Día: 12 septiembre, 2026

Forestación en Corrientes: por qué corre peligro la ampliación del aserradero más moderno del país

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Cuando Acon Timber inauguró en abril de 2024 su enorme aserradero en Gobernador Virasoro, Corrientes, se convirtió en la primera gran inversión que recibía la industria forestal argentina luego de unos 20 años de parálisis provocados, entre otros factores, por aquel triste episodio de Botnia, que espantó a los grandes inversores.

Fueron cerca de 130 millones de dólares los que pusieron desde este grupo de origen austríaco, para montar una planta futurista dedicada a procesar una materia prima que abunda en la Mesopotamia, pero que durante décadas salió de la región con escaso valor agregado. O mejor dicho, casi nulo.

Por eso, por la abundancia de bosques que no tienen industria para ser procesados, la planta de Virasoro fue presentada además como la primera fase de un proyecto todavía más ambicioso del grupo. El aserradero, de hecho, tiene capacidad para consumir 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año, prácticamente el doble del volumen procesado actualmente. Pero para alcanzar esa escala hace falta realizar una segunda ronda de inversiones en secaderos, calderas, sistemas de clasificación y otras instalaciones.

Sin pelos en la lengua, Nicolás Crisp, el presidente de Acon Timber Argentina, aseguró a Bichos de Campo que la concreción de esa segunda etapa dependerá de que el país consiga reducir la burocracia, resolver sus problemas de infraestructura y, fundamentalmente, bajar los costos logísticos que hacen que exportar desde Corrientes sea mucho más caro que hacerlo desde Brasil o Uruguay.

“Todo eso va a depender de si hay un entorno más competitivo y sostenible. Son cambios estructurales y están siendo más difíciles de lo que pensábamos”, advirtió Crisp en diálogo con este medio.}

La inversión realizada en Virasoro pertenece a un grupo de accionistas austríacos y belgas. Uno de ellos ya tenía inversiones forestales en la Argentina, y por eso conoce del potencial forestal todavía semi-explotado que tienen el país. mientras que el otro estaba buscando ingresar a este mercado. Ambos se asociaron, tomaron la decisión de construir el complejo y posteriormente conformaron el equipo local.

Crisp confirmó que ese grupo ya realizó un desembolso de unos 130 millones de dólares, lo que permite al aserradero estar funcionando casi a pleno. En una reunión de AFOA (Asociación Forestal Argentina) donde se presentaron otras posibles inversiones en el sector forestoindustrial, el ejecutivo se alegró de que la llegada de la empresa pueda haber destrabado una larga parálisis en esa economía regional.

“Puede ser que hayamos sido esa punta de lanza. La verdad es que es una muy buena noticia que se sigan anunciando proyectos. Hay disponibilidad de materia prima, pero hay que hacer rentable toda la cadena para que la actividad siga creciendo, se plante más y se consuma más madera”, sostuvo.

En la planta correntina se producen tablas aserradas, secas y cepilladas. Además, todos los subproductos generados durante el proceso se utilizan para fabricar pellets, evitando que los residuos de la madera terminen desperdiciados. Recientemente, la empresa también instaló una línea de finger joint, una tecnología que permite detectar y eliminar los defectos de las tablas —como nudos, golpes u otras fallas de calidad— para después volver a unir las secciones aprovechables. De ese modo se mejora el rendimiento industrial de cada tronco y se obtiene un producto con mayor valor agregado.

La disponibilidad de madera en el nordeste argentino fue una de las principales razones que atrajeron a estos inversores. Acon Timber no cuenta con plantaciones propias como empresa, aunque algunos de sus accionistas poseen superficies forestadas mediante otras sociedades. Por eso, el aserradero funciona como una enorme boca de demanda para los productores de la región.

Actualmente recibe madera de más de quince proveedores y consume unos 700 mil metros cúbicos por año, equivalentes a la producción de aproximadamente 2.500 hectáreas forestales. La producción de madera elaborada se destina íntegramente a la exportación. En el caso de los pellets, en cambio, la compañía también intenta desarrollar mercados dentro de la Argentina y en los países vecinos.

Es precisamente allí, cuando la madera debe abandonar la planta y llegar hasta los mercados internacionales, donde comienza buena parte de los problemas que ahora padece cotidianamente Crisp.

“Ya sabíamos que hacer negocios en la Argentina y exportar desde la Argentina tenía dificultades. Pero cuando empezás a hacerlo te das cuenta de que es mucho más difícil que todo lo que te habían comentado”, reconoció el directivo.

El empresario enumeró una larga lista de obstáculos: una burocracia excesiva en los procesos de exportación, numerosos trámites y documentos, demoras en la recuperación del IVA, dificultades asociadas a la importación de los equipos utilizados para montar la planta y graves falencias de infraestructura.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Pero el principal problema, desde su óptica, continúa siendo la logística. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó.

La ubicación de la planta, en el norte correntino, permitiría pensar en el transporte fluvial como una alternativa natural. Los contenedores podrían trasladarse hasta puertos de Corrientes o Misiones y, desde allí, bajar en barcazas en lugar de recorrer cientos de kilómetros en camiones.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Mientras tanto, desde su sede central en Europa, los accionistas ya realizaron la primera gran apuesta y los equipos están instalados y trabajando a pleno. Pero eso no garantiza automáticamente que vayan a ejecutar la segunda fase y apostar otra gran cantidad de dinero a la ampliación necesaria para aprovechar toda la capacidad del complejo.

Para pasar de los cerca de 700 mil metros cúbicos que procesa actualmente a los 1,3 millones que podría consumir, Acon Timber necesitaría sumar más secaderos y calderas para generar el vapor requerido para ese proceso de secado. También debería incorporar una segunda línea de clasificación y posiblemente nuevas prensas para fabricar productos de mayor valor agregado.

El potencial productivo existe, al igual que la disponibilidad de materia prima. La decisión, sin embargo, estará atada a que mejoren las condiciones de competitividad.

Crisp reconoció que los problemas están identificados y que existen iniciativas para resolverlos, pero mostró preocupación por la demora de esas soluciones. Mucho más en un escenario internacional de precios bajos, en el que cada costo adicional puede dejar a la madera argentina fuera de un mercado.

-¿Está el gobierno al tanto de esto?

-La problemática se entiende y se está trabajando, pero está llevando más tiempo. A mí lo que me preocupa es que la industria y las empresas no tienen ese tiempo. No se puede esperar.

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Cuando una empresa de servicios petroleros arma su presupuesto, la tubería de producción aparece como un activo, no como un gasto

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Cuando una empresa de servicios petroleros arma su presupuesto, la tubería de producción aparece como un activo, no como un gasto. Se compra una vez, se baja al pozo, se saca en cada intervención y se vuelve a usar. En teoría, un mismo lote de tubos puede acompañar a un pozo durante toda su vida útil. En la práctica, muchos lotes duran dos o tres intervenciones y después van a chatarra. La diferencia entre esos dos escenarios se decide en un lugar que casi nunca aparece en el análisis financiero: la mesa de armado del taller.

Un activo que se desgasta por los extremos

La tubería de producción no falla por el cuerpo. Falla por la rosca. Cada vez que un tubo sale del pozo hay que desenroscarlo, y cada vez que vuelve a bajar hay que enroscarlo de nuevo. En un pozo de 2.500 metros son unos 260 tubos, es decir, alrededor de 520 operaciones sobre rosca por intervención. Con ocho intervenciones a lo largo de la vida del pozo, cada extremo de cada tubo pasa por decenas de ciclos de armado.

El daño típico se produce durante el armado, no dentro del pozo: dos superficies de acero que deslizan bajo alta presión, con poca grasa, demasiada velocidad o un leve ángulo entre ellas, se adhieren y se desgarran. Una rosca dañada así ya no sella y, en la mayoría de los casos, no se recupera.

Gráfico: tubos de producción perdidos según la tasa de rechazo por intervención, 1% frente a 3%, a lo largo de ocho intervenciones Con una tasa de rechazo del 3% por intervención, un lote de 260 tubos pierde 62 unidades en ocho intervenciones. Con el 1%, pierde 20. La diferencia son 42 tubos que no hay que importar.

La cuenta que conviene hacer

Supongamos un lote de 260 tubos y ocho intervenciones. Si en cada intervención el taller rechaza el 3% de los tubos por rosca dañada, al final del ciclo se habrán perdido 62 unidades: casi una cuarta parte del lote. Si el rechazo es del 1%, la pérdida baja a 20. Cuarenta y dos tubos de diferencia parecen poco en un parte diario; en la Argentina, donde buena parte de la tubería de producción se importa, son una orden de compra en dólares, un trámite de importación y varios meses de espera.

Y la espera es el costo que no figura en ninguna factura. Un pozo detenido porque no hay tubos del diámetro correcto en el depósito produce cero mientras el lote de reposición atraviesa la aduana.

Un lote de tubos leído como flujo de caja

Conviene mirar la tubería de producción como lo que es en el balance: un bien de capital con una vida útil que depende del uso. El día de la compra, el lote vale lo que costó importarlo. Cada intervención le resta valor por dos vías: los tubos que se descartan y el desgaste acumulado en los que siguen. La segunda vía es invisible hasta que se convierte en la primera.

Si el lote se administra bien, la curva de reposición es suave: unos pocos tubos por intervención, previsibles, que se pueden comprar con anticipación y en lotes económicos. Si se administra mal, la reposición llega a saltos: una intervención en la que el taller rechaza el diez por ciento de la columna obliga a una compra de urgencia, al precio de urgencia y con el plazo de urgencia. Para una pyme que financia su capital de trabajo a las tasas argentinas, la diferencia entre una compra planificada y una de emergencia puede ser mayor que el precio de los tubos.

Hay un tercer costo que rara vez se imputa a la rosca: el capital inmovilizado en inventario de seguridad. Un taller que no confía en su tasa de rechazo compensa con stock. Cada tubo guardado por las dudas es dinero que no está trabajando.

Nueva, usada o reparada: las tres columnas que conviven

En la práctica argentina, una columna rara vez es toda nueva. Convive tubería nueva importada, tubería usada clasificada e inspeccionada, y tubería con roscas recortadas y vueltas a mecanizar. Cada categoría tiene un costo distinto y una vida útil restante distinta, y mezclarlas sin registro hace imposible saber, después, qué falló y por qué. El taller que arma y documenta cada conexión es el único punto del sistema donde esas tres poblaciones de tubos se vuelven trazables.

Importar tubería: los plazos que no figuran en la cotización

Quien nunca importó tubería de producción subestima el tiempo. Entre la orden de compra, la fabricación o la disponibilidad en el origen, el transporte marítimo, la nacionalización y el traslado al yacimiento pasan, en el mejor de los casos, varios meses. En ese tiempo el tipo de cambio se mueve, los requisitos de importación pueden cambiar y el pozo para el que se pidió la tubería puede haber quedado sin producir.

Esto convierte la tasa de rechazo en algo más que un indicador de eficiencia: es una variable de planificación. Un taller que rechaza de manera previsible el uno por ciento puede pedir con un año de anticipación. Un taller que rechaza el tres por ciento en promedio, pero con picos del diez, no puede planificar nada.

Por qué el torque final no alcanza

Muchos talleres controlan el armado con un solo dato: el torque final. El problema es que una conexión que se dañó durante el armado puede llegar exactamente al valor especificado, porque la fricción extra que genera el daño aporta al número que marca el instrumento. Con el mismo registro, una unión defectuosa y una sana son indistinguibles.

Lo que las distingue es cómo creció la resistencia mientras la conexión giraba. Los equipos que registran todo el proceso dejan una traza que un ingeniero puede leer meses después, cuando alguien pregunta por qué falló un pozo y quién armó esa unión.

Lo que la rosca le hace al resto del negocio

Una tasa de rechazo alta no solo consume tubos. Alarga las intervenciones, porque la columna que baja tiene que completarse con tubos de otro lote, a veces de otro diámetro nominal o de otra clase de acero, lo que obliga a revisar la compatibilidad de las conexiones y, con frecuencia, a improvisar. Consume horas de supervisión en discusiones sobre qué tubo entra y cuál no. Y erosiona la relación con el operador, que ve subir el costo de cada intervención sin entender por qué.

Del otro lado, un taller con rechazo bajo y documentado tiene un argumento comercial que pocas pymes de servicios pueden ofrecer: la garantía de que la columna que baja es la misma que subió, con cada conexión armada al torque correcto y con un registro que lo prueba. En licitaciones donde el precio por hora es parecido entre oferentes, ese argumento decide.

Qué se mira al elegir el equipo

En el taller, la tubería de producción se arma sobre bancos horizontales que sujetan un extremo y hacen girar el otro mientras miden el torque de forma continua. Las preguntas que vale la pena hacer antes de invertir son pocas y no requieren conocimientos especiales.

Banco horizontal de armado para tubería de producción instalado en un taller de servicios petroleros El banco ocupa el largo de un tubo más la mordaza y el cabezal. No necesita fundación especial ni anclajes: se instala sobre patas regulables.

¿Registra el proceso completo o solo el valor final? Es la diferencia entre tener algo que analizar y tener solo un número.

¿Qué tan despacio puede girar? La velocidad mínima importa más que la máxima. Las conexiones grandes se arman a pocas vueltas por minuto.

¿Desenrosca con el mismo control con el que enrosca? Un tubo que pasó años en el pozo opone mucha más resistencia al desarmarse, y el momento en que cede es brusco. Poder desenroscar bajo torque controlado es lo que evita que ese instante termine con la rosca.

Medición de un tubular con cinta métrica durante la inspección en el taller antes de volver a bajarlo al pozo La inspección entre intervenciones es donde se decide qué tubo vuelve al pozo y cuál se rechaza. Cada punto porcentual de rechazo tiene un costo concreto.

Cómo medir la tasa de rechazo, y qué número esperar

El indicador es simple: tubos rechazados por rosca dividido por tubos manipulados en la intervención. Lo que pocas empresas hacen es medirlo por separado del rechazo por cuerpo, es decir, por corrosión, por desgaste de pared o por deformación. Mezclar ambas causas oculta el problema, porque el rechazo por cuerpo depende del pozo y el rechazo por rosca depende del taller.

Los valores varían con el estado del fondo de pozos y la edad de la tubería, pero la regla práctica es esta: si el rechazo por rosca supera con regularidad al rechazo por cuerpo, el problema está en el armado. Y si la mayoría de los rechazos por rosca son roscas con engrane y no roscas gastadas de manera pareja, el problema está en cómo se armó la última vez, no en cuántas veces se armó.

Banco de armado de tubería de producción con su gabinete de control hidráulico en el taller El banco con su gabinete de control. La inversión típica de un taller mediano se recupera con el inventario que deja de reponerse, no con las horas de trabajo que ahorra.

Cómo evaluar el retorno de un equipo

La cuenta que suele hacerse mal es la de las horas-hombre: un banco arma una conexión en menos tiempo que dos personas con llaves, y de ahí se calcula un ahorro. Es real, pero es la parte menor. La cuenta que importa es la de los tubos.

Tómese el ejemplo de arriba: 42 tubos de diferencia en ocho intervenciones, a lo largo de la vida de un pozo. Un taller que atiende varios pozos multiplica esa diferencia por su fondo. Al precio de una tubería de producción importada puesta en yacimiento, el equipo se paga con el inventario que deja de comprarse en un plazo que casi siempre es menor a la vida útil del propio equipo. Y a eso hay que sumarle lo que no tiene precio de lista: los pozos que no esperaron.

El argumento contractual

Hay un segundo motivo, menos técnico, para registrar el armado. Cuando la tubería es del operador y la manipula un contratista, tarde o temprano aparece la pregunta de quién dañó la rosca. Sin registros, la discusión se resuelve por reclamos cruzados. Con un registro de cómo se armó cada conexión, se resuelve en minutos. Para una pyme de servicios, poder demostrar que hizo bien su trabajo vale tanto como haberlo hecho.

Tubería alquilada: cuando el activo es de otro

Una parte creciente de la tubería que circula por los yacimientos argentinos no es del operador ni del contratista: es alquilada. El alquiler traslada el capital a un tercero, pero no traslada la responsabilidad por el daño. El contrato típico establece que la rosca dañada se paga, y la discusión sobre quién la dañó se resuelve, otra vez, con registros o sin ellos.

Para el que alquila, un taller que documenta el armado es un cliente que devuelve menos tubos dañados y discute menos facturas. Para el que trabaja con tubería alquilada, el registro es la única defensa razonable frente a un cargo por daño que puede superar el margen de todo el trabajo.

En resumen

Hay una última consideración que las pymes suelen pasar por alto: el equipo de armado conserva su valor. Un banco bien mantenido se revende, se traslada a otro taller o se amortiza contra otro contrato. Los tubos que se fueron a chatarra, no.

La tubería de producción es uno de los pocos activos de la industria que se compra una vez y se usa durante años, si se la trata bien. En una economía donde reponerla implica dólares y meses, el porcentaje de rechazo por intervención es probablemente el indicador de eficiencia más barato de mejorar y uno de los más caros de ignorar.

La información técnica sobre equipos de enrosque y desenrosque fue aportada por Dezhou Zhuorui Petroleum Machinery, fabricante de bancos hidráulicos para talleres de servicios petroleros.

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Trump alertó que otro conflicto entre la Argentina y Reino Unido sería un “potencial desastre”

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Donald Trump volvió a colocar a las Islas Malvinas en el centro de la agenda internacional. Durante su visita oficial a Irlanda, el presidente de Estados Unidos aseguró que está dispuesto a intervenir entre la Argentina y el Reino Unido ante lo que calificó como un “potencial desastre”, apenas semanas después de haber deslizado que Washington podría reconsiderar su posición histórica frente a la disputa de soberanía.

Las declaraciones adquieren especial relevancia por el contexto. La Argentina endureció en las últimas semanas su posición frente a las actividades británicas en el Atlántico Sur, mientras avanza el proyecto petrolero Sea Lion, una inversión offshore que proyecta comenzar a producir crudo en 2028.

Trump habló durante una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y volvió sobre un asunto que ya había mencionado públicamente a fines de agosto y comienzos de septiembre.

“Las Islas Malvinas… acá vamos de nuevo”, introdujo el mandatario estadounidense ante una consulta de GB News. Luego puso el foco en la distancia entre el Reino Unido y el archipiélago y en los problemas internos que atraviesa Londres.

“Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos”, señaló.

Pero la definición políticamente más significativa llegó después.

“Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Pero si lo hacen, probablemente podré resolverlo”, sostuvo Trump, para luego agregar que actualmente “hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas”.

La frase introduce un elemento novedoso en una controversia diplomática de larga duración: la posibilidad de que el presidente estadounidense intente asumir algún tipo de papel de mediación entre Buenos Aires y Londres.

Un cambio en el discurso de Washington

No se trata de una declaración aislada. A fines de agosto, Trump ya había afirmado públicamente que no descartaba revisar la posición estadounidense respecto de las Malvinas.

Estados Unidos reconoce la administración británica de facto sobre las islas, pero históricamente ha evitado pronunciarse sobre la cuestión de fondo de la soberanía, que la Argentina reclama y que constituye uno de los principales puntos de conflicto bilateral con el Reino Unido.

La posición de Trump comenzó a generar interrogantes después de que medios británicos señalaran que Washington podría utilizar el tema dentro de una negociación más amplia con Londres, particularmente vinculada con las exigencias estadounidenses para incrementar el gasto en defensa.

Días después, el propio presidente norteamericano volvió sobre Malvinas, destacó la enorme distancia existente entre las islas y Gran Bretaña y recordó la guerra de 1982.

Ahora fue un paso más allá: ya no habló solamente de revisar una posición diplomática, sino que se ofreció explícitamente a intervenir.

Milei endureció la política argentina sobre Malvinas

Las declaraciones se producen además después del giro adoptado por el gobierno de Javier Milei, que anunció una serie de medidas destinadas a reforzar el reclamo argentino y elevar los costos para las empresas involucradas en actividades hidrocarburíferas sin autorización nacional en el área de Malvinas.

Entre las medidas anunciadas aparecen sanciones contra compañías petroleras que operen en torno al archipiélago, el fortalecimiento de la infraestructura estratégica en Tierra del Fuego y modificaciones al régimen legal destinado a penalizar a empresas que desarrollen actividades hidrocarburíferas sin autorización argentina.

El eje económico detrás de esta escalada tiene nombre propio: Sea Lion.

El proyecto offshore se convirtió en uno de los mayores focos de tensión alrededor de Malvinas porque supone avanzar hacia la explotación comercial de importantes reservas de hidrocarburos en aguas cuya soberanía es reclamada por la Argentina.

Sea Lion: petróleo y geopolítica en el Atlántico Sur

Sea Lion está controlado por Navitas Petroleum, que posee el 65% de las licencias y opera el proyecto, y Rockhopper Exploration, que mantiene el 35% restante.

Navitas ingresó al proyecto en 2022, cuando adquirió la participación que estaba en manos de Harbour Energy y asumió la operación del área.

El desarrollo dio un paso decisivo en diciembre de 2025, cuando las compañías adoptaron la decisión final de inversión para avanzar con una primera etapa estimada en alrededor de US$1.800 millones.

Los planes empresariales contemplan comenzar la producción durante el primer trimestre de 2028.

Ese calendario convierte la disputa por Malvinas en algo que excede cada vez más la discusión diplomática tradicional. Petróleo, inversiones, seguridad, rutas marítimas y proyección estratégica sobre el Atlántico Sur vuelven a entrecruzarse alrededor del archipiélago.

Y es precisamente en ese escenario donde aparecen ahora las declaraciones de Trump.

De Malvinas a una Irlanda unificada

El presidente estadounidense también generó impacto político durante su paso por Dublín al pronunciarse sobre otra controversia histórica vinculada con el Reino Unido: la eventual reunificación de Irlanda.

Trump aseguró que le “encantaría” ver una Irlanda unificada y consideró que ese proceso podría ocurrir eventualmente.

“No quiero causar ningún problema, pero les diré que me encantaría verlo unificado. Tengo amigos en ambos lados, gente estupenda. Creo que sería un gran logro para todos si eso sucediera. Tarde o temprano ocurrirá”, afirmó.

Una eventual reunificación implicaría la incorporación de Irlanda del Norte, actualmente integrante del Reino Unido, a la República de Irlanda.

La declaración fue particularmente sensible por haber sido pronunciada junto al primer ministro irlandés y por tocar uno de los asuntos políticos y territoriales más delicados de la historia reciente británica.

Trump también mantuvo conversaciones con la presidenta irlandesa, Catherine Connolly, durante una visita que combina agenda política, encuentros empresariales y actividades vinculadas con el golf.

Sin embargo, para la Argentina, el dato central quedó lejos de Irlanda: por tercera vez en pocas semanas, el presidente de Estados Unidos habló públicamente sobre Malvinas y esta vez avanzó un casillero más, al plantearse como posible mediador entre Buenos Aires y Londres.

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