Día: 12 septiembre, 2026

La UCP prepara una jornada de educación superior, innovación y tecnología en homenaje al Rector Fundador 

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La Universidad de la Cuenca del Plata desarrollará durante septiembre y octubre el V Homenaje al Rector Fundador Ángel E. Rodríguez, por medio de una agenda de distintas actividades académicas, institucionales y conmemorativas destinadas a reconocer su legado y promover espacios de reflexión sobre los desafíos de la educación superior.

Entre estas iniciativas se llevará adelante la IV Jornada Académica de Educación Superior, Innovación y Tecnología, un espacio que nace de la necesidad de asumir el “mundo de lo inevitable”, desde la acción colectiva y la construcción de respuestas posibles, por medio de un diálogo para la paz. A través de una instancia de debate y producción académica, la institución propone retomar las ideas expuestas en la Asamblea Regional de la UCP celebrada a inicios de 2026. 

La jornada abordará los ejes temáticos de salud del planeta Tierra y salud mental; IA, intelecto humano e inteligencia colectiva; democracia, política y ética ciudadana; y los discursos de odio, amenazas, violencias y guerras. Los mismos deberán ser la guía para el desarrollo de las producciones académicas de estudiantes y docentes de todas las sedes y delegaciones. En este marco la UCP abrió la convocatoria para la presentación de ensayos desde las distintas dimensiones de abordaje: internacional, nacional, institucional y personal.

Las propuestas de los estudiantes deberán incorporar acciones orientadas al ámbito comunitario e institucional, mientras que los docentes podrán profundizar en las implicancias de estas problemáticas para la educación superior, sus causas estructurales y posibles estrategias e indicadores para su evaluación. Asimismo, los ensayos seleccionados serán publicados en una edición especial de la Revista Conexiones.

Por su parte, se encuentra abierta también la convocatoria al Concurso de Poesía y Diseño para la Paz, destinado a promover expresiones literarias y visuales como herramientas para la reflexión, la sensibilización y la construcción colectiva de sentidos en torno a la paz. Las obras seleccionadas integrarán una publicación especial de la UCP,en formato de poemario, que reunirá las producciones destacadas de la Jornada.

La recepción de ensayos y obras permanecerá abierta hasta el domingo 27 de septiembre a las 23:59 h. La evaluación se realizará del 28 de septiembre al 4 de octubre y las propuestas seleccionadas serán comunicadas el lunes 5 de octubre. La IV Jornada Académica de Educación Superior, Innovación y Tecnología 2026 se desarrollará el 

miércoles 14 de octubre, en modalidad mixta e intersedes, presencial en Lavalle 50 y digital a través de las plataformas institucionales. 

Durante las jornadas se llevará adelante también la inauguración de la biblioteca “Rector Fundador Ángel Rodriguez”, un lugar que albergará los saberes e ideas que impulsaron los inicios de la UCP. En ese marco, se presentará también la nueva edición del libro “Crónicas de un Sueño”, una obra que recupera los orígenes y el espíritu fundacional de la universidad, con la participación de su autor Dr. Pedro Pablo Perrotti. 

La Universidad de la Cuenca del Plata reafirma su compromiso con la generación de conocimiento y con la construcción de espacios plurales de diálogo y reflexión. En un escenario de cambios acelerados, la institución busca fortalecer el papel de la comunidad universitaria como protagonista en la búsqueda de respuestas a los desafíos del presente y coloca en el centro la dignidad humana, la empatía, la responsabilidad y la construcción cotidiana de una cultura de paz.

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En la Unisud debatirán sobre producción, tecnología y mercados

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La horticultura, la piscicultura, la producción ovina y caprina, los sistemas de información geográfica y los bioinsumos serán los ejes de la Jornada “Producción, Mercados y Nuevas Oportunidades para el Desarrollo Rural”, que se realizará el sábado 19 de septiembre, de 8 a 13 h, en la sede de la Universidad de la Integración Sudamericana, UNISUD (Ada. Mitre y 3 de Febrero, Posadas, Misiones) y bajo modalidad híbrida.

La propuesta reunirá a productores, empresarios y especialistas para compartir experiencias concretas vinculadas con la piscicultura, la producción ovina y caprina, los Sistemas de Información Geográfica (SIG) y los bioinsumos.

Uno de los ejes estará centrado en la posibilidad de transformar la producción en una oportunidad de negocio. En ese sentido, el licenciado en Administración de Empresas y productor Silvio Angeloni abordará los desafíos de agregar valor y construir mercados para la producción ovina en Misiones.

También se conocerá la experiencia de Otto Waidelich, técnico agrónomo y productor agropecuario de Andresito, quien expondrá sobre el manejo de ovinos en yerbales y las posibilidades de valor agregado que ofrece esta práctica.

La piscicultura tendrá un espacio propio con experiencias que muestran diferentes modelos productivos. El empresario piscicultor Marcos Esteban Meichtry presentará la combinación de arroz y pacú como una sinergia productiva rentable. Por su parte, Alfredo Leonardo Ostapowicz compartirá la experiencia de Cabañas Campo Santa Ebelyn, en Apóstoles, donde la producción de peces se articula con la comercialización y el turismo rural.

La tecnología también será parte de la conversación. Los Sistemas de Información Geográfica serán abordados como herramientas para planificar, gestionar y tomar decisiones a partir del uso de datos. Fernando Bellochio y Alejandro Vadillo presentarán distintas perspectivas sobre la incorporación de estas tecnologías en las actividades productivas y la gestión.

La jornada incluirá además un panel sobre bioinsumos y su potencial como alternativa para la innovación agropecuaria. Participarán especialistas de distintos países, entre ellos la MSc. Nancy Acosta Ensino, de Colombia.

La propuesta cerrará con una degustación de productos provenientes de la piscicultura y la producción ovina, una forma de llevar la conversación sobre producción y mercados directamente a la mesa.

La jornada propone así una mirada que conecta producción, tecnología, negocios y formación, a partir de experiencias que buscan mostrar alternativas y oportunidades para las diferentes cadenas productivas.

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Alianza estratégica: la Unisud y la Camim se unen para potenciar la industria metalmecánica en Misiones

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La Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD) y la Cámara Misionera de Industriales Metalúrgicos (CAMIM) firmaron un Convenio Marco de Cooperación Institucional y su primera Acta Complementaria, sentando las bases para una vinculación tecnológica y académica directa entre la academia y el sector productivo provincial. 

El acuerdo fue rubricado por el Vicerrector de la UNISUD, Carlos Galian, y el presidente de la CAMIM, Marcelo Sarasola, y tiene como objetivo integrar las capacidades universitarias con las necesidades reales de la industria metalmecánica y tecnológica en Misiones. 

Como primer resultado operativo de esta alianza, se pondrá en marcha un Plan de Tareas enfocado en la realización de relevamientos y diagnósticos de Higiene y Seguridad en el Trabajo en los establecimientos asociados a la cámara. Esta tarea estará a cargo de estudiantes avanzados del Ciclo de Complementación de la Licenciatura en Higiene y Seguridad en el Trabajo de la UNISUD, coordinados por docentes y supervisados institucionalmente, lo que permitirá a su vez consolidar los datos para elaborar el Primer Mapa de Riesgos y Oportunidades de la Industria Metalmecánica de Misiones. 

Asimismo, el convenio contempla el desarrollo de programas de capacitación profesional, pasantías, proyectos de investigación aplicada y la organización conjunta de jornadas técnicas, promoviendo un espacio de trabajo articulado bajo estrictos protocolos de confidencialidad y beneficio mutuo.

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Forestación en Corrientes: por qué corre peligro la ampliación del aserradero más moderno del país

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Cuando Acon Timber inauguró en abril de 2024 su enorme aserradero en Gobernador Virasoro, Corrientes, se convirtió en la primera gran inversión que recibía la industria forestal argentina luego de unos 20 años de parálisis provocados, entre otros factores, por aquel triste episodio de Botnia, que espantó a los grandes inversores.

Fueron cerca de 130 millones de dólares los que pusieron desde este grupo de origen austríaco, para montar una planta futurista dedicada a procesar una materia prima que abunda en la Mesopotamia, pero que durante décadas salió de la región con escaso valor agregado. O mejor dicho, casi nulo.

Por eso, por la abundancia de bosques que no tienen industria para ser procesados, la planta de Virasoro fue presentada además como la primera fase de un proyecto todavía más ambicioso del grupo. El aserradero, de hecho, tiene capacidad para consumir 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año, prácticamente el doble del volumen procesado actualmente. Pero para alcanzar esa escala hace falta realizar una segunda ronda de inversiones en secaderos, calderas, sistemas de clasificación y otras instalaciones.

Sin pelos en la lengua, Nicolás Crisp, el presidente de Acon Timber Argentina, aseguró a Bichos de Campo que la concreción de esa segunda etapa dependerá de que el país consiga reducir la burocracia, resolver sus problemas de infraestructura y, fundamentalmente, bajar los costos logísticos que hacen que exportar desde Corrientes sea mucho más caro que hacerlo desde Brasil o Uruguay.

“Todo eso va a depender de si hay un entorno más competitivo y sostenible. Son cambios estructurales y están siendo más difíciles de lo que pensábamos”, advirtió Crisp en diálogo con este medio.}

La inversión realizada en Virasoro pertenece a un grupo de accionistas austríacos y belgas. Uno de ellos ya tenía inversiones forestales en la Argentina, y por eso conoce del potencial forestal todavía semi-explotado que tienen el país. mientras que el otro estaba buscando ingresar a este mercado. Ambos se asociaron, tomaron la decisión de construir el complejo y posteriormente conformaron el equipo local.

Crisp confirmó que ese grupo ya realizó un desembolso de unos 130 millones de dólares, lo que permite al aserradero estar funcionando casi a pleno. En una reunión de AFOA (Asociación Forestal Argentina) donde se presentaron otras posibles inversiones en el sector forestoindustrial, el ejecutivo se alegró de que la llegada de la empresa pueda haber destrabado una larga parálisis en esa economía regional.

“Puede ser que hayamos sido esa punta de lanza. La verdad es que es una muy buena noticia que se sigan anunciando proyectos. Hay disponibilidad de materia prima, pero hay que hacer rentable toda la cadena para que la actividad siga creciendo, se plante más y se consuma más madera”, sostuvo.

En la planta correntina se producen tablas aserradas, secas y cepilladas. Además, todos los subproductos generados durante el proceso se utilizan para fabricar pellets, evitando que los residuos de la madera terminen desperdiciados. Recientemente, la empresa también instaló una línea de finger joint, una tecnología que permite detectar y eliminar los defectos de las tablas —como nudos, golpes u otras fallas de calidad— para después volver a unir las secciones aprovechables. De ese modo se mejora el rendimiento industrial de cada tronco y se obtiene un producto con mayor valor agregado.

La disponibilidad de madera en el nordeste argentino fue una de las principales razones que atrajeron a estos inversores. Acon Timber no cuenta con plantaciones propias como empresa, aunque algunos de sus accionistas poseen superficies forestadas mediante otras sociedades. Por eso, el aserradero funciona como una enorme boca de demanda para los productores de la región.

Actualmente recibe madera de más de quince proveedores y consume unos 700 mil metros cúbicos por año, equivalentes a la producción de aproximadamente 2.500 hectáreas forestales. La producción de madera elaborada se destina íntegramente a la exportación. En el caso de los pellets, en cambio, la compañía también intenta desarrollar mercados dentro de la Argentina y en los países vecinos.

Es precisamente allí, cuando la madera debe abandonar la planta y llegar hasta los mercados internacionales, donde comienza buena parte de los problemas que ahora padece cotidianamente Crisp.

“Ya sabíamos que hacer negocios en la Argentina y exportar desde la Argentina tenía dificultades. Pero cuando empezás a hacerlo te das cuenta de que es mucho más difícil que todo lo que te habían comentado”, reconoció el directivo.

El empresario enumeró una larga lista de obstáculos: una burocracia excesiva en los procesos de exportación, numerosos trámites y documentos, demoras en la recuperación del IVA, dificultades asociadas a la importación de los equipos utilizados para montar la planta y graves falencias de infraestructura.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Pero el principal problema, desde su óptica, continúa siendo la logística. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó.

La ubicación de la planta, en el norte correntino, permitiría pensar en el transporte fluvial como una alternativa natural. Los contenedores podrían trasladarse hasta puertos de Corrientes o Misiones y, desde allí, bajar en barcazas en lugar de recorrer cientos de kilómetros en camiones.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Mientras tanto, desde su sede central en Europa, los accionistas ya realizaron la primera gran apuesta y los equipos están instalados y trabajando a pleno. Pero eso no garantiza automáticamente que vayan a ejecutar la segunda fase y apostar otra gran cantidad de dinero a la ampliación necesaria para aprovechar toda la capacidad del complejo.

Para pasar de los cerca de 700 mil metros cúbicos que procesa actualmente a los 1,3 millones que podría consumir, Acon Timber necesitaría sumar más secaderos y calderas para generar el vapor requerido para ese proceso de secado. También debería incorporar una segunda línea de clasificación y posiblemente nuevas prensas para fabricar productos de mayor valor agregado.

El potencial productivo existe, al igual que la disponibilidad de materia prima. La decisión, sin embargo, estará atada a que mejoren las condiciones de competitividad.

Crisp reconoció que los problemas están identificados y que existen iniciativas para resolverlos, pero mostró preocupación por la demora de esas soluciones. Mucho más en un escenario internacional de precios bajos, en el que cada costo adicional puede dejar a la madera argentina fuera de un mercado.

-¿Está el gobierno al tanto de esto?

-La problemática se entiende y se está trabajando, pero está llevando más tiempo. A mí lo que me preocupa es que la industria y las empresas no tienen ese tiempo. No se puede esperar.

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Cuando una empresa de servicios petroleros arma su presupuesto, la tubería de producción aparece como un activo, no como un gasto

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Cuando una empresa de servicios petroleros arma su presupuesto, la tubería de producción aparece como un activo, no como un gasto. Se compra una vez, se baja al pozo, se saca en cada intervención y se vuelve a usar. En teoría, un mismo lote de tubos puede acompañar a un pozo durante toda su vida útil. En la práctica, muchos lotes duran dos o tres intervenciones y después van a chatarra. La diferencia entre esos dos escenarios se decide en un lugar que casi nunca aparece en el análisis financiero: la mesa de armado del taller.

Un activo que se desgasta por los extremos

La tubería de producción no falla por el cuerpo. Falla por la rosca. Cada vez que un tubo sale del pozo hay que desenroscarlo, y cada vez que vuelve a bajar hay que enroscarlo de nuevo. En un pozo de 2.500 metros son unos 260 tubos, es decir, alrededor de 520 operaciones sobre rosca por intervención. Con ocho intervenciones a lo largo de la vida del pozo, cada extremo de cada tubo pasa por decenas de ciclos de armado.

El daño típico se produce durante el armado, no dentro del pozo: dos superficies de acero que deslizan bajo alta presión, con poca grasa, demasiada velocidad o un leve ángulo entre ellas, se adhieren y se desgarran. Una rosca dañada así ya no sella y, en la mayoría de los casos, no se recupera.

Gráfico: tubos de producción perdidos según la tasa de rechazo por intervención, 1% frente a 3%, a lo largo de ocho intervenciones Con una tasa de rechazo del 3% por intervención, un lote de 260 tubos pierde 62 unidades en ocho intervenciones. Con el 1%, pierde 20. La diferencia son 42 tubos que no hay que importar.

La cuenta que conviene hacer

Supongamos un lote de 260 tubos y ocho intervenciones. Si en cada intervención el taller rechaza el 3% de los tubos por rosca dañada, al final del ciclo se habrán perdido 62 unidades: casi una cuarta parte del lote. Si el rechazo es del 1%, la pérdida baja a 20. Cuarenta y dos tubos de diferencia parecen poco en un parte diario; en la Argentina, donde buena parte de la tubería de producción se importa, son una orden de compra en dólares, un trámite de importación y varios meses de espera.

Y la espera es el costo que no figura en ninguna factura. Un pozo detenido porque no hay tubos del diámetro correcto en el depósito produce cero mientras el lote de reposición atraviesa la aduana.

Un lote de tubos leído como flujo de caja

Conviene mirar la tubería de producción como lo que es en el balance: un bien de capital con una vida útil que depende del uso. El día de la compra, el lote vale lo que costó importarlo. Cada intervención le resta valor por dos vías: los tubos que se descartan y el desgaste acumulado en los que siguen. La segunda vía es invisible hasta que se convierte en la primera.

Si el lote se administra bien, la curva de reposición es suave: unos pocos tubos por intervención, previsibles, que se pueden comprar con anticipación y en lotes económicos. Si se administra mal, la reposición llega a saltos: una intervención en la que el taller rechaza el diez por ciento de la columna obliga a una compra de urgencia, al precio de urgencia y con el plazo de urgencia. Para una pyme que financia su capital de trabajo a las tasas argentinas, la diferencia entre una compra planificada y una de emergencia puede ser mayor que el precio de los tubos.

Hay un tercer costo que rara vez se imputa a la rosca: el capital inmovilizado en inventario de seguridad. Un taller que no confía en su tasa de rechazo compensa con stock. Cada tubo guardado por las dudas es dinero que no está trabajando.

Nueva, usada o reparada: las tres columnas que conviven

En la práctica argentina, una columna rara vez es toda nueva. Convive tubería nueva importada, tubería usada clasificada e inspeccionada, y tubería con roscas recortadas y vueltas a mecanizar. Cada categoría tiene un costo distinto y una vida útil restante distinta, y mezclarlas sin registro hace imposible saber, después, qué falló y por qué. El taller que arma y documenta cada conexión es el único punto del sistema donde esas tres poblaciones de tubos se vuelven trazables.

Importar tubería: los plazos que no figuran en la cotización

Quien nunca importó tubería de producción subestima el tiempo. Entre la orden de compra, la fabricación o la disponibilidad en el origen, el transporte marítimo, la nacionalización y el traslado al yacimiento pasan, en el mejor de los casos, varios meses. En ese tiempo el tipo de cambio se mueve, los requisitos de importación pueden cambiar y el pozo para el que se pidió la tubería puede haber quedado sin producir.

Esto convierte la tasa de rechazo en algo más que un indicador de eficiencia: es una variable de planificación. Un taller que rechaza de manera previsible el uno por ciento puede pedir con un año de anticipación. Un taller que rechaza el tres por ciento en promedio, pero con picos del diez, no puede planificar nada.

Por qué el torque final no alcanza

Muchos talleres controlan el armado con un solo dato: el torque final. El problema es que una conexión que se dañó durante el armado puede llegar exactamente al valor especificado, porque la fricción extra que genera el daño aporta al número que marca el instrumento. Con el mismo registro, una unión defectuosa y una sana son indistinguibles.

Lo que las distingue es cómo creció la resistencia mientras la conexión giraba. Los equipos que registran todo el proceso dejan una traza que un ingeniero puede leer meses después, cuando alguien pregunta por qué falló un pozo y quién armó esa unión.

Lo que la rosca le hace al resto del negocio

Una tasa de rechazo alta no solo consume tubos. Alarga las intervenciones, porque la columna que baja tiene que completarse con tubos de otro lote, a veces de otro diámetro nominal o de otra clase de acero, lo que obliga a revisar la compatibilidad de las conexiones y, con frecuencia, a improvisar. Consume horas de supervisión en discusiones sobre qué tubo entra y cuál no. Y erosiona la relación con el operador, que ve subir el costo de cada intervención sin entender por qué.

Del otro lado, un taller con rechazo bajo y documentado tiene un argumento comercial que pocas pymes de servicios pueden ofrecer: la garantía de que la columna que baja es la misma que subió, con cada conexión armada al torque correcto y con un registro que lo prueba. En licitaciones donde el precio por hora es parecido entre oferentes, ese argumento decide.

Qué se mira al elegir el equipo

En el taller, la tubería de producción se arma sobre bancos horizontales que sujetan un extremo y hacen girar el otro mientras miden el torque de forma continua. Las preguntas que vale la pena hacer antes de invertir son pocas y no requieren conocimientos especiales.

Banco horizontal de armado para tubería de producción instalado en un taller de servicios petroleros El banco ocupa el largo de un tubo más la mordaza y el cabezal. No necesita fundación especial ni anclajes: se instala sobre patas regulables.

¿Registra el proceso completo o solo el valor final? Es la diferencia entre tener algo que analizar y tener solo un número.

¿Qué tan despacio puede girar? La velocidad mínima importa más que la máxima. Las conexiones grandes se arman a pocas vueltas por minuto.

¿Desenrosca con el mismo control con el que enrosca? Un tubo que pasó años en el pozo opone mucha más resistencia al desarmarse, y el momento en que cede es brusco. Poder desenroscar bajo torque controlado es lo que evita que ese instante termine con la rosca.

Medición de un tubular con cinta métrica durante la inspección en el taller antes de volver a bajarlo al pozo La inspección entre intervenciones es donde se decide qué tubo vuelve al pozo y cuál se rechaza. Cada punto porcentual de rechazo tiene un costo concreto.

Cómo medir la tasa de rechazo, y qué número esperar

El indicador es simple: tubos rechazados por rosca dividido por tubos manipulados en la intervención. Lo que pocas empresas hacen es medirlo por separado del rechazo por cuerpo, es decir, por corrosión, por desgaste de pared o por deformación. Mezclar ambas causas oculta el problema, porque el rechazo por cuerpo depende del pozo y el rechazo por rosca depende del taller.

Los valores varían con el estado del fondo de pozos y la edad de la tubería, pero la regla práctica es esta: si el rechazo por rosca supera con regularidad al rechazo por cuerpo, el problema está en el armado. Y si la mayoría de los rechazos por rosca son roscas con engrane y no roscas gastadas de manera pareja, el problema está en cómo se armó la última vez, no en cuántas veces se armó.

Banco de armado de tubería de producción con su gabinete de control hidráulico en el taller El banco con su gabinete de control. La inversión típica de un taller mediano se recupera con el inventario que deja de reponerse, no con las horas de trabajo que ahorra.

Cómo evaluar el retorno de un equipo

La cuenta que suele hacerse mal es la de las horas-hombre: un banco arma una conexión en menos tiempo que dos personas con llaves, y de ahí se calcula un ahorro. Es real, pero es la parte menor. La cuenta que importa es la de los tubos.

Tómese el ejemplo de arriba: 42 tubos de diferencia en ocho intervenciones, a lo largo de la vida de un pozo. Un taller que atiende varios pozos multiplica esa diferencia por su fondo. Al precio de una tubería de producción importada puesta en yacimiento, el equipo se paga con el inventario que deja de comprarse en un plazo que casi siempre es menor a la vida útil del propio equipo. Y a eso hay que sumarle lo que no tiene precio de lista: los pozos que no esperaron.

El argumento contractual

Hay un segundo motivo, menos técnico, para registrar el armado. Cuando la tubería es del operador y la manipula un contratista, tarde o temprano aparece la pregunta de quién dañó la rosca. Sin registros, la discusión se resuelve por reclamos cruzados. Con un registro de cómo se armó cada conexión, se resuelve en minutos. Para una pyme de servicios, poder demostrar que hizo bien su trabajo vale tanto como haberlo hecho.

Tubería alquilada: cuando el activo es de otro

Una parte creciente de la tubería que circula por los yacimientos argentinos no es del operador ni del contratista: es alquilada. El alquiler traslada el capital a un tercero, pero no traslada la responsabilidad por el daño. El contrato típico establece que la rosca dañada se paga, y la discusión sobre quién la dañó se resuelve, otra vez, con registros o sin ellos.

Para el que alquila, un taller que documenta el armado es un cliente que devuelve menos tubos dañados y discute menos facturas. Para el que trabaja con tubería alquilada, el registro es la única defensa razonable frente a un cargo por daño que puede superar el margen de todo el trabajo.

En resumen

Hay una última consideración que las pymes suelen pasar por alto: el equipo de armado conserva su valor. Un banco bien mantenido se revende, se traslada a otro taller o se amortiza contra otro contrato. Los tubos que se fueron a chatarra, no.

La tubería de producción es uno de los pocos activos de la industria que se compra una vez y se usa durante años, si se la trata bien. En una economía donde reponerla implica dólares y meses, el porcentaje de rechazo por intervención es probablemente el indicador de eficiencia más barato de mejorar y uno de los más caros de ignorar.

La información técnica sobre equipos de enrosque y desenrosque fue aportada por Dezhou Zhuorui Petroleum Machinery, fabricante de bancos hidráulicos para talleres de servicios petroleros.

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