Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

¡Goodbye, Liz!

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Nuevo capítulo en la política británica: Liz Truss anunció su dimisión. La conservadora, llamada a ser la nueva Dama de Hierro, llegó con todos los pergaminos para ser una férrea conductora de Reino Unido, un país sumido en una profunda crisis económica e institucional. Sin embargo, la dinámica cambiante y compleja de la actualidad le valió el mandato de premier más corto de la historia de su país. 

El último en Downing Street, que apague la luz 

Truss no soportó la presión de una creciente incertidumbre en el rumbo político de Gran Bretaña. Paradójicamente, este país se ha consolidado, con el correr de los siglos, como una de las potencias indiscutibles del mundo. Con vaivenes, los británicos siempre estuvieron en la cúpula de decisiones en el mundo, pero los últimos años fueron suficientes para empujarlos a una situación de desestabilización y vacilación. La nueva víctima de esta situación fue Liz Truss, la doncella de hierro que no fue

La saliente premier británica asumió siendo una sombra de la mismísima Margaret Thatcher. Firmeza en las decisiones políticas, una avispada defensora del monetarismo estatal o neoliberalismo y con una ruda postura en términos de política exterior. Todo indica que se venía una etapa de sobriedad política, luego de los desmanes causados Boris Johnson y su salida como consecuencia del escándalo mediático del “Party Gate”. Más allá de eso, todos los papeles se quemaron en la práctica, y el contexto explica gran parte del resultado final

Gran Bretaña está pasando por la inflación más alta en los últimos 40 años, motivada, en gran parte, por las esquirlas de crisis económica de la guerra en Ucrania, pero con orígenes que pueden encontrarse en su salida de la Unión Europea vía Brexit. 

Este aumento de precios en los productos y servicios generó un cambio rotundo e inmediato en el humor social. Al día de hoy, los europeos también se preocupan por llegar a fin de mes. 

La cuestión económica desembocó en una serie de situaciones de descontento social generalizado, plasmadas en huelgas generales de distintos rubros, impulsadas inicialmente por el sector ferroviario. A ello hay que sumarle una galopante sensación de anti-política, no solamente en Gran Bretaña, sino en gran parte del mundo.

Truss sabía de antemano que iba a danzar con los lobos, y no supo cómo hacer frente a la jauría. Sin ir más lejos, la gota que rebalsó el vaso fue la no aprobación del presupuesto nacional 2023, y una evidente disconformidad con su ministro de Finanzas. Fueron una serie de reformas en el marco de la política económica que no pudieron tener tratamiento, las que sirvieron de caldo de cultivo de esta dimisión de un mandato que solo duró 45 días. 

Lo económico es político y esto lo saben los tories. El Partido Conservador sabe que tiene que levantar una imagen pública destrozada para poder mantenerse en el poder. Ante esta disyuntiva, los nombres comienzan a aparecer, algunos esperanzan, otros preocupan. 

¿Vuelve Boris? 

Aunque parezca un disparate, uno de los apuntados para agarrar el acero británico caliente del gobierno es el mismísimo Boris Johnson, el mismo que dimitió hace unos meses para que asuma Liz Truss. Esta decisión pasará completamente por el seno del Partido Conservador de Reino Unido, aunque hay muchos indicios de que sería el favorito para tomar, nuevamente, el cargo de primer ministro de este país. Sin embargo, ¿por qué Boris Johnson es el apuntado? Este complejo interrogante se lo plantea la ciudadanía británica en este preciso momento. Una respuesta rápida es que Boris deberá hundirse con el barco que él mismo capitaneo desde el puerto

Asimismo, esto cobra relevancia en términos de política exterior y de cohesión con sus aliados estratégicos. Por otro lado, también es un tema de consideración el Brexit, la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea por la que el mismo Boris Johnson abogó en su discurso y práctica política. 

Son una serie de cuestiones las que buscan explicar el nombre del ex mandatario que vuelve a aparecer. Sin embargo, él mismo tuvo que dimitir por el escándalo de las fiestas privadas en plena cuarentena dura, junto a otros funcionarios oficialistas. Esto lleva a otra hipótesis: Johnson dimitió por presión social y no por deslegitimación política

En ese sentido, pareciera ser que los parlamentarios conservadores simplemente le dieron la espalda a Boris Johnson por el efecto de la presión de las redes sociales y los medios, casi como un rebote de la cultura de la cancelación, y no por verdaderas convicciones políticas. Esto es, moral y éticamente, mucho más preocupante que cualquier figura del orden público.

Johnson es el nombre más fuerte, sin embargo, aparecen otros personajes del rubro político británico que se encuentran en carrera. Rishi Sunak, un viejo conocido del conservadurismo y quien ya sonó previamente como posible premier, vuelve a tener preponderancia en el seno de las decisiones de los tories. 

Por otro lado, hay otra mujer como candidata para tomar las riendas del Reino Unido: Penny Mordaunt

El Partido Conservador deberá decidir rápido, mientras se encuentran debatiendo, la Libra Esterlina pierde valor, los productos y servicios suben de precio, y los británicos continúan disgustados con su clase dirigente. 

Asimismo, los laboristas, opositores en Gran Bretaña, han llamado la atención de los medios de comunicación al exigir elecciones generales anticipadas, y así tener la oportunidad de competir por el poder. 

Sin embargo, pareciera ser que las urnas no son el problema, sino la estructura. Reino Unido está pasando por un cisma político, marcado por la pérdida de la legitimación del poder, figuras que no logran cumplir con su rol de funcionarios, y un contexto internacional que, para los países hiper- globalizados, está dando un golpe tras otro. Más allá de eso, los británicos deberán abrocharse el cinturón de seguridad y prepararse para tiempos difíciles. 

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La rebelión de los velos

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El 2022 vuelve a marcar un quiebre en Irán. Sin embargo, esta revuelta de mujeres tiene un carácter de crítica estructural hacia el régimen teocrático que puede hacer tambalear los cimientos que se han construido con firmeza desde 1979. Es preciso hablar de un suceso creador de época, en el contexto de una oleada de reivindicaciones históricas que viene golpeando fuerte en el mundo árabe desde 2010 (Primavera Árabe). 

Mujeres iraníes a las calles 

La muerte de Mahsa Amini, una joven kurda iraní de tan solo 22 años, en manos del aparato represivo expresado en la policía de la moral iraní, por el simple hecho de llevar mal puesto el hiyab (velo islámico), generó un revuelo de dimensiones internacionales, y que trae a colación un sinfín de consecuencias que pone en estado de alerta a los líderes políticos y religiosos de Irán. Este aberrante hecho ocurrió el 16 de septiembre, y desde ese momento convocó a las mujeres a levantarse contra un régimen opresor, en términos de abismales diferencias con Occidente. 

En principio, el hecho fue cometido por un agente de la policía de la moral, un estamento que forma parte de este modelo político. Para comprender el trasfondo de lo acontecido, es preciso decir que desde 1979, mediante la Revolución Islámica de Irán, ese país tuvo un giro de 180 grados en materia de estructura estatal, política y de manejo del poder. 

De la mano del ayatola Ruhollah Jomeini, Irán destrabó un proceso de occidentalización forzada, con fuerte presencia de intereses estadounidenses. Ante la aparición de esta ruptura de continuidades en el orden político, Irán viró hacia un modelo político abiertamente teocrático. Esto significa que el poder político se encuentra a la par del religioso para el manejo del poder estatal. Desde ese momento y hasta la actualidad, se afianzó un régimen que tiene al Islam como su religión oficial, con casi el 90% de chiítas. Sin embargo, la religión pasa a un segundo plano cuando se trata de asuntos políticos. 

Irán: mucho más que la religión 

El manejo de este gobierno teocrático tiene una premisa clave a la hora de hablar de la repercusión de sus prácticas políticas en la sociedad. Irán, al igual que muchos países musulmanes, aplica la Ley de la Sharia. Este reglamento no escrito y preislámico opera y afecta a las relaciones sociales internas de este tipo de países, a tal punto que las interpretaciones conllevan a cometer actos absolutamente condenables en Occidente. Algunos de estos ejemplos pueden ser actos de discriminación y violencia hacia las mujeres, llegando hasta el extremo del femicidio, sin olvidar una situación que puede ser entendida como reducción a la servidumbre. Pero nuevamente, la religión no es el meollo de la cuestión, sino más bien su utilización política en el marco de la interpretación de esta ley. De esta forma, también se comprende la existencia de la policía de la moral, que “vela” por nimiedades como el correcto uso del hiyab, y donde no escatiman en el uso de la coerción de la fuerza física para imponer el dictamen de este régimen teocrático. 

Asimismo, cabe comprender que la sociedad iraní, como así también gran parte de Medio Oriente, son países modernos, pero no modernistas. Aceptan el imperante avance de la tecnología y la ciencia, pero su entramado social sigue correspondiendo a un eje ideológico fuertemente arraigado en preceptos religiosos interpretados por una cúpula política. 

Más allá de esta breve descripción interna de la situación iraní, su contexto es mucho más complejo cuando se analiza su devenir histórico con un creciente Estado de Israel, la formación de grupos de acción, considerados terroristas por Occidente, como Hamás, Hezbolá, Al Qaeda e ISIS, la constante intervención de Estados Unidos y el desequilibrio provocado por enfrentamientos de carácter belicistas, el constante vaivén del consumo, la producción y distribución del petróleo, y también la constante opinión occidental, motivada y diseminada gracias a las tecnologías de la comunicación. Este sinfín de situaciones afecta por completo al ensamblaje geopolítico de Irán, más allá de las cuestiones teocráticas que hacen al poder en Teherán. 

Rebelión for export 

Un ítem de notable peculiaridad de esta revuelta de mujeres en Irán, es su condición de exportación de ideas. Tal y como sucedió con la Revolución Islámica de Irán en 1979 y las Primaveras Árabes en 2010, esta rebelión de los velos pareciera correr la misma suerte. Su efecto fue inmediato y efectivo en los países de la región y también en Europa. Esto se dio a tal punto que países de la zona vieron un levantamiento casi paralelo de las mujeres, quitándose los velos, cortándose el cabello y llevando pancartas de ataque a este tipo de regímenes. 

Fue tan grande el impacto que inclusive llegó a Afganistán, ese país dominado por los talibanes. En todos los lugares, la respuesta fue la misma: represión. De hecho, en el caso iraní, la cifra de fallecidas está cerca del número 200, y pareciera ser que la teocracia de Teherán no dará el brazo a torcer. 

Europa también se manifestó, desde las comunidades musulmanes hasta los propios occidentales. Las manifestaciones se concentraron alrededor de las embajadas iraníes, provocando respuestas represivas, como así también un reflote de reclamos diplomáticos impartidos desde el viejo continente y teniendo a Irán como destino final. 

Esta rebelión de los velos tiene un carácter rupturista. Esto se explica a través del día después de lo sucedido, en donde pareciera ser que es inagotable el modo de vida bajo el extremismo, que poco tiene que ver con lo espiritual y mucho se relaciona con el poder político. 

Internet aporta su grano de arena, entendiendo que las redes sociales han sido, desde las Primaveras Árabes hasta la actualidad, los escenarios elegidos para poder expresar su ideario político contrario a un régimen. La velocidad con la que vuelan las noticias y el impacto en Occidente son herramientas que cuenta una población enredada en conflictos completamente sensibles. 

La demostración laxa de apoyo desde Occidente se cae de cuajo con las prácticas islamofóbicas que tienen lugar, fundamentalmente, en Europa y Estados Unidos. Es un momento clave para comprender un cambio histórico, de carácter estructural y que poco tiene que ver con el que piensa o siente distintos, sino más bien con las prácticas distorsionadas desde el cuadro político gobernante. Las mujeres en las calles, los velos utilizados a elección y el respeto a la otredad. 

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Brasil en su encrucijada

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Comienza la recta final para conocer quién será el líder político que lleve las riendas del gigante de Sudamérica. Es justo decir que el pueblo brasileño tiene en sus manos y sus urnas, al futuro de un país con un nivel de polarización difícilmente visto con anterioridad en esas tierras desde la recuperación de la democracia en 1980 (cualquier parecido con la Argentina no es pura coincidencia). Será el 30 de octubre, fecha en la que los dos colosos de la vida política de Brasil se verán las caras.

Lula vs Jair 

Estas elecciones históricas en tierras brasileñas tienen esa condición por ser una segunda vuelta cargada de condimentos únicos. En principio, dos nombres enormes como lo son Lula Da Silva y Jair Bolsonaro. Detrás de ellos se encuentra un ideario social creado a partir de las experiencias de ambos, pero que rápidamente se pueden resolver en una premisa ideológica: Lula es de izquierda y Bolsonaro de ultraderecha. Más allá de las controversias y disyuntivas que pueda presentar esta condición, cierto es que goza de una fuerte representación plasmada en sectores sociales antagónicos. Por otro lado, es esta situación la que lleva a Brasil a un callejón ideológico sin salida, entendiendo que pareciera ser que es el antagonismo puro quien se hace cargo de las diferencias multifactoriales en el seno de Brasilia. 

De esta forma, el próximo mandatario brasileño no solamente representará a un nombre o un imaginario colectivo, sino que expresará un modelo político y económico yuxtapuesto al de su rival electoral. Dicho de esta forma, el ganador en la primera vuelta, el ex presidente, en dos mandatos, Lula Da Silva, es el depositario de las esperanzas de los sectores sociales bajos y progresistas, quienes ven en el candidato presidencial a un líder político flexible y sensible ante sus causas. 

Del otro lado del ring está el actual presidente, Jair Bolsonaro. Éste contiene, en el núcleo más duro de su electorado, al ala derechista del vecino país, que involucra al evangelismo político, el establishment económico y las fuerzas armadas y de seguridad.

La “bifurcada” económica 

Al adentrarse en la lectura del devenir económico de Brasil, en manos de ambos candidatos presidenciales, es lógico que éste también sea igual de antagónico que su propio seno electoral. Bolsonaro, por un lado, representará la continuidad de su régimen. Un modelo político cercano al monetarismo estatal o neoliberalismo al estilo latinoamericano, con experiencias que indudablemente, a los argentinos nos interpelan de cerca (Menem,  Cavallo y Macri). Este modelo que ha fracasado en el cono sur de América, en todas sus acepciones, es el punto elegido por Jair Bolsonaro para continuar en el cargo: presenta una fuerte reducción del financiamiento a la educación y la salud, en paralelo con el avance exacerbado de los representantes religiosos y militares en sectores donde no son idóneos. Un fuerte apoyo al sector privado también sería una clave para comprender la lógica bolsonarista, entendiendo un contexto verdaderamente sensible que está padeciendo Brasil en la gestión de Bolsonaro: inseguridad alimentaria

A este punto, es interesante sumarle la incógnita de continuidad de una medida económica que ha tenido un efecto positivo en su electorado, e inclusive logró convencer a varios indecisos en Brasil. 

Fotografía de Gabriela Biló para Folha de Sao Paulo.

El fenómeno deflacionario ha traído un alivio enorme en el bolsillo del brasileño, con una fuerte quita de impuestos sobre combustibles que terminó impactando directamente en todos los productos que forman parte de la red de comercialización. Asimismo, el asistencialismo siempre fue foco de crítica de Bolsonaro, aunque en los últimos meses lanzó un “millonario” paquete de medidas económicas de subsidio a las clases subalternas. El hecho de mantener estas políticas económicas es una verdadera incertidumbre, llevado al plano del largo plazo. 

En contraposición está Lula Da Silva. El ex presidente se caracterizó por un fuerte repunte económico que logró colocar a Brasil en el puesto número seis de las economías más fuertes del mundo, un gran incremento del PBI y una serie de medidas económicas que lograron reducir el hambre y el analfabetismo en su país. Es evidente que los modelos o mitos de gobierno que presentan ambos candidatos son verdaderamente opuestos, aunque esto puede llevar a una gran contradicción, que se centra en las posibilidades de Lula Da Silva para gobernar. 

En caso de que el líder del Partido de los Trabajadores se imponga en las urnas, la mayoría legislativa estará bajo el ala bolsonarista, lo que dificultará la sanción de leyes. 

Por otro lado, Lula Da Silva pareciera ser el mismo líder carismático cercano a los sectores menos pudientes que siempre fue. Sin embargo, este no es el mismo contexto en el que gobernó previamente. Hoy en día, el mundo se encuentra multipolarizado, con un gran número de alianzas estratégicas en donde un mismo protagonista se puede repetir varias veces, y allí radica la sutileza diplomática para moverse en el plano de los intereses. 

Asimismo, el mundo atraviesa una guerra que golpea en todos los sectores: el conflicto bélico en Ucrania. Esta situación trastocó fuertemente el balance económico mundial, entendiendo a una Europa cada vez más empobrecida. Podría ser una importante oportunidad para Latinoamérica, y entre ellos, para Brasil, como el país más grande de esta región del globo. Lula también se encontrará con un BRICS fortalecido, con economías enormes como la rusa, china e india, en comparación con su situación en 2010, cuando dejó la gestión. 

En el marco regional, Lula enfrentará una fragmentación ideológica que lo hará bailar con lobos. El líder del PT ya no cuenta con aliados como Hugo Chávez, Evo Morales o CFK. Más allá de que dos de los nombrados se encuentran activos, la situación es otra, y allí es donde Lula no solamente se enfrentará a Bolsonaro, sino también a los Lacalle Pou, Macri, y el brazo “libertario” de la política latinoamericana. En base a este contexto que afrontará Lula, él mismo se encargó de aclarar que no es el mismo contexto que vivió a principio de siglo, lo que evidencia una mayor moderación para mantener estable su gobernabilidad. 

Lo social es político 

Dejando la vereda pura y dura de la economía, el aspecto social es subyacente para estas elecciones brasileñas. Aquí la diferencia se nota a leguas de distancia. Bolsonaro le ha dado un lugar de privilegio al evangelismo político y los sectores más pudientes, económicamente hablando. Asimismo, el racismo y el machismo han sido leitmotiv del actual presidente de Brasil, a tal punto de vociferar abiertamente en contra de lo que él denomina “ideología de género”. El bolsonarismo ha sido un asiduo rival de la ciencia, promulgador de noticias falsas y de demostración de discursos “campechanos”. La teatralización de la política es una constante para Bolsonaro. Si hablamos de derechos humanos, el actual máximo mandatario de Brasil es un declarado negacionista de la última dictadura en su país y un crítico efusivo de toda disidencia política en la región. Otro factor para agregar a la (no) perspectiva social del bolsonarismo son los pueblos originarios. Bolsonaro llevó a cabo un proceso enorme de deforestación y explotación minera que arrasó con gran parte del Amazonas y con tierras de los originarios brasileños. La invisibilización de ellos es moneda corriente. Sin embargo, por más negativo que parezca esto, tiene una visión sumamente positiva en gran parte de una sociedad que opera bajo la lógica discursiva del bolsonarismo. Esto se evidencia a tal punto que grandes astros del fútbol brasileño le dieron su apoyo público a Jair Bolsonaro. 

Del otro lado está Lula Da Silva, con una oposición rotunda al actual presidente de Brasil en cuanto a lo social refiere. El PT puso al trabajador en el centro de sus políticas, empoderando económicamente y promoviendo la movilidad social ascendente. Su relación con las mujeres fue un quiebre en la política brasileña con la presencia de Dilma Rousseff en el escenario principal de la toma de decisiones. Relación ambivalente con los pueblos originarios y un fuerte impulso a la educación y la salud han sido constantes del gobierno de Lula. Esto podría tener un evidente cambio, como se explicó previamente, el mundo cambió. 

El PT, en caso de ganar, deberá pendular entre la economía y las reivindicaciones de las minorías que lo llevan como bandera. Allí habrá que visualizar que prevalecerá para Lula Da Silva, aunque algo es seguro, un tercer mandato no será un calco del primero ni del segundo. 

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Argentina 1985: el verdadero precio de la historia

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Usualmente, los films que abarrotan las salas de cine a nivel mundial, en la actualidad tienen tramas que no revisten una vital importancia para el ser humano. Otras rozan el absurdo. Sin embargo, el séptimo arte ha demostrado mantener su esencia a lo largo del tiempo, en el sentido de ser depositario de la expresión más cruda del ser humano, en donde la historia tiene un papel protagónico. Argentina 1985 viene a reflejar un momento cúlmine de la historia nacional, que amerita parar la pelota por un momento para poder reflexionar.

Mucho más que una película 

El film que tiene a Ricardo Darín y a “Peter” Lanzani como sus protagonistas, retrata uno de los sucesos que han sido puntos de inflexión en nuestra historia como país. La investigación exhaustiva sobre los crímenes cometidos en la última dictadura cívico – militar en Argentina, entre los años 1976 y 1983. Es en 1985 que tiene lugar uno de los hitos en materia de derechos humanos más importantes del mundo: el Juicio a las Juntas. Es, justamente, gracias al trabajo de recopilación de documentos probatorios y testimonios, en conjuntos al informe “Nunca Más”, que se resolvió condenar los delitos que cometieron los sujetos que pergeñaron las acciones que motorizaron el terrorismo de Estado en Argentina. Fueron cinco acusados que terminaron con condena firme: Jorge Rafael Videla (cadena perpetua), Emilio Eduardo Massera (cadena perpetua), Roberto Eduardo Viola (17 años de prisión), Armando Lambruschini (8 años de prisión) y Orlando Ramón Agosti (4 años y 6 meses de prisión). Los demás implicados fueron absueltos por cuestión de temporalidad en sus cargos y por no haber podido confirmar sus delitos. 

El Juicio a las Juntas fue la punta de lanza, en materia de derechos humanos, del gobierno del entonces presidente Raúl Alfonsín. Esto implicó un arduo trabajo del Estado y también de la ciudadanía, en pleno contexto del advenimiento de la democracia. 

Asimismo, este juicio fue el primero por sus características, tales como la reivindicación histórica en materia legal para poder apresar a los dictadores y genocidas. Los Juicios de Nuremberg en 1945 fueron llevados adelante por los vencedores y con un gran apoyo mundial. Experiencia distinta a la de la ex Yugoslavia por comités y tribunal internacionales y el caso de Camboya, un tribunal con total independencia del país. El Juicio a las Juntas también sirvió de un ejemplo a nivel mundial, que fue replicado en distintos lugares. 

Todos los caminos conducen a la historia 

Ahora bien, el análisis histórico es una necesidad en este tipo de producciones, aunque lejos de la minuciosidad de los detalles o de la espectacularidad de una trama, el ojo crítico pasa por otro lado. Es una situación suficientemente válida como para que los historiadores, analistas sociales y comunicadores alcen su voz para llamar a la reflexión. La misma está encausada a poder rever el pasado para poder comprender la actualidad. Es preciso aquí ser honestos intelectualmente y dejar los “ismos” de lado. Poder comprender el cruento episodio que significó el Proceso de Reorganización Nacional y la gallardía que han tenido los que se encargaron de enjuiciar a los dictadores, es una acción cívica que no comprende discriminación. Este film sirve para visibilizar un pasado muy distante a nuestro presente, y que, a veces, por la vorágine de los tiempos parece pasar desapercibido, pero, sin embargo, la historia está allí, “vivita y coleando”, esperando en un libro, en un aula, en un mural, en una palabra, o inclusive en una película. 

Atravesamos la era de “Netflix”, con instantáneo consumo de producciones audiovisuales, un claro signo de la época. Gran parte de los consumidores, que no necesariamente deben ser de la “N roja”, sino de series y películas en general, son adolescentes y jóvenes, y una película como esta, puede despertar una gran cantidad de inquietudes, en términos de conocer fidedignamente nuestra historia. 

He aquí unas palabras de reflexión, en donde la memoria de los pueblos dice presente. Esta película puede encender las llamas del amor genuino hacia la libertad, puesta en la expresión, el pensamiento, y en el modo de encarar la vida, ya que la premisa es simple: la película muestra como se apresaron a dictadores que asesinaron a miles de personas por pensar distinto. Sí, es cierto, el desarrollo histórico es mucho más complejo que eso, pero el impacto visual y la comunicación efectiva en la posmodernidad puede generar ese relato. 

Eso explicaría, por ejemplo, la razón de hacer hincapié en el concepto “derechos humanos”, desde la escolaridad, pasando por todas las instituciones. También explica la presencia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes aún siguen reclamando justicia, ensimismado con aquellas personas nacidas entre 1976 y 1983 que dudan de su identidad. También explica la razón de la defensa absoluta de la democracia, sin distintivos partidarios más que los propios colores celeste y blanco que revisten a nuestra bandera, cuando la patria se encuentra en peligro.

Penosamente, el mundo atraviesa un momento de brutal desinformación, con la paradoja de contar con un contexto en donde los medios de comunicación están al alcance de un click. Pero la proliferación de las redes sociales y la cultura del “me gusta” exacerba toda cuestión de fondo que atraviesa a la intelectualidad del ser humano, y generalmente, por ganar un reconocimiento banal en Twitter, Instagram, Twitch o Facebook, se le falta el respeto a la verdad. 

Esta aberración supina, tan solo comparado a un suicidio del intelecto, se evidencia en la nefasta postura de los negacionistas, quienes utilizan a las redes sociales como su canaleta de falaces ideas. Dicha afirmación viene a colación de los discursos circundantes acerca de Argentina 1985, y lo más peligroso, son los adolescentes y los jóvenes quienes se encuentran expuestos ante semejante acto de estupidización del discurso. Es por eso que, es menester, realizar un profundo trabajo de las personas idóneas en la materia para poder transmitir con honestidad, un abanico de respuestas para esa sed de conocimiento que abunda en la juventud. Más allá de las taquillas, del dinero, de los flashes y de la posible llegada a Hollywood, esta película significa mucho más. Es un llamado de atención a un sector del pueblo que está dormido, es un baño de realidad ante un presente complejo, con un pasado verdaderamente doloroso. Argentina 1985 es la posibilidad de volver a hablar de esos temas que inquietan a las elites, es la oportunidad para acercarse a los jóvenes y mostrar un fragmento del pasado que hoy en día compone nuestra realidad, y es un mensaje para no olvidar nuestra historia, nunca más.

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Los años de Lula

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Brasil se aproxima a vivir una nueva jornada de comicios presidenciales marcadas por la imponente antagonía ideológica que persiste por estos días. El 2 de octubre, los brasileños deberán elegir entre la continuidad de un régimen o el retorno de un modelo que gobernó durante varios años a su país.

Uno de los partícipes principales de esta contienda política, es Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca una nueva experiencia al mando del gigante brasileño. El expresidente tuvo una larga trayectoria política, previa a su desembarco en Brasilia con las investiduras del máximo mandatario. Lula fue un obrero metalúrgico, con fuerte presencia en la actividad sindical durante la década de 1980. Fue justamente un momento de quiebre para él, entendiendo que comenzó una carrera política ascendente. Lula, en carácter de trabajador y sindicalista, encabezó una serie de protestas contra el atropello económico padecido por los sectores más desfavorecidos. Su carrera en los 90’s se vio motivada por la institucionalización de sus consignas sociales, explicitadas en tres candidaturas presidenciales que no obtuvieron buen puerto (1989, 1994, 1998).

Más allá de estas derrotas presidenciales, Lula no se achicó, y en 2002 volvió a presentarse y ganó las elecciones en Brasil en segunda vuelta con un total de más de 60% de los votos. El líder del Partido de los Trabajadores ascendió al poder en un contexto particular, que, regionalmente presentaba signos compartidos con los vecinos países. 

Brasil atravesaba un resquebrajamiento económico a partir de una crisis profundizada en los últimos años del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Sin embargo, este fenómeno no era propio de Brasil y permitió un ascenso, prácticamente en paralelo, de líderes populares que provenían de la izquierda y centro-izquierda latinoamericana. Junto a la figura de Lula en Brasil, aparecieron políticos como Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, Pepe Mujica y Fernando Lugo, por solo nombrar algunos. Esta no es una situación aislada para entender los años de Lula, sino que es una herramienta para comprender el potenciamiento económico y político de Brasil a partir de una región sudamericana en armonía ideológica, que permitió un crecimiento y desarrollo en bloque, marcado por fuertes lazos diplomáticos. 

Lula Da Silva gobernó de 2003 a 2010 en dos mandatos, generando significativas mejoras en Brasil. Uno de los temas de mayor importancia fue la economía y la mejora de la calidad de vida de los brasileños, sobre todo de los sectores más postergados históricamente.. Esta premisa deja un dato irrefutable: el posicionamiento de Brasil como una potencia. Lula logró este hito con una política productiva equilibrada, en donde el Estado brasileño inyectaba una gran cantidad de dinero corriente en sectores necesitados, con una réplica de crecimiento imperante en el consumo, casi una oda al keynesianismo clásico. 

Sin embargo, la misión económica de Lula da Silva no se quedó estancado solamente en eso, sino que, en paralelo mantuvo ciertas políticas económicas de la época de Cardoso, tales como la carga tributaria y la responsabilidad fiscal. El gran quiebre que generó Lula fue un fuerte apoyo a las industrias, y pequeñas y medianas empresas, diversificó los créditos, permitiendo el acceso a las clases medias y también generando un aumento de los sueldos de los trabajadores, fortaleciendo el mercado interno y bajando la desocupación. Una inflación controlada fue clave para la pasividad política con la que gobernó.

A la par de lo nombrado, hubo dos grandes políticas sociales focalizadas del gobierno de Lula Da Silva que fueron la piedra angular de la recuperación económica de los más desfavorecidos: Hambre Cero y Bolsa Familia. El último fue un programa de desarrollo social que buscaba inyectar dinero en la clase baja brasileña, que no podía cumplir con condiciones básicas de desarrollo económico. Se basaba en generar una serie de pagos o ayudas sociales, a cambio de que las familias que entren en el cupo estipulado de los que podían recibir esa ayuda, de cumplir efectivamente con la escolaridad y el calendario de vacunas. 

En conjunto, Hambre Cero fue un programa que buscaba combatir la inseguridad alimentaria que regía en Brasil. El programa llevó adelante acciones concretas para garantizar el acceso a la alimentación, por ejemplo, con ayuda mediante Bolsa Familia pero también garantizando agua para las regiones semiáridas de Brasil, la entrega de vitaminas y suplementos, el robustecimiento de un modelo educativo que puso a la nutrición como parte de sus esquemas de enseñanza, la propuesta concreta de restaurantes populares y el impulso, desde el Estado, de la agricultura familiar.

Ambos programas de Lula Da Silva llevaron a un evidente mejoramiento de la vida de los brasileños, bajando la desocupación, generando mayor movilidad social ascendente, triplicando el PBI per cápita y posicionando a Brasil como un modelo a los ojos del mundo. 

Sin embargo, el abanico de políticas de Lula no se quedó en eso. El crecimiento exponencial a nivel infraestructura y urbanístico fue enorme, generando una evidente transformación de los espacios geográficos, a tal punto que las favelas comenzaron a resignificarse: más allá de problemáticas estructurales como la delincuencia y el narcotráfico, sectores faveleros comenzaron a sumergirse en la economía formal a través del boom turístico que vivió Brasil. 

En materia internacional, Lula Da Silva tuvo un discurso marcado por el respeto al crecimiento del bloque internacional alternativa de cooperación en conjunto con Rusia, China, India y Sudáfrica. En ese sentido, la comunidad de economías emergentes y de posicionamiento no directo con Estados Unidos y occidente en general, fue una de las grandes apuestas que Lula da Silva concretó en el último tiempo de su segundo mandato. 

Por otro lado, la gestión del Partido de los Trabajadores estuvo marcada por una serie de debates acerca del cambio climático, poniendo como eje a las políticas de resguardo medioambiental. La energía nuclear también fue parte de los esquemas de la política exterior de Lula. 

Fue el gran mediador entre Irán y la Agencia Internacional de Energía Atómica. El entonces presidente de Brasil defendía la postura de que Teherán podía producir energía nuclear, siempre y cuando sea para fines pacíficos y productivos. Lo cierto es, que Brasil, en conjunto con Turquía, fueron quienes lograron un acuerdo para que Irán continue produciendo energía nuclear, a tal punto de que recibió un jugoso intercambio de 1200 kilos de uranio. Pero la misión principal fue cumplida: bajar las tensiones en Irán y que la producción no cese. 

Terminados sus dos mandatos, Lula afrontó una serie de problemas de que afectaron profundamente su vida. Primeramente, fue diagnosticado con cáncer de garganta en 2011. Luego de tratarse mediante quimioterapia, el líder del Partido de los Trabajadores logró dejar atrás ese mal trago y curarse del cáncer. Pero eso no sería lo único, ya que en el año 2016 comenzó una marcada persecución judicial contra su persona, que terminó con una condena por corrupción en el caso Petrobras en 2017 y su entrega en 2018. Lula estuvo 580 días encarcelado, y, finalmente, en 2019 fue liberado, ya que el juez que lo condenó (Sergio Moro) no tenía competencia para juzgarlo. Dicho sea de paso, Moro terminó siendo ministro de Jair Bolsonaro. Más allá de eso, Lula volvió fortalecido al escenario político, y con ansias de revancha política, está en la recta final para conseguir su tercer mandato.

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