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Las mil y una noches de Qatar

El planeta está expectante a horas del inicio del Mundial de Qatar, una de las citas deportivas más importantes de todos los tiempos. Millones de personas alentarán desde sus países, a sus jugadores favoritos e ídolos, y otros podrán presenciarlo en persona. La cuestión de este torneo es su país sede, Qatar. Un lugar que ha suscitado una gran cantidad de críticas desde su confirmación, y que continúa levantando polémicas a días del comienzo del evento deportivo. 

Qatar, una novela no occidental 

Tal y como si fuese una telenovela, Qatar sería ese antagonista no deseado por la audiencia. Sería incomprendido y tomado como una molestia. Básicamente, gran parte del mundo piensa eso, acerca del lugar que alberga esta copa mundial de fútbol. Este país es medianamente joven, de hecho, su independencia fue en 1971. Es una petromonarquía de Medio Oriente, un país que ha logrado enriquecerse de manera abismal gracias a la explotación y refinación de petróleo. Sin embargo, estas meras cuestiones económicas que hablan de la riqueza qatarí que están a simple vista, no tapan la otra cara de la moneda que indigna a Occidente. 

Sorprenden a gran parte del mundo las expresiones homofóbicas y machistas que forman parte de la idiosincrasia qatarí, a tal punto de existen varias voces de repudio e inclusive quienes piden que se suspenda la cita mundialista. Lo cierto es, que para entender gran parte del meollo de la cuestión, hay que analizar a la sociedad de Qatar. Este país, como sus países vecinos, es de religión confesional musulmana. Ante esto, se construyeron los sistemas políticos, teniendo como pilar al islam. Hasta ahí, no parece representar problema alguno, pero se complejiza aún más cuando se comprende el afianzamiento de modelos políticos teocráticos. Esto significa que el manejo del Estado está en mano de clérigos o imanes, es decir, personalidades que gozan de un capital simbólico y social enorme en la sociedad, ya que son los que determinan la religión en Qatar, en este caso. Es así, como se conjugan dos motores del poder humano en uno solo: política y religión. Esto da un giro aún más complejo cuando se entiende que en Qatar, como en todos los países confesionalmente musulmanes, se aplica con rigidez la ley de la Sharia. Este es un reglamento o código moral que busca regular las relaciones sociales dentro de un territorio determinado, que generalmente está asociado y es impartido desde el islam. Aunque no hay que pasar por el alto el hecho de que la ley de la Sharia proviene de los pueblos preislámicos que habitaban Medio Oriente durante siglos antes de que aparezca la figura de Mahoma y la construcción del islam como movimiento religioso y político. La utilización de este reglamento, mediante una interpretación que se genera en las cúpulas de poder religioso musulmán, son las que terminan derivando en decisiones sumamente polémicas, que generalmente se repiten en los medios de comunicación y las redes sociales. El tema del rol de las mujeres, por ejemplo. Es un tópico recurrente, entendiendo la falta de derechos que padecen las mujeres en estos lugares donde se aplica la ley de la Sharia, contexto que dista mucho de la situación de la mujer en occidente. Allí se explicita la interpretación del reglamento, mostrando a una mujer completamente sumisa ante el rol dominante del hombre, con situaciones como no poder dejar de utilizar el velo islámico (hiyab, en la mayoría de los casos), no poder circular en la vía pública sin la autorización de un varón allegado, o inclusive, en países más extremistas, el caso de no poder estudiar. Esta es una situación que se presenta con recurrencia cada vez que se habla de Qatar.

Teniendo en cuenta esto, un objeto de crítica de la sociedad qatarí es la homofobia, o el rechazo a la comunidad LGBTIQ+. Cierto es que, al albergar a un evento mundial de semejante envergadura y tan amado por Occidente, se generan estas rispideces con el propio aparato cultural de Qatar. Esto se ha expuesto por varios dichos homofóbicos de representantes, embajadores y organizadores del propio mundial. Sin embargo, esto también se explica por la rigidez de la sociedad qatarí como una teocracia que aplica la ley de la Sharia, en donde la homosexualidad y la diversidad están vistas como desviaciones morales, fuera de todo amparo social. Claro está, para Occidente es una aberración este hecho, sin embargo, es algo naturalizado en Medio Oriente. Aunque también es correcto visibilizar que existen estas manifestaciones a favor de la diversidad sexual, las mujeres y los derechos humanos. Generalmente, estas expresiones son castigadas duramente, hasta la muerte en algunos casos.

Los estadios de la discordia

Qatar tuvo que readaptar su escenario deportivo ante el hecho de haber sido elegido como sede del mundial, inclusive siendo el primer país de Medio Oriente en recibir dicho evento. Lógicamente, la construcción de estadios fue una de las odiseas más grandes que tomó Doha, a tal punto que tuvo que construirlos y adaptarlos para la cita mundialista. Lo que genera indignación es el destrato a los trabajadores que dejaron no solo su sudor allí, sino también su sangre y su identidad. Hay denuncias de casi 7 mil personas que perdieron su vida en la construcción de los estadios. Asimismo, otra situación que viene a colación y genera un repudio masivo es la situación de cuasi – servidumbre a la que se encontraban sometidos los trabajadores. Este sistema se llama kafala, y hace referencia a un modelo de patrocinio de obreros migrantes no calificados, los cuales les entregan sus visas y pasaportes a sus empleadores. Los trabajadores no pueden salir del país hasta que su “patrón” les devuelva sus documentos. Esto ha sido duramente criticado desde hace décadas y es una práctica extendida en los países islámicos. 

¿Qatar es la oveja negra del mundial?

En simples palabras, pareciera ser que Qatar es el primer país con problemas estructurales que flagelan los derechos fundamentales de los humanos, sin embargo, la historia dice otra cosa. 

De hecho, el último mundial fue en Rusia (2018), un país que tenía grandes rasgos de maltrato y represión hacia la comunidad LGBTIQ+. Hoy en día está en guerra con Ucrania. 

En 1994, Estados Unidos fue anfitrión del mundial de fútbol. Un país que tiene un extremista derrotero de guerras funestas, sin olvidar que vivió la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991. 

Como país, tenemos el triste ejemplo del mundial de 1978, una copa manchada por la nefasta Junta Militar. Un torneo que tuvo a Argentina como campeón gracias a los goles y gambetas de Kempes, pero con las calles y las familias manchadas con la sangre de 30 mil desaparecidos, en manos de los militares. Si uno habla de eventos deportivos, el ejemplo más claro fueron los Juegos Olímpicos de 1936, organizados en la Alemania de Adolf Hitler, creer o reventar. 

Qatar es un país más que busca crecer en términos turísticos con esta copa del mundo y con el fútbol que es cada vez más popular en Medio Oriente. Sin embargo, es imposible separar lo deportivo de lo político, aunque no va a ser ni el primer ni el último país con polémicas a cuestas que albergan estos eventos. A fin de cuentas, el dinero mueve al mundo, y es lo que a Qatar le sobra.

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