Mes: septiembre 2026

Influencers: 241.000 visualizaciones y cero clientes

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Durante años, una de las primeras preguntas al momento de elegir a un influencer para una campaña fue cuántos seguidores tiene. La lógica parecía sencilla: a mayor comunidad, mayor alcance y, en consecuencia, mejores resultados. Sin embargo, la profesionalización del influencer está llevando a las marcas a mirar bastante más allá de ese número.

Tener muchos seguidores tampoco significa necesariamente tener una audiencia del mismo tamaño. Solo una parte de esa comunidad puede estar efectivamente expuesta a cada publicación y una proporción todavía menor interactuar con ella. Por eso, dos creadores con una cantidad similar de followers pueden alcanzar audiencias reales muy diferentes y generar niveles de respuesta también distintos. 

Por eso, la selección empieza a incorporar otras variables: qué afinidad existe entre el creador y la marca, qué valor aporta a su audiencia y, fundamentalmente, qué capacidad tiene para producir el resultado que se busca. Son algunas de las variables que Ramped, agencia de marketing especializada en performance con influencers, identifica dentro de su enfoque de Creator Intelligence. 

De elegir por tamaño a elegir por objetivo

No existe necesariamente un influencer “mejor” en términos absolutos. El creador más adecuado depende del objetivo que se busca alcanzar, del producto, de la audiencia y del momento.

Una campaña que busca instalar una marca puede requerir una estrategia diferente de otra cuyo objetivo sea generar registros, descargas o ventas. En ese contexto, mirar únicamente seguidores o interacciones puede dejar afuera una pregunta fundamental: ¿Qué queremos que haga la audiencia después de ver ese contenido? Incluso, una campaña puede aceptar un costo por mil impresiones (CPM) más alto si ese creador permite conseguir un costo de adquisición de cliente (CAC) más bajo. Es decir, pagar más por llegar a determinada audiencia puede resultar más eficiente si esa audiencia finalmente convierte mejor.

Esto también explica el creciente interés por los microcreadores. Tener una comunidad más pequeña no implica necesariamente tener menor capacidad de influencia. En determinados nichos, la cercanía, la especialización o la credibilidad pueden resultar particularmente relevantes para una marca.

“En una misma campaña vimos una diferencia muy clara: una figura con una audiencia masiva consiguió 241.000 visualizaciones, pero no generó ningún cliente. En cambio, un creador de nicho, con una audiencia mucho menor, generó un retorno cercano a 20 veces la inversión. Seis meses después volvimos a contratarlo. Es un ejemplo concreto de por qué más visualizaciones no necesariamente significan mejores resultados para una marca”, explica Santiago Ramírez, cofundador de Ramped.

Cuando muchos likes no cuentan toda la historia

La evolución del sector también está poniendo en discusión cuáles son las métricas que realmente permiten evaluar una campaña. Seguidores, visualizaciones, likes o engagement aportan información, pero cada indicador responde una pregunta diferente y no debería analizarse de manera aislada.

El desafío pasa entonces por dejar de asociar automáticamente los números más altos con mejores resultados. Un influencer puede tener más seguidores, visualizaciones o interacciones y, sin embargo, no ser quien mejor responda al objetivo concreto de una campaña. Por eso, esas métricas necesitan analizarse en relación con los resultados que la marca buscaba conseguir.

Antes, en la contratación de influencers se seguía el parámetro de la cantidad de seguidores, lo que fue mutando hacia una evaluación por resultados. Una comunidad no solo tiene que ver con su tamaño, sino también con quiénes la componen, qué intereses tienen, cómo interactúan con el creador, qué afinidad existe con la marca y qué capacidad tiene ese influencer de generar una acción concreta. Todo eso determina su elección. El desafío de las marcas es entender qué creador es el adecuado para cada campaña y qué resultados se esperan”, señala Juan Martín Sprinsky, cofundador de Ramped.

De las métricas visibles a los resultados

A medida que la industria madura, también crece la posibilidad de tomar decisiones apoyadas en información sobre campañas anteriores, comportamientos, formatos y resultados. Esto no significa dejar de mirar el alcance, los seguidores o las interacciones, sino poner esos indicadores en contexto.

En ese escenario, la evaluación de una campaña empieza a incorporar una lógica más vinculada con el negocio: no sólo cuántas personas pueden ver un contenido, sino quiénes lo ven, qué relación tienen con quien lo comunica y, sobre todo, qué resultados genera esa elección para la marca.

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Misiones pone a los ecopuntos en el centro de la economía circular

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Cada 26 de septiembre, Misiones celebra el Día Provincial de los Ecopuntos Misioneros, una fecha que busca visibilizar el rol de estos espacios en la gestión responsable de los residuos y fortalecer la participación ciudadana en las prácticas de separación, recuperación y reciclaje. La Ley XVI N.º 180 establece esa fecha con el objetivo de promover prácticas de concientización vinculadas al reciclaje, la reutilización, la revalorización y la reducción en la generación de residuos.

En este marco, los ecopuntos cumplen un papel fundamental. Son espacios destinados a la recepción voluntaria de residuos reciclables que fueron previamente separados en origen, permitiendo su correcta disposición y posterior incorporación a circuitos de recuperación y valorización. Para celebrarlo, el viernes 25 se realizará una jornada simultánea de recepción de residuos en diversos ecopuntos de la provincia. La propuesta invita a los vecinos a participar activamente, donde además podrán llevarse un presente donado por empresas y emprendedores locales.

La primera jornada, realizada en 2025, contó con la participación de 17 municipios y permitió fortalecer la separación en origen y el trabajo conjunto entre gobiernos locales, empresas, organizaciones y ciudadanía. Este año, nuevamente, la invitación es a ser parte. La ubicación, los días y horarios de atención de cada ecopunto participante serán comunicados a través de los canales oficiales de cada municipio y de las redes de la subsecretaría de Cambio Climático y Créditos de Carbono.

Ecopuntos y economía circular

El Programa Provincial Ecopuntos y Agentes Compradores de Residuos también busca fortalecer la economía circular en Misiones, promoviendo la conexión entre los municipios y las empresas o agentes que reciben materiales recuperados. Esta articulación permite avanzar hacia un modelo en el que los residuos dejan de ser considerados únicamente como descartes y pueden convertirse nuevamente en recursos y materias primas.

La efeméride fue establecida mediante la Ley XVI N.º 180, “Programa Provincial Ecopuntos y Agentes Compradores de Residuos”, sancionada por la Cámara de Representantes el 26 de junio de 2025 y publicada en el Boletín Oficial el 10 de julio del mismo año. La normativa también contempla objetivos vinculados con la participación ciudadana, la educación ambiental, el empleo verde, la inclusión social y el fortalecimiento de los sistemas municipales de separación, recuperación y valorización de residuos.

El cuidado del ambiente también se construye a partir de pequeñas decisiones cotidianas. Separar los residuos en origen, acercarlos al ecopunto correspondiente y conocer qué materiales pueden recuperar, son acciones concretas que contribuyen a una gestión más responsable de los recursos.

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Proteger la IA agéntica requiere un cambio hacia la gobernanza basada en el comportamiento

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A medida que las organizaciones implementan IA agéntica para ejecutar tareas a través de APIs y sistemas, las empresas enfrentan un cambio fundamental en materia de riesgos. Akamai (NASDAQ: AKAM) presentó hoy su más reciente informe State of the Internet (SOTI) Security, enfocado en los nuevos desafíos de seguridad relacionados con la IA. Dirigido a los CISO, “La frontera de la IA agéntica: velocidad, escala e identidad no humana” explica que proteger a las empresas modernas ha evolucionado de centrarse exclusivamente en la gestión de identidades y accesos de las personas a enfrentar el desafío de establecer una gobernanza basada en el comportamiento de entidades no humanas.

El informe destaca dos desafíos críticos: la dificultad de establecer límites de seguridad para agentes autónomos y la velocidad con la que los modelos de IA descubren vulnerabilidades, que con frecuencia supera los ciclos humanos de aplicación de parches.

Principales hallazgos del informe SOTI
 La brecha de visibilidad del Model Context Protocoló o Protocolo del Contexto del Modelo (MCP):
A pesar de que MCP —el protocolo que permite a los agentes de IA interactuar con múltiples sistemas de software— permite que los modelos de IA ejecuten acciones autónomas en distintos sistemas, la exposición de MCP ocupa el último
lugar entre las prioridades actuales de seguridad de los CISO. Esto revela una brecha crítica de visibilidad, incluso cuando los líderes de seguridad esperan que los agentes de IA maliciosos se conviertan en una de las principales ciberamenazas para 2030.
 Filtraciones de datos en chatbots: Más del 6% de las conversaciones empresariales con chatbots de IA contienen datos corporativos sensibles —principalmente información de identificación personal— y el 47% de las interacciones se realizan a través de cuentas personales no monitoreadas.
 Aceleración de la explotación: Las iniciativas de IA de frontera demuestran que los modelos pueden descubrir y encadenar rápidamente vulnerabilidades en los sistemas, lo que hace que la aplicación reactiva de parches sea insuficiente y exige mecanismos de mitigación en tiempo real desde el edge.
 El navegador como espacio de trabajo desprotegido: Más del 40% de los usuarios empresariales han instalado extensiones de navegador impulsadas por IA, y el 25% de estas extensiones modifica sus permisos en un periodo de 12 meses. Estas herramientas tienen un 60% más de probabilidades de presentar CVE conocidas que las extensiones estándar.
 El auge del cliente sintético: A medida que los agentes de IA reemplazan al tráfico web tradicional para impulsar el descubrimiento de marcas, los CISO deben ampliar la protección más allá del malware e incorporar métricas de optimización para motores generativos (GEO), como citas, precisión, sentimiento y gestión de bots.

“La IA representa un momento de ‘todo, en todas partes y al mismo tiempo’ para todo el ecosistema de seguridad”, afirmó Boaz Gelbord, Chief Security Officer de Akamai. “Existe una triple amenaza: primero, el uso interno de la IA dentro de las organizaciones, ya sea para generar código o utilizar herramientas de productividad basadas en IA. Segundo, la integración de la IA directamente en productos orientados al cliente y cargas de trabajo en la nube, lo que transforma el perfil de riesgo operativo. Tercero, los ataques impulsados por IA dirigidos contra las empresas. Los programas de seguridad deben adaptarse a esta realidad en rápida evolución, y existe una gran presión en el sistema debido a la velocidad sin precedentes de estos cambios. Este será un tema central para los consejos directivos, los clientes y los reguladores en el futuro previsible”.

“El auge de la web agéntica representa un cambio fundamental en la forma en que se crean el valor empresarial y la lógica operativa”, señaló Steve Winterfeld, Advisory CISO de Akamai. “A medida que la IA autónoma pasa de responder consultas a ejecutar estrategias empresariales de múltiples pasos, los líderes de seguridad deben evolucionar junto con ella”.

Recomendaciones estratégicas para los líderes de seguridad

Para enfrentar la era agéntica, Akamai plantea cuatro pilares fundamentales para los CISO en el informe:

  1. Adoptar una gobernanza adaptativa desde el edge: Implementar protecciones de runtime nativas del edge, filtros de API y mecanismos de aislamiento para neutralizar vulnerabilidades de inmediato mientras se aplican los parches en el backend.
  2. Proteger el edge del navegador: Establecer visibilidad y controles basados en el comportamiento dentro del navegador para proteger la adopción de extensiones de IA no administradas y modelos alojados en la web por parte de los colaboradores.
  3. Proteger la autoridad de la marca en una economía de cero clics: Implementar estrategias de GEO y capas de datos legibles por máquinas en el edge de la red para evitar que los rastreadores de IA y los compradores sintéticos generen alucinaciones o representen de manera incorrecta la información corporativa de las marcas.
  4. Alinear la autonomía con la verificabilidad: Otorgar autonomía operativa a los agentes de IA en función de la facilidad con la que sus acciones pueden verificarse y de qué tan reversible sería una posible falla, manteniendo controles con participación humana para acciones de alto impacto.

En su duodécimo año, los informes SOTI de Akamai continúan ofreciendo información relevante sobre las tendencias de ciberseguridad y rendimiento web, a partir de los ataques observados en la infraestructura de ciberseguridad de Akamai, que gestiona una parte significativa del tráfico web global.

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El recorte presupuestario deteriora las rutas nacionales

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Las rutas nacionales son mucho más que una red federal de caminos, porque por ellas circula buena parte de la producción argentina, se conectan localidades sin ferrocarril, se trasladan trabajadores y pacientes y se articulan economías regionales con los grandes centros urbanos y los puertos. Sin embargo, esa infraestructura atraviesa un proceso sostenido de deterioro. Casi seis de cada diez kilómetros relevados se encuentran en estado malo o regular, mientras que el presupuesto vial nacional cayó en 2026 a uno de sus niveles más bajos de las últimas décadas. Al mismo tiempo, una parte importante de los fondos recaudados para infraestructura vial permanece sin ejecutar.

En este informe de Agenda Pública, la Fundación COLSECOR brinda una radiografía de lo qué está ocurriendo con las principales rutas. ¿Pueden todas las provincias hacerse cargo de corredores nacionales?, ¿En qué consiste el impuesto destinado a infraestructura vial que hoy no se está ejecutando?, ¿Quién garantiza una infraestructura que es nacional y estratégica cuando el Estado deja de sostenerla? El deterioro de los caminos pone en riesgo la seguridad vial, incrementa los costos productivos y logísticos y profundiza desigualdades territoriales. 

El mapa del deterioro

La red vial nacional argentina tiene 40.643 kilómetros, por los cuales circulan alimentos que llegan a las góndolas de localidades “del interior”, los granos y la hacienda que salen al puerto, los transportes de pasajeros que conectan pueblos, las ambulancias que trasladan pacientes entre ciudades que no tienen hospital de alta complejidad. Son una infraestructura esencial con la menor inversión de los últimos 30 años. 

Al analizar los datos oficiales, la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) encontró que los kilómetros considerados en mal estado pasaron del 23% en el periodo 2022-2023 al 31,8% en 2024-2025. Sobre el conjunto de tramos efectivamente relevados, la misma federación calcula que el 57,5% se encuentra en estado malo o regular; es decir, casi seis de cada diez kilómetros. Vale aclarar, sin embargo, que el Índice de Estado de Vialidad alcanza apenas al 49% de los 40.643 kilómetros de la red, de modo que más de la mitad de los caminos nacionales no cuenta con una evaluación comparable y actualizada. Sobre esa zona sin medición precisa, FEPEVINA arriesga una estimación propia, y más severa: a partir de inspecciones visuales, la federación afirma que entre el 70% y el 75% de la red está en mal estado, una cifra que sus representantes expusieron recientemente ante la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados. 

El deterioro es extenso. La RN 3 hacia el sur bonaerense y la Patagonia; la RN 5 y la RN 7 hacia el oeste; la RN 9 hacia el norte; la RN 40, que baja pegada a la cordillera; la RN 34 rumbo al NOA; la RN 33 y la RN 22 como arterias productivas del centro y el Alto Valle. En un informe publicado por Economis.com.ar se detalla cómo se redujo drásticamente el presupuesto vial en todo el país, siendo Buenos Aires y Chubut la dos provincias más afectadas por el recorte nacional.

Este año, la Dirección Nacional de Vialidad dispone por todo concepto de unos 563.000 millones de pesos, un 79% menos que en 2023. Pero la brecha es mayor si se miran los registros históricos. El dato presupuestario de 2026 es el menor desde 1995, punto inicial de la serie reconstruida por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) sobre la base de datos oficiales.

El ajuste se observa con particular dureza donde más importa para el día a día de la red: los recursos destinados específicamente al mantenimiento de rutas nacionales son en 2026 alrededor de un 70% inferiores, en términos reales, a los de 2023. Por otra parte, de 179 obras nuevas aprobadas para realizarse solo 67 cuentan con financiamiento. 

 

Partidas presupuestarias sin ejecución

Y acá aparece el punto que vuelve más grave el cuadro, no se trata únicamente de que haya menos plata, sino de que buena parte de la que hay tampoco se usa. Al 31 de julio de 2026 Vialidad había ejecutado apenas el 32,6% de su presupuesto vigente y pagado el 29,8%. Es decir: sobre un presupuesto ya recortado, la decisión política de ejecutarlo corre muy por detrás del calendario. 

El desmantelamiento tiene además a personal de vialidad en una situación crítica. Desde marzo de 2024, según FEPEVINA, hubo un proceso sostenido de despidos, retiros voluntarios y jubilaciones que redujo la planta de la DNV de 5.540 trabajadores en diciembre de 2023 a unos 4.207 en la actualidad. Pero más allá de la cantidad, se pierden perfiles profesionales: ingenieros, laboratoristas, topógrafos, mecánicos, maquinistas, son exactamente los que sostienen la capacidad técnica de mantener una ruta. La federación lo sintetiza en una idea que excede lo salarial: cuando se van esos trabajadores, se interrumpe también el traspaso de conocimiento entre generaciones. Un organismo puede recuperar un presupuesto de un año para el otro, pero reconstruir un cuerpo técnico especializado puede llevar muchos años.

El financiamiento está, pero no llega a las rutas

Las rutas nacionales tienen un financiamiento propio, atado por ley a lo que los usuarios pagan cada vez que cargan combustible. El Impuesto a los Combustibles Líquidos se reparte entre varios destinos, y una porción, el 28,58%, se dirige al Fideicomiso de Infraestructura de Transporte, cuyo componente vial, el SisVial, existe por ley con un fin preciso: “construir, rehabilitar y mantener la red vial nacional”. No es una partida discrecional que el Gobierno de turno decide asignar o no. Es el dinero recaudado en el surtidor para que las rutas estén en condiciones.

Sin embargo, ese dinero no llega a las rutas. Según una investigación realizada por el periodista Hugo Alconada Mon del diario La Nación, entre 2024 y mayo de 2026 el fideicomiso vial recaudó más de 1,5 billones de pesos, pero sólo se ejecutó alrededor de una cuarta parte: la subejecución acumulada trepa al 73,8%. Y la tendencia empeora: se aplicó el 11,3% de lo recaudado en 2024, el 39% en 2025 y apenas el 18,5% en los primeros cinco meses de 2026. Al cierre de mayo, más de un billón de pesos de esos recursos estaba colocado en inversiones financieras en lugar de convertirse en asfalto. Un informe de Chequeado reafirma el hallazgo: de acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Economía el SisVial recibió unos 827.000 millones de pesos entre 2024 y 2025 y financió obras por 381.000 millones de pesos (apenas un tercio).

¿Dónde se encuentra el resto? La respuesta la dio el propio Gobierno. Ante una consulta de El Diario de La Pampa, el vocero presidencial Adrián Ravier admitió que una parte de esos recursos la retiene el Ministerio de Economía “como parte de lograr el equilibrio fiscal”. La frase confirma que la subejecución no es una demora administrativa ni una consecuencia de la falta de fondos, sino una decisión política. Los recursos que la ley destina a las rutas se usan, en cambio, para sostener el superávit que la gestión de Javier Milei exhibe como su principal logro. Luego de la polémica declaración de Ravier, el gobierno nacional salió a aclarar y desmentir lo declarado. 

Por otro lado, el gobierno nacional propone otro modelo de mantenimiento a través de la concesión a privados. En agosto de 2026, a través de la Red Federal de Concesiones enmarcada en la Ley Bases, la gestión de Javier Milei terminó de adjudicar unos 9.000 kilómetros de rutas nacionales por veinte años, en reemplazo de la estatal Corredores Viales. La concesión es para las regiones Centro, Norte, Litoral y Cuyo.

La búsqueda en tribunales 

Ante la falta de respuestas y de mantenimiento del Gobierno nacional, muchos de quienes dependen de las rutas comenzaron a acudir a los tribunales. A lo largo de 2025 y 2026 se acumularon fallos que ordenan al Estado nacional reparar corredores concretos, en un mapa que ya es federal y que desmiente, uno por uno, el argumento de que no hay recursos.

El caso más resonante es el de la RN 3, entre Azul y Cacharí. En julio de 2026, la Cámara Federal de Mar del Plata hizo lugar a una medida cautelar presentada por el Municipio de Azul y ordenó a Vialidad Nacional y a Corredores Viales presentar en diez días un plan de obras y completar las reparaciones en un máximo de 120, con control judicial mensual. Los jueces fundaron la decisión en once siniestros ocurridos en ese tramo en apenas seis meses y en informes de la Policía Federal que constataron baches, hundimientos y falta de señalización. Invocando jurisprudencia de la Corte Suprema, la Cámara consideró acreditado “un riesgo actual y concreto para la vida e integridad física” de quienes circulan por la ruta. 

También la RN 34 acumula órdenes en dos provincias: en noviembre de 2025, el Juzgado Federal de Tartagal ordenó bachear y repavimentar 198 kilómetros entre Urundel y Salvador Mazza, en Salta; en mayo de 2026, la Justicia federal con asiento en Rafaela hizo lugar a una cautelar por unos 50 kilómetros del mismo corredor en Santa Fe. En este caso el senado de la provincia de Santa Fe fue escenario de una audiencia pública histórica en la que se unieron en el reclamo múltiples sectores.

Otro ejemplo se ubica en la Justicia Federal de Venado Tuerto que ordenó al Estado nacional la reparación inmediata de las rutas 7, 8 y 33 en los tramos que atraviesan el departamento General López, en Santa Fe. En Salta, también intervino la Justicia, y por el tramo de las rutas 9/34 se le dio un plazo de noventa días al Gobierno Nacional que se venció en abril. Recién en septiembre giraron el dinero. En La Pampa, en cambio, siguen con el reclamo, tanto desde la propia administración provincial, como de los y las vecinas, porque el deterioro de rutas como la Ruta Nacional 152, ya no solo representa un problema de transitabilidad, sino que comienza a consolidar un escenario de aislamiento para las localidades que dependen de este corredor estratégico. “Hace mucho tiempo que no llegan transportes y trasladar personas a centros de mayor complejidad se volvió una complicación cotidiana”, advierte en esta nota la intendenta de Gobernador Duval, María Eugenia Grazide, una de las localidades afectadas comercialmente y turísticamente por el deterioro vial en la región pampeana. 

Por otro lado, según datos de la Fundación Producir Conservando, “la provincia de Buenos Aires aparece particularmente comprometida”, por la falta de inversión nacional en las rutas que cruzan territorio bonaerense. El informe señala que solamente el 36,8% de las rutas nacionales que atraviesan la provincia se encontraría en estado adecuado; el 11,5% estaría en estado regular y el 51,7%, en mal estado. “Estas cifras resultan especialmente relevantes por la importancia productiva, demográfica y logística de la provincia y por el volumen de tránsito que circula a través de sus corredores”, agrega el informe. Por ese escenario, el propio gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, reclamó en varias oportunidades, el traspaso de dos corredores nacionales estratégicos para gestionar y concesionar sus tramos ante la falta de mantenimiento. El pedido incluye la Ruta Nacional N° 33 y la parte habilitada de la Autopista Presidente Perón, una obra clave para la circulación en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

El caso de la provincia de Río Negro muestra la transferencia de Nación a Provincia. Recientemente hubo un acuerdo de traspaso de las rutas nacionales 22 y 151 a la órbita provincial, en el que Río Negro se compromete a desistir de los amparos presentados a cambio de hacerse cargo de la gestión y el mantenimiento de esos tramos. Para asumir el mantenimiento urgente de las rutas el gobierno provincial declaró la emergencia vial provincial y para financiar este programa de obras se autorizó vía congreso provincial el endeudamiento de la provincia hasta 60 millones de dólares. En el mismo sentido la provincia de Neuquén firmó recientemente un acuerdo con el gobierno nacional por el traspaso de tramos de las rutas nacionales 242, 231 y 40, después de dos años de pedidos formales.

La ruta como infraestructura productiva

La pregunta de fondo sobre quién sostiene una infraestructura nacional cuando el Gobierno Nacional deja de hacerlo, empieza a tener una respuesta concreta: las provincias. Y ahí es donde el problema deja de ser jurídico para volverse, otra vez, territorial, productivo y desigual. Porque cuando el mantenimiento recae sobre los diversos territorios, no se traspasa apenas un tramo de asfalto; por allí circula la vida económica de las regiones. En la Argentina, más del 90% de las cargas se mueve por camión. Por las rutas nacionales viajan los granos hacia los puertos, la hacienda hacia los frigoríficos, los insumos hacia las fábricas, la producción regional hacia los centros de consumo y los trabajadores hacia sus empleos. Y eso tiene su logística y sus costos. Según un relevamiento difundido en junio de 2026 sobre la incidencia del flete en la producción agrícola, en las zonas cercanas a las terminales portuarias del Gran Rosario el costo logístico ronda el 10% del valor de la producción, pero en los departamentos más alejados del norte santafesino trepa por encima del 20% de promedio y se acerca al 30% en ciertos cultivos. 

En Salta, un relevamiento entre referentes del agro, el vino, la industria y la minería estimó que el mal estado de rutas y caminos ya suma alrededor de un 30% a los costos de transporte, por mayores tiempos de viaje, desgaste de vehículos y rotura de cubiertas. En el informe el vicepresidente de la Unión Industrial de Salta, Julio Fazio manifestó: “La Ruta 34 está destruida”, el mismo tramo que la Justicia ya ordenó reparar. En Misiones, el gasto ejecutado por Vialidad Nacional cayó un 66,8% en términos reales entre 2023 y 2025, y legisladores reclamaron que los fondos viales vuelvan a las rutas 12 y 14, columna vertebral de la producción yerbatera y forestal. En el Alto Valle rionegrino, las RN 22 y 151, hoy en vías de traspaso provincial, son la salida de la fruta y de la energía de Vaca Muerta. 

La Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) registró que su Índice de Costos del Transporte acumuló un 37% en 2025 y un 27% durante 2026, con el deterioro de la infraestructura vial entre los factores que golpean la rentabilidad del sector. FEPEVINA calcula que el mal estado de las rutas le cuesta al país hasta tres puntos del PBI, y en el Senado se advirtió que cada peso no invertido a tiempo en mantenimiento se termina multiplicando varias veces cuando la ruta ya requiere una rehabilitación completa. Más pasa el tiempo, más costoso será para el aparato productivo. 

La siniestralidad vial 

Los siniestros viales son multicausales. La velocidad, las imprudencias, el clima, el estado del vehículo y el factor humano explican la enorme mayoría de los siniestros. Sin embargo, hay datos que no se pueden ignorar: entre junio y julio de 2026, FEPEVINA relevó 22 siniestros graves en rutas nacionales, con 29 personas fallecidas y más de veinte heridas. Los hechos se distribuyeron sobre una franja amplia de corredores de la RN 5 y la RN 7 a la RN 34, la RN 12 o la RN 40. Y al cruzar los casos con la información técnica disponible, la federación encontró un dato que funciona como señal: de los diecisiete siniestros para los que existía una calificación del estado de la calzada, once ocurrieron en tramos considerados malos.

El relevamiento describe el estado de esas rutas: desde baches profundos, ahuellamientos, banquinas descalzadas, iluminación deficiente, alcantarillas colapsadas hasta falta de señalización. Nada de eso causa por sí solo un accidente, pero todo eso configura el escenario sobre el que un error se vuelve fatal cuando las condiciones del camino no son las adecuadas. 

En este contexto queda entonces una pregunta para la Agenda Pública: ¿quién mantiene aquello que no es rentable mantener, pero que resulta indispensable para que un país permanezca conectado? Si el Gobierno nacional avanza hacia un modelo de concesiones privadas, ¿qué ocurre con los corredores que no tienen el volumen de tránsito suficiente para resultar rentables? Tampoco parece una solución trasladar esa responsabilidad a las provincias que, con sus desigualdades a cuestas, sólo pueden sostener lo que sus presupuestos les permiten. Cuando el mantenimiento de una infraestructura nacional se convierte en una variable de ajuste, lo que se deteriora no son solamente las rutas, también se profundizan las desigualdades en la conectividad entre localidades, la producción y las posibilidades de desarrollo de los distintos territorios del país.

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Índice FADA: los impuestos se llevan más de la mitad de la renta agrícola

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El Índice FADA marcó que, una vez que se pagan los costos de producir, más de la mitad de lo que queda hay que destinarlo a pagar impuestos, el 58,2%. En otras palabras, 58 de cada 100 pesos de renta que genera una hectárea se van para impuestos nacionales, provinciales y municipales. Dentro de los impuestos, la mayor parte sigue siendo nacional y no coparticipable. Representa 55,6% del total de impuestos. Los nacionales coparticipables representan 35,7%, mientras que los provinciales explican 7,8% y los municipales 0,9%.

El Índice FADA marca una participación del Estado del 60,7% en soja, 53,8% en maíz, 55,5% en trigo y 56,8% en girasol

Guerra Rusia-Ucrania: ¿cómo nos afecta?

Las tensiones geopolíticas entre Rusia y Ucrania y las cuestiones logísticas que se desprenden llevaron a que los precios internacionales de los granos suban. El trigo, por ejemplo, aumentó y quedó por encima del nivel de un año atrás. La soja también mostró una mejora, vinculada a cambios en las estimaciones producción de EE.UU. y una mayor demanda de China.

Al mismo tiempo, la urea, que es un fertilizante clave y había hecho subir considerablemente los costos en mediciones anteriores, bajó con fuerza. El precio promedio pasó de 730 dólares por tonelada en junio a 570 en septiembre. En septiembre se necesitan 2,9 toneladas de maíz y 2,4 de trigo para comprar una tonelada de urea. En junio se necesitaban 4 de maíz y 3,4 de trigo

“La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea”, explica Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa FADA. 

“En esta medición vemos cómo los movimientos del mercado internacional pueden modificar la renta agrícola. La mejora de los precios de los granos, junto con la baja de la urea, permitió que el resultado económico o la ganancia del productor mejore. Pero el Estado todavía se queda con una porción mayoritaria de esa renta”, agrega Antonella Semadeni, economista FADA. 

Mejores precios, pero la mochila impositiva sigue pesada

La participación del Estado es levemente menor que la de junio, cuando marcó 61,9%, pero continúa siendo más de la mitad de la renta agrícola. “La leve caída de índice no se dio por cambios en los impuestos argentinos en sí, fue por factores en el contexto internacional”, advierte Fiorella Savarino, economista FADA. “Por un lado, aumentaron los precios de los granos. Por otro, bajó el precio de la urea, uno de los principales insumos para producir. Es una doble influencia sobre la renta: mejora el ingreso por lo que se vende y se reduce el costo de un insumo clave”, explica la economista.

“Esta combinación explica la baja del Índice, pero no cambia el dato de fondo: aún con mejores precios y menores costos para algunos insumos, los impuestos representan más de la mitad de la renta agrícola”, afirma Semadeni

La mejora se dio en los cuatro cultivos analizados. El Índice FADA marca una participación del Estado del 60,7% en soja, 53,8% en maíz, 55,5% en trigo y 56,8% en girasol

El trigo es uno de los casos más claros. El aumento de su precio, combinado con la caída del valor de la urea, permitió que el cultivo mostrara un resultado positivo antes del pago de impuestos. En mediciones anteriores, en cambio, el margen era mínimamente positivo o incluso negativo. Sin embargo, los precios del trigo y el maíz todavía siguen por debajo de sus promedios de los últimos cinco años.

La renta agrícola promedio se distribuye actualmente en 58,2% de impuestos, 27,3% de costo de la tierra y 14,5% de resultado agrícola

El transporte: un costo que mueve la balanza

La mejora en algunos insumos clave, como la urea, no se replica en todos los costos que se enfrentan. Los fletes aún son una cuenta importante para el productor y aumentaron respecto a junio, con una suba todavía mayor si se compara con un año atrás.

Además, su peso cambia según dónde se produce. Cuanto más lejos de los puertos, mayor es la incidencia del transporte. “En una hectárea de maíz, por ejemplo, en Córdoba, San Luis y La Pampa alrededor de 2 de cada 10 camiones de lo que se produce, se destina a pagar el flete”, sostiene Semadeni.

“Por eso, el precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio. Son muchos los factores que entran en juego”, agrega Pisani Claro.

¿Quién se lleva los impuestos?

Dentro de los impuestos, la mayor parte sigue siendo nacional y no coparticipable. Representa 55,6% del total de impuestos. Los nacionales coparticipables representan 35,7%, mientras que los provinciales explican 7,8% y los municipales 0,9%.

Los derechos de exportación o retenciones son uno de los principales componentes. Desde diciembre de 2023, sus alícuotas se redujeron para los principales cultivos, lo que disminuyó su participación dentro de la carga tributaria total. En paralelo, ganaron peso impuestos vinculados al resultado económico, como Ganancias.

El Índice también muestra diferencias entre provincias. El promedio nacional de 58,2% se combina con distintos niveles según el territorio: Córdoba registra 56,9%, Buenos Aires 56,1%, Santa Fe 53,9%, La Pampa 54,7%, Entre Ríos 58,4% y San Luis 55%. Estas diferencias no significan necesariamente que una provincia pague más impuestos en pesos que otra, se dan por la combinación de rindes, precios, costos, fletes e impuestos provinciales y municipales.

En definitiva, septiembre muestra una mejora respecto de junio, explicada principalmente por un escenario internacional que favoreció los precios de los granos y redujo el costo de un insumo clave. Pero el Índice FADA sigue dejando una fotografía contundente: de cada $100 de renta agrícola, $58,2 se destinan a impuestos. Bajó la participación del Estado, pero todavía representa más de la mitad de lo que genera una hectárea.

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