Argentina mira hacia el futuro

Tras recobrar la estabilidad, Argentina necesita ahora transformar los logros conseguidos con tanto esfuerzo en una prosperidad duradera

Getting your Trinity Audio player ready...
Compartí esta noticia !

Mi primera reunión en Buenos Aires comenzó con un regalo inesperado. El ministro de economía Luis Caputo me obsequió una camiseta de la selección argentina con mi nombre y el emblemático número 10 de Lionel Messi.

Fue un comienzo muy adecuado para mi primera visita oficial. Cuando Messi por fin levantó la Copa del Mundo en Qatar, tenía 35 años, una edad a la que muchos futbolistas ya se han retirado. Su triunfo, que fue la culminación de años de perseverancia, reveses y dedicación incansable, dejó en claro que para lograr cosas grandes hay que persistir, y que alcanzar una meta puede tomar más tiempo del previsto.

El camino hacia la transformación económica es similar. Recuperar la estabilidad ya es difícil. Hacer que perdure lo es aún más. Las mayores recompensas solo llegan tras años de perseverancia.

Es algo que se me ha quedado grabado durante mi visita a Argentina esta semana. En cada lugar que he visitado, me he encontrado con gente que mira más allá de las dificultades del momento y se pregunta en qué podría convertirse su país en la próxima década.

Para un país que ha pasado gran parte de su historia reciente preocupado por la próxima crisis, ver cómo la mirada empieza a dirigirse más allá del corto plazo, es, para mí, la señal más alentadora de todas.

Una notable estabilización

Hace apenas dos años y medio, Argentina atravesaba uno de los momentos económicos más difíciles de su historia moderna. El gobierno registraba déficits incesantes. La inflación superaba el 200%. La economía estaba contrayéndose. El índice de pobreza había rebasado el 50%. Las familias veían caer el valor de sus salarios y ahorros. A las empresas les resultaba difícil planificar más allá de unas pocas semanas.

Hoy en día el panorama es muy diferente.

Argentina ha registrado un superávit fiscal primario durante dos años consecutivos, la primera vez que esto sucede en 15 años. La economía está creciendo. La inflación ronda actualmente el 30%. La pobreza ha disminuido. El banco central está reconstituyendo las reservas internacionales. El costo del endeudamiento soberano se ha reducido. Las tres principales calificadoras de riesgo han mejorado la calificación crediticia del país. Por otro lado, ya se han aprobado proyectos de inversión por un valor de más de USD 45.000 millones en el marco del régimen argentino de incentivos para grandes inversiones. El tamaño del oleoducto que se está construyendo equivale a más del doble de esa cifra. Estos logros reflejan el compromiso con la estabilidad y las firmes políticas adoptadas por el gobierno de Javier Milei y, por encima de todo, la perseverancia del pueblo argentino.

De la estabilidad al crecimiento y las oportunidades

La estabilización le devuelve a un país algo que no es fácil de medir: el tiempo. Cuando hay confianza en que los precios permanecerán estables, las familias empiezan a ahorrar en lugar de simplemente protegerse contra la inflación. Cuando se confía en que las políticas seguirán siendo predecibles, las empresas invierten con plazos que se miden no en meses sino en años. Los bancos conceden crédito a más largo plazo. Los gobiernos pueden centrar su atención en mejorar las instituciones y no en cómo responder a la próxima emergencia.

Dicho de otro modo, la estabilidad amplía el horizonte temporal de un país. Soy consciente de lo transformadora que puede resultar esa experiencia porque la viví en mi propio país.

Cuando Bulgaria sufrió hiperinflación y una crisis bancaria en la década de 1990, lo que mi madre había ahorrado a lo largo de toda la vida se esfumó prácticamente de la noche a la mañana. Yo guardaba mis modestos ahorros en dólares en una latita escondida en la alacena. Para recuperar la estabilidad fue necesario llevar a cabo difíciles reformas, reforzar las instituciones y perseverar durante muchos años.

Los resultados no se notaron de inmediato. Pero gracias a que Bulgaria mantuvo su rumbo, la confianza fue retornando poco a poco. La inversión aumentó. La gente encontró trabajo. El nivel de vida mejoró. A principios de este año, Bulgaria adoptó el euro, un hito que otrora habría parecido inalcanzable.

La lección no fue simplemente que la estabilización es posible, sino que sus mayores recompensas solo se revelan con el tiempo.

Ese desafío es aún mayor hoy en día. La economía mundial se está tornando cada vez más incierta. Los patrones del comercio están cambiando. Las tensiones geopolíticas permanecen elevadas. La inteligencia artificial está transformando las industrias y los mercados de trabajo a un ritmo vertiginoso. El capital es cada vez más selectivo y fluye hacia los países que saben conjugar políticas sólidas con instituciones predecibles.

En este contexto, la estabilidad macroeconómica no es algo meramente conveniente; es un requisito imprescindible para atraer inversiones, crear empleo y no perder la competitividad.

Desbloquear el potencial

Esa oportunidad me saltó a la vista en Vaca Muerta, los yacimientos de petróleo y gas en rápida expansión de la provincia de Neuquén. Es bien sabido que Argentina goza de recursos naturales de primer orden. Sin embargo, Vaca Muerta demuestra que Argentina también cuenta con ingenieros talentosos, emprendedores y líderes de los sectores público y privado comprometidos con impulsar su desarrollo. Y esto está sucediendo en un momento en el que el mundo busca fuentes de energía seguras y fiables.

Vaca Muerta es apenas un ejemplo de un abanico de oportunidades. La inversión en el sector minero se está acelerando, las exportaciones de servicios basados en el conocimiento rondan los USD 10.000 millones al año y la agricultura sigue siendo uno de los sectores más competitivos del mundo. Además de sus recursos naturales, Argentina tiene emprendedores de talla mundial, universidades prestigiosas y un talento humano excepcional.

La siguiente fase consiste en cerciorarse de que estas oportunidades se extiendan a toda la economía.

Ese mensaje fluyó con claridad en mis conversaciones con los líderes empresariales, que celebraron la renovada estabilidad del país y la creciente confianza de los inversionistas y, a la vez, destacaron la importancia de reducir los obstáculos a la inversión y de que la recuperación beneficie a más sectores.

También fluyó en dos conversaciones muy diferentes.

La primera mañana que pasé en Buenos Aires conocí a Marina, una maquilladora, que me ayudó a prepararme para empezar el día. Me contó que tiene tres trabajos y que la vida sigue siendo difícil. Pero también me dijo que espera que el país mantenga el rumbo. Su situación no ha cambiado de un día al otro. Lo que sí está cambiando es su confianza en que los avances puedan ser duraderos.

Más tarde conocí a la famosa bailarina de tango Mora Godoy. Aparte de su reconocida carrera, ha fundado una escuela de danza y ofrece becas a jóvenes que, de otro modo, quizá nunca tendrían la oportunidad de aprender.

Historias diferentes, profesiones diferentes, pero ambas evocadoras de la misma idea de que invertir hoy puede generar oportunidades mañana.

A los estudiantes también los escuché hablar de esa misma perspectiva a largo plazo. Sus preguntas no se referían a los próximos seis meses. Más bien, eran sobre la inteligencia artificial, la innovación, el liderazgo y el lugar que ocupa Argentina en la economía mundial. Querían saber cómo podría competir su país, no solo el año que viene, sino en las próximas décadas.

En estas conversaciones con líderes empresariales, trabajadores y estudiantes, he podido escuchar un mensaje común y alentador: Argentina está empezando a ver más allá de la próxima crisis y a dirigir la mirada hacia las oportunidades que se avecinan.

Al fin y al cabo, los barómetros del éxito no consistirán solo en tener una inflación más baja, reservas más cuantiosas o finanzas públicas más robustas, sino también en que las empresas inviertan más, las pequeñas y medianas empresas se expandan, los trabajadores consigan mejores empleos y salarios más altos, y más argentinos perciban las ventajas del crecimiento económico en su vida cotidiana.

La siguiente etapa

Esa misma perspectiva a largo plazo es lo que guía la colaboración del FMI con Argentina.

Nuestra función consiste en respaldar las políticas y las instituciones que hacen posible una estabilidad duradera. La propuesta del gobierno de contar con un banco central más sólido e independiente puede ayudar a garantizar que los avances en materia de inflación perduren. Un marco de responsabilidad fiscal duradero, con normas claras e instituciones sólidas, puede ayudar a los futuros gobiernos a preservar los logros conseguidos a base de tanto esfuerzo. Con estas reformas las familias pueden hacer planes, las empresas pueden obtener financiamiento e invertir y los gobiernos pueden mirar más allá de la próxima crisis.

La transformación económica de Argentina también llevará tiempo. El país ha sentado las bases para un futuro más estable. El desafío ahora consiste en mantener el rumbo, para así seguir consolidando las instituciones, la confianza y las oportunidades que permitirán que los actuales avances den paso a una prosperidad duradera.

Autor

Compartí esta noticia !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin