Guillermo Knass

Economista. Magíster en Administración.

Juan Vital Sourrouille el hombre tras el “Plan Austral”

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El miércoles nos enteramos de la triste noticia del fallecimiento del ex ministro de economía de Raul Alfonsín, Contador Juan Sourrouille, y me pareció oportuno replicar una nota donde expuse brevemente lo que fue su gestión, mas precisamente su plan económico “El Austral” que en realidad no se llamaba así, pero esa es otra anécdota.

Parcialidades previas:

Siempre consideré a Sourrouille un economista extraordinario …muy formado, apasionado y comprometido con su trabajo; cuando uno investiga el Plan Austral, la primera conclusión que saca es “realmente estos tipos eran muy talentosos y trabajaron muchísimo”. Pero también es entendible que el común de la gente; sobre todo asalariados de finales de los 80 tengan una visión distinta, (bah, contraria no nos engañemos) ya que la hiperinflación castigó muy duro a los Argentinos y es razonable que uno mida al ministro por cómo le fue a su bolsillo. Pero los que nos dedicamos a investigar esto sabemos que los ministros no tienen un tablero con dos botones donde pueden elegir apretar “voy a ser bueno y generoso” o “ voy a ser malo y que la gente sufra”.

La gestión de un ministro se mide por los problemas que enfrenta y la caja de herramientas que cuentan para resolverlos. Algunos tienen la suerte de que les toca un taller de lujo para arreglar una gotera (y ni eso hacen, pero como la gotera no molesta mucho nadie lo percibe), y otros como el pobre Sourrouille le dejaron un destornillador redondeado y un pedazo de alambre viejo para reparar la represa que se quebró. La vida no es siempre justa con el que más se lo merece.

Fue honesto, pero siempre consideró eso un tema menor… se sintió “enriquecido” de pertenecer a un gobierno que instauró la idea de que la constitución se aplica a todos por igual y pudo iniciar para siempre el camino de la democracia en la Argentina. Y siempre se sintió responsable de no estar a la altura de los problemas del país, pero viendo la rotura y las herramientas heredadas no creo que alguien pudiera haberlo hecho mejor.

Tendría mucho para escribir, pero me limito a replicar a continuación la nota que hice sobre el plan hace un tiempo en este medio sin cambiar nada para no perder la objetividad de lo escrito sobre alguien que todavía vive.

Que en paz descanses Juan Vital Sourrouille

La columna:

¿Qué estamos haciendo mal? (Segunda parte)

En el artículo anterior abordamos el plan económico de la dictadura militar desde un punto de vista lo más neutral posible (para analizar cuales son las medidas adecuadas y las erradas, para no caer en el “eran malos así que hicieron todo mal”). Seguiremos esa línea para analizar el revolucionario plan Austral lanzado en el segundo año de gobierno de Raúl Alfonsín, que por un lado fue ejemplo a seguir para países como Israel y objeto de estudio del premio nobel Modigliani o autores renombrados en Macroeconomía como Fisher y Dornbusch, que vinieron al país a ver el milagro de cómo una inflación del 30 % mensual bajó al 2 o 3 % sin efectos recesivos.

Momentos previos:

Bernardo Grinspun era un keynesiano convencido, y bajo esa línea intentó por un lado una expansión del gasto público para asistir a las demandas que el país exigía de la nueva democracia, priorizando el incremento de la actividad económica y como resultado de esto; la confianza en la nueva administración haría bajar gradualmente la inflación. 

El efecto fue que la inflación del año 1984 fue de 687 por ciento, casi a un paso de la hiper. Esto llevó al cambio de ministro en febrero de 1985 por el secretario de Planificación Económica que era Juan Sourrouille, un hombre formado en el estructuralismo y con mucho conocimiento de las cuentas nacionales argentinas. En junio presenta lo que se llamó el plan Austral.

El plan:

El plan Austral fue heterodoxo y ortodoxo a la vez; tenía medidas que son consideradas por la literatura como atajos que en el mejor de los casos duran un par de meses, pero también otras que atacaban los problemas de fondo:

Control de precios: Con una inflación al 30 o 40 por ciento mensual, pensar en bajarla gradualmente era el camino al fracaso, entonces se decidió un congelamiento de precios y tarifas que, cabe aclarar, solo servía para detener la inflación inercial (entiéndase esta como la de expectativas adaptativas: “si la inflación de mayo fue del 30 % la de junio no va a ser menos que esa, así que remarco mis precios mínimo un 30 %”).

Tabla de desagio : En sintonía con el control de precios se hizo una tabla de devaluación de la moneda anterior (peso argentino) contra el Austral, esto hacía que por ejemplo si había un contrato de alquiler o un préstamo pactado con un 30 por ciento de aumento mensual en pesos; se devaluaban un 30 por ciento contra el Austral. De esta manera los contratos hechos con anterioridad se respetaban, no generaban transferencias de riqueza extraordinaria o impagables de deudores a acreedores y el efecto inflacionario era nulo.

Las ortodoxas: prohibición de emitir para financiar al Estado, acuerdo con el FMI y bancos para pagar la deuda con dólares de exportaciones, y mantener las cuentas fiscales equilibradas, etc.

¿Qué debía pasar?

De hecho lo que debía pasar, pasó un tiempo; los precios debían bajar abruptamente por el control, los contratos anteriores de todo tipo, calculados con alta inflación, no debían distorsionar los precios por acción de la tabla de desagio y la sustentabilidad de las cuentas públicas por un lado y el respaldo del FMI y del Tesoro de Estados Unidos eliminarían la emisión monetaria para financiar déficit y las expectativas de devaluación que impactan directamente en los precios.

¿Qué pasó? 

La inflación cayó abruptamente a tasas promedio del 3 por ciento mensual en los meses siguientes, también se reactivó la economía que creció un 4 por ciento en el último trimestre de 1985 y 2 por ciento en el primero de 1986. Las cuentas públicas nacionales se ordenaban y el éxito del plan invitaba a otros países a hacer lo mismo.

Pero para mediados del año siguiente empezaba a verse un problema; si bien la inflación bajó del 30 al 3 por ciento mensual, ésta todavía estaba muy por encima de la inflación internacional, lo que hizo empezar un proceso de minidevaluaciones del Austral para que este no se atrase; y con esto aumentó levemente la inflación en los meses siguientes.

Pero en realidad lo que mató al plan Austral y hizo terminar en la hiperinflación de 1989 fueron acontecimientos externos e internos:

Externos:

Argentina sufrió en 1986 un deterioro en los términos de intercambio por la caída del precio de las exportaciones. Esto hizo escasear los dólares necesarios para pagar deuda que era carísima de financiar dado que Estados Unidos tuvo la suba de tasas de interés más alta de la historia y que arrastró a una crisis que pegó particularmente duro a Latinoamérica por sus abultadas deudas. 

Además, la sequía de 1987, que bajó la cosecha y no permitía generar electricidad en las represas, acentuó la recesión y el malestar social.

Internos:

Técnicos: quizás un error de cálculo de la cantidad de dinero, ya que si bien se cuidó la regla de no financiar el déficit con emisión, el aumento de demanda de dinero generó una expansión que hasta hoy se discute si no incidió, pero es un tema menor. También el cálculo de la necesidad de financiamiento del plan, pero nadie se esperaba ni el derrumbe del precio de los cereales, ni la sequía del 87 que afectaba seriamente la entrada de dólares necesarios para el plan.

Políticos: a pesar de que el plan cuidó mantener el salario real, los sindicatos ejercieron mucha presión. Para ilustrar la situación, hay un anécdota entre el ministro y Ubaldini (secretario general de la CGT): el primero trata de explicar lo peligroso de dar aumentos nominales por encima de lo posible porque haría que la inflación se disparara nuevamente, a lo que Ubaldini contestó: “Si aumentan los sueldos es una victoria mía; si aumentan los precios es una derrota suya”. Siguieron 13 paros generales. 

La misma presión ejercían los cuadros militares que en ese momento todavía eran una amenaza cierta de golpe de Estado y sobre todo después de la derrota del 87 del Gobierno en las legislativas.

A modo final: el plan Austral estaba calculado para dar competitividad, crecimiento y bajar la inflación; no estaba basado en el endeudamiento y especulación como la tablita, tampoco en la ingenuidad de que se podía mantener precios fijos y aumentar sueldos indefinidamente como el plan Gelbar, pero las condiciones cambiaron tanto los años siguientes y la intransigencia de grupos de presión internos hicieron que terminara en lo que terminó. “Yo hubiese querido que las cosas salieran mejor…. sin duda alguna”, manifestaba Juan Sourrouille, ex ministro de Economía de la Nación.

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Maradona y las gambetas a la teoría económica

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Como ya sabemos, este 2020 entre otras desgracias se llevó al máximo ídolo futbolístico, sobre el que hay canciones, pinturas, esculturas, chistes, memes etc. etc. No voy a entrar en polémicas sobre su vida personal ni profesional ya que de eso está todo saturado…

El dato poco conocido para muchos es que Maradona, años después de aquel inolvidable partido contra Inglaterra en México 86; inspiró con sus goles a nada menos que el gobernador del Banco Central de Inglaterra, Lord Mervin King, para escribir un trabajo sobre el rol de los Bancos Centrales en el combate de la inflación y la posición de las tasas de interés.

El texto compara los dos goles de Maradona a los ingleses con reglas que debe seguir un Banco Central para llegar a controlar la inflación;

Importante:

El texto habla exclusivamente sobre el manejo de la tasa de política monetaria, que en nuestro caso es la tasa de las Leliq, y  que en la era de Macri eran la Lebac.

Quiero agregarle al manejo del control del precio del dólar, ya que coincido con Martin Redrado en que en Argentina es más importante controlar el dólar que la tasa de interés, porque la divisa norteamericana es tomada más como referencia para el nivel de precios.

Esta ampliación no invalida las reglas de Mervin King, ya que en ambos casos se refiere a cómo la política monetaria influye sobre una variable.

A continuación, transcribo una traducción del fragmento del trabajo donde propone la regla y daré mi explicación personal del tema:

Primer gol: el de la mano de Dios o el zigzagueo

“Esto es lo que yo llamo la teoría de tipos de interés de Maradona. El gran futbolista argentino, Diego Maradona, no suele asociarse con la teoría de la política monetaria. Pero su actuación contra Inglaterra en la Copa del Mundo en la Ciudad de México en junio de 1986, cuando marcó dos goles, es un ejemplo perfecto de mi punto. El primer objetivo de Maradona de la “mano de Dios” fue un ejercicio del antiguo enfoque de “misterio y mística” de la banca central. Su acción fue inesperada, inconsistente en el tiempo y contra las reglas. Tuvo suerte de salirse con la suya.”

Fuente:

https://www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/speech/2005/monetary-policy-practice-ahead-of-theory#:~:text=As%20the%20Maradona%20theory%20of,Mais%20lecture%20has%20itself%20demonstrated

Explicación:

Con algo de frustración inglesa por el hecho (y algo de razón si se me permite) aquí el autor destaca que si bien convirtió el gol, lo que tuvo es “suerte” y que esa suerte es inconsistente en el tiempo. Es decir… , no te va a salir siempre.  

Segundo gol, la línea recta

“El segundo objetivo fue un ejemplo del poder de las expectativas en la teoría moderna de las tasas de interés. Maradona corrió 60 metros desde el interior de su propio campo batiendo a cinco jugadores antes de colocar el balón en la portería inglesa. Sin embargo, lo verdaderamente destacable es que Maradona corrió prácticamente en línea recta. ¿Cómo puedes vencer a cinco jugadores corriendo en línea recta? La respuesta es que los defensores ingleses reaccionaron a lo que esperaban que hiciera Maradona. Como esperaban que Maradona se moviera hacia la izquierda o hacia la derecha, pudo seguir recto. La política monetaria funciona de manera similar. Las tasas de interés del mercado reaccionan a lo que se espera que haga el Banco Central”.

Fuente:

https://www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/speech/2005/monetary-policy-practice-ahead-of-theory#:~:text=As%20the%20Maradona%20theory%20of,Mais%20lecture%20has%20itself%20demonstrated

Explicación:

Entiéndase bien: la regla no trata de como hacer un gol…. Se trata de cómo se van a comportar tus adversarios en el objetivo. Maradona pudo hacer un gol en línea recta porque los ingleses esperaban de Él el zigzagueo o “la magia”. Si lo repite con insistencia, seguro no hace el gol pero consigue que todo el equipo contrario corra en el mismo sentido, porque eso esperan de Él. 

Vamos a la política monetaria: Si yo dejo que el dólar suba o baje, subo o bajo las tasas de interés, esto se va a transmitir a toda la economía y por ende todo va a zigzaguear, que en el caso de Argentina va a significar que el dólar se dispare y se disparen los precios. Si trazo un camino en línea recta y soy creíble de que voy a ir por ese camino, aunque a veces tenga que correrme para esquivar una patada, pero vuelvo a la línea, todo se va a terminar alineando. Si pongo una meta de inflación y del valor del dólar, y demuestro a la sociedad que voy a hacer todo para cumplirla, voy a conseguir calmar el dólar y los precios. Nadie compraría dólares para atesorar si sabemos que no va a subir… no sería negocio. Pero como no vemos la línea recta corremos a comprarlo; porque en la Argentina ya aprendimos todos que lo único que nos protege del zigzagueo de la política monetaria son los dólares abajo del colchón.

El caso:

El gobierno de Macri anunció un esquema de metas graduales para combatir la inflación controlando la tasa de política monetaria; si bien en los dos años que duró, no se cumplieron las metas, la diferencia entre lo deseado y lo real se iba achicando. Hasta que el 28 de diciembre de 2017 el ex Jefe de gabinete Marcos Peña tuvo la fantástica idea de cambiar las metas para 2018 de 12 a un 15 por ciento con la excusa de acelerar la recuperación económica. 

El resultado: el mercado lo tomó como un avasallamiento del Ejecutivo sobre el BCRA, una pérdida de poder de Federico Sturzenegger y por ende de sus metas….en fin, se abandonaba la línea recta donde todos los jugadores iban entrando y volvía el eterno zigzagueo de la política monetaria argentina :

Seguro que en 2018 tampoco se iba a cumplir la meta original del 12 por ciento porque “pasaron cosas”; pero también es seguro que si no existía el bendito #28D y dejaban a Sturzenegger seguir la línea recta, el desastre no hubiera sido tal. Marcos Peña quería hacer “magia y mística” y no le salió.

Lo mismo aplica para el actual presidente del BCRA, Miguel Pesce: está desesperado por controlar el dólar; entonces endurece y ablanda el cepo, pone y quita el parking para el dólar ccl. Sube y baja la tasa de interés etc. Resultado: de tanto zigzagueo, los que pueden, corren detrás del dólar porque nadie espera que haya un toque de “magia y mística “ en esas medidas y solo esperan el desenlace caótico que siempre pasa. El mensaje sería este: Pesce “ Tampoco tenés la mano de Dios; trazá una línea recta de una vez”.

Conclusión:Así como saltar del noveno piso y vivir para contarlo solo puede hacerlo García, un gol con la mano de Dios sólo pudo salirle a Maradona. Si no sos Charly o Diego y en vez de dedicarte a la música o al fútbol se te da por ser presidente del Banco Central, no intentes tener suerte o “misterio y mística”, porque te puede salir bien una, pero es inestable en el tiempo.  Lo que necesitamos es que pienses, planifiques, traces una línea recta, hagas que todos los jugadores contrarios vayan por ahí y domines las expectativas, para que dé una vez para siempre seamos un país normal y no tengamos inflación.

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Las leyes económicas y la realidad real

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En esta ocasión, decidí que más que enfocarme en una problemática de la actualidad, quiero hablar de “Economía”. Sin dudas que, cuando se habla de ella, los debates son acalorados y para nada aburridos: todos opinan y probablemente cada uno tendrá una postura diferente. Incluso, es notable cómo se contradicen los economistas entre sí. Es por ello, que hoy quiero presentarles algunas de las principales ideas de esta apasionante y contradictoria ciencia, contarles las contradicciones entre las diferentes corrientes de pensamiento económico y, finalmente, contrastarlas con la realidad (y con el sentido común) y ver cuán acertadas están:

  1. “No puede existir demanda sin que haya oferta” o “la oferta crea su propia demanda” este enunciado se conoce en economía como “la ley de Say” y se trata de una idea fuertemente relacionada con la teoría clásica. De algún modo, lo que está ley trata de decir es, que evidentemente, para que alguien pueda consumir un producto, primero ese producto debe existir, por lo que es muy importante estar siempre pendientes de la estructura de producción: si ella funciona bien, siempre existirá un mercado para vender el producto.
    Sin embargo, en la historia aparece otro famoso economista que no estaba para nada de acuerdo con esta ley: el célebre Sr. Keynes: quien decía que, en muchas ocasiones, la demanda efectiva es menor a la oferta, lo cual llevaba a la generación de excedentes y que en esos casos era importante incentivar la demanda para que se puedan colocar esos excelentes.
    Y… ¿en la realidad? Fuera del plano teórico, todos tienen razón, aunque digan exactamente lo contrario. Existen periodos de tiempo, generalmente los de crisis económica, donde la demanda cae y donde un país tiene muchos factores productivos (recursos) ociosos. En esos casos, la historia ha demostrado que los incentivos para hacer crecer la demanda han servido para salir de la crisis, ya que al incrementar la demanda, se producía más para satisfacerla y así, se incrementaba el ingreso. Pero también es cierto que, este es un remedio temporal y mientras se tengan recursos ociosos. En el largo plazo, si no hay incentivos para la producción, por más demanda que exista, no habrá disponibilidad de bienes y no se podrá consumir (miremos el caso de Venezuela: el desabastecimiento y las largas colas para conseguir algunos bienes).
  2. “El dinero no es riqueza” esta ley se basa enteramente en el sentido común, sin embargo, es ampliamente ignorada, incluso por muchos gobernantes que llevan adelante la política económica. El dinero, es básicamente un instrumento de intercambio y su valor se encuentra en el poder adquisitivo del mismo. Es decir que, la riqueza de una persona reside en su posibilidad de acceder a bienes y servicios.
    Entonces, un país en su conjunto, no puede aumentar su riqueza aumentado sus existencias de dinero. En criollo: que apelemos a “la maquinita” no nos hace más ricos, si es que la producción y disponibilidad de bienes y servicios no aumenta.
  3. Y… como frutilla del postre, les voy a contar de otra interesante ley económica y que realmente es importante traerla a colación: se trata de la “ley de Gresham”. La misma establece que cuando en un país circulan dos tipos de monedas, y una de ellas es considerada por el público como “buena” y la otra como “mala”, la moneda mala siempre expulsa del mercado a la buena. En otras palabras, las personas siempre querrán ahorrar en la moneda buena y deshacerse de la mala.
    Entonces, si la contrastamos con la realidad, podemos notar que los argentinos no somos egoístas cuando queremos comprar dólares y deshacernos del peso, sino que solamente estamos tomando decisiones económicas racionales, tratando de mantener el poder adquisitivo futuro (para algún día poder llegar a cambiar de auto o cumplir el sueño de la casa propia). En definitiva, el problema no es la gente, el problema es el peso y las políticas económicas que llevaron al peso argentino a ser la “moneda mala”.

A modo de cierre, no es posible demostrar fehacientemente que una teoría es correcta y otra no lo es. Cuando hablamos de leyes económicas, tenemos que tratar a las mismas como un “conocimiento no exacto”, aplicado a un contexto y recordar que se trata de una “ciencia social” sin verdades absolutas.

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Es ley… ¿Es ley?

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Como ya venimos un poco saturados de información sobre la pandemia, la recesión es un hecho irreversible, sobre dólar, deuda e inflación ya dijimos mucho, creo que es bueno un aporte para distender la lectura y mostrar ciertos temas que responden al interrogante de ¿por qué hay tantos desacuerdos a la hora de decidir qué hacer para salir adelante?

Ordenando el debate:

Anclar el dólar o devaluar; arreglar la deuda o caer en default; subir la tasa o bajar la tasa de interés, etc. A lo largo de nuestra historia se probaron tanto el ying como el yang y en distinto momento funcionaron y fracasaron ambos, ¿por qué? Porque no existe una medida que sea exitosa en todo contexto, sino ya tendríamos el problema resuelto   y pongamos un ejemplo aplicado a nuestro país sobre el primer dilema:

Dólar fijo o devaluación 

Primero debemos tener en claro cuál es nuestro problema y, como docente de macroeconomía, entiendo que los problemas fundamentales son tres:

1 Crecimiento

2 inflación 

3 Desempleo

Si tuviéramos uno solo de los tres o una herramienta distinta para solucionar cada uno, estudiamos cual es la adecuada y a cada tornillo apretamos con su destornillador. Pero la vida real no es tan sencilla, de hecho el Ministro de Economía es como un soldado en el frente de batalla con menos balas que enemigos (y está prohibido rendirse). También ocurre que apretar un tornillo a veces afloja otro y así vamos: si tu problema más grande es la inflación y lo querés resolver rápido, es fácil, “enfrías” la economía, subís el desempleo y la inflación seguro que baja; pero ahí tu problema deja de ser la inflación y pasa a ser el desempleo (¿complicado no?). 

Pero hay esperanza: sacando de lado los tiempos extraordinarios de pandemia el mundo en general eliminó la inflación y, en mayor medida el desempleo. Todo esto se logró apretando y aflojando los tornillos simultáneamente con mucha precisión y cuidado.

Caso concreto:

En 1989 la inflación  en Argentina llegó al 3080 % anual, el año 1990 no se veía mejor ya que los precios aumentaron 2300 %. Entonces se resolvió usar el dólar como ancla cambiaria y nació el 1 a 1. Resultados

Fuente: elaboración propia en base al Ministerio de Economía.

Claramente si el principal problema era la inflación y era producto de la brutal disparada que el dólar estaba pegando, esto se solucionó con el destornillador N° 1: fijar el tipo de cambio.

Ahora parece que apretar un tornillo aflojó otro…. Miremos el desempleo

Fuente: elaboración propia en base al Ministerio de Economía.

Sería injusto echarle toda la culpa a la Convertibilidad, pero que en gran parte era consecuencia de esto por la pérdida de competitividad que tuvo el peso (sobre todo en entre 1999 y 2000 ) es cierto.

Entonces llega diciembre de 2001 y la historia es conocida; la Convertibilidad voló por los aires y la mejor solución era buscar el destornillador que decía devaluar… ¿Pero cómo? ¿No era que por la devaluación terminamos en la hiperinflación? 

De hecho se devaluó, se bajó el desempleo, la economía volvió a crecer hasta aproximadamente el 2011 y otra vez el problema empezó a ser la inflación y hoy todos queremos que el dólar se quede quieto porque sabemos que cuando este se mueve, también se mueven los precios. Entonces ahora el destornillador adecuado sería el que se usó a principio de los noventa y ajustó el peso hasta dejarlo uno a uno con el dólar. ¿Pero no es ese el que nos llevó a la crisis del 2001? 

¿Cómo se resuelve esto?

Primero hay que entender que no existe un dilema entre devaluar o fijar el dólar ni entre los otros mencionados, sino que son medidas concretas que dependen del contexto y de cuál sea el problema más grave. No se agarra un destornillador por una razón ideológica o por una causa; se agarra porque hay un problema concreto de un tornillo flojo que hay que ajustar y punto. Acusar de neoliberal a alguien que en este momento quiera estabilizar los precios y  uno de ellos  (quizás el principal  porque en la Argentina sirve de referencia para todos los demás) es el dólar es una burrada.

Devaluar o no es una consecuencia, y aquí viene la primera ley que en caso de quebrarla las consecuencias serán inevitables:

Si tenemos un déficit fiscal por encima de las posibilidades de financiamiento, tarde o temprano tendremos las consecuencias: o será una fuerte inflación que nos hará rogar por una nueva convertibilidad como en el 91, o será una fuerte recesión que nos hará creer que nos salvamos con una devaluación como en el 2002. Pero la ley seguirá ahí y mientras la sigamos quebrando seguiremos pagando… los que crean que pueden ir contra esto vuelvo a recordar las palabras de Dornbusch:

 “… Cada vez que visité un país que siempre dicen -usted no entiende profesor Dornbusch, aquí es diferente-. … Bueno, nunca es”.

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El dólar, el cepo y el equilibrio de la economía

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Una de las frases más célebres del cine argentino de los últimos tiempos, sin dudas es la de Pablo Sandoval (el personaje interpretado por Guillermo Francella en el Secreto de sus ojos): El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín… no puede cambiar… de pasión”. Al recordarla, no pude evitar pensar en dólar y los argentinos: es que no hay otros números que nos llamen tanto la atención en la economía como el precio del dólar. Ante la crisis o simplemente ante la falta de credibilidad en la estabilidad económica, cualquier argentino con una mínima capacidad de ahorro, sin dudas querrá comprar dólares.

Pero la cosa no es tan sencilla, ya que no son tan fáciles de conseguir, al menos en Argentina, ya que, el cepo no permite acceder de manera irrestricta a dicha divisa y… si alguien quisiera más dólares de los que puede comprar de manera oficial, deberá recurrir al mercado paralelo y comprarlo a un precio mucho más elevado.

Pero ¿por qué Argentina es tan propensa a crear estas restricciones cambiarias? ¿no sería mejor liberar el dólar y que todos puedan acceder a él de manera irrestricta de modo que aquellos que tengan capacidad de ahorro no pierdan ante la pérdida de valor del peso?

Es que, como la gran mayoría de las decisiones de política económica, la cosa no es tan sencilla y les voy a explicar por qué. Claramente, si el Gobierno tiene que limitar o racionar la venta de dólares, es porque hay escasez de la divisa norteamericana. Sin embargo, se podría argumentar, como lo hacen muchos economistas más afines con las ideas liberales, que es innecesario e ineficiente hacerlo, ya que si liberaran la venta de dólares, el exceso de demanda incrementaría el precio de los mismos, hasta que el mercado alcance su equilibrio (es decir que la cantidad de dólares ofrecidos en el mercado sea igual a la cantidad demandada).

Sin embargo aquí se encuentra el gran dilema ¿es beneficioso liberar el dólar y que el precio suba hasta llegar al equilibrio? ¿hay alguna razón para creer que la palabra “equilibrio” sea mala en este caso? Para aclarar la situación, cabe decir que el “equilibrio” en la economía siempre es bueno. El problema es que, tal como lo explican Gerchunoff y Rapetti en “La economía argentina y sus conflictos redistributivos”, existen dos equilibrios.

Por un lado se encuentra el “equilibrio macroeconómico” aquel que se llega a partir de un tipo de cambio real que permita el pleno empleo de los factores productivos de la economía y una balanza de pagos sostenibles en el tiempo (probablemente el precio real del dólar sin cepo). Y, por otro lado, el “equilibrio social” que tiene más que ver con las aspiraciones de la gente respecto a un salario real más alto (es decir un salario que nos permita acceder a mejor nivel de vida).

El conflicto surge debido a que si se liberara el precio del dólar para que alcance el equilibrio, seguramente se incrementaría. Si el dólar sube, todos sabemos que los precios suben (sobre todos aquellos bienes que son susceptibles de comercializarse internacionalmente); además, como ya sabemos los argentinos, como la gran mayoría cobra sus salarios en pesos, nuestros ingresos se incrementan en menor cuantía que lo que se incrementaron los precios, de modo que, en términos reales, nuestros salarios pierden poder adquisitivo o, lo que sería lo mismo, somos más pobres. Esto último se contrapone totalmente a las aspiraciones de los argentinos de tener un salario real más alto, por lo que se generaría un desequilibrio social.

Entonces… he aquí la encrucijada, si tenemos un excedente y queremos ahorrar, no lo podemos hacer en dólares, pero si ahorramos en pesos, las altas tasas de inflación hacen que nuestros ahorros se vayan diluyendo con el tiempo. Si, escogemos la otra opción y se busca el equilibrio económico, también terminaríamos perdiendo ya que nuestro salario real y, por ende nuestro poder adquisitivo caería.

Opciones… no hay muchas. Siempre volvemos a la misma respuesta: cambios estructurales en la economía, es decir arrancar de raíz lo que se hace mal y comenzar de nuevo. Pero no es sencillo e implica sacrificios, ¿estaríamos dispuestos a pagar el precio? … Por el momento seguimos buscando la vuelta al problema y viendo cómo conseguimos los tan preciados dólares.

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