Camilo Furlan

Scroll en redes sociales, y una teoría preocupantemente vigente

Compartí esta noticia !

Durante el periodo abarcado por la segunda guerra mundial, en Alemania, se encarcelaría a un pastor y poeta luterano enormemente adelantado a su época. Dietrich Bonhoeffer no solamente se convertiría en una importante figura de un complot que pretendía el asesinato del mismísimo fϋhrer nazi, sino que crearía una teoría coherente tanto para su contexto de extrema derecha criminal, como para eventos futuros que ni el mismo se hubiese atrevido a imaginar.

La teoría de la estupidez de Bonhoeffer señala a la ignorancia colectiva como la cualidad más peligrosa de la que la humanidad haya tenido precedentes, dejando de lado la malicia, señala que “El poder de la maldad necesita de la estupidez para triunfar”.

Ahora bien, con estupidez no se refiere a una figura con un potencial cognitivo limitado, estúpido es aquel que no cuestiona lo que le dicen, que acata órdenes sin pensar y que, carente de criterio, no atiende otras ideas. Si bien el hostil contexto que agobiaba a Drietrich y a sus pares parecía denotar una profunda maldad encarnada en esos insensibles soldados que les apresaban, el no creía que se tratara de maldad en sí misma, sino de una simple y menospreciada variable que justificaría cualquier acto demandado por el líder. Lo que hace peligrosa a la estupidez, no son las personas que la practican, sino lo poco que nos ocupamos de combatirla.

En el contexto social también habitan auténticos “zombis”, es decir, personas que defenderían hasta el último suspiro cualquier consigna o pancarta. Y cuanto más llamativa, extrema e ilógica mejor. Esto es algo común en movimientos dominados por ideologías extremas, donde surgen líderes que dan soluciones simplistas a problemas complejos, personajes amenazantes y populistas que, en poco tiempo, logran gran cantidad de seguidores que le dan poder.

Lo más preocupante de la teoría de la estupidez, es su concordancia con los patrones de conducta contemporáneos, donde el scroll (gesto de deslizar la pantalla) termina por determinar el comportamiento de las masas. Llevando al Usuario a confundir la diversión y la burla con juicios hacia determinadas figuras sociales, entrenándolos para dar “el okey” a quien consiga la mayor dosis de aprobación colectiva en torno a contenido viral. En este sentido, los algoritmos que conforman dichas redes sociales tornan en extremo peligroso a todo patrón ligado a buscar la aprobación de las masas en base a “memes” y burlas sustentadas por la sátira de personajes determinados.

Dotando a los “Influencers” del poder inconsciente de dirección política de las mayorías, creando figuras peligrosamente poderosas, que tienden a proponer soluciones simplistas a problemáticas socialmente sentidas e, indefectiblemente, conseguir la aprobación colectiva a base de contenido de naturaleza peyorativa. Repitiendo así, una vez más, lo que tanto se esforzó en señalar Bonhoffer con su análisis.
El algoritmo no juzga el contenido de las publicaciones que lo conforman, sino que lo analiza y se adecúa a el requerimiento del Usuario, priorizando los gustos del mismo por encima de cualquier rasgo o cualidad que el video o publicación posea. Si bien pensaríamos que cada algoritmo es personal e independiente, el mismo posee un cierto orden general, conformado por “tendencias” o contenido con mayor número de interacciones. Llevando a sugerirnos “videos de gatitos”, videos virales de influencers siguiendo un “trend” o tendencia, publicaciones de “memes” (imagen o video de índole satiresco o divertido) e incluso contenido con personajes en extremo sexualizados.

“Contra la estupidez no tenemos defensa. Ni las protestas ni la fuerza pueden tocarlo. Razonar no sirve de nada. Los hechos que contradicen los prejuicios personales pueden simplemente no creerse; de hecho, el tonto puede contrarrestarlos criticándolos, y si son innegables, pueden simplemente dejarse de lado como excepciones triviales”, agregaba Drietrich.

De esta manera, tenemos una visión más clara del contexto actual y de su naturaleza, dejando más que clara la importancia de reconocer el poder del que un algoritmo es capaz. Teniendo en cuenta que en la época en que se elaboró esta teoría, los métodos de difusión eran carteles, folletos y pancartas, la actualidad nos depara sin lugar a dudas una cantidad innegablemente grande de desafíos y problemáticas vinculadas a algo tan simple como un click en tu pantalla, o un like a un meme de la cuenta que sigues.

De esta manera, ya no solamente será la maldad la que tienda a dirigir, sustentada por la estupidez de las masas. Sino que es la mismísima estupidez la que termina por ocupar ese lugar, proponiendo un nuevo escenario en el que la estupidez dirige la estupidez, llevando a la población a un destino preocupantemente desconocido, regido por conceptos y patrones de conducta profundamente estúpidos y potencialmente peligrosos.

Compartí esta noticia !

Homo Sapiens Sapiens, un polinizador superdesarrollado

Compartí esta noticia !

Stefano Mancuso es un ingeniero agrónomo, doctorado en biofísica y pionero en el estudio de la neurobiología de las plantas. El italiano destaca cualidades como que “tienen neuronas” o “son inteligentes” o que en su período de crecimiento incluso juegan entre ellas. “Si mañana desaparecieran las plantas del planeta, en un mes toda la vida se extinguiría porque no habría comida ni oxígeno. Todo el oxígeno que respiramos viene de ellas. Pero si nosotros desapareciéramos, no pasaría nada”.

Mancuso en una entrevista a La Vanguardia aseguró que “las plantas son organismos inteligentes, pero se mueven y toman decisiones en un tiempo más largo que el del hombre” y agregó que las plantas reconocen a otros miembros de su familia y se comportan de manera totalmente distinta si a su lado hay parientes o hay extraños: “Si son parientes no compiten”.

Entre otras de las muchas sorprendentes sentencias que comunicó el doctor, insistió en que “Hay una cosa segura: las plantas pueden manipular a los animales. Durante la polinización producen néctar y otras sustancias para atraer a los insectos. Las orquídeas producen flores que son muy similares a las hembras de algunos insectos, que, engañados, acuden a ellas. Y hay quienes afirman que hasta el ser humano es manipulado por las plantas. Todas las drogas que usa el hombre (café, tabaco, opio, cannabis…) derivan de las plantas, ¿pero por qué las plantas producen una sustancia que convierte a humanos en dependientes? Porque así las propagamos. Las plantas utilizan al hombre como transporte. Hay investigaciones sobre ello”, agregó.

Somos dependientes de las plantas, pero las plantas no lo son de nosotros. Quien es dependiente está en una situación inferior, ¿no? Las plantas son mucho más sensibles. Cuando algo cambia en el ambiente, como ellas no pueden escapar, han de ser capaces de sentir con mucha anticipación cualquier mínimo cambio para adaptarse. Cada punta de raíz es capaz de percibir continuamente y a la vez como mínimo quince parámetros distintos (llámese sentidos) físicos y químicos (temperatura, luz, gravedad, presencia de nutrientes, oxígeno).

En cada punta de las raíces existen células similares a nuestras neuronas y su función es la misma: comunicar señales mediante impulsos eléctricos, igual que nuestro cerebro. En una planta puede haber millones de puntas de raíces, cada una con su pequeña comunidad de células; y trabajan en red como internet. La cuestión es cómo medir su inteligencia. Pero de una cosa estamos seguros: son muy inteligentes, su poder de resolver problemas, de adaptación, es grande. Hoy sobre el planeta el 99,6% de todo lo que está vivo son plantas.

…Y sólo conocemos el 10%.

Y en ese porcentaje tenemos todo nuestro alimento y la medicina. ¿Qué habrá en el restante 90%? A diario, cientos de especies vegetales desconocidas se extinguen. Tal vez poseían la capacidad de una cura importante, no lo sabremos nunca. Debemos proteger las plantas por nuestra supervivencia.

A menudo nos aterrorizamos al ver como los bosques y la diversidad de especies va en disminución estrepitosamente, recurriendo a nuestro instinto de empatía, considerando tal vez a las plantas como seres sintientes. Pero tendemos a olvidar que no se trata solamente del mero exterminio de una o más formas de vida vegetales, sino de nosotros mismos, que probablemente declinemos asfixiados antes de eliminar siquiera una ínfima parte del reino vegetal. Brutalmente lejos aún de siquiera comprenderlo en su aspecto más básico y fundamental.

En ultima instancia, somos verdaderos hijos de la tierra y hermanos de las plantas, cuando vemos una extensión de monocultivo, estamos contemplando nada menos que el polen de la flor atrapado en nuestras patas de abeja. Aceptémoslo o no, son las plantas las que nos dan de comer, las que nos dan que respirar y las que colorean las grietas de nuestro inmaculado asfalto año tras año.

Compartí esta noticia !

Pensemos si deberíamos construir tecnología parecida a Dios

Compartí esta noticia !

Las tecnologías basadas en inteligencia artificial son ya un hecho. Han planteado ya toda una revolución en múltiples aspectos de la cotidianeidad y la ciencia, por ejemplo, gracias a ellas se desarrollan fármacos “a la carta” y personalizados; se han creado máquinas autónomas capaces de realizar tareas mejor que los humanos; apoyan los diagnósticos médicos con una precisión nunca antes vista; nos permiten conocer que hay detrás de algunos comportamientos animales y favorecer su conservación y cría; o aprenden estadística, cooperación, negociación o gestión de empresas gracias a simples juegos de mesa tradicionales en los que ya son mejores que nosotros, sus creadores.

Si bien los innumerables beneficios de esta tecnología son visibles en nuestro día a día, los riesgos que presentan son impredeciblemente relativos, tornando así imposible un análisis completo al respecto. Según Seth Lazar, filósofo australiano y quien dirige el Laboratorio de Inteligencia de Máquinas y Teoría Normativa de la Universidad Nacional de Australia; y Alondra Nelson; presidenta del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad de Columbia. “La adopción rápida y generalizada de los últimos modelos de lenguaje ha despertado entusiasmo y preocupación por la inteligencia artificial avanzada”, argumentando además que los países ya están tomando cartas en el asunto.

Sin embargo, señalan que las medidas a tomarse por parte de los gobiernos debiesen apuntar a considerar un englobe más bien social que técnico. Si bien ya gran parte de la población ha considerado la posibilidad de que una inteligencia artificial “aniquile” a la humanidad, pocos han evaluado la verdadera factibilidad para con la que este asunto pueda llevarse a cabo, desarrollando posibles soluciones a la problemática y diagnosticando la situación real que alcanza este sistema computacional. Gran parte de estas medidas se extienden desde la supresión absoluta de toda investigación en el rubro, hasta simplemente oprimir el botón de “apagar para siempre”.

“Un sistema de inteligencia artificial capaz de aniquilar la humanidad, incluso si lográramos evitar que lo haga, seguiría estando entre las tecnologías más poderosas jamás creadas y tendría que cumplir con un conjunto mucho más rico de valores e intenciones”, señalan los científicos. Es decir, que para llegar al extremo de que un arma tan potente nos destruya, primero deberemos de crearla. Y, una vez creada, se sumará a las tecnologías que pueden determinar el devenir de toda la humanidad, como la mismísima bomba atómica.

Lazar se aventura aún más allá y señala que mucho antes de llegar a construir un equipo que nos destruya, antes habrá otros sin esa capacidad, pero que puedan ser usados por las personas para su propio interés. “Años de investigación sociotécnica muestran que las tecnologías digitales avanzadas, si no se controlan, se utilizan para obtener poder y ganancias a expensas de los derechos humanos, la justicia social y la democracia. Hacer que la Inteligencia Artificial avanzada sea segura significa comprender y mitigar los riesgos para esos valores también”.

Por estas razones, afirman que ningún grupo de expertos (mucho menos uno formado por tecnólogos) debe de tomar decisiones unilaterales sobre “que riesgos cuentan, que daños importan y con que valores debe tener una inteligencia artificial segura”. Y para que sea segura, debe haber “un debate público urgente sobre todas estas incógnitas y sobre si deberíamos intentar construir Inteligencia Artificial parecidos a Dios”

De esta manera, ponemos sobre la mesa un nuevo y amplio debate, que abarca todos los aspectos de la sociedad en lugar de meras estadísticas de cómputo. Donde no podemos seguir poniendo nuestro futuro y el de las siguientes generaciones en manos de técnicos especializados, llevándonos a rever la importancia de poner el sentido común por encima de nuestra fascinación incondicional por la tecnología y la innovación.

Compartí esta noticia !

Abejas, una revolución tecnológica posada en nuestro jardín

Compartí esta noticia !

Los famosos “algoritmos de aprendizaje automático”, o Machine Learning, fueron diseñados en torno al funcionamiento lógico-matemático de las neuronas animales. Por ello, estos sistemas suelen llevar el nombre de “Redes neuronales”, los cuales se conforman por facciones (neuronas) encargadas de; recibir, procesar, y devolver información mediante complejas ecuaciones matemáticas.

Al estar estos sistemas basados en la estructura misma del pensamiento racional de los animales, la ciencia jamás pierde vista el comportamiento de los mismos como un pilar fundamental de posibles innovaciones futuras. Científicos de la Universidad de Sheffield, se enfocaron en el peculiar comportamiento de las abejas melíferas, debido a su rápida y eficaz manera de tomar decisiones clave en momentos determinados. Verán, el funcionamiento de una neurona, tiende a ser semejante en todas las especies que posean un cerebro, o mínimamente un sistema de neuronas funcional, de manera que ésta no sería la razón por la que estos nobles insectos captarían la atención de los científicos.

Cada vez que una abeja sale a recolectar néctar, deberá de examinar cuidadosamente pequeñas variaciones en el color o el aroma para decidir en qué flor posarse. Un error en esta decisión es costoso, pues significa un desperdicio de energía y expone a la abeja a peligros y amenazas circundantes. Lo sorprendente es que, para tomar esta decisión, la abeja se vale de un cerebro del tamaño de una semilla de sésamo, con no más de un millón de neuronas. Estas limitaciones llevaron a que la evolución desarrollara el sistema mas eficiente para tomar decisiones rápidas con recursos cognitivos significativamente escasos, desarrollando así, un cerebro desorbitantemente eficiente en cumplir estas simples tareas.

Mediante rigurosas investigaciones, se sometieron a grupos de abejas a tomar estas decisiones de manera controlada, es decir, poniéndoles a disposición una cantidad concreta de flores artificiales que suministrarían algunos líquidos azucarados o amargos según el color. Con la suficiente cantidad de repeticiones, las abejas no solamente comprenderían el beneficio de algunas flores en función de las demás, sino que aprenderían sorprendentemente rápido, y su estructura de pensamiento se desarrollaría en torno a este sistema de “Recompensa y castigo” impuesto en el experimento.

Si bien el funcionamiento de sus neuronas no es significativamente diferente al nuestro, los patrones de conexión establecidos entre las mismas son maravillas en miniatura. Las implicancias que tiene en el mundo de la I.A tienen que ver con abaratar costos de procesamiento, debido a una exhaustiva supresión de neuronas innecesarias en el procesamiento de la información. Revolucionando así todo lo que podríamos crear en torno a ello.

De esta manera, y una vez más, la naturaleza viene a mostrarnos como se hace. Dejándonos bien en claro que todo “descubrimiento” que nos adjudiquemos como especie, no es más que una mera replica de un sistema mucho más antiguo que nuestras PCs de escritorio, las cuales conectamos a nuestro fantástico Internet. El mismo fue desarrollado alrededor de los años 80s, pero en el suelo que pisamos, se haya una red 25 veces más compleja que internet, creada hace más de 40 millones de años llamada Michorizla.

Tan complejo e inteligente es el sistema que conforma lo que nosotros nombramos “Naturaleza”, que desarrollo cerebros tan complejos que serían capaces de ser cocientes de sí mismos y del mundo que los rodea, y que a su vez serían capaces de aprender de sí mismos y desarrollar sistemas basados en el funcionamiento de las propias neuronas. Pero, supongo que esa tal Natura no es más que un desordenado montón de mugre, que alberga preciados minerales que nos hacen vernos más brillantes o coloridos que nuestros desiertos de cemento. Quizás, coincido en que, tras milenios de evolución, esta inteligencia superlativa si erró en algo, y fue en dotarnos de arrogancia, poniendo en nuestra mano el fuego, con el que podríamos iluminar nuestras aldeas o quemar todo aquello que nos dio vida.

Compartí esta noticia !

La maquina suprema, ¿Dios o El Turco?

Compartí esta noticia !

Hoy más que nunca, hay mucho de qué hablar en el rubro (I.A), pero ¿Qué podríamos sacar en limpio? Las conclusiones distópicas, el anhelo de compañía y la fascinación constante para con los avances tecnológicos, no provocan más que un montón de ruido en torno a esto. Como todo enredo, toca empezar por el principio, desenmarañando lo más profundo y carnal detrás de la búsqueda constante de una “Maquina Suprema”.

Para ello, dirijámonos a el inicio de todo, una idea. Como todo disparatado sueño humano, primero creamos una imagen u objetivo deseado, para posteriormente evaluar su factibilidad y ponerlo en práctica. A modo de ejemplo, cuando el hombre necesitó recorrer mayores distancias, buscó entre millones y millones de registros en su cerebro, sintetizando ideas relacionadas al movimiento, animales, viento, quizás objetos redondos, que posteriormente pondría en práctica. Se subiría al caballo, crearía la vela, la rueda y más tarde desarrollaría el mismísimo motor de combustión interna.

En este caso, se remonta a la simple necesidad de resolver un problema determinado, la “Automatización”. El primer Autómata data del año 1500 A.C, en la antigua Etiopía y consistía en una estatua del rey de Etiopía que era capaz de emitir sonidos cuando al amanecer los rayos del sol la iluminaban. El concepto de “Robot” es relativamente reciente, fue introducido en 1921 por el escritor checo Karel Capek en su obra R.U.R, para designar a una maquina que realiza tareas en lugar del hombre. Pero sus precursores, los autómatas (del griego automatos, o “ingenio mecánico que obra por sí mismo”), han sido objeto de deseo y fascinación constante para el hombre desde la antigüedad.

Y a esta fascinación han contribuido algunos de los mas grandes inventores de la historia, como Leonardo Da Vinci, con fabulosas creaciones como La Orquesta autómata de Al-Jazari (Siglo XII y XIII). Pero el autómata más famoso de la historia fue un “impostor”, en 1769 el aristócrata húngaro Wolfgang Von Kempelen fabricó un imponente busto de madera de un jugador de ajedrez, conocido como El turco por su atuendo. Éste emergía detrás de una gran mesa cerrada de madera (que albergaba un complejo sistema conformado por engranajes, poleas y cables), presidida por un tablero de ajedrez. Pronto ganó fama a través de un Tour de exhibiciones en Europa, en los que el autómata desafiaba y siempre derrotaba a los asistentes como Napoleón Bonaparte.

Mas tarde, en una de sus exhibiciones, el escritor Edgar Alan Poe propondría la teoría (acertada) de que había un impostor dentro de la mesa. Se trataba de un maestro ajedrecista real, que movía las piezas mediante laminas magnéticas, simulando así lo que el mundo conocería como autómata. El siglo XX trajo los transistores y con ellos la computación, expandiendo los límites de manera exponencial, erradicando los impostores (magia negra) y apuntalando los fundamentos matemáticos de la automatización.

Volviendo al eje conductor, el motor que sostuvo al robot (autónomo) como objeto de fascinación a lo largo de los siglos, fue siempre la posibilidad futura de que la máquina supere al humano. En la actualidad, las redes neuronales de sintaxis estrictamente matemáticas, aparentan haber superado extremadamente bien a su creador tanto en velocidad como en I.Q. fascinándonos por su desempeño y habilidades.

El futuro nos depara un entorno signado por algoritmos como éste, conectados a su vez con trillones de Bytes de información (Internet), aparentando encarnar lo que la humanidad siempre llamó Dios. Es paradójico que la ciencia jamás reconociese al error como parte integral de la inteligencia, aún cuando acepte el “ensayo y error” como pilar de la misma. Friedrich Nietzsche sentenció: “…Y tal fue la arrogancia del hombre, que creó a Dios a su imagen y semejanza”, tal y como si se tratase de una premonición, ya que no hay momento de la historia en el que aplique mejor.

Bien sabemos, que el autómata “Consciente” del mundo y de sí mismo, no deja de ser un “aparentemente cercano anhelo”. Dejando a la fascinante tecnología de algoritmos de lado como una herramienta útil, llevándonos a suponer que estamos parados viendo a “El Turco” del siglo XXI, y esperando a que el fantasma de Poe nos recuerde que detrás no hay mas que un muy experimentado impostor.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin