Día: 26 mayo, 2026

SanCor Salud presenta Mista Seguros y desembarca en el negocio patrimonial

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La aseguradora de SanCor Salud presentó oficialmente su nueva línea de seguros patrimoniales durante un encuentro clave realizado en Córdoba. El lanzamiento marca una nueva etapa de expansión para Mista Seguros bajo el claim “Con Mista, avanzás seguro”. 

SanCor Salud reunió a Productores Asesores de Seguros (PAS), clientes corporativos, medios especializados, directivos y referentes del mercado en una jornada encabezada por su Director General, Fernando Werlen, quien compartió la visión estratégica y el horizonte de crecimiento de la organización, haciendo foco en la evolución del Grupo y en la construcción de un modelo integral de soluciones orientadas al bienestar. 

Con más de medio siglo de trayectoria, el Grupo ha sabido evolucionar y diversificarse sin perder de vista su propósito central: acompañar a las personas en las distintas dimensiones de su vida. 

Durante la jornada, Werlen destacó: “Hoy hablamos de un verdadero Grupo de Bienestar, donde las distintas unidades de negocio dialogan entre sí, se potencian y trabajan con un mismo eje: estar cerca de las personas, entender sus necesidades y acompañarlas en cada etapa”. 

El directivo también repasó el crecimiento sostenido de la organización —más del 400% en la última década, con más de 880 mil asociados y presencia federal en todo el país— y trazó la hoja de ruta de cara a 2030, con objetivos vinculados a la expansión y la transformación digital. 

“El futuro no se espera. El futuro se construye. Y se construye con visión, con liderazgo, con innovación y con la decisión permanente de animarse a dar el próximo paso”, afirmó

Mista Seguros: expansión al negocio patrimonial 

El lanzamiento de la nueva línea de seguros patrimoniales inaugura una nueva etapa Mista Seguros, que hasta ahora operaba en los segmentos de accidentes personales, vida y sepelio. 

“La incorporación del ramo patrimonial nos permite ampliar nuestra propuesta de valor y seguir acompañando las necesidades reales de los asegurados”, señaló Adrián Sasse, líder estratégico de Mista Seguros

Combinado Familiar será el primer producto de esta nueva etapa, a partir de la cual la aseguradora incorporará progresivamente nuevas soluciones vinculadas a responsabilidad civil, protección contra robo y cobertura de bienes personales. 

El producto contempla coberturas orientadas a la protección integral del hogar y de los bienes del asegurado, incluyendo incendio de edificio y contenido, responsabilidad civil

hacia linderos y por hechos privados, robo de contenido general, daños por agua, cristales y cobertura de todo riesgo para electrodomésticos. 

Dentro de esta nueva línea, Mista Seguros también anticipó coberturas para dispositivos portátiles, celulares, bicicletas y monopatines, además de distintos servicios de asistencia para los asegurados. 

Entre los servicios adicionales previstos se incluyen emergencias en el hogar, asistencia tecnológica, reparación de electrodomésticos, televeterinaria y asistencia en vía pública, entre otros beneficios. 

Desde la compañía remarcaron, además, que los nuevos productos fueron diseñados bajo un esquema de planes predefinidos, con requisitos mínimos de suscripción y procesos de contratación simples, buscando facilitar tanto el acceso de los asegurados como la gestión comercial de los productores. 

“Con Mista, avanzás seguro” 

“Con Mista, avanzás seguro” sintetiza esta etapa de evolución de la compañía y refuerza valores vinculados a la cercanía, la protección, la prevención y el acompañamiento. 

Con esta expansión, Mista Seguros busca consolidar una propuesta cada vez más integral dentro del ecosistema de bienestar impulsado por SanCor Salud y fortalecer su presencia en el mercado asegurador patrimonial. 

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Llegó el desembolso del FMI y las reservas del Banco Central alcanzaron su mayor nivel en la gestión Milei

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Tras haberse aprobado el desembolso por US$ 1.000 millones del Fondo Monetario Internacional (FMI), las reservas del Banco Central (BCRA) alcanzaron su mayor nivel en el gobierno de Javier Milei.

Así, las reservas superaron los US$ 46.905 millones alcanzados en febrero y marcaron un récord bajo la administración libertaria. A su vez, tocaron el nivel más alto desde octubre de 2019

Las reservas internacionales cerraron en US$ 47.908 millones, lo que representó un incremento de US$ 1.105 millones contra el viernes último.

Eso significa que se hizo efectivo el desembolso del FMI, tras haber recibido el visto bueno final del Directorio.

La semana pasada, el organismo que dirige Kristalina Georgieva confirmó la aprobación de la segunda revisión del acuerdo con Argentina por US$ 20.000 millones pactado en abril del 2025.

El Fondo destacó el “impulso reformista” del Gobierno, sumado a las mejoras en los aspectos monetario y cambiario, y habilitó el desembolso correspondiente por US$ 1.000 millones.

Si bien reconoció que no alcanzó la meta de acumulación de reservas, indicó que “se cumplieron la mayoría de los criterios de desempeño clave y las metas indicativas”, al tiempo que “se implementaron medidas correctivas para acercar las reservas a la meta de RIN (reservas internacionales netas) y reducir aún más los diferenciales soberanos”.

Dentro del staff report que difundió el viernes, también cuestionó la medición de la inflación -en lo que consideró que los valores de las canastas están desactualizados- y reavivó el debate sobre la forma de calcular el superávit fiscal en el país, donde advirtió que, tomando en cuenta el pago de intereses, puede convertirse en déficit.

Respecto al BCRA, la entidad que preside Santiago Bausili compró US$ 112 millones en el Mercado Libre de Cambios (MLC) y llegó a las 94 ruedas consecutivas con compras.

Desde que inició la “fase 4” del programa monetario, la autoridad financiera adquirió US$ 9.102 millones en el mercado mayorista. Esto, en términos de porcentaje, equivale al 91% de la meta pactada para el 2026.

La misma se fijó en US$ 10.000 millones con posibilidad de ascender hasta los US$ 17.000 millones, dependiendo de la evolución de la demanda de dinero y la liquidez del mercado de cambios.

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Según un estudio de Booking.com, casi 6 de cada 10 argentinos viajarían para ver un partido fútbol

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La pasión que genera el fútbol en los argentinos es un importante generador de viajes tanto a nivel local como internacional. De acuerdo con una reciente investigación* de Booking.com, la plataforma de reservas de alojamientos y otros lugares únicos para hospedarse, alquiler de autos y atracciones, casi el 60% de los viajeros argentinos realizaría un viaje específicamente para asistir a un partido de fútbol. Para un 20%, 5000 dólares sería un gasto promedio en tanto que entre todos los países consultados (México, Brasil, Colombia, EEUU, Canadá) los argentinos son los que más se inclinan por pagar su viaje en cuotas (25%).

El fútbol, el rey de los deportes

El fútbol con casi un 80% de preferencia es el deporte más relevante en Argentina, sin embargo, otros como el automovilismo con 20% y el tenis con 19% también registran significativos porcentajes entre los amantes del deporte y los viajes.

Fútbol y viajes

El fútbol es un poderoso motivador de viajes en todo el continente americano, con fanáticos dispuestos a viajar tanto dentro de su país como al exterior, especialmente entre las generaciones más jóvenes.

Cuando viajan para ver un partido de fútbol toda la atracción gira alrededor de la pelota. De las nacionalidades consultadas, los argentinos, son las menos interesada en: disfrutar de otras atracciones turísticas que el destino ofrece (54%), visitar otros estadios o sitios vinculados con el deporte (40%), participar de festivales (19%), conocer campos de golf, ski resort o playas para practicar surf (24%), participar de eventos deportivos amateur (19%).

“La pasión de los argentinos por el fútbol es inquebrantable: donde hay un equipo jugando, hay argentinos en la tribuna. No importan las distancias, los presupuestos, las escalas ni los husos horarios. Creatividad, viajes interminables y compartir auto, hospedaje, gastos o comidas: todo es posible por el amor a los colores y por decir presente. No importa si el partido es en Estados Unidos, México, Canadá o Japón; si juega un equipo argentino, hay argentinos alentando en las tribunas. Algo similar sucede con el tenis y, en los últimos años, también con el automovilismo”, explicó Jimena Gutiérrez, gerente general de Booking.com para Argentina.

Gastos, fútbol y viajes

Un 20% de los fanáticos estaría dispuesto a gastar en promedio 5000 dólares para asistir a un evento deportivo y un 30% admitió que no tendría inconvenientes en invertir más dinero del que necesita para unas vacaciones tradicionales. En ese marco y con un 25% los argentinos son los más interesados, entre los países consultados (Brasil, México, Colombia, Canadá y EEUU) en abonar el viaje en cuotas.

Las decisiones de asistir a un partido de fútbol en otro país mientras se están de viaje están impulsadas más por el monitoreo de precios que por el impulso, principalmente en Colombia, México y Argentina. 

El 56% de los argentinos chequea los precios una y otra vez antes de decidirse a viajar, sin embargo, un 18% compra los tickets aéreos, micro o barco apenas se entera de que su equipo juega en un determinado país.  Un 15% decide el viaje después de conseguir las entradas en tanto que un 8% ni siquiera lo considera.

“El deporte dejó de ser solo un evento deportivo para convertirse también en un motor de viaje. Cada vez más fanáticos organizan sus vacaciones en torno a eventos deportivos, combinando la pasión por sus equipos y deportistas favoritos con el deseo de descubrir nuevos destinos y vivir experiencias inolvidables”, concluyó Jimena. 

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Colibrí trae a Posadas más de cuatro décadas de teatro de marionetas venezolano

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La histórica agrupación venezolana Teatro Colibrí presentará dos funciones en Posadas el sábado 30 y domingo 31 de mayo, en Tanta Tinta y el Centro Cultural Vicente Cidade. La visita forma parte de la Gira Retorno al Nido, un recorrido artístico por Argentina, Uruguay y Brasil con espectáculos de marionetas para toda la familia.

La primera presentación será el sábado 30 de mayo a las 18 hs. en Tanta Tinta (Belgrano 1771) con El pequeño circo más grande del mundo, una obra que recrea un universo circense poblado de diminutas marionetas, música y personajes fantásticos, donde la amistad, la solidaridad y la imaginación son el centro de la escena.

La segunda función será el domingo 31 de mayo a las 18 hs. en el Centro Cultural Vicente Cidade (Belgrano y Gral. Paz) con “Érase una vez”, un espectáculo compuesto por tres historias breves sin palabras que abordan el amor, el vínculo con la naturaleza y el humor desde una mirada poética y visual.

Las entradas anticipadas para ambas funciones tienen un valor de $ 7.000 (2 x 10.000). y en puerta se cobrará $10.000.

Con más de 40 años de trayectoria, Teatro Colibrí es uno de los proyectos independientes de marionetas más reconocidos de Venezuela. Nacido en Mérida de la mano de Betty Osorio y Humberto Rivas -discípulos del mítico titiritero argentino Javier Villafañe- el grupo desarrolló una identidad artística basada en el trabajo artesanal, la música popular latinoamericana, la poesía visual y el teatro sin palabras.

Actualmente, la compañía es llevada adelante por la nueva generación familiar, integrada por Jica Rivas y Lugdwin Echeverría, quienes continúan el legado artístico iniciado por sus padres. Desde 2018 recorren distintos países de América Latina junto a Camilo y Thiago, sus hijos, instalando funciones, talleres y encuentros culturales en cada ciudad que visitan. Durante esta nueva gira ya realizaron 16 funciones entre Buenos Aires, Uruguay y Porto Alegre, articulando actividades con cooperativas culturales, escuelas, fundaciones y grupos de títeres locales.

Además de las funciones, la agrupación sostiene un fuerte trabajo de investigación y construcción artesanal de autómatas, juguetes de madera y mecanismos escénicos. En Córdoba -donde actualmente residen. impulsan un espacio creativo dedicado a la producción de marionetas y al desarrollo de una futura escuela lúdica orientada al juego, la infancia y el arte.

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Discutir la tierra en tiempo de fracking

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Para entender lo que realmente está en juego con Vaca Muerta, primero tenemos que hacer un pequeño esfuerzo didáctico porque la categoría central de este problema no es el barril que se extrae sino el barril que sobra. Imaginemos por un momento a un agricultor que cada mañana debe caminar hasta un pozo para traer agua para sus cultivos. Si el pozo está a diez metros de distancia, camina veinte metros entre ida y vuelta, llena su balde de diez litros y vuelve. Por cada diez litros que trae, invierte energía para mover veinte metros. Ese gasto es pequeño, casi despreciable, y el excedente de energía que le queda para sembrar, cosechar, regar más superficie o simplemente descansar es enorme. Pero si el pozo está a quinientos metros, entonces cada balde de diez litros le exige caminar un kilómetro entero. El esfuerzo físico que invierte para conseguir el mismo volumen de agua es abrumadoramente mayor. Al final del día, quizás ambos agricultores hayan traído la misma cantidad total de agua, pero el segundo llegará a la noche tan agotado que no le quedará energía para hacer otra cosa que no sea prepararse para repetir la misma agotadora caminata al día siguiente. Eso que acabamos de describir, con la sencillez de una metáfora campesina, es exactamente lo que los ingenieros y los físicos llaman retorno energético, o tasa de retorno energético, o más sencillamente: cuánta energía te sobra después de pagar el costo de obtenerla.

El petróleo convencional del Golfo San Jorge en sus mejores épocas, allá por los años cincuenta del siglo pasado, funcionaba como el pozo de agua a diez metros. Los datos documentados a nivel mundial para el petróleo fácil de aquella época indican tasas de retorno energético que oscilaban entre 70 a 1 y 100 a 1. Eso significa que por cada barril de energía que la industria invertía en buscar, extraer, refinar y transportar el petróleo, obtenía entre setenta y cien barriles. El excedente neto que quedaba disponible para el resto de la sociedad era de entre sesenta y nueve y noventa y nueve barriles por cada barril invertido. Ese excedente colosal es lo que permitió construir carreteras, escuelas, hospitales, industrias, sistemas de transporte público y también, por supuesto, la agricultura industrial moderna con sus fertilizantes sintéticos y sus tractores y sus cosechadoras. Vaca Muerta, en cambio, es el pozo de agua a quinientos metros. La mejor documentación disponible para el fracking en formaciones no convencionales indica tasas de retorno energético que rondan entre 5 a 1 y 8 a 1 como máximo. Por cada barril de energía invertido, se obtienen entre cinco y ocho barriles. El excedente neto que le queda a la sociedad es de entre cuatro y siete barriles por cada barril invertido. La diferencia no es marginal ni técnica ni académica: es abismal. Estamos hablando de que la eficiencia energética de nuestro sistema extractivo se desplomó entre diez y veinte veces comparada con la del petróleo convencional. Y ese desplome no es un dato curioso para especialistas: es el destino concreto del país.

Por eso el gobierno celebra récords de extracción en Vaca Muerta como si fueran sinónimo de progreso, pero lo que no dice es que esos récords son récords de cantidad bruta, no de excedente neto. Es como si el agricultor del pozo lejano celebrara que logró traer cien baldes de agua en un día sin mencionar que para lograrlo caminó cien kilómetros, llegó al borde del colapso físico, y no le quedó energía ni para cocinar su propia comida. La trampa comunicacional es gigantesca porque nuestra sociedad no está entrenada para medir categorías como retorno energético. Estamos entrenados para medir plata, y en plata Vaca Muerta puede dar números muy vistosos, especialmente cuando el precio internacional del petróleo es alto. Pero la plata es un truco contable mientras la energía es una realidad física. Se puede imprimir plata, se puede pedir prestada plata, se puede redistribuir plata. La energía que sobra después de pagar el costo de extraer la siguiente energía no se imprime, no se pide prestada, no se redistribuye: es el margen real que tiene una sociedad para hacer cualquier cosa que no sea extraer energía. Y ese margen, con Vaca Muerta, se redujo drásticamente respecto a lo que teníamos con el petróleo convencional. Por eso es completamente en vano esperar que de los récords de Vaca Muerta broten como por arte de magia nuevas escuelas, nuevas fábricas, nuevas rutas o nuevos hospitales. La energía que se lleva el fracking para seguir funcionando no es una inversión que luego retorna en forma de desarrollo. Es un costo energético que se quema en el proceso, que se disipa en forma de calor, presión, fricción y gasoil consumido por motores gigantescos. Lo que le queda al país después de ese enorme gasto es tan pequeño, tan magro, que difícilmente pueda financiar otra cosa que no sea el propio sistema extractivo y quizás algún que otro subsidio para mantener la paz social. La época en que el petróleo construía escuelas fue la época del petróleo barato y abundante. La época del fracking es la época del petróleo caro y escaso en términos netos, aunque los titulares digan lo contrario.

Ahora bien, esa reducción del excedente energético neto no queda encerrada en los pozos petroleros. Se derrama, o mejor dicho se filtra, hacia toda la economía y hacia el campo argentino en particular. El fertilizante nitrogenado que necesita la agricultura industrial para alcanzar los rindes actuales se fabrica íntegramente a partir de gas natural, el mismo gas natural que se extrae en Vaca Muerta con ese retorno energético tan bajo. Los agroquímicos, los herbicidas, los insecticidas, los fungicidas, todos son derivados del petróleo o del gas. El gasoil que mueve los tractores, las cosechadoras, los camiones que llevan el grano al puerto, todo sale de la misma cadena extractiva cuya eficiencia energética se derrumbó. Cuando el retorno energético del sistema petrolero cae de 70 a 1 a 5 a 1, el costo energético de producir una tonelada de maíz o de soja se multiplica inevitablemente. No porque los productores se vuelvan ineficientes, sino porque el insumo energético base con el que se fabrican todos los demás insumos se volvió mucho más caro en términos energéticos, es decir en el único término que importa cuando hablamos de la realidad física del planeta. La consecuencia de esto no es un aumento lineal de precios que todos sufren por igual, sino una profunda reconfiguración de quién puede producir y quién termina vendiendo su tierra. Porque el pequeño productor agropecuario, el que trabaja con márgenes ajustados, con pocas hectáreas, con maquinaria más vieja y menos capacidad de acceso al crédito, es el primero que no puede absorber el encarecimiento relativo de los insumos energéticos. Si el fertilizante cuesta el doble en términos de lo que el pequeño productor puede pagar, simplemente compra la mitad y sus rindes caen. Si el gasoil para sembrar y cosechar se lleva un porcentaje cada vez mayor de lo que espera cobrar por su cosecha, el margen se vuelve negativo. El grande, en cambio, el pool de siembra, la empresa agroindustrial, puede negociar precios por volumen, puede invertir en maquinaria de mayor eficiencia, puede acceder a coberturas financieras y puede también, y esto es lo crucial, comprar la tierra del pequeño productor cuando este no puede seguir. No por maldad, insistamos, sino por física. El pequeño productor es expulsado del sistema no por una ley malvada sino porque la ecuación energética del sistema agroindustrial moderno, construido sobre la base de petróleo barato con altísimo retorno energético, se rompió. Y lo que estamos viendo en las últimas décadas, esa concentración sostenida de la tierra en menos manos, no es un fenómeno puramente político o económico. Es también, y quizás fundamentalmente, un fenómeno energético.

Frente a este diagnóstico, la agroecología en minifundios y agricultura familiar no puede ser presentada como una vuelta romántica al pasado ni como una concesión estética a los movimientos ambientalistas. Es, en rigor, la única alternativa civilizatoria que está a la altura de la nueva realidad energética. Un sistema agroecológico diversificado, con rotación de cultivos, integración de animales, reciclaje de nutrientes, abonos verdes y control biológico de plagas, tiene una dependencia mucho menor de los insumos sintéticos fabricados con gas y petróleo. No necesita el fertilizante nitrogenado que se hace con gas de Vaca Muerta porque fija nitrógeno mediante leguminosas y recicla materia orgánica. No necesita los herbicidas derivados del petróleo porque maneja las malezas con prácticas culturales y coberturas. Su rendimiento por hectárea de un cultivo específico puede ser menor al de la agricultura industrial en un año de precios altos, pero su rendimiento energético neto por hectárea, es decir cuánta energía alimentaria obtiene en relación a la energía fósil que invierte, es abrumadoramente superior. En un mundo de petróleo barato con retorno energético altísimo, ese diferencial no importaba porque la energía fósil sobraba. En un mundo de fracking con retorno energético de 5 a 1, ese diferencial se vuelve la línea que separa la viabilidad del colapso. Por eso discutir la tierra en tiempo de fracking no puede reducirse a la vieja discusión entre latifundio y minifundio, ni a la discusión sobre derechos de propiedad, ni a la discusión sobre precios relativos y subsidios. Es una discusión mucho más profunda. Es la discusión sobre cuánta energía neta le va a quedar a este país después de pagar el costo energético de extraer la energía que necesita para funcionar. Y esa energía neta, cada vez más escasa, es la única que puede destinarse a sostener un sistema alimentario. Si seguimos insistiendo en un modelo agrícola que requiere grandes cantidades de insumos sintéticos fabricados con energía de bajo retorno, lo único que lograremos es acelerar la concentración de la tierra y la desaparición del pequeño productor, porque ese modelo solo es viable con energía baratísima y abundantísima que ya no existe. La agroecología en manos de la agricultura familiar no es una opción entre otras. Es el único camino que no requiere hipotecar el futuro energético del país para alimentar a su población. Una tierra en pocas manos, alimentada con energía ineficiente extraída a través del fracking, no es soberanía. Es una factura que estamos pasando sin querer ver, y que alguien va a tener que pagar. Y mientras tanto, los récords de Vaca Muerta seguirán sonando en los titulares, pero las escuelas seguirán sin construirse, las fábricas seguirán sin abrir sus puertas, las rutas seguirán llenas de baches, y la promesa de que el petróleo trae desarrollo quedará expuesta como lo que siempre fue en esta nueva era: un espejismo que se desvanece en cuanto uno intenta agarrarlo.

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