Día: 24 enero, 2026

Davos y los consejos de Maquiavelo

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El Foro de Davos es un escenario donde los poderosos exhiben su visión del mundo y tratan de imponer sus ideas que replican el patrón del orden mundial. Los más poderosos son más escuchados y los otros ocupan roles secundarios. Donald Trump fue este año el más esperado por sus demandas territoriales, exigencias de sumisión y el destrato a otros líderes, sobre todo de Europa. 

Trump amenazó con aplicar aranceles adicionales del 10 por ciento a los países europeos que hagan maniobras militares en Groenlandia (Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y el Reino Unido), así como del 200 por ciento sobre vinos y champagnes franceses por la negativa del mandatario galo de entrar en la Junta de Paz para Gaza ideada por el republicano.

El argentino Javier Milei, a diferencia de su debut en 2024 y las expectativas del año pasado, pasó casi desapercibido, repitió su esquema discursivo en el que desprecia el rol del Estado y abogó por un capitalismo libre de ataduras. “Lo más responsable que pueden hacer los políticos es dejar de molestar a quienes están creando un mundo mejor”, dijo. También sentenció la muerte definitiva de Maquiavelo

Davos fue pensado para trabajar en torno a los desafíos globales más urgentes a través de la cooperación público-privada. No sucede eso. En la práctica no hace más que desnudar las estructuras del poder real, donde importan mucho más las bravuconadas de Trump que el colorido aportado por otros presidentes. 

El primer ministro canadiense, Mark Carney fue uno de los destacados oradores y expuso justamente esa fragilidad: “Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima. Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los mecanismos de resolución de controversias. Este compromiso ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición”, sentenció. 

“Durante las dos últimas décadas, una serie de crisis -financiera, sanitaria, energética y geopolítica- ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema. Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. Es imposible “vivir en la mentira” de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación”, expresó el canadiense.

Mark Carney fue el “disidente” de Davos, un poco más que Emmanuel Macron, el presidente francés, quien hizo un llamado a la Unión Europea a no dudar a la hora de aplicar el mecanismo anticoerción cuando “no somos respetados y no se respetan las reglas del juego”.

Macron dijo que Europa debe mantenerse “en sus principios”: “No hay que bajar los ojos, no hay que ceder a la ley del más fuerte, ya que esto conduce a una política del más fuerte y a un enfoque neocolonial. El neocolonialismo no es la solución”, subrayó el presidente francés. “Europa tiene herramientas muy poderosas y debemos utilizarlas cuando no se nos respeta y cuando no se respetan las reglas del juego”, continuó el presidente francés.

Ante una audiencia compuesta por dirigentes políticos y económicos, Macron instó a asumir la “responsabilidad” de afrontar esas tendencias y “actos brutales”. “Preferimos el respeto a la animalidad, la ciencia a las teorías conspirativas y el Estado de derecho a la brutalidad”, afirmó Macron, quien elogió que Europa sea “un lugar donde el Estado de derecho y la previsibilidad siguen siendo la norma”. Sus palabras, sin embargo, fueron eclipsadas por el reflejo de sus anteojos Pacific S 01, de la marca iVision Tech, que cotizan 770 dólares en el mercado. Los medios y los mercados reaccionaron al evidente parecido al Tom Cruise de la primera película de Top Gun. 

Milei no tuvo tanta exposición ni atención mediática. Quizás porque el debate está en otras esferas. A diferencia de lo que expresa el Presidente argentino, el mundo no se está convirtiendo en algo mejor, sino que se profundizan las desigualdades y, gracias a Trump -su mecenas-, se está volviendo más inseguro, con la ley del más fuerte por encima de los acuerdos internacionales. 

Más allá de la retórica, la economía global no tiende a ser más equilibrada ni el reparto de los ingresos un poco menos desigual. Por el contrario. 

El mejor ejemplo es la Argentina bajo la gestión libertaria. La radiografía del mercado laboral del tercer trimestre de 2025 deja un dato imposible de maquillar: el empleo formal retrocede mientras la informalidad avanza. No es un fenómeno marginal ni transitorio, sino el rasgo dominante de la dinámica del trabajo en la Argentina actual, de acuerdo con los últimos registros del INDEC.

Sobre un total de 22.668.000 de puestos de trabajo, apenas 11.063.000 corresponden a asalariados públicos y privados registrados. En contraste, los asalariados no registrados suman 5.6 millones y los trabajadores por cuenta propia alcanzan los 5.9 millones. La suma de estas dos modalidades -11.605.000- ya supera al empleo asalariado formal, una señal inequívoca del deterioro estructural del mercado laboral.

Este corrimiento hacia la informalidad no ocurre en el vacío. Se da en paralelo a una fuerte pérdida del salario real –los salarios registrados perdieron fuerte en noviembre y el poder adquisitivo cayó 6,4% en la era Milei-, con especial impacto en los ingresos del sector público, los trabajadores bajo convenio y, naturalmente, los informales, que quedan completamente expuestos al ajuste. El trabajo es cada vez más precario y peor pago.

La comparación interanual termina de cerrar el cuadro: respecto del tercer trimestre de 2023, los asalariados registrados se redujeron en 222.000 personas, mientras que el empleo “en negro” creció en 231.000 y el trabajo por cuenta propia se expandió en unas 400.000 personas, en su mayoría también fuera de todo esquema formal. Menos empleo protegido, más supervivencia individual: ese es el saldo concreto del mercado laboral hoy en la Argentina.

El propio diagnóstico oficial refuerza esta lectura. Según la Secretaría de Trabajo, “la totalidad de las nuevas inserciones corresponden a puestos no registrados en el sistema de seguridad social”. En base a datos del Indec, la población ocupada no registrada creció entre los terceros trimestres de 2024 y 2025 un 5,3%, mientras que el empleo registrado cayó un 0,6%. El ajuste no sólo eliminó empleo, lo empujó fuera del sistema. No habrá reforma laboral que cambie esto si no hay mejoras en la actividad económica y el consumo. 

En contraste, con Milei ya hay 6 millones de planes sociales, un 50 % más que con Alberto Fernández, protagonista de uno de los peores gobiernos de la historia. Cristina había dejado el poder con unos 250 mil planes sociales. Con Macri fueron casi 1,5 millones de beneficiarios.

La asistencia directa a los sectores más pobres fue la única partida que creció de manera sostenida durante la gestión libertaria, tanto en cantidad de beneficiarios como en poder de compra real. A diciembre de 2025 la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, incluidos 93.453 beneficiarios por discapacidad, mientras que la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. En total, más de seis millones de planes sociales, una cifra récord que habla de un proceso de latinoamericanización de la Argentina, cada vez más lejos del país de clase media que supo ser.

Esa “latinoamericanización” es clave. Argentina exhibe hoy el menor salario en dólares de la región y desigualdades tan dramáticas como otros países de América. En la Colombia de Gustavo Petro -en las antípodas políticas de Milei- la proporción de personas ocupadas informales fue de 55,4 por ciento, lo que representa un leve aumento frente al dato de 55,3 por ciento del trimestre anterior. De los 24,5 millones de ocupados, 13,6 millones son informales. Una enorme masa laboral apenas con expectativas de supervivencia. 

Sólo cuatro personas en Colombia acumulan cerca de 42.000 millones de dólares. Para dimensionar la desigualdad, un millonario colombiano promedio tardaría apenas dos minutos en ganar lo que una persona promedio obtiene en un año de trabajo.  

En Paraguay, la informalidad laboral constituye una de las expresiones más profundas de la desigualdad estructural del país. Más del 62,5% de la población ocupada trabaja fuera del marco legal, sin acceso a derechos básicos como salud, jubilación o licencias laborales. 

Mal de muchos… 

Salvo Brasil, ningún país de la región tiene políticas activas para reducir la desigualdad y mitigar la pobreza. El mercado laboral de Brasil alcanzó un hito histórico al registrar una tasa de desempleo del 5,2% en el trimestre finalizado en noviembre, el nivel más bajo desde el inicio de la serie estadística en 2012, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Uno de los datos más relevantes es el fuerte avance del empleo registrado. El número de trabajadores con contrato formal (“carteira assinada”) llegó a 39,4 millones, el nivel más alto desde 2012, con un incremento interanual del 2,6%, equivalente a un millón de nuevos empleos formales.

Si bien el empleo informal continúa siendo elevado, con 38,8 millones de trabajadores, en los últimos doce meses se redujo un 3,4%, lo que marca una leve pero significativa mejora en la calidad del empleo.

En la Argentina, no crece el empleo, sino la informalidad. Y lejos de mejorar las condiciones sociales, lo que cuesta es llegar a fin de mes. Tanto que el Banco de la Ciudad de Buenos Aires lanzó una oferta extrema: créditos para pagar las expensas. 

El lanzamiento de este producto no es un hecho aislado. Un informe de diciembre de 2025 reveló que el 53% de los hogares de ingresos medios tuvo que recurrir a ahorros, vender activos o endeudarse para cubrir gastos corrientes. 

Por eso cobran relevancia los esfuerzos locales para sostener la economía. El gobernador Hugo Passalacqua advierte que las expectativas de corto plazo no permiten ilusionarse con un cambio de situación. Por eso se pusieron en marcha una serie de medidas que apuntan a dinamizar la economía. La baja de impuestos a los combustibles y la continuidad de otros beneficios fiscales, forman parte del paquete que se seguirá ampliando y que fue elogiado hasta por la Confederación Económica de Misiones, entidad hasta ahora complaciente con las políticas nacionales y que está en plena efervescencia, con un fuerte debate interno por la línea que seguirá la conducción que debe ser renovada el 11 de febrero, aunque en la presidencia seguirá el maderero Guillermo Fachinello. 

La última encuesta de la CEM marca que para el 41% de los empresarios el 2025 fue “peor que 2024”. Apenas un 17 por ciento lo consideró “mejor”. Sin embargo, hasta ahora la entidad no había alzado la voz sobre el rumbo económico. 

El relevamiento indica que un 27% redujo inversiones; un 21% postergó pagos, un 12% redujo personal, un 11% redujo horas o actividad, un 9% vendió activos y; finalmente; un 17% de los encuestados no tomó ninguna de las definiciones antes mencionadas. 

Los factores que afectaron el desempeño empresarial en 2025 fueron la caída del consumo, la incertidumbre económica, el aumento de costos, la carga fiscal / administrativa, la falta de financiamiento y el endeudamiento previo.

Respecto del balance de la actividad 2025; un 52% del sector pyme indicó logró adaptarse a las condiciones económicas pero con mucho esfuerzo; mientras que un 33% reveló que apenas logró sostenerse y un 11% logró adaptarse sin mayores problemas. 

Por último, entre las formas de transitar el 2025, se expresa que las pymes misioneras resistieron (39%), reestructuraron (25%), se achicaron (14%), se endeudaron (10%), invirtieron (8%) y cerraron o pausaron (1%).  

El impacto de las políticas económicas nacionales no solo se refleja en la caída del consumo o los comercios cerrados. El sector forestal atraviesa una de sus peores crisis. Y todo apunta a la Nación. 

El ingeniero forestal Nicolás Ocampo, impulsor del Grupo Jóvenes Ingenieros Forestales de Misiones y ex vicepresidente del Colegio de Ingenieros Forestales, señaló que en los últimos dos años, el precio de la energía se incrementó más de un 617% -una decisión tomada a nivel nacional- y el gasoil cerca de un 250%, afectando de manera directa a la actividad forestal y a la logística.

Ocampo planteó como medida de alivio una reducción del IVA al 10% y del impuesto a las ganancias en niveles similares, como ocurre en Paraguay. “Misiones tiene el 90% de sus límites con Paraguay y Brasil. Si la Nación nos brinda herramientas de competitividad, podemos ser una potencia productiva e industrial y terminar con desventajas históricas. Eso sería verdadera libertad para competir”, afirmó en respuesta a un posteo del diputado nacional Diego Hartfield.

También cuestionó la ausencia de una política energética nacional para el sector industrial y recordó que países como Alemania, Estados Unidos, Japón y los miembros de la Unión Europea subsidian la energía para sostener la producción. A eso sumó la necesidad de precios diferenciales para Misiones, considerando el impacto que tuvo la represa de Yacyretá en la provincia, medidas que dependen exclusivamente del Estado nacional.

Otro punto señalado fue el ingreso de productos forestales importados, como muebles provenientes de China, e incluso la posibilidad de importar viviendas industrializadas. “¿No les parece que así la competencia deja de ser justa?”, planteó el empresario. 

El ex tenista libertario, locuaz en las redes sociales, se quedó sin respuestas y apenas atinó a decir que una baja de impuestos “lleva tiempo”.  El ingeniero retrucó con una evidencia: si se hicieron miles de reformas con velocidad, ¿por qué ahora la baja de impuestos necesita paciencia infinita? En 30 años, espera Milei, Argentina será potencia. 

La producción yerbatera también da muestras de un hastío inaguantable: el viernes en Campo Viera hubo un encuentro dominado por la tensión en contra de la desregulación impuesta por Milei. Los productores firmaron un petitorio que exige la urgente definición de un precio justo para la hoja verde y amenaza con un cese de cosecha por tiempo indefinido si no hay respuestas concretas. Los productores coincidieron en que la promesa de libre oferta y demanda no se cumplió. “No funcionó. Solo provocó concentración y ahora quieren instalar una sobreoferta mayor a la real. El INYM tiene que recuperar sus herramientas de control para garantizar un precio justo”, expresó uno de los presentes. El malestar creció cuando se consultó por soluciones concretas y desde el organismo se respondió: “Desde Nación decidieron bajar línea y no responden. Hay que ser realistas”.

Jorge Haddad, representante por la producción en el Instituto Nacional de la Yerba Mate fue terminante en cuanto a las posibilidades de dar respuestas a los productores: “No hay novedades respecto al precio. Nos gustaría poder decir lo contrario, pero no es así. Vinimos a dar la cara y a explicar lo que está pasando. Estamos con las manos atadas”.

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Milei, Trump, Davos y las advertencias que vienen de Auschwitz

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El ingreso de Javier Milei al llamado “Consejo de la Paz” impulsado por Donald Trump no es un gesto aislado ni meramente simbólico: confirma una arquitectura de alineamientos internacionales en la que convergen la alt-right estadounidense, los libertarios europeos, el sionismo ultra, los think tanks antiestatales y la nueva derecha financiera global. Ese campo comparte —más que una doctrina coherente— una pulsión: la demolición de la institucionalidad democrática, el vaciamiento del Estado en favor de corporaciones y fondos, la guerra cultural permanente y un desprecio reaccionario por los consensos internacionales nacidos de la posguerra.

La escena de Milei en Davos fue la puesta en público de esa apuesta: una arenga contra “el colectivismo”, un elogio casi religioso del mercado y una negación explícita de los dispositivos que sostuvieron durante décadas el pacto democrático occidental: derechos, regulación, seguridad social, ciencia, educación pública. La paradoja mayor: que el discurso anti-Estado se pronunciara en el foro donde los estados y las corporaciones negocian, justamente, los términos concretos de la gobernanza global.

En la misma semana en que se invocan estas novedades de la geopolítica reaccionaria, el 27 de enero vuelve a traer a la memoria la liberación de Auschwitz. No como efeméride distante, sino como recordatorio de que la crisis económica, la humillación social, el nacionalismo identitario y la desdemocratización pueden cristalizar —y cristalizaron históricamente— en formas de violencia masiva, exterminio y disciplinamiento extremo. Fue el Ejército Rojo quien abrió las puertas del campo: no lo hizo el mercado, no lo hizo la “mano invisible”, lo hicieron soldados que arrastraban sobre sus espaldas el costo material y humano de frenar al nazismo en Stalingrado y Kursk. La victoria antifascista fue estatal, militar y política; nunca un fenómeno “libertario”.

Hoy, el negacionismo mutó. En lugar de negar el gas Zyklon B, niega la historia, niega el Estado como garante de derechos, niega la desigualdad como tema político, niega el propio concepto de humanidad compartida. Se presenta como “libertad”. En realidad, vuelve a instalar la idea del “descartable”, la noción de que algunos merecen derechos y otros apenas sobrevivencia, que hay quienes pueden vivir sin Estado porque cuentan con capital, contactos o apellido. En su versión más extrema, esa lógica termina justificando guerras punitivas, muros, deportaciones, encarcelamientos masivos y la privatización del mundo.

Milei no llega solo a esos espacios. Llega en nombre de un proyecto que en Argentina se traduce en empobrecimiento súbito, pérdida salarial, desregulación del trabajo, privatización simbólica del sentido común y represión a las resistencias sociales. Nada de eso es neutro, y nada es inconexo con Trump, con Netanyahu, con Meloni, con Vox y con el ecosistema de laboratorios ideológicos que hace rato experimenta con democracias degradadas y sociedades fragmentadas.

Recordar Auschwitz el 27 de enero no es un ejercicio museístico. Es mirar el presente con la conciencia de que los fascismos no vuelven idénticos, pero vuelven cuando se combinan crisis económicas, resentimiento social y discursos que reducen la vida a mercancía. Y que vuelven cuando el mundo mira para otro lado mientras se desarman los pocos diques que impiden que la barbarie se convierta en política de Estado.

La historia también enseña otra cosa: los fascismos no se derrotan con silencios ni con tecnicismos. Se derrotan con organización, con claridad política y con la negativa a naturalizar la desigualdad como destino. En los años 30, el fascismo avanzó mientras las democracias discutían modales; cuando finalmente entendieron de qué se trataba, ya había cámaras de gas y millones de muertos.

Recordar Auschwitz es advertir que la barbarie no aparece de un día para el otro: se ensaya, se legitima, se vota, se aplaude y se financia. Y que cuando llega, llega con leyes, con jueces, con mercado y con propaganda. Milei, Trump y esa constelación reaccionaria global no hablan de “paz”: hablan de disciplinar al débil, desmantelar al Estado y dejar que el mercado decida quién vive bien, quién sobrevive y quién sobra.

Contra eso no alcanza la retórica ni la nostalgia democrática: hace falta voluntad para confrontar. Porque si algo enseñó Auschwitz es que la humanidad puede caer muy bajo cuando se la deja sola frente a la ley del más fuerte. Y que la única paz digna es la que garantiza derechos, igualdad y memoria. Todo lo demás es la previa al desastre.

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Dass vuelve a recortar en Eldorado: más de 40 despidos y una planta que se achica al límite

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La nueva tanda de despidos en la fábrica de calzados Dass, en Eldorado, no es un hecho aislado. La desvinculación de más de 40 trabajadores durante las últimas horas se inscribe en un deterioro estructural del sector textil y del calzado a nivel nacional, cuyo nivel de actividad ya se asemeja al de los meses más críticos de la pandemia, en un contexto atravesado además por las discusiones en torno a una reforma laboral que reabre tensiones sobre costos, condiciones de contratación y estabilidad del empleo.

El ajuste en la planta de Eldorado -confirmado por el gremio UTICRA– profundiza la crisis de una empresa que supo ser uno de los principales motores productivos del norte misionero. De emplear a más de 1.500 operarios en su etapa de mayor expansión, hoy la dotación apenas supera los 200 trabajadores, reflejando con crudeza la pérdida de empleo industrial acumulada en los últimos meses en la Argentina. La fábrica de Eldorado, que fabrica zapatillas para las marcas Fila, Umbro y Asics es el termómetro de la situación económica de la Argentina: más de 1.500 empleos cuando comenzó a operar en Misiones a una oleada de despidos durante la presidencia de Mauricio Macri hasta quedarse con 310 empleos, una incipiente recuperación posterior, hasta unos 500 empleos y una nueva caída que no se detiene. Hoy son apenas 200 trabajadores y restando.  

Este escenario local encuentra respaldo en los últimos datos difundidos por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). En su informe económico presentado el 5 de enero de 2026, la entidad advirtió que la utilización de la capacidad instalada del sector cayó al 32,5%, uno de los niveles más bajos de los últimos años y comparable con los registros de la pandemia. En octubre de 2025, la actividad textil mostró una contracción interanual del 24%, muy por encima del retroceso promedio de la industria en general, que fue del 2,9%.

El impacto sobre el empleo es contundente. Según FITA, entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025 se perdieron más de 16.000 puestos de trabajo formales en los sectores textil, confección, cuero y calzado. Solo en septiembre, el sector contabilizó 105.000 empleos registrados, con una baja de 8.000 puestos respecto de igual mes del año anterior.

En Eldorado, la reducción de personal en DASS vuelve a encender alarmas sociales y económicas. El golpe no se limita a los trabajadores despedidos: alcanza al comercio local y a toda la cadena de proveedores y servicios que dependen directa o indirectamente de la actividad de la planta. Las escenas de empleados retirándose con sus pertenencias, difundidas en redes sociales, reflejan la tensión y la incertidumbre que atraviesa la comunidad.

Hasta el momento, la empresa no emitió un comunicado oficial que explique los motivos técnicos o económicos del recorte. La falta de información concreta alimenta el malestar entre los trabajadores y refuerza la preocupación social, en un clima nacional donde el debate por cambios en el régimen laboral suma un nuevo factor de incertidumbre sobre el futuro del empleo industrial.

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De la tapa del diario al algoritmo, cómo cambió el sistema informativo y por qué no estamos mejor informados

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El sistema de circulación de la información atravesó en los últimos años una transformación estructural que alteró de manera profunda la forma en que las sociedades se informan, construyen agenda pública y procesan la realidad. El desplazamiento del consumo informativo hacia redes sociales gobernadas por algoritmos redefinió el rol del periodismo, debilitó la centralidad de los medios tradicionales y fragmentó a las audiencias en burbujas cada vez más cerradas. El resultado es paradójico: nunca hubo tanta información disponible, pero eso no se tradujo en una ciudadanía mejor informada.

Durante décadas, la lógica era clara y previsible. La agenda se ordenaba de manera vertical: el diario marcaba los temas por la mañana, la radio los amplificaba durante el día y el noticiero televisivo los jerarquizaba por la noche. Había pocos emisores, millones de receptores y un recorrido informativo común. Ese sistema comenzó a resquebrajarse con internet, pero terminó de romperse cuando la información pasó a consumirse mayoritariamente en plataformas digitales.

Según mediciones del Pew Research Center, el 53% de los adultos en Estados Unidos afirma que hoy se informa a través de redes sociales, al menos de manera ocasional. La noticia dejó de tener un punto de entrada único y comenzó a circular fragmentada, desordenada y, muchas veces, sin un medio claramente identificable como origen.

Cuando compartir desplazó a informar

En una primera etapa, las redes sociales funcionaron como un complemento del ecosistema tradicional. Facebook replicaba titulares, Twitter amplificaba alertas informativas y YouTube alojaba fragmentos de noticieros. El periodismo seguía produciendo contenidos y las plataformas se limitaban a distribuirlos.

Ese equilibrio duró poco. Con el tiempo, la lógica algorítmica pasó a priorizar impacto, interacción y participación, desplazando la relevancia pública como criterio central de circulación. Hoy, el 38% de los adultos dice informarse regularmente a través de Facebook, mientras que el 35% lo hace desde YouTube. No porque esos espacios sean percibidos como medios, sino porque la información aparece integrada a la rutina cotidiana.

La noticia ya no se busca: se cruza.

En ese cruce, el problema no es solo la sobreabundancia de contenidos, sino el criterio de selección. Lo que circula con mayor fuerza no es necesariamente lo más importante, sino lo que genera reacción, emoción o conflicto. Compartir pasó a ser más relevante que informar, y el algoritmo se convirtió en el nuevo editor invisible del sistema.

Plataformas más chicas, consumo más intenso

Uno de los datos más disruptivos del nuevo ecosistema no proviene de las plataformas masivas, sino de aquellas con menor alcance general. Redes como TikTok y X concentran niveles muy altos de consumo informativo entre sus propios usuarios.

Más de la mitad de quienes utilizan TikTok afirma que se informa allí de manera regular, una cifra que hasta hace pocos años era marginal. En el caso de X, el porcentaje de usuarios que consume noticias supera ampliamente el promedio general de las redes sociales.

El contraste es contundente: menos usuarios totales, pero mayor intensidad informativa. Esto explica por qué plataformas que no son mayoritarias logran instalar temas, climas y marcos interpretativos que luego se expanden al resto del sistema mediático.

La agenda ya no se define solo por alcance, sino por densidad de consumo y capacidad de amplificación.

Del timeline al encuadre: la noticia como identidad

El cambio no fue únicamente tecnológico. Fue también narrativo y cultural. Cada plataforma impuso su propia gramática y transformó la manera en que se presenta y se interpreta la información.

En X, la noticia se traduce en conflicto y posicionamiento. En Instagram, en imagen y síntesis. En TikTok, en relato breve, emocional y personalizado. Un mismo hecho puede tener versiones completamente distintas según el entorno en el que circule.

La información dejó de funcionar como un punto de partida común y pasó a convertirse en un insumo para reforzar identidades, emociones y pertenencias. Los datos muestran además una segmentación marcada por edad, género, nivel educativo y orientación política. Los jóvenes consumen más noticias en plataformas visuales y de ritmo acelerado; las audiencias mayores se concentran en espacios más tradicionales. Incluso aparecen diferencias claras entre hombres y mujeres según la red utilizada.

El resultado es un ecosistema informativo fragmentado en múltiples burbujas, donde cada grupo accede a su propia versión de la realidad. Las redes dejaron de funcionar como canales: funcionan como territorios.

Un desafío institucional y político de fondo

En este contexto, el periodismo convive con algoritmos que priorizan impacto y participación y con audiencias que procesan la información en entornos atravesados por emociones e identidades. La agenda pública se construye en tiempo real bajo reglas que ningún actor controla por completo y donde la visibilidad depende tanto del contenido como de su capacidad de circular.

Para la comunicación institucional, corporativa y política, este escenario redefine las reglas del juego. Ya no alcanza con emitir mensajes claros ni con ocupar espacios en medios tradicionales. La reputación se construye en múltiples capas simultáneas, muchas de ellas fuera del control directo de las organizaciones.

Un comunicado puede ser correcto pero irrelevante. Una información precisa, pero invisible.

Informar vuelve a ser un desafío complejo. En un sistema donde más de la mitad de la población se informa fuera de los medios tradicionales, el riesgo no es solo no ser escuchado, sino ser leído fuera de marco, sin contexto y sin jerarquía. La pregunta que queda abierta no es solo cómo circula la información, sino qué tipo de ciudadanía informativa se está construyendo bajo la lógica del algoritmo.

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Día Internacional de la Educación: las carreras STEM, clave para el futuro del empleo

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Cada 24 de enero se celebra el Día Internacional de la Educación, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de concienciar a la población mundial acerca de la importancia de la educación como motor de cambio para reducir la brecha de desigualdad. Debido a la transformación digital, la automatización y los nuevos modelos de trabajo, esta conmemoración también invita a reflexionar sobre la necesidad de adaptar los sistemas educativos a las demandas del futuro.

En este contexto, las empresas mexicanas, impulsadas por la digitalización y la automatización, ha puesto sobre la mesa un desafío que trasciende lo técnico: la escasez de talento especializado. Sectores clave; desde la seguridad electrónica hasta las telecomunicaciones industriales, enfrentan serias dificultades para encontrar perfiles capacitados que no solo comprendan la tecnología, sino que sepan integrarla en entornos de alta demanda, donde la continuidad operativa, la ciberseguridad y la capacidad de respuesta son determinantes.

Ingenieros en telecomunicaciones, desarrolladores de software con dominio en sistemas embebidos, especialistas en videovigilancia avanzada, técnicos en redes de misión crítica, profesionales en ciencia de datos y ciberseguridad industrial: estos son algunos de los perfiles más requeridos hoy por las organizaciones que operan con infraestructuras complejas. No se trata de una tendencia futura, sino de una necesidad inmediata.

“La tecnología es tan eficiente como el talento que la implementa. Después de más de una década de integrar soluciones tecnológicas en sectores estratégicos, podemos afirmar que el mayor reto no es la inversión ni la infraestructura, sino la disponibilidad de profesionales preparados para asumir responsabilidades técnicas con una visión operativa y de negocio”, afirma John Morera, director general de Radiosys.

Las cifras respaldan esta alerta. Según la Secretaría de Educación Pública (SEP), el 75% de los empleos del futuro requerirá habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). De acuerdo con el Foro Económico Mundial, cerca del 39% de las competencias actuales en el mercado laboral serán obsoletas o deberán transformarse antes de 2030. En México, el rezago en la formación técnica de nivel medio superior y superior es uno de los principales cuellos de botella para la expansión tecnológica del sector productivo.

La brecha entre las capacidades con las que egresan miles de jóvenes mexicanos y las competencias que exigen los sectores más dinámicos de la economía sigue siendo profunda. “Formar talento STEM ya no es una apuesta a futuro, es una necesidad de presente. Carreras como ingeniería en sistemas, ciberseguridad, telecomunicaciones o ciencias de datos deben fortalecerse con un enfoque práctico, orientado a resolver problemas reales en contextos reales”, afirma Vania Arroyo, directora Estratégica de Radiosys. “Hoy las empresas requieren profesionales con pensamiento crítico, capacidad de adaptación, habilidades colaborativas y una comprensión profunda del entorno tecnológico y operativo. Esa combinación es escasa y urgente”.

Los desafíos no se limitan al sector privado. En servicios públicos, infraestructura urbana, seguridad ciudadana y logística, la falta de personal técnico capacitado limita la implementación de políticas y sistemas que, sobre el papel, son viables. La integración de soluciones digitales, desde cámaras inteligentes hasta redes de comunicación en tiempo real, depende de personas con las competencias necesarias para diseñarlas, instalarlas, operarlas y mantenerlas.

El desarrollo de talento STEM no puede depender únicamente de la iniciativa individual o del esfuerzo aislado de algunas universidades. Requiere una estrategia de formación técnica articulada entre el sector educativo, las empresas y los gobiernos estatales y federal. De lo contrario, la brecha entre el potencial tecnológico del país y su capacidad real de ejecución seguirá ampliándose.

“La especialización y la profesionalización en áreas como tecnología, seguridad y continuidad operativa no solo son necesarias para que las organizaciones avancen; son fundamentales para el desarrollo del país. Sin talento, no hay transformación posible”, concluye John Morera.

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