Mister President, gud blis iu

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Hay quienes afirman que quienes no aman a su patria la condenan a nunca crecer, y no parece una idea tan alejada de la realidad. Más allá de la romántica semántica del sentir nacional, es cierto que el camino hacia el crecimiento y desarrollo económico que culmina con la formación de potencias nace desde el posicionamiento. Hoy Argentina está volviendo a mostrar un alineamiento absoluto con Estados Unidos, algo que parece poner en segundo término a los intereses nacionales, sobre todo los de largo plazo. 

Buenos Aires – Washington, sin escalas 

Decir que Milei es un ferviente admirador de Estados Unidos y particularmente de Donald Trump no es una novedad, de hecho, a cada paso en política exterior, es más notoria la cercanía política. Ciertamente a Estados Unidos no le importa demasiado Argentina, no tenemos mucho que ofrecerles más que algún voto en la ONU… siempre y cuando no hablemos de recursos. 

Recién a final del siglo XIX es que comenzaron a aceitarse las relaciones bilaterales con el comercio internacional, principalmente de carne y trigo desde nuestro país hacia el norte, además de la senda inversión en ferrocarriles, no dejando pasar por alto la famosa “importación” de maestras de Estados Unidos bajo el mandato de Sarmiento.

Ya a principios del siglo XX, la batalla en los frigoríficos argentinos era entre Estados Unidos y Reino Unido, y de hecho, este último ganaría la pulseada por la economía nacional debido al nefasto pacto Roca-Runciman en 1933 que le concedía prácticamente el monopolio del comercio argentino a cambio de mantener la compra de carne. 

Con la llegada de Juan Domingo Perón la relación se tensó bastante, sobre todo por la famosa “Tercera Posición” del entonces presidente argentino que no se alineaba ni con Estados Unidos ni con la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, en pleno contexto de Guerra Fría. 

De hecho, como dato de color, tras la caída de Perón en 1955 por el bombardeo a Plaza de Mayo, un puñado de años después, Argentina ingresa al Fondo Monetario Internacional, un ente multilateral con evidente influencia estadounidense. 

Los dos tres momentos de mayor cercanía entre Estados Unidos y Argentina se dan en la última dictadura cívico-militar con la adopción de políticas “neoliberales” y la doctrina de los Chicago Boys. Después, el menemismo y los 90’s con la Convertibilidad y la cercanía diplomática en la ONU y en conflictos de extranjeros como la Guerra del Golfo, a tal punto de ser considerado como un aliado extra-OTAN. Finalmente, el macrismo representó un punto de cercanía entre Washington y Buenos Aires, sobre todo en materia comercial y lucha contra el narcotráfico. 

¿Qué tienen en común estos gobiernos? La falta de concepción nacional en el desarrollo, el debilitamiento de la industria nacional y el endeudamiento. No se trata de vanagloriar al kirchnerismo por su política exterior, que demostró cercanía a regímenes como el ruso, el chino o el iraní, sino qué lugar ocupa la nación propia a la hora de representar intereses. Si hay algo que está claro es que aquel que se arrastró por Estados Unidos nunca tuvo un final feliz. 

Make Milei Great Again 

¿Que puede ofrecer nuestro país para que Estados Unidos nos dé tanto respaldo?  Si bien no hay una respuesta única, sí hay una tesitura que se desprende de las experiencias paralelas y previas que tiene el Tio Sam con otras zonas del mundo: endeudamiento y ocupación. 

Difícilmente en el corto plazo Argentina tenga cómo devolverle al Tesoro de Estados Unidos si se ejecuta un swap o un préstamo, debido a la propia dinámica del mercado y de las condiciones estructurales de nuestra economía. Sin embargo, hay algo que Argentina tiene y a Estados Unidos le importa mucho: recursos naturales y minerales. 

Por dónde se mire en un mapa, Argentina goza de una riqueza absoluta con minerales como litio y cobre, por nombrar algunos de ellos, como así también extensas tierras y ecúmenes en cuántas regiones se observe. En el caso del litio, es menester aclarar que Argentina forma parte del triángulo de este mineral, compuesto además por Chile y Bolivia, detentando alrededor del 70% de la producción mundial, lo cual lo hace un punto de vital atracción para las potencias. 

Por otro lado, algo que podría interesar al Tío Sam es el posicionamiento geopolítico de Argentina. Nuestro país goza de un territorio extenso, en donde la instalación de bases militares y de investigación podrían ser claves para la inteligencia y operatividad de Estados Unidos. 

Sin ir más lejos, la Triple Frontera es un eterno lugar de interés y, además, de profunda utilidad geopolítica por su cercanía con Paraguay y Brasil, comprendiendo el comercio internacional y el delito transnacional fronterizo. 

Es también importante dedicar palabras al cipayismo rojo. Mucho se critica la postura libertaria en cuanto a relaciones carnales con Estados Unidos mantenga, sin embargo, es igual de grave aquellos que se casan con China. 

El gigante rojo es la otra gran potencia global con intereses en la República Argentina. Creer que China es más “bueno” que Estados Unidos es ingenuo. En términos de capital, es imposible establecer una diferencia en cuanto a relación de intercambio desigual. Tanto China como Estados Unidos buscan sacar provecho de Argentina por el mínimo esfuerzo o retribución posible. Aquellos quienes creen que uno es mejor que otro sólo afirma una falta de compromiso nacional, sea de izquierda como de derecha. 

“Si ellos son la patria, yo soy extranjero”, dice la canción Botas Locas de Sui Generis. Hoy parece más real que nunca. Quienes no tengan aspiraciones de defender a la patria que los vio nacer para embanderarse por un puñado de monedas, nunca verá los frutos del desarrollo. 

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