Norberto Alayón

Trabajador Social. Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

El genocida Díaz Bessone y la política social

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El General de División RAMÓN GENARO DÍAZ BESSONE fue un genocida argentino que falleció en 2017. Recién en marzo de 2012 fue condenado, por delitos de lesa humanidad, a prisión perpetua.

Fue Comandante del Segundo Cuerpo del Ejército, con sede en Rosario, entre septiembre de 1975 y octubre de 1976. A la vez, Jefe de la Zona Militar Nº 2 y responsable de los centros clandestinos de detención en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Misiones y Formosa.

En agosto de 2003 concedió una entrevista a la periodista francesa Marie-Monique Robin durante la cual justificó los asesinatos y las torturas que llevó a cabo brutalmente la dictadura cívico-militar que barbarizó al país entre 1976 y 1983. En esa ocasión declaró que “Los terroristas muertos no llegaban a 7000. Si los metíamos presos, venía luego otro gobierno constitucional y los dejaba en libertad”. Díaz Bessone le preguntó a la periodista: “¿Cómo puede sacar información a los detenidos si usted no lo aprieta, si usted no lo tortura?”. Agregando “¿Usted cree que hubiéramos podido fusilar 7000? Al fusilar tres nomás, mire el lío que el Papa le armó a Franco (Francisco) con tres. Se nos viene el mundo encima. Usted no puede fusilar 7000 personas”.

Integró el llamado grupo de “los duros”, compuesto también por otros asesinos como Luciano Benjamín Menéndez, Santiago Omar Riveros y Carlos Guillermo (Pajarito) Suárez Mason. En esa época, los dictadores se diferenciaban entre sí como “duros” y “blandos”, según la brutalidad de sus comportamientos. En rigor, es la misma divergencia que se invoca en la actualidad, entre los llamados “halcones” y los llamados “palomas” en la Alianza de Juntos por el Cambio, cohesionada y conducida por el macrismo. En definitiva, más allá de las reales o ficticias distinciones entre los diversos sectores (duros y blandos; halcones y palomas), todos ellos compartían y se beneficiaban (y se benefician) con la consolidación de proyectos antinacionales que fortalecen los privilegios y la injusticia social.

¿Qué relación tuvo el genocida Díaz Bessone con la política social de la dictadura de entonces? A él lo reconocían como “el teórico del Proceso de Reorganización Nacional”, tal como se autodefinía eufemísticamente la dictadura cívico-militar que derrocó al gobierno constitucional del peronismo en marzo de 1976.

El 25 de octubre de 1976 asumió como Ministro de Planeamiento del también genocida Jorge Rafael Videla. Por discrepancias con los sectores más liberales de la dictadura, encabezados por José Alfredo Martínez de Hoz, renunció al cargo el 30 de diciembre de 1977. Durante su gestión presentó un extenso Documento sobre el Proyecto Nacional, fijando los siguientes lineamientos a llevar a cabo sobre Política Social:

Objetivo Básico

Mantener y perfeccionar las características ya tradicionales de la sociedad argentina en cuanto a su condición plural y a su gran movilidad social. Consolidar en ella los valores del Ser Nacional, procurar su homogeneidad cultural y apoyar su crecimiento y desarrollo en la familia unida, jerárquica y estable, y en los cuerpos intermedios propiciando un incremento ponderable del sentido de responsabilidad individual y social.

Objetivos Generales

1.     Realizar la misión de la familia como pilar básico de la sociedad y lograr que la acción cultural, educativa y económica contribuyan a su consolidación.

2.     Fomentar el crecimiento cualitativo y cuantitativo de la población.

3.     Adecuar la distribución de los habitantes en el territorio satisfaciendo las exigencias del crecimiento, el equilibrio y la seguridad nacional.

4.     Fortalecer a la sociedad, particularmente a la niñez y a la juventud, en su formación ética para que pueda responder adecuadamente a cualquier acción que tienda a degradar los componentes esenciales de la naturaleza humana.

5.     Favorecer el nacimiento, desarrollo y acción de toda asociación de personas cuya finalidad no atente contra el bien común y las leyes a fin de moderar los frecuentes egoísmos propios de la actividad individualista y encuadrar con clara y precisa legislación la vida de las asociaciones o cuerpos intermedios para que no atenten contra la unidad nacional ni vuelquen su actividad a otros fines que los específicamente propios.

6.     Promover el desarrollo humano mediante una acción subsidiaria en los campos de la salud, vivienda, educación y mejoramiento de la calidad de vida.

7.     Establecer un sistema de seguridad social que proteja al individuo ante los eventos vitales, pero que no fomente su irresponsabilidad social.

8.     Promover la capacitación profesional y el reentrenamiento de los trabajadores que deban ser transferidos desde el área estatal o desde actividades menos productivas a otros sectores de la economía.

9.     Retribuir al trabajo con justicia, no considerando su precio por las solas leyes del mercado, sino fundamentalmente como la expresión de la iniciativa, responsabilidad y creatividad del ser humano y el medio para que el hombre alcance las condiciones necesarias para su realización y el logro de su destino trascendente.

Llamativas invocaciones se desprenden de los objetivos propuestos en el Documento sobre política social: “mantener y perfeccionar las características ya tradicionales de la sociedad argentina”; “consolidar en la sociedad los valores del Ser Nacional”; “apoyar su crecimiento y desarrollo en la familia unida, jerárquica y estable”; “realizar la misión de la familia como pilar básico de la sociedad”; “promover el desarrollo humano mediante una acción subsidiaria (destacado nuestro) en los campos de la salud, vivienda, educación y mejoramiento de la calidad de vida”; “reentrenamiento de los trabajadores que deban ser transferidos desde el área estatal a otros sectores de la economía”; “que el hombre alcance las condiciones necesarias para su realización y el logro de su destino trascendente”.

Estos objetivos muestran con claridad que, a través de la política social, se pretendía llevar a cabo un proyecto social y cultural marcadamente retardatario, de asimilación o eliminación de la diversidad y de dominación de las mayorías populares.

Algunos de dichos postulados parecieran enraizarse con las propuestas conservadoras de la organización continental Tradición, Familia y Propiedad, cuyos orígenes se remontan a 1960 en Sao Paulo, Brasil.

Mientras formulaban tan controvertidos y “loables” objetivos -a la par de ponderar la tradición, los valores del Ser Nacional y las virtudes de la familia unida- los impulsores de la dictadura cívico-militar habilitaban la tortura a mansalva, los centros clandestinos de detención en todo el país, los asesinatos, la aplicación de la picana eléctrica en la vagina de mujeres embarazadas, el robo de bebés, los “vuelos de la muerte” que consistían en arrojar personas vivas al mar. En fin, todo un inimaginable compendio de las peores atrocidades en las que pueden incurrir algunos sujetos que simultáneamente se definen como “cristianos”, como “seres humanos”.

Y en la elaboración del Proyecto Nacional que proponía el genocida Díaz Bessone en el Ministerio de Planificación entre 1976 y 1977 ¿habrán participado profesionales de las ciencias sociales y de otras disciplinas? ¿Habrán contribuido en la confección del documento, sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales, politólogos, economistas, filósofos, abogados, periodistas?

Y si colaboraron en dicho Proyecto del ministerio, legitimando objetivamente la vigencia y el despliegue de las prácticas dictatoriales, ¿cuál habrá sido el destino profesional de los mismos después de la recuperación democrática de 1983? ¿Habrán actuado en algunos casos, a sabiendas o por temor a las eventuales consecuencias, como una suerte de “intelectuales orgánicos” de semejante proceso de devastación humana? ¿Habrán evitado manifestar alguna disidencia, ante la posibilidad de recibir represalias de diversa índole? ¿Habrá habido, siquiera, algún grado de arrepentimiento público por la colaboración prestada?

Cada cual sabrá hasta dónde tuvo que conceder; hasta dónde tuvo que callar para preservar la fuente de trabajo y hasta la propia existencia física. Pero también están los que acompañaron sin rabia ni resignación y que actuaron, en algunos casos, hasta con adhesión, ante las atrocidades que se registraban adentro y afuera del campo profesional.

Mantener la memoria sobre lo acontecido en el pasado, constituye un ejercicio imprescindible para evitar la posible reiteración de episodios y comportamientos delictivos sobre determinados sectores de la sociedad.

Fueron muchos, civiles y militares, los que apoyaron la dictadura desde distintos lugares y cargos y luego aparecieron ocultando y reciclados, como si no hubieran tenido ninguna responsabilidad en la barbarie generalizada de esa época.

Todo lo que se haga para evitar la amnesia siempre será insuficiente, porque los genocidios -tanto en lo que respecta al accionar de sus actores principales, como en los diversos grados de complicidad que se registraron-  no pueden ni deben ser olvidados.

No se trata, entonces, de proponer alternativas de revancha, pero tampoco contribuir a disimular, a justificar o peor aún a negar inadmisibles prácticas de enorme gravedad que violaron los más elementales derechos humanos.

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Son ellos o nosotros

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A continuación transcribo una nota que escribí el 31 de agosto. Ayer, 1º de septiembre, se produjo el intento de asesinato de la vicepresidenta de la Nación y dos veces presidenta de Argentina. Sobre este trágico episodio recuerdo y destaco lo expresado por el asesor de Naciones Unidas sobre la Prevención del Genocidio, el senegalés Adama Dieng, quien certeramente levantó una voz de alerta al afirmar que “Los discursos de odio anteceden a los crímenes de odio”.

“Son ellos o nosotros”´, publicó Ricardo López Murphy en las redes sociales para cuestionar las movilizaciones que se registraron en los días pasados.

Semejante manifestación de violencia mereció el firme rechazo del ex juez de la Corte Suprema de Justicia, Raúl Zaffaroni, quien expresó  “¿Quién es el que siembra el odio, el que habla de ellos o nosotros? Ni ellos ni nosotros. En una democracia no hay un ellos o nosotros. Eso lo podía decir Hitler”.

Este grave episodio me llevó a recordar una nota, de marzo 2022, que publiqué en la revista “La Tecl@ Eñe”, sobre este personaje repasando parte de sus antecedentes políticos.

En dicha oportunidad mencionaba que en esos días habían reaparecido fuertemente, en diversos medios de comunicación, algunas voces de políticos que se autoproponían como una suerte de “salvadores de la patria”, negando su plena responsabilidad en la formulación y aplicación de políticas que perjudicaron notoriamente al país. Este fue el caso, entre varios otros, de Ricardo López Murphy, que integra la Alianza Juntos por el Cambio, liderada por el macrismo.

En febrero de 2019, Adriana Puiggrós había recordado que “La Fundación neoliberal FIEL (asesora de la dictadura de 1976) era consultora del ministro de Hacienda (Nicolás Dujovne) de Mauricio Macri”.

FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), fundada en 1964 por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Cámara Argentina de Comercio, la Sociedad Rural Argentina y la Unión Industrial Argentina, se definía (según su propia página web) como “una institución independiente y apolítica”.

El Consejo Académico de FIEL estaba integrado por Ricardo López Murphy, Manuel Solanet, Mario Teijeiro y Miguel Kiguel. Como Vocales y Consejeros Directivos han participado, entre otros, Guillermo Alchourón, Enrique Crotto, Santiago Soldati, Jorge Aguado, Alejandro Bulgheroni y Amalia Lacroze de Fortabat.

En evidente confrontación con la educación pública, esta organización destacaba -desde hacía tiempo- que “Un elemento esencial de una competencia justa es que las instituciones privadas y estatales enfrenten condiciones similares. Una política esencial para ello es la eliminación de subsidios a las universidades nacionales y la instauración de un sistema de préstamos y becas disponibles tanto para estudiantes de instituciones privadas como de las públicas. Existe también otro privilegio de las universidades estatales que debe ser removido: la ausencia de un costo de alquiler sobre las propiedades usufructuadas por las universidades públicas”. Toda una declaración de férreas posiciones de esta institución que se define como “apolítica”.

La educación privada representa, en gran medida, los intereses particulares y también económicos de grupos ideológico-políticos, de grupos religiosos o bien directamente de grupos empresariales.

López Murphy, de ortodoxia liberal inconmovible, ahora cercano a “libertarios” individualistas y conservadores como José Luis Espert y Javier Milei, es un representante genuino del papel que cumplen fundaciones como FIEL, aunque quieran disimular su evidente accionar político.

Los orígenes de la militancia política de López Murphy se verifican en el radicalismo, que finalmente abandonó en el año 2002. En 1982, durante la dictadura cívico-militar, fue designado como Director de Investigaciones Económicas y Análisis Fiscal del Ministerio de Economía de la Nación, donde tuvo como jefes a Juan Alemann y Manuel Solanet.

Integró el gobierno del presidente radical Fernando de la Rúa como ministro de Defensa, entre el 10 de diciembre de 1999 y el 5 de marzo de 2001; y luego como ministro de Economía, por 15 días, entre el 5 y el 20 de marzo de 2001. Debió renunciar por el enorme rechazo de la sociedad que produjo su programa de ajuste fiscal por 2.000 millones de pesos, el despido de 40.000 empleados públicos, recortes en las indemnizaciones por despido, reducción presupuestaria en el área educativa, y suprimir transferencias de fondos al rectorado de la Universidad de Buenos Aires, entre otras propuestas del nocivo ideario liberal.

Al alejarse del radicalismo fundó el partido político Recrear para el Crecimiento, del cual fue su Presidente entre noviembre de 2002 hasta noviembre de 2007, para renunciar finalmente a este partido en abril de 2008. Participando de la Alianza Juntos por el Cambio, asumió como diputado nacional el 10 de diciembre de 2021.

En abril de 2020, Ricardo López Murphy ratificó su pensamiento de siempre firmando un manifiesto de la derecha hispanoamericana más radicalizada, junto a Mario Vargas Llosa, Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Darío Lopérfido, Marcos Aguinis, Alejandro Roemmers y varios otros personajes de esta dañina orientación, tales como José María Aznar, Álvaro Uribe, Ernesto Zedillo, Luis Lacalle, José María Sanguinetti, entre otros.

En la declaración, estos representantes del conservadurismo, quizás temerosos de reacciones populares ante sus propuestas, afirmaron que “A ambos lados del Atlántico resurgen el estatismo, el intervencionismo y el populismo con un ímpetu que hace pensar en un cambio de modelo alejado de la democracia liberal y la economía de mercado”.

Sobre su breve gestión quincenal en 2001 expresó, con arrogancia extraviada: “Yo fui 15 días ministro de Economía porque propuse ajustar los privilegios de la política”. En algunos, que se promocionan como actores virtuosos para lograr el bienestar nacional, las mentiras, la distorsión, no tienen límites. Como actual diputado de la alianza Juntos por el Cambio mantiene sus viejas propuestas del 2001: restringir los derechos de la gente, que son aquellos que pueden limitar parcialmente las desigualdades estructurales, diciendo que combate supuestos “privilegios de la política”.

No es cierto que se proponía combatir los llamados “privilegios de la política”. Como decía el escritor norteamericano Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada”. Pero no todos perdemos la memoria de lo que son, de lo que hicieron, de lo que hacen, de lo que representan, ciertos personajes siniestros que atentan contra los derechos de las mayorías populares.

Hoy, coherente con sus pensamientos de siempre, López Murphy incita altaneramente a la violencia con esta irracional invocación de “SON ELLOS O NOSOTROS”.

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La provocación británica sobre nuestras Malvinas

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La embajada británica en Argentina ha organizado un provocador concurso para pagarles un viaje a las islas Malvinas a estudiantes universitarios de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, para que conozcan a sus “vecinos de las islas Falkland”, como los ingleses denominan a las islas argentinas, usurpadas por su vetusto y vil colonialismo.

Ello me hizo recordar la contundente respuesta del querido pueblo peruano ante la Guerra de Malvinas de 1982. Yo había tenido que emigrar a este hermano país y fui testigo y participante de la enorme reacción popular y adhesión a la legítima causa continental que significaba (y significa) la defensa de nuestro territorio.

El diario El Comercio de Lima, en su edición del 13/5/82, consignó: “Una impresionante multitud recorrió ayer las calles de Lima y convergió a la Plaza San Martín, en una demostración de solidaridad con Argentina y de rechazo a las pretensiones coloniales del Imperio Británico”. Agregando: “La más grande manifestación política de los últimos años fue escenificada ayer en Lima”. “Lima se vistió ayer durante cinco horas de celeste y blanco, los colores de la bandera argentina, para expresar su solidaridad con ese país en su lucha con Gran Bretaña”.

Por su parte, el diario La República del mismo día 13, destacaba: “La mujer peruana, como la residente argentina, estuvo en primera fila rechazando la agresión británica”. Registrando, a la vez, opiniones de diversos referentes políticos, tales como: “Nunca he visto en el país un acto de solidaridad como este en apoyo a Argentina”. Y “La demostración de solidaridad para con el pueblo argentino quedará grabada en la mente de todos los peruanos, sin distingo alguno”.

Días antes, el 7 de mayo, los periódicos (entre ellos El Diario de Marka y El Comercio) daban cuenta del pronunciamiento público de un numeroso grupo de políticos e intelectuales, rechazando la agresión británica y respaldando el derecho argentino sobre las Islas Malvinas.

Recuerdo, con emoción, aquella marcha de 1982 en Lima acerca de la cual se publicó en el diario El Comercio una foto donde aparecemos, conjuntamente con otros dos cientistas sociales argentinos (Arturo Fernández y Javier Slodky, ambos ya fallecidos), con un epígrafe que menciona “Un residente argentino (se trataba de Javier) con su pequeño hijo en hombros recorrió sin pestañear los tres kilómetros, entre el Campo de Marte y la Plaza San Martín”. En rigor, era su pequeña hija.

Y me siento reconocido, una vez más, en el sentimiento de solidaria hermandad que nos brindó el pueblo peruano, en la búsqueda imperecedera de la independencia definitiva de nuestra América.

La pregunta de por qué los ingleses tienen fama de imperialistas sigue vigente. La historia real y concreta no admite desmentidas. Irlanda, Escocia, Gales, India, Hong Kong, Gibraltar, Malvinas, Nueva Amsterdam (Nueva York), Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Samoa, Jamaica, Trinidad y Tobago, Bermudas, Granada, Bahamas (Guyana), Barbados, Guyana Británica, Honduras Británica (Belice), Chipre, Malta, Ceilán (Sri Lanka), Birmania (Myanmar), Nepal, Qatar, Singapur, Egipto, Sudán, El Cabo, Sudáfrica, Rhodesia, Ghana, Nigeria, Uganda, Kenia, Sierra Leona, Gambia, entre tantos otros, soportaron y padecieron su presencia colonial. Aún en este siglo XXI, de los 16 enclaves coloniales supervivientes, 10 pertenecen a Gran Bretaña.

La indigna Albión no se privó (ni se priva) de nada para mantener su perfil imperial. Y ahora nos vuelve a provocar con este obsceno concurso para visitar nuestras Islas Malvinas.

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Güemes, Milagro Sala y la “gente decente”

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“El general Martín Güemes, en Salta, acudía a los campamentos y arengaba a sus bravas milicias gauchas, donde sobresalían los mulatos, que luchaban contra el invasor realista, diciéndoles: ‘Por estar a vuestro lado me odian los decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis su propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros, porque os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados por ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos de la misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados de la Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que caigan para siempre vuestros opresores’. A los 36 años de edad, el 17/6/1821, Güemes murió a consecuencia de las heridas recibidas de la vanguardia española que había logrado infiltrarse hasta la misma ciudad de Salta por la traición de su clase decente (…) Este episodio trágico e infame simboliza y tipifica el enfrentamiento prolongado hasta nuestros días entre el pueblo argentino y la oligarquía antinacional. La infamación y la traición desplegadas, los lemas republicanos y democráticos contra el tirano, el clamor de la propiedad ofendida, la genuflexión patriótica ante el enemigo extranjero, los auxilios de la autoridad eclesiástica, la injuria contra la chusma y el mulataje, el odio abyecto que va más allá de la tumba, no podrían sorprender a ningún argentino. Como este aluvión denigratorio de la gente decente tiene a su manera su imponencia, es indispensable conocer su dimensión histórica y sus ramificados episodios.” (En Güemes y la “gente decente” de Salta, de Jorge Enea Spilimbergo, Agrupación Universitaria Nacional, Buenos Aires. 1973).

Como se puede observar, las mismas adjetivaciones de siempre de estigmatización, de desprecio y de odio de los sectores conservadores hacia los sectores populares. Como diríamos hoy, se trata de la “derecha” y hasta también de muchos otros que se creen y que se autodefinen como “progresistas”.

“No ahorre sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano”. “La sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”; el “tirano prófugo”, por el presidente constitucional Juan Domingo Perón; “aluvión zoológico y turbamulta con aspecto de murga”, por los trabajadores que se movilizaron el 17 de octubre de 1945; los “negros villeros de mierda”; los peronistas que “levantaban los pisos de parquet de las casas para hacer asados”; los ignorantes que “utilizaban las bañaderas para plantar perejil”; los vagos que no quieren trabajar y “cobran los planes sociales”; los peronistas que “se robaron todo”; la Asignación Universal por Hijo que “se iba a ir por la canaleta del juego y de la droga”; “las adolescentes de los sectores humildes que se embarazan a propósito para poder cobrar la Asignación Universal por Hijo”; “todos los días un pibe más que está preso”; “el kirchnerismo que usó el dinero de la gente para mantener vagos”; y tantos otros ejemplos que dan cuentan de lo arraigado que está el prejuicio, el rencor, el odio extremo, la abominación hacia los sectores más vulnerados de la sociedad. Vulnerados y explotados, con frecuencia, por los propios sectores que los insultan y denigran.

Como síntesis brutal podríamos citar la situación actual de Milagro Sala: dirigente social de los pueblos originarios, mujer, india, receptora de infundios, descalificaciones, mentiras y cárcel (cumpliendo 2344 días de detención) por desplegar una intensa labor a favor de los sectores históricamente postergados. En definitiva, la “gente decente” de la provincia de Jujuy de hoy representa lo mismo que la “gente decente” de Salta que combatió y llevó a la muerte prematura al gran caudillo popular, general de la Nación y héroe de la Independencia Martín Miguel de Güemes hace ya 201 años.

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El odio antipopular de Macri y sus aliados

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Días pasados el “destacado intelectual” MAURICIO MACRI expresó: “Perón y Evita crearon el populismo y hay que erradicarlo. Lamentablemente lo hemos exportado al mundo y está siendo muy contagioso”.

Lo manifestó en ocasión de la cena anual de la Fundación Libertad, una organización de la más rancia derecha, a la cual asistieron los y las principales referentes del conservadurismo en Argentina y también el peruano Mario Vargas Llosa y el uruguayo Julio Sanguinetti.

En relación a la temática, me permito compartir la nota que publiqué en el diario “Página 12” de Buenos Aires, el 17 de febrero de 2014, con el título ¡POPULISTA, SÍ: A MUCHA HONRA!

“En el lenguaje corriente, ciertos políticos y académicos descalifican, abominan del término “populismo”. Los “izquierdistas” critican al populismo porque éste no apunta a erradicar el sistema capitalista. Los conservadores lo critican porque, aún incompletamente, defiende más los intereses de los sectores populares.

Se lo usa, se lo invoca de manera peyorativa, como un insulto, como si fuera una “mala” palabra. Por cierto, populismo se deriva de lo popular, de pueblo. ¿Estará mal hablar de lo popular/pueblo o encarar políticas en defensa de lo popular?

En contraposición, ¿estos sectores preferirían emplear el concepto de elitismo o de grupos selectos (no populares) que serían diferentes y mejores que la gente común? Intentan vilipendiar y construir una idea estigmatizante, desvalorizada de lo popular, desde su propia posición de clase. Algunos por odio de clases y otros por inveterada miopía intelectual, reflotan la vieja antinomia de “popular versus antipopular”.

Juan Cruz Varela, hermano de Florencio, fue un escritor y político argentino, instigador -junto a Salvador María del Carril- del fusilamiento de Manuel Dorrego, perpetrado por Juan Lavalle. En 1828, después de la caída del gobierno popular de Dorrego, desde Montevideo escribió los siguientes versos: “La gente baja ya no domina y a la cocina se volverá”. Fantástica y desgraciada oda antipopular, que refleja el pensamiento de muchos, de ayer y de hoy. Lo que estaba y está por supuesto también en juego en la actualidad, es la disputa por quién ejerce el poder: uno u otro sector social.

En el basamento ideológico del retrógrado sistema de segregación racial, denominado “apartheid”, se mencionaba que “El más educado de los negros es, por definición, inferior al menos educado de los blancos”. Si adecuáramos esta afirmación a las categorías “rico/pobre”, podríamos leer, remedando a los seguidores del “apartheid”: “El más educado de los pobres, es, por definición, inferior al menos educado de los ricos”.

El desprecio que algunos vuelcan sobre el populismo parece asimilarse a las críticas que se verifican, en el ámbito de la justicia, hacia las concepciones “garantistas”, que tienden precisamente a garantizar los derechos de todos. ¿Qué otra cosa se debería ser? ¿Antigarantista? Por ejemplo, al dictador Jorge Rafael Videla, a José Alfredo Martínez de Hoz, a la Sociedad Rural Argentina, a los Macri de hoy, los seducían y los seducen las ideas y las políticas antigarantistas. Quieren garantías (y especialmente privilegios) sólo para los poderosos.

Las políticas progresistas de Inclusión Previsional, de la Asignación Universal por Hijo, el Programa PROCREAR de viviendas, el Programa Conectar Igualdad, el Programa PROGRESAR han sido recurrentemente tildadas de populistas, de demagógicas. ¡Menos mal que existen estas políticas que propenden a una mayor justicia social! Estas medidas, ¿son criticadas por impericia, por irresponsable liviandad, por interés político de mera y burda oposición? Y ni qué hablar de aquellas extraviadas (para decir lo menos) expresiones de ese dirigente político nacional (Ernesto Sanz), que avergonzarían y enfurecerían a don Hipólito Yrigoyen, cuando criticó la Asignación Universal por Hijo y dijo que la misma “se iría por la canaleta del juego y de la droga”.

Resultan asombrosas, cuando no tristemente patéticas, las opiniones de algunos cientistas sociales que aparentan pasar como objetivos y rigurosos, arremetiendo sistemáticamente contra lo popular, contra el populismo, obteniendo el beneplácito y la adulación de poderosos diarios, canales y radios que representan los intereses más antipopulares y que, como es coherente con su ideología, hasta apoyaron la dictadura cívico-militar-eclesiástica iniciada en 1976.

Muchos de estos cientistas sociales provienen del campo del “progresismo” o del “izquierdismo”. Muchos hasta fueron funcionarios del menemismo y del gobierno de la Alianza y poco o nada hicieron desde los ministerios y reparticiones de Desarrollo Social. Convendría repasar y recordar sus nombres, para ver si se trata de las mismas personas.

Critican al kirchnerismo por populista. Lo mismo hacen otros con Evo Morales en Bolivia, con Rafael Correa en Ecuador, con Dilma Rousseff en Brasil. Lo que es un mérito, en beneficio de las mayorías más desprotegidas, intentan transformarlo en algo descalificable, en algo abyecto. Resulta evidente que no critican para mejorar y avanzar; critican para debilitar y retroceder.

En 2014, en el marco concreto de la cruda realidad internacional y nacional, resulta absolutamente pertinente apoyar las políticas de carácter popular, en línea con la defensa de los sectores más postergados.

De merecer una crítica o un epíteto insultante, de parte de los diversos sectores objetivamente antipopulares (“izquierdistas” o conservadores, cientistas sociales o no) preferiría y hasta me halagaría que me dijeran “populista”. La ceguera reaccionaria y provocativa de muchos, me induce a asumir en la encrucijada actual, la afirmación de ¡Populista, sí: a mucha honra!

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