Un millón de personas piden la renuncia de Piñera en Chile
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Al cumplirse una semana de las marchas multitudinarias, disturbios, denuncias y represión por parte de las fuerzas militares, Chile hace historia aproximadamente 1 millón de personas se reúnen en Plaza Italia, en Santiago de Chile (ciudad capital). Al parecer los intentos del presidente Sebastián Piñera por detener las manifestaciones, con medidas económicas de último momento y un posible cambio de gabinete, no fueron suficientes ya que la población chilena sigue pidiendo por su renuncia.
Cerca de un millón de personas protagonizaron en Santiago la demostración más imponente desde el regreso de la democracia en Chile, hace 29 años, y ratificaron sus demandas en favor de un programa de gobierno que consagre la justicia social y acabe con las desigualdades.
La multitud colmó la emblemática Plaza Italia de la ciudad de Santiago y varias cuadras de los alrededores, sin banderas de partidos políticos y en respuesta a una convocatoria lanzada a través de las redes sociales.
La manifestación se concretó ocho días después del inicio de una rebelión popular seguida de represión que dejó 19 muertos, cientos de heridos y más de 2.000 detenidos en ocho días y que llevó al gobierno a declarar el estado de emergencia e imponer el toque de queda por las noches en las grandes.ciudades del país por varias jornadas consecutivas.
Las imágenes aéreas captadas por los reporteros gráficos y camarógrafos desde las alturas lucieron impactantes.

Piñera apura medidas de su “agenda social” para aplacar la rebelión de los chilenos. La iniciativa enviada al Parlamento apunta a aumentar en un 20 por ciento la llamada pensión básica solidaria que perciben unos 600.000 jubilados englobados el el 60 por ciento del sector más pobre del país y que tienen un ingreso equivalente a los 151 dólares.
El presidente de Chile, Sebastián Piñera, envió al Congreso un proyecto de ley para aumentar los ingresos de los jubilados con pensión básica, una medida prevista en la “agenda social” que inauguró con la esperanza de frenar el estallido social que sacude al país desde hace más de una semana.
La iniciativa apunta a aumentar en un 20 por ciento la llamada pensión básica solidaria que perciben unos 600.000 jubilados englobados el el 60 por ciento del sector más pobre del país y que tienen un ingreso equivalente a los 151 dólares.
Además, propuso una suba de un punto porcentual (desde el 4 hasta el 5 por ciento) de los aportes patronales al sistema de jubilaciones, una medida demandada por las fuerzas políticas de centroizquierda.
“El seguro para proteger a los adultos mayores no valentes se va a financiar con este 1 por ciento y en los próximos días vamos a enviar al Congreso nuevas protecciones sociales con cargo a este porcentaje”, dijo Piñera, citado por la agencia EFE.
También se comprometió a crear un ingreso mínimo garantizado de 350.000 pesos (unos 482 dólares) que complemente el salario de los trabajadores que no cobren el sueldo mínimo y a aumentar los impuestos para las rentas más altas.
La Cámara de Diputados había aprobado ayer en general un proyecto para reducir de 45 a 40 horas semanales la jornada laboral.
Ante la fuerzas de las protestas, el presidente ya había retrocedido en su decisión de eliminar un subsidio a los combustibles, con su consecuente impacto en los valores de venta al público, y aceptó congelar las tarifas del servicio eléctrico.
Para desactivar el estallido, también prometió medidas para bajar los precios de los medicamentos y mejorar los sistemas de salud y educación.
En distintas ciudades de Chile continuaron hoy las protestas multitudinarias, entre ellas una con disturbios que forzó a las autoridades a evacuar la sede del Congreso, establecida en Valaparaíso.
En las puertas de la sede legislativa se reportaron enfrentamientos entre agentes de fuerzas de seguridad y manifestantes. Además, un grupo intentó derribar una verja que protegía al edificio, ante lo cual se decidió la evacuación del personal y la suspensión de las actividades.
En tanto, cientos de camiones, taxis y automóviles particulares invadieron a paso lento las autopistas que circunvalan y cruzan Santiago de Chile para participar de una caravana que convirtió en un caos el tránsito en la capital del país.
