Mes: mayo 2025

Brasil sube cinco posiciones en el ranking del IDH y se ubica en el puesto 84

Compartí esta noticia !

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó este martes (6), en Río de Janeiro, la edición anual del Informe de Desarrollo Humano.

El documento actualiza el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 193 países, basado en datos de 2023 sobre esperanza de vida, escolaridad y Producto Interno Bruto (PIB) per cápita.

Brasil aparece en el puesto 84 con un IDH de 0,786 (en una escala de 0,000 a 1,000), lo que lo ubica en la categoría de desarrollo humano alto. En relación con 2022, el IDH del país creció un 0,77%, ya que entonces el índice era de 0,780 (ajustado este año).

En 2022, Brasil estaba en el puesto 89, lo que significa que subió cinco posiciones. Sin embargo, con el ajuste realizado al IDH de 2022, el país aparece en el puesto 86, por lo tanto, el ascenso efectivo fue de dos lugares en el ranking (superando a Moldavia y empatando con Palaos).

El informe también muestra la evolución del país entre 2010 y 2023 (con un aumento promedio anual de 0,38%) y entre 1990 y 2023 (un crecimiento promedio del 0,62%).

Según el PNUD, los países se dividen en cuatro grupos según su IDH. Aquellos con una puntuación igual o superior a 0,800 son considerados de desarrollo humano muy alto. Setenta y cuatro países están en esa categoría. Chile lidera entre las naciones de América Latina y el Caribe, en el puesto 45, con un IDH de 0,878.

Otros nueve países latinoamericanos y caribeños integran este grupo: Argentina, Uruguay, Antigua y Barbuda, San Cristóbal y Nieves, Panamá, Costa Rica, Bahamas, Barbados y Trinidad y Tobago. En promedio, el IDH regional subió de 0,778 en 2022 a 0,783 en 2023 (un alza del 0,64%).

Puntajes y clasificación global

Además de Brasil, otros 49 países están en la categoría de desarrollo humano alto (con una puntuación entre 0,700 y 0,799). En tanto, 43 países tienen un desarrollo medio (entre 0,550 y 0,699) y 26 presentan un desarrollo bajo (menos de 0,550).

Islandia superó a Suiza y Noruega y se convirtió en el país con el mayor IDH del mundo (0,972). De hecho, los seis primeros puestos están ocupados por países europeos (Dinamarca, Alemania y Suecia, además de los ya mencionados).

Sudán del Sur, el país más joven del mundo —creado en 2011—, tiene el peor indicador (0,388). Las últimas nueve posiciones corresponden a países africanos. Yemen, escenario de una guerra civil prolongada en Oriente Medio, ocupa el décimo lugar desde el final.

El IDH medio mundial alcanzó los 0,756 en 2023, un aumento del 0,53% respecto al año anterior (0,752). Según Pedro Conceição, coordinador del informe, este es el mayor nivel de desarrollo humano desde que comenzó el relevamiento.

“Pero hay dos aspectos preocupantes en este logro. El primero es que estamos avanzando más lentamente. De hecho, es el progreso más lento de la historia, si no se considera el período de retroceso del IDH [durante la pandemia de COVID-19]. Si hubiéramos mantenido el ritmo anterior a 2020, estaríamos cerca de un nivel de desarrollo humano muy alto en 2030. Pero la tendencia actual muestra una desaceleración, lo que retrasa esa meta por décadas”, señaló Conceição.

Para él, el segundo aspecto preocupante es que los países con IDH bajo están quedando rezagados. “Esto ocurre por cuarto año consecutivo y representa una ruptura con la tendencia de décadas anteriores, donde se observaba una convergencia entre los países en cuanto al desarrollo humano”.

Según el estudio, el promedio de los países con IDH muy alto es de 0,914, mientras que los países con IDH bajo tienen una media de 0,515.

Otros datos

El informe también presenta un ajuste del IDH teniendo en cuenta la desigualdad social. En este caso, el IDH de Brasil se reduce a 0,594, ubicándolo en el puesto 105 del ranking global y dentro de la categoría de desarrollo humano medio. En el caso de Islandia, el ajuste es mínimo y el IDH queda en 0,923. El IDH mundial ajustado por desigualdad es de 0,590.

En cuanto a la comparación por género, el IDH de las mujeres brasileñas (0,785) es ligeramente superior al de los hombres (0,783), debido a mejores indicadores en esperanza de vida y escolaridad, aunque inferior en PIB per cápita.

Si se ajusta el IDH por la huella de carbono de cada país, Brasil registra un índice de 0,702, posicionándose en el puesto 77 a nivel mundial.

Inteligencia Artificial como tema central

El tema central del informe de este año es la inteligencia artificial. El administrador del PNUD, Achim Steiner, subrayó que es importante no ser gobernado por la tecnología, sino utilizarla como herramienta para el desarrollo humano.

“Nuestra capacidad para aprovechar positivamente esta nueva frontera, pero también para protegernos, exige necesariamente cooperación internacional, incluyendo el compromiso de los países más ricos para ayudar a los más pobres a integrarse a esta economía emergente del futuro”, explicó Steiner.

Y concluyó: “Es crucial que la inteligencia artificial sea realmente algo que nos brinde, como seres humanos, la oportunidad de ampliar nuestra creatividad, diversidad, imaginación, espíritu emprendedor y, por encima de todo, la confianza de que en el siglo XXI podemos desarrollarnos y prosperar juntos, al mismo tiempo que enfrentamos los riesgos comunes para nuestro futuro”.

Compartí esta noticia !

Moody’s advierte sobre riesgos externos y demora nuevo upgrade para la Argentina pese al equilibrio fiscal

Compartí esta noticia !

Moody’s reconoció avances significativos en la consolidación fiscal de la Argentina y mantiene una visión positiva sobre el rumbo económico del país. Sin embargo, advirtió que la fragilidad externa, el historial de defaults y las debilidades institucionales aún retrasan el regreso a los mercados internacionales y limitan una mejora más rápida de la calificación crediticia.

Avances en el frente fiscal, pero dudas en la sostenibilidad externa

En el evento Inside Latam Argentina 2025, celebrado este martes en Buenos Aires, la calificadora de riesgo Moody’s destacó los avances del Gobierno argentino en la corrección de desequilibrios fiscales, pero remarcó que persisten riesgos estructurales que comprometen el acceso a los mercados financieros globales.

Desde enero de 2025, Moody’s elevó la calificación crediticia de la deuda argentina de Ca a Caa3. Esta mejora se sustenta principalmente en la implementación de una agresiva estrategia de consolidación fiscal por parte del Gobierno de Javier Milei. Sin embargo, Jaime Reusche, vicepresidente de la agencia, subrayó que el programa económico atraviesa su “fase más peligrosa”, ya que cualquier shock interno o externo podría poner en jaque la estabilidad alcanzada.

“Es cuestión de tiempo para que llegue un nuevo upgrade, pero todavía hay factores que frenan esa posibilidad”, señaló Reusche.

Déficit externo persistente y memoria negativa del mercado

Pese a contar con superávit comercial en 2024 y asistencia del FMI, Argentina continuó perdiendo reservas. Moody’s atribuye esta dinámica a un “déficit estructural en la balanza de pagos”, y remarca que el país aún no cuenta con una fuente sostenible de divisas que respalde un retorno sólido a los mercados internacionales.

Además, la calificadora pone el foco en el fuerte descrédito que arrastra el país en la comunidad financiera internacional. “La memoria del mercado es muy negativa. Las experiencias fallidas con tipos de cambio flotantes y una larga lista de defaults juegan en contra”, sostuvo Reusche, quien recordó que la Argentina registra al menos nueve cesaciones de pagos soberanas, o diez si se incluye el canje de 2023.

Institucionalidad débil y riesgo ante shocks

Otro de los pilares que impiden una mejora más acelerada en la calificación crediticia es la debilidad institucional. Para Moody’s, la baja efectividad del sistema judicial, la volatilidad en la formulación de políticas públicas y la falta de credibilidad del Estado siguen siendo obstáculos importantes.

“La credibilidad no se gana en seis meses. La capacidad de sostener reformas será clave para alcanzar un perfil crediticio más sólido”, afirmó Reusche.

La calificadora también alertó sobre una potencial sobrevaluación del tipo de cambio real, lo que podría erosionar la competitividad externa en un contexto de reactivación de la demanda interna y crecimiento de las importaciones.

Cuatro pilares del análisis crediticio y evolución reciente

Moody’s estructura su calificación soberana a partir de cuatro factores: fortaleza económica, institucional, fiscal y susceptibilidad a choques externos. Según los datos expuestos por la agencia:

  • Fortaleza económica: subió dos escalones desde octubre de 2024, pero se mantiene en niveles moderados (BA3).
  • Fortaleza institucional: permanece débil (SW2).
  • Fortaleza fiscal: mejoró significativamente, aunque aún es vulnerable.
  • Susceptibilidad a shocks: sigue siendo alta.

La calificadora destacó que en 2023 la deuda pública superó el 100% del PBI, pero en 2024 esta proporción comenzó a reducirse, lo que mejora la sostenibilidad fiscal de largo plazo.

Riesgos latentes en la segunda etapa del ajuste

Moody’s identificó que el principal riesgo hacia adelante está en el frente externo. Aunque el Gobierno logró frenar la emisión monetaria y alcanzar equilibrio fiscal, la balanza comercial pierde fuerza con la reactivación del consumo y la demanda de importaciones. Además, advirtió que el ingreso extraordinario de USD 20.000 millones por blanqueo de capitales no logró evitar la pérdida neta de reservas, lo que demuestra la persistencia del desbalance estructural.

“Un superávit comercial por sí solo no garantiza estabilidad. Las reservas se siguen perdiendo, lo que revela la fragilidad del sistema externo”, concluyó Reusche.

Implicancias para el futuro: entre la prudencia y el optimismo moderado

Moody’s dejó claro que una nueva mejora en la calificación de Argentina es posible, pero no inminente. La clave estará en consolidar la estabilidad macroeconómica con una recuperación sostenida, fortalecer la institucionalidad y generar condiciones para un acceso confiable a divisas. Si bien la calificadora mantiene una perspectiva positiva, el país sigue bajo observación estricta por parte de los mercados financieros internacionales.

Compartí esta noticia !

Cosecha gruesa, dólar blend y bandas: cómo se redefine el frente externo en la gestión de Milei

Compartí esta noticia !

El déficit de la cuenta corriente cambiaria alcanzó en marzo los 1.674 millones de dólares, el nivel más alto desde la asunción de Javier Milei, impulsado por un adelantamiento de pagos de importaciones ante el cambio en el régimen cambiario. Economistas anticipan que abril marcará un punto de inflexión por la eliminación del esquema dólar blend en plena temporada de liquidación de la cosecha gruesa.

Récord de déficit en marzo: alerta por desequilibrios en cuenta corriente

La cuenta corriente del balance cambiario registró en marzo un déficit de u$s 1.674 millones, el más elevado desde que Javier Milei asumió la presidencia. El dato refleja una creciente presión sobre el frente externo en un contexto de modificaciones en el esquema cambiario, donde se desactivó el “crawling peg” y se implementó un sistema de bandas para la cotización del dólar, lo que generó expectativas de devaluación y adelantó pagos de importaciones.

De acuerdo con datos de GMA Capital y Outlier, el déficit en bienes fue de u$s 456 millones, mientras que el rubro servicios marcó un rojo de u$s 799 millones, impulsado en gran medida por un desequilibrio en turismo que ascendió a u$s 698 millones, el valor más alto para un mes de marzo desde 2018. Además, hubo egresos por intereses por casi u$s 422 millones.

En términos agregados, durante el primer trimestre del año, la cuenta corriente presentó un déficit acumulado de u$s 4.190 millones, contrastando con el superávit de u$s 5.273 millones en igual período de 2024.

Diez meses consecutivos de déficit cambiario

Según Aurum Valores, marzo marcó el décimo mes consecutivo de déficit de cuenta corriente, situación que erosionó gran parte del superávit acumulado durante los primeros seis meses del gobierno de Milei, apalancado inicialmente por la alta calendarización de importaciones, un tipo de cambio real elevado y la colocación de Bopreales.

La cuenta financiera también mostró una performance negativa, con una salida neta de u$s 1.892 millones, contrastando con el superávit de u$s 440 millones registrado en el primer bimestre. “La caída del endeudamiento privado en moneda extranjera explica buena parte del resultado. Sin previsibilidad cambiaria, el crédito en dólares se paraliza”, explicó GMA Capital.

Abril y mayo: impacto del nuevo esquema sin dólar blend

El foco de los analistas ahora está puesto en el comportamiento del balance cambiario durante abril, el primer mes completo sin el régimen del dólar blend, que permitía liquidar el 20% de las exportaciones al tipo de cambio financiero. Esa porción pasará ahora a impactar directamente en la cuenta de bienes, lo que podría mejorar los números en momentos donde se espera una fuerte entrada de divisas por la cosecha gruesa.

“Desde abril, la totalidad de lo liquidado impactará directamente en la cuenta de bienes, fortaleciendo la cuenta corriente”, explicaron desde ACM, aunque advirtieron que la demanda de importaciones, la evolución del tipo de cambio real y las expectativas del mercado seguirán siendo variables críticas para consolidar una mejora.

Expectativas moderadas: transición e incertidumbre

Para Claudio Caprarulo, director de Analytica, abril será un mes de transición y adaptación al nuevo régimen: “El efecto va a ser parcial porque impactó a mediados de mes y fueron semanas de incertidumbre respecto a cómo se comportaría la cotización del dólar dentro de las bandas”.

Amílcar Collante, economista de Cesur, proyectó un balance mixto: “En abril convivieron dos regímenes cambiarios. Durante los primeros días hubo alta demanda de importaciones y retención de exportaciones; después, con el nuevo esquema, el BCRA logró mantener un saldo neutro y las reservas se movieron por revalorización de activos y pagos de deuda”.

El saldo neto de compras de divisas en abril fue negativo en u$s 851 millones, y comenzaron a verse nuevamente operaciones de Formación de Activos Externos (FAE) a partir de la demanda minorista de dólares al tipo de cambio oficial.

Mayo como termómetro clave

Mayo será el primer mes completo bajo el nuevo esquema de bandas, y funcionará como barómetro de la sostenibilidad del modelo cambiario, especialmente en el frente financiero, donde la demanda de dólares por parte del sector privado podría marcar tendencia.

La evolución del tipo de cambio, el ingreso de divisas del agro y las expectativas de los actores económicos serán determinantes para evaluar la solidez del régimen monetario y cambiario impulsado por el Gobierno en su cruzada por eliminar el cepo y estabilizar la macroeconomía.

Compartí esta noticia !

Reconectando la moral con la economía política

Compartí esta noticia !

Escribe Benjamín Enke / F&D – Devolver la visión moral a la economía mejora la comprensión de los resultados políticos.

Durante gran parte del siglo XX, las disciplinas de la psicología moral y la economía se consideraron distintas, cada una centrada en preocupaciones separadas, con poca polinización cruzada. No siempre fue así.

Si nos remontamos a filósofos como Adam Smith y Karl Marx, las discusiones sobre economía política estaban profundamente entrelazadas con cuestiones de moralidad. Más recientemente, estos campos han comenzado a reconectarse, reconociendo que la moralidad influye en el comportamiento económico, y viceversa, de maneras profundas. Es algo de lo que hablé en una revisión reciente de la literatura más reciente en este campo (2024).

Como economista, creo que esta creciente intersección ofrece lecciones valiosas no solo para el mundo académico, sino también para los responsables de la formulación de políticas que se enfrentan a los mayores desafíos de la actualidad, como una mayor desigualdad, la polarización política y la disminución de la confianza en las instituciones.

Una de las ideas más fundamentales que impulsan la reconexión de la psicología moral con la economía es la noción, originada en la psicología moral, de que la moralidad evolucionó como una herramienta económicamente funcional, como, por ejemplo, Jonathan Haidt, el psicólogo estadounidense, señaló en The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion.

En términos simples, se piensa que la moralidad es un mecanismo a través del cual las sociedades imponen la cooperación, lo que permite la producción, el intercambio y la cohesión social a gran escala. La idea de que la moralidad es social y económicamente funcional está profundamente arraigada en una perspectiva evolutiva: a medida que los humanos formaron sociedades cada vez más complejas, la cooperación se volvió esencial para la supervivencia y surgieron sistemas morales para imponer comportamientos prosociales.

Imperialismo económico

Desde la perspectiva de un economista, este encuadre de la moralidad como respuesta a los problemas económicos —como garantizar la cooperación en las transacciones— sugiere que la moralidad no es fija, sino adaptable. A medida que los entornos económicos cambian, también lo hacen los valores morales. El auge de los mercados globalizados puede, por ejemplo, hacer que las sociedades pasen de marcos morales particularistas —aquellos que priorizan la cooperación estrecha dentro del grupo— a valores más universalistas que enfatizan la justicia y la igualdad a través de redes sociales más amplias.

Los economistas han utilizado estas ideas de la psicología moral y las han ampliado. Este fenómeno, a menudo denominado “imperialismo económico”, se produce cuando los economistas aplican sus herramientas y metodologías a áreas tradicionalmente exploradas por otras ciencias sociales, como la psicología o la antropología. Si bien este enfoque ha sido criticado ocasionalmente por invadir otras disciplinas, puede ser muy productivo cuando se realiza en colaboración.

En lugar de intentar reemplazar a la psicología moral, los economistas han probado y validado con éxito sus teorías, como el papel funcional de la moralidad, a través de un trabajo empírico a gran escala. Al hacerlo, han aportado información valiosa, especialmente cuando se requieren pruebas empíricas en entornos más amplios del mundo real.

Para entender cómo evolucionan los sistemas morales en respuesta a los entornos económicos, podemos ver varios ejemplos clave. En primer lugar, las estructuras históricas de parentesco ofrecen un caso de estudio convincente. Las sociedades con fuertes redes familiares extendidas a menudo dependen de una cooperación estrecha dentro de las familias, lo que conduce a valores morales particularistas. Estas sociedades priorizan la lealtad a la familia y a las comunidades locales, y sus sistemas morales reflejan este énfasis.

Sin embargo, las sociedades con redes de parentesco más laxas tienden a desarrollar valores morales más universalistas, con la equidad extendida tanto a extraños como a relaciones lejanas, como demostré en un artículo de 2019. Esta distinción entre moralidad universalista y particularista, y su vínculo con las estructuras históricas de parentesco, explica gran parte de la variación intercultural en las creencias morales, los valores y las emociones.

En segundo lugar, la exposición a los mercados también desempeña un papel fundamental en la formación de los valores morales. En sociedades donde las interacciones de mercado entre extraños son comunes, es probable que prosperen los valores universalistas, como la equidad en el trato con personas fuera del círculo inmediato. Un creciente cuerpo de investigación, incluido mi propio artículo de 2023, muestra que las sociedades con mayor exposición histórica a los mercados exhiben niveles más altos de universalismo. Cuanto más interactúan las personas con extraños en los mercados, más desarrollan normas morales que favorecen la cooperación impersonal y la confianza.

Por último, la ecología —el entorno natural en el que están inmersas las sociedades— también puede influir en la moralidad. Allí donde era necesaria una cooperación intensiva con los vecinos para la supervivencia, como en regiones con tierras homogéneas y fértiles, a menudo se desarrollaron valores particularistas. Estos valores enfatizan los estrechos lazos comunitarios, que eran esenciales para la productividad agrícola.

Por el contrario, las regiones con condiciones ecológicas más variables o fragmentadas pueden haber fomentado valores universalistas, ya que la cooperación con (y el aprendizaje de) vecinos cercanos era menos importante para la producción económica, como señaló el economista israelí Itzjak Tzachi Raz.

Resultados políticos y económicos

La influencia de la moralidad en el comportamiento económico va en ambos sentidos: las condiciones económicas dan forma a los valores morales, pero esos valores, a su vez, dan forma a los resultados políticos y económicos. En el clima político polarizado de hoy, las diferencias morales a menudo apuntalan las divisiones sobre la política económica. Por ejemplo, la distinción entre valores universalistas y particularistas ayuda a explicar por qué diferentes grupos tienen puntos de vista opuestos sobre temas como los impuestos, la redistribución, la inmigración, el cambio climático, la globalización y la ayuda exterior.

La idea principal es que muchas políticas tradicionalmente de izquierda son relativamente universalistas por naturaleza. Las personas universalistas, que priorizan la justicia y la igualdad para todos, son más propensas a apoyar políticas redistributivas destinadas a reducir la desigualdad de ingresos, incluso para las personas de países extranjeros. También son más partidarios de las políticas “globalistas” como la ayuda exterior, la globalización y la prevención del cambio climático. Los individuos particularistas, que priorizan la lealtad a su grupo interno, a menudo se oponen a tales políticas, temiendo que la redistribución pueda beneficiar a los grupos externos o extraños a expensas de su propia comunidad, o que la inmigración pueda dañar las perspectivas de sus vecinos de encontrar un trabajo. Esta división moral contribuye a la polarización política y complica los esfuerzos por llegar a un consenso sobre las políticas económicas.

Uno de mis estudios sobre los patrones de voto en Estados Unidos muestra que los valores morales de los votantes se alinean estrechamente con la retórica y las políticas de los candidatos políticos. La evidencia reciente que reuní con Raymond Fisman, Luis Mota Freitas y Steven Sun fortalece aún más esta conexión. Cuantificamos el universalismo moral utilizando datos de donaciones a gran escala. De acuerdo con nuestro enfoque, se dice que los distritos de EE. UU. son más universalistas cuando una mayor proporción de las donaciones de ese distrito se destina a beneficiarios más distantes, geográfica o socialmente. Por lo tanto, los universalistas no son más o menos prosociales, sino que los distritos universalistas dan más a los lugares lejanos pero menos a las causas de la comunidad local.

Documentamos que los distritos con mayor universalismo tienden a votar más por candidatos demócratas y eligen representantes que usan un lenguaje moral universalista en sus discursos. Además, los representantes de estos distritos exhiben un comportamiento de votación nominal más inclinado a la izquierda, incluso dentro del mismo partido, lo que demuestra aún más cómo estos valores morales dan forma tanto a los resultados electorales como a las acciones legislativas.

Enfoque interdisciplinar

Tradicionalmente, los economistas han sido cautelosos a la hora de ahondar en cuestiones morales, prefiriendo ceñirse al análisis empírico basado en datos. Sin embargo, creo que los economistas pueden ganar si se involucran más profundamente con la psicología moral, al igual que los psicólogos pueden beneficiarse de la incorporación de ideas económicas en su trabajo. Cada disciplina aporta fortalezas únicas: los economistas sobresalen en la gestión y el análisis de datos a gran escala, mientras que los psicólogos morales son expertos en comprender los intrincados procesos de toma de decisiones individuales y razonamiento moral.

Este enfoque interdisciplinario puede conducir a una comprensión más rica y matizada de fenómenos sociales y políticos complejos. Tomemos, por ejemplo, el tema de la redistribución. La investigación psicológica puede arrojar luz sobre por qué las personas tienen ciertas creencias morales sobre la justicia y la igualdad; Los datos económicos pueden revelar cómo estas creencias se traducen en patrones de voto y preferencias políticas. Al combinar estos enfoques, podemos desarrollar una imagen más completa de cómo los valores morales influyen en el comportamiento y los resultados económicos.

¿Qué significa todo esto para los responsables políticos? Sobre todo, sugiere que una política económica eficaz no puede ignorar las consideraciones morales. Los responsables de la formulación de políticas deben reconocer que las preferencias económicas de las personas a menudo están determinadas por sus creencias morales, que pueden variar ampliamente entre los diferentes grupos. Como resultado, las políticas que se alinean con los valores morales de un grupo pueden ser fuertemente rechazadas por otro grupo con valores diferentes.

Comprender estas divisiones morales puede ayudar a los responsables de la formulación de políticas más eficaces y equitativas. Por ejemplo, las políticas redistributivas que apelan a los valores universalistas podrían tener más éxito si se enmarcan de manera que resuenen también con los individuos particularistas, como enfatizar los beneficios para las comunidades locales.

Además, reconocer el papel de la moralidad en el comportamiento económico puede ayudar a los responsables de la formulación de políticas a anticipar y abordar la polarización política. Esto podría resultar vital para superar las divisiones morales que nos alejan aún más del consenso.

Benjamín Enke

BENJAMIN ENKE es Profesor Asociado Paul Sack de Economía Política en la Universidad de Harvard e investigador de la Oficina Nacional de Investigación Económica.

Compartí esta noticia !

El caso de los impuestos a la salud

Compartí esta noticia !

Escriben Masood Ahmed y Minouche Shafik / F&D – El aumento de los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas puede recaudar fondos vitales para el desarrollo.

Las economías en desarrollo se enfrentan a una creciente presión fiscal derivada de la desaceleración del crecimiento mundial, la paralización del servicio de la deuda y los fuertes recortes en los presupuestos de ayuda internacional. Impuestos más altos sobre el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas pueden ser parte de la solución.

Estos impuestos, que a menudo se aplican para mejorar la salud pública, también tienen importantes beneficios fiscales. Pueden aumentar los ingresos de los gobiernos con problemas de liquidez y reducir la dependencia de los donantes extranjeros, al tiempo que reducen los costos de la atención médica al reducir los casos de enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes y los accidentes cerebrovasculares.

Un aumento del 50% en el precio del tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas a través de impuestos más altos podría recaudar 2,1 billones de dólares para los países de ingreso bajo y mediano en cinco años, según el Grupo de Trabajo sobre Política Fiscal para la Salud, del que ambos somos miembros. Eso equivale al 40 por ciento de su gasto en salud pública y supera con creces la asistencia oficial para el desarrollo, que actualmente asciende a unos 223.000 millones de dólares al año.

Varios países ya han introducido este tipo de impuestos. Los sucesivos aumentos del impuesto especial sobre el tabaco en Filipinas triplicaron los ingresos, pasando de 1.000 millones de dólares en 2012 a 2.900 millones de dólares en 2022. Ayudó a financiar el seguro de salud para todos. Lituania duplicó su recaudación impositiva del alcohol sobre una base per cápita al aumentar el impuesto especial sobre la cerveza, el vino y las bebidas espirituosas entre 2015 y 2022. El impuesto ahora representa el 3 por ciento de los ingresos totales del gobierno.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco representa el mayor riesgo para la salud, lo que resulta en más de 8 millones de muertes prematuras al año. El alcohol es responsable de 2.6 millones de muertes adicionales al año, y las bebidas azucaradas están contribuyendo a un aumento en la obesidad y la diabetes tipo 2.

Los aumentos de impuestos que aumentan el precio de estos productos nocivos en un 50 por ciento salvarían 50 millones de vidas en los próximos 50 años, además de prevenir problemas de salud significativos, según muestra nuestra investigación. Estos beneficios para la salud se distribuyen progresivamente, porque las personas con menores ingresos son las que más reducen su consumo de estos productos poco saludables en respuesta a los precios más altos. También reduce sus costos de atención médica. Junto con los impactos progresivos en la salud, esto compensa cualquier efecto regresivo sobre los ingresos, lo que convierte a los impuestos en salud en una política progresista en general.

Los impuestos más altos a la salud también pueden generar beneficios para la salud al presionar a los fabricantes a cambiar sus productos. El gravamen de la industria de refrescos del Reino Unido, por ejemplo, llevó a los fabricantes a reducir el contenido de azúcar de los productos afectados en un 43,7 por ciento entre 2015 y 2019, lo que equivale a eliminar 45 millones de kilogramos de azúcar de los refrescos cada año.

Beneficios económicos

El impacto del tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas en la mortalidad y la morbilidad también tiene importantes implicaciones económicas. Cada año en los Estados Unidos, las muertes prematuras relacionadas con el tabaco y las condiciones de salud relacionadas con el tabaquismo resultan en casi $180 mil millones y $185 mil millones en pérdida de productividad, respectivamente, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. Los investigadores han estimado que el costo económico del consumo de alcohol asciende al 2,6 por ciento del PIB mundial, principalmente por la pérdida de productividad.

La mejora de la salud pública libera presupuestos para otros servicios. En la actualidad, se gastan anualmente más de 2 billones de dólares en el tratamiento de las cinco principales enfermedades no transmisibles. Si los países no logran frenar el aumento de casos mediante políticas como los impuestos a la salud, los costos se volverán insostenibles.

A pesar de que los impuestos a la salud son beneficiosos para la salud y los ingresos, están infrautilizados y se fijan en tasas demasiado bajas. La tasa promedio del impuesto al tabaco es del 42 por ciento del precio minorista, muy por debajo del objetivo de la OMS del 75 por ciento. Las tasas impositivas sobre el alcohol y las bebidas azucaradas son aún más bajas. Además, los impuestos a la salud no están a la altura de la inflación, lo que significa que su impacto se erosiona con el tiempo. De hecho, los cigarrillos se volvieron más asequibles en 41 países entre 2016 y 2022.

Presión política

Los grupos de la industria presionaron a los gobiernos para obtener exenciones fiscales a fin de mitigar el impacto de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que la industria tabacalera no perdió ganancias durante la pandemia. Las ganancias de la industria del alcohol y las bebidas azucaradas cayeron en 2020, pero estas industrias se habían recuperado más o menos al año siguiente y desde entonces han visto ganancias crecientes. Los argumentos a favor de gravar estos productos siguen siendo tan fuertes como siempre.

Estos impuestos tienen poco o ningún inconveniente económico, especialmente cuando se comparan con otras formas de financiar el desarrollo: no causan distorsiones económicas en el lado de la oferta ni reducen el empleo, porque los consumidores desplazan el gasto a otros sectores. Los gobiernos pueden mitigar el riesgo de un mercado negro de estos productos con una aplicación más estricta de la ley. Incluso en los casos en que se produce el comercio ilícito, éste no compensa la capacidad de aumentar los ingresos y reducir el consumo.

Es posible que los políticos se resistan a imponer impuestos más altos, pero una amplia gama de países, con gobiernos de todas las tendencias, han demostrado que es posible. Los aumentos de los impuestos a la salud incluso cuentan con el apoyo público, especialmente cuando se enfatizan los beneficios para la salud. Encuestas realizadas en Colombia, India, Jordania, Tanzania y Estados Unidos han revelado sistemáticamente que la mayoría de las personas apoyan el aumento de estos impuestos, especialmente cuando se explican los beneficios para la salud y se destinan los ingresos a los servicios públicos.

Los gobiernos, especialmente los de las economías en desarrollo, deben abogar por un fuerte aumento de los impuestos a la salud. Deberían comprometerse a aumentarlos regularmente por encima de la inflación y el crecimiento económico para garantizar que los impuestos aumenten en términos reales y que estos productos sean menos asequibles con el tiempo. Es el mejor enfoque en tiempos limitados y será bueno para la política fiscal y la salud pública.

MASOOD AHMED es presidente emérito del Centro para el Desarrollo Global.

MINOUCHE SHAFIK fue subdirectora gerente del FMI.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin