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El IPRODHA lanzó un plan de integración urbana y mejoras habitacionales para barrios populares

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El déficit habitacional de Misiones tiene una dimensión que va mucho más allá de la construcción de nuevas viviendas. En la provincia existen 413 barrios populares en los que residen 59.344 familias, según los registros oficiales incorporados a una nueva resolución del Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional (IPRODHA). Se trata de asentamientos donde la precariedad de las viviendas convive con problemas de acceso a servicios esenciales, dificultades para obtener títulos de propiedad y necesidades de infraestructura comunitaria.

Frente a ese escenario, el Gobierno provincial resolvió poner en marcha una herramienta específica para intervenir en estos territorios. Mediante la Resolución Reglamentaria 0244, fechada el 21 de septiembre y publicada en el Boletín Oficial de Misiones este viernes 30 de octubre, el IPRODHA creó el Plan Misionero de Desarrollo e Integración de Barrios Populares (MiDIBP), una iniciativa destinada a coordinar las políticas habitacionales, las obras de infraestructura y las acciones de integración social.

La decisión introduce un cambio en la modalidad de intervención estatal. En lugar de abordar por separado los problemas de vivienda, servicios, tenencia de la tierra y equipamiento comunitario, el nuevo esquema propone reunir los programas existentes bajo un mismo instrumento de gestión, con relevamientos territoriales, criterios de prioridad y mecanismos de seguimiento.

El objetivo es avanzar progresivamente sobre las condiciones de habitabilidad de los barrios populares, atendiendo tanto las necesidades particulares de cada familia como las deficiencias estructurales del entorno.

Un diagnóstico que expone la magnitud del problema habitacional

Los datos utilizados por el IPRODHA provienen del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), una herramienta de relevamiento impulsada desde agosto de 2016 por organizaciones sociales y organismos públicos.

De acuerdo con la definición técnica adoptada por el registro, se considera barrio popular a un asentamiento donde viven al menos ocho familias agrupadas o contiguas, en el que más de la mitad de sus habitantes no cuenta con título de propiedad del terreno y carece de acceso regular a dos o más servicios básicos: agua corriente, electricidad con medidor domiciliario o red cloacal.

La dimensión del relevamiento muestra que el problema habitacional no se limita a la falta de una vivienda propia. También comprende las condiciones materiales de las construcciones existentes, la inseguridad jurídica sobre los terrenos, el hacinamiento y las dificultades de acceso a infraestructura básica.

El documento oficial reconoce, además, que estos barrios cuentan con un entramado comunitario integrado por comedores, merenderos, centros vecinales y organizaciones sociales que cumplen funciones de asistencia y contención.

En ese contexto, la nueva política provincial contempla no solamente las intervenciones sobre viviendas individuales, sino también el fortalecimiento de esos espacios colectivos.

Cinco ejes para mejorar viviendas, servicios y condiciones de vida

El Plan MiDIBP establece cinco líneas de intervención que podrán desarrollarse de manera gradual, de acuerdo con las necesidades detectadas en cada barrio.

La primera es la regularización dominial de las tierras. El IPRODHA acompañará a las familias en los procesos destinados a obtener seguridad jurídica sobre los terrenos que ocupan. Para ello podrá utilizar el mecanismo establecido por la Resolución Reglamentaria 210/19, que contempla la mediación del organismo entre propietarios privados y ocupantes, además de otras herramientas que puedan implementarse.

La segunda línea apunta a las mejoras habitacionales dentro de cada lote, con reparaciones y ampliaciones de viviendas que presentan deficiencias estructurales.

Este componente permitirá dar continuidad a programas provinciales que ya funcionan, como Plan Techo, destinado al reemplazo de cubiertas deterioradas, y Arreglo Mi Casa, orientado al saneamiento habitacional y la reducción del hacinamiento.

Las intervenciones podrán incluir reparación de techos con filtraciones, sustitución de estructuras dañadas, construcción o adecuación de baños, mejoras en cocinas, cerramientos y ampliaciones de dormitorios.

El tercer eje contempla la recuperación de comedores, merenderos y espacios de contención social que tengan reconocimiento de la comunidad. La intención es mejorar las instalaciones utilizadas para brindar alimentación, asistencia y actividades comunitarias.

La cuarta línea está vinculada con la infraestructura básica y los nexos de servicios, mediante obras destinadas a mejorar la salubridad del entorno y la accesibilidad dentro de los barrios.

Finalmente, el quinto componente incorpora actividades de desarrollo social y organización comunitaria. Incluye huertas familiares y urbanas, talleres de autoconstrucción, capacitaciones en oficios y fortalecimiento de organizaciones barriales, en articulación con el programa Trabaja Misiones y otras iniciativas provinciales.

El reglamento también prevé la participación de actores públicos, privados, organizaciones civiles y entidades académicas mediante espacios de innovación colaborativa como el i-HUB.

Qué familias tendrán prioridad para recibir asistencia

Uno de los aspectos centrales de la reglamentación es la definición de criterios de elegibilidad para acceder a las intervenciones.

El programa está dirigido a familias residentes en barrios populares registrados en Misiones que presenten al menos una de las condiciones de vulnerabilidad establecidas.

Tendrán prioridad los hogares con niños, personas mayores o personas con discapacidad; las familias cuyos ingresos sean insuficientes para resolver por sus propios medios las deficiencias habitacionales; y los hogares o espacios comunitarios gravemente afectados por fenómenos climáticos extraordinarios.

Para las mejoras individuales, los equipos técnicos evaluarán especialmente las viviendas que presenten problemas graves en techos, cerramientos o instalaciones sanitarias.

Entre las situaciones contempladas aparecen filtraciones permanentes, deterioro de tirantes, falta de aislamiento, ausencia de paredes consolidadas, hacinamiento crítico y viviendas sin baño, cocina, agua potable interna o desagües adecuados.

En el caso de los espacios comunitarios, se priorizarán aquellos que presten servicios indispensables de alimentación o contención y cuenten con reconocimiento explícito de los vecinos.

La incorporación al programa, sin embargo, no supone la aprobación automática de una obra o asistencia. Cada solicitud deberá atravesar un procedimiento de evaluación social, técnica y presupuestaria.

Cómo funcionará el nuevo sistema de asistencia

La reglamentación establece un circuito administrativo de seis etapas, con el propósito de unificar los pedidos y ordenar la ejecución de las intervenciones.

Las solicitudes podrán ser presentadas por los propios titulares de las viviendas, pero también canalizadas a través de municipios, referentes barriales u organismos públicos. El IPRODHA podrá, además, incorporar situaciones detectadas por sus propios equipos.

Todos los casos ingresarán a un registro único del organismo, con información de identificación, contacto y domicilio del solicitante.

Posteriormente, un equipo interdisciplinario realizará una visita al lugar para documentar las condiciones de la vivienda, obtener fotografías y completar una ficha social con información sobre la composición del grupo familiar y sus condiciones de vulnerabilidad.

Sobre la base de ese relevamiento se emitirá un dictamen técnico y presupuestario para determinar la solución correspondiente.

Una vez aprobada la asistencia, se ejecutarán los trabajos conforme a las condiciones de cada programa. Al finalizar, se realizará una inspección para verificar la intervención y dejar constancia de su recepción.

La última etapa consistirá en registrar el beneficio otorgado en el sistema del IPRODHA, asociado al titular y su grupo familiar.

Este procedimiento permitirá contar con información sobre las demandas, las intervenciones aprobadas y las soluciones efectivamente ejecutadas.

Control de obras, seguimiento de resultados y uso de recursos públicos

El nuevo plan también incorpora un sistema de monitoreo para evaluar los resultados de las intervenciones y la eficiencia de la inversión pública.

El IPRODHA deberá implementar un panel de indicadores que permita conocer cuántas solicitudes recibe, qué proporción resulta aprobada y cuántas obras se concretan.

También se registrará la cantidad de hogares vulnerables alcanzados, las mejoras realizadas en espacios comunitarios y la distribución de las intervenciones según su naturaleza: techos, sanitarios, cerramientos u otras soluciones habitacionales.

Un aspecto particular es la incorporación de indicadores de calidad para detectar reclamos posteriores a las obras, especialmente por filtraciones o fallas constructivas.

El reglamento establece que el organismo elaborará informes periódicos de evaluación de gestión. Estos documentos permitirán identificar diferencias entre las necesidades territoriales y las intervenciones realizadas, reasignar partidas presupuestarias y mejorar los procedimientos administrativos.

Una política que articula programas existentes

La creación del MiDIBP no implica reemplazar los programas habitacionales vigentes. Por el contrario, la resolución establece expresamente su carácter articulador, con la finalidad de reunir instrumentos existentes y futuros en una estrategia de intervención integral.

El IPRODHA cuenta con antecedentes en programas de mejoramiento de viviendas, regularización dominial, infraestructura y construcción habitacional. La nueva reglamentación busca organizar esas herramientas alrededor de las necesidades específicas de los barrios populares.

La resolución delega en la Presidencia del Instituto la facultad de dictar disposiciones complementarias para su implementación.

El documento oficial no establece una partida presupuestaria específica para el nuevo plan, tampoco fija un cronograma de intervención por municipios ni determina una cantidad inicial de viviendas que serán atendidas. Esos aspectos serán relevantes para conocer el alcance efectivo de la iniciativa.

La puesta en marcha del MiDIBP representa, de esta manera, la formalización de una política provincial destinada a intervenir sobre una problemática que alcanza a decenas de miles de familias.

El desafío será traducir ese instrumento normativo en mejoras concretas: viviendas con techos seguros, instalaciones sanitarias adecuadas, barrios con mejor infraestructura y familias que puedan avanzar hacia la regularización de la tierra donde viven.

Con 413 barrios populares y 59.344 familias identificadas, la magnitud de la demanda plantea la necesidad de una intervención sostenida. El nuevo plan establece el marco administrativo y operativo; su impacto dependerá de los recursos asignados, la capacidad de ejecución y la continuidad de las obras en el territorio.

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