Venezuela: morbo político

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Elecciones, fraude, dictadura, persecución, Maduro, Corina Machado, son algunas de las tantas palabras que están en boca de todos hace días. La tribuna pública y las redes sociales son grandes árbitros y “opinólogos” cuando se trata del tema del momento. Algunos saben más, otros saben menos, pero lo cierto es que acá reina el morbo en un país que ya empezó a transitar con fuerza una descomposición total.

Venezuela debe recomponerse. La reinvención de este país es algo inevitable: o se profundiza la dictadura de Maduro hacia un autoritarismo sin máscara o se rompe el esquema con el arribo de la oposición al poder. Así como está no pueden seguir. El cambio ya está en marcha.

Venezuela, el país de las dudas

Las últimas elecciones dieron como ganador a Nicolás Maduro con el 51% de los votos. El tiempo que tardó el CNE en dar los resultados, como así también el resultante final que daba más de un 120% de votos total (algo irrisorio en la estadística electoral) y, sumado al faltante de la totalidad de las actas, conforma un morbo incesante sobre la idea del fraude en los últimos comicios. No es algo impropio el hecho de pensar en esto, los regímenes de este tipo suelen recurrir a números un tanto dudosos, más allá de veedores internacionales y asociaciones que trabajen como testigos en las elecciones. Tampoco es algo nuevo que la derecha latinoamericana tiene a tender puentes en el imaginario colectivo hacia la población sobre el constante fantasma del fraude electoral. Pasó en Brasil, en Colombia, en Argentina y tantos lugares más. El mismo Trump denunció fraude cuando Biden lo derrotó en las urnas.

El caso de que si hubo fraude o no es algo que los venezolanos deberán resolver, sin embargo, el morbo ya está instalado. Medios internacionales y máximos mandatarios metidos en el proceso intentando sacar tajada propia sobre lo que sucede en la puja por el poder entre Maduro y Corina Machado, mediante su candidato Edmundo González Urrutia. Las agencias de comunicación esperan los titulares y se asombran al comunicar sobre muertes, represión, detenciones ilegales y el accionar delictivo de los colectivos (paramilitares chavistas). Hay que decir que esto sucede hace mucho tiempo, pero… ¿Por qué se activó este morbo?

Hoy Venezuela mantiene una oposición firme y unida, dentro de todo. A diferencia de veces anteriores, ven en Corina Machado a una líder que los puede llevar al triunfo, en sintonía con una población que acompaña movilizada y sin miedo el ideario de un cambio absoluto en el país. A eso se le suma el contexto mediático. En la actualidad, las redes sociales democratizaron la información casi de manera inmediata, posibilitando que, en tiempo real se conozca más de la endeble y precaria situación económica y social por la cual pasan millones de venezolanos todos los días. Esa indignación colectiva propalada a través de Twitter (X), Instagram, TikTok o Facebook, se derrama con una rapidez inusitada que alimenta la idea de que Maduro es un dictador que debe ser derrocado. Cabe aclarar que el mandatario venezolano es destacado por perseguir a quien piense distinto, aboliendo gran parte de la libertad de expresión, transformándolo en un líder de voz única. En pocas palabras, no hace falta ser un gobierno de partido único para ser un dictador.

Dicho esto, hay consonancia entre lo que se sabe de Venezuela afuera del país con el rearmado político internacional. Las nuevas derechas van ganando paulatinamente más lugar en el concierto global, y con ello, se instalan idearios en la sociedad. Además de ello, los sistemas de alianza se van modificando, y, al menos, en América Latina, las izquierdas poco a poco van abandonando la idea de la “Patria Grande”. Hoy, Lula Da Silva sabe que no atraviesa el mismo contexto y en parte, lo hace saber. AMLO y Petro se mostraron cercanos con Maduro, aunque un tanto equidistantes para defender algo que parece indefendible, o algo que podría traer consecuencias para ellos mismos en sus países.

El escenario de derechas en ascenso o ya consolidadas llevan a considerar que este es el momento de dar el golpe en Venezuela. Es por eso que EEUU y la UE están tan interesados, como así también algunos mandatarios como Milei. Hoy ven fragilidad y ven, sobre todo, factores internos y externos que puedan llevar a la caída de Maduro y a la reinvención de nuevos intereses en Venezuela. Este país es el gran productor de petróleo de Latinoamérica, y, básicamente, quien domine Venezuela, domina el oro negro.

Romper para armar

La encrucijada ya está plasmada y la situación no tiene vuelta atrás. Hay un modelo completamente acabado en Venezuela. Se entiende que, en su momento, la Revolución Bolivariana fue un hito y que el avance de algunas medidas de Hugo Chávez tuvo respaldo. Pero el escenario cambió y parte de los resultados están a la vista: 8 millones de venezolanos que se escaparon del país, pobreza e indigencia en ascenso con una jubilación de 3 dólares y un aparato político completamente en duda. El chavismo se reinventa o se va, es así de fácil. Esa descomposición ya está en marcha hace rato, pero las elecciones pudieron haber servido como el caldo de cultivo para acelerar este proceso o bien, ponerlo a los ojos del mundo.

El régimen de Maduro deberá tomar la decisión de endurecerse o blanquear toda situación de transparencia. La idea de un auto golpe es algo presente, y quizás, esta situación sea el punto de partida para transformar a Venezuela en un país de partido único y con represión política a cara lavada, al mejor estilo cubano o chino. El vuelco hacia una dictadura autoritaria sin tapujo es una de las respuestas.

Por otro lado, está el avance de la oposición y de una transición paulatina hacia un nuevo modelo político que incluya una democracia liberal como la respuesta. Algo parecido le sucedió a Rusia, salvando toda distancia. Tras la caída de la URSS, Rusia tuvo una década de recomposición económica hasta que llegó Putin al poder y pudieron volver a acomodarse como un hegemón global. La gran diferencia es que los rusos no conocen la democracia como un sistema tradicional, por algo pasaron del Imperio Ruso a la URSS, y finalmente hacia el régimen de Putin que mucho de autocracia mantiene, o al menos, un personalismo a flor de piel. El caso de los venezolanos es que conocen la vida en democracia por experiencia propia pero también por la parte del mundo en donde se encuentra. Sus países limítrofes y cercanos viven bajo el amparo democrático, en mayor o menor medida, pero con la influencia filosófica de lo que es vivir en democracia. Ese es otro motor en donde los venezolanos de las diásporas juegan un papel fundamental.

Mientras el mundo espera la caída de Maduro o la oficialización del régimen, el morbo político no para de crecer. Las especulaciones son moneda corriente, y detrás de ellos, los intereses de Estados Unidos, Rusia y China. La autodeterminación de los pueblos puede tener un alto costo y hoy, más que nunca, cuanto vale y que hermosa es la democracia. Aprender de los ejemplos negativos del extranjero para valorar y cuidar lo positivo de lo nuestro.

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