Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

Los negros del Mundial

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En contexto del mundial de fútbol en Qatar, el caso de Francia se transformó en un tema de debate en redes sociales y en medios de comunicación. El disparador es una canción de algunos hinchas argentinos con una clara connotación racista y xenófoba, que habla de la presencia “africana” en la selección francesa de fútbol. Ante esto, la historia y la geopolítica dan una respuesta contundente. 

Hacia el Siglo XIX

La primera aproximación para dar una respuesta a este interrogante “futbolero” nos lleva a viajar en el tiempo. Precisamente a 1884-1885. Esos años están marcados por la repartición de África en manos de las potencias coloniales europeas. Pero hay que ir más atrás, ya que el Siglo XIX en sí, está marcado, económicamente, por el estadio de libre concurrencia del capitalismo y su fase superadora conocida como el “imperialismo”. Ante el constante crecimiento fabril e industrial de las potencias centrales del viejo continente, tales como Francia, Gran Bretaña y Alemania, principalmente, una constante para ellos fue la expansión de sus empresas y su presencia estatal en diversas zonas del mundo, con el fin de poder explotar los recursos naturales fuera de sus países. Claro está que hablamos de la periferia del mundo: África, Asia y América Latina. 

El primer caso es paradigmático y es nuestro eje de análisis, porque el avance europeo estuvo acompañado por un régimen corporativo, estatal y militar. Ante esto, hubo dos potencias que se disputaron el continente africano: Francia y Gran Bretaña.

En este sentido, la Conferencia de Berlín dio una respuesta a esa hambre colonial europea. La cumbre fue convocada por Francia y Gran Bretaña y se desarrolló entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885. La capital alemana fue el escenario. Allí, lo que básicamente se estableció es la repartición de África entre las potencias europeas. Como si se tratase de una torta, el continente africano fue dividido por países a merced de las ambiciones coloniales e imperiales de Europa. La resolución fue, para las naciones convocantes de esta conferencia, que Francia iba a ocupar África del oeste al este y Gran Bretaña lo haría del sur al norte. Esto puso paños fríos a la paz armada que vivía el viejo continente por esos años, aunque explotaría en la Primera Guerra Mundial en 1914. También solventó gran parte del crecimiento y el desarrollo económico de Europa en detrimento de los africanos implicados. Además, había presencia de Bélgica, Italia, Portugal, España y Alemania. 

Dos modelos migratorios 

Con el correr de la historia, las dos grandes guerras mundiales reconfiguraron el mapa geopolítico global. En principio, hablamos del fin de los imperios luego de la Primera Guerra Mundial, y el mundo bipolar luego de la Segunda Guerra Mundial. Este contexto de posguerra y de puja ideológica entre la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas y Estados Unidos, provocó el proceso de descolonización de África y Asia. 

En el caso del continente africano, hubo una serie de independencias que son por de más emblemáticas. Y aquí es donde comienza este nexo con la selección francesa de fútbol. Aquí hay que ser meticuloso, porque más allá de la generalidad, hay excepciones a la “regla” a comentar a continuación. Principalmente, Gran Bretaña puso impedimentos constantes para que los habitantes de sus colonias adquirieran la ciudadanía británica, lo que explica una política migratoria rígida. 

En cambio, Francia permitió que los habitantes de sus colonias adquirieran la ciudadanía francesa con mayor facilidad. Lógicamente, hubo casos en los cuales esto no se respetó a rajatabla, por las mismas contradicciones que la geopolítica establece. 

De aquí en más, el propio vaciamiento que los europeos llevaron a cabo en África, provocó gran parte de las crisis humanitarias en ese continente, lo cual tuvo como resultado a un traslado constante de africanos hacia el viejo continente. Generalmente, se le llama “corrientes migratorias” a este proceso, y se han generado varias rutas con las cuales, hasta el día de hoy, buscan llegar a Europa para tener una mejor vida. Es irónico, las potencias europeas destruyeron gran parte de África y hoy en día continúan cuestionando a los migrantes que buscan su continente. 

¿Conceptos o racismo?

Más allá de lo explicado, pareciera ser que la geopolítica y la historia no resuelven algunos interrogantes planteados acerca de Francia. En este apartado, hay que preguntarse: ¿Qué es la nacionalidad? Esta pregunta tiene varias respuestas, quizás la más aceptada es que simplemente es un concepto que responde al país donde nace una persona, marcado por un documento que acredite eso. Por otro lado, sectores conservadores europeos aún profesan la idea de que la nacionalidad es una situación que se explica desde la raza, la etnia y la cultura, tal como si se tratase del Siglo XIX. Inclusive, Marine Le Pen, la ex candidata a primera ministra de Francia había comentado que la selección francesa de fútbol que participó del mundial en Alemania en 2006, no representaba a los valores franceses por los jugadores “de color”. Este tipo de discursos proliferan desde Europa y llevan a crear esa falsa noción de que los jugadores franceses son africanos. La mayoría de ellos son franceses, nacidos en ese territorio, al cual, si arribaron, desde África, sus padres y abuelos buscando una mejor vida. Lógicamente que existen jugadores nacionalizados, ¿pero eso es suficiente para discutir la nacionalidad? ¿Es un concepto político o racial? Son algunas de las tantas preguntas que surgen a partir de las acusaciones a Francia, y es justamente una cita deportiva como un mundial de fútbol que pone de manifiesto estas situaciones donde la geopolítica dice presente. 

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El mundial de las tensiones

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Qatar 2022 es la cita futbolística más esperada desde hace 4 años. Como cada mundial, el mismo está atravesado por un sinfín de cuestiones políticas, económicas, sociales, culturales e incluso bélicas que caracteriza, de alguna manera, a cada selección que participa de dicha competencia. Es un buen disparador, además, para poder adentrarse en algunos de los conflictos que dan vuelta en todo el globo y que forman parte del día a día geopolítico.

Como si fuese el repaso de un fixture, país por país, amerita un breve recuento de las problemáticas que involucran a las 32 naciones que forman parte de la copa mundial de fútbol. Qatar es el anfitrión, y es el país del cual más análisis se han hecho, en término de cuestiones relacionadas a la vida diaria en el mismo. Las aristas más importantes son, como todo país musulmán, la aplicación de la ley de la sharia, el conflicto con los derechos humanos y el sistema de servidumbre llamado kafala. En el mismo grupo también se encuentra Ecuador. Este país sudamericano padece una fuerte crisis carcelaria y un constante enfrentamiento de las fuerzas de seguridad con el crimen organizado, quién ha transformado a este país en un corredor idílico para el narcotráfico. Luego encontramos a Senegal, un país atravesado por una galopante crisis humanitaria como gran parte de los países africanos, pero con un fuerte impacto ambiental negativo, comprendido por sequías y olas de calor que empeoran la situación alimentaria en dicho país. El grupo A es completado por Países Bajos, y como una constante de los países europeos, la crisis energética dice presente, aunque con un tema interesante: protestas agrarias. Estas tienen lugar, durante los últimos meses, debido a la desaparición forzosa pero lenta de los rodados que contaminan el medioambiente. En este sentido, el “campo” holandés se ve perjudicado y los tractores coparon, en reiteradas ocasiones, las calles de este país. 

El grupo B está encabezado por Inglaterra. Es justamente, el Reino Unido, uno de los países “primermundistas” más complicados en los últimos tiempos. Una crisis política e institucional dejó como saldo a dos premieres que dimitieron. Entre ellos, Boris Johnson con el famosos Party Gate y Liz Truss, quién fue la que menos duró en su cargo en la historia británica. Paralelamente a eso, Reino Unido entró en recesión y se encuentra afrontando la inflación más alta en más de 40 años. Siguiendo con este grupo mundialista, seguimos con Irán. Este país de Medio Oriente atraviesa uno de los contextos más desfavorables en términos sociales, de las últimas décadas. Una serie de manifestaciones tienen lugar en las calles iraníes desde la infame muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años que perdió su vida luego del penoso accionar de un policía de la moral, en donde la mujer perdió la vida… por tener el hiyab mal puesto. Irán comenzó a aplicar la pena de muerte hace tan solo unos días. El grupo B tiene a EE.UU. como integrante. País atravesado por una fuerte disputa política interna, empujado por el intento de retorno de Donald Trump al escenario. Asimismo, la situación, en términos de política exterior no es la mejor para la Casa Blanca para la gestión Biden. Finalmente, el grupo es completado por Gales, un país que integra el Reino Unido y tiene, básicamente los mismos problemas que Inglaterra. Claro está, que el fallecimiento de la reina Isabel II también provocó un problema de legitimidad en la corona. 

El grupo C tiene a nuestro país, con una grave crisis inflacionaria, problemas con las divisas y una constante puja política interna. Este grupo también es integrado por Arabia Saudita, que, como país musulmán, recibe críticas por la interpretación de la ley de la sharia, y a dicha nación hay que sumarle los vaivenes con el petróleo y su precio. Aquí también se encuentra México, epicentro de las crisis migratorias latinoamericanas. Justamente, el cruce fronterizo hacia Estados Unidos es una constante en este país, pero también alberga a los migrantes provenientes de Centroamérica, quienes buscan llegar hasta USA. El equipo europeo del grupo es Polonia. Aquí hablamos de crisis energética, recepción de migrantes ucranianos y la situación sumamente tensa provocada por un misil ucraniano que terminó matando a dos civiles en territorio polaco. 

El grupo D arranca con Francia, un país que sufre, por excelencia de las consecuencias económicas y energéticas de la guerra en Ucrania. Luego se encuentra Australia, un país que adelantó sus elecciones y que, parte de su población, exige la ruptura de la relación con la Commonwealth, luego de la muerte de Isabel II. El grupo continua con Dinamarca, uno de los países con mayor estabilidad económica y política del mundo, aunque con puja de los sectores derechistas, como efecto de una Europa en crisis. El equipo africano que integra el grupo D es Túnez. Este país padece de cierta inestabilidad institucional, pero también se ve agobiado por problemas de intereses en el norte de África por el Sahara Occidental. 

El grupo E tiene como cabecera a España, en donde lo energético y los problemas económicos vuelven a decir presente. A este país también hay que sumarle la siempre latente situación independentista de Cataluña. El equipo americano que forma parte de este grupo es Costa Rica, un país que ha estado en los titulares de los medios internacionales en las últimas jornadas por un triste hecho de maltrato laboral, en la localidad de San José. Asimismo, hay que sumarle una serie de problemáticas ambientales que forman parte del día a día costarricense. Alemania, la siempre potencia mundial, dice presente. Este país no ha logrado mantener la hegemonía política europea tras la salida de Angela Merkel. En el marco de la guerra en Ucrania, la suspensión de los gasoductos Nord Stream y Nord Stream II con Rusia. 

Bélgica es el cabeza de grupo del “F”. Este país tiene, en Bruselas, a uno de los lugares con más movimiento de los últimos meses. Esto se da, a partir de tener a las oficinas de la Unión Europea en el mismo, y, con el contexto bélico en Ucrania, se ha transformado en una situación prioritaria para el viejo continente. Canadá, país integrante de este grupo, tiene desde hace tiempo, un serio conflicto con sus pueblos originarios y un proceso de reivindicación histórica con ellos. Luego está Marruecos, un país con serios problemas migratorios, una relación pendulante con España, y la tensión generada por el Sahara Occidental. El grupo es completado por Croacia, este país busca ingresar a la zona euro en 2023 y también padece las consecuencias económicas de lo sucedido en Ucrania. 

Brasil es siempre candidato en la copa del mundo, y es la selección potencia del grupo G. Este país atraviesa una gran polarización ideológica entre Lula y Bolsonaro. El primero ganó las elecciones, y los seguidores del saliente presidente no aceptan la derrota y continúan marchando en distintas ciudades, pidiendo la intervención militar. Continuando con el grupo, aparece Serbia. Como país de los Balcanes, tiene una fragmentación étnica y un constante proceso de recomposición económica que afecta al interior de sus fronteras. Suiza forma parte del grupo G y es, indudablemente, el país que menos problemas sociales, políticos y económicos del mundo. Sin embargo, una curiosidad es que Zúrich rompió su neutralidad bélica debido a los acontecimientos en Ucrania. El último del grupo es Camerún, país donde el concepto integral de crisis humanitaria define a la perfección su contexto. 

El último grupo arranca con Portugal, la selección de Cristiano Ronaldo. Este país, en consonancia con el viejo continente, tiene un desmejoramiento económico y padece consecuencias económicas. Ghana se encuentra en el grupo, y, lastimosamente, atraviesa problemas étnicos que derivan en conflictos armados, como gran parte de África. El vecino país de Uruguay es siempre favorito a pasar a los 8vos de final, y también es un país tiene, en el seno de Montevideo, una disputa ideológica que se balancea entre la derecha oficialista y la izquierda opositora. El grupo se completa con Corea del Sur, sitio en donde la desigualdad social pareciera ser moneda corriente, explicitado por las grandes producciones audiovisuales que salen de dicho país. Sus eternas tensiones con Corea del Norte también se encuentran a la orden del día.

Estos son algunos de los tantos conflictos que tienen lugar en los países que juegan la copa mundial de fútbol en Qatar. Cierto es, que esta competición está atravesada por un mundo en situación de alerta que hace que se transforme en una cita deportiva imprescindible para cualquier persona.

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Las mil y una noches de Qatar

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El planeta está expectante a horas del inicio del Mundial de Qatar, una de las citas deportivas más importantes de todos los tiempos. Millones de personas alentarán desde sus países, a sus jugadores favoritos e ídolos, y otros podrán presenciarlo en persona. La cuestión de este torneo es su país sede, Qatar. Un lugar que ha suscitado una gran cantidad de críticas desde su confirmación, y que continúa levantando polémicas a días del comienzo del evento deportivo. 

Qatar, una novela no occidental 

Tal y como si fuese una telenovela, Qatar sería ese antagonista no deseado por la audiencia. Sería incomprendido y tomado como una molestia. Básicamente, gran parte del mundo piensa eso, acerca del lugar que alberga esta copa mundial de fútbol. Este país es medianamente joven, de hecho, su independencia fue en 1971. Es una petromonarquía de Medio Oriente, un país que ha logrado enriquecerse de manera abismal gracias a la explotación y refinación de petróleo. Sin embargo, estas meras cuestiones económicas que hablan de la riqueza qatarí que están a simple vista, no tapan la otra cara de la moneda que indigna a Occidente. 

Sorprenden a gran parte del mundo las expresiones homofóbicas y machistas que forman parte de la idiosincrasia qatarí, a tal punto de existen varias voces de repudio e inclusive quienes piden que se suspenda la cita mundialista. Lo cierto es, que para entender gran parte del meollo de la cuestión, hay que analizar a la sociedad de Qatar. Este país, como sus países vecinos, es de religión confesional musulmana. Ante esto, se construyeron los sistemas políticos, teniendo como pilar al islam. Hasta ahí, no parece representar problema alguno, pero se complejiza aún más cuando se comprende el afianzamiento de modelos políticos teocráticos. Esto significa que el manejo del Estado está en mano de clérigos o imanes, es decir, personalidades que gozan de un capital simbólico y social enorme en la sociedad, ya que son los que determinan la religión en Qatar, en este caso. Es así, como se conjugan dos motores del poder humano en uno solo: política y religión. Esto da un giro aún más complejo cuando se entiende que en Qatar, como en todos los países confesionalmente musulmanes, se aplica con rigidez la ley de la Sharia. Este es un reglamento o código moral que busca regular las relaciones sociales dentro de un territorio determinado, que generalmente está asociado y es impartido desde el islam. Aunque no hay que pasar por el alto el hecho de que la ley de la Sharia proviene de los pueblos preislámicos que habitaban Medio Oriente durante siglos antes de que aparezca la figura de Mahoma y la construcción del islam como movimiento religioso y político. La utilización de este reglamento, mediante una interpretación que se genera en las cúpulas de poder religioso musulmán, son las que terminan derivando en decisiones sumamente polémicas, que generalmente se repiten en los medios de comunicación y las redes sociales. El tema del rol de las mujeres, por ejemplo. Es un tópico recurrente, entendiendo la falta de derechos que padecen las mujeres en estos lugares donde se aplica la ley de la Sharia, contexto que dista mucho de la situación de la mujer en occidente. Allí se explicita la interpretación del reglamento, mostrando a una mujer completamente sumisa ante el rol dominante del hombre, con situaciones como no poder dejar de utilizar el velo islámico (hiyab, en la mayoría de los casos), no poder circular en la vía pública sin la autorización de un varón allegado, o inclusive, en países más extremistas, el caso de no poder estudiar. Esta es una situación que se presenta con recurrencia cada vez que se habla de Qatar.

Teniendo en cuenta esto, un objeto de crítica de la sociedad qatarí es la homofobia, o el rechazo a la comunidad LGBTIQ+. Cierto es que, al albergar a un evento mundial de semejante envergadura y tan amado por Occidente, se generan estas rispideces con el propio aparato cultural de Qatar. Esto se ha expuesto por varios dichos homofóbicos de representantes, embajadores y organizadores del propio mundial. Sin embargo, esto también se explica por la rigidez de la sociedad qatarí como una teocracia que aplica la ley de la Sharia, en donde la homosexualidad y la diversidad están vistas como desviaciones morales, fuera de todo amparo social. Claro está, para Occidente es una aberración este hecho, sin embargo, es algo naturalizado en Medio Oriente. Aunque también es correcto visibilizar que existen estas manifestaciones a favor de la diversidad sexual, las mujeres y los derechos humanos. Generalmente, estas expresiones son castigadas duramente, hasta la muerte en algunos casos.

Los estadios de la discordia

Qatar tuvo que readaptar su escenario deportivo ante el hecho de haber sido elegido como sede del mundial, inclusive siendo el primer país de Medio Oriente en recibir dicho evento. Lógicamente, la construcción de estadios fue una de las odiseas más grandes que tomó Doha, a tal punto que tuvo que construirlos y adaptarlos para la cita mundialista. Lo que genera indignación es el destrato a los trabajadores que dejaron no solo su sudor allí, sino también su sangre y su identidad. Hay denuncias de casi 7 mil personas que perdieron su vida en la construcción de los estadios. Asimismo, otra situación que viene a colación y genera un repudio masivo es la situación de cuasi – servidumbre a la que se encontraban sometidos los trabajadores. Este sistema se llama kafala, y hace referencia a un modelo de patrocinio de obreros migrantes no calificados, los cuales les entregan sus visas y pasaportes a sus empleadores. Los trabajadores no pueden salir del país hasta que su “patrón” les devuelva sus documentos. Esto ha sido duramente criticado desde hace décadas y es una práctica extendida en los países islámicos. 

¿Qatar es la oveja negra del mundial?

En simples palabras, pareciera ser que Qatar es el primer país con problemas estructurales que flagelan los derechos fundamentales de los humanos, sin embargo, la historia dice otra cosa. 

De hecho, el último mundial fue en Rusia (2018), un país que tenía grandes rasgos de maltrato y represión hacia la comunidad LGBTIQ+. Hoy en día está en guerra con Ucrania. 

En 1994, Estados Unidos fue anfitrión del mundial de fútbol. Un país que tiene un extremista derrotero de guerras funestas, sin olvidar que vivió la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991. 

Como país, tenemos el triste ejemplo del mundial de 1978, una copa manchada por la nefasta Junta Militar. Un torneo que tuvo a Argentina como campeón gracias a los goles y gambetas de Kempes, pero con las calles y las familias manchadas con la sangre de 30 mil desaparecidos, en manos de los militares. Si uno habla de eventos deportivos, el ejemplo más claro fueron los Juegos Olímpicos de 1936, organizados en la Alemania de Adolf Hitler, creer o reventar. 

Qatar es un país más que busca crecer en términos turísticos con esta copa del mundo y con el fútbol que es cada vez más popular en Medio Oriente. Sin embargo, es imposible separar lo deportivo de lo político, aunque no va a ser ni el primer ni el último país con polémicas a cuestas que albergan estos eventos. A fin de cuentas, el dinero mueve al mundo, y es lo que a Qatar le sobra.

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Lula 3.0

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Se viene un nuevo Brasil, representado por un nuevo capítulo en la vida política de Lula da Silva. Tras un ajustado triunfo en las urnas frente a Jair Bolsonaro y la máxima expresión derechista de América Latina, el Partido de los Trabajadores vuelve al poder, generando expectativas e incertidumbre. Con Lula a la cabeza, se viene un gran giro en la política regional. 

Brasil puso guiño y dobló a la izquierda 

Tan solo dos millones de votos aproximadamente terminaron por volcar la balanza política en las urnas brasileñas para consagrar a Lula da Silva como el nuevo presidente de su país, con el fin de cumplir su tercer mandato al mando del coloso sudamericano. Sin embargo, esa pequeña diferencia también denota otro agregado para intentar comenzar a comprender la futura gestión del PT en Brasil. Es justo decir que la mínima ventaja refleja una polarización ideológica absolutamente abrumadora en Brasil. También es correcto hablar de ideología y no solamente de política o economía, sino de formas de ver el mundo totalmente antagónicas. Allí está Brasil, en ese punto crítico, entre mitines de militantes bolsonaristas que piden la intervención militar y desacreditan la democracia, y la centroizquierda que asume el poder con sed de revanchismo político, luego de la operación del lawfare y la causa del Lava Jato. La diferencia es clara, y haciendo equilibrio en esa balanza deberá gobernar Lula da Silva. 

Esto deja a las claras que, al no tener una mayoría notoria dentro de los estamentos del Estado nacional, como así también en los Estados regionales y con calles verdaderamente convulsionadas, el mandatario entrante deberá generar alianzas para garantizar su gobernabilidad. 

Estos pactos tácitos del PT se explicitan a nivel interno y externo, desde lo partidario. De hecho, el vicepresidente de Lula, Geraldo Alckmin, podría ubicarse tranquilamente en la centroderecha. Sin embargo, el gran salto deberá darlo Lula para generar lazos diplomáticos con la oposición, con el fin de que se aprueben sus leyes y pueda consolidar un mito de gobierno, de lo contrario, será muy difícil sostener un país tan grande como Brasil, con semejante polarización ideológica en marcha. La muñeca política de Lula da Silva y su posición como un estratega de la vieja guardia, deberán ser la carta más importante en lo inmediato. 

Por otro lado, el mundo cambió drásticamente desde que Lula fue obligado a dejar la vida política, y el contexto internacional no es ni meramente parecido a lo que afrontó en sus dos mandatos anteriores. 

Una guerra en Europa sacude a los mercados de todo el mundo todos los días, a tal punto que el mismo viejo continente está pasando por un proceso de empobrecimiento que no se había visto desde años de la reconstrucción post Segunda Guerra Mundial. En ese aspecto, Lula tiene un escenario que, dependiendo de su agenda pueda favorecer a Brasil, entendiendo el mercado abierto y emergente para la energía que necesita Europa. 

Paralelamente, otro aspecto globalista que cambió de manera rotunda es el posicionamiento de la hegemonía internacional de los países. Está a la vista que Estados Unidos no es la única nación dominante en el mundo, y que grandes países como Rusia, China e India, disputan la fragmentación del poder. 

De hecho, el caso de Brasil es interesante, ya que forma parte del BRICS, en donde comparte este bloque justamente con Moscú, Pekín y Nueva Delhi. La multipolaridad está a la orden del día, y es evidente que se puede hablar de un “cielo de tres”. 

En términos generales, una tarea ardua que enfrentará Lula da Silva es la reconstrucción de lazos estratégicos de política exterior que Bolsonaro se encargó de poner en tensión. No es casualidad que desde la Unión Europea siguieran muy de cerca estas elecciones, y es claro que ven a Brasil bajo el mando de Lula da Silva como un aliado importante. 

Más allá de la cuestión económica que pesa y es inmediata, la política ambiental también es un foco de interés desde los 27 miembros con Brasilia. De hecho, Emmanuel Macron, presidente de Francia, tuvo fuertes encontronazos con el bolsonarismo por el destrato del Amazonas, la tala y la quema indiscriminada y la falta de acción del Estado ante hechos verdaderamente fatídicos a nivel ambiental en el pulmón verde del mundo. 

A pesar de la presencia de Brasil en el BRICS y de la cercanía con las potencias orientales, Estados Unidos también ve con buenos ojos el futuro de Brasil con Lula. Esta es una cuestión estratégica: Washington entiende que el vecino país es un escenario de disputa de poder con China, Rusia e India. Toda Sudamérica forma parte de este ajedrez geopolítico, pero Brasil, por su poderío económico es el punto que mayor interés genera a las potencias. Por otra parte, Estados Unidos se encuentra a la vuelta de la esquina de una nueva elección legislativa, en donde el bipartidismo vuelve a decir presente. Ante esto, los demócratas llevaron adelante un intento de generación de alianzas débiles, laxas y hasta simbólicas en diversas zonas del mundo, como por ejemplo Taiwán. 

Aquí, la ecuación es simple: si Trump apoya a Bolsonaro, Biden apoya a Lula. Fue el máximo mandatario estadounidense, una de los primeros líderes en saludar y felicitar a da Silva por su triunfo en las urnas. 

Volviendo a Sudamérica, el mapa geopolítico y de alianzas estratégicas cambió 180 grados. Hoy en día, la región tiene una presencia de la centroizquierda y el progresismo que es dominante,  y solo Ecuador, Uruguay y Paraguay mantienen gobiernos derechistas, con distintos matices, pero que pueden ser ubicados en esa zona de la brújula política. Entendiendo el dinamismo del bloque regional sudamericano con esta nueva postura en Brasil, es posible afirmar que la derrota de Bolsonaro, fue la derrota de la derecha en toda América Latina y su paulatino retiro de la escena política. 

No significa que la derecha no vuelva, pero si denota un hartazgo en las formas de gobernar, un entramado discursivo que es agresivo y autoritario, pareciera estar afuera de los intereses latinoamericanos, por el momento. Asimismo, quien gobierne a Brasil, tiene la botonera política de América Latina, por lo que significa este país de manera integral, por ende, la derrota de Bolsonaro fue la derrota de la derecha latinoamericana.  

Argentina, por su parte, espera la reconstrucción diplomática que el bolsonarismo se encargó de distanciar con el peronismo. Hoy los colores ideológicos son símiles, de alguna manera. Ante esto, es imprescindible contar con un aliado comercial como Brasil. Y aquí, también ingresan las visiones de la provincia de Misiones. Prácticamente, la mitad de la frontera de la tierra colorada es con Brasil, y allí, la realidad económica del vecino país, afecta la relación del misionero de frontera. Lo que suceda con el real es fundamental para el turismo en suelo provincial, pero también para el comercio pequeño, para el vecino fronterizo que cruza hacia Brasil para comprar algún bien y viceversa. Esta situación es clave para comprender el devenir de la mitad de Misiones, prácticamente. 

Ganó Lula, perdió Bolsonaro y el mundo espera por el futuro del gigante sudamericano.

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Brasil, o dia da verdade

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Lula o Bolsonaro, Bolsonaro o Lula. Dos nombres con demasiado peso en Brasil, que  simbolizan a dos corrientes antagónicas a nivel proyecto político y mito de gobierno. Los brasileños definirán este domingo quién llevará las riendas de su país por los próximos cuatros años. 

Lula y Bolsonaro, en el ring político

Cuesta encontrar en la historia democrática de Brasil, una elección presidencial tan reñida y polarizada como la actual. Ambos candidatos representan al total del complejo de la población brasileña, con sus avances y retrocesos, y cargados de contradicciones. Lula y Bolsonaro son la expresión de una sociedad estratificada, en donde las explicaciones académicas del alcance de la ideología no logran explicar con total certeza este fenómeno. 

Ambos candidatos tienen una población con un voto asegurado. En el caso del actual presidente, es el empresariado cercano al establishment económico, los sectores militares y los evangélicos quienes lo ven como la mejor propuesta para continuar con su régimen en Brasil. 

En el otro lado del ring, Lula da Silva, quien se impuso en primera vuelta, pareciera tener sus certezas a la hora de enumerar a su electorado. Al ex presidente de Brasil lo sigue el pueblo trabajador que le dio su voto en anteriores ocasiones, los sectores progresistas de su país, parte de las corrientes feministas y pueblos originarios. 

Más allá de este breve mapeo a grandes rasgos, no todo es tan simple. Pareciera ser que las favelas son lugares en donde el Partido de los Trabajadores arrasaría, pero la primera vuelta demostró que no necesariamente hay una mayoría absoluta que se vuelque por Lula Da Silva en estos entramados urbanos populares. 

Hay tres hipótesis que pueden sostener esta postura, por un lado, es gente que nunca le brindó su voto y su apoyo a Lula y ve en la figura de Bolsonaro, un digno rival político. Por otra parte, las redes sociales juegan un papel fundamental, y es algo que el bolsonarismo sabe usar muy bien. Mensajes que circulan en Twitter y Telegram son fundamentales para el oficialismo, en el marco de consolidar su voto seguro y de intentar captar al indeciso. A eso, hay que sumarle una carta maestra jugada por Bolsonaro y sus allegados, la voz de los futbolistas. Es sabido que Brasil tiene una patria y cultura futbolera enorme, un país que básicamente, rige su día a día por lo que sucede en el verde césped. Y a poco tiempo de una nueva copa del mundo de fútbol, en Qatar 2022, el bolsonarismo expuso una jugada ganadora en el “minuto 90” de estas elecciones. Una serie de futbolistas muy reconocidos le dieron su apoyo público a Jair Bolsonaro, entre ellos, el más importante por popularidad actual, como así también por el fuerte mensaje en la bancada, fue Neymar Jr. El jugador del PSG y amigo de Messi, llamó a votar por el actual presidente, inclusive declarando que el primer gol que él haga en el mundial de Qatar 2022 se lo va a dedicar a Bolsonaro. Es lógica la inclinación de la balanza por Bolsonaro en esos sectores en donde el fútbol proliferó de tal manera que es un elemento fundamental para su construcción social y cultural. 

Del otro lado hubo un respaldo de peso. Nada menos que los Vengadores. La segunda vuelta del domingo y la necesidad de una “ayuda” del exterior fue el tema de un intercambio en las redes sociales entre un humorista brasileño votante de Luiz Inácio Lula Da Silva y parte del elenco de superestrellas de “Los Vengadores”, que instaron a ir a las urnas.

El hambre en Brasil no es ficción pero puede acabar. Escuchen a nuestros hermanos, voten el próximo domingo”, escribió en Twitter el actor Samuel L. Jackson, “Nick Fury” en el universo cinematográfico de Marvel.

Lo hizo para responder a un tuit del humorista local Fabio Porchat, quien había pedido “ayuda” a Los Vengadores para el duelo entre Jair Bolsonaro y Lula del domingo.

“Aquí los villanos son la bolsa de compras vacía, las armas llegando a las escuelas, la falta de medicinas en la farmacia… Esto realmente es trabajo para superhéroes. ¿Alguien me está escuchando?”, escribió Porchat, detractor de Bolsonaro, según la agencia de noticias AFP.

“Te estoy escuchando aquí”, respondió Jackson en portugués y, con el hashtag #NoTodosLosHéroesUsanCapa, llamó a sus colegas a entrar en la pelea.

El Hombre de Hierro, Thor, Hulk y Wong atendieron enseguida al llamado interactuando con personalidades que declararon su voto por Lula.

“Estamos contigo en esta misión”, respondió el australiano Chris Hemsworth en portugués a la celebridad brasileña Juliette. “Vengadores brasileños, este domingo todos ustedes son dignos de votar, algo más poderoso que cualquier martillo”, agregó el intérprete de Thor.

Robert Downey Jr., el Hombre de Hierro, también mensajeó en portugués en un cruce con Luciano Huck, personalidad de la TV brasileña: “Con acceso a una educación de calidad, todos los niños pueden inventar un mejor futuro. No espere por eso. Vote por eso”.

“¡Estamos unidos contra la opresión!”, escribió Benedict Wong, el actor británico que da vida al personaje también llamado Wong. “Nuestros magos están trabajando para proteger a todos los que se movilicen este domingo para decidir su futuro”, agregó en respuesta a la actriz brasileña Ana Hikari.

Y Mark Ruffalo aludió a su personaje en Marvel al remarcar: “La verdadera ciencia nos fortalece, como prueba Bruce Banner”, el científico que se transforma en Hulk.

Hay otro aliciente que también juega un papel protagónico y que es digno de analizar: los errores de las encuestas. Principalmente, porque dieron como ganador en primera ronda a Lula, que, si bien fue el candidato que más votos sacó, no logró congratularse y fue Bolsonaro quién llevó estas elecciones a un ballotage. Hay un votante fantasma que las encuestadoras, lógicamente, no pueden detectar, y ese es uno de los sectores a los que apunta Bolsonaro. 

Una elección continental 

El proceso eleccionario en Brasil para determinar quién será el próximo presidente, también modificará o reafirmará el mapa geopolítico y de alianzas de Sudamérica. Si bien, Brasil suele mantener un horizonte cuando se habla de política exterior, gobierne quien gobierne, cierto es que el bloque regional si puede sufrir modificaciones. La gestión de Bolsonaro ha sido hostil en términos discursivos y simbólicos con la República Argentina de Alberto Fernández, no así con el gobierno de Mauricio Macri. Ahora bien, si Bolsonaro logra su reelección, será el que encabece el bloque conservador de máximos mandatarios de América del Sur. Uno de sus aliados principales será Uruguay, bajo el mandato de Luis Lacalle Pou y habrá que pensar en cierta cercanía estratégica con Mario Abdo Benítez en Paraguay, entendiendo que el país guaraní vivirá elecciones presidenciales el año próximo, y en términos de economía regional, tomando a Misiones como un enclave entre ambos países, este futuro eleccionario y presidencial será clave para reconfigurar la economía de frontera. Otro aliado del bolsonarismo en la región sudamericana será el convulsionado Ecuador de Guillermo Lasso. 

El panorama es otro cuando uno visualiza una posible victoria progresista de Lula da Silva generará un bloque subcontinental abrumadoramente alejado de las esquirlas de la derecha. Por la magnitud que simboliza un gigante económico como Brasil, será Lula da Silva quien encabece la diplomacia y el dinamismo económico de Sudamérica. Aliados como Alberto Fernández, Gabriel Boric, Luis Arce, Pedro Castillo y Nicolás Maduro serán claves para intentar consolidar un “Socialismo del Siglo XXI 2.0”. Más allá de esto, Lula ya advirtió que el contexto actual no es ni por asomo parecido al que le tocó afrontar en sus dos presidencias previas, que dejó un crecimiento inconmensurable en Brasil, llevándolo a ser la 6ta potencia del mundo. 

Mientras Brasil decide, grandes potencias y bloques mirarán con cercanía los resultados preliminares y comenzarán a mover sus piezas para generar lazos convenientes, de un lado y del otro. Estados Unidos y la Unión Europea, por un lado, y el BRICS, encabezado por Rusia y China del otro. Sudamérica es una pieza clave para generar zonas de influencia en la actualidad, comprendieron la deficiencia económica y energética que se plantea en el viejo continente. Lula y Bolsonaro saben esto, por ende, esta elección brasileña, indudablemente, repercutirá en todo el mundo. 

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