Arguello Juan Carlos

Periodista, director de Economis

La informalidad vuelve a subir y consolida un mercado laboral más precario

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Además de la suba del desempleo en el cierre de 2025, la informalidad volvió a crecer y, lejos de ser un fenómeno marginal, se consolida como el rasgo dominante del empleo.

Según el último informe del INDEC, basado en la Encuesta Permanente de Hogares, la tasa de informalidad alcanzó el 43,0% en el cuarto trimestre de 2025, sobre un universo de 13,5 millones de personas ocupadas . Dicho de otro modo: casi uno de cada dos trabajadores en la Argentina se desempeña fuera del sistema formal, sin aportes jubilatorios, sin cobertura y sin estabilidad.

El dato no sorprende, pero sí preocupa. Porque no se trata de un salto puntual, sino de una tendencia que se fue consolidando a lo largo del año. Desde el 42% registrado a fines de 2024, la informalidad fue escalando hasta tocar el 43,3% en 2025, para cerrar apenas por debajo de ese nivel. La dinámica es clara: no sólo crece el desempleo, el que sobrevive lo hace cada vez más por fuera de las reglas.

El fenómeno atraviesa prácticamente toda la estructura ocupacional. Entre los trabajadores independientes, la informalidad ya alcanza el 59,2%, mientras que en los cuentapropistas escala al 63,3%. Incluso dentro del universo asalariado -históricamente más protegido- más de un tercio (36,3%) trabaja sin registrar.

Los trabajadores independientes explican una porción creciente del universo informal, lo que evidencia un mercado que reemplaza empleo formal por estrategias de subsistencia. Detrás de cada cifra hay un fenómeno más amplio: el avance del cuentapropismo como refugio frente a la falta de oportunidades formales.

La precariedad tiene rostro definido. Los jóvenes encabezan la estadística, con niveles de informalidad cercanos al 60%. También los adultos mayores, que muchas veces reingresan al mercado laboral sin posibilidad de inserción formal. Las mujeres, por su parte, presentan tasas más altas que los varones, lo que expone brechas persistentes en el acceso al empleo de calidad .

La educación aparece como uno de los principales factores de segmentación. Mientras que quienes no completaron el secundario enfrentan niveles de informalidad superiores al 67%, entre quienes tienen estudios universitarios completos la tasa cae al 16%. Es una evidencia contundente: el mercado laboral reproduce -y amplifica- las desigualdades estructurales.

A nivel sectorial, el mapa es igual de elocuente. Hay actividades donde la informalidad es prácticamente la norma. El servicio doméstico lidera con un 78%, seguido por la construcción con 73,8%. Hoteles, restaurantes y comercio también muestran niveles elevados, todos por encima del 50% . No es un dato menor: se trata de sectores intensivos en mano de obra y clave para las economías regionales, lo que multiplica el impacto social del fenómeno.

En contraste, ramas como educación o salud presentan menores niveles de informalidad, lo que vuelve a poner en evidencia el rol del sector público y de estructuras más reguladas como amortiguadores del deterioro laboral.

📊 INFORMALIDAD LABORAL EN ARGENTINA

Datos clave – INDEC (EPH) | 4° trimestre 2025

43,0%
Tasa de informalidad
13,5 M
Personas ocupadas
36,3%
Asalariados informales
63,3%
Cuentapropistas informales

🔎 Segmentos más afectados

  • Jóvenes (hasta 29 años): 59,7%
  • Mujeres: 44,5% | Varones: 41,8%
  • Secundario incompleto: 67,2%
  • Universitario completo: 16,0%

🏗️ Sectores con mayor informalidad

  • Servicio doméstico: 78,0%
  • Construcción: 73,8%
  • Hoteles y restaurantes: 59,7%
  • Comercio: 52,6%

Fuente: INDEC – Encuesta Permanente de Hogares (EPH)

El punto de fondo, sin embargo, excede las estadísticas. La informalidad funciona como un síntoma de un proceso económico más amplio. La caída del empleo formal privado, el ajuste sobre costos laborales, la menor capacidad de las empresas para incorporar trabajadores registrados y el deterioro de la actividad empujan a millones de personas hacia formas de inserción más precarias.

La informalidad deja de ser una anomalía para convertirse en una válvula de escape. Un mecanismo que permite absorber mano de obra, pero al costo de deteriorar las condiciones laborales y debilitar el sistema en su conjunto.

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En medio de las tensiones con Nación, Passalacqua lidera el ranking nacional de valoración positiva

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El gobernador Hugo Passalacqua recuperó el primer puesto del ránking de valoración positiva, justo en medio de un enfriamiento de las relaciones con la Nación por el reparto de los recursos federales y la caída de la coparticipación. 

El último relevamiento nacional de CB Consultora ubica a Misiones en el centro de la escena: Passalacqua encabeza el ranking federal con un 55,8% de imagen positiva, consolidándose como el mandatario con mayor respaldo entre sus comprovincianos.

En un país donde la aprobación de los liderazgos subnacionales muestra signos de desgaste, superar el umbral del 55% implica no solo sostener niveles de gestión aceptables, sino también preservar un capital político que hoy escasea en varias jurisdicciones. Detrás de Passalacqua aparecen Claudio Poggi (San Luis) con 55,3% y Gustavo Sáenz (Salta) con 55,1%, conformando un podio ajustado que refleja cierta estabilidad en provincias con administraciones consolidadas.

En el cuarto puesto aparece Osvaldo Jaldo, el gobernador de Tucumán, que adoptó el mismo tono crítico de Misiones en relación con el “préstamo” que ofreció el Gobierno nacional a las provincias para compensar la caída de la coparticipación. El tucumano cuestionó el “relato” libertario, mientras que Misiones tomó los fondos pero a cuenta de las deudas acumuladas por Nación.

En el otro extremo del tablero, el mapa muestra grietas más profundas. Ricardo Quintela (La Rioja) se ubica último con 42,8% de aprobación, seguido por Alberto Weretilneck (Río Negro) con 43% y Axel Kicillof (Provincia de Buenos Aires) con 45,5%. La brecha entre los mejores y los peores supera los 13 puntos, evidenciando una fuerte heterogeneidad territorial en la valoración de las gestiones.

Más allá de las posiciones, el informe también revela dinámicas de corto plazo. El fueguino Gustavo Melella fue el gobernador que más creció en abril, con una suba de 2,4 puntos porcentuales, mientras que el jujeño Carlos Sadir registró la mayor caída, con un retroceso de 4,3 puntos. Este tipo de variaciones muestra que la opinión pública se encuentra en movimiento, sensible a coyunturas económicas y decisiones políticas recientes.

Intendentes: Posadas también en la cima

El buen desempeño de Misiones no se limita al plano provincial. A nivel municipal, el intendente de Posadas, Leonardo Stelatto, se ubica en el segundo lugar del ranking federal con un 60,2% de imagen positiva, apenas por debajo de Jorge Jofré (Formosa Capital), que lidera con 60,4%. Completa el podio Gustavo Sastre (Puerto Madryn) con 58,6%.

En contraste, los intendentes con peor valoración son Raúl Jorge (San Salvador de Jujuy) con 35,9%, Julio Alak (La Plata) con 36% y Roy Nikisch (Resistencia) con 36,3%, marcando una brecha aún más pronunciada que en el nivel provincial.

En cuanto a la dinámica mensual, el mayor crecimiento fue para Gustavo Saadi (Catamarca), con +3,2 puntos, mientras que Daniel Passerini (Córdoba) registró la caída más fuerte, con -4,5 puntos.

El informe, elaborado entre el 1 y el 4 de abril de 2026 sobre más de 24.000 casos en todo el país, muestra que la valoración de los líderes subnacionales está cada vez más asociada a la gestión concreta y a la cercanía con la ciudadanía, en un contexto donde la macroeconomía condiciona fuertemente la percepción social.

En ese escenario, Misiones aparece como una anomalía positiva: no solo lidera el ranking de gobernadores, sino que también coloca a su capital entre las ciudades mejor valoradas del país. Un doble liderazgo que, en tiempos de incertidumbre, refuerza el peso político de la provincia en el tablero federal.

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Presión laboral: cuando tener trabajo no alcanza

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Escriben Laura Caullo y Federico Belich, responsables de la sección Social-Laboral, Fundación Mediterránea. En Argentina, la situación del mercado laboral suele analizarse a partir de la tasa de desempleo. Sin embargo, este indicador ofrece una visión parcial de sus problemas reales. La dificultad no radica únicamente en cuántas personas no tienen trabajo, sino también en cuántas, aun teniéndolo, necesitan trabajar más o mejorar su situación laboral.

Pero esto no es reciente, sino que es la consecuencia de un mercado de trabajo degradado desde hace tiempo. Los datos del cuarto trimestre de 2025 siguen confirmando esta problemática. Con una tasa de desocupación del 7,5%, el nivel se ubica, en términos históricos, levemente por debajo del elevado promedio de los últimos 20 años (8,3%). Sin embargo, esa lectura convive con un fenómeno más amplio y extendido, muchas veces, el empleo disponible no alcanza, ni en cantidad de horas ni en nivel de ingresos.

De los 21 millones de ocupados, más de 3,7 millones están en esa situación. Se trata de trabajadores que, aun teniendo empleo, buscan activamente otro trabajo o una mayor carga horaria. En algunos casos, porque no logran completar una jornada plena; en otros, porque el ingreso que obtienen no alcanza. En este contexto, el pluriempleo deja de ser una excepción y empieza a consolidarse como estrategia para sostener ingresos.

Es decir, el problema no se limita únicamente a la falta de empleo, sino también a la calidad y a la capacidad de los puestos existentes para sostener ingresos. Cuando se incorpora esta dimensión, la imagen del mercado laboral cambia de manera significativa. Al sumar a los desocupados con los ocupados que buscan trabajar más horas o mejorar su situación laboral, la presión sobre el mercado de trabajo asciende al 24% de la población económicamente activa. En términos absolutos, esto equivale a más de 5 millones de personas. Se trata de una magnitud que relativiza la lectura basada exclusivamente en la tasa de desempleo, ya que muestra que el ajuste del mercado laboral no solo opera por la cantidad de empleo disponible, sino también por su calidad.

Esta dinámica se refleja con claridad en los datos del cuarto trimestre de 2025. La Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó los 22,5 millones de personas (48,6% de la población total) y una tasa de desocupación del 7,5%. Sin embargo, estos indicadores conviven con problemas persistentes de calidad del empleo y formalidad. De los 21 millones de ocupados, el 82,1% no demanda otro empleo, aunque dentro de ese grupo la informalidad alcanza el 39%, equivalente a 6,7 millones de personas. A su vez, los ocupados demandantes representaron el 17,8% del total. Dentro de este segmento, el 47,3% corresponde a subocupados que trabajan pocas horas y buscan otro empleo o más carga horaria, mientras que el 52,7% restante son ocupados plenos que, aun con jornada completa, buscan otro trabajo. Pero este no es el único problema, la composición del empleo formal también se viene deteriorando. En los últimos dos años, los trabajadores monotributistas aumentaron 7,3%, mientras que los asalariados privados registrados cayeron un 2,1%.

Así, la verdadera magnitud del problema laboral surge al sumar a los desocupados y a los ocupados que buscan más horas de trabajo o un empleo de mejor calidad. Bajo esta mirada, la presión efectiva sobre el mercado laboral asciende al 23% de la PEA, equivalente a 5,2 millones de personas. Se trata de una magnitud mucho más relevante que la que sugiere la tasa de desempleo por sí sola y que muestra que una baja desocupación no necesariamente refleja un mercado laboral saludable, sino también la expansión de empleos precarios, fragmentados o informales.

Las diferencias territoriales refuerzan este diagnóstico. Provincias como Córdoba (35,4%), Tucumán (34,2%) y Santa Cruz (27,7%), presentan niveles elevados de presión laboral (medida como la suma de ocupados demandantes y desocupados), impulsados principalmente por la proporción de ocupados que buscan otro trabajo. No se trata necesariamente de mercados con más desempleo, sino de mercados donde el empleo disponible resulta insuficiente para sostener ingresos.

En contraste, en varias provincias del norte, una menor presión laboral no debe interpretarse como una mejora. Por el contrario, puede reflejar menores niveles de participación o desaliento ante la falta de oportunidades, en mercados laborales más deprimidos donde parte de la población directamente deja de buscar empleo.

Presión laboral por provincia en % de la PEA
IV-2025

A nivel sectorial, las mayores tasas de búsqueda de empleo adicional se observan en actividades como el servicio doméstico (30,7%), hoteles y restaurantes (25,5%) y la construcción (23%). En el extremo opuesto, los sectores con menores tasas son minería e hidrocarburos, con 6,4%, actividades financieras, con 8,3%, y servicios inmobiliarios, con 9,7%.

El fenómeno también tiene una dimensión demográfica. La necesidad de complementar ingresos es más frecuente entre los jóvenes, especialmente en las primeras etapas de inserción laboral, 23% entre menores de 19 años, y entre las mujeres 16,6%.

En conjunto, los datos muestran la forma en que opera el mercado laboral argentino. La restricción ya no pasa exclusivamente por la generación de empleo, sino por su capacidad de ofrecer ingresos suficientes y condiciones más estables.

Esto plantea un desafío claro para la agenda económica. La mejora del mercado laboral no puede evaluarse únicamente a partir de la tasa de desempleo. Es necesario avanzar en la generación de empleo formal, productivo y mejor remunerado, capaz de reducir la necesidad de buscar ingresos adicionales o acumular ocupaciones.

La reforma laboral es una pieza importante para comenzar a revertir esta situación, en tanto pueda facilitar la creación de empleo formal y mejorar el funcionamiento del mercado laboral. Sin embargo, por sí sola no es suficiente. Para dejar atrás la degradación laboral acumulada durante años también es necesario avanzar con rapidez en el resto de las reformas estructurales que impulsen la productividad y competitividad, y consolidar un régimen monetario definitivo que garantice estabilidad macroeconómica. Solo así, con más producción y mejores instituciones laborales, será posible revertir de manera sostenida el deterioro del empleo.

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Marriott International supera las 100 propiedades en Sudamérica, con más de 50 proyectos en desarrollo

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Marriott International, Inc. (Nasdaq: MAR, “Marriott”) anunció que la compañía superó las 100 propiedades en Sudamérica, alcanzando cerca de 18,600 habitaciones al cierre de 2025, lo que reafirma su compromiso de largo plazo con la región, así como una sólida demanda de viajes e inversión.

Esta expansión estuvo respaldada por un año sólido en actividades de desarrollo, con 36 acuerdos firmados en Sudamérica, que representaron casi el 40 % de las firmas totales de la compañía en la región del Caribe y Latinoamérica (CALA).

Estos acuerdos abarcaron mercados clave en crecimiento, incluidos Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia y Perú. Los proyectos en desarrollo en Sudamérica incluyen más de 50 acuerdos firmados que representan más de 8,000 habitaciones a través de una amplia variedad de marcas, propósitos de viaje y segmentos, que van desde midscale hasta lujo, y desde todo incluido hasta residencias.

“En 2025, Sudamérica logró un año histórico de desarrollo para Marriott, superando las 100 propiedades e impulsando casi el 40 % de todas las firmas de CALA”, señaló Bojan Kumer, Vicepresidente Regional de Desarrollo de Marriott International para el Caribe y América Latina. “Este crecimiento refleja la fortaleza de nuestras marcas, la calidad de nuestras relaciones con los propietarios y la creciente confianza que los inversionistas depositan en la trayectoria de largo plazo de Sudamérica”.

Brasil lideró el crecimiento regional en 2025 con 17 acuerdos firmados que suman 2,230 habitaciones, lo que representa casi la mitad de la actividad de desarrollo en Sudamérica durante el año.

Con un enfoque estratégico en destinos de ocio y lujo, en 2025 la compañía registró su mayor actividad de desarrollo en Sudamérica en Brasil, con 17 acuerdos firmados que representan 2,230 habitaciones. El portafolio actual de Marriott en Brasil incluye 15 propiedades distribuidas en nueve marcas, con cerca de 3,800 habitaciones, además de 21 propiedades en desarrollo y más de 4,000 habitaciones. Durante el año, Marriott abrió The Westin São Paulo y firmó acuerdos estratégicos adicionales que refuerzan su compromiso con el desarrollo de destinos de ocio en el país, incluyendo The Westin João Pessoa, an AllInclusive Resort.

Marriott firmó siete acuerdos en Argentina, incorporando aproximadamente 350 habitaciones a su cartera de desarrollo, incluyendo El Cauce, Autograph Collection y Residences, en Mendoza. Actualmente, el portafolio de Marriott en Argentina abarca 16 propiedades a través de cinco marcas, que representan cerca de 2,800 habitaciones, con siete propiedades adicionales en desarrollo que suman más de 500 habitaciones. La compañía registró un sólido crecimiento en diversos segmentos, incluido su debut en el segmento midscale en el país con la apertura de City Centro by Marriott Ushuaia. Otras aperturas clave incluyeron Recoleta Grand, a Tribute Portfolio HotelMarriott Hotel Buenos Aires Ezeiza Airport y Marriott Corrientes Hotel.

Colombia mostró un sólido dinamismo en desarrollo con seis acuerdos firmados que representan más de 700 habitaciones, incluyendo AC Hotel Medellín. En 2025, la compañía también amplió su presencia en el país mediante conversiones, incorporando Four Points by Sheraton BogotáTequendama y Loma Medellín, a Tribute Portfolio Hotel. Al cierre del año, el portafolio de Marriott en Colombia incluye 28 propiedades, más de 4,100 habitaciones, distribuidas en 14 marcas, con ocho propiedades adicionales en desarrollo que representan cerca de 1,100 habitaciones.

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Aumentan casi un 300% las desinstalaciones de ChatGPT tras el acuerdo con Donald Trump

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La polémica estalló después de que se conociera un acuerdo tecnológico entre OpenAI y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, tan sólo días después del acuerdo entre Grok y el Pentágono. Lo que parecía un paso más en la expansión de la inteligencia artificial terminó provocando una ola de desinstalaciones de ChatGPT y un intenso debate sobre el uso militar de estas herramientas. En pocos días, reportes citados por medios tecnológicos indicaron que las desinstalaciones de la aplicación aumentaron hasta un 295%, reflejando el rechazo de parte de la comunidad digital ante la creciente relación entre plataformas de IA, gobiernos y sistemas de defensa.

Este sólo hecho avivó los discursos críticos sobre la IA, donde se destacan tres preocupaciones clave: el control de datos personales y sensibles, la falta de regulación clara sobre su uso y la explotación de recursos energéticos asociados a los centros de datos que soportan estas tecnologías.

Boicot masivo de usuarios tras el acuerdo

El aumento de desinstalaciones comenzó poco después de que trascendiera la colaboración entre OpenAI, liderada por Sam Altman, y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, un acuerdo que ha generado inquietud sobre la seguridad de los datos personales y el posible acceso militar a información sensible de los usuarios.

Muchos usuarios expresaron su rechazo por dos motivos principales. Por un lado, surgieron dudas sobre la seguridad de los datos privados, ya que muchos se preguntan qué tan seguro es que una herramienta de inteligencia artificial tenga acceso a información personal mientras colabora con la fuerzas militares. Por otro, apareció una preocupación a escala nacional relacionada con la seguridad de datos sensibles del Estado y qué tan seguro resulta que estas tecnologías privadas puedan interactuar con información estratégica de un país, un debate que se intensificó por los antecedentes de iniciativas militares impulsadas durante la administración de Donald Trump.

Las reacciones que se vieron en los días siguientes reflejan la magnitud de la polémica:

  • Las desinstalaciones de ChatGPT crecieron hasta un 295% respecto a semanas anteriores, marcando un salto abrupto en el comportamiento de los usuarios.
  • Las redes sociales se llenaron de campañas de protesta bajo etiquetas como “QuitGPT”, animando a otros usuarios a abandonar la plataforma.
  • Comunidades tecnológicas y activistas digitales difundieron el boicot, denunciando que herramientas diseñadas para uso civil podrían terminar integradas en proyectos militares.

Aunque la base global de usuarios sigue siendo enorme, la reacción evidencia una creciente desconfianza hacia el papel de las grandes tecnológicas en el desarrollo de inteligencia artificial vinculada a estructuras de poder, poniendo en evidencia la fragilidad del discurso idealista de la IA.

Coste energético y presión ambiental de la inteligencia artificial

La polémica sobre ChatGPT y los acuerdos con el Departamento de Defensa también reavivó un debate que suele quedar fuera del entusiasmo tecnológico: el enorme impacto energético de estas tecnologías. Los sistemas de IA generativa funcionan sobre gigantescos centros de datos que operan 24/7, con un consumo eléctrico tan elevado que se equipara al gasto de millones de hogares iluminados. Esta demanda creciente no solo tensiona la infraestructura, sino que también genera una huella de carbono que no para de aumentar.

Algunos especialistas alertan que el debate público sobre la IA debería considerar también su costo ambiental y energético, no sólo sus aplicaciones militares o comerciales, dado que pareciera que esta tecnología llegó para quedarse. La discusión se enfoca en el papel de las energías renovables en abastecer estos centros de datos, y a los riesgos de saturar los mercados de energía, donde la presión creciente podría generar problemas de suministro y afectar a millones de ciudadanos.

El “dilema IA”: Entre innovación, poder y control

Más allá de la polémica puntual, el episodio refleja una tensión estructural en el desarrollo de la inteligencia artificial. Crear modelos cada vez más potentes requiere inversiones masivas en infraestructura, chips especializados y energía, lo que empuja a las empresas tecnológicas a colaborar con gobiernos y grandes instituciones.

Sin embargo, estas alianzas también plantean preguntas sobre quién controla realmente la evolución de la IA y con qué fines se utilizará en el futuro. A medida que estas herramientas se integran en sectores estratégicos, desde la economía digital hasta la defensa, el debate sobre su impacto social, político y energético se vuelve inevitable.

Diversos estudios sobre la relación entre inteligencia artificial y consumo de energía sugieren que el verdadero coste de la revolución tecnológica va más allá de la innovación. Incluye también decisiones sobre poder, recursos y el tipo de sociedad digital que se está construyendo.

Fuente: papernest.es

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