Lucas Doronuk

Docente, divulgador e investigador en proceso

God save the queen

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La primera semana de julio se llevó puesto a Boris Johnson, el primer ministro británico, un reino que, en el imaginario colectivo, se ha construido con un sistema político y económico de completa estabilidad, inclusive muchas veces es un tedioso ejemplo. Pero la realidad es otra, y las consecuencias de una mala administración, y, sobre todo, de una mala imagen en un contexto tan sensible como el de la pandemia de COVID -19, le valieron el cargo a Johnson. Dios salva a la reina, pero no a Boris.

Crónica de una renuncia anunciada

En Gran Bretaña, el año 2022 estuvo claramente marcado por el escándalo de las fiestas privadas de Boris Johnson en plena cuarentena estricta. Este suceso es conocido como el Party Gate.

Todo arranca en mayo de 2020. En plena incertidumbre global sobre el alcance y las consecuencias del COVID – 19, Boris Johnson y sus allegados realizaron una serie de reuniones con tono festivo, las cuales siempre fueron “tapadas” o “maquilladas” de alguna manera. Sin embargo, durante todo el 2020 y 2021, medios británicos informaron sobre una fiesta tras otra en Downing Street. La bomba explota a partir de las publicaciones en el “Daily Mirror” y en “The Times”, las cuales dieron cuentas de las celebraciones que realizó el gobierno británico en pleno lockdown.

Esa exposición con una paulatina contradicción de la reconstrucción de los hechos por parte de los funcionarios, derivó en un escándalo de nivel global. Esta indignación de la ciudadanía se potenció por el contexto. Es decir que, mientras la población británica se encontraba respetando la cuarentena dictada por el gobierno, los mismos representantes que oficializaron esa medida para evitar el contagio del coronavirus, se encontraban realizando fiestas privadas, con alcohol y en la popular calle residencial de Downing Street. Entre medio, hubo filtraciones de mensajes y mails que dieron cuenta de lo que sucedió en 2020 y 2021. El descontento de los ingleses iba en aumento. 

Finalmente, es el 2022 el que terminó de empujar a Boris Johnson hacia el abismo político. El Party Gate se transformó en un tema de orden público. Fue tal el descontento generado por el inmoral comportamiento del máximo mandatario británico y su gabinete que previo al desenlace ya conocido, Johnson tuvo que aceptar lo que sucedió, pedir disculpas una infinidad de veces, pagar una multa y inclusive ser sometido a una moción de censura. Más allá de que haya superado todos esos momentos, no fue suficiente y la presión de una población indignada fue más fuerte. 

Julio de 2022 encontró a Boris Johnson en coma político. Una ola de renuncias anticipó la suya, a tal punto que su propio gabinete y su partido (Tories), le pidieron encarecidamente que abandone su cargo por el bien de su país y de su espacio político. Previo a la dimisión de Boris Johnson, más de 50 funcionarios cercanos a él y que inclusive formaron parte de su mesa chica, presentaron la renuncia. Gran Bretaña tuvo dos ministros de salud en 3 días, algo que pareciera ser inaudito en un país que se caracteriza por el orden y el reformismo. Luego de eso, llegó el 7 de julio y Boris dijo basta. Una reunión que se extendió por varias horas en Downing Street derivó en la conferencia de prensa donde Johnson oficializó su renuncia como primer ministro de Reino Unido y como presidente del partido conservador. “Amigos, en la política, nadie es indispensable”, sentenció Boris y le puso fin a su mandato. 

Asimismo, esta serie de malas decisiones tomadas por el ahora ex primer ministro británico, también se entrelazó con otras decisiones polémicas a lo largo de su corto mandato que arrancó en 2019. Entre ellas, se destaca casi de manera principal, al Brexit. Estamos hablando de la materialización de la salida de Reino Unido de la Unión Europea, con todas las consecuencias políticas, sociales y económicas que significaron. De igual manera, la relación diplomática con la Europa continental pareciera no haberse resquebrajado. Por otra parte, en el contexto de la Guerra en Ucrania, Boris Johnson decidió tomar la postura que ha defendido la OTAN y la UE, es decir, un evidente apoyo a Volodimir Zelenski. Este apoyo no fue solamente verbal o simbólico, sino que se vio plasmado en envío de ayuda humanitaria, armamento e inclusive permitiendo que soldados ucranianos entrenen en suelo británico. Finalmente, y no menos importante, la economía de Reino Unido, como la de casi todos los países del mundo se ve actualmente trastocada, teniendo una libra esterlina tocando sus mínimos en 3 años. Boris Johnson asumió desafiante y con carisma, pero se fue pidiendo disculpas con la cabeza agacha. 

El futuro británico 

Luego de la renuncia de Boris Johnson, a Reino Unido le queda esperar por elecciones anticipadas, y un desafío institucional enorme. Dicho esto, el reto que tenga el próximo premier británico es el de devolverle la confianza a la gente desde la política. La clase dirigente inglesa deberá volver a recobrar la esperanza de que el pueblo vea con buenos ojos a las actividades llevadas adelante en el gobierno, y es un reto que deberá acarrear  en paralelo a una serie de problemáticas. En este mismo apartado, hay que comenzar a pensar si no hay posibilidad de que el Party Gate sea un puntapié para ver al Reino Unido más combativo y revolucionario, alejado de su histórico reformismo. Habrá que considerar la posibilidad de que el pueblo británico pueda tener un rol más activo a la hora de marcarle un error a sus gobernantes. 

Por otro lado, el futuro premier británico tendrá el desafío de la política exterior. Básicamente, de las decisiones que giran en torno a la Guerra en Ucrania, la crisis energética, el rol activo del comercio británico con la Europa continental y el posicionamiento en distintos conflictos que vengan a futuro. Esto último se da pensando en una posible reunificación irlandesa y en las consecuencias que ha traído a esa relación el mismo Brexit que fue impulsado y oficializado por Boris Johnson. 

Más allá de lo previamente expuesto, lo verdaderamente relevante para los británicos es su economía. El próximo primer ministro británico deberá abogar por el alza del valor de la libra en comparación con las monedas extranjeras. Asimismo, el mejor nivel de vida, la baja del índice de desempleo y, sobre todo, el precio del combustible en el marco de la previamente nombrada crisis energética, son cuestiones inmediatas a resolver para poder mantener una imagen política positiva, y una cierta adhesión social que le permita conservar unidad y poder en el seno de su gabinete. 

¿Anarchy in the UK?

El caso de Boris Johnson no es algo aislado, simplemente se suma a una lista de mandatarios británicos de renombre que han tenido que renunciar por distintos motivos, o que estuvieron envueltos en escándalos mediáticos. 

La nunca bien recordada por los argentinos, Margaret Thatcher, también terminó renunciando a su mandato. Esto sucedió en 1990, en pleno contexto eleccionario en donde la Dama de Hierro terminó viéndose debilitada a partir de una serie de desencuentros en el seno de su propio partido político, a raíz de la desconfianza generada por ella misma. Este debilitamiento de Thatcher, más la renuncia de su viceprimer ministro Geoffrey Howe terminó provocando su renuncia y su retirada de Downing Street con lágrimas en los ojos. 

Por otro lado, un caso más cercano en el tiempo se dio en la persona de Tony Blair. El ex primer ministro laborista gobernó durante diez años, hasta que en 2007 decidió poner punto final a su mandato, luego de una reunión de casi media hora con la reina Isabel. Blair también se vio involucrado en un escándalo, incluso mucho más complicado que el de Boris Johnson. La renuncia de Blair se vio empujada por la decisión de apoyar con envío de tropas a la operación Libertad Duradera de Estados Unidos, más comúnmente conocida como la invasión de Afganistán en 2001. El ex primer ministro británico, Tony Blair, también apoyó con tropas y financiamiento a la invasión a Irak en 2003. Estos sucesos, junto a las constantes críticas y la propia condena internacional, terminaron siendo motivo para que Blair se retire de la vida política, poniéndole fin a su mandato. 

Pasa en las mejores familias

Con la renuncia de Boris Johnson, es menester comprender que, hoy más que nunca, es una falacia ese dicho que circula popularmente, el cual reza que “esto no pasa en el primer mundo”. Entendiendo que, por eso, el colectivo imaginario, se refiere a países capitalistas occidentales, en detrimento de países en vías de desarrollo. La geopolítica ha demostrado, una vez más, lo erróneo que es ese pensamiento. 

A la renuncia de Boris Johnson, envuelta en un enorme escándalo que puso en jaque la moralidad de la clase dirigente británica, hay que sumarle una brutal guerra en Ucrania, la caída estrepitosa del valor del euro (la peor en 20 años), el asesinato de un exprimer ministro japonés a plena luz del día, la indecisión de asuntos exteriores de Estados Unidos y la inconsistencia de resolución de conflictos de la OTAN, el G7 y el G20. 

Asimismo, la dimisión de Johnson demuestra la fragilidad de un sistema político en la era de la hiper – comunicación, en donde a partir de la viralización de sus mensajes, mails y fotos, en cuestión de horas comenzó a generar el eco de una voz que terminaría determinando su salida del poder. Será un llamado de atención para el manejo de la futura clase dirigente o será el hartazgo de la sociedad… lo cierto es que el golpe propinado a Boris Johnson y su gabinete fue un KO que terminó siendo tapa de todos los diarios del mundo.

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El tablero mundial del eje OTAN-G7

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Los últimos días del mes de junio encontraron a Occidente bajo la necesidad de diagramar y trazar políticas conjuntas a futuro. Lógicamente, esto sucede en el contexto de incertidumbre generado por el avance de las tropas rusas en Ucrania, y con las consecuencias económicas evidentes relacionadas a este suceso. Las potencias occidentales y capitalistas tuvieron la ardua tarea de poder empezar a pensar en los distintos panoramas sobre como salir de esta situación, con el menor riesgo colateral posible para ellos. En consecuencia, la cumbre del G7 en Alemania y la cumbre de la OTAN en España han dejado bosquejo de la reconfiguración geopolítica del globo, desde la perspectiva de los intereses occidentales.

Ucrania en la agenda de los grandes

No es una novedad el hecho de que el país dirigido por Volodimir Zelenski se ha transformado en un tema recurrente, no solo en las esferas académicas, diplomáticas o militares, sino que inclusive en cualquier charla cotidiana. En parte se explica esto por la reacción generada en una sociedad que, en occidente, nunca vivió ni padeció una guerra. Lejos quedan las problemáticas de Siria, Myanmar, Cisjordania y Yemen. Asimismo, la generación de la comunicación inmediata se ha hecho eco de la guerra en Ucrania y, de igual manera, han ayudado a su difusión. Ahora bien, donde la situación mundial se dirime es en la mesa de las grandes potencias representadas por sus máximos mandatarios. 

La cumbre de los 7, conocida como el G7, tuvo lugar en Alemania entre el 26 y el 28 de junio. Este grupo de países, potencias políticas, militares y económicas, está integrado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y Japón. Particularmente siempre se invita a la Unión Europea, y en esta ocasión, Argentina fue el único representante latinoamericano, por invitación directa de Olaf Scholz para la presidencia argentina. En esta edición también fueron invitados los jefes de Estado de India, Indonesia, Senegal y Sudáfrica. Si bien, este grupo de grandes países de economía de libre mercado e industrializados, funciona desde 1975, esta edición tuvo un agregado más que importante: la guerra ruso – ucraniana. 

Esta cumbre del G7 partió de la base de las sanciones a Rusia. Se intensificaron, con el aval de los líderes políticos occidentales, una batería de sanciones in crescendo para el país de Vladimir Putin. En principio, la limitación con tendencia prohibitiva hacia la exportación del oro ruso, uno de los principales motivos de generación de excedentes. Ante esto, la reacción en cadena es predecible, sobre todo con los problemas financieros que se evidencian en la cuestión plasmada en la falta de pago de deuda externa a la que ha incurrido Rusia. El primer posible default en un siglo. Asimismo, otro “cepo” económico propuesto desde el G7 giró en torno a la industria militar rusa. En este sentido, es entendible que esto afectaría directamente a la capacidad bélica del Kremlin, la cual pareciera no tener fin, comprendiendo el poderío armamentístico de Moscú. Claro está, que la condena hacia el preconcepto del crimen de guerra al cual se lo juzga a Rusia fue tema de debate, entendiendo el rearmado diplomático que se daría cuando cese la guerra, triunfe Putin o triunfe Zelenski. 

Sacando la situación de la guerra en Ucrania, el G7 no se salió de su molde. Reactivación económica a partir de paquetes monetarios emitidos por los grandes países hacia los de economía emergente o crónica. Lógicamente que, con esto se da el posicionamiento de grandes potencias como EEUU, como los acreedores del mundo. Paralelamente, la presencia de países invitados marca el rumbo de las alianzas políticas. La presencia argentina es fundamental, sobre todo entendiendo el contexto de refinanciamiento de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. En este sentido, la diplomacia juega un papel clave a la hora de poder establecer una red de países que sirvan de soporte o apoyo a las decisiones financieras argentinas con un plan de pago que pueda mantener una economía sostenida.

Por otro lado, aparece la otra gran cumbre. Hablamos de la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que tuvo lugar en España entre el 28 y el 30 de junio. Esta cumbre reunió a gran parte de los países que formaron parte de la reunión del G7, aunque con la salvedad del tópico militar como presencia estelar. Ante esto, fue nuevamente la cuestión ucraniana la que se posicionó como la vedette de dicha cumbre.

Aquí sí, con total claridad se puede resumir que, a partir de la invasión en territorio de Ucrania, Putin y su país se transformaron en la amenaza de la OTAN. Esto se da porque, básicamente, con una mínima acción belicista de Moscú, se puso en jaque el sistema de seguridad occidental. El punto real para la Alianza Atlántica no es, principalmente, la situación de Ucrania en sí, sino lo que puede pasar a raíz de eso. Es decir, el temor de la OTAN es tener que enfrentar militarmente a Rusia, por el poderío que representa Putin, como así también por las alianzas armamentísticas que ha generado el Kremlin con el correr de los años. Ante la activación del protocolo de emergencia y actuación de la OTAN, es sabido que detrás de la potencia militar heredada de la Unión Soviética, aparecerá la figura de China, Irán y Corea del Norte. Todos los países que podrían participar de este enfrentamiento hipotético podrían acarrear una guerra de dimensión monumental. Este es lo que genera el verdadero sentido de mesura por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. 

Más allá de esto, las medidas tomadas en Madrid por parte de la OTAN, son las de reforzar el flanco militar este de Europa, con una frontera cercana a Ucrania, que también pone en alerta al mismísimo Vladimir Putin. Sin embargo, lo que le quita el sueño al líder político ruso, son los posibles nuevos miembros de la OTAN. Hablamos de Suecia y Finlandia. Los países nórdicos desde hace semanas confirmaron su necesaria adhesión a la Alianza Atlántica, con el fin de tener resguardo militar y político ante un posible avance de las tropas rusas sobre su territorio. Esto sería un verdadero revés para las intenciones de equilibrio político en Europa por parte de Rusia, entendiendo que esta forzando un proceso de ingreso a la OTAN de países con los que tiene un comercio fluido, además de una historia militar en común. No obstante, y más allá de la anulación del veto turco, la propia dinámica de las alianzas geopolíticas conlleva a rearmar el tablero global, y sobre todo en el viejo continente, territorio donde hace décadas no se ve tan agitado en términos de inestabilidad. 

Otro punto de vital importancia para comprender, a manera de resumen, lo acontecido por los representantes de la OTAN en la última cumbre de Madrid, es el abordaje sobre China. Stoltenberg y los jefes de Estado fueron claros respecto a este país de vital importancia. Para ellos, el gigante rojo de Asia representa un desafío. Esto se entiende desde la perspectiva económica y el brutal afianzamiento financiero y de generación de excedentes que mantiene a un ritmo galopante el régimen de Xi  Jinping. De hecho, la preponderancia económica lo lleva a China a ser la potencia mundial por excelencia, y además es la razón por la cual, el país asiático no busca involucrarse de manera directa en el enfrentamiento bélico entre Ucrania y Rusia. Cierto es, que China es un aliado de Moscú, aunque el afán por mantener la aceleración en la rueda de consumo es mucho más grande. Una guerra enfriaría la economía global donde China impera, es por esa razón que Xi Jinping solo mira de reojo lo que acontece en el este de Europa. La OTAN sabe eso, y es la razón por la cual no se lo considera una amenaza como sí es considerada Rusia.

Empero, hay otra cuestión por la cual China es un reto para la Alianza Atlántica. Tiene que ver con el abultado ejército a disposición que tiene Beijing, y los intereses geopolíticos que se encuentran alejados del viejo continente. En base a esto, conocida es la vieja disputa entre China y Taiwán, y la constante tensión vivida en esa zona del globo a partir de amenazas de Beijing dirigidas hacia la isla taiwanesa. De igual forma, los intereses económicos de China se ven reflejados, geopolíticamente hablando, en el cinturón de perlas hecho alrededor de India, con el fin de establecer un comercio marítimo prácticamente directo con África. Dicho esto, es predecible ver que los ánimos de China se encuentran lejos de Europa, aunque cerca de sus aliados. Con esto último, es menester hablar de la posición dominante que el gigante asiático busca tener en los archipiélagos de Oceanía, sobre todo centrado en Islas Salomón. Xi Jinping ha demostrado en más de una ocasión su intención de mantenerse cerca de los países oceánicos y esto fue advertido en reiteradas situaciones por Australia, el país que mantiene bajo su control, la hegemonía de Oceanía. Es así, que Sídney, además de haber sido una colonia inglesa, sigue perteneciendo a la Commonwealth, y tiene una relación más que cercana con los intereses de la OTAN y el G7. 

2022, una cachetada a Europa

Una de las premisas que se esgrimen como síntesis de supina importancia al hablar de las últimas cumbres que han tenido lugar en el viejo continente, es el hecho de que Europa se dio cuenta que perdió la batalla de modelos políticos. Más que Europa, hablamos de la Unión Europea. ¿Por qué se dice esto? Básicamente porque la UE se había posicionado como el modelo político nacional y regional de funcionamiento ideal de las democracias liberales, la socialdemocracia, el libre mercado y las dinámicas políticas en base a la diplomacia total desde el comienzo del siglo XXI. Pero Europa se equivocó, no solamente eso, sino que se equivocó y perdió. Este año le dio un baldazo de agua fría, propinado por Rusia y también por EEUU.

Esto se explica por el proceso de otanización que lleva adelante Europa, con una rigidez política mucho más evidente que durante los años de proliferación de las diplomacias europeizantes. El concepto otanización fue propuesto por el mismísimo Joe Biden. El máximo mandatario de Estados Unidos aclaró que Europa está atravesando por ese proceso de inclusión a la OTAN por culpa de las decisiones de Vladimir Putin y las ambiciones de mayor defensa nacional de Rusia. He aquí un claro ejemplo en donde una invasión rusa y una respuesta estadounidense fueron suficientes para ponerle un punto a las prácticas políticas institucionales de la Unión Europea. 

Vayamos más a fondo, el G7 y la OTAN entendieron que el avance militar ruso no trae consigo solamente una cuestión plenamente territorial, sino que detrás viene el afianzamiento de un modelo político puesto a disposición en el personalismo de un líder carismático. De hecho, si se hace un breve proceso de revisión de la historia rusa, verá que sus épocas de apogeo económico estuvieron en manos de personajes y líderes, no así de modelos concretos. Aquí podríamos nombrar a Pedro el Grande, Catalina, Stalin y el mismísimo Vladimir Putin. Es decir, que tan solo el avance de Rusia sobre Ucrania puso en jaque todo un modelo de prácticas políticas que la Unión Europea había construido durante décadas. 

Por otro lado, hablamos de EEUU. En este sentido, Washington y su intransigencia o posición cuasi dubitativa también dejaron a la Unión Europea en un limbo. Curiosamente, Joe Biden condenó la operación militar rusa en Ucrania desde el primer momento, ejecutó sanciones económicas, apoya a Ucrania con envío de armamentos y de paquetes monetarios, pero no se metió en suelo ucraniano a combatir al “enemigo”. Pareciera ser que EEUU perdió esa fiereza que tuvo durante la Guerra Fría, en donde junto a la Unión Soviética, transformaron al mapa mundial en un juego táctico. Hace falta recordar lo que sucedió en la península de Corea, Vietnam, Afganistán y la crisis de los misiles cubanos. Ahora bien, Biden sabe que no es momento de actuar de esa manera, por las razones previamente establecidas como la equivalencia de fuerzas bélicas y el debilitamiento del sistema económico que ya viene desguarnecido por la pandemia de COVID – 19. Por otro lado, el eterno defensor de la democracia ha tomado la postura de la defensa indirecta, resguardando sus intereses y con un contexto nacional particular. La adhesión social en EEUU no es algo homogéneo en su mayoría, y además cabe recordar el avance de los extremismos en su sociedad, marcada por los tiroteos masivos y por el funesto episodio del asalto al Capitolio en 2021. Con esto se quiere decir que Estados Unidos tiene asuntos que resolver en su patio trasero antes de salir a pasear por el barrio. 

En el medio de esta discordia, la Unión Europea se encuentra entre fuego cruzado y con una amenaza constante y total. Por esa razón, personajes como Macron o Scholz han buscado el diálogo constante con Putin, entendiendo que esa vía es la indicada al no tener un contexto favorable para otro tipo de ultimátum. Por otro lado, las sanciones económicas a Rusia, no parecen afectarle en demasía, como si lo hace el bloqueo del petróleo y el gas del Kremlin, que están causando una verdadera crisis energética en el viejo continente. Efectos casi nunca padecidos: altas tasas inflacionarias, previsiones a futuro aún más elevadas, aumento del precio de combustible y caída del nivel de vida. Ante esto, la Unión Europea se dio cuenta del golpazo que le están propinando Rusia y EEUU, y también que su modelo puede entrar en crisis en cualquier momento. 

G7 y OTAN en la periferia 

Mucho se habló de lo acontecido en el viejo continente y de lo meramente relacionado a la Guerra en Ucrania. Sin embargo, hay países considerados emergentes que han participado de dichas cumbres, en forma de invitados. Previamente se habló de Argentina, y en este apartado cabe recordar que el país conducido por Alberto Fernández quedó medianamente bien posicionado en la última Cumbre de las Américas. Esto podría servir para Argentina, por razones de pagos externos, pero también para las potencias, entendiendo que, si la economía argentina goza de un leve despegue en los próximos meses o años, puede ser una oportunidad de invertir en Sudamérica. 

Más allá de esto, India se presenta como un país interesante que tuvo invitación al G7. La importancia de este gran país asiático radica en que forma parte del BRICS. Es decir, la alianza conformada también por Brasil, Rusia, China y Sudáfrica. Es decir, son países con economías emergentes, con relaciones bilaterales estratégicas. El acercamiento de India a las problemáticas que guardan relación con Europa puede servir como una especie de termómetro, si es que se posiciona como interés de la India, para con Vladimir Putin. No pareciera ser de suma importancia para Nueva Delhi, el hecho de ser un mediador en esta guerra. Caso contrario al de Turquía. 

Erdogan sigue haciendo de la OTAN, una novela en donde él mismo es el guionista. Con idas y vueltas para con Suecia y Finlandia. Más, sin embargo, habría que empezar a pensar en un actor importante que no ha aparecido en escena en estas cumbres, pero que tiene intereses de mediador y de dominador regional tal y como lo busca Turquía: hablamos de Israel. El país de Medio Oriente cumple un papel fundamental en las cercanías de la medialuna de las tierras fértiles, un rol preponderante como aliado de los intereses de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. El control de las sublevaciones o los afianzamientos de movimientos islámicos y, sobre todo, palestinos, es de vital importancia para mantener los intereses petroleros de la región. Israel, a su vez, no ha tenido participación directa en estas cumbres, aunque se conoce su postura al respecto de las problemáticas tratadas. A esto hay que agregarle, que Tel Aviv está pasando por un proceso de fragilidad institucional más que evidente. En los últimos días, Israel disolvió su parlamento y llamó a elecciones anticipadas para noviembre del corriente año. Será la quinta elección en cuatro años en dicho país. 

Luego de lo previamente expuesto, pareciera ser que África vuelve a ser ignorada y dejada de lado por las grandes potencias. El G7 y la OTAN solo tuvieron una escasa aproximación a un paquete económico de ayuda humanitaria en el continente más afectado por la pobreza y la enfermedad. Además de esto, la siempre complicada situación de Melilla en el norte africano fue material de comentarios en los pasillos alemanes y españoles, pero no más que eso. Nuevamente, el continente africano queda afuera de las políticas globales, sin tener en cuenta su galopante y preocupante nivel de pobreza, indigencia, falta de educación, crisis sanitarias por enfermedades y bajísimo nivel de vida. 

Finalmente, las políticas medio y socio – ambientales ocuparon un breve espacio, sobre todo en la cumbre del G7. Con el fin de continuar un proceso de saneamiento de la naturaleza y preservación de la naturaleza y la biodiversidad a partir de políticas a largo plazo. Inclusive, la Unión Europea aprobó el abandono de los vehículos a combustión para 2035, pero no más que eso. Es decir, antes de la guerra en Ucrania, la agenda global se encontraba plenamente abocada a las políticas ambientales. Hoy, la OTAN y el G7 tienen preocupaciones de mayor envergadura, las cuales han sido identificadas y tienen claros destinatarios: el avance militar de Rusia con el declive político de Europa, y la mega – maquinaria económica y financiera de China, manejada por un régimen con mano dura como el de Xi Jinping.

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Petro y Colombia ¿hay un giro progresista en Sudamérica?

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Con el reciente triunfo de Gustavo Petro en Colombia, la región sudamericana se ha resignificado a nivel ideológico, de tal manera que no se apreciaba hasta hace al menos una década. Colombia dio un paso histórico al elegir a la izquierda en una elección democrática, algo que no había ocurrido previamente y que puede ser tomado como un síntoma de la época y el contexto global con un impacto regional. 

El batacazo colombiano 

Gustavo Petro, de la mano de la coalición política Pacto Histórico, trastocó la realidad colombiana, regional y americana. Su triunfo, plasmado en una segunda ronda contra Rodolfo Hernández, significa un giro de 180 grados en el seno del entramado político colombiano. Petro proviene de la izquierda revolucionaria, explicado desde las acciones guerrilleras del Movimiento 19 de abril, inclusive participando de los conflictos armados en Colombia entre 1974 y 1990. 

Fue tan grande la influencia del socialismo en la vida de Gustavo Petro, que había recibido el apodo de “Petrosky”, haciendo alusión a un apellido de origen soviético. Más allá de lo anecdótico del seudónimo de Gustavo Petro, el flamante mandatario colombiano llevó adelante un proceso de institucionalización de sus prácticas políticas, materializadas en distintas participaciones de espacios políticos de que provienen de la vertiente revolucionaria, de una izquierda plenamente latinoamericana y con claras influencias en la gesta de Castro y Guevara en Cuba. 

Sin embargo, Petro, desde la concepción del entendimiento de la construcción de una imagen política y del conocimiento de los engranajes del sistema, comprendió que la moderación era una cualidad necesaria para acceder a un cargo de decisión política. En ese último punto, la influencia del socialismo del siglo XXI en sus distintas experiencias latinoamericanas, ha sido un puntapié para el accionar de Gustavo Petro. 

Con poco más del 50% de los votos del balotaje, Pacto Histórico se quedó con la presidencia de la Nación colombiana, y en este sentido cabe analizar a su rival político: Rodolfo Hernández. 

Este último es presentado como un outsider, una persona alejada de la política tradicional, con una verborragia demagógica que se transformó en su leitmotiv, y con severas intenciones de profundizar en políticas económicas neoliberales o de monetarismo estatal. 

Con esto se busca aclarar que Colombia pasó por elecciones verdaderamente históricas, no solo por su resultado, sino por sus máximos representantes: un izquierdista revolucionario y un outsider con aires bolsonaristas. Esto, a las claras, simboliza el quiebre político en el que se encuentra inmerso el país cafetero. 

Los extremos, representados en las figuras de los candidatos presidenciales, hablan de la situación actual por la que pasa Colombia, en donde dos respuestas fueron las expuestas por la población. Una, era ampliar y radicalizar las prácticas derechistas ejercidas desde el Estado (cuestión que Colombia la conoce bien), y, por otro lado, un cambio de paradigma ideológico que rompa con todos los esquemas que, históricamente, fueron construidos en Colombia. 

Este escenario lleva a la necesidad de la comprensión del panorama en el que se encuentra la sociedad colombiana, y que expresa, en el voto popular, la necesidad de un cambio trascendental. Colombia es un bastión de la derecha y del Tío Sam en América Latina. Desde los albores de la problemática del narcotráfico, Estados Unidos marcó su presencia en el país sudamericano, llevando adelante la bandera de la lucha contra los narcos, la cual, en décadas, no obtuvo ningún resultado positivo, sino que, por el contrario, profundizó la virulencia social que gira en torno a la producción y comercialización de estupefacientes. Esa sensación de cuidado, impregnado por la idealización del destino manifiesto estadounidense, le permitió tener una constante presencia de Washington en suelo colombiano, ya desde las primeras acciones de Pablo Escobar como expresión máxima del narcotráfico. El arribo estadounidense en Colombia también se traslado al marco político y económico, generando una tradición de presidentes derechistas, más conservadores o más moderados, pero siempre pujando por los intereses de la acumulación del capital y por las relaciones carnales con EEUU y sus instituciones amigas. Ante esto, es simple de reconocer que los años de hartazgo de la sociedad colombiana, se gestaron a partir de la ingeniería social plasmada por la derecha en ese país. Situaciones claves que son parte del día a día de Colombia: la falta de salud y educación pública, que genera la dificultad al acceso de los mismos y la consecuente marginación de los sectores menos pudientes hacia servicios tan necesarios; por otro lado, la falta de seguridad generada por un marco policial corrupto, la creación de un narcoestado y el accionar de los paramilitares; y, finalmente, el hecho de la integración regional. En este último punto cabe la posibilidad de ahondar analíticamente, entendiendo que Colombia limita geográficamente con Venezuela, atravesada por una experiencia totalmente distinta. Aunque, la historia reciente en Sudamérica, es más que influyente

¿Patria Grande 2.0?

La llegada de Gustavo Petro, además de las promesas preelectorales, como así también su propia postura e imagen como un representante de izquierda en el poder político, significa la reconfiguración del mapa ideológico de América del Sur. Para comprender cabalmente esto, es necesario comenzar a analizar cómo queda la conformación geopolítica de nuestra región. Es posible realizar una división entre progresistas y conservadores. Esta referencia no pretende caer en la simplificación de la izquierda y la derecha, sino que pretende comprender los fenómenos políticos con las contradicciones que presentan, aunque, casi como por descarte, es posible relacionar a la centroizquierda con el progresismo y al conservadurismo con la centroderecha. Más allá de esto, y de los avances y retrocesos de una América Latina con una dinámica producida a nivel macro y micro, es posible realizar la división conceptual previamente establecida. 

Por un lado, el progresismo, plasmado en fuerzas políticas con puntos de contacto y desconexiones. En principio, en este grupo se puede sumar a Venezuela de Nicolás Maduro, Bolivia de Luis Arce, Chile de Gabriel Boric, Argentina de Alberto Fernández, Perú de Pedro Castillo y el ferviente ascenso de Gustavo Petro en Colombia. Hablar de puntos de contacto que lleva al hecho de establecer una agenda de intereses en común a nivel regional, que involucren al crecimiento de los mercados y las industrias, haciendo frente a una situación económica y energética completamente adversa, generada por la guerra en Ucrania. En ese sentido, los países previamente nombrados gozan de una producción diversa y significativa, la cual es un punto a favor si pensamos en el concepto de multilateralismo como horizonte al que se aproxima el globo. También hay características políticas que hacen propia a la región. Cabe pensar que gran parte de estos países, salvo Venezuela, vienen de experiencias derechistas verdaderamente destructivas en términos políticos, económicos, sociales e inclusive culturales. Esta característica compartida genera cierta identidad interna entre los nuevos progresismos sudamericanos. Sin embargo, también cabe recordar las contradicciones que se presentan en este bloque. Ante esto, el ejemplo se puede demostrar en las políticas de género. Argentina y Chile mantienen una fuerte presencia estatal en ese ámbito y con un constante discurso de resarcimiento histórico con las mujeres y las diversidades. Sin embargo, Perú bajo el gobierno de Pedro Castillo, ha mantenido una reacia postura reaccionaria con la Educación Sexual Integral, el matrimonio igualitario y el aborto. Estas prácticas y políticas sociales han sido material de la agenda de los países progresistas, pero en Perú genera rechazo, aunque el mismo Pedro Castillo provenga de la izquierda. Una contradicción que se genera en el seno ideológico peruano y que levanta dudas acerca de la veracidad del manejo político izquierdista de Castillo en Perú.

En el otro lado del “ring” se encuentran los abiertamente conservadores de Sudamérica. Hablamos de Jair Bolsonaro de Brasil, Luis Lacalle Pou en Uruguay, Mario Abdo Benítez en Paraguay y Guillermo Lasso en Ecuador. Estos países presentan una serie de características en común: conservadurismo político, presencia religiosa en las decisiones estatales, neoliberalismo y desfinanciamiento del aparato público, y líderes carismáticos con un discurso que apela a la construcción de relatos posverídicos, alejados del análisis científico y académico, con una fuerte reminiscencia en el sentido común. Estos puntos de encuentro responden a una agenda integral de los intereses empresariales en Sudamérica, y con un claro desencuentro y descalificación del socialismo, y de aquel concepto tan manoseado, como lo es el populismo. Sin embargo, también existen los desencuentros en el ala conservadora de América del Sur. Por ejemplo, Jair Bolsonaro mantiene una fuerte presencia del evangelismo político en el marco del manejo estatal, e incluso en la sanción de leyes. En contraposición, Lacalle Pou maneja un país en donde el aborto y el consumo recreacional de la marihuana es legal. En este último punto, el mismo gobierno nacional uruguayo piensa en la ampliación de la comercialización de cannabis para turistas, ampliando aún más el rango de consumidores que pueda tener el país. Eso también se explica por la postura más bien liberal de Luis Lacalle Pou.

Ahora bien, hay una situación que remite a un contexto internacional mucho más abarcador que refiere a su relación con Estados Unidos y la presencia hegemónica de la política occidental en Sudamérica. 

En ese sentido, los dos “bombos” de modelos políticos que se han propuesto antes, marcan una gran diferencia en ese rubro. Por un lado, los países con líderes políticos conservadores y una clara reivindicatoria de la presencia estadounidense en suelo sudamericano, como así también de una evidente relación cercana con las instituciones económicas con los intereses del Tío Sam. Asimismo, un ejemplo enorme acerca de la presencia de la hegemonía occidental la da la mismísima Colombia, con su estatus de país asociado a la OTAN. 

Por otro lado, en el grupo de los progresismos, es posible ver una situación de rechazo, sea moderada o evidente, a las políticas de capitalismo salvaje y a la presencia estadounidense en la región. Claro está, que no es lo mismo la situación de Venezuela con más de dos décadas de presencia socialista, que el contexto argentino con un refinanciamiento de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional, generado por la gestión de Mauricio Macri, en donde Argentina debe mediar constantemente con el fin de lograr un desendeudamiento paulatino, con el menor riesgo para los sectores más carenciados.   

En base a lo previamente expuesto, ¿es posible pensar en un retorno del concepto de la Patria Grande? Nos referimos al momento histórico comprendido entre el principio del siglo XXI hasta mediados de la década del 2010, en donde América del Sur conformó un bloque regional, a nivel político, económico y social con una clara agenda de centroizquierda. Este momento histórico se caracterizó por las figuras de Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Fernando Lugo, Pepe Mujica, Rafael Correa y Lula Da Silva. 

Es decir, si uno traza una comparación equivalente a la actualidad, ve que hay una mayoría progresista. Pero está claro que no son los mismos contextos. Sin embargo, sí es cierto que esta nueva reconfiguración del mapa ideológico sudamericano remite fuertemente a esa época y permite visualizar en una conjunción de políticas integrales de relaciones internacionales entre los países, y por qué no pensar en un bloque emergente en un contexto de crisis global. 

El futuro sudaca 

Para generar aún más incertidumbre en el plano geopolítico de América Latina, próximamente hay países que afrontarán nuevos comicios, en donde el plano del poder político central puede cambiar, y con ello, nuevamente tener un sesgo de dinamismo ideológico en la región. En principio, hay que hablar de Brasil. El país verdeamarelho enfrentará elecciones presidenciales el próximo 2 de octubre. Esto enfrentará a dos líderes natos y referentes yuxtapuestos de las controversias de una sociedad compleja como la brasileña: Jair Bolsonaro y Lula da Silva. Un conservador, evangelista y derechista, y por otro lado, un progresista, de la vieja guardia de la Patria Grande e izquierdista. Una dicotomía que demuestra una vez más, las dos caras de una sociedad fragmentada como la de Brasil. 

Asimismo, hablamos del enfrentamiento de dos grandes potencias, ambos llegarán con el peso de haber dirigido el rumbo de su país y de ser representantes de la voluntad popular. Jair Bolsonaro, por su parte, cuenta con la ventaja de la dinámica de la gobernabilidad, entendiendo que es el actual presidente de Brasil. Esto significa que llegará con ruedo, prensa, poderío mediático y con la posibilidad de dar un último “manotazo de ahogado”, con alguna ley o medida que realce su imagen pública. 

Lula, tiene a su favor el contexto regional. Es decir, el impulso de los líderes que conforman el bloque progresista en Sudamérica, casi como si fuese una oleada centroizquierdista, puede ser un factor que beneficie a la figura de Lula da Silva. El expresidente lo sabe, y, de hecho, su discurso preelectoral hace una breve reminiscencia a los años de preponderancia y dominio de Brasil, como la potencia sudamericana que fue bajo su mandato y en conjunto con la Patria Grande. Es cierto, que varias cuestiones han cambiado, y que hoy en día enfrenta a un rival poderoso y sin escrúpulos a la hora de encarar las elecciones. 

Si seguimos analizando el futuro que le depara a Sudamérica, podemos ver dos elecciones importantes donde puede haber cambios: Argentina y Paraguay. Si arrancamos por el último, cierto es, que hay pocas posibilidades de un nuevo arrebato progresista en el país guaraní, aunque las dinámicas políticas pueden hacer un cambio de 180 grados en el tiempo que aún queda por delante. Es menester recordar que, las próximas elecciones paraguayas, tendrán un nuevo agente social, expresado como candidato a la presidencia: José Luis Félix Chilavert. El ex arquero de la selección paraguaya en posición de outsider, contestatario e irreverente, buscará ser una opción más para el pueblo de Paraguay. Asimismo, también habrá una puja de poder entre los partidos considerados como tradicionales en ese país. Todo indica que el país paraguayo mantendría una posición mas cercana al conservadurismo sudamericano.

Por el lado argentino, el Frente de Todos, representando al histórico frente peronista que, en este caso, se presenta con tintes centroizquierdistas y que, hoy en día, aún cuenta con la figura de Cristina Fernández de Kirchner en sus filas. Del otro lado se asoman dos fantasmas, un viejo conocido y un nuevo representante del pensamiento político. Hay que hablar de Juntos por el cambio, el partido político que lidera el expresidente Mauricio Macri, y que presenta en su espacio a representantes que podrían erigirse como opciones a la hora de ser los representantes de la centroderecha nacional. Por otro lado, lo que no puede faltar, el ala libertaria. Javier Milei y José Luis Espert, dos representantes del liberalismo con ideas fuertemente basadas en la derecha conservadora, en la liberalización de la economía y en un ajuste brutal del financiamiento estatal. Es un panorama donde Argentina puede mantener su posición progresista o ceder ante el conservadurismo.

En el hipotético caso que Sudamérica se mancomune en la bandera de centroizquierda podría pensarse en la proyección de una zona de influencia e integración económica y política que represente a nivel global. Esto podría traer beneficios si uno comprende la fragilidad diplomática de Estados Unidos en la figura del presidente Joe Biden, e incluso la influencia del BRICS en Sudamérica. Recordemos que este último bloque está integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, y justamente representa a las economías emergentes no occidentales o, que al menos, no dependen directamente de las decisiones tomadas en la Casa Blanca. 

Esta aparición del BRICS en el mapa geopolítico sudamericano puede ser una vía de escape de la dependencia estadounidense y también beneficioso para los países productores y más desarrollados de la comunidad en el marco de acuerdos bilaterales con Sudamérica. 

El ruido siempre está en el sur 

Con todas sus vicisitudes y controversias, esta región del mundo mantiene una dinámica política que, a las claras, es característica identitaria. América del Sur ha sido el escenario de disputas ideológicas desde el desarrollo del capitalismo de libre concurrencia, y aún más polarizado desde los años de la Guerra Fría. Esta disputa entre izquierda y derecha, entre progresismo y conservadurismo, es un capítulo más de la vorágine con la que se convive en Sudamérica. Indudablemente, siempre está en los planes, la planificación a largo plazo y para ello, hay que conseguir unidad y estabilidad. Podría ser la posibilidad de un crecimiento sostenido de América Latina, incluyendo a Centroamérica y a México, en el marco de una serie de países con intereses compartidos y con una agenda global. Sin embargo, mucho depende de los procesos eleccionarios, y, sobre todo, por los vaivenes económicos generados en el capitalismo. No es casualidad que, durante mayor crisis económica, crecen las figuras conservadoras o los discursos demagógicos, y tampoco es casualidad que la historia de Latinoamérica pareciera ser cíclica de cierta forma. 

Misiones podría sacar ventaja en un mercado internacional donde interesen los productos y bienes generados y elaborados en la tierra colorada. Solo basta con pensar en la forestoindustria, la yerba mate y el té, como los elementos de exportación más trascendentales de Misiones. De hecho, Chile es uno de los compradores más importantes de la provincia misionera, y a eso hay que agregar el constante flujo de una frontera dinámica con Paraguay y Brasil. 

Dicho esto, pareciera lógico que, a mayor integración a nivel subcontinental, mayor provecho de una zona que, geopolíticamente, es un enclave internacionalista, comprendido como una ecúmene desde la perspectiva del análisis del espacio geográfico. Todo indica que el futuro de toda una región, vasta y extensa como América del Sur, siempre depende de las elecciones nacionales y de las consecuencias de la misma.

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Chilavert, el nuevo outsider en la política

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José Luis Félix Chilavert: dueño histórico del arco de la selección paraguaya de fútbol, ídolo y multicampeón con Vélez Sarsfield, tres veces electo como el mejor arquero del mundo, y ahora… ¿posible presidente de Paraguay? La certeza única es que Chila lanzó su candidatura oficial rumbo a la presidencia del país guaraní, respondiendo a un fenómeno político y sociológico, conocido como outsiders.

El ex futbolista se ha caracterizado, dentro y fuera de la cancha, por ser un personaje sumamente polémico, altanero, soberbio y de carácter fuerte. Esa forma de concebir al mundo, llevó a Chilavert a la gran dicotomía de los héroes: amado u odiado, no hay término medio. En esa disyuntiva es que el ícono del arco paraguayo construyó su imagen política, hoy materializada en una candidatura para ser presidente de su país. 

Una lectura breve nos permite comprender su postura política. Chilavert está claramente ubicado a la derecha de la brújula ideológica. Una persona que siempre mantuvo posturas firmes acerca de la punición a la “delincuencia” política y de culpar de los males económicos a la clase dirigente, a la cual él mismo ahora busca pertenecer. Paralelamente, el discurso de Chilavert se posiciona desde la construcción de un relato evidentemente populista, apelando al sentir más cercano a la opinión popular. En el fútbol se le dice “tribunero”. Y esto no es casualidad, Chilavert y su mesa chica comprenden que esa es una forma de hacer política. La desconfianza en los partidos tradicionales, generada muchas veces por relatos pos verídicos, por la ampliación de las redes sociales, las fake news y también por las mismas malas gestiones que se suceden en el país guaraní, son el leitmotiv principal de su discurso. 

El mismo Chilavert declaró a un portal colombiano: “No estamos contaminados con la política sucia de los partidos tradicionales”. 

El gran rival de Chilavert no pareciera ser ni los elevados precios del combustible ni el vaciamiento del aparato público (hospitales y escuelas) para los paraguayos, sino ese significante vacío tan (mal)tratado en los medios: el populismo. Chilavert considera que ese término, graficado según él en personas como Nicolás Maduro o Evo Morales, es la máxima preocupación que afronta su país. 

Este término, descontextualizado y desde el “sentido común” generalmente se lo asocia a mandatarios de izquierda o que al menos priorizan las políticas públicas. Nada más lejos de la realidad, de hecho… Chilavert y la construcción de su discurso forman parte del populismo de derecha más duro, gestado en la última década y con sobrados ejemplos. 

Ahora bien, ¿por qué Chilavert es parte del reflejo de la sociedad paraguaya? En principio, gran parte del conglomerado social que habita Paraguay padece de problemas estructurales que trastocan la posibilidad de ascenso y movilidad ascendente en el marco económico. Estas no son cuestiones aisladas de Paraguay, sino que las mismas se hacen presente en gran parte de los países sudamericanos, y muchas veces, las respuestas a esos dilemas se encuentran en la historia y en la política y economía internacional. 

Sin embargo, a quien sale a trabajar de sol a sol en Paraguay, poco le interesa eso. Asimismo, previamente se comentó sobre la desconfianza en la política tradicional, otra constante de las sociedades americanas contemporáneas, las cuales llevaron a personajes nefastos a la conducción nacional, solo basta pensar en Jair Bolsonaro en Brasil. Hay que anexar a estas situaciones, el paradigma ideológico planteado hasta hoy en día en Paraguay: el fenómeno de Stroessner. El dictador paraguayo se mantuvo en el poder durante casi 35 años y bajo su régimen se cobró 18.772 víctimas de torturas, 337 desaparecidos y 58 ejecutados. Más allá de los atroces números que se acaban de presentar y de la historia misma que fue testigo de lo sucedido, en Paraguay aún pululan discursos cercanos al ala ideológica más recalcitrante de su sociedad, la cual recuerda e inclusive resignifica positivamente al manejo político de Alfredo Stroessner. Estos pensamientos ultra – conservadores son en gran parte tomados por Chilavert y sus allegados, sin glorificar muertos, pero en connivencia con lo más duro de esos discursos de antaño, sumado a un rechazo profundo hacia la izquierda política y todas sus expresiones. 

Su figura suma puntos a la hora de hablar de proliferación del discurso a partir de su carisma y de su pasado en el fútbol. Chilavert fue el ídolo futbolístico de toda una generación, fiel representante de la selección paraguaya en todo el mundo, un arquero goleador y sobre todo un gran defensor de sus colores. Chilavert es, comunicativamente, ese líder en donde los paraguayos se han refugiado durante años, por su seguridad y su excelente desempeño en el verde césped. Esa misma imagen, es trasladada al campo político, porque es indivisible la persona del futbolista, y ahora, del político. Un punto más que primordial para Chila

Chilavert: un outsider más y van… 

Outsider es una palabra de habla anglosajona y que, según el sociólogo Howard Becker refiere a “aquel individuo incapaz de seguir las normas acordadas por el grupo”. En paralelo, este término se asocia a los personajes que aparecen en el escenario político sin hacer una carrera dentro, sin ser personas de militancia, sin ser letrados o académicos que tengan certezas teóricas para llevar las riendas de una sociedad. Generalmente los outsider, provienen de afuera de la política tradicional, son políticamente incorrectos y arremeten con un discurso demagógico que apela al sentido de una sociedad cansada, entendida en términos de auto – explotación según el filósofo surcoreano Byung – Chun Han. En este sentido, es simple ver que José Luis Félix Chilavert pertenece a ese orden, cumple básicamente con todos los requisitos. Pero, además, el paraguayo no es un fenómeno aislado, él no es el único que podría encasillarse en ese fenómeno sociológico y político propio de esta época. Chilavert, su discurso y sus seguidores son producto de un proceso mucho más grande y que ya ha tenido y tiene referentes internacionales. 

Con el mote de “outsider” podría nombrarse a Donald Trump en EEUU, Boris Johnson en Gran Bretaña, Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador, Luis Lacalle Pou en Uruguay y Javier Milei en Argentina. De hecho, con el último, Chilavert mantuvo reuniones y compartieron ideas, aunque el paraguayo se despegó del argentino diciendo que “él (Chilavert) es liberal y que Milei es mas bien libertario”. Estos personajes, en un análisis mas profundo tienen raíces en el sector empresarial y con una queja constante hacia las políticas estatales de redistribución o impositivas que pesan sobre sus negocios en pos del beneficio de la sociedad a partir de la materialización de las acciones, ya sea en la salud, la educación o la seguridad social. Además de compartir ese génesis empresarial, que apoya reformas previsionales y achicamiento indiscriminado del Estado, ponderan la creación de un enemigo en común, el cual reúne ciertas características y apela a conceptos repetitivos: populismo, izquierda, comunismo, socialismo, ideología de género, casta política, entre otros. Estos conceptos, absolutamente descontextualizados y explayados desde un panorama anti – académico son palabras repetidas hasta el hartazgo, creando una posverdad desde el discurso de estos personajes, y que, a la vez, son consumidas y propagadas en redes sociales, lugar donde el academicismo ha perdido terreno y donde abunda la inmediatez, la polémica y la ignorancia puestas al servicio del consumo. Inclusive, esta construcción de un enemigo en común no es algo nuevo, sino que responde a uno de los 11 principios de la propaganda nazi, creados por Joseph Goebbels, quien supo ser el ministro de propaganda del Tercer Reich de Adolf Hitler. Hablamos del principio de simplificación y del enemigo único. Cabe aclarar que no solamente los outsiders utilizan este principio, sino que es de amplia concurrencia también en la política tradicional, sino basta ver la construcción el eje del mal que constantemente se dinamiza en EEUU, hoy puesta en Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Venezuela. 

Analizar el discurso político de Chilavert lleva a trazar un evidente paralelismo con todos los referentes previamente nombrados con distintas experiencias políticas, sin embargo, hay uno que es demasiado incuestionable. El slogan de Chilavert es “Orgulloso de ser paraguayo”, y apela al retorno del principio de exaltación de la nacionalidad paraguaya por sobre las demás, dando a entender que hoy en día un paraguayo no siente el orgullo que debería tener (en base a una generalidad), según este silogismo enarbolado por el ex arquero de Vélez Sarsfield. Ahora bien… ¿esto ya se escuchó antes? Pareciera ser que sí. Durante toda su campaña preelectoral y durante su gestión presidencial, el republicano Donald Trump repitió hasta que su población lo memorice: “Make América great again” (Hacer a América {Estados Unidos} grande otra vez). Esta premisa claramente apela al sentir nacional estadounidense, al hecho de que durante los años previos a la gestión trumpista, Estados Unidos perdió el protagonismo que tuvo durante décadas, echando la culpa a los demócratas y progresistas y posicionándose como el líder que puede cambiar el rumbo de su país. Un slogan que comparte varias aristas. 

Con Bolsonaro, es evidente la postura autoritaria y sin filtros que mantiene Chilavert. La forma de simplificar problemas de índole absolutamente enquistadas en cuestiones históricas y estructurales es una constante de ambos. Cabe pensar como Bolsonaro aborda la inseguridad en su país, con una respuesta tan simple como aumentar la presencia policial y combatir con todo el peso de los grupos de choque a la delincuencia y las situaciones particulares que viven las favelas brasileñas. Chilavert utiliza la palabra “delincuencia” con total liviandad en sus discursos, sobre todo dirigidos hacia la clase dirigente, pero que busca trazar un paralelismo con la dicotomía del ladrón común y el “ladrón de guante blanco”, algo que también se ve en las esferas bolsonaristas. Asimismo, Chilavert considera a Bolsonaro y Lacalle Pou como “una bocanada de aire fresco que tiene la democracia liberal”. 

Un tema al cual no gambeteó el ex arquero goleador guaraní es el lenguaje inclusivo, muchas veces incluido dentro de los discursos outsiders como parte de un significante vacío mucho más grande: la ideología de género. En este sentido, Chilavert deslizó una reflexión en su cuenta personal de Twitter el año pasado, en donde dijo lo siguiente: “El mejor lenguaje inclusivo es que todo niño desayune, almuerce, meriende, cene y estudie, y cuando sea grande trabaje”. 

Con eso queda clara cuál es la postura tomada sobre el lenguaje inclusivo por el actual candidato rumbo a la presidencia de Paraguay. 

Si hablamos desde el paradigma económico, hay una queja constante de Chilavert hacia la cuestión impositiva. Y es justamente esta, un concepto recurrente por el cual despotrican los outsiders. El fisco, la presión fiscal son comparados con el leviatán de Thomas Hobbes, son de las tantas palabras que se utilizan. De hecho, el ex arquero apuntó varias veces contra los líderes políticos paraguayos por los impuestos en ese país, e inclusive tomando como ejemplo, su queja contra los impuestos extraordinarios para los sojeros de Paraguay en épocas de incipiente pandemia de COVID – 19, en donde todos los estados del mundo buscaron refugio económico para los sectores más postergados a raíz de la ralentización económica y el enfriamiento productivo ejercido por las cuarentenas, necesarias a nivel sanitario. Asimismo, Chilavert se sumó a la ola de peticiones de que los políticos deben bajarse los sueldos, con el fin de que ese dinero sea distribuido en otros sectores. Más allá de la evidente ineficiencia en un sistema redistributivo de la baja de los sueldos políticos, Paraguay se ubica con un promedio de mitad de tabla cuando se habla de los legisladores que más cobran en la zona, teniendo a la cabeza a Colombia y Chile con los políticos más caros de Sudamérica. Asimismo, si hablamos de los presidentes actuales, el paraguayo Mario Abdo Benítez se ubica de la mitad de tabla para bajo en cuanto a sueldos más acaudalados se habla; y, paradójicamente, Luis Lacalle Pou es el máximo mandatario regional que tiene el sueldo más elevado quien percibe más de 20.000 dólares estadounidenses por mes, con un descuento de su neto, percibe 10.896 dólares, con una imagen completamente diferente a quién supo ser presidente de Uruguay: el humilde, José “Pepe” Mujica.

La política paraguaya en plena tormenta 

Paraguay es un país que presenta una realidad política sumamente compleja. En principio, lo que anteriormente se nombró, una desconfianza en el sistema tradicional galopante entre la población, pero más allá de eso, se puede nombrar a la eterna disputa bipartidista entre liberales y colorados, con propuestas que, si no dan el golpe sobre la mesa, podrían comenzar a perder esa hegemonía que se ha construido en su joven democracia. A eso hay que sumarle la resolución de problemas graves y estructurales, como la salud y la dificultad de su acceso, la educación, la economía informal y el narcotráfico. En ese último punto cabe realizar un apartado, ya que la reciente muerte del fiscal Pecci en su luna de miel en Colombia en conjunto con la balacera que le provocó el deceso a José Carlos Acevedo, quien era intendente de Pedro Juan Caballero al momento del atentado, movilizaron a la sociedad paraguaya y la pusieron en la mira internacional sobre el avance del narcotráfico en las redes de poder. Es evidente que la figura de un narcoestado paralelo en Paraguay, dirime gran parte de las vidas en ese país y cobran una vital relevancia con la cual deben lidiar los líderes políticos en dicho país. Pareciera ser un flagelo que no cesa. 

El año que viene, precisamente en el mes de abril, los paraguayos deberán concurrir a las urnas con el fin de elegir un nuevo presidente. Actualmente, y según consultoras privadas, Mario Abdo Benítez padece más de 80% de desaprobación de su población, lo cual dificulta la buena imagen que pueda llegar a tener su partido de cara a elecciones presidenciales. La izquierda bien definida no parece tener certeza alguna de poder disputar por el máximo cargo político que se gesta en un país democrático. Ante este vacío, Chilavert y su gente podrían posicionarse como una fuerza política que motive y movilice a gran parte de la sociedad paraguaya, con gran aceptación en ancianos, adultos y jóvenes. 

¿Chilavert se subirá a la oleada ultraderechista o será sometido por el contexto de su país? Es una incógnita hasta que se vea su desempeño en un cargo político, aunque el crecimiento de la influencia narco en distintos ámbitos de la sociedad paraguaya, ya cavó hondo en el aparato político y donde el mismísimo Chilavert deberá luchar. Su imagen futbolera, tal cual fue la de Mauricio Macri en Argentina, podrían darle una cierta credibilidad, aunque la misma pueda pender de un hilo, maquillada por decisiones mínimamente polémicas en su cargo. 

¿La pelota siempre a Chilavert?

El ídolo del fútbol paraguayo está a un paso de perder esa idolatría. Esta a menos de un año de perder ese pedestal en el cual el pueblo de Paraguay lo puso, y también se puso él, por su histórico accionar en las canchas de fútbol. Habrá que pensar, sin embargo, sobre los intereses empresariales que se hallan detrás de la figura del gran arquero, y, sobre todo, como afrontar un contexto de magna desigualdad social imperante en Paraguay, con un discurso meramente de “cultura del trabajo”, sin indicar, por el momento, cual será el plan para llevar a cabo una transformación cabal. Podría ser Chilavert consumido por un espacio al cual nunca perteneció, que tiene responsabilidades mucho más grandes que las previamente afrontadas por el ícono de Vélez Sarsfield, y por otro lado mirar a la integración regional. La cohesión de Sudamérica podría polarizarse aún más con la posible llegada de Chilavert al poder, entendiendo la clara diferenciación entre el progresismo expuesto en Chile y Bolivia, y el conservadurismo y neo – liberalismo materializado en Brasil (aunque afrontará elecciones presidenciales este año) y Uruguay. Las elecciones paraguayas del 2023 moverán, indudablemente, la brújula geopolítica de Latinoamérica.Paraguay es un país absolutamente importante para Misiones, entendiendo que la tierra colorada comparte gran parte de su frontera con el país de Chila. Es claro que sus decisiones provocarán reacciones, que podrían repercutir en Misiones. Solo basta pensar en una mala gestión económica que aumente la oleada de migraciones paraguayas que tengan como destino a la provincia misionera, como fin último o como un territorio transitorio hacia otras provincias u otros países. También es válido pensar en el sistema sanitario misionero, a partir de las decisiones que podría tener Chilavert como funcionario político. El ex arquero mencionó que su Estado debe hacerse cargo de los gastos sanitarios de los paraguayos en Argentina, un tema que provoca comentarios encontrados en nuestro país. Cierto es que Misiones tiene un acuerdo de reciprocidad sanitaria que pocas veces se cumple por el estado paraguayo. En gran parte, los paraguayos presentan una doble documentación para ser atendidos en la tierra colorada y en muy pocos casos son arancelados. Lo cierto de esto, es que la República de Paraguay no se hace cargo de estos acuerdos. De esta forma, un simple comentario preelectoral de Chilavert podría repercutir en nuestra realidad y eso reviste a las claras, la importancia de la integración política, económica, social y cultural en la región y sus consecuencias, positivas o negativas.

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Cumbre de las Américas, choque de visiones

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Uno de los eventos más importantes a nivel geopolítico continental tuvo lugar en Estados Unidos, en el corazón del estado de California. Hablamos de una nueva Cumbre de las Américas, en este caso la edición IX, que se dio en la ciudad de Los Ángeles y que estuvo repleta de polémicas, curiosidades y aspectos a analizar. En ese sentido, la tan ansiada Cumbre dio mucho que hablar en una semana repleta de actividades para los líderes americanos que se dieron cita en el encuentro.

Ausencias y presencias

Las polémicas comenzaron antes de la cumbre que tuvo lugar entre el 6 y el 10 de junio. Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, comenzó a agitar el avispero político latinoamericano desde la lista de invitados. Desde hace varios meses antes del inicio de la cumbre, el demócrata fogoneó la posibilidad, e inclusive en tono de amenaza, del veto de países de suma importancia para la región. Hablamos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Los deseos del Tío Joe fueron órdenes y se hicieron realidad. Finalmente, esta tríada de países latinoamericanos fue excluida de la IX Cumbre de las Américas. Las razones abundan desde Washington. En principio, y según deslizó la mismísima Casa Blanca, la cuestión principal es ideológica y de manejo político. Estados Unidos acusó a estos países de tintes socialistas de ser dictaduras sanguinarias donde no se reconocen Derechos Humanos fundamentales. Desde esta perspectiva, Joe Biden, Kamala Harris y Antony Blinken sentaron una rígida postura que no fue bien recibida desde el centro y sur de América. 

La cuestión ideológica es llamativa, en principio porque Joe Biden abogó por mayor pluralidad y cooperación con los países latinoamericanos en su discurso preelectoral. Y, por otro lado, que es algo que pareciera tener mayor flexibilidad, es la relación Estados Unidos-Cuba. Entre tantos avances y retrocesos, la Cumbre de las Américas del 2022 marcó un claro retroceso en cuanto a relaciones diplomáticas refiere entre estos países. En este apartado, cabe una comparación con lo sucedido en la Cumbre de las Américas de 2015 que se realizó en Panamá. Allí participó Cuba y hubo un encuentro histórico con Estados Unidos tras 50 años, que fue materializado con un apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro, ambos máximos mandatarios en esos años. 

Si nos remitimos a la actualidad, Biden decidió tomar una distancia considerable de la cuestión cooperativa con Cuba, en disidencia con las decisiones tomadas por el expresidente Obama. Y por el lado de Cuba, a Miguel Díaz-Canel no le tembló el pulso para apuntar sagazmente con su discurso contra Washington, acusándolos de tener una acción represiva, de discriminación y de generar una situación rupturista para con la región latinoamericana.

Los otros dos países vetados fueron Venezuela y Nicaragua. Estos países siguieron el mismo camino de Cuba en el marco de las decisiones de Biden de no tenerlos en cuenta para esta novena edición de la Cumbre de las Américas, casi por un efecto rebote, en cuestiones ideológicas. Tanto Venezuela como Nicaragua mantienen, con total controversia y discusiones, ciertos modelos socialistas, cercanos a la experiencia cubana. Más allá de esto, la situación se vuelve más confusa cuando se comprende que Estados Unidos es uno de los más grandes compradores de petróleo a Venezuela, y potenciado aún más por el contexto de la crisis energética global generada por la Guerra en Ucrania. Este año, Biden se refugió en el petróleo de Maduro y allí parece no importar los Derechos Humanos. 

Cierto es que estos países tienen en su haber una gran cantidad de polémicas relacionadas a la falta justamente de los derechos fundamentales del hombre y la mujer. Cuando se habla de Cuba, Venezuela y Nicaragua, generalmente se asocia a problemáticas concernientes con la falta de disidencia política, la persecución, arrestos ilegales e inclusive represiones que llevan a la muerte a personas opositoras al régimen. Biden, al mejor estilo Tío Sam, parece sólo mirar la paja en el ojo ajeno. Estados Unidos es el país con mayor cantidad de invasiones en el extranjero en las últimas décadas, incluyendo delitos de profunda complejidad como el de crimen de guerra. 

Cabe hacer una lectura entrelíneas acerca de la decisión de Joe Biden que es mucho más profunda que un simple desencuentro ideológico, propio de la Guerra Fría. En un contexto macro, es la guerra ruso-ucraniana la que vuelve a tomar importancia. Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados estratégicos regionales de Rusia, y además son países que no han condenado con total seguridad ni con sanciones a las acciones de la patria de Putin sobre el suelo ucraniano. En base a eso, el mensaje es el siguiente: Cuba, Venezuela y Nicaragua son aliados de Putin, por ende, no pueden entrar a Estados Unidos. Y al no participar de la Cumbre de las Américas, se los excluye directa e indirectamente de las decisiones continentales. Ese mensaje no solamente se remite a una cuestión de simpatía o “amistad” de la tríada socialista latina con Putin, sino que denota que Estados Unidos sigue teniendo la suficiente autoridad como para decidir por todo el continente. Hacen honor a su gentilicio interno, los estadounidenses se dicen americanos y durante esta semana han decidido por sobre el resto de los países que integran América.

El día después del veto 

Las reacciones ante la decisión de exclusión que tomó Washington contra los países de Díaz-Canel, Maduro y Ortega fueron diversas, polarizadas e inmediatas. La más fuerte de ellas vino desde un vecino país de Estados Unidos. México hizo un repudio público a través de su presidente Andrés Manuel López Obrador. El mandatario mexicano se rehusó a asistir a la cumbre llevada a cabo en Los Ángeles, pero sin embargo sí participó una delegación en representación de su país. De hecho, el mismo AMLO habló de la participación de la IX Cumbre de las Américas bajo protesta, ante el veto contra Cuba, Nicaragua y Venezuela. La figura del presidente mexicano era clave para Joe Biden, y simbólica y comunicativamente, López Obrador le dio un disgusto. Estados Unidos necesitaba tratar asuntos relacionados a las crisis migratorias que provienen desde Centroamérica, pasan por México y terminan en la enorme frontera común. De hecho, la crisis migratoria continúa agravándose y en el trajín de la cumbre se han visto movilizaciones monumentales de centroamericanos intentando llegar a Estados Unidos, asentarse y tener una mejor vida, entendiendo la mayor posibilidad de movilidad social ascendente que se pueda dar una vez que penetren las fronteras protegidas por “la migra”. 

El repudio no quedó solamente en AMLO y en Norteamérica. A la decisión de no asistir se les sumaron Bolivia y Guatemala, de la mano de sus presidentes: Luis Arce y Alejandro Giammatei. Ambos países se sumaron al boicot contra Estados Unidos. A ellos se les sumaron los 13 países que integran la Comunidad del Caribe (CARICOM). Un revés que no esperaba Joe Biden y que termina significando una derrota en su proceso de integración con Latinoamérica. 

Si uno habla de política internacional, es una clara derrota de Estados Unidos y que genera, en perspectiva globalista, una mayor desconfianza en Biden como el líder de occidente. Esto es importantísimo para Estados Unidos, entendiendo que, en un contexto de guerra en Europa, el cual puede agravarse en cualquier momento, tener una figura rígida en el marco de decisiones en el exterior es clave para Occidente, y la demostración de un boicot generado en su propio continente, no deja bien parado a Washington, e inclusive puede verse vulnerable ante semejante escenario. 

En tanto, hubo países que se presentaron en la cumbre, llevando la bandera del mensaje de unidad y de la disconformidad con la decisión estadounidense. Tal es el caso de Alberto Fernández y Gabriel Boric, quienes han dicho presente, pero han disparado contra la decisión de Biden. Y, por otro lado, hay países que no han discrepado en ningún aspecto con la decisión de vetar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, es el caso de Brasil del siempre polémico Jair Bolsonaro y de Uruguay, bajo la presidencia de Luis Lacalle Pou, quien finalmente no asistió por dar positivo en COVID – 19. 

Argentina in L A 

La delegación argentina llegó a esta IX Cumbre de las Américas con una gran serie de disyuntivas. Por un lado, el hecho de participar, pero no guardarse ninguna crítica por las ausencias forzadas desde Estados Unidos. Alberto Fernández consideró que el hecho de ser anfitrión no le da la capacidad a Washington de excluir a otros países americanos. Asimismo, Argentina ofició de representante de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y aclaró su preocupación en “que impidan que todas las voces del hemisferio dialoguen y sean escuchadas”.

De hecho, si hablamos de representación latina en la bandera celeste y blanca, fue el mismo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien aclaró que Alberto Fernández fue el señalado para llevar las voces venezolanas a Los Ángeles.

La presencia argentina en la Cumbre de las Américas 2022 se complejiza aún más, comprendiendo una necesidad de características simbólicas para con Estados Unidos. La reestructuración de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional no solamente se entiende por el hecho de llevar adelante un programa económico que agrade a los acreedores (FMI), sino también con cierta cordialidad política y diplomática con el gran país del norte. La presencia de Alberto Fernández mucho tiene que ver con continuar obteniendo los vistos buenos de Joe Biden para mantener cierto crecimiento económico mientras se salde la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Una situación prácticamente de parentesco que se explica nuevamente la importancia del capital social para tener resultados positivos. 

Asimismo, y de manera paralela a estas cuestiones, Argentina busca rubricar una serie de inversiones en distintos rubros del sector productivo nacional para los próximos meses y años que potencien aún más a una economía en reconstrucción. La necesidad de tener aliados poderosos es una estrategia llevada adelante por la política de consenso de Alberto Fernández. En menos de un año, el presidente argentino se ha mostrado cerca de EEUU, Francia, Alemania, Rusia y China. Todos ellos, países que responden a intereses yuxtapuestos, sobre todo en una vieja disputa Occidente – Oriente. 

Otra cuestión a tener en cuenta cuando se analiza la presencia de Alberto Fernández en la IX Cumbre de las Américas, se basa en el posicionamiento de Argentina como un líder regional. Las ausencias de los países socialistas en conjunto con México y Bolivia, sumadas a la reciente imagen que tiene Gabriel Boric en Chile y Xiomara Castro en Honduras, posicionan al gobierno de Fernández como el máximo representante del progresismo en Latinoamérica. Por un lado, esto tiene preponderancia bajo la premisa de que siempre es positivo ser la referencia máxima en un evento diplomático de supina importancia; y por otro, la posibilidad de obtener una mayor visibilidad diplomática que traiga a colación beneficios a futuro para Argentina. 

La tierra colorada tuvo su representante en esta novena edición de la Cumbre de las Américas. El intendente de Posadas, Leonardo Stelatto participó y disertó en el capítulo de los alcaldes. Con presencia en Los Ángeles, el mandatario de la capital provincial, habló de las políticas a corto, mediano y largo plazo llevadas adelante en Posadas desde la perspectiva de la sustentabilidad, la sostenibilidad y el cuidado del ambiente. Estos tópicos fueron de los temas principales de debates entre los jefes de estados americanos, y allí, en el marco de una agenda global, Misiones tuvo su representante. Asimismo, un dato que no es menor, es que “Lalo” Stelatto fue el único intendente argentino en participar en la Cumbre, junto a otros alcaldes o jefes comunales de todo el continente. Posadas fue vista como una Smart City en Los Ángeles. 

Primeros resultados de la Cumbre 

Pasando por encima la imagen internacional que dejó Estados Unidos ante el veto contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, y el boicot generado por una gran cantidad de países americanos contra Joe Biden, hay una serie de acuerdos directos e indirectos de carácter bilateral que se pueden visualizar. 

Centrado en las problemáticas principales, como se nombró previamente, la sustentabilidad, los objetivos climáticos y las energías renovables fueron ejes primordiales de la agenda de la IX Cumbre de las Américas. Lógicamente que la voz cantora principal la tuvieron Estados Unidos y Canadá, aunque con buen presencia argentina y chilena en ese aspecto, y, además, hubo una reunión esperada en este aspecto: Biden – Bolsonaro. Estos líderes se reunieron con el tópico, entre tantos otros, de debatir la problemática del Amazonas, el mal manejo de políticas medioambientales en Brasil y la queja constante de los pueblos originarios del Amazonas por el avasallamiento de sus territorios mediante el accionar extractivo de empresas privadas. Cabe recordar que Bolsonaro había criticado, hace unas semanas, la llegada a Biden al poder y volvió a esbozar el concepto de fraude electoral en los comicios que impidieron la reelección de Donald Trump en Estados Unidos.

La noción del cuidado del ambiente como parte de una política integral americana, guarda mucha relación con lo sucedido casi paralelamente en el viejo continente. Los eurodiputados tomaron una serie de medidas que benefician al cuidado del ambiente en esta semana, e inclusive planteando el debate de restringir el uso de autos a combustión para la próxima década. No es casualidad que los jefes de estados americanos busquen consenso en ese punto de vista. 

En consecuencia, con lo explicado en el principio acerca de la crisis migratoria en el centro y el norte de América, aquí también hizo hincapié Estados Unidos. Más allá de la ausencia de Andrés Manuel López Obrador, la misma delegación estadounidense hizo oficial su intención de un paquete monetario que se inyecte en los países centroamericanos que ofician de génesis de las corrientes migratorias. Según Kamala Harris, la vicepresidenta estadounidense, anunció un compromiso con el sector privado expresado en más de 1,9 mil millones de dólares destinados para la creación de oportunidades económicas en tres países en particular: El Salvador, Honduras y Guatemala. Asimismo, Washington anunció la creación del Cuerpo de Servicios Centroamericano, con una iniciativa del sector público y privado, y con una visión filantrópica de 50 millones de dólares. La vicepresidencia de Estados Unidos también aseguró el compromiso de su gobierno con el sector privado para empoderar económicamente a las mujeres en Centroamérica. Estas medidas buscan generar un efecto positivo al interior de dichos países para evitar oleadas de migrantes que busquen como destino a EEUU.

Cabe aclarar que una gran suma de migrantes que se sumen casi indirectamente al mercado laboral informal estadounidense puede llegar a generar una serie de problemáticas económicas en distintas urbes de EEUU. Entendiendo que, a mayor mano de obra disponible, más trabajos pueden ocuparse, y al haber mayor demanda y menor oferta, los sueldos y las mensualidades pueden decrecer. Esta es una de las preocupaciones principales de los alcaldes y gobernadores estadounidense de las urbes que generalmente son elegidas por los migrantes que huyen de las crisis económicas, sociales y políticas de sus países de origen. 

Asimismo, también se suman temáticas relacionadas a la salud, en un contexto donde continua la pandemia de COVID – 19 y cada tanto se generan nuevas olas en distintos países americanos, y a eso sumarle la alerta epidemiológica de la viruela del mono, presente ya en varios países. De igual manera, cuestiones relacionadas directamente a la desnutrición infantil guardan estrecha relación con la pobreza existente en todos los países del continente americano, en mayor o en menor medida, pero con presencia, a fin de cuentas. 

Otra temática incluida en la IX Cumbre de las Américas es la inseguridad y la delincuencia. Esta llega en un contexto sensible en Estados Unidos, país anfitrión que se encuentra sumergido en una ola de críticas por el increíble número de tiroteos masivos que tienen lugar en suelo estadounidense prácticamente día tras día y con un profundo e histórico debate sobre el acceso a las armas. A eso se le suman los distintos parámetros de inseguridad en toda América, como mafias, pandillas y narcotráfico. Si bien se entiende que estas problemáticas tienen sus cimientos en cuestiones verdaderamente estructurales, los representantes presentes en la cumbre han hecho eco de su preocupación por el creciente número de situaciones relacionadas a la inseguridad en el interior de sus fronteras, cada una con sus propias características. 

Más que una cumbre, un escenario internacional Este concierto denominado IX Cumbre de las Américas desnudó una gran cantidad de variables ideológicas que se dan en el continente americano y las cuales ya se han analizado. Ahora queda pensar en cómo se va a configurar el mapa geopolítico del continente luego de las rispideces y las diferencias generadas en este evento diplomático. Hay que comenzar a pensar en un mayor deterioro de la relación de EEUU con los países socialistas de Latinoamérica, y en ese punto, las implicancias económicas de este enfriamiento diplomático. En consecuencia, cabe preguntarse se repercutirá en el crudo de petróleo venezolano vendido día a día a Estados Unidos, en el bloqueo económico que el país de Biden ejerce sobre Cuba desde 1962 y en el paquete económico que prometió Washington para países centroamericanos como Nicaragua. Asimismo, habrá que comenzar a pensar en que, si los países latinoamericanos fortalecerán la CELAC o una nueva comunidad de integración regional por fuera de los intereses directos de Estados Unidos y Canadá, y si la confianza en la Organización de Estados Americanos será unánime, luego de su fatídica actuación en el golpe de estado en Bolivia en 2019 y su repudio público en la cumbre. Finalmente, habrá que pensar que sucede con los países que han respaldado con efusividad las decisiones tomadas por Washington. Es necesario pensar en Colombia, Uruguay y Brasil y en un potencial mejoramiento de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y, casi como anexo, un mayor respaldo económico interior y exterior. El teléfono de la Casa Blanca volvió a sonar y Latinoamérica se expresó.

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