Trump, Kennedy y Hitler: los dueños de la historia

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El presidente de Estados Unidos cumplió una de sus promesas: desclasificar archivos de Estado. En ese movimiento, el caso de John F. Kennedy fue el tema principal, aunque, casi de manera lateral, se coló en la polémica un archivo sobre una historia alternativa relacionada con Hitler tras la Segunda Guerra Mundial. Indudablemente, Trump rompe todo para barajar y dar de nuevo, y para demostrar el potencial que su país ha tenido durante décadas.

JFK, Hitler y una movida política

Trump decidió hacer pública una parte del enorme archivo que posee la Casa Blanca, focalizándose en un caso en particular: el asesinato de John F. Kennedy. Un hecho que ha generado una serie de teorías conspirativas a lo largo de la historia, desde un atentado interno hasta un ataque planificado por la Unión Soviética. Sin embargo, los detalles expuestos en más de mil cien archivos no parecen ser demasiado concluyentes o, más bien, resultan inconsistentes. Todo esto considerando que hay partes con hojas arrancadas y testimonios ausentes, además de que el propio Trump había declarado que existían más de ochenta mil archivos sobre el tema.

Lo que sí puede afirmarse es que, evidentemente, el asesino de JFK tenía ciertos vínculos y afinidades con Cuba. La muerte del entonces presidente estadounidense ocurrió en 1963, algunos años después de la consolidación de la revolución encabezada por Fidel Castro. Dicho sea de paso, los archivos demuestran que el líder cubano era considerado una verdadera amenaza para Estados Unidos, dado el potencial de influencia que podía ejercer mediante la expansión de sus ideas, todo en un contexto de mundo bipolar y Guerra Fría.

Llamadas de advertencia, cercanía a grupos políticos de izquierda y hasta un informe que calificaba a Lee Oswald como un “mal tirador” son algunas de las revelaciones que generaron cierto descontento entre los teóricos de la conspiración. Sin embargo, esto forma parte de una estrategia bien calculada de Trump.

El actual presidente estadounidense hizo campaña, en parte, prometiendo la desclasificación de archivos vinculados a muertes emblemáticas, y esa decisión responde a dos lógicas. Por un lado, y aunque parezca insólito, apuntó a un segmento de sus votantes que vive alimentado por teorías conspirativas: ese ciudadano promedio que cree fervientemente en los alienígenas del Área 51 o en que la Tierra es plana. Parece una locura, pero refleja la realidad de una porción considerable de la población estadounidense. Por otro lado, esta jugada busca transmitir un mensaje de transparencia en sus decisiones políticas. Para Trump, liberar estos documentos no representa un gran riesgo, ya que lo ha hecho de manera controlada, pero sí le permite mostrar que lidera un gobierno “que cumple” y que no tiene “nada que esconder”. Esta maniobra forma parte de una estrategia de comunicación política muy bien ejecutada.

¿Hitler en Argentina?

Se generó un gran revuelo en nuestro país cuando uno de los tantos archivos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos señaló que, aparentemente, Hitler no murió en 1945, sino que se trasladó a Argentina en 1955. Según el documento, habría arribado en enero de ese año, prácticamente al final del segundo mandato de Juan Domingo Perón, a quien históricamente se le ha atribuido el asilo de nazis en nuestro territorio, así como una reconocida admiración por el fascismo italiano. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, y menos cuando se trata de nazis.

Hay quienes sostienen que esta versión es producto de un “bulo” informativo, ya que el documento circula desde 2017. No falta quien afirma con total contundencia que se trata de un engaño o de una maniobra de manipulación. La versión oficial indica que Hitler se quitó la vida en 1945, dentro de su búnker, ante la inminente caída del régimen nazi por el avance del Ejército Rojo. A pesar de esto, siempre existió el rumor de que Hitler, como muchos otros jerarcas nazis, habría sobrevivido y escapado hacia otros destinos, incluso con la complicidad de los aliados, con el objetivo de obtener información valiosa en plena guerra. Cabe recordar que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética se repartieron científicos e intelectuales nazis en la posguerra.

Los nazis argentinos

Lo cierto es que muchos miembros del Partido Nacionalsocialista llegaron a nuestro país. Algunos eran simples trabajadores y otros ostentaban altos cargos en el régimen genocida. Uno de los casos más emblemáticos es el de Adolf Eichmann, reconocido miembro de las SS que vivió en Argentina hasta 1960, cuando fue capturado por un comando israelí y trasladado a Jerusalén para ser juzgado. Se afirma que, en sus últimas palabras, expresó un saludo a nuestro país: “¡Viva Argentina!”.

Otro jerarca fue Erich Priebke, conocido por haberse instalado en Bariloche, donde colaboró activamente en la comunidad alemana local. Fue capturado en 1995 tras una entrevista en la que confesó sus crímenes. Luego fue extraditado a Italia, donde recibió cadena perpetua y murió a los 100 años en Roma.

Tampoco se puede obviar el paso de Joseph Mengele por Argentina. Tras la guerra, el “Ángel de la Muerte” se estableció en Buenos Aires durante varios años, llegando incluso a recuperar su identidad original. Luego se trasladó a Paraguay y finalmente a Brasil, donde falleció y fue enterrado bajo un nombre falso.

Si hablamos de jerarcas, uno de los casos más llamativos para nosotros, por su ubicación geográfica, es el de Martin Bormann, político y secretario personal de Hitler. La historia paralela señala que vivió en San Ignacio, Misiones, en una vivienda ubicada en el Teyú Cuaré, donde mantenía muy poca interacción con la comunidad local. Ese lugar se transformó en un hito para la localidad, instalando el mito de Bormann en la región.

Como dato adicional, existe una teoría aún más audaz sobre Hitler: algunos aseguran que vivió en Oberá, donde supuestamente existen fotos que lo prueban, lo que conecta directamente con los archivos desclasificados por Trump.

Es evidente que la historia es una herramienta de conexión con el presente, y lo que hizo el máximo mandatario de Estados Unidos era una deuda con la población mundial. Su decisión deja en evidencia que el conocimiento histórico aún permanece en manos de los poderosos.

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