Camilo Furlan

Diploma Internacional en Biopoder Campesino: un simposio de conocimientos agroecológicos

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El Certificado Internacional en Biopoder Campesino será gratuito y en línea. Comienza este 14 de febrero, con el objetivo de formar expertos y principiantes de diferentes países en agroecología, permacultura y soberanía alimentaria. Organizado por varias instituciones internacionales, el diploma se presenta como una posibilidad única para abordar los desafíos ambientales y sociales actuales desde una perspectiva práctica y transformadora.

Un Espacio para el Aprendizaje Colaborativo

El diplomado tendrá una duración de nueve meses y se estima que contará con 17 módulos impartidos por figuras clave, como el reconocido activista agroecológico brasileño Sebastião Piñeiro y el destacado educador agroecológico de Misiones, Argentina, Juan Carlos Furlan. Las clases se realizarán todos los domingos de 4 pm a 6 pm (hora de México), combinando sesiones teóricas con actividades prácticas que invitan a los participantes a aplicar sus conocimientos en sus territorios.

Algunos de los temas clave a tratar incluyen:

  • Cromatografía de suelos y biofertilizantes.
  • Agroforestería sucesional campesina.
  • Agrohomeopatía como herramienta innovadora en el manejo de cultivos.
  • Nanobiofertilizantes y métodos biodinámicos inspirados en el legado de Rudolf Steiner.

¿A Quién Está Dirigido el Programa?

El diplomado está destinado a campesinos, activistas, académicos y estudiantes interesados en la agroecología, la sostenibilidad y el desarrollo comunitario. Los organizadores han destacado el interés y el compromiso de los participantes en aprender a implementar la agroecología y compartir sus experiencias.

El único requisito de inscripción será la presentación de una carta de solicitud que describa el cultivo en el que el estudiante ha trabajado, las dificultades encontradas y la conclusión más prometedora del diploma. Este documento debe enviarse al correo oficial del evento: asesor.agroecologico@gmail.com.

Un Encuentro Global de Sabiduría

La iniciativa cuenta con el apoyo de una red de organizaciones como Bomberos Agroecológicos de México, la Universidad Afroamericana de Méjico y Orgánica Misiones. Además, expertos internacionales como el permacultor español Marcos Gamboa abordarán los principales temas relacionados con el clima y la sostenibilidad.

Uno de los disertantes de este programa, Juan Carlos Furlan, destacó la importancia del trabajo en grupo: “Por primera vez, organizaciones campesinas de diferentes países se han unido para construir un espacio educativo que no solo ofrece una certificación, sino que fomenta el intercambio de saberes valiosos y la acción concreta en el territorio”.

Llamado a la Acción

Frente a las crisis ambientales y sociales, el Biopoder Campesino se presenta como una herramienta para empoderar a las comunidades rurales y fomentar prácticas agrícolas que respeten los ecosistemas y revitalicen los saberes ancestrales. Con un cupo disponible de 200 participantes, el diplomado invita a todas las personas interesadas a inscribirse lo antes posible para ser parte de este movimiento internacional por la agroecología y la sostenibilidad.

Para obtener todos los detalles, las personas interesadas pueden visitar las redes sociales de los organizadores o escribir a la dirección proporcionada. La agroecología no es solo una técnica; es un compromiso con la vida y, por tanto, con la naturaleza. En este sentido, el diplomado es una invitación a formar parte de un cambio que es tanto necesario como urgente.

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¿Dónde anida la importancia de una educación diferente?

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El sistema educativo actual está construido sobre los cimientos de una cultura que prioriza la persecución del éxito y la competencia. A pesar de los intentos por fomentar el trabajo en equipo y la innovación pedagógica, el sistema parece colapsar en la misma medida en que se perfecciona. Esto plantea preguntas incómodas: ¿Qué sucedería si el 100% de los estudiantes que ingresan a la educación primaria lograran graduarse de la educación terciaria? ¿Habría suficientes personas dispuestas a desempeñar trabajos manuales esenciales para sostener el progreso? ¿O enfrentaríamos una sobreoferta de capacidad intelectual desconectada de las necesidades del mundo material?

Un ejemplo revelador de esta crisis de propósito es Corea del Sur, uno de los países que más invierte en educación, situándose en el quinto lugar a nivel mundial. En esta cultura, la búsqueda del éxito se ha convertido en un fin absoluto, generando un rechazo hacia ocupaciones como la carpintería o la albañilería, y también hacia quienes eligen no perseguir el éxito según estas normas. Este énfasis extremo ha dado lugar a un síndrome conocido como “Hwa-byung”, una condición psicológica vinculada a la represión de la ira que provoca frustración, tristeza y desesperanza, o, literalmente, “enojo interno”.

En Corea del Sur, es común que los estudiantes asistan a academias privadas llamadas “hagwons”, donde pasan largas horas mejorando su rendimiento escolar. Esta rutina, sumada a la presión social y cultural constante, ha convertido a Corea del Sur en uno de los países con las tasas de suicidio más altas del mundo por cada 100,000 habitantes. Este fenómeno ilustra cómo la búsqueda incesante del éxito puede derivar en consecuencias devastadoras.

Otra expresión de esta persecución es la construcción cultural de ídolos o héroes. Este fenómeno trasciende la mitología tradicional y se materializa en figuras contemporáneas como vende-cursos de internet, políticos extremistas, élites académicas y deportivas, y estrellas del pop. Estas figuras representan una narrativa del éxito que, en muchos casos, resulta inalcanzable para la mayoría.

En un contexto marcado por la crisis de recursos y los límites biofísicos del planeta, el sistema educativo tradicional del siglo pasado se enfrenta a un dilema. La demanda de mano de obra humana disminuye, mientras que la oferta de trabajadores cualificados aumenta. Este ciclo perpetúa un sistema que no cumple su promesa fundamental: “Estudia y trabajarás”. La meritocracia, el éxito y la realización laboral quedan cada vez más lejos para una inmensa cantidad de personas.

Esta crisis queda bien reflejada en las palabras del personaje ficticio Tyler Durden en “Fight Club”: “Somos los hijos del medio de la historia. Sin propósito ni lugar. No tenemos una Gran Guerra. No tenemos una Gran Depresión. Nuestra Gran Guerra es una guerra espiritual… Nuestra Gran Depresión son nuestras vidas. Todos hemos sido criados por la televisión para creer que un día todos seríamos millonarios, dioses del cine y estrellas del rock. Pero no lo seremos. Y poco a poco estamos aprendiendo ese hecho. Y estamos muy, muy cabreados.”

En este escenario, resulta urgente replantear los objetivos de la educación, orientándola hacia un modelo que priorice el bienestar, la sostenibilidad y la conexión entre el desarrollo intelectual y las necesidades del mundo real.

Paulo Freire afirmaba que “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. En este sentido, repensar el sistema educativo implica cuestionar no solo qué se enseña, sino por qué y para qué. Quizá, en lugar de perpetuar la carrera hacia un éxito individualista, deberíamos enfocar el aprendizaje como una herramienta para transformar nuestra relación con el mundo, atendiendo tanto a nuestras necesidades colectivas como a los límites del planeta.

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Abstinencia de petróleo y una terapia decrescentista

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Energía solar, eólica, geotérmica, termosolar, hidrógeno, etanol, biodiesel, aceite, “gasura”, plastolina, biodiesel, biomasa, hidráulica… Sin el petróleo, gas natural o el carbón mineral, ninguna de las renovables sería factible. Su extrema dependencia no solo se ve reflejada en la fabricación de los elementos necesarios para su obtención, sino su respectivo transporte, mantenimiento e incluso suplencia. Es decir, por la noche, cuando no hay sol ni viento, quien suple la demanda de ciudades enteras que dependen del parque solar? Un gigantesco motor diesel.

No es difícil sumergirse en el vasto mundo de las novedosas energías renovables, así como tampoco lo es refutarlas. Vikrant Subhash Pawar, un joven ingeniero de origen indio, ha diseñado una moto que funciona con una mezcla de hidrógeno y etanol, más conocido como alcohol etílico. Este invento fue seleccionado para el prestigioso concurso James Dyson Award de este año.

En un artículo, publicado por la página EcoInventos, se lee lo siguiente: “La motocicleta de Pawar no solo promete reducir significativamente las emisiones de gases contaminantes, sino que también busca ser una alternativa sostenible y eficiente frente a los combustibles fósiles más tradicionales.”

La tecnología necesaria para hacer funcionar vehiculos convencionales con alcohol etílico etanol ya existe, lleva el nombre de “FlexFuel” y supone una de las mas famosas alternativas “renovables” al combustible convencional.

Curiosamente, en un documental producido por Jeff Gibbs, Michael Moore y Ozzie Zehner, se menciona al etanol. Gibbs entrevistó al personal de una de las plantas de etanol más grandes de los Estados Unidos y concluyó que, para producir este “eco combustible” se necesitan dos cosas: Maíz; el cual se obtiene de latifundios de cultivo transgénico, sembrado, fertilizado y cosechado por derivados del petróleo y maquinaria movida a diesel. Por otro lado, la propia fermentación y destilación que requiere el maíz para producir etanol requiere inmensas cantidades de energía, la cual se obtiene de una mina de carbón cercana.

Este es tan solo un ejemplo, pero no termina ahí. A menudo, las alternativas no-fósiles que se venden como una solución definitiva al calentamiento global terminan agravando la situación. Esto debido a que, siendo la huella de carbono necesaria para su fabricación y puesta en marcha mayor que la que se supone que reemplaza, las energías alternativas deberían evitarse. Esta paradoja nos invita a replantearnos el camino a seguir a la hora de proponernos seriamente combatir el cambio climático.

Sin embargo, no podemos subestimar el poder de estas alternativas.

Edmundo Ramos es la prueba viviente de ello. Este ingeniero cordobes tambien supo estar abrumado por el porvenir que suponen los hidrocarburos, llevandole a pensar una alternativa. Fue así que Edmundo decidio crear el “auto a basura” una Ford Falcon Ranchero con unos simples implementos en su cajuela que le permiten funcionar en su totalidad a base de basura. No contento con eso, el ingeniero cordobés creo un manual detallado de como replicar su proyecto y lo puso a disposición de manera gratuita junto al manual de la “moto a basura” y el “grupo electrógeno a basura”. Con este vehiculo recorrió la increible cantidad de 5000 Km, abarcando toda la ruta nacional 40

Pero basta con realizar simples busquedas en la red para constatar que abundan proyectos a pequeña escala que representan una real alternativa al petroleo. Julian “Jab” Brown, Alberto H. Romaña, Vikrant Pawar, Edmundo Ramos y Stanley A. Meyer son tan solo algunos de los ejemplos. Ellos son pruebas vivientes de que sobran los medios, no para sostener la sociedad actual, sino para enriquecer las tecnologías que creen las condiciones para un decrecimiento sano, resiliente y equilibrado.

Llevar la quema de biomasa Ramos, los motores a etanol Pawar, el biodiesel Romaña o el combustible hecho de plastico Brown a gran escala implica inexorablemente el consumo de hidrocarburos como fuente de energía.

Sin lugar a dudas, la salida es el decrescentismo, lo es la simplicidad, la resolución de problemas locales con recursos locales de abundancia como la basura o el aceite usado. La salida es sin megamineria y sin empresas multinacionales que absatecen nuestro boraz artificial apetito de energía.

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El futuro de la Educación se escribe con TIC y TAC

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La educación, tal como la conocemos hoy, tiene sus raíces en un modelo que data de hace más de dos siglos: el sistema educativo prusiano. Diseñado para formar ciudadanos obedientes, disciplinados y preparados para integrarse eficazmente en la línea de producción. Este sistema prioriza la estandarización, la memorización y la jerarquía en las aulas. Pero ¿es este el modelo que necesitamos en el siglo XXI? La educación disruptiva surge como una alternativa que desafía estas estructuras, proponiendo una enseñanza flexible, colaborativa y centrada en el desarrollo del potencial individual.

El sistema prusiano, implementado a gran escala durante el siglo XIX, buscaba homogeneizar el aprendizaje. Las aulas se convirtieron en espacios donde el maestro dictaba y el alumno recibía pasivamente. El objetivo no era fomentar el pensamiento crítico, sino inculcar obediencia y preparar trabajadores para las fábricas.

Esta herencia perdura: horarios estrictos, programas uniformes y evaluaciones que priorizan el rendimiento individual por sobre la colaboración. Las preguntas que impulsan la creatividad o la innovación son reprendidas.

En octubre del año 2018 se sancionó la ley VI – N.º 212 de Educación Disruptiva de la provincia de Misiones, Argentina. Este conjunto de innovadoras normativas tiene como propósito transformar el sistema educativo mediante la incorporación de nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y las tecnologías de aprendizaje y conocimiento (TAC). Esta legislación busca generar un cambio significativo en la forma en que se enseña y se aprende, fomentando métodos innovadores y creativos.

La iniciativa resulta en un contraste más que necesario para la aún vigente educación de modelo prusiano que se torna cada vez más ineficaz en el siglo XXI. Limitando el potencial creativo de millones de jóvenes a una mecanizada obediencia que, lejos de prepararlos para la vida, los deja completamente desamparados. Este sistema educativo tuvo su momento álgido a mediados del siglo XX cuando la garantía sistemática de trabajo bien pago tenía asidero, ofreciéndo una expectativa de 40 años de duración laboral, mientras que hoy ese número desciende a 4,5 años.

La Escuela de Robótica, el Parque Industrial y de la Innovación Posadas, y el Polo TIC se unieron para llegar al interior de la Provincia, creando la Red de Espacios Maker. La cual consiste en ser una extensión de la Escuela de Robótica replicada en decenas de municipios distribuidos en la provincia de Misiones. En cada nodo, se aplican exclusivamente métodos de enseñanza disruptiva, con mesas redondas, parejas pedagógicas (Técnico – Pedagógico) y se potencia el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y los potenciales individuales de cada alumno. Esto permite la participación de alumnos con una franja etaria de 4 años en adelante.

No hace falta destacar que, la importancia de dicha iniciativa provincial, no se reduce meramente a una educación de calidad como una mejora al aún vigente sistema de educación prusiano. Es decir, no milita en pos de tratar a los jóvenes como simples productos o estadísticas que sigan órdenes a rajatabla, sino que se trata de la transición necesaria hacia una educación que prepare a las generaciones venideras para las condiciones que impone este siglo.

En un contexto de colapso social y ambiental, no solo hacen falta más individuos con pensamiento crítico, sino fortalecimiento de comunidades y de sus redes. He ahí el valor de la apuesta tecnológica en territorio por parte del gobierno de turno. Estas iniciativas, además de ser disruptivas, no aparentan un sentido racional, ya que parecieran tomar un curso “a contra corriente” al combinar Apuesta Tecnológica con Apuesta Rural, incentivando un diálogo respetuoso entre estos dos mundos y evitando al mismo tiempo el éxodo rural.

Bien sabemos que urgen alternativas que nos permitan transitar hacia un mundo resiliente, sin sacrificar en el camino los valores culturales y tecnológicos aprendidos durante épocas de abundancia de recursos. Por ello, son plausibles todas las iniciativas que promuevan una transición inteligente hacia ello.

Sin olvidarnos, claro está, que el camino para llegar a este ideal no será el más fácil, pero sí el necesario.

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Luigi Mangione: ¿Justiciero o Criminal? El Caso que Sacudió a UnitedHealthcare

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El pasado 4 de diciembre, un hombre encapuchado disparó por la espalda al CEO de UnitedHealthcare, Brian Thompson. Las tres balas que atravesaron su cuerpo llevaban inscritas palabras tan frías como simbólicas: “Deny” (Negar), “Defend” (Defender), y “Depose” (Destituir). Cinco días después, cuando su atacante fue detenido, ya no era visto como un simple asesino.

El encapuchado se había convertido en un símbolo.

Las redes lo bautizaron como el “vengador de la clase trabajadora”, aunque otros lo calificaron como un eco moderno de Unabomber. Pero, ¿quién es realmente Luigi Mangione? ¿Un héroe popular? ¿O solo un hombre que decidió quitarle la vida a otro?

Mangione, un joven de 26 años, se volvió viral en cuestión de horas. El relato predominante lo presentaba como un ciudadano ejemplar que decidió hacer justicia por su cuenta contra la figura más reconocible de una de las empresas más odiadas de Estados Unidos.

Sin embargo, antes de juzgar la moralidad de su acto, conviene observar las cifras.

UnitedHealthcare no es cualquier empresa. Es la aseguradora de salud más grande del país, y sus precios lo reflejan. Una mensualidad promedio ronda los $500 dólares (aproximadamente 750.000 pesos argentinos).

Thompson, tras el ataque, fue trasladado a un hospital donde falleció pocas horas después. Pero si hubiera sobrevivido, ¿cuánto habría costado su recuperación?

Según un estudio de la National Library of Medicine (2022), estos son los costos promedio por herida de bala en centros de trauma de nivel 1: Heridas abdominales: $66,780; Heridas de tórax: $3,986; Tejidos blandos: $3,509; Extremidades: $19,875; Cabeza o cuello: $64,533
En el caso de Thompson, se sabe que fue herido en la espalda, pantorrilla y pecho, lo que implicaría un costo estimado de $27,847 dólares (aproximadamente 28.3 millones de pesos argentinos).

¿Quién hubiese pagado esa factura? Los clientes de UnitedHealthcare.

Aunque la aseguradora afirma estar “contigo en lo que importa”, la realidad es que el 15% de sus ingresos proviene de las inversiones de sus accionistas. Si, UHC Group, cotiza en la bolsa de valores. Y, como es de esperar, los intereses de esos accionistas importan tanto –o más– que la salud de sus clientes. Dos gigantes controlan casi una cuarta parte de UnitedHealthcare: Vanguard Inc. y BlackRock. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿es realmente el cuidado del paciente la prioridad de una empresa que, al mismo tiempo, debe rendir cuentas a las dos mayores gestoras de activos del mundo?

La empresa ha sido denunciada innumerables veces por el uso de I.As incompetentes que daban altas prematuras a tratamientos incompletos, restringian el uso de medicina e instrumentos médicos con el fin de ahorrar costos “innecesarios”, por ejemplo, negando respiradores a personas con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que supo padecer el recientemente fallecido físico teórico Stephen Hawking.

También se denunció a UnitedHealthcare por el sesgo racial de su IA de atención al cliente. En noviembre de 2023, una demanda colectiva afirmó que la aseguradora utilizaba IA para denegar reclamaciones de Medicare Advantage, afectando especialmente a comunidades marginadas al reemplazar el juicio humano con decisiones automatizadas erróneas.

Sin embargo, puede que Luigi Mangione no trascienda como el héroe que encendió la chispa de una revolución. La viralidad del lema #FreeLuigi parece tener más relación con el fenómeno del “Pretty Privilege” –el privilegio de aquellos con atractivo físico– que con un cambio social real.

Mangione está en boca de todos, pero difícilmente esto se sostendrá. Basta recordar a Aaron Bushnell, el militar estadounidense que se inmoló frente a la embajada de Israel en febrero, gritando ¡Free Palestine! hasta su último aliento. Aunque su acto quedó grabado en la historia, no hubo consecuencias significativas para las prácticas genocidas del régimen sionista.

Ojalá me equivoque. Porque, mientras avanza esta década, el horizonte se oscurece con crisis sociales y climáticas. Necesitamos actos de heroísmo que vayan más allá de desencadenar una cacería humana de CEOs y que apunten directamente a las causas profundas de los problemas crónicos que enfrenta nuestra sociedad.

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