Avance de la IA en Latinoamérica amplía los retos de seguridad empresarial
De acuerdo a estudio de Akamai un pequeño grupo de usuarios (5%) concentra gran parte de la exposición y el riesgo asociado al uso de IA en las empresas. Colombia, Chile y Argentina registraron una adopción de IA generativa de 24,5%, 22,7% y 21,9%, respectivamente, en 2026, superando la media global de 17,8%.
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La inteligencia artificial está cambiando rápidamente la forma en que trabajamos. Pero, mientras las organizaciones se esfuerzan por definir qué herramientas de IA pueden utilizar sus empleados, surge una pregunta igual de importante: ¿qué sucede en esas interacciones?
La adopción de la IA generativa está avanzando rápidamente en América Latina. Según datos de Microsoft, mientras el promedio global alcanzó 17,8% de la población en edad laboral en el primer trimestre de 2026, Colombia registró 24,5%, Chile 22,7% y Argentina 21,9%, situándose todos por encima de la media mundial. Perú, con 16,4%, se acerca al promedio global.
̈Esta expansión está creando un nuevo desafío para la seguridad empresarial. Los empleados interactúan con aplicaciones de IA, copilotos integrados en herramientas SaaS, extensiones de navegador y asistentes que pueden utilizarse desde cuentas corporativas o personales. Al mismo tiempo, los agentes de IA empiezan a realizar tareas y a tomar acciones dentro de las
aplicaciones.
El denominado Shadow AI es una consecuencia natural de esta rápida adopción. Pero el riesgo no solo está en saber qué aplicaciones utilizan los empleados. También está en entender qué información introducen, qué datos reciben y qué acciones realizan durante esas sesiones
Una interacción con una herramienta de IA puede incluir información confidencial, documentos cargados para realizar análisis, datos que se copian y pegan, archivos que se descargan o acciones que un agente lleva a cabo dentro de una aplicación. Estas actividades tienen lugar en la sesión, en el punto exacto donde las personas y los agentes interactúan con las aplicaciones, y típicamente ocurren en el navegador ̈ comentó John León, experto en ciberseguridad para Akamai Latinoamérica.
El Informe de los riesgos del uso de la IA empresarial de 2026 de Akamai refleja, además, que este uso es muy desigual. El usuario corporativo medio registra más de 36 conversaciones con IA, pero el 50% de los usuarios con menor actividad registra 12 o menos, mientras que el 5% de los usuarios con mayor actividad alcanza las 144 conversaciones. Esta cifra es relevante no porque unos empleados sean necesariamente más arriesgados que otros, sino porque demuestra que la adopción de la IA es dinámica y difícil de observar únicamente desde los controles tradicionales.
Durante años, la seguridad empresarial se ha centrado en identidades, dispositivos, redes y aplicaciones. Estos controles siguen siendo necesarios. Sin embargo, cuando el trabajo se transforma adicionando flujos continuos de interacciones digitales, proteger únicamente la conexión ya no es suficiente.
Necesitamos llevar la seguridad a la interacción.
Esto implica poder observar la actividad en contexto, entender quién está realizando una acción (una persona o un agente de IA) y aplicar controles adaptativos en tiempo real. Empezando por poder identificar el uso de una herramienta de IA no autorizada, evitar que se introduzca información sensible en un servicio que no cumple las políticas corporativas y controlar una carga o descarga de información sin interrumpir innecesariamente el trabajo.
Esta nueva aproximación, que podemos denominar «seguridad de las interacciones», no pretende reemplazar las inversiones existentes en seguridad. Su objetivo es complementarlas allí donde se produce el trabajo. En el caso de la IA, esto es especialmente relevante, ya que muchas de las acciones que generan riesgo no son necesariamente archivos o tráfico de red, sino que pueden ser simplemente texto introducido en un prompt (instrucción o pregunta que se da a una inteligencia artificial para obtener una respuesta o realizar una tarea), información copiada y pegada o una acción ejecutada dentro de una aplicación.
La buena noticia es que la seguridad y la adopción de la IA no tienen por qué estar enfrentadas. Las organizaciones no deberían tener que elegir entre permitir que sus equipos utilicen nuevas herramientas y mantener el control sobre sus datos. El objetivo debe ser acelerar la adopción de la IA de forma segura y responsable.
̈Esta es precisamente la evolución que estamos impulsando desde Akamai, llevar la seguridad al lugar donde ocurre la interacción entre usuarios, agentes de IA, aplicaciones y datos, y proporcionar visibilidad en tiempo real y controles adaptativos sin obligar a cambiar de navegador, modificar los flujos de trabajo o rediseñar la arquitectura de red.
El desafío que tenemos por delante no es frenar la adopción de la inteligencia artificial. El verdadero desafío será conseguir que las organizaciones puedan aprovecharla con confianza, incluso a medida que aumente el número de herramientas, aplicaciones y agentes que formen parte de su trabajo diario.
La seguridad empresarial ha seguido tradicionalmente a los usuarios hasta las aplicaciones. En la era de la IA, también tendrá que seguir lo que ocurre cuando llegan allí, empezando por las interacciones ̈, concluyó John León.
