Vaquianos, revolucionarios del Antropoceno
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Hayas escuchado el término “baqueano” o no alguna vez, debes entender que es en la actual coyuntura de colapso civilizatorio, que las personas a las que se les atribuye este epíteto son hoy la vanguardia en términos de resiliencia y supervivencia. Pues éstos llevan consigo la cualidad de “superhéroes sin capa”. El porqué de esta afirmación y reconocimiento tiene importancia superlativa y por tanto es digna de subrayar en los debates sobre decrecimiento pacífico del mundo “cyberpunk” que conocemos.
La palabra “baqueano”, “baquiano” o “vaquiano” tiene su origen en la región de Cuyo que está conformada por las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. Allí, a principios del siglo XVII había personas casi exclusivamente dedicadas al arreo de ganados “vacunos” (de ahí la derivación epistemológica) que eran destacadas en su labor debido a su gran destreza para la realización de la misma. Además, al ser una región fronteriza con el país de Chile, tenían amplio conocimiento de los caminos y pasos andinos, por lo que eran recurridos a la hora de elegir el mejor momento y ruta para cruzar la cordillera. A lo largo del tiempo, este término se extendió al lunfardo popular sudamericano pasando a designar a personas con amplio dominio en una labor específica: “este tipo es un ‘baqueano’ en lo que hace”.
Sin embargo, este lunfardo fluye mucho más en las chacras y campos que en la ciudad. La evolución del adjetivo ha abarcado más factores a la hora de hablar de una persona “chacrera”, “chacarera”, “campera” o “gaucha”, para referirse también al dominio de la técnica para con la doma de animales, conocimiento climático y microclimático de su región, habilidades de supervivencia en su entorno nativo, inteligencia social, humildad, sencillez y satisfacción por las cosas simples, y la lista podría seguir y seguir. Este reconocimiento no se puede autoproclamar, sino que es atribuido por quienes saben reconocer dichas cualidades en ciertas personas clave.
Más allá de que normalmente los vaquianos están aislados de la ciudad y la cultura del sistema capitalista con sus muchos matices de tendencias transhumanistas y, por lo tanto, dañinos para el ser humano, ellos cuentan con cierta protección para con las influencias de dicho sistema. Es decir, cada vez que a su celular (si, creer que un vaquiano no puede tener un smartphone automáticamente le descarta a usted de ser una persona capaz de reconocer a un vaquiano de entre sus pares) le llega un vídeo cómico de carácter “shitpost”, este simplemente lo ignorará, para luego reírse de cómo una gallina se tropezó. Si se le ofrece comprar un mueble u otro, el no evaluará su estética, sino su funcionalidad, utilidad y reconciderará si realmente lo necesita. Este factor de cierta protección para con el consumismo posibilita la satisfacción no efímera y por tanto largoplacista para con lo que posee, las personas que conoce o lo que le sucede.
En un contexto de un muy eficientemente maquillado colapso de la sociedad, dónde los recursos para sostenerla se agotan y esto vuelve turbulentas las aguas del análisis, personas que hayan sido criadas en la simplicidad no solo son las que mejor sobrevivirán al derrumbe, sino que serán, y ya son, peligrosas y por tanto menospreciadas y discriminadas por un mal atribuido carácter de retrogradez. Sépase, que más allá de que se les rechace o no, ellos seguirán estando bien mientras el resto del mundo se extermina entre sí. Es, por tanto, este reconocimiento no necesariamente un favor hacia los vaquianos, sino la exposición de una necesidad de volvernos aprendices humildes ante su estilo de vida, si es que deseamos conservar la cordura o, simplemente, sobrevivir al proceso de transformación multilateral de nuestra especie en este planeta finito y nuestra, por tanto incoherente, infinita avaricia.
Si bien el origen de la palabra ha sido y es representada con una estética específica, ya saben, boina, alpargatas y pañuelo, etc. Es incorrecto convertir al vaquiano en un estereotipo. Pues, así como las características del portador de este título se ha vuelto difuso, llevándose a referir a alguien con destreza en cualquier labor, haber subrayado previamente a un campesino con smartphone no es casualidad. Esa persona, tenga un iPhone, un Lamborghini o toda la plata del mundo, seguirá siendo reconocida como un vaquiano si realmente lo es. Pues esta persona es un arquetipo y no un estereotipo. Estas tan singulares personas que describo en los párrafos anteriores, son el arquetipo de persona que sobrevivirá cuando la electricidad se apague, cuando el petróleo se acabe y cuando las empresas quiebren. El vaquiano es y será el único capaz de practicar y de contagiar resiliencia a sus pares, por lo tanto, será el único capaz de vencer al monstruo de nombres incontables que hoy se come al mundo. El vaquiano es hoy un revolucionario.
