Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

¿Dónde duele más la inflación?

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Todos los meses volvemos a hablar de la inflación, el problema de nunca acabar en el país, sobre la que no hay consensos básicos acerca de su origen, pero sí acuerdos respecto de sus consecuencias. Ningún Gobierno de los últimos quince años logró dar una respuesta certera, logrando en algún caso contenerla, y en otros dispararla. 

Los datos recientemente conocidos de mayo volvieron a poner una señal de alerta en dos sentidos: si bien vista mes a mes hay una desaceleración (único aspecto, si se quiere, positivo), cuando observamos el acumulado de los primeros cinco meses del año, el 2021 muestra el mayor nivel inflación desde que se empezó a medir la nueva serie, es decir, diciembre 2016. 

No cobra sentido ir más atrás en la serie, debido a que, metodológicamente, las mediciones cambiaron. Por ende, debemos tomar la serie en vigencia, que se empezó a medir en diciembre de 2016, como se mencionó. 

Como se detalló, la inflación acumulada del período enero – mayo 2021 es la más alta de esta serie. En ese período de 2017, el alza del IPC fue del 10,5%; 11,9% en 2018; 19,2% en 2019; 11,1% en 2020; y 21,5% en este 2021. Es decir, casi diez puntos por encima del año anterior. No es solo un dato alarmante en sí, sino que también tira por la borda la meta del gobierno nacional de 29%. Para llegar a ese meta a fin de año, la inflación mensual de junio a diciembre debe ser del 0,9%. Improbable.

El otro dato negativo es la inflación medida año-a-año: quedó a tiro del 50%. El resultado final mostró un alza del 48,8%, el mayor nivel desde febrero de 2020, en un claro sentido ascendente: en enero, era del 38,5%. La única forma de cerrar el 2021 con una inflación por debajo de los 40 puntos, es que la misma tenga un promedio mensual del 2%. También, poco probable al día de hoy.

En el título de esta columna nos planteamos: ¿dónde duele más? El alza de precios repercute en un sinfín de variables: en ingresos de los hogares, en recursos gubernamentales, en costo de empresas, etc. En todas duele, eso está más que claro. 

Pero el dolor es más profundo en aquellos lugares y en aquellas familias donde el ingreso es menor y donde los indicadores sociales muestran situaciones de mayor vulnerabilidad: es el caso del NEA. Independientemente de las particularidades mismas de la región, el noreste se caracteriza por dos cuestiones que son directamente afectadas por el alza de precios: en primer lugar, es la zona donde los salarios formales son menores en términos absolutos; en segundo, es la región donde los hogares destinan más de sus ingresos solo a bienes y servicios básicos, que está vinculado directamente a lo anterior. 

Para tocar en primer lugar el punto de los salarios, si proyectamos los mismos a mayo 2021 y los medimos en moneda constante (usando como base diciembre 2016), están por debajo de mayo de 2017, de 2018, de 2019 y de 2020. Es decir, están en el peor momento. Hoy, el salario promedio de un trabajador formal del sector privado en el NEA está 20 puntos por debajo en moneda constante que en 2017. En el Chaco, están 23% por debajo, en Corrientes 18%, en Formosa 19% y en Misiones 20%. 

Comparando año contra año (es decir, solo vs mayo 2020), también todas están por debajo, pero con una brecha mayor entre ellas: mientras que en Misiones cae solo 1%, en el Chaco cae 7%; en Corrientes y en Formosa cae 5%. 

En este punto, nos encontramos en una encrucijada digna del huevo y la gallina. ¿Qué se requiere primero? ¿Alza fuerte de salarios o caída brusca de precios? La respuesta va a depender de la posición donde uno se pare.

En relación a la cuestión del poder adquisitivo, vinculado directamente a bienes básicos, los datos ofrecidos por el INDEC nos permiten comprobar la caída del poder de compra en algunos productos determinados. Comparando mayo 2021 contra mismo mes de 2018, el kilo de pan francés creció 200%; el de carne picada, 403,8%; el litro y medio de aceite de girasol un 434,8%; y el kilo de arroz blanco, un 387%, entre otros. 

Si tomamos, solo a modo gráfico, una canasta conformada por un litro y medio de aceite, un kilo de carne picada, un kilo de pan y un kilo de arroz, con el salario promedio del NEA de 2018 se podían comprar 101 bolsones de estos productos; en 2019, se podían comprar 85 y en 2020, 76. ¿En mayo de 2021? Apenas 61.

El poder adquisitivo de los hogares, sobre todo de los más vulnerables, sufre golpes mes a mes y solo tuvo algunos pequeños respiros en el {ultimo tiempo. Por eso, la lucha contra la inflación, que a veces pareciera que no tiene solución, debe estar hoy más vigente que nunca.

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La inversión pública como motor de reactivación ¿alcanza?

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Durante el primer semestre del 2020, el esfuerzo fiscal del Estado nacional estuvo centrado en la asistencia financiera tanto a sectores particulares como a provincias, a partir de la situación de congelamiento de la actividad por el ASPO, a través de transferencias corrientes que permitan sostener un piso de gasto enfocado, justamente, en la emergencia. 

De ese modo, puso en marcha programas de asistencia como ATP, IFE, ampliación de universo y montos de AUH y Tarjeta Alimentar, y otros programas de crédito orientados a monotributistas y pyme. En esa línea, el contexto actual con la segunda ola y las nuevas restricciones obligaron a restablecer el ATP, ya con otro formato y otro nombre (REPRO II), que hace foco en sostener el gasto corriente vía pago de salarios. 

En ese contexto, lógicamente y naturalmente, la inversión pública, entendida esta como el desembolso de recursos del estado nacional orientados a financiar obra pública, adquisición de equipamiento y materia u otro bien de capital, estuvo frenada, cobrando un leve impulso recién hacia finales del 2020. Sin embargo, en los primeros meses del 2021 dio un salto importante, a partir de la premisa de que la inversión pública permite reactivar la actividad. 

Tanto las transferencias de capital como la inversión real directa del Estado nacional a las provincias tuvieron un importante crecimiento en el período enero-mayo 2021, alcanzando la suma de $109.495 millones, un 197% más que en el mismo período de 2020. 

Si lo vemos en pesos contantes, es un 98,8% mayor al 2020, y también está por encima de 2019 (21,9%), pero por debajo de 2018, 2017 y 2016. Por ende, hay una aceleración importante, pero aún por debajo de otros años, sin poder volver a tocar el techo de 2017 (está casi 50% por debajo en pesos constantes). 

Aún con eso, y considerando las limitaciones de tipo económica (por financiamiento) y sanitarias, la aceleración de la inversión es notable y puede leerse en dos dimensiones: económica, como parte de un proceso justamente de reactivación; y también política, por ser año electoral, momentos en los cuales, históricamente, se acelera este tipo de erogaciones. 

¿Qué vemos en Misiones? Entre enero y mayo, la provincia tuvo transferencias de capital e inversión real directa por parte del Estado nacional por un total de $2.337,4 millones, con mayor peso de las transferencias (59% del total). Cuando se contrasta contra el mismo período de 2020, hay un incremento a pesos corrientes del 96,6%, y en términos reales, del 31,2%. 

Es decir, la inversión pública está hoy por encima de los niveles del 2020 y, al igual que lo observado en el caso nacional, está también por encima de los niveles del 2019; pero siguiendo esa misma línea, la inversión pública en Misiones está aún por debajo del 2018, 2017 y 2016. El caso más fuerte se ve al observar contra 2017, que fue el año donde la inversión tocó un techo: en 2021 la misma está 70,7% por debajo de 2017, siempre en términos reales.

Si bien el incremento de este período 2021 contra el año anterior es importante para el caso misionero, no se condice para nada con lo que están experimentando el resto de las provincias del NEA: Corrientes mostró un incremento similar (medidos en términos reales), con un alza del 40,1%, pero Chaco y Formosa dan un salto muy fuerte: +197,5% y +223,7% respectivamente. De hecho, el promedio regional muestra un incremento del 115% real, quedando Misiones muy por debajo de eso, y la provincia, por ende, está hoy con el menor incremento de la inversión pública nacional en el territorio. 

Además, en términos nominales, Misiones llega una ejecución de $2.337,4 millones, tal como se detalló previamente, siendo la segunda más baja de la región, solo por encima de Corrientes (acumulada $1.853 millones), pero queda bastante debajo de Formosa ($3.215 millones) y mucho más debajo de Chaco ($5.062,6 millones). 

A nivel per cápita, la situación es similar: Corrientes acumula la más baja ($1.653 por correntino), seguida de Misiones ($1.853 por habitante); mientras el Chaco y Formosa lo duplican: $4.203 en el primer caso, y $5.312 en el segundo. 

Muchas veces desde esta columna insistimos en que la Nación suele dejar a un costado a Misiones, muchas veces con argumentos económicos, y muchas otras veces, políticos. Si bien la sintonía entre el gobierno renovador y el albertismo es buena, es mucho más profundo el vínculo de la Nación con los gobiernos chaqueños y formoseños, lo cual explica muchas veces esta diferencia. 

También es cierto que hoy, la provincia de Misiones cuenta con finanzas mucho más holgadas que el resto de las provincias del NEA, que le permiten hacer frente a inversión propia (que de hecho, lo hace); pero ello no le quita fuerza y motivos al reclamo a la nación, sino todo lo contrario: imagínense todo lo que podría hacerse si el apoyo nacional es aún más fuerte.

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El Norte Grande no es solo asimetrías, también es oportunidad

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El relanzamiento del proceso de integración regional del Norte Grande fue a toda máquina, y si bien aún los gobernadores conservan una actitud muy proactiva al respecto, parecería ser que desde las autoridades nacionales levantaron un poco el pie del acelerador. Podría ser por la cuestión sanitaria, o podría ser también como una reacción a las consecuencias que trajo la primera medida para la región.

Recordemos que meses atrás, el presidente Fernández anunció la reducción de aportes patronales para las provincias del Norte Grande, de modo tal de fomentar el empleo privado formal y alentar así a las empresas a tomar personal, enmarcado siempre en un contexto de recuperación de la actividad que, de fortalecerse, requerirá de mano de obra y por ende, de nuevas vacantes laboral, algo tan necesario para todo el país pero especialmente para las provincias del NEA y del NOA. 

La medida trajo cola: por un lado, la recepción altamente positiva de los gobernadores, del arco política y del empresariado del norte grande. Pero por el otro, trajo reclamos: San Juan fue la primera provincia en pedir también ser incluida en un régimen especial que vaya por el mismo camino. Luego, y con críticas aún más vehementes, se sumó Mendoza. 

Ambos reclamos son muy válidos. Lo mismo lo serían si otras provincias se suman a la discusión. Al fin y al cabo, los costos laborales son uno de los principales problemas que plantean las empresas para tomar personal. Dejando de lado ideologías o dogmas, tienen razón. Pero, además, el alto costo laboral también impacta en el trabajador, porque en un escenario de limitado salario, terminan perdiendo ellos: pudiendo ganar diez, ganan nueve (u ocho, o siete)

Hasta el momento, ese fue el único anuncio concreto vinculado a la agenda de temas que desarrollaron los gobernadores del Norte Grande, y hay dos pendientes y en boga: cuestión subsidios al transporte, y tarifa energética. Del lado del Gobierno nacional, hubo palmadas en la espalda, pero ninguna novedad en el avance. Como dijimos antes, puede tratarse de pasar a un segundo plano por la actual emergencia sanitaria, o podría tratarse de tomarse un descanso (incumpliendo la promesa del Presidente de hacer un anuncio por mes para el Norte Grande) por los efectos colaterales que trae. 

Tal como pasó con el anuncio de índole laboral, cualquier otro anuncio vinculado a la agenda de temas del Norte Grande podría traer coletazos, y con ellos, roces de tipo políticos que le sumen un problema al gobierno. Pero, además, también hay una cuestión económica: si bien la actividad nacional muestra señales de recuperación, ahora algo más limitada por las últimas medidas sanitarias, las arcas nacionales no tienen demasiado margen para volcar miles de millones de pesos en costo fiscal de determinadas medidas, o en transferencias directas. ¿Podría el Gobierno, en caso de no contar con esa disponibilidad, redireccionar el gasto para cumplir demandas históricas? Puede, pero ahí prima la política, no la economía. 

¿Esto pone en riesgo la “avanzada” del Norte Grande? No necesariamente. El foco está puesto en la reducción de asimetrías, que es condición necesaria para lograr un despegue de la región, con crecimiento y desarrollo. Pero, además, el Norte Grande está repleto de oportunidades, hasta hoy muy poco aprovechadas. 

Litio, cítricos, té, yerba, algodón, madera, minerales, maíz, trigo, soja y ganadería, entre otros, deberían ser apenas el punto de partido de la región, y no el destino final. ¿Por qué decimos esto? Porque la estructura productiva del norte es mayormente primaria, con escaso valor agregado. Esa corta cadena tiene varias consecuencias, pero entre ellas, y yendo a la micro, hay una fundamental: pagamos más caros los productos cuya materia prima nació de nuestra tierra. Ejemplos sobran: textiles es uno; alimentos es otro. 

Pero esos sectores no son los únicos. El Norte Grande mostró una enorme potencialidad en materia de economía del conocimiento que necesita impulsos. El norte, así tan relegado como se lo ve, exporta servicios vinculados a la tecnología que no deberíamos pasarlo por alto, principalmente por su impacto en el desarrollo local. 

En cada una de las diez provincias que componen el Norte Grande, hay dos, tres, cuatro empresas o emprendedores innovando, y muchas veces, solos. Acá es donde hace falta acompañamiento que fomenten la actividad. Acompañar e invertir en innovación no es, como muchos creen, direccionar recursos a los más pudientes o a quienes no viven en estado de vulnerabilidad. Por el contrario, es una enorme apuesta al desarrollo del empleo, a la revalorización de servicios y a un potencial crecimiento colectivo que repercute en mucha más gente que la que está directamente involucrado. Salvando las distancias, miremos a Mercado Libre: un proyecto basado en tecnología que permite que hoy un vendedor de frutas al costado de la ruta venda el doble que lo vendía antes por el mero hecho de tener la opción de pago a través del celular.

Por eso, cuando hablamos del Norte Grande, debemos pensarlo en términos de oportunidades para reducir asimetrías, y no en reducir asimetrías para generar oportunidades, y no solo para sus habitantes, sino para el conjunto de la nación. 

Con la excepción de la pandemia, que todavía nos pega fuerte y nos sigue teniendo en estado de incertidumbre, no hay otro factor que imposibilite la toma de medidas concretas, factibles y reales para lograr todo lo que antes se dijo. 

A menudo se habla de “buscar consensos”, “llegar a acuerdos”, “convocar a todos los sectores”. Lamentablemente, la mayoría de las veces son frases vacías. Pero hay algo positivo: todo eso, el Norte Grande ya lo tiene, y por eso, ahora no queda otra que actuar.

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Avances y desafíos para el segundo semestre

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En marzo 2020, con el inicio de las medidas definidas en el marco del ASPO, la Argentina vio caer todos sus principales indicadores económicos, que repercutió lógicamente en consecuencias sociales de gran magnitud y que dolieron aun más por el escenario recesivo que traía el país desde hacia casi dos años atrás.

Con la industria cerrada, el consumo retraído y sin acceso al crédito, el deseo de fondo era “aguantar la piña” hasta tanto la situación sanitaria permita volver a mover la economía.

Marzo 2021 fue distinto, considerablemente mejor que el año anterior, pero tampoco podemos afirmar estar mejor en la plena vieja normalidad. Aun así, es importante que gran parte de estos indicadores mencionadas antes hayan mostrado recuperación, que es no es lo mismo que crecimiento, pero es condición necesaria para, justamente, crecer.

En términos generales, las provincias del norte argentino han soportado mejor la crisis y las del centro y la Patagonia la pasaron (y pasan) algo peor. Detrás de ello, hay varios factores: en primer lugar, el alto grado de empleo publico mantuvo relativamente estable el ingreso de una buena porción de las familias, situación distinta a aquellos distritos donde el empleo privado o cuentapropistas es más fuerte y que han sido mas afectados por la coronacrisis. Además, aun dentro de la actividad productiva, hay sectores que lograron salir airosos o otros que sufren aun la situación. También, la asistencia del Estado a través de programas de impulso al consumo ha sido importantes, pero afecta en diferente medida por provincia por el volumen de beneficiarios, caso IFE.

Finalizado marzo, y habiendo cumplido un año en pandemia, provincias como Misiones muestran avances importantes: crece el empleo, se movilizan sectores claves como la construcción y la industria, mejora el consumo de básicos y de durables.

Para dar una pauta de esto, podemos observar que Misiones tuvo su primer incremento interanual del empleo en la construcción tras dos años de caídas; a la par de eso, se dispara el consumo de cemento en niveles importantes (93,4% en marzo, influenciado por la baja base comparativa pero también por el impulso al sector mostrado ya desde agosto en adelante).

En relación al consumo, la provincia tuvo una fuerte alza en supermercados, con una particularidad: no solo fue la más alta del país en términos globales, sino que, además, lidero en rubros claves que hacen al consumo básico familiar, como los productos de almacén y de limpieza. Respecto a los durables, en los últimos seis meses Misiones tiene un promedio de incremento de venta de 0km de cerca del 60%, y suba al 80% solo en los tres primeros del año.

También en relación a la actividad económica, el Índice de Desarrollo para la Gestión (proyecto de investigación de la Fundación Konrad Adenauer, Argentina, el Instituto de Ciencias de la Administración -ICDA- de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), y la Fundación ICES) determinó que Misiones es la provincia del NEA con el mayor nivel de actividad y muestra además la mejor dinámica fiscal, pero tiene aspecto a resolver aún, vinculadas sobre todo a la transparencia.

En línea con ello, las cuentas públicas misioneras muestran que, además de la expansión de la recaudación (líder a nivel nacional), hay un importante gasto en inversión de capital provincial, como también de las transferencias al sector privado por aplicación de los programas de fomento al consumo. Obra pública y consumo pareciera ser el tándem que eligió el gobierno renovador para el impulso provincial.

El segundo semestre del año está a la vuelta de la esquina. Precios para abajo, salarios para arriba, inversión en buen ritmo y consumo acelerado serán los desafíos principales.

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Inflación vs consumo: un problema de no acabar

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La problemática de la inflación en la Argentina es tema recurrente desde hace ya varios años, sin que podamos observar medidas que repercuta en una sostenida desaceleración del alza de precios y viendo, como consecuencia, como este fenómeno devora el poder de compra de la gente, que aún teniendo más pesos en el bolsillo
compra cada vez menos.

El problema es tal que, aún en las provincias que vieron un importante repunte en su actividad económica, como Misiones, la capacidad de compra de la población no ve mejoras, ya que los precios continúan un ritmo de aceleración mucho más fuerte.

Una muestra simple de ello es observar cuanto crecen los precios en comparación con las ventas de determinados rubros fundamentales para los hogares. Si nos quedamos solo con los relativo a lo alimenticio, que es quizás el aspecto más importante a relevar sobre todo en las provincias del NEA por su alta incidencia en el gasto de los hogares,
podemos reconfirmar la premisa de que no hay, por el momento, recuperación económica alguna que permita volver a ganarle a la inflación.

Tomemos un primer ejemplo, que cruza los datos de las ventas de productos de almacén en Misiones contra el alza de precios de la división “alimentos” en la región del NEA, para el período enero 2018 – febrero 2021. En ese total, que abarca 38 meses de relevamiento, en veinte de ellos las ventas crecieron por encima de la inflación. parece no ser un mal dato, pero atentos al detalle: de esos veinte meses, trece fueron entre febrero 2018 y febrero 2019, y solo siete en los últimos 24 meses.

De hecho, Misiones vio sus últimos crecimientos de ventas sobre alza de precios en los primeros tres meses del 2020, para no volver a observarlos hasta el momento. ¿El agravante? En el último mes relevado (febrero 2021), la brecha entre alza de precios y evolución de ventas fue del 17,5%, la segundo más alta de todo el periodo analizado.

Una situación similar se observa al ver la evolución de las ventas de carnes contra el alza de precios de la apertura “Carnes y derivados” del IPC NEA: solo en 12 de 38 meses hubo ventas por encima del incremento de precios, y solo en los últimos tres meses relevados (diciembre 20 a febrero 21), la brecha promedio fue del 24%, impulsado por el abismal incremento de precios que vio el NEA en diciembre 2020 de esta apertura, que llegó al 20% mensual, que no fue un golpe sino directamente un balazo en el corazón del consumo de la población.

Si queremos ser un poco más optimistas, podemos ver la situación del rubro panadería. Las ventas crecieron sobre el alza de precios en apenas 6 de 38 meses relevados, pero con una curva que tiene una clara desaceleración: de hecho, en febrero 2021, ultimo mes relevado, fue la primera vez en 30 meses que las ventas estuvieron por encima. Sin embargo, esta tendencia está en jaque por los nuevos aumentos de la materia prima que se anunciaron semanas atrás que podrían volver a poner la curva de precios por encima de las ventas.

Una ultima comparación podemos hacerla con las ventas relativas a frutas y verduras y su contraste con el alza de precios de esas aperturas. Hace más de un año (más precisamente, 15 meses), las ventas corren por debajo de la suba de precios y la brecha promedio de ese período es del 25%, que se había achicado en enero y volvió a abrirse fuertemente en febrero.

No hay que dejar de mencionar que este rubro es el que muestra, a nivel interanual, el mayor incremento de precios en la región del NEA.

Bueno, pero ¿qué pasa con el salario? ¿Los incrementos salarios alcanzan a superar el alza de precios de alimentos? Desde hace 31 meses que no.

La cuestión salarial en el norte argentino es un tema todavía mas complejo y preocupante que en el resto del país, ya que se tiene los menores de la Argentina tanto en términos nominales como en paridad de poder adquisitivo. Misiones, aún con un 2020 de recuperación y crecimiento muy importante, no es ajeno a esto.

Los últimos datos disponibles para comparar estas dos variables son de diciembre 2020 (IPC llega a abril 2021 pero salarios no), y tomamos para este análisis solo lo correspondiente al salario del trabajador registrado del sector privado en la provincia de Misiones.

Cruzando su evolución contra solo la división de Alimentos del IPC NEA, estos últimos crecen por encima en los últimos 31 meses: la ultima vez donde el salario le ganó al alza de precios de alimentos en la provincia fue en mayo 2018, apenas un poco después del estallido de la crisis cambiaria, momento del inicio de la recesión que aún continuamos atravesando.

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