Misiones y la paradoja económica argentina: récord exportador con consumo en retroceso
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Hay una escena económica que resume con bastante precisión el momento actual de la Argentina y que, en Misiones, aparece con una nitidez pocas veces vista: mientras las exportaciones provinciales alcanzan niveles récord, el consumo interno sigue deprimido. Dicho de otro modo: la provincia vende más al mundo, pero vende menos puertas adentro. Y aunque a primera vista parezca una contradicción, en realidad se trata de uno de los rasgos más distintivos del nuevo esquema económico argentino.
Los datos son contundentes. Durante el primer cuatrimestre de 2026, Misiones exportó por USD 155,5 millones, con un crecimiento interanual del 4,8% y alcanzando la mejor marca para ese período desde 2011. Más aún: se trata del segundo mejor primer cuatrimestre de los últimos veinticinco años.
En paralelo, las ventas en supermercados de la provincia cayeron 4,3% real interanual en marzo y acumulan once meses consecutivos de retroceso. El acumulado del primer trimestre, además, muestra una baja del 8,5% respecto al mismo período del año anterior.
La convivencia de ambos fenómenos no es casual. Es, en gran medida, el resultado directo del modelo económico libertario que vive la Argentina desde la asunción de Milei a la presidencia.
Durante años, la economía argentina estuvo estructurada alrededor del mercado interno: puja redistributiva vía salarios que, con volatilidades, acompañaba o incluso superaba el aumento de precios; expansión del consumo con planes de fomento o bien, vía emisión monetaria y crédito subsidiado y fuerte intervención estatal, entre otras cosas.
Ese esquema generaba cierto dinamismo comercial interno, pero también una enorme fragilidad macroeconómica: déficit fiscal crónico, inflación descontrolada, escasez de divisas y recurrentes crisis cambiarias.
El programa económico actual modificó drásticamente esa lógica. El eje pasó a centrarse, de manera innegociable, en el equilibrio fiscal, la desregulación y la apertura (en muchos casos, indiscriminada) de la economía, con fuerte apoyo en actividades productivas de alta demanda global como la energía, la minería y el agro. En ese contexto, las provincias se mueven de manera heterogénea: aquellas que cuentan con fuerte presencia de esos sectores comenzaron a mostrar un desempeño relativamente mejor que aquellas que no lo tienen pero, a la par, la mayoría de las provincias igualmente mejoraron su canasta exportadora, en parte por mejores precios, en parte por mayor demanda global y en parte por desregulaciones. Pero el boom del frente externo convive con una depresión del frente interno.
En el marco de una apertura comercial más fuerte, Misiones tiene características productivas que le permiten adaptarse mejor a esta nueva dinámica. Su matriz exportadora posee un importante componente agroindustrial y manufacturero. Las Manufacturas de Origen Agropecuario explicaron el 54,5% de las exportaciones provinciales en el primer cuatrimestre y crecieron 5,8% interanual, mientras que los Productos Primarios avanzaron 26,5%. Además, la provincia logró incrementar no solo el valor exportado sino también las cantidades vendidas: Misiones exportó 232.617 toneladas, el mayor volumen para un primer cuatrimestre desde 2006.
Esto último es particularmente relevante porque revela que no se trata solamente de un efecto precio o cambiario. Hay efectivamente más producción colocándose en mercados externos. Incluso hay otro dato que ayuda a entender por qué Misiones aparece relativamente fortalecida en el frente externo: la provincia exhibe el mayor precio promedio de exportación del NEA, con USD 669 por tonelada, muy por encima de Chaco, Corrientes y Formosa. Eso habla de una estructura exportadora con mayor valor agregado relativo, algo no menor en un contexto donde la competitividad ya no depende únicamente de un salto devaluatorio sino también de productividad, escala y diferenciación.
Sin embargo, mientras el sector exportador encuentra incentivos y oportunidades, el mercado interno continúa atravesando una fuerte contracción. Y aquí aparece el núcleo de la paradoja.
La estabilización macroeconómica en Argentina se produjo mediante un severo ajuste sobre los ingresos reales. El gobierno nacional, entre otras cosas, redujo drásticamente el gasto público y eliminó todo tipo de mecanismos expansivos para sostener el consumo. La inflación, aunque todavía elevada, comenzó a bajar, pero lo hizo luego de una licuación muy fuerte de salarios y jubilaciones. En otras palabras, el orden macroeconómico se reconstruyó a costa de una significativa caída del poder adquisitivo.
Ese proceso impacta directamente sobre el comercio minorista y particularmente sobre el otro indicador que conocimos esta semana: las ventas en supermercados que, aunque no reflejan el 100% del consumo minorista, ilustran una buena foto para entender la situación actual, ya que se trata de un indicador de consumo masivo que, a la vez, marca con buena precisión la pérdida de poder de compra. Cuando los hogares ajustan gastos, lo primero que ocurre es una reducción en compras no esenciales, sustitución de marcas y menor frecuencia de consumo. Los datos de Misiones muestran precisamente eso: por ejemplo, en marzo hubo una leve mejora en el rubro “Almacén”, que creció 4,1% interanual, pero fue su primer incremento en un año, mostrando así que venía sufriendo fuertes golpes; algo similar se ve para el caso de verduras y frutas, cuya suba de marzo fue relativamente aislada.
A la par, consumos no esenciales (ejemplo: electrónica) muestran todavía significativas caídas.
Esto muestra que el modelo económico vigente parece estar produciendo una reorganización estructural de la economía argentina, donde algunas variables macroeconómicas muestran mejoras al mismo tiempo que gran parte de la sociedad percibe deterioro económico. La pregunta que ya nos hicimos un millón de veces es si esto es sostenible en el tiempo.
Los más optimistas afirman que si la inflación continúa bajando y los salarios comienzan lentamente a recomponerse en términos reales, podría aparecer una recuperación gradual del mercado interno sin poner en riesgo el orden fiscal y monetario. En ese caso, el fortalecimiento exportador funcionaría como base para un crecimiento más sólido y menos dependiente de ciclos artificiales de consumo. Además, agregan un segundo factor: la capacidad del sector exportador de generar encadenamientos productivos y empleo de calidad.
Pero lo más pesimistas, lejos de ver ese escenario, ven un escenario de inflación aún en niveles altos, un mercado basado en el “sálvense quien pueda”, abandono estatal al fomento al consumo y a la producción nacional y un crecimiento exportador concentrado en pocos actores económicos sin lograr derramar actividad hacia el resto de la economía.
En Misiones, este desafío es especialmente importante porque la provincia posee una estructura económica muy heterogénea. Conviven complejos exportadores dinámicos con un entramado comercial y de servicios fuertemente dependiente del consumo interno. Por eso, el éxito exportador por sí solo no alcanza para garantizar bienestar generalizado. Aun así, sería un error minimizar la relevancia del récord exportador actual. En una Argentina históricamente condicionada por la falta de dólares, que Misiones logre alcanzar su mejor desempeño exportador desde 2011 tiene un enorme valor estratégico. Más todavía considerando que lo hace con altos niveles de valor agregado relativo y liderando ampliamente las exportaciones del NEA.
La verdadera discusión, entonces, no debería ser exportaciones versus consumo, sino cómo construir una economía capaz de sostener ambas dimensiones simultáneamente. Argentina necesita dólares genuinos para estabilizarse, pero también necesita recomponer ingresos y demanda interna para evitar una fragmentación económica y social creciente.
Misiones hoy funciona casi como una síntesis del momento argentino: una provincia que muestra fortaleza productiva hacia afuera y debilidad comercial hacia adentro. Un territorio donde la macroeconomía empieza a ordenarse mientras gran parte de la microeconomía todavía sigue bajo tensión. Y quizás allí radique la principal enseñanza del presente económico nacional: estabilizar era condición necesaria, pero claramente todavía no alcanza para garantizar una recuperación integral.
