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El 70% de los argentinos perdió oportunidades laborales por falta de habilidades

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En el marco de la conmemoración del Día Internacional de los TrabajadoresRandstad, la compañía de talento líder a nivel global, presentó resultados de su última encuesta que muestra que el 89% de los trabajadores argentinos se considera empleable en el mercado laboral actual, cifra que se ubica en niveles similares a los registrados en Uruguay (90%) y muy por encima de Chile, donde el 77% de los trabajadores se considera hoy empleable.

Sin embargo, esa alta percepción de empleabilidad convive con dificultades concretas a la hora de la búsqueda laboral, donde el . Al comparar estos datos a nivel regional, el porcentaje de trabajadores que afirma haber perdido oportunidades laborales por falta de habilidades asciende al 79% en Uruguay y al 81% en Chile, mostrando un impacto aún más extendido que en Argentina.

En un contexto atravesado por la digitalización, el avance de la inteligencia artificial y la velocidad de los cambios en el mundo del trabajo, la formación y el desarrollo de habilidades laborales ganan cada vez mayor relevancia, tanto para las personas como para las organizaciones. La aceleración de las transformaciones productivas y tecnológicas está haciendo cada vez más evidente el descalce de habilidades entre lo que demanda el mercado y las capacidades disponibles en la fuerza laboral, al tiempo que se acorta la vida útil de las competencias laborales como nunca antes. Así, la empleabilidad ya no depende únicamente de lo aprendido en el pasado, sino de la capacidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades en forma permanente, abrazando el paradigma del aprendizaje continuo a cualquier edad y en cualquier etapa de la carrera profesional.

En este sentido, y pese a la importancia que tiene hoy la actualización permanente, la encuesta de Randstad muestra que en Argentina solo el 42% de los trabajadores realizó una capacitación formal en los últimos seis meses, un porcentaje considerablemente superior al de Chile (34%) y en línea con Uruguay (41%). Al mismo tiempo, el 23% asegura no haberse capacitado formalmente desde hace más de dos años, un valor ampliamente inferior al de Chile (33%) y similar al de Uruguay (22%).

Llegado este punto, el estudio identifica desafíos importantes en el rol de las organizaciones. En este sentido, solo el 13% de los trabajadores argentinos afirma que su empleador les brinda capacitación de manera constante, cifra que se ubica por debajo de lo que sucede en Chile (16%) y levemente por encima de lo que ocurre en Uruguay (11%). En el extremo opuesto, el 45% de los argentinos asegura no recibir nunca instancias de formación en su trabajo, un nivel superior al de Chile (37%) pero inferior al de Uruguay, donde un mayoritario 53% de los trabajadores uruguayos afirma no recibir ninguna formación por parte de su empleador.

Sobre estos datos, Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, afirmó: “Cada vez más trabajadores perciben que sostener su empleabilidad implica desarrollar nuevas habilidades y actualizar conocimientos de manera continua. La digitalización, el avance de la inteligencia artificial y la velocidad de transformación del mercado laboral están haciendo más evidente cómo se ensancha la brecha de habilidades y cómo la formación constante y el reskilling empiezan a percibirse como factores críticos para la empleabilidad”.

Factores que afectan la empleabilidad

Al analizar los factores que más afectan la empleabilidad, el estudio de Randstad muestra que la falta de experiencia específica se posiciona como la principal barrera para los argentinos (38%), seguida por la edad (26%) y los cambios en el mercado laboral (16%). En contraste, la falta de actualización en conocimientos digitales o tecnológicos alcanza el 11%, lo que muestra que, si bien no es el principal condicionante percibido, la brecha de habilidades tiene un impacto directo en las oportunidades laborales.

Al revisar estos datos a nivel regional, las diferencias son significativas. En Chile, más de la mitad de los trabajadores (52%) identifica a la edad como el principal obstáculo para su empleabilidad, mientras que en Uruguay el peso de los factores se distribuye de manera más equilibrada.

A pesar de este escenario, el talento argentino muestra una fuerte predisposición a la autogestión del desarrollo profesional, así el 76% afirma que se capacitaría por su cuenta si su puesto lo requiriera, por encima de Chile (68%) y Uruguay (71%), lo que refuerza una mayor inclinación hacia la iniciativa individual frente a los desafíos del mercado laboral.

En este contexto, el estudio de Randstad también refleja una creciente expectativa de los trabajadores sobre el rol de las empresas en materia de formación y desarrollo profesional. Las oportunidades de capacitación, aprendizaje continuo y crecimiento de carrera aparecen cada vez más valoradas por el talento como factores diferenciales a la hora de elegir un empleador.

“Hoy las personas valoran cada vez más a aquellas organizaciones que impulsan programas de aprendizaje y desarrollo profesional, porque entienden que la actualización de habilidades es clave para sostener su empleabilidad a futuro. En este sentido, la capacitación y las oportunidades de crecimiento empiezan a consolidarse como factores relevantes de la propuesta de valor de las organizaciones para el talento, con un peso cada vez mayor en la construcción de una marca empleadora atractiva”, agregó Andrea Avila.

La captura de los datos que constituyen la materia prima de este informe, cuyo objetivo es caracterizar los comportamientos, percepciones y actitudes de los trabajadores de Argentina, Chile y Uruguay en relación a la empleabilidad y mercado laboral, se realizó a través de una encuesta online a 4.089 personas con y sin empleo de los tres países de la región.

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Milei en la Fundación Libertad ratificó el rumbo económico pese a críticas

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El presidente Javier Milei encabezó este 27 de abril la cena anual de la Fundación Libertad, donde desplegó un discurso confrontativo para defender su programa económico, rechazar críticas y sostener que la economía atraviesa una etapa de recuperación. En ese marco, aseguró que “lo peor ya pasó” y que no modificará el rumbo de su gestión.

La exposición, que contó con la presencia del expresidente Mauricio Macri y referentes políticos, combinó definiciones económicas con cuestionamientos directos a economistas, empresarios, periodistas y dirigentes opositores, en un tono que volvió a marcar el clima político del oficialismo.

Defensa del ajuste y del equilibrio fiscal

Milei centró parte de su intervención en justificar el ordenamiento de las cuentas públicas. Afirmó que su administración logró equilibrar el sector público mediante un ajuste de cinco puntos del PBI impulsado por el ministro de Economía.

En esa línea, reiteró su postura crítica sobre el endeudamiento estatal, al calificarlo como “inmoral”, aunque al mismo tiempo sostuvo que el Gobierno cumplirá con los compromisos asumidos y que el riesgo país tenderá a bajar.

El planteo refuerza el eje central de la política económica oficial: equilibrio fiscal, reducción del gasto y sostenimiento de la solvencia como base de la estabilidad.

Durante su discurso, el Presidente trazó una lectura sobre las principales variables económicas. Señaló que la inflación “va a ceder”, aunque reconoció un dato reciente del 33%, que vinculó a tensiones políticas posteriores a elecciones. Afirmó que la economía generó cerca de 400 mil empleos, en su mayoría informales, y defendió la Ley de Modernización Laboral como vía para formalizarlos.

También sostuvo que el consumo no cayó sino que cambió su composición, con mayor peso de plataformas digitales como Mercado Libre. Rechazó la idea de atraso cambiario y proyectó un escenario de aumento de exportaciones.

En paralelo, el mandatario defendió que el crédito comenzó a recuperarse y que los indicadores económicos muestran señales de mejora hacia abril, tras un período de contracción.

Confrontación como estrategia política

El discurso consolidó una estrategia de confrontación directa con múltiples actores. Milei cuestionó a economistas críticos, periodistas y empresarios, a quienes acusó de intentar desestabilizar el programa económico.

También apuntó contra el gobernador bonaerense Axel Kicillof y sectores de la oposición, a los que responsabilizó por impulsar medidas para “destruir el equilibrio fiscal”.

En el plano empresarial, volvió a criticar a grandes grupos industriales, planteando que no corresponde sostener precios elevados en productos como neumáticos o acero.

La combinación de defensa técnica del programa con ataques políticos expone una lógica de polarización que el oficialismo sostiene como parte de su construcción de poder.

El mensaje presidencial reconoce tensiones en el mercado laboral: mientras destaca la creación de empleo, admite que el crecimiento se concentra en el segmento informal.

Asimismo, el diagnóstico sobre consumo y actividad sugiere un proceso de reconfiguración más que de expansión plena, con cambios en los hábitos de gasto y una recuperación incipiente.

En ese marco, la insistencia en mantener la “ortodoxia” económica indica que no habrá cambios de rumbo en el corto plazo, aun frente a indicadores sociales sensibles.

Economía en transición y clima político tenso

El planteo oficial abre un escenario donde conviven señales de recuperación con tensiones persistentes. Entre las variables a observar aparecen: la evolución de la inflación y su impacto en el poder adquisitivo. La capacidad de formalizar empleo en un contexto de crecimiento informal. Y la reacción de actores económicos frente a la continuidad del ajuste.

El Gobierno apuesta a consolidar su programa sin modificaciones, mientras el contexto político y económico mantiene niveles de conflicto que pueden influir en su desarrollo.

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América Latina crecerá menos en 2026 y reabre el debate sobre el rol del Estado en la inversión

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América Latina y el Caribe ingresan en 2026 con una previsión de crecimiento del 2,1% del PIB, por debajo del 2,4% registrado en 2025, en un escenario marcado por la incertidumbre global y la debilidad persistente de la inversión. El dato, que surge de un informe económico regional, vuelve a colocar a los gobiernos frente a una disyuntiva conocida: sostener el crecimiento apoyado en el consumo o reconfigurar el esquema productivo para dinamizar la inversión. La pregunta que atraviesa el diagnóstico es si la región está ante un estancamiento estructural o ante una nueva fase de ajuste en su modelo de desarrollo.

El crecimiento moderado no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Se inscribe en una dinámica donde la falta de inversión y las condiciones financieras restrictivas limitan la expansión económica, incluso en contextos donde el consumo privado sigue funcionando como principal motor. En ese equilibrio inestable, la política económica vuelve a quedar bajo presión.

Consumo como sostén, inversión como deuda pendiente

El informe describe una matriz que se repite: el consumo privado sostiene la actividad, mientras la inversión permanece en niveles bajos. Esta combinación, lejos de ser virtuosa, refleja un límite estructural. Sin expansión del capital productivo, el crecimiento pierde capacidad de sostenerse en el tiempo.

Las condiciones de financiamiento, ajustadas por inflación, continúan siendo restrictivas. Esto impacta directamente en las decisiones empresariales y en la capacidad de los Estados para impulsar proyectos de infraestructura o desarrollo. A la vez, la incertidumbre global —tanto económica como geopolítica— actúa como freno adicional.

Las revisiones a la baja en las proyecciones de algunos países refuerzan ese diagnóstico. No se trata solo de un crecimiento bajo, sino de una tendencia que no logra consolidar un sendero ascendente.

Vuelve la discusión sobre política industrial

En este contexto, la política industrial reaparece en el centro del debate regional. El estancamiento del crecimiento y las dificultades persistentes para generar empleo obligan a los gobiernos a revisar sus estrategias.

El dato no es menor: cuando el mercado no logra traccionar inversión, el rol del Estado vuelve a ser objeto de discusión. La tensión se reconfigura entre modelos que priorizan estabilidad macroeconómica y aquellos que buscan intervenir más activamente para dinamizar sectores estratégicos.

La debilidad en la creación de empleo agrega presión. Sin expansión del trabajo formal, el crecimiento económico pierde traducción social, lo que impacta en la gobernabilidad y en la sostenibilidad de las políticas públicas.

Entre la inercia y la redefinición del modelo

El panorama para 2026 deja más interrogantes que certezas. El crecimiento del 2,1% no implica una crisis inmediata, pero sí evidencia un techo que la región no logra perforar.

En las próximas semanas y meses, el foco estará puesto en cómo los distintos países responden a este escenario: si profundizan estrategias actuales o si avanzan hacia esquemas que intenten reactivar la inversión. También será clave observar si las condiciones globales se estabilizan o si continúan agregando volatilidad.

La región vuelve a enfrentar un dilema recurrente: crecer poco pero de manera estable, o asumir riesgos para modificar su estructura productiva. Esa discusión, lejos de cerrarse, empieza a tomar forma en un contexto donde los márgenes de acción parecen cada vez más estrechos.

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Por qué la mayoría de los trabajadores pierden la compensación sin darse cuenta de dónde salió mal

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Un pequeño accidente en el trabajo puede parecer simple desde fuera, pero el proceso que sigue dentro del sistema es mucho más complejo de lo que parece. Se presenta un informe, se completa un formulario y muchos trabajadores asumen que todo avanzará sin problemas desde ese punto. Lo que a menudo no se ve es cómo rápidamente comienzan a aparecer pequeñas brechas entre lo que se espera y lo que realmente se exige. Estas brechas no son evidentes, pero influyen lentamente en el resultado final de una reclamación.
En muchos casos, la compensación por accidente laboral no se niega por la lesión en sí, sino por pequeños pasos que se pasaron por alto al inicio del proceso.

El malentendido común sobre las reclamaciones por lesiones laborales

La mayoría de los trabajadores cree que una vez que se reporta una lesión, el sistema se encargará de todo. Esta idea parece natural porque la lesión ocurre en el trabajo y la responsabilidad parece clara. Sin embargo, reportar la lesión es solo el punto de inicio y no el proceso completo. Una reclamación necesita seguimiento estructurado, registros adecuados y comunicación clara más allá del informe inicial.
Cuando los trabajadores se detienen solo en el reporte, el proceso pierde dirección y se debilita desde el principio. Esta brecha entre reportar y reclamar es donde muchos casos comienzan a alejarse de una compensación adecuada.

Documentación faltante o incompleta después de la lesión

Una de las principales razones por las que las reclamaciones se debilitan es la documentación incompleta. Después de un accidente, los detalles están frescos en el momento, pero no siempre se registran correctamente. Las visitas médicas pueden retrasarse o no vincularse claramente con el incidente laboral. Las descripciones del accidente pueden quedarse solo en palabras sin confirmación escrita. Incluso detalles pequeños como la hora, el lugar o las condiciones del momento suelen olvidarse o no registrarse.

Los testimonios de testigos también se pierden con frecuencia. Cuando estas pequeñas piezas no se recogen a tiempo, la reclamación luego parece incompleta. Los sistemas de seguros o revisión dependen en gran medida de los registros, y sin ellos, la situación se vuelve más difícil de demostrar, incluso si la lesión es real.

Retrasos que debilitan silenciosamente toda la reclamación

El tiempo juega un papel silencioso pero poderoso en cualquier caso de lesión. Cuando la atención médica se retrasa, la gravedad de la lesión puede ponerse en duda. Una brecha entre el incidente y el tratamiento puede generar desconfianza, incluso cuando la lesión es real y relacionada con el trabajo. Lo mismo ocurre con los retrasos en el reporte, donde incluso una pequeña demora puede cambiar la interpretación del caso.

Estos retrasos no siempre parecen importantes en el momento, pero reducen lentamente la fuerza de la reclamación. Lo que comienza como un pequeño aplazamiento a menudo se convierte en una razón clave para una compensación reducida o negada.

Presión laboral y barreras emocionales

Después de una lesión, el entorno laboral puede influir en las decisiones. Algunos trabajadores sienten una presión no expresada para continuar trabajando o evitar formalizar demasiado la situación. También existe el miedo a ser vistos como problemáticos o a afectar la estabilidad laboral futura.

En estas situaciones, los trabajadores pueden aceptar regresar al trabajo antes de tiempo o evitar avanzar correctamente con la reclamación. Estas decisiones suelen tomarse bajo presión y no con planificación, pero afectan directamente cómo se procesa el caso más adelante. Cuando se omiten pasos clave por influencia del entorno laboral, el proceso de compensación queda incompleto sin que nadie lo note en el momento.

Procedimientos de seguros y reclamaciones confusos

Los sistemas de seguros y reclamaciones no siempre son fáciles de entender. Formularios, plazos y documentos de respaldo suelen requerirse en un orden específico. Un pequeño error en cualquiera de estos pasos puede retrasar o debilitar la reclamación. Muchos trabajadores asumen que una vez informado el empleador, el resto se gestionará correctamente, pero no siempre es así.

Faltar a un plazo o enviar información incompleta puede generar largos retrasos. En algunos casos, la reclamación incluso puede ser reducida o rechazada. La confusión generalmente no proviene de negligencia, sino de falta de claridad sobre el proceso.

Cómo los pequeños errores se convierten en pérdida de la reclamación

La mayoría de los fallos en las reclamaciones no ocurren por un solo error importante. Surgen de pequeñas brechas que se acumulan con el tiempo. Un documento faltante, un retraso o una comunicación poco clara debilitan lentamente el caso. Cuando la reclamación se revisa, estos problemas se combinan y crean una base débil.
La compensación por accidente laboral depende de la consistencia en todo el proceso. Cuando esa consistencia falta, incluso una reclamación válida puede perder fuerza e impacto.

  • No se mantuvieron registros adecuados.
  • Retraso en el reporte o tratamiento.
  • Comunicación incompleta con aseguradoras.
  • Falta de seguimiento después del informe inicial.

Pensamiento final

La mayoría de los trabajadores no pierden la compensación porque su lesión no sea válida, sino porque el proceso a su alrededor pierde estructura lentamente. Pequeños retrasos, falta de evidencia, registros y pasos poco claros se acumulan en silencio hasta que la decisión final no refleja la realidad de la situación. Un enfoque cuidadoso desde el principio marca la diferencia entre una reclamación débil y una bien respaldada.

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Vuelve a regir la reforma laboral por decisión judicial y reabre la disputa por el modelo de empleo en Argentina

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La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo resolvió este jueves restablecer la plena vigencia de la reforma laboral impulsada por el Gobierno, al revocar la medida cautelar que había suspendido más de 80 artículos tras un planteo de la CGT. La decisión judicial reactiva de inmediato cambios sensibles en el régimen de vacaciones, indemnizaciones y organización de la jornada laboral. El dato no es solo técnico: devuelve al Ejecutivo una pieza central de su programa económico en medio de una puja abierta con el sindicalismo. ¿Es un respaldo institucional que consolida la agenda oficial o el inicio de una nueva fase de conflicto?

Un fallo que reconfigura el marco laboral

La resolución de la Sala VIII deja atrás el freno judicial que pesaba sobre la ley de modernización laboral aprobada por el Congreso. Con la cautelar caída, el nuevo esquema normativo entra nuevamente en vigencia y redefine aspectos estructurales del vínculo entre empleadores y trabajadores.

Entre los cambios más relevantes aparece la implementación del banco de horas, que habilita acuerdos escritos para compensar horas extraordinarias dentro de límites legales y con descansos mínimos de 12 horas. El instrumento permite reorganizar la jornada laboral con mayor flexibilidad, incluso con participación sindical.

En materia de vacaciones, la ley mantiene el período tradicional entre octubre y abril, pero habilita acuerdos para tomarlas fuera de esa ventana y permite fraccionarlas en tramos de al menos siete días. Además, obliga a garantizar el acceso a la temporada estival al menos una vez cada tres años.

El capítulo de indemnizaciones introduce un giro más profundo: redefine la base de cálculo al limitarla a la remuneración mensual, normal y habitual, excluyendo conceptos como el aguinaldo o las vacaciones. A la vez, establece un mecanismo de actualización de créditos laborales por IPC más un 3% anual e incorpora el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), financiado por aportes patronales. También abre la puerta a fondos de cese laboral por capitalización individual, a definir en convenios colectivos.

Costos, incentivos y cambios en la lógica de litigio

El nuevo marco no solo modifica derechos individuales, sino también la estructura de costos laborales y el funcionamiento del sistema judicial. La posibilidad de cancelar sentencias en cuotas —hasta seis para grandes empresas y hasta doce para pymes— introduce un cambio en la ejecución de fallos.

A esto se suma la ampliación del período de prueba a seis meses, extensible a ocho en empresas de hasta cinco empleados, y la eliminación de multas por empleo no registrado, reemplazadas por incentivos a la regularización. En paralelo, se avanza hacia la digitalización del registro laboral bajo la órbita de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero y se establece la obligatoriedad del pago bancario de salarios.

El conjunto configura una reingeniería del sistema laboral que apunta a reducir costos y flexibilizar condiciones, pero también redefine el equilibrio entre protección y competitividad.

Respaldo empresarial y tensión sindical

La decisión judicial generó una reacción inmediata en el oficialismo. El vocero Manuel Adorni celebró el fallo en redes sociales, mientras el presidente Javier Milei lo presentó como un paso hacia el crecimiento económico.

Del lado empresario, la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas respaldó la reactivación de la ley y planteó la necesidad de avanzar en su reglamentación. En ese ámbito, se destacó la expectativa de reducir “costos ocultos” y dar previsibilidad a las relaciones laborales.

La contracara es el frente sindical, que había logrado frenar parte de la norma en primera instancia. La caída de la cautelar no cierra ese capítulo: reposiciona el conflicto en un terreno distinto, donde la disputa puede trasladarse a la implementación concreta y a nuevas acciones judiciales o gremiales.

Un nuevo equilibrio

La reactivación de la reforma laboral no clausura el debate, lo reabre bajo nuevas condiciones. El Gobierno recupera una herramienta clave de su agenda, pero ahora deberá sostenerla en un escenario donde la aplicación efectiva será tan determinante como la letra de la ley.

En las próximas semanas, la atención se concentrará en la reglamentación pendiente, las negociaciones paritarias y la respuesta de los distintos actores. También en cómo impactan estos cambios en el empleo real y en la dinámica judicial.

La decisión de la Cámara marca un punto de inflexión formal. Lo que todavía está en juego es si ese respaldo se traduce en estabilidad normativa o en una nueva etapa de tensión en el sistema laboral argentino.

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