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Banco Mundial moviliza US$112.000 millones de capital privado y pone el empleo en el centro

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El Grupo Banco Mundial movilizó US$112.000 millones de capital privado durante el ejercicio 2026, el mayor volumen de su historia y más del triple que cuatro años atrás. Sumados los recursos propios de la institución, el financiamiento total destinado o movilizado hacia economías en desarrollo superó los US$200.000 millones, en una estrategia que busca utilizar garantías, financiamiento y capacidad técnica para reducir barreras a la inversión privada y ampliar la generación de empleo.

El resultado marca un cambio de escala para una política que los accionistas y clientes del organismo vienen impulsando desde hace varios años: utilizar los recursos públicos del Grupo Banco Mundial no solamente para financiar proyectos directamente, sino también para disminuir riesgos y atraer capital privado hacia sectores y países donde las condiciones de inversión son más complejas.

En 2022, el capital privado movilizado por el organismo había alcanzado US$35.000 millones. Cuatro años después llegó a US$112.000 millones. El incremento no se concentró exclusivamente en los mercados de mayor ingreso. Los países de ingreso mediano bajo pasaron de recibir US$14.000 millones de capital privado movilizado a US$37.000 millones, mientras que los de ingreso mediano alto saltaron de US$12.000 millones a US$50.000 millones.

En los países de ingreso bajo, donde las dificultades para atraer inversión privada son mayores, el volumen se mantuvo alrededor de los US$3.000 millones. En África, en cambio, la movilización aumentó desde unos US$9.000 millones en 2022 hasta US$22.000 millones en 2026, un crecimiento cercano al 150%.

La garantía como herramienta para destrabar inversión

Una de las piezas centrales de esta estrategia son las garantías. Durante el ejercicio 2026, el Grupo Banco Mundial emitió más de US$25.000 millones en garantías y superó cuatro años antes de lo previsto el objetivo de alcanzar US$20.000 millones anuales en 2030.

El crecimiento estuvo liderado por la Plataforma de Garantías del Grupo Banco Mundial, creada en 2024 para ofrecer un punto de acceso único a los productos de garantía de las distintas ramas de la institución. La lógica financiera detrás de la herramienta es relativamente sencilla: cuando determinados riesgos son demasiado elevados para un inversor privado, una garantía institucional puede mejorar las condiciones de una operación y hacer posible una inversión que, de otro modo, no se concretaría.

La apuesta del organismo es llevar ese mecanismo más allá de proyectos aislados. En los últimos tres años modificó procesos internos para acercar las áreas vinculadas con el sector público y el privado, simplificar operaciones y ofrecer un único punto de contacto en cada país. También comenzó a elaborar estrategias integradas a partir de las necesidades y prioridades específicas de cada economía.

Ajay Banga, presidente del Banco Mundial, sostuvo que la institución recibió de sus accionistas y clientes el mandato de utilizar mejor su financiamiento y conocimiento para movilizar capital privado. Según planteó, el desafío ahora consiste en que esos recursos lleguen a lugares donde puedan generar oportunidades y empleos.

El problema que está detrás de los números: empleo

La dimensión económica de la estrategia adquiere otra relevancia cuando se la cruza con la evolución demográfica. Según el Grupo Banco Mundial, alrededor de 1.200 millones de jóvenes en economías en desarrollo alcanzarán la edad laboral durante los próximos 10 a 15 años, mientras que las proyecciones apuntan a la creación de aproximadamente 420 millones de puestos de trabajo.

La brecha entre ambos números coloca al empleo en el centro de la agenda de financiamiento. No se trata solamente de atraer capital para aumentar la inversión: el objetivo es que esa inversión se transforme en capacidad productiva y puestos de trabajo.

El sector privado tiene un papel determinante en esa ecuación. El organismo estima que genera nueve de cada diez empleos en las economías en desarrollo. Por eso, su estrategia combina financiamiento con políticas destinadas a mejorar el entorno en el que operan las empresas.

La agenda se organiza alrededor de tres pilares: infraestructura física y humana, condiciones regulatorias que faciliten la actividad empresarial y expansión de las empresas privadas. Sobre esa base, el Banco Mundial concentra esfuerzos en cinco sectores considerados con alto potencial para generar demanda laboral a escala: infraestructura y energía, agroindustria, salud, turismo y manufacturas de mayor valor agregado.

Durante el ejercicio 2026, el 55% del financiamiento total, incluyendo recursos propios y capital movilizado, se destinó a esos sectores.

El desafío cambia: pasar de movilizar capital a distribuirlo mejor

El récord de US$112.000 millones modifica también la pregunta que enfrenta el organismo. La cuestión ya no pasa únicamente por cuánto capital puede atraer, sino por cuántas fuentes distintas puede incorporar y hacia qué proyectos puede dirigirlas.

El Grupo Banco Mundial trabaja ahora sobre mecanismos de originación y distribución destinados a estructurar inversiones para luego distribuirlas entre inversores institucionales de mayor escala. El objetivo es conectar fondos de largo plazo de todo el mundo con oportunidades de inversión en economías en desarrollo.

Ese punto resulta particularmente relevante porque el problema de financiamiento de los países en desarrollo no se limita a la disponibilidad global de capital. También intervienen el riesgo cambiario, la regulación, la capacidad institucional, la profundidad de los mercados financieros y la posibilidad de estructurar proyectos con retornos previsibles.

Por eso, la estrategia incorpora herramientas de financiamiento en moneda local, garantías, instrumentos de capital y mecanismos para enfrentar riesgos cambiarios. El Laboratorio para la Inversión del Sector Privado complementa esa tarea mediante la identificación de obstáculos concretos que frenan la inversión y la elaboración de propuestas para removerlos.

Deuda, inversión y empleo: la nueva ecuación

La estrategia del Banco Mundial refleja una transformación en la arquitectura del financiamiento para el desarrollo. El Estado y los organismos multilaterales no abandonan el financiamiento directo, pero buscan utilizarlo como una palanca para multiplicar recursos privados.

El desafío consiste en que ese efecto multiplicador no quede concentrado en los mercados con mejores condiciones iniciales. El hecho de que los países de ingreso bajo mantengan una movilización cercana a los US$3.000 millones muestra que todavía existe una diferencia importante entre atraer capital hacia economías de riesgo relativamente menor y hacerlo allí donde las restricciones son estructurales.

La nueva etapa, por lo tanto, no se mide únicamente por el récord alcanzado en 2026. La prueba será si las garantías, la reducción de riesgos y la simplificación de procesos consiguen convertir capital internacional en infraestructura, empresas, producción y empleos en territorios que todavía tienen dificultades para acceder a financiamiento de largo plazo.

La consigna del organismo es ampliar simultáneamente las fuentes de capital y los destinos de la inversión. El resultado buscado es una ecuación en la que cada dólar de financiamiento público pueda ayudar a movilizar varios dólares privados y, finalmente, transformar esa inversión en capacidad productiva y oportunidades laborales. Allí estará la medida más concreta del éxito de esta estrategia.

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Más trabajadores, pero no necesariamente mejor empleo: el desafío laboral de Posadas

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El mercado de trabajo de Posadas, según los últimos datos difundidos esta semana, vuelve a mostrar que, pese a que se observan algunas mejoras, todavía existen muchos desafíos para recomponer el entramado laboral del aglomerado que, más allá de continuar exhibiendo los mejores indicadores de la región, aún está lejos de lo que se supo ser años atrás. 

La tasa de actividad de Posadas mostró su mejor resultado en dos años: alcanzó el 47,3%, el mejor registro desde el segundo trimestre de 2024, expandiéndose 1,2 puntos porcentuales respecto a igual período del año anterior. Son 188 mil posadeños los que forman parte de la población económicamente activa, unos 7 mil más que hace un año atrás. Esto implica una mayor presión de la población sobre el mercado laboral, que puede responder tanto a una mejora en las expectativas de inserción, que lleva a más personas a salir a buscar empleo, como a una mayor necesidad de generar ingresos en los hogares.

Sin embargo, el mercado laboral no logró absorber completamente esta mayor oferta de trabajadores. La tasa de empleo alcanzó el 44,5%, apenas 0,4 puntos porcentuales por encima de un año atrás, con 177 mil personas ocupadas, unas 4 mil más que en el segundo trimestre de 2025. En paralelo, la tasa de desocupación trepó al 5,9%, 1,6 puntos porcentuales más que un año atrás, alcanzando a unas 11 mil personas: unas 3 mil más que en 2025.

El resultado muestra, por lo tanto, una expansión de la oferta laboral mayor que la capacidad de generación de empleo: de las siete mil personas que se incorporaron a la población activa durante el último año, unas cuatro mil lograron insertarse laboralmente, mientras que cerca de tres mil permanecieron en búsqueda activa de empleo. De este modo, el aumento de la actividad no puede interpretarse exclusivamente como una mejora del mercado laboral: refleja también una mayor presión sobre este, dado que la incorporación de nuevos trabajadores fue acompañada por un incremento de la desocupación.

Al mismo tiempo, otros indicadores permiten profundizar la lectura sobre la situación actual del mercado laboral. En particular, la tasa de subocupación, que comprende a las personas ocupadas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y están disponibles para trabajar más horas, se ubicó en 10,8%, prácticamente en el mismo nivel que un año atrás (10,9%), aunque significativamente por debajo del 15,1% registrado en 2024. En términos absolutos, alcanza a unas 20 mil personas, sin variaciones respecto del mismo período de 2025.

Dentro de este universo pueden distinguirse dos grupos. Por un lado, los subocupados demandantes, es decir, quienes además de trabajar menos horas de las que desean buscan activamente otra ocupación, representan el 9,7% de la población económicamente activa, frente al 10% de un año atrás. En términos absolutos, sin embargo, continúan siendo unas 18 mil personas. Por otro lado, los subocupados no demandantes representan el 1,2% de la PEA, frente al 0,9% del año anterior, y alcanzan a unas 2 mil personas.

A este escenario se suma otro indicador de presión sobre el mercado laboral: la tasa de ocupados demandantes, que comprende a quienes tienen un empleo pero buscan activamente otra ocupación. En el segundo trimestre alcanzó el 11,1%, manteniéndose en el mismo nivel que un año atrás, y comprende a unas 21 mil personas.

Así las cosas, podemos sintetizar la situación de esta manera: el mercado laboral de Posadas muestra una mayor participación, pero también una presión creciente sobre la capacidad de generación de empleo. La población activa aumentó en unas 7 mil personas durante el último año, aunque el empleo sólo incorporó alrededor de 4 mil, mientras que la desocupación sumó unas 3 mil personas. Al mismo tiempo, la subocupación se mantiene prácticamente estable respecto de 2025 y muy por debajo de los niveles de 2024, por lo que no se observa un deterioro generalizado en este aspecto. Sin embargo, persiste una importante demanda de trabajo entre quienes ya están ocupados, con unos 18 mil subocupados que buscan activamente otra ocupación y otros 21 mil ocupados que también se encuentran buscando empleo. 

De este modo, Posadas presenta un mercado laboral más activo, pero también más exigido: hay más personas participando y trabajando, aunque la economía local todavía enfrenta dificultades para absorber plenamente la nueva oferta laboral y para satisfacer las necesidades de quienes buscan mejorar o complementar su inserción.

Ahora bien, cabe hacer un stop momentáneo para volver a algo mencionado anteriormente: la tasa de empleo, aun en este contexto, creció y se incorporaron cuatro mil nuevos ocupados en un año. ¿Cómo puede entenderse este fenómeno en el marco de la destrucción sistemática de empleo privado que se observa mes a mes en los registros oficiales? Si bien no puede saberse con exactitud, ya que los datos del INDEC recién se conocerán el próximo 4 de noviembre cuando se publique la base de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares para este período en análisis, hay algunos elementos que nos permiten inferir la situación. 

El empleo registrado en el sector privado viene cayendo mes a mes y por ende, no puede ser el factor de empuje del empleo total en Posadas; por ende, la razón central de los resultados analizados estaría, como se viene viendo en el último tiempo, en el crecimiento tanto de la informalidad como del cuentapropismo. En el primer caso, a nivel nacional la informalidad pasó del 43,2% en el segundo trimestre 2025 al 45,0% en el 2026; para el caso del cuentapropismo, esta modalidad de trabajo pasó de explicar el 23,7% del empleo total en 2025 al 25,5% en 2026. Si queremos verlo respecto a la población, los trabajadores asalariados caen 0,7% interanual (-66 mil personas) mientras que la población de cuentapropistas se incrementó en 9,7% en el país (+307 mil personas); a su vez, los trabajadores informales en todas sus modalidades crecieron 6,0% (+348 mil personas).

En este sentido, el crecimiento del empleo total en Posadas no necesariamente contradice la persistente destrucción de empleo privado registrado: ambas dinámicas pueden coexistir porque el aumento de las ocupaciones estaría produciéndose por fuera de ese segmento. Los datos nacionales aportan elementos en esa dirección: mientras cae el empleo asalariado, crecen con fuerza el cuentapropismo y el empleo informal. El resultado es una recomposición del mercado laboral hacia formas de inserción de menor calidad, estabilidad y protección: hay más personas ocupadas, pero una proporción creciente lo hace como independientes o en condiciones de informalidad, mientras pierde peso el empleo asalariado registrado.

Por lo tanto, el dato positivo del aumento del empleo total debe ser relativizado desde una perspectiva cualitativa. No se trataría tanto de una expansión sólida y generalizada del empleo como de una sustitución parcial de puestos de mayor calidad por ocupaciones más precarias. En otras palabras, Posadas estaría logrando incorporar trabajadores al mercado laboral, pero con una estructura ocupacional que presenta señales de mayor informalidad y menor estabilidad. 

¿Qué tan lejos está Posadas de volver a sus picos? Lamentablemente, aún lejos. Hay que recordar que en el 2° trimestre pero de 2022, el aglomerado alcanzó sus máximos históricos con un 50,9% de actividad, 49,6% de empleo y apenas 2,6% de desocupación. En ese momento, se convirtió en el aglomerado del país con los mejores indicadores, quedando solo debajo de CABA en el ranking nacional. ¿Qué se necesitaría para llegar a esos números hoy? Tomando como base la población total actual de Posadas, volver al 50,9% de actividad implicaría incrementar esa población en unas 14 mil personas, y para alcanzar el 49,6% de empleo la población ocupada debería crecer en 20 mil personas, a la vez que las personas desocupadas deberían descender en una 6 mil. 

La recuperación del mercado laboral posadeño todavía tiene un recorrido importante por delante. El desafío no pasa únicamente por recuperar los niveles de actividad y empleo alcanzados en aquel momento, sino por hacerlo sobre una base laboral diferente a la actual. La mayor participación de la población debe traducirse en oportunidades efectivas de trabajo, pero también en una expansión simultánea del empleo formal, estable y de mayor calidad. Solo una generación de empleo que combine cantidad y calidad permitiría romper con la dinámica actual, en la que el crecimiento de la ocupación convive con una mayor informalidad y un mayor peso del cuentapropismo, y avanzar hacia una recuperación laboral genuina y sostenible.

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Posadas mejoró la tasa de empleo, pero también creció la desocupación por mayor demanda

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Al segundo trimestre del 2026, el aglomerado de Posadas exhibió incrementos de su tasa de  empleo, tanto en la comparación trimestral como interanual. Sin embargo, mostró al mismo tiempo una suba de la tasa de desocupación, explicada por mayor demanda de trabajo por una expansión de la población económicamente activa.  

• La Tasa de Actividad se ubicó en 47,3%, la mayor desde mediados de 2024. Presentó un incremento de 1,2 puntos porcentuales (p.p.) en la comparación  interanual, incorporando a siete mil personas a la población económicamente activa contra igual período del 2025. Respecto al trimestre anterior (1° de 2026), la tasa de actividad también mostró una suba: fue de +0,8 p.p., con cuatro mil nuevos activos. 

En el plano regional, Posadas presentó la mayor tasa del NEA, al tiempo que se ubicó 17° entre 32 aglomerados urbanos en el ranking nacional. 

• La Tasa de Empleo fue del 44,5% en Posadas. Dicha cifra representa un incremento de 0,4 puntos contra el igual trimestre del 2025, variación que produjo que la población ocupada crezca en cuatro mil personas en el último año. Además, en la comparación trimestral esta tasa se incrementó en 0,2 puntos porcentuales, con mil nuevos ocupados en los últimos tres meses. El aglomerado misionero también lidera en el NEA en esta tasa, y en el ranking nacional se ubica 14°. 

• La Tasa de Desocupación fue del 5,9%, la mayor desde el primer trimestre de 2025. Esta tasa presentó una importante suba en la comparación interanual con +1,6 puntos porcentuales, lo que representa el aumento de la población desocupada en dos mil personas respecto a igual período del 2025. Además, contra el trimestre anterior, la tasa se incrementó en 1,2 p.p., sumando dos mil personas a la  población desocupada. En el NEA, Posadas exhibió la segunda tasa de desocupación más baja de la región y se ubica 21° en el país.

Mayor empleo y mayor desocupación al mismo tiempo

Los datos del segundo trimestre muestran una dinámica particular del mercado de trabajo de Posadas: crecieron simultáneamente la actividad, el empleo y la desocupación. Esto no implica una contradicción, sino que refleja una mayor presión sobre el mercado laboral. En el último año, la población económicamente activa creció y se expandió en siete mil personas, mientras que la cantidad de ocupados aumentó en cuatro mil. Es decir, el  mercado incorporó nuevos trabajadores, pero no logró absorber a todas las personas que se sumaron a la búsqueda de empleo. Como resultado, la mayor participación laboral permitió que creciera el empleo, pero también elevó la cantidad de personas desocupadas. 

La tasa de actividad avanzó 1,2 p.p. interanual, mientras que la tasa de empleo lo hizo en 0,4 p.p. y la desocupación aumentó 1,6 p.p. La misma dinámica se observa en la comparación trimestral: hubo más activos y más ocupados, pero el incremento de la fuerza laboral fue superior al crecimiento del empleo, llevando la desocupación al 5,9%. 

En este sentido, el principal dato del trimestre es la importante expansión de la población activa que si bien logró ser absorbida parcialmente por empleo, no lo hizo de manera completa, incrementado así la tasa de desocupación. Posadas presenta así un escenario de mayor participación de la población en el mercado de trabajo, acompañado por una generación de empleo positiva, aunque insuficiente para absorber plenamente ese aumento de la actividad. 

En línea con la tendencia histórica, Posadas volvió a mostrar las mayores tasas de actividad y empleo en la región del NEA. En relación con la tasa de actividad, el 47,3% de Posadas se posiciona no solo por encima de la media regional (45,4%) sino también del resto de los aglomerados: Corrientes marcó 44,9%; Formosa 44,4% y Gran Resistencia 44,7%. 

A nivel nacional, Posadas se ubicó 17° entre 32 aglomerados medidos, por debajo del nivel  nacional (48,9%). 

Respecto a la tasa de empleo, el 44,5% de Posadas también se ubica al frente en la región, con una fuerte distancia sobre el resto: la secunda Formosa con 42,3% seguida de Gran Resistencia (41,3%) y Corrientes (40,8%) y también muy por encima de la media regional  (42,2%). A nivel nacional, se ubicó 14°, también por debajo de la media nacional (45,0%). 

Por su parte, la tasa de desocupación de Posadas fue la segunda más baja del NEA, solo por encima de Formosa (4,8%) y por debajo del Gran Resistencia (7,5%) y Corrientes (9,1%), quedando también detrás de la media regional NEA (7,0%). En el plano nacional, Posadas tiene la 12° tasa de desocupación más baja del país.

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El desempleo trepó al 7,9%, el nivel más alto en cinco años, y la informalidad alcanzó al 45%

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El mercado laboral argentino volvió a mostrar señales de deterioro en el segundo trimestre de 2026. La desocupación subió al 7,9%, el registro más alto desde 2021, mientras que la informalidad laboral escaló al 45%, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). La combinación expone un problema que excede la cantidad de puestos de trabajo: no sólo aumentó la población que busca empleo y no lo consigue, sino que también creció el peso de quienes trabajan fuera de los circuitos formales.

La desocupación alcanzó así su mayor nivel en cinco años, desde el período en que la economía todavía atravesaba la salida de la pandemia. En todo el país, unas 1,8 millones de personas estaban desocupadas y alrededor de 10,2 millones trabajaban en la informalidad. En este último caso, la tasa aumentó un punto porcentual frente al mismo trimestre del año anterior, una variación que el propio INDEC considera estadísticamente significativa.

El dato adquiere mayor dimensión porque el deterioro no aparece tanto en las grandes tasas agregadas como en la calidad del trabajo disponible. La actividad y el empleo no exhibieron movimientos bruscos respecto del trimestre anterior, pero debajo de esa relativa estabilidad avanzó la precariedad laboral: casi uno de cada dos trabajadores quedó fuera de un empleo formal. Es una señal de las dificultades que mantiene la economía para transformar actividad en puestos registrados y de mayor calidad.

En ese contexto, el mercado laboral de Posadas ofrece dos caras. La tasa de desocupación se mantiene por debajo del promedio regional y nacional, pero una parte importante de quienes consiguieron insertarse laboralmente necesita más trabajo.

Los nuevos datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), difundidos este jueves por el INDEC, ubican la desocupación en Posadas en 5,9% durante el segundo trimestre de 2026, frente al 7% del NEA y el 7,9% registrado en los 31 aglomerados urbanos relevados en el país.

Es una diferencia relevante. Pero no alcanza para describir por sí sola lo que está sucediendo.

Posadas registró una tasa de actividad de 47,3% y una tasa de empleo de 44,5%. En ambos casos quedó por encima del promedio del Nordeste, donde la actividad alcanzó 45,4% y el empleo 42,2%. A nivel nacional, en cambio, esos indicadores fueron ligeramente superiores: 48,9% y 45%, respectivamente.

Posadas tiene una mayor proporción de su población incorporada al mercado laboral que el promedio del NEA y, al mismo tiempo, una menor tasa de desempleo.

Sin embargo, la comparación temporal muestra un deterioro más marcado. La desocupación pasó del 4,7% en el primer trimestre al 5,9% en el segundo trimestre de 2026, una suba de 1,2 puntos porcentuales en apenas tres meses. Frente al mismo período de 2025, cuando había sido del 4,3%, el aumento fue todavía mayor: 1,6 puntos. En el promedio de los 31 aglomerados urbanos del país, en cambio, el desempleo pasó de 7,8% en el primer trimestre a 7,9% en el segundo; y frente al segundo trimestre de 2025, cuando se ubicaba en 7,6%, aumentó 0,3 puntos porcentuales. 

Así, aunque Posadas continúa con una tasa considerablemente menor que la media nacional, la evolución reciente muestra un empeoramiento más pronunciado. 

El matiz aparece cuando se mira la calidad y la intensidad de esa inserción.

Más búsqueda de horas

La subocupación alcanzó en Posadas el 10,8%, muy cerca del 11,5% nacional y bastante por encima del 5,9% promedio del NEA.

Más significativo todavía es lo que ocurre dentro de ese universo. La subocupación demandante llegó al 9,7%: son personas que trabajan menos de 35 horas semanales, están dispuestas a trabajar más y además buscan activamente otra ocupación o ampliar su jornada.

Ese indicador prácticamente duplica al promedio regional, de 4,3%, y supera también el 8% registrado para los 31 aglomerados urbanos del país.

Es probablemente el dato que mejor permite leer el mercado laboral posadeño más allá de la tasa de desempleo: hay relativamente menos personas completamente fuera del empleo, pero una franja importante de quienes trabajan considera insuficiente la cantidad de horas laborales que consigue.

También el 11,1% de los ocupados de Posadas aparece como demandante de empleo, es decir, tiene una ocupación pero busca activamente otra. En este indicador la capital misionera supera al promedio del NEA, de apenas 7,9%, aunque permanece claramente por debajo del 16,9% nacional.

Sobre una población de referencia de 397 mil habitantes en Posadas, unas 188 mil personas integraban la población económicamente activa durante el segundo trimestre. De ellas, alrededor de 177 mil estaban ocupadas y 11 mil desocupadas.

Pero el universo de trabajadores que buscaba mejorar su inserción era mayor: aproximadamente 21 mil ocupados estaban buscando otro empleo y 20 mil personas se encontraban subocupadas.

La fotografía regional también muestra diferencias importantes.

Corrientes presentó la mayor desocupación del NEA, con 9,1%. Le siguieron Gran Resistencia, con 7,5%; Posadas, con 5,9%; y Formosa, con 4,8%.

Sin embargo, las tasas locales deben leerse con cautela. El propio INDEC advierte sobre las estimaciones con coeficientes de variación elevados. En el caso específico de la desocupación de Posadas, el coeficiente de variación es de 20% y el intervalo de confianza del 90% va de 4% a 7,9%.

El NEA, con menor participación laboral

Hay otra particularidad estructural detrás de los números.

El Nordeste registró una tasa de actividad de apenas 45,4%, contra 48,9% del promedio nacional. También la tasa de empleo regional, de 42,2%, quedó casi tres puntos por debajo del 45% del conjunto de los 31 aglomerados.

En todo el país, el segundo trimestre cerró con una tasa de actividad de 48,9%, empleo de 45% y desempleo de 7,9%. El INDEC estimó 14,7 millones de personas económicamente activas dentro de los aglomerados relevados, 13,6 millones ocupadas y alrededor de 1,2 millones desocupadas.

En comparación con un año atrás, el desempleo prácticamente no cambió: pasó de 7,6% a 7,9%. La tasa de actividad, en cambio, aumentó de 48,1% a 48,9%, mientras que el empleo avanzó de 44,5% a 45%. La informalidad también ganó terreno: el empleo informal pasó de representar una tasa de 19,2% sobre la población total a 20,2%.

La informalidad laboral aumentó un punto porcentual interanual, una variación estadísticamente significativa.

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La cantidad de empresas empleadoras en el país cayó 3,3% en junio

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La cantidad de empresas con trabajadores registrados volvió a caer en Argentina y profundizó una tendencia que ya acumula más de dos años. En junio de 2026 se contabilizaron 476.750 empleadores activos en el sector privado, 16.259 menos que en el mismo mes de 2025.

La reducción interanual fue del 3,3%, según un informe de Politikon Chaco elaborado con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Con este resultado, el indicador completó 28 meses consecutivos en terreno negativo.

El dato también muestra una aceleración del deterioro. Desde septiembre de 2025, las bajas interanuales comenzaron a ganar intensidad y las registradas en mayo y junio de 2026 fueron las más pronunciadas de toda la serie reciente.

El indicador considera a personas humanas o jurídicas con al menos un trabajador declarado bajo la cobertura del sistema de riesgos del trabajo. El cálculo excluye a la administración pública, las organizaciones extraterritoriales y los hogares con personal doméstico. Por lo tanto, refleja la evolución del universo privado formal que genera empleo registrado.

Industria y comercio, entre los sectores más afectados

La caída alcanzó a todos los grandes sectores de actividad. La industria manufacturera sufrió el retroceso relativo más pronunciado: perdió 2.644 empleadores en un año, una disminución del 5,5%.

El comercio bajó 4,5% y concentró la mayor pérdida en términos absolutos, con 6.600 empresas empleadoras menos. El agro retrocedió 2,5%, equivalente a 1.287 firmas, mientras que la construcción cayó 2,4% y perdió 487.

El resto de las actividades, consideradas en conjunto, registró una contracción del 2,3%, con 5.241 empleadores menos.

El comportamiento sectorial revela que la reducción no quedó circunscripta a actividades puntuales. Alcanzó tanto a ramas vinculadas con la producción como al comercio, la construcción y los servicios.

Sólo una provincia logró crecer

La baja se extendió a 23 de las 24 jurisdicciones del país. Neuquén fue la única provincia que consiguió ampliar su cantidad de empresas empleadoras: sumó 20 firmas y avanzó apenas 0,2%.

La Rioja presentó el retroceso relativo más profundo, con una caída del 18%. Le siguieron Misiones, con 9,3%; Catamarca, con 8,1%; Tierra del Fuego, con 7,8%; y Santa Cruz, con 6,8%.

En Misiones, la cantidad de empleadores privados disminuyó de 9.261 a 8.399 en un año. La diferencia representa una pérdida neta de 862 firmas y una caída que casi triplicó el promedio nacional.

En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires encabezó la pérdida, con 4.813 empleadores menos. Detrás quedaron Córdoba, con una reducción de 2.590; Santa Fe, con 1.509; y la Ciudad de Buenos Aires, con 1.452.

Estos cuatro distritos reúnen aproximadamente el 78% de las empresas empleadoras del país. Por ese peso dentro de la estructura productiva, sus caídas tuvieron una incidencia decisiva sobre el resultado nacional.

Más de 31.000 empleadores menos desde noviembre de 2023

La contracción se vuelve más significativa al ampliar la comparación hasta noviembre de 2023, el mes previo al comienzo de la actual gestión nacional.

Desde entonces, Argentina perdió 31.098 empresas empleadoras privadas. La cantidad total pasó de 507.848 a 476.750, una caída acumulada del 6,1%.

La construcción fue la actividad más golpeada en términos relativos, con una reducción del 9,5% y 2.068 empleadores menos. La industria manufacturera retrocedió 8,4% y perdió 4.158 firmas.

El comercio cayó 5,9%, con una pérdida de 8.758 empleadores, mientras que el agro disminuyó 4,5%, equivalente a 2.437 firmas. El resto de las actividades también retrocedió 5,9% y concentró una baja de 13.677 empleadores.

En ese período, sólo Neuquén mostró una evolución positiva: avanzó 1,5% y sumó 132 empresas. Las demás jurisdicciones registraron caídas, encabezadas por La Rioja, con 20%; Catamarca, con 14,7%; y Tierra del Fuego, con 14,2%.

Misiones pasó de 9.480 empleadores en noviembre de 2023 a 8.399 en junio de 2026. Perdió 1.081 firmas y acumuló una contracción del 11,4%.

Los datos describen una reducción persistente y cada vez más extendida del entramado privado formal. Ya no se trata de un retroceso concentrado en una actividad o una región: atraviesa prácticamente todo el mapa productivo argentino y afecta a los sectores que sostienen buena parte del empleo registrado.

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