Un bar con aires italianos y cordialidad misionera, la nueva propuesta para las noches posadeñas

Tres amigos decidieron, tiempo atrás, emprender en la apertura de un bar que cumpla con los requerimientos que ellos buscaban en este tipo de establecimientos. Luego de un año y medio de planificación, organización y pandemia de por medio, abrieron Casso Bar, una propuesta que combina la hospitalidad misionera y la pasión italiana por la comida… y la bebida.

La idea surge de los amigos Alan Vega y Walter Machado (más conocido como Wally), quienes dialogaron mucho sobre llevar adelante juntos un bar. Alan ya conocía un poco el ambiente, por su trabajo de cocinero y de varios emprendimientos exitosos, mientras que Wally aportó su capacidad administrativa.

Pero el equipo no estaría completo, sin la incorporación de Daiana Bárbaro, pareja de Wally y amiga, también, de Alan. Daiana (a quien algunos allegados la llaman Tana), es el motor enérgico y creativo del trío que se puso como meta traer a la noche posadeña un concepto más familiar.

Alan, Daiana y Wally (Cortesía Valeria Amarilla)
Alan, Daiana y Wally (Cortesía Valeria Amarilla)

“Buscamos que el bar tenga un estilo vintage, por eso buscamos alguna casona bien característica de Posadas, porque la idea también es transmitir hospitalidad, de que el posadeño y la posadeña venga y se sienta como en su casa realmente”, explicó Daiana.

El nombre Casso, hace referencia a un pueblo que está en medio de la montaña al norte de Italia y es el lugar de origen de la familia de Daiana, los De Lorenzi. “Con Wally tuvimos la posibilidad de conocer el lugar, que es muy hospitalario, acogedor, se come y se bebe bien; es una manera de homenajear a las personas que nos inculcaron esto de trabajar, de emprender, de no quedarse quietos”, agregó.

Buena comida, buena bebida, hospitalidad, comodidad y que la persona se sienta como en su casa, son los mandamientos que erigen la filosofía de Casso Bar y lo profesan con cada cliente que acude al lugar.

Plancheta (Cortesía Valeria Amarilla)

Del buen comer y el buen beber

Además de la hospitalidad que garantizan desde el momento de ingresar al lugar, la comida y la bebida son los baluartes más fuertes que ofrecen. Una carta con opciones sencillas, pero suficientes para pasar una velada amena y volver con el apetito satisfecho.

La carta está dividida en tres partes: comida, bebida y postres. Por parte de la comida, hay planchetas de asado (ternera, mixta y vegetariana), hamburguesa de la casa, pizzas individuales, una amplia variedad de papas fritas, empanadas y tapas, que se venden de manera individual.

En cuanto a la bebida, ofrecen jugos de naranja y limonadas, coctelería de autor apuntado a la cultura italiana (limonchelo, campari), vinos tradicionales, espumantes, cervezas industriales y cervezas de tirada de productores locales, a través de la Cooperativa Braulio. “Es algo que nos gusta, trabajar con otros emprendedores, aportar a la economía circular y poder sumarnos unos a otros”, apuntó Daiana.

Y por último, ningún comensal de Casso puede irse sin probar los Postres de Chule, elaborados por un emprendedor local. “Ahí tenemos tres variedades: tiramisú, óreo con arándanos y el Postre Chule que es un postre de autor de la casa, se venden en frascos para que el cliente lo pueda consumir en el local o llevárselo a la casa”, señaló.

Luego de meses de esfuerzo, de acondicionar la casona ubicada por la calle 3 de Febrero, entre Catamarca y Entre Ríos, de adquirir los permisos correspondientes, pudieron abrir sus puertas a la comunidad. “Tenemos la fortuna de contar con muchos amigos que nos hicieron y nos hacen el aguante, desde el primer día que tuvimos que pintar el local, barrer el patio, hasta el último día para finiquitar detalles y asistiendo como clientes, claro”, agradece Daiana.

Patio (Cortesía Valeria Amarilla)

Casso Bar tiene una capacidad para aproximadamente 90 personas, entre el salón principal y el amplio patio, lugar muy demandado en los días calurosos. Además, emplearon a jóvenes locales para que trabajen en el local y así fomentar el empleo genuino.

“Se trata de algo que trasciende a un bar, es un espacio de familia, de amigos, donde la buena onda y la hospitalidad no van a faltar”, finalizó.

Fotos cortesía de Valeria Amarilla

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