COLUMNISTAS

El atraso cambiario y el regreso a los 90

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Hay quienes somos, a veces, monotemáticos. Esto suele tener que ver con historias y situaciones que se repiten y nos cuesta entenderlas.

En mi caso soy sumamente insistente con mí predica que afirma que el atraso cambiario es una de las causas de los problemas económicos de la Argentina.

Téngase en cuenta que escribo estas líneas desde Misiones, una provincia fronteriza con más del 90 por ciento de límites con países vecinos.

La historia se repite de tanto en tanto en la Argentina, para no enumerar basta sólo con recordar el uno a uno de la convertibilidad de los 90. Hoy el panorama es parecido. Pérdida de competitividad de las economías regionales, crisis en los comercios de frontera, cierre de fábricas que no resisten la competencia de lo importado. Todos éstos casos se repiten a lo largo de la historia, y la situación es mucho más difícil en las zonas de frontera.

Ahora bien, duele ver en éste escenario que viajar a Cataratas es más caro que viajar a Miami o a Madrid.

¿Es porque las aerolíneas de cabotaje son ineficientes? ¿Es porque los prestadores de servicios de cataratas son abusivos en los precios? No señor, nada de eso. Es producto del atraso cambiario, amigo.

Breve análisis:

Si un viaje para ir a Cataratas, Bariloche o a cualquier otro destino interno nos costaba 15.000 pesos en febrero de 2016, luego de un año de inflación, ese mismo viaje cuesta cerca de 20.000 pesos. Esto es así.

En cambio, si viajar a Miami te costaba 1.000 dólares en febrero de 2016, hoy te sigue costando la misma cantidad de dólares. A esos mil dólares se los compraba en febrero de 2016 con 15.000 pesos. Ese viaje que costaba 15.000 pesos hace un año, hoy cuesta sólo 15.900 pesos.

Conclusión: hoy es casi un 40 por ciento más barato viajar al exterior. El argentino trabaja todo el año, ahorra unos pesos, y con todo derecho quiere pasear. Compara, mira precios y a dónde decide vacacionar, lógicamente fuera del país. Se lleva su plata a otro país, genera empleo y demanda bienes y servicios en otro país, simplemente porque es más barato.

Mientras tanto acá nos perdemos de generar trabajo y producción. Mientras tanto el déficit de la balanza en el turismo internacional crece mes a mes.

El Gobierno debe reaccionar. La lluvia de dólares no llega ni por inversión ni por exportaciones de nuestra industria o de nuestras economías regionales, la lluvia de dólares viene por la toma de deuda internacional de la Nación, las provincias y las empresas, viene también de las exportaciones de productos primarios del complejo oleaginoso de la Pampa Húmeda.

El Gobierno debe reaccionar y ver en el espejo de la historia para darse cuenta que siempre que hubo atraso cambiario, siempre, pero siempre, la Argentina termino mal.

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Idas y venidas de la gestión; ¿pueden prolongar la recesión?

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Las idas y venidas del gobierno nacional en temas como el del Correo y la actualización de jubilaciones son malas noticias en términos de gestión, sobre todo después de los cambios ministeriales de fin de año, destinados a mejorar la coordinación entre las distintas áreas. La pregunta es si estas vacilaciones pueden afectar las expectativas como para detener la incipiente salida de la recesión. A juzgar por las variables financieras (bolsa, tasas, dólar), que son las más sensibles, no hay un impacto significativo en el corto plazo, mientras que varios de los vectores de crecimiento ya están en marcha.

Es el caso de la agroindustria, con un plus de cosecha estimado en 2 mil millones de dólares respecto del ciclo anterior y la obra pública, que estaría aportando 1 punto más del PIB que en 2016. A su vez, con datos preliminares, la demanda de bienes de consumo masivo estaría aumentando 2 % interanual en febrero, luego de muchos meses en terreno negativo.

No obstante, la “sensación térmica” de la reactivación puede no coincidir con los datos objetivos, debido a que este rebote convive con los cambios estructurales que intenta el gobierno, por los cuales se retiran subsidios de las tarifas, se sincera el costo del dinero y se admite algo más de competencia en los mercados. El problema está en que, sin esos “ruidos” que alteran el corto plazo, quedaría trunca la transición hacia un crecimiento sustentable más adelante.

 

Tras cinco años de estancamiento, con cepos al cambio y al comercio exterior que formaban parte de un verdadero círculo vicioso, la salida de la recesión que se bosqueja en el arranque de 2017 no estará exenta de tensiones. Es que junto a la recuperación cíclica están operando una serie de cambios estructurales, inevitables si se aspira a un sendero sustentable de crecimiento, pero portadores de un “ruido” que, por momentos, puede confundir. Justamente por ese conflicto, lo que se demanda de la gestión del gobierno nacional es la máxima sincronización.

 

El año pasado, las idas y venidas con las tarifas energéticas fueron un contratiempo serio, porque hasta que el tema se resolvió, subsistieron dudas sobre la magnitud de la corrección fiscal que el Ejecutivo habría de lograr, al tiempo que se demoraban las inversiones necesarias para resolver los cuellos de botella del sector. Es distinta la naturaleza de los contratiempos de las últimas semanas, asociados al Correo y a la actualización de las jubilaciones, aunque tienen el común denominador de poner en tela de juicio el sistema de decisiones del gobierno. Probablemente, el rediseño de fin de año derivó en una saturación de expedientes en la Jefatura de Gabinete, con la paradoja que la mayoría de las decisiones legalmente siguen dependiendo de la firma de cada ministro, secretario, o funcionario de cargo equivalente. El balance de estos primeros dos meses de 2017 anticipa nuevos retoques al organigrama, tanto para evitar contratiempos con las próximas medidas como para que los fusibles queden lejos de la figura presidencial. 

Hay señales tempranas de recuperación gradual de la inversión. Las importaciones de bienes de capital, que en buena parte de 2016 permanecieron en terreno negativo, pasaron a crecer un 11,8 % y un 13,3 % interanual en el cuarto trimestre y en enero de 2017. La Inversión Extranjera Directa, que en 2015 aportaba paupérrimos 111 millones de dólares mensuales a la cuenta de ingreso de capitales, en los últimos tres meses escaló a 260 millones de dólares/mes, todavía muy poco para el tamaño de la Argentina, pero con tendencia firme.

Pese a estos datos, es evidente que hay inversores para los que las condiciones del país no han madurado. Desde la incertidumbre internacional, hasta la asimetría entre la presión impositiva y los servicios prestados por el estado, pasando por el tipo de mandato que habrá de emerger de las legislativas de octubre, todas son razones de peso para demorar los proyectos. Por eso resulta tan inoportuno sazonarlas con nuevas dudas sobre el sistema de decisiones.

Más allá de estos inconvenientes, lo cierto es que la salida de la recesión está en marcha y sólo podría ser frenada por hechos más contundentes. Ha sido importante que el gobierno nacional (y varios provinciales) se haya asegurado el financiamiento externo de buena parte del año en estos meses, porque esto despeja el terreno para los ambiciosos planes de obra pública.

A su vez, pese a las dudas del escenario mundial, los precios de las commodities están un escalón arriba del año pasado, con los daños climáticos importantes pero limitados. Economistas de Ieral le han puesto número a estas dos fuentes principales de crecimiento: Marcelo Capello estimó que la obra pública pasará de 2,4 a 3,4 puntos del PIB de 2016 a 2017, consolidando las tres jurisdicciones (Nación, provincias y municipios), mientras que Juan Garzón cifró entre 0,6 y 0,8 puntos del PIB la contribución de la agroindustria a la expansión de la economía este año, computando efectos directos e indirectos. 

 

Del lado del consumo, los datos de febrero habían sido anticipados por la recaudación de enero de impuestos asociados al mercado interno. En términos reales se aproximó a una variación neutra, luego de caer más de 5 % interanual en meses previos. ¿Afectará la dinámica de las paritarias esta tendencia? Primero hay que hacer bien los cálculos: para los docentes de la provincia de Buenos Aires, la propuesta de 18 % para 2017, implica una mejora en términos reales del orden de 3,5 % anual acumulativo (maestro de primaria, con 10 años de antigüedad) en el trienio que arranca en 2015, año en el que los sueldos terminaron siendo pagados por la actual gestión.

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Imputabilidad y anomia

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La posibilidad de sanción de una nueva ley penal que disminuya la edad de imputabilidad responde a una sensación, entendible, de la sociedad de que no existe una política pública que castigue a quienes violen las normas. Creemos que se tratan de dos cuestiones que, si bien están vinculadas, no necesariamente deben ser consideradas idénticas.

Estamos convencidos de que, como decía Ronald Dworkin, vivimos dentro y según la ley, y esta nos convierte en lo que somos. O deberíamos al menos. He aquí un gran problema nacional: indiferencia total respecto del cumplimiento de las normas. A lo que debe sumarse la creciente inseguridad en los polos urbanos. La situación es compleja sin lugar a dudas.

Existe una enraizada concepción en la sociedad de que “no pasa nada” si las leyes no se cumplen. Los derechos individuales prevalecen por sobre lo colectivo. La vulneración de las leyes se justifica en el habitual “todos lo hacen”.  Cualquier intento de orden por parte de las autoridades es calificado como “represión”. La tradicional costumbre del piquete es un ejemplo.

Es evidente que en un sistema jurídico donde el sistema de premios y castigo no resulta eficaz, la modificación de las leyes penales no aportará mucho a los fines buscados.

Entendemos inaceptable el abolicionismo. Resulta imposible el orden social sin penas que castiguen las faltas. Ninguna organización podría funcionar sin control sobre el cumplimiento de las reglas (familia, trabajo, clubes, tránsito, etc.). Las penas deben existir y aplicarse, porque de esa manera el resto del ejido social utiliza y valora el ejemplo. Funciona casi como por contagio.

Sabemos bien quela existencia de normas no implica necesariamente la comprobación de la justicia. Si existe una incorrecta distribución de bienes y obligaciones, oportunidades y deberes, entonces habrá estado de injusticia. Esta percepción es la que tiene hoy (o parece que posee) la sociedad. Un número relevante de personas entiende que existe una notable discrepancia entre las leyes y la justicia como valor. Hay leyes pero no hay justicia. Y puede que tengan razón.

Argentina posee un corpus normativo suficiente pero falla en la aplicación del mismo. El sistema constitucional y convencional vigente, así como el derecho privado y público nacional es de vanguardia. El problema es el control de cumplimiento de las normas y la rápida y eficaz respuesta ante las inobservancias.

La baja de la edad de imputabilidad para los menores se enmarca en ésta búsqueda por “castigar realmente” a quienes violan las leyes. La cuestión es que a los menores la pena impuesta no puede ser la común, o la misma que a los mayores, y además, requerirá de mayor asignación de recursos y seguimiento de los chicos que ingresen al sistema. Esto debería tener muy claro quienes impulsan este tipo de normas. Es un mandato constitucional y convencional.  

Si bajar la edad de imputabilidad de los menores implica la creación de un sistema eficaz e integral de reeducación de los menores, con estricto control de objetivos y metas interinas como definitivas y que tenga como principal fin la protección integral del niño en situación de delincuencia, entonces, podría verse como un aporte.

Tratar la baja de la edad de imputabilidad es sólo tratar el efecto y no la causa del problema, pero no por ello debe dejar de analizarse. Entiendo que aporta mucho al origen del problema esta anomia social crónica, por cuanto, cuando un niño ingresa a la delincuencia es porque ha transcurrido ya por una innumerable sucesión de ausencias, entre ellas, la del Estado y la sociedad toda.

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La imputación penal de menores como discurso de emergencia

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Hoy se inician las sesiones ordinarias del Congreso Nacional. En su discurso de apertura, el Presidente de la República, Mauricio Macri, entre otros proyectos, va a proponer la creación del fuero penal juvenil y la disminución de la edad para atribuir responsabilidad  penal en los adolescentes. Si bien la segunda propuesta es una consecuencia de la primera, en realidad son cuestiones distintas, con orígenes absolutamente disimiles.

El primero proviene de las responsabilidad internacional de la Argentina que al suscribir la Convención de los Derechos del Niño y Adolescente (CDN), tratado con rango Constitucional, donde se obligó a desarrollar un fuero especial en materia penal y correccional para los menores de 18 años.

A partir de dicha edad, a todo ser humano se los considera plenamente responsable de sus actos. La segunda propuesta, muy alejada  de la primera, responde a una cuestión política coyuntural, tratando de dar respuesta a legítimos reclamos sociales sobre recientes casos de extrema violencia en donde se vieron involucrados jóvenes menores de 16 años.

La creación del fuero especial, responde al enfoque orientador de la Doctrina de la Protección Integral de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, que surge de la CDN como paradigma de reflexión y acción, siendo insistente la existencia de este fuero por varios organismos internacionales creados para fiscalizar la protección de los Derechos Humanos, como ser el caso de  UNICEF.

Este organismo exige que la ley penal juvenil Argentina, sea compatible con los estándares internacionales en la materia, que tienen como objetivo principal, la resocialización de los jóvenes y la no profundización de sus condiciones de vulnerabilidad.

El servicio de justicia especializada para adolescentes y jóvenes debe garantizar el abordaje diferenciado desde el inicio de la investigación hasta la finalización del cumplimiento de la sanción, incluyendo cada una de las instancias superiores. Hablamos de asignación de recursos económicos y el nombramiento de jueces, fiscales, defensores y equipos técnicos interdisciplinarios, con procesos de selección transparentes, que contemplen efectivamente la especialización en materia de niñez y adolescencia. Todo esto cuesta mucho dinero y lleva tiempo.

Según los estándares internacionales de protección de derechos humanos, en materia de niños y adolescentes, exige como regla, medidas no privativas de la libertad y medidas alternativas al proceso judicial, dejando como sanción excepcional,  en casos de extrema necesidad, la restricción de la libertad personal.

El lector, podrá advertir sin esfuerzo, que la segunda propuesta, bajar normativamente la edad de las personas para que respondan penalmente por actos disvaliosos, va claramente a contramano de la primera propuesta, no solo por contradecir el texto internacional incorporado a nuestra Constitución Nacional, sino también, a todas las posiciones de organismos internacionales que advierten sobre la falta de desarrollo intelectual del menor, conciencia y comprensión de sus actos, sumado a ello, la inestabilidad familiar, vulnerabilidad social y económica, carencia de grupo de contención, combo que coloca en una frágil situación al menor involucrado y lo inhibe para atribuir responsabilidad penal.

Además de ser interpretado como un retroceso en materia de derechos humanos y como una medida regresiva, un menor en prisión es sumamente oneroso, podría ser un potencial delincuente en su vida adulta, lo decimos desde la observación de la vida en las cárceles argentinas, no olvidemos, que los adolescentes vulnerables, que son los que el sistema punitivo atrapa, al haber cumplido su condena, son liberados, siendo las posibilidades de reinserción social tan escasas o nulas, que los lleva a delinquir nuevamente, un circulo nefasto en el cual la sociedad argentina no puede permitirse para el futuro del país.

La inmensa e inagotable tarea de todos y cada uno de nosotros, es apostar a la educación familiar y pública, recuperar las buenas costumbres, contener a los niños y niñas que serán el futuro de la sociedad toda, rescatar a nuestros adolescentes de la llamada generación NI NI (ni estudia ni trabaja) apostando a darles un futuro promisorio para ellos. Es muy fácil y altamente cínico, creer que bajando la edad de imputabilidad penal solucionaremos los gravísimos problemas sociales que presenta nuestra Nación.

Esta probado en otros países, que disminuir la edad de imputabilidad no ha tenido el menor efecto sobre los delitos graves, surgiendo de las estadísticas nacionales, que los delitos de mano propia son en su alta mayoría, concretados por personas en un rango de edad de 18 a 25 años, lo que nos demuestra, que nuestro sistema sancionatorio abarca plenamente a las personas consideradas plenamente consientes de sus actos. Bajar la edad de responsabilidad penal no genera en ningún caso, mayor seguridad.

Este discurso de emergencia, propia de la política argentina, no debe ser aceptado por la sociedad, pues esconde, y esto está fuera de discusión, la consagración subliminar de renunciar a políticas de Estado, para proteger, educar y sociabilizar laboralmente a todos nuestros niños y adolescentes, siendo una franca contradicción con los fines supremos fijados por el preámbulo de la Constitución Nacional y los documentos internacionales en materia de derechos humanos que la integran.

Mi pronóstico de ambos proyectos del Ejecutivo: se aprobara la creación del fuero penal juvenil, cuya  ejecución llevará años de preparación y la disminución en la edad, esta será ampliamente rechazada. Es mi opinión.

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Necesitamos líderes capaces de liderar

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Cómo liderar a otros cuándo no nos podemos liderar, cuando nos cuesta cumplir con nuestra palabra, tomar riesgos y, comunicarnos efectivamente, ser capaces de inspirar. 

 

Todos podemos ser líderes desde el lugar en el que estamos, cuando impactamos positivamente en nuestro entorno haciendo que los demás también puedan ser felices y vivir cada día mejor. Para lograrlo tenemos que ir más allá, pensar en otros, pero sobre todo tener en cuenta que no necesariamente lo que para nosotros funciona para otros también funcionará.

 

A veces somos muy buenos en algún área o actividad en especial, motivo por el cual nos eligen para estar a cargo de un sector o de un grupo de gente en particular. El problema es que ser líder supone mucho más que saber “hacer bien una tarea”, o tener “resultados”. No se trata de un cargo asignado, sino de hacernos cargo y cuidar a aquellos que acompañamos. El liderazgo extraordinario consiste en desarrollar lo mejor de nosotros mismos y de los demás despertando al líder interior. 

 

Es cierto que todos podemos ser líderes, desde nuestro rol como ciudadanos comunes, o nuestro lugar de trabajo, pero para lograrlo tenemos necesariamente que aprender, y prepararnos. Generalmente queremos aplicar con los demás lo que a nosotros nos da resultado, así como nos motivamos, así buscamos motivar a otros. Vemos que algunos, los que se nos parecen, nos siguen mientras que el resto del grupo no sólo no nos sigue, tampoco se interesa ni se motiva con nuestras propuestas. Esto sucede porque la manera de motivarnos es para cada uno diferente, y depende de lo que cada uno valora o selecciona como válido.

 

Lo mismo sucede con la comunicación. Creemos que porque hablamos y nuestros interlocutores comparten nuestro idioma, comunicarnos es sencillo. Nada más alejado de la realidad.  La comunicación es una de las funciones más importantes del líder. De acuerdo a las estadísticas, entre 70% a 80% de sus esfuerzos dedican a informar o direccionar a otros para la acción. Pero la comunicación suele ser uno de los puntos débiles, y no estamos preparados para generar sintonía con otros, comprender el lenguaje no verbal, mucho menos dominamos la oratoria.

 

Ser capaces de generar comunicaciones que inspiran, impactar positivamente cuando hablamos en público, movilizar inspirando a los demás a alcanzar su máxima potencialidad requiere de conocimiento y maestría. Nuestra sociedad también necesita de personas increíbles que sean capaces de liderarse para liderar, de superarse para acompañar a otros en su propio camino de superación.

 

Algunos dicen que “líder se nace”, otros confían en que “líderes se hacen”. Si esto último es cierto y nos resuena tenemos la obligación de ser optimistas, pero aún más de acompañar a otros a que también lo logren. Las librerías están llenas de libros de auto-ayuda, qué pasaría si tuviéramos aún más estantes de libros que nos enseñen a cooperar, a poner las necesidades de otros en primer lugar, o lograr juntos nuestra máxima posibilidad como sociedad?

 

Formarnos es clave. Por eso este año se llevará a cabo una Formación intensiva e integral para líderes, a cargo de la Lic. Sol Jouliá, Trainer en Programación Neurolingüística y Coach. La propuesta tiene 7 meses de duración y arranca en marzo. Las inscripciones están abiertas.  Para más información: www.soljoulia.com.ar / facebook.com/soljoulia – correo: soljoulia@gmail.com

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