reside en que ese rechazo no se traduce todavía en una alternativa consolidada.

Así lo muestra el último informe “Domingo de Datos” de la consultora Zuban & Córdoba, elaborado entre el 25 de abril y el 1 de mayo sobre una muestra nacional de 2.000 casos, con un margen de error de +/- 2,19% y un nivel de confianza del 95% .

La encuesta revela una administración que perdió iniciativa política, pero también una oposición que aún no logra apropiarse del descontento social.

El principal dato del relevamiento es que la desaprobación presidencial se sostiene en un piso alto y persistente. Milei registra 64,5% de rechazo contra 34,3% de aprobación, prácticamente sin señales de recuperación respecto de meses anteriores. La serie comparada muestra que desde octubre de 2025 el oficialismo fue perdiendo respaldo de manera sostenida: pasó de 37,1% de aprobación a apenas 34,3%, mientras la desaprobación saltó de 62,8% a 64,5%.

A mitad de mandato, esos números colocan a la administración libertaria en una zona históricamente delicada para cualquier oficialismo argentino. 

La fractura de género

Uno de los datos más contundentes del informe aparece en la segmentación por género. Entre los hombres, Milei conserva una aprobación de 38,5%, con una desaprobación de 59,4%. Pero entre las mujeres el rechazo escala a 69,5%, mientras la aprobación cae a apenas 30,1%.

Casi siete de cada diez mujeres desaprueban la gestión y ocho de cada diez creen que hace falta un cambio de gobierno. Ese segmento aparece como el principal límite electoral del oficialismo hacia 2027. Sin recuperar terreno allí, La Libertad Avanza difícilmente pueda ampliar su techo político.

No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de uno cada vez más consolidado: el voto femenino se convirtió en el principal termómetro del desgaste presidencial.

La erosión no alcanza sólo a Milei, sino al conjunto del armado libertario. En el ranking de imagen de dirigentes nacionales, Patricia Bullrich aparece paradójicamente como la mejor posicionada dentro del universo oficialista, con 37,3% de imagen positiva y 55,5% negativa. El propio Javier Milei tiene 34,8% positiva y 60,6% negativa.

Más abajo aparecen Karina Milei, con 20,3% positiva y 66,3% negativa, y Manuel Adorni, quien exhibe uno de los peores registros del tablero: apenas 16,5% de imagen positiva frente a 72,1% negativa.

El dato de Adorni es particularmente relevante porque simboliza algo más profundo: el desgaste ya no es exclusivamente presidencial, sino también comunicacional. El vocero, que fue una de las piezas centrales del relato libertario, pasó de ser activo político a pasivo electoral.

La pregunta más política del estudio es directa: “¿Hace falta un cambio de gobierno en Argentina?

La respuesta es contundente: 71,2% dice que sí, apenas 21% está en desacuerdo y 7,8% no sabe.

Pero que exista una mayoría favorable a un cambio no significa que exista claridad sobre quién debería protagonizarlo.

La demanda de reemplazo es mucho más fuerte que la oferta de representación.

Entre mujeres, ese acuerdo sube a 76,9%; entre hombres, a 65,1%. La brecha vuelve a confirmar que el rechazo femenino es el principal problema político del oficialismo.

Incluso entre quienes votaron a Milei en el ballotage aparece una señal de alerta.

Ante la frase “Voté a Milei y me defraudó”, el 40,1% de sus propios votantes dice estar de acuerdo, mientras 49,7% está en desacuerdo .

Cuando cuatro de cada diez votantes propios reconocen decepción, el problema deja de ser opositor y pasa a ser identitario.

El peronismo lidera, pero sin hegemonía

En el escenario electoral presidencial 2027, el PJ/Fuerza Patria aparece primero con 28,4%, seguido por La Libertad Avanza con 22,1%. El PRO obtiene 5,4%, la izquierda 5,1%, la UCR 4,1%, el espacio de Victoria Villarruel 3,5% y las alianzas provinciales 3%. Sin embargo, el dato más alto después del peronismo es otro: 27,2% no sabe aún a quién votaría. Ese “no sabe” es hoy el verdadero territorio en disputa.

En un segundo escenario, con una alianza UCR-PRO-partidos provinciales consolidada, el PJ sube a 31,7%, La Libertad Avanza llega a 23,9%, esa coalición opositora marca 9,5% y el no sabe se mantiene altísimo en 30,5% .

En potencialidad de voto, Axel Kicillof aparece con el mejor desempeño: 44,1% dice que lo votaría, contra 43,8% que nunca lo haría. Sergio Massa registra 34,6% de intención favorable y Patricia Bullrich 32,4%.

Javier Milei, en cambio, exhibe un dato preocupante: sólo 31,4% dice que lo votaría nuevamente, mientras 57,2% asegura que no lo votaría .

La fotografía de mayo no muestra todavía un reemplazo político definido, pero sí una certeza social: una mayoría creciente ya no quiere continuidad.

La administración Milei enfrenta una doble dificultad: perdió aprobación y todavía no encuentra un nuevo relato que compense el deterioro económico, la caída del salario, el desgaste institucional y la frustración de parte de su propio electorado.

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Lo peor no pasó: radiografía política de septiembre

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La última encuesta nacional de Zuban & Córdoba, realizada entre el 15 y el 17 de septiembre sobre una muestra de 1.900 casos, traza un escenario político en el que la gestión de Javier Milei enfrenta un deterioro sostenido de su imagen y, a la vez, la oposición peronista exhibe una competitividad aritmética que no se traduce en plena confianza social. El estudio, con un margen de error de ±2,25% y 95% de confianza, se inscribe en un momento de máxima tensión política y económica.

El 60,9% de los consultados sostiene que el país va en la dirección incorrecta, frente a un 35,3% que cree lo contrario. La aprobación presidencial cayó a 37%, con una desaprobación que alcanza el 61,6%. El informe advierte que superar el umbral del 60% en rechazo marca un punto crítico: un “techo psicológico” que compromete seriamente la narrativa oficialista.

En paralelo, la imagen personal de Milei muestra 59,6% negativa y 39,5% positiva, mientras que su hermana Karina alcanza un 68,2% de rechazo, consolidándose como la figura más desgastada del oficialismo.

El llamado “Coimasgate” tuvo un impacto directo: 68,6% considera que debilitó al Gobierno y un 5,4% de votantes mileístas declara haber abandonado esa opción electoral. El efecto puede parecer acotado, pero en una elección de medio término cada punto erosiona bancas clave.

En la provincia de Buenos Aires, la encuesta confirma que el oficialismo pagó un precio: 60,2% atribuye la derrota al voto castigo por corrupción y economía, mientras que solo un 7,2% responsabiliza a los candidatos. El termómetro bonaerense proyecta un escenario nacional: en intención de voto a diputados, Jorge Taiana (Fuerza Patria) lidera con 41,8%, frente al 31,9% de José Luis Espert (LLA), una diferencia de casi 10 puntos.

La mayoría social pide un giro. 57,4% afirma que el Gobierno debería cambiar de rumbo político y económico; solo 32,6% quiere profundizar la línea actual. Incluso, un 61% anticipa que, de no haber correcciones, Milei volverá a perder en octubre. El apoyo incondicional es minoritario: apenas 32,1% dice respaldar “todo lo que hace Milei”, frente a un 65,9% que lo rechaza.

El escepticismo también se refleja en lo económico: 57,9% cree que el Gobierno no podrá sostener la cotización del dólar, percepción que incluye al 66,5% de quienes votaron a Milei en 2023. Y en gestión de crisis, un contundente 65,9% califica la actuación oficial como mala.

Polarizaciones cruzadas: anti-mileísmo y anti-kirchnerismo

El mapa identitario confirma un país dividido por rechazos. 56,1% se define anti-mileísta y apenas un 18,1% mileísta; el resto no se identifica. Al mismo tiempo, un 54% acuerda con el “kirchnerismo nunca más”, frente a un 38% que lo rechaza. La encuesta evidencia dos polos que coexisten, pero no son simétricos: el anti-mileísmo gana centralidad coyuntural, mientras que el anti-kirchnerismo conserva fuerza estructural.

De cara a las legislativas de octubre, 57% declara que votará para castigar a Milei, contra un 33,7% que busca premiarlo. Este diferencial de más de 20 puntos configura un escenario adverso para el oficialismo, que además ve debilitado su liderazgo: un 60,8% admite que la derrota bonaerense erosionó la percepción de Milei como conductor político.

El peronismo aparece fortalecido en el corto plazo, pero enfrenta un problema reputacional. Apenas 2,8% de los encuestados cree que está preparado para volver al poder y 50,1% expresa “mucha desconfianza” en su capacidad para resolver la economía. En otras palabras, la ventaja aritmética no se traduce en un crédito social consolidado.

La encuesta de Zuban & Córdoba expone una paradoja: el Gobierno enfrenta un bloque social mayoritario adverso, con desgaste en imagen, rechazo al rumbo y efecto negativo de los escándalos, mientras que la oposición logra capitalizar el descontento, pero sin ofrecer certezas sobre su futuro desempeño.

El escenario nacional se ordena desde la provincia de Buenos Aires, donde la diferencia en intención de voto opera como termómetro. Lo peor no pasó: el oficialismo navega en aguas turbulentas, con un núcleo duro en torno a un tercio de la población, y la oposición avanza, aunque con debilidades de credibilidad. Octubre se perfila como un punto de inflexión donde gestión, errores no forzados y capacidad de construcción política definirán el reparto de poder.

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El rechazo a Milei domina el humor social y electoral, según un estudio nacional

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En vísperas del Día del Amigo, un relevamiento de la consultora Zuban Córdoba y Asociados trazó una radiografía emocional de los vínculos entre la ciudadanía y la política en la Argentina. Con una muestra nacional de 1.300 casos relevados entre el 15 y el 17 de julio de 2025 (margen de error de ±2,71% y nivel de confianza del 95%), el estudio revela una sociedad profundamente polarizada, pero con una mayoría cada vez más crítica del Gobierno de Javier Milei.

El dato más elocuente del trabajo es la caída sostenida en la aprobación presidencial: el 56,8% de los encuestados desaprueba la gestión de Milei, mientras que solo el 42,8% la aprueba. La serie evolutiva muestra un deterioro persistente desde noviembre, cuando la aprobación era del 47,3%.

La imagen personal del mandatario también muestra un desgaste pronunciado: el 57,5% tiene una imagen negativa de Milei, frente al 41,9% que conserva una visión positiva. Su vicepresidenta, Victoria Villarruel, refleja un patrón similar, con un 55,3% de imagen negativa y apenas un 38,6% positiva.

En términos identitarios, la grieta se reformula con fuerza: el 53,6% se define como “anti mileísta”, frente al 28,1% que se identifica con el oficialismo. Esta polarización también se expresa en otros ejes: el 45,2% se declara “anti kirchnerista” y un 34,3% se asume kirchnerista, mientras que el eje peronismo-antiperonismo aparece más equilibrado (39,7% versus 38,7%).

De cara a las elecciones legislativas de octubre, el humor social se inclina con claridad hacia el voto castigo: el 52,8% votará para sancionar al Gobierno, mientras que apenas el 38,3% busca premiarlo. El dato adquiere mayor relevancia al segmentar por voto previo: entre quienes eligieron a Milei en primera vuelta, el 28,4% ya no lo acompañaría; y entre quienes lo hicieron en el balotaje, esa cifra se dispara al 73%. En el caso de los votantes de Sergio Massa, más del 93% anticipa un voto opositor.

Las razones del rechazo al oficialismo son concretas. El 25,5% de los votantes críticos señala la “destrucción del Estado y las políticas públicas” como principal motivo. Otro 25,4% califica al Gobierno como cruel. Un 11,7% enfatiza la falta de mejoras económicas personales, y un 13,1% desaprueba su alineamiento con líderes como Donald Trump y el gobierno israelí.

En contraste, entre quienes valoran al Gobierno, los motivos más citados son el control de la inflación (23,6%), la honestidad y transparencia (19,7%), la reducción del déficit fiscal (17,9%) y el enfrentamiento con la “casta política” (13%).

Uno de los indicadores más contundentes del desgaste es la percepción sobre el propio Milei: el 55,4% de los consultados cree que el presidente ya no representa un cambio y que, por el contrario, se ha convertido en un riesgo para la sociedad. Apenas un 37,8% sostiene que aún encarna una transformación.

Pese a la crisis de representación, el estudio deja una señal positiva: el 68,1% de los argentinos cree que su voto tiene un impacto real en las decisiones del país. Y aunque el desencanto se percibe con claridad, solo el 21,6% consideró la posibilidad de no participar en las elecciones de octubre. El rechazo a Milei crece, pero el vínculo democrático, por ahora, resiste.

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“Mis dólares, mi decisión”: rechazo al blanqueo y desafección democrática marcan el clima político argentino

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El último estudio de la consultora Zuban Córdoba revela dos tendencias críticas que configuran el actual estado de ánimo político en la Argentina: la negativa ciudadana a involucrarse en los planes económicos del gobierno y una creciente desafección democrática que pone en cuestión el vínculo entre la ciudadanía y la política.

Según la encuesta realizada entre el 7 y el 9 de junio de 2025, apenas un 19,9% de los argentinos mayores de 16 años declara tener ahorros en dólares. De ellos, apenas un 12,2% estaría dispuesto a blanquearlos en el marco del nuevo régimen fiscal propuesto por el gobierno, pilar de la estrategia económica oficial para los meses que restan del año.

El dato cobra mayor dramatismo si se considera que más del 55% de quienes poseen dólares guardados afirma que no usará esos fondos “solo porque se lo pide el Gobierno”. La frase “Mis dólares, mi decisión” resume, con contundencia, una postura ampliamente compartida: una desconfianza estructural hacia las decisiones gubernamentales que busca preservar los escasos capitales individuales ante escenarios volátiles.

Una imagen ilustrativa de este distanciamiento la brinda otra afirmación incluida en el relevamiento: el 57,8% de los ahorristas está de acuerdo con que “lo último que se me ocurre es gastar los dólares porque Milei y su gobierno me lo piden”. Incluso frases más provocadoras, como “Cuando los ministros de Milei traigan sus dólares del exterior, voy a gastar los míos”, cuentan con la adhesión del 45,4% de los consultados con ahorros.

El fenómeno del “dólar colchón”, históricamente anclado en la clase media argentina como defensa frente a la inestabilidad económica, parece reforzarse como estrategia defensiva y, ahora también, como símbolo de rechazo a la conducción económica oficial.

Malestar político: la democracia como trámite

Pero la distancia con el gobierno no se agota en lo económico. El módulo electoral del estudio revela un malestar institucional más profundo, que compromete incluso la legitimidad del sistema democrático. Aunque un 65% de los encuestados se manifiesta a favor del voto obligatorio, se observa un debilitamiento de la convicción democrática, especialmente entre los jóvenes.

Solo el 43,7% de los encuestados considera que “sentir que su voto puede generar un cambio” es una razón suficiente para participar en elecciones. En cambio, la falta de confianza en los candidatos y partidos (25%), la desconfianza en el sistema electoral (17,7%) y la sensación de que “el voto no genera cambios” (17,5%) emergen como los principales factores de desmotivación electoral.

Esta desconfianza se expresa con mayor intensidad entre los votantes jóvenes (16 a 30 años), donde el 29,4% señala que su principal razón para no votar es la falta de confianza en la oferta electoral. En este grupo también adquiere peso el “cansancio por la cantidad de elecciones” (9,9%), fenómeno que se incrementa entre los votantes de Javier Milei en el balotaje (17,3%).

Paradójicamente, incluso entre quienes se manifiestan desencantados con la política, la mayoría sigue defendiendo la obligatoriedad del voto. Esta ambivalencia -reclamo de participación sin representación efectiva- expresa una ciudadanía que exige cambios pero no encuentra canales confiables para vehiculizarlos.

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