Argentina 1985: el verdadero precio de la historia

Usualmente, los films que abarrotan las salas de cine a nivel mundial, en la actualidad tienen tramas que no revisten una vital importancia para el ser humano. Otras rozan el absurdo. Sin embargo, el séptimo arte ha demostrado mantener su esencia a lo largo del tiempo, en el sentido de ser depositario de la expresión más cruda del ser humano, en donde la historia tiene un papel protagónico. Argentina 1985 viene a reflejar un momento cúlmine de la historia nacional, que amerita parar la pelota por un momento para poder reflexionar.

Mucho más que una película 

El film que tiene a Ricardo Darín y a “Peter” Lanzani como sus protagonistas, retrata uno de los sucesos que han sido puntos de inflexión en nuestra historia como país. La investigación exhaustiva sobre los crímenes cometidos en la última dictadura cívico – militar en Argentina, entre los años 1976 y 1983. Es en 1985 que tiene lugar uno de los hitos en materia de derechos humanos más importantes del mundo: el Juicio a las Juntas. Es, justamente, gracias al trabajo de recopilación de documentos probatorios y testimonios, en conjuntos al informe “Nunca Más”, que se resolvió condenar los delitos que cometieron los sujetos que pergeñaron las acciones que motorizaron el terrorismo de Estado en Argentina. Fueron cinco acusados que terminaron con condena firme: Jorge Rafael Videla (cadena perpetua), Emilio Eduardo Massera (cadena perpetua), Roberto Eduardo Viola (17 años de prisión), Armando Lambruschini (8 años de prisión) y Orlando Ramón Agosti (4 años y 6 meses de prisión). Los demás implicados fueron absueltos por cuestión de temporalidad en sus cargos y por no haber podido confirmar sus delitos. 

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El Juicio a las Juntas fue la punta de lanza, en materia de derechos humanos, del gobierno del entonces presidente Raúl Alfonsín. Esto implicó un arduo trabajo del Estado y también de la ciudadanía, en pleno contexto del advenimiento de la democracia. 

Asimismo, este juicio fue el primero por sus características, tales como la reivindicación histórica en materia legal para poder apresar a los dictadores y genocidas. Los Juicios de Nuremberg en 1945 fueron llevados adelante por los vencedores y con un gran apoyo mundial. Experiencia distinta a la de la ex Yugoslavia por comités y tribunal internacionales y el caso de Camboya, un tribunal con total independencia del país. El Juicio a las Juntas también sirvió de un ejemplo a nivel mundial, que fue replicado en distintos lugares. 

Todos los caminos conducen a la historia 

Ahora bien, el análisis histórico es una necesidad en este tipo de producciones, aunque lejos de la minuciosidad de los detalles o de la espectacularidad de una trama, el ojo crítico pasa por otro lado. Es una situación suficientemente válida como para que los historiadores, analistas sociales y comunicadores alcen su voz para llamar a la reflexión. La misma está encausada a poder rever el pasado para poder comprender la actualidad. Es preciso aquí ser honestos intelectualmente y dejar los “ismos” de lado. Poder comprender el cruento episodio que significó el Proceso de Reorganización Nacional y la gallardía que han tenido los que se encargaron de enjuiciar a los dictadores, es una acción cívica que no comprende discriminación. Este film sirve para visibilizar un pasado muy distante a nuestro presente, y que, a veces, por la vorágine de los tiempos parece pasar desapercibido, pero, sin embargo, la historia está allí, “vivita y coleando”, esperando en un libro, en un aula, en un mural, en una palabra, o inclusive en una película. 

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Atravesamos la era de “Netflix”, con instantáneo consumo de producciones audiovisuales, un claro signo de la época. Gran parte de los consumidores, que no necesariamente deben ser de la “N roja”, sino de series y películas en general, son adolescentes y jóvenes, y una película como esta, puede despertar una gran cantidad de inquietudes, en términos de conocer fidedignamente nuestra historia. 

He aquí unas palabras de reflexión, en donde la memoria de los pueblos dice presente. Esta película puede encender las llamas del amor genuino hacia la libertad, puesta en la expresión, el pensamiento, y en el modo de encarar la vida, ya que la premisa es simple: la película muestra como se apresaron a dictadores que asesinaron a miles de personas por pensar distinto. Sí, es cierto, el desarrollo histórico es mucho más complejo que eso, pero el impacto visual y la comunicación efectiva en la posmodernidad puede generar ese relato. 

Eso explicaría, por ejemplo, la razón de hacer hincapié en el concepto “derechos humanos”, desde la escolaridad, pasando por todas las instituciones. También explica la presencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes aún siguen reclamando justicia, ensimismado con aquellas personas nacidas entre 1976 y 1983 que dudan de su identidad. También explica la razón de la defensa absoluta de la democracia, sin distintivos partidarios más que los propios colores celeste y blanco que revisten a nuestra bandera, cuando la patria se encuentra en peligro.

Penosamente, el mundo atraviesa un momento de brutal desinformación, con la paradoja de contar con un contexto en donde los medios de comunicación están al alcance de un click. Pero la proliferación de las redes sociales y la cultura del “me gusta” exacerba toda cuestión de fondo que atraviesa a la intelectualidad del ser humano, y generalmente, por ganar un reconocimiento banal en Twitter, Instagram, Twitch o Facebook, se le falta el respeto a la verdad. 

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Esta aberración supina, tan solo comparado a un suicidio del intelecto, se evidencia en la nefasta postura de los negacionistas, quienes utilizan a las redes sociales como su canaleta de falaces ideas. Dicha afirmación viene a colación de los discursos circundantes acerca de Argentina 1985, y lo más peligroso, son los adolescentes y los jóvenes quienes se encuentran expuestos ante semejante acto de estupidización del discurso. Es por eso que, es menester, realizar un profundo trabajo de las personas idóneas en la materia para poder transmitir con honestidad, un abanico de respuestas para esa sed de conocimiento que abunda en la juventud. Más allá de las taquillas, del dinero, de los flashes y de la posible llegada a Hollywood, esta película significa mucho más. Es un llamado de atención a un sector del pueblo que está dormido, es un baño de realidad ante un presente complejo, con un pasado verdaderamente doloroso. Argentina 1985 es la posibilidad de volver a hablar de esos temas que inquietan a las elites, es la oportunidad para acercarse a los jóvenes y mostrar un fragmento del pasado que hoy en día compone nuestra realidad, y es un mensaje para no olvidar nuestra historia, nunca más.

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