¿Dónde duele más la inflación?

Todos los meses volvemos a hablar de la inflación, el problema de nunca acabar en el país, sobre la que no hay consensos básicos acerca de su origen, pero sí acuerdos respecto de sus consecuencias. Ningún Gobierno de los últimos quince años logró dar una respuesta certera, logrando en algún caso contenerla, y en otros dispararla. 

Los datos recientemente conocidos de mayo volvieron a poner una señal de alerta en dos sentidos: si bien vista mes a mes hay una desaceleración (único aspecto, si se quiere, positivo), cuando observamos el acumulado de los primeros cinco meses del año, el 2021 muestra el mayor nivel inflación desde que se empezó a medir la nueva serie, es decir, diciembre 2016. 

No cobra sentido ir más atrás en la serie, debido a que, metodológicamente, las mediciones cambiaron. Por ende, debemos tomar la serie en vigencia, que se empezó a medir en diciembre de 2016, como se mencionó. 

Como se detalló, la inflación acumulada del período enero – mayo 2021 es la más alta de esta serie. En ese período de 2017, el alza del IPC fue del 10,5%; 11,9% en 2018; 19,2% en 2019; 11,1% en 2020; y 21,5% en este 2021. Es decir, casi diez puntos por encima del año anterior. No es solo un dato alarmante en sí, sino que también tira por la borda la meta del gobierno nacional de 29%. Para llegar a ese meta a fin de año, la inflación mensual de junio a diciembre debe ser del 0,9%. Improbable.

El otro dato negativo es la inflación medida año-a-año: quedó a tiro del 50%. El resultado final mostró un alza del 48,8%, el mayor nivel desde febrero de 2020, en un claro sentido ascendente: en enero, era del 38,5%. La única forma de cerrar el 2021 con una inflación por debajo de los 40 puntos, es que la misma tenga un promedio mensual del 2%. También, poco probable al día de hoy.

En el título de esta columna nos planteamos: ¿dónde duele más? El alza de precios repercute en un sinfín de variables: en ingresos de los hogares, en recursos gubernamentales, en costo de empresas, etc. En todas duele, eso está más que claro. 

Pero el dolor es más profundo en aquellos lugares y en aquellas familias donde el ingreso es menor y donde los indicadores sociales muestran situaciones de mayor vulnerabilidad: es el caso del NEA. Independientemente de las particularidades mismas de la región, el noreste se caracteriza por dos cuestiones que son directamente afectadas por el alza de precios: en primer lugar, es la zona donde los salarios formales son menores en términos absolutos; en segundo, es la región donde los hogares destinan más de sus ingresos solo a bienes y servicios básicos, que está vinculado directamente a lo anterior. 

Para tocar en primer lugar el punto de los salarios, si proyectamos los mismos a mayo 2021 y los medimos en moneda constante (usando como base diciembre 2016), están por debajo de mayo de 2017, de 2018, de 2019 y de 2020. Es decir, están en el peor momento. Hoy, el salario promedio de un trabajador formal del sector privado en el NEA está 20 puntos por debajo en moneda constante que en 2017. En el Chaco, están 23% por debajo, en Corrientes 18%, en Formosa 19% y en Misiones 20%. 

Comparando año contra año (es decir, solo vs mayo 2020), también todas están por debajo, pero con una brecha mayor entre ellas: mientras que en Misiones cae solo 1%, en el Chaco cae 7%; en Corrientes y en Formosa cae 5%. 

En este punto, nos encontramos en una encrucijada digna del huevo y la gallina. ¿Qué se requiere primero? ¿Alza fuerte de salarios o caída brusca de precios? La respuesta va a depender de la posición donde uno se pare.

En relación a la cuestión del poder adquisitivo, vinculado directamente a bienes básicos, los datos ofrecidos por el INDEC nos permiten comprobar la caída del poder de compra en algunos productos determinados. Comparando mayo 2021 contra mismo mes de 2018, el kilo de pan francés creció 200%; el de carne picada, 403,8%; el litro y medio de aceite de girasol un 434,8%; y el kilo de arroz blanco, un 387%, entre otros. 

Si tomamos, solo a modo gráfico, una canasta conformada por un litro y medio de aceite, un kilo de carne picada, un kilo de pan y un kilo de arroz, con el salario promedio del NEA de 2018 se podían comprar 101 bolsones de estos productos; en 2019, se podían comprar 85 y en 2020, 76. ¿En mayo de 2021? Apenas 61.

El poder adquisitivo de los hogares, sobre todo de los más vulnerables, sufre golpes mes a mes y solo tuvo algunos pequeños respiros en el {ultimo tiempo. Por eso, la lucha contra la inflación, que a veces pareciera que no tiene solución, debe estar hoy más vigente que nunca.

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