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Escenario económico 2017: ¿dónde estamos y qué podemos esperar?

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• El difícil panorama de recesión con aceleración que dominó la primera parte de 2016 comenzó a revertirse poco antes de fin del año pasado. La inflación, que había llegado a 4 % mensual, perforó el umbral del 2 % en forma consistente, mientras que algunos indicadores de consumo, de crédito y de empleo comenzaron a entrar en terreno positivo. La recesión parece haber llegado a su fin tras cinco trimestres consecutivos de caída del nivel de actividad

• Para 2017 se espera una recuperación del consumo, pero con una intensidad menor a la de los rebotes registrados en ciclos pasados. En parte, esto se debe a que el gobierno apunta a salir del esquema cortoplacista anterior, buscando consolidar objetivos de mediano y largo plazo claves para el despegue de inversiones, empleo y exportaciones. Así, junto a la expansión del gasto en políticas sociales, jubilaciones y obra pública, se ratifica la política anti-inflacionaria del Banco Central, con un sendero de desinflación muy ambicioso, dado el punto de partida

• Se espera que todavía resulte acotada la incidencia de la inversión y de las exportaciones en la recuperación de 2017. Factores externos e internos afectan el dinamismo de estas variables. Si bien la economía mundial y Brasil están en condiciones de repuntar en relación a los guarismos de 2016, la mayor incertidumbre política afecta la toma decisiones.

En lo interno, la subsistencia de problemas de competitividad y alguna incertidumbre sobre la evolución de las cuentas fiscales (nación y provincias) también tienen su influencia El año pasado la economía nacional se contrajo por cuarta vez en los últimos 8 años llevando al PBI en términos absolutos al nivel de 2010, y en términos per cápita, al de 2008. A su vez, el nivel de inflación volvió a acelerarse fuertemente y alcanzó el 4to. lugar entre las economías con mayor inflación según los datos que monitorea regularmente el FMI en 190 países.

 

El 2016 para Argentina representó el fin de ciclo de un gobierno populista1 de casi 13 años. El cambio en las políticas económicas logró evitar que la economía colapsara como los clásicos ciclos populistas vividos en la región tanto en el pasado como en los últimos años.

 

De esta forma, 2016 resultó un año difícil y de transición donde el nuevo gobierno debía empezar a “mejorar” el contexto económico y afrontar reformas estructurales que dinamizaran el proceso de inversión, de forma tal de que la economía pudiera comenzar un nuevo sendero de crecimiento sostenido luego de muchos años de retroceso.

 

La “mejora” del contexto económico incluyó importantes medidas como la eliminación del cepo cambiario, de los controles de precios y movimientos de capitales así como también de la mayoría de los impuestos a las exportaciones. Por otro lado, las autoridades regularizaron la relación con los “holdouts”, comenzaron a recomponer los desfasajes en las tarifas de los servicios públicos, implementaron una política monetaria con objetivos anti-inflacionarios, reconstruyeron las estadísticas públicas (Indec) y restablecieron el diálogo con los organismos financieros internacionales (FMI).

 

En economía nada es gratis y esta “mejora” del contexto económico tampoco lo fue. El reacomodamiento de precios relativos aceleró fuertemente la inflación y redujo el poder adquisitivo tanto de la masa salarial como de los créditos. Este fuerte ajuste se tradujo en una importante caída en la confianza de los consumidores y en una retracción en la mayoría de los indicadores de consumo.

 

Por otro lado, el débil contexto externo (histórica recesión en Brasil, desaceleración en el crecimiento de Estados Unidos y leve caída en los precios internacionales) obstaculizó el repunte de las exportaciones (crecieron solamente un 1%) a pesar de una mejora en el tipo de cambio (neto de inflación – Tipo de Cambio Real).

 

Con respecto a las reformas estructurales, el gobierno avanzó muy poco en 2016. Los principales problemas estructurales están relacionados con la presión impositiva, las regulaciones en el mercado laboral, el grado de apertura comercial, la falta de infraestructura, las trabas administrativas que complican el Clima de Negocios y el eterno problema del desbalance de las cuentas públicas. En la mayoría de estos problemas, no se registraron avances significativos. • En materia impositiva, si bien el gobierno redujo un poco la presión impositiva (retenciones a las exportaciones y la reciente reforma en el impuesto a las ganancias), la misma se mantiene en niveles récords en términos históricos con algunos impuestos altamente distorsivos y, pasado un poco más de año de gestión, aún no se ha presentado un plan concreto de reforma integral. • Tampoco han habido avances concretos en materia de Infraestructura, Apertura Comercial y cambio en las regulaciones del mercado laboral (a pesar del elevado nivel de informalidad – 34%). • Con respecto a la Facilidad para realizar negocios, en el indicador global que mide el Banco Mundial (www.doingbusiness), la Argentina avanzó solamente 2 lugares, encontrándose actualmente en el puesto 116 (de un total de 190 economías) pero con un retroceso en 7 de los 10 trámites analizados regularmente por el citado organismo internacional2 . • Por último, en el eterno problema del desbalance de las cuentas públicas, el gobierno también avanzó muy poco en 2016. Según mediciones oficiales, el déficit primario (sin intereses) habría bajado de 5.3% del PBI en 2015 a 4.6%. Pero dicha caída se explica básicamente por el efecto inflación (eleva el PBI nominal) ya que el nivel de gasto público, volvió a crecer a un ritmo más alto que los ingresos públicos en 2016. El lento avance en las reformas estructurales, si bien permitió una caída en la prima de riesgo país, se reflejó en un muy pequeño aumento en los niveles de inversión que terminaron muy por debajo de los requeridos para un crecimiento económico sostenible en el mediano plazo (las tasas de inversión de las economías con procesos de alto crecimiento sostenido prácticamente duplican a las que actualmente presenta Argentina).

 

La economía en 2017

El difícil panorama de recesión con aceleración de la inflación descripto para 2016 mejoró hacia fin del año. La inflación mensual se desaceleró desde casi un 4% mensual en el primer semestre al 1.8% mensual en el cuarto trimestre. Algunos indicadores de consumo comenzaron a recuperarse de la mano de una pequeña mejoría en el poder adquisitivo de los salarios, de los préstamos personales, de la confianza de los consumidores y del empleo privado. De esta forma, la economía como un todo también mostró una pequeña recuperación en el cuarto trimestre y volvió a expandirse (respecto del período anterior) luego de 5 trimestres consecutivos de caída.

De esta forma, a pesar que 2016 fue un año recesivo con fuerte aceleración de la inflación, el 2017 comenzó con una incipiente recuperación de la economía y con una inflación cercana a la mitad de la registrada en el año anterior. Respecto a la actividad económica para 2017, una de las mejoras esperadas estaría basada en el consumo fruto de una recuperación en los ingresos de buena parte de la población (poder adquisitivo de las jubilaciones y de los salarios). El impulso de estos factores podría más que compensar las aún elevadas tasas de interés (política antiinflacionaria del Banco Central) y permitir que el consumo mejorase en 2017 pero con menor intensidad que los rebotes registrados en el pasado luego de los últimos episodios recesivos. En año eleccionario, el gasto público nacional probablemente continúe traccionando a favor de la actividad económica a través de los canales de la reparación histórica de jubilados y del plan de obras públicas. Las dudas aparecen por el lado de las inversiones y de las exportaciones. En el primero de los casos juegan en contra dos factores. Por un lado, a mediados del año pasado las autoridades económicas relajaron la meta de déficit fiscal prometida para el 2017 (de 3.3 puntos del PBI a 4.2 puntos) generando dudas sobre la dinámica de mediano plazo de este desequilibrio. Por otro lado, el escenario externo con la llegada de Trump no sólo ha aumentado el costo del financiamiento de las inversiones sino también ha generado incertidumbre sobre la profundidad de su política proteccionista. Todos estos factores debilitan el proceso de inversión en mercados emergentes incluido nuestro país. Con respecto a las exportaciones, hay factores a favor y otros en contra. En el primer grupo se encuentra que la economía de Brasil dejaría de caer en 2017 luego de dos años de fuertes contracciones. A este factor se sumaría un mayor dinamismo en el crecimiento de la economía de Estados Unidos (Trump está impulsando importantes obras de infraestructura y rebajas impositivas). Por el lado negativo, se encuentran los problemas de competitividad que comienzan a afectar a algunas economías regionales (encarecimiento de los costos internos), el riesgo del creciente proteccionismo en las economías más avanzadas (Estados Unidos y Europa) y el posible contagio negativo que puede tener el precio de las commodities como consecuencia del fortalecimiento internacional del dólar debido a la suba en las tasas de interés en Estados Unidos.

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Torniquete anti industrial: provocando gangrena para amputar

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Medidas forzadas que dan el contexto actual acentuadamente regresivo:
– Abrupta apertura muy acentuada de las importaciones.
– Acentuación exacerbada de la desprotección casi total del mercado interno.
– Achicamiento del mercado consumidor nacional, ante las múltiples tenazas de: a) caída sensible del poder adquisitivo de los salarios; b) aumento acentuado de la desocupación, ocasionado por los despidos masivos del sector público, y los achicamientos de las actividades privadas; c) encarecimiento muy acentuado de la financiación, lo cual atenta contra eventuales decisiones de compras; d) pésimas perspectivas a futuro, por acentuarse el plan económico neoliberal, lo cual desalienta o hace posponer posibles compras.
– Creciente atraso de la paridad cambiaria, producto de la alta inflación y del artificial congelamiento de la “nueva” valuación del dólar; lo que desalienta nuestras exportaciones y facilita enormemente las importaciones masivas e indiscriminadas.
– Implementación rápida de otras medidas de apertura importadora indiscriminada, como las compras en el exterior con entrega a domicilio.
– Desaliento explícito a la industria, por actitudes y afirmaciones negativas de diversos funcionarios de altos rangos, desde la vicepresidenta, ministros y otros. Con todas las letras, dijeron: “Argentina no debe tener industrias”, y lo están perpetrando con alevosía, total falta de sensibilidad social y desprecio total por la soberanía argentina.
– Muestras clarad de total insensibilidad social y de desprecio a la industria, por parte del actual gobierno, con su coro de comunicadores y trols mediáticos, tapando esa cruda realidad con todo tipo de operaciones de distracción de la opinión pública.
Las precedentes, son las principales acciones de industricidio impiadoso del actual gobierno neoliberal, ejecutado con una ferocidad institucional que supera el formato de los toscos verdugos medievales; los actuales, trajeados y de buenos modales formales, verdugos de lapiceras, carpetazos y decretazos; sus precedentes medievales, insensibles fortachones sudorosos y manchados de
sangre, esgrimiendo hachas o espadas de cadalsos. Parecen diferentes, pero en el fondo son la misma cosa…verdugos insensibles amparados por el poder oficial.
Y no es una figura retórica, pues los industricidas provocan pobreza, hambre, enfermedades propias de ese entorno de carencias, depresiones, desesperanza en grado superlativo, suicidios, destrucciones de familias, y con ello todos los males de la miseria. Además de atacar los Intereses Nacionales, al debilitarnos estratégicamente, pues un país sin industrias ni tecnologías propias, es en extremo vulnerable y pasa a ser irrelevante.
Una breve y contundente frase de Friedrich List define el triste rol al que nos están llevando a los empujones los neoliberales que hoy coparon el gobierno argentino, con una insensibilidad social y una carencia de valores nacionales, que más parecería propia de esclavistas dirigiendo una posesión colonial, que funcionarios públicos de un país formalmente independiente, pero al que llevan al rol de simple colonia económica, o peor aun, lo empujan a una potencialmente irreversible balcanización. Decía conceptualmente List: un país sin industrias es como un hombre sin un brazo, en seria desventaja para trabajar y para defenderse.
List fue un gran patriota y enorme intelectual del siglo XIX, cuyas ideas fueron las bases sobre las que se asentaron los procesos de industrialización acelerada y desarrollo tecnológico de su patria natal, Alemania; y su patria de adopción, EEUU, adonde debió emigrar acosado por sectores oligárquicos y retardatarios de los pequeños reinos germánicos de estructuras casi feudales, anteriores a la unificación político económica. Sus pensamientos y acciones excedieron en mucho lo económico y político, siendo además un notable geopolítico que luchó por la unificación de su país natal, fragmentado en múltiples mini Estados muy atrasados, al punto tal que antes de la unificación y rápida industrialización, Alemania era una simple referencia geográfica, y los principales rubros de exportaciones de esos reinos eran maderas, trigo, otros productos primarios…y “carne humana” con uniformes de mercenarios, los que eran reclutados por la fuerza y puestos como eficientes soldados al mejor postor, a las órdenes de los Estados que los solicitaran y a los corruptos reyes y nobles de aquellos mini reinos germánicos.
Otto von Bismarck fue el severo, duro y patriota Canciller que unificó y refundó su patria, aplicando básicamente las ideas de List.
En EEUU, las ideas del pensador germano, fueron aplicadas por Hamilton (que terminó siendo asesinado, seguramente por encargo del establishment ultra conservador) y por sus sucesores; ideas progresistas y superadoras, que una vez vencido el Sur esclavista, oligárquico y de economía primaria subordinada a Gran Bretaña, transformaron al país de un contexto atrasado, de economía primaria, al que querían regresar los esclavistas sureños, en la gran potencia que llegó a ser pocas décadas después.
Si fuera por las “condiciones naturales”, EEUU solo produciría cereales, algodón y carnes, y tal vez hidrocarburos; mientras que Alemania, una vez talados todos sus bosques, solo produciría papas y trigo.
Otros países que sucesivamente se industrializaron y tecnificaron, con lo que se fortalecieron pasando a ser referentes del poder mundial, y a la vez salieron del subdesarrollo, mejorando acentuadamente los niveles de sus poblaciones, también aplicaron en lo básico las mismas ideas – fuerza desarrolladas por F. List.
Tales los casos de Francia, Bélgica, Italia y Japón, en el siglo XIX; Corea del Sur y los otros tres “Tigres Asiáticos” avanzado el siglo XX; luego China e India (que entre otros muchos logros, terminaron con las “epidemias” de grandes hambrunas que diezmaban a sus poblaciones); y más recientemente varios países del Sudeste y Sur de Asia, entre otros.
Si fuera por las “condiciones naturales”, Japón y Corea del Sur, “deberían” haberse ceñido a sus ancestrales roles de grandes productores de arroz, y no “perder tiempo ni energías” en desarrollos industriales y tecnológicos; y ejemplos casi calcados caben para todos los otros países, que dejaron de hacer caso a los cantos de sirena de Adam Smith y sus sucesores, promotores a ultranza del liberalismo económico.
Por algo, con su certera pluma, F. List dijo; “Adam Smith es un conquistador más temible que Napoleón”, duro pensamiento expresado cuando aun estaban frescas las tropelías cometidas por las altivas tropas francesas que sucesivamente habían invadido toda la Europa Continental; solo siendo impedidos de invadir Gran Bretaña, y solo rechazados con éxito por la extensa y gélida Rusia; así como expulsados por el bravío pueblo español, con asistencia británica.
Volviendo al caso argentino, no es nuevo que la retrógrada oligarquía tradicional campera –con su ícono principal la Sociedad Rural-, se oponga e incluso ataque con ferocidad y excluyente egoísmo, a las estructuras industriales y de desarrollo tecnológico sucesivamente creadas y reconstruidas en Argentina.
Y esa oligarquía básicamente portuaria y pampeana, actúa con sus
ramificaciones en la “oligarquía diversificada” (*), y con sus socios y cómplices de ruta de los especuladores/importadores y los fuertes intereses del sector financiero y sus vinculaciones con los grandes poderes financieros transnacionales; todo los cuales son permanentes instigadores y gestores del subdesarrollo crónico y de la exclusión social, ambiente de miseria generalizada con mano de obra “docilizada” a fuerza de latigazos de desocupación generalizada y salarios de hambre, entorno en el cual evidencian sentirse muy a gusto esos sectores del poder concentrado tradicional y sus socios de ruta.
Esos sectores ultra conservadores, siempre se sintieron cómodos en su rol de subordinados a la potencia hegemónica de turno, primero Gran Bretaña, luego EEUU (si bien el viejo imperio nunca perdió su cuota subrepticia pero temible de influencias en los sectores del “patriciado” argentino.
Carecen del sentido de Patria como Estado independiente, y a lo sumo cultivan el patrioterismo formal, que no va más allá del himno y la bandera, pero carece de e incluso repudia toda noción real de patriotismo efectivo, el cual por lógica debe tener visión y objetivos geopolíticos propios, y como objetivo una economía desarrollada, diversificada, con un Estado Nacional activo, que impulse el desarrollo tecnológico propio y de actividades de punta, que como tales necesariamente terminan obrando como traccionadoras positivas del desarrollo general. 
Exactamente lo opuesto al regresivo rol amputador de la industria y
destructor del desarrollo tecnológico nacional, a los que mediante el feroz torniquete impuesto por la batería de medidas señaladas al comienzo, tiende a extinguir esas dinámicas ramas de la economía nacional, mediante la gangrena intencional que busca producir necrosis irreversible de esos sectores dinámicos y puntales del desarrollo, para así conformar a los dogmáticos del liberalismo extremo, a la rancia oligarquía de miope visión, y a los mandatos subyacentes de los poderes transnacionales, que buscan nuestra balcanización, para debilitarnos definitivamente y para abortar la gran idea fuerza de construir la Patria Grande, el gran imperativo geopolítico para Sudamérica, e incluso para Íbero América y El Caribe.
Es de verdaderos patriotas, apoyar a la Industria Argentina y a los Entes Tecnológicos, así como a las Empresas Estatales, todo lo cual busca ser barrido del mapa, por el neoliberalismo en su recargada versión actual.
(*) Oligarquía diversificada, define a la expansión de la oligarquía tradicional a actividades industriales, pero manteniendo la mentalidad ultra conservadora y no proclive a priorizar la industria. También comprende a sectores de la burguesía industrial o comercial, que incursionan en actividades industriales, pero resultan cooptados por la mentalidad oligárquica campera. Común a todos ellos es el énfasis en fugar divisas y aceptar dogmas político económicos ultra liberales. Conceptos de Eduardo Basualdo, en “Estudios de Historia Económica Argentina”.

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Argentina, con plena conciencia de la incertidumbre que domina la coyuntura internacional

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La incertidumbre constituye hoy el factor dominante de la coyuntura internacional, y es una incertidumbre compleja, ya que son los factores políticos los que tienen la facultad de alterar las reglas de juego de la economía global, como es el caso de los cambios que se esperan luego de la reciente asunción de Donald Trump.
El nuevo presidente norteamericano ha prometido una política fiscal más expansiva (aumento del déficit fiscal) y mayor proteccionismo, pero aún se desconoce cuál será magnitud de su implementación. Lo cierto es que ninguno de los dos anuncios son buenas noticias para la economía mundial en general, ni para el mundo emergente en particular.
Una mayor expansión fiscal puede elevar las presiones inflacionarias en EE.UU. forzando a la FED a acelerar la suba de tasas por encima de lo que se espera, lo que implicaría monedas emergentes más depreciadas, menores precios de commodities y del influjo de capitales hacia las economías emergentes.
Mientras que un Estados Unidos más proteccionista eleva las chances de amenazas de represalia por parte de otras potencias económicas, lo que podría afectar el proceso de globalización y dañar el comercio internacional en un mundo que crece poco hace mucho tiempo.
“Habrá represalias grandes”, advirtió hace pocos días Paul Krugman. “Cuando se trata de comercio, Estados Unidos no es una gran superpotencia, China también es un jugador enorme y la Unión Europea es todavía más grande”, subrayó el Premio Nobel.
Dentro de este contexto, la buena noticia es que nuestro país ha implementado una serie de iniciativas que denotan que existe plena conciencia respecto de esta incertidumbre global. El rápido cierre del Programa Financiero del Tesoro con una rápida colocación de unos US$ 10.000 millones en los mercados internacionales, ante la posibilidad de que la situación financiera empeore para los países emergentes durante el año, se enmarca en este menú proactivo.
Una segunda iniciativa es la autorización del Banco Central a las entidades para que puedan suscribir títulos públicos con fondos de los depósitos (lo que estaba prohibido desde la salida de la convertibilidad), ampliando así la demanda potencial local de bonos soberanos frente a la posibilidad de que se restrinja el acceso al crédito externo.
Los cambios de enero en Hacienda, que generan la expectativa de un mayor orden macroeconómico, configuran otra acción adecuada para que las ventanillas de financiamiento externo sigan abiertas a tasas razonables. Otro eje clave es la preocupación por mejorar la competitividad en un mundo que parece avanzar hacia un mayor proteccionismo y en el cual será más difícil insertarse.
Un ejemplo gráfico en este sentido es la firma del convenio para la explotación de Vaca Muerta, cuya importancia reside en que muestra el camino para unir la búsqueda de la competitividad con la economía política, cambiando radicalmente ciertos usos y costumbres que caracterizan a las tratativas clásicas.
En Argentina, las negociaciones entre empresas y sindicatos se limitan casi por completo a discutir salarios y condiciones de trabajo y la cuestión de cómo cooperar para incrementar la productividad no se incluye en la agenda de diálogo.
En síntesis, nuestro país está dando pasos para estar mejor preparado ante una coyuntura global que contiene una gran cuota de incertidumbre. Y eso es clave ya que, históricamente, una de las deficiencias de la política económica nacional ha sido no tomar suficientemente en cuenta que una economía pequeña como la nuestra no tiene otra opción que adaptarse a las condiciones internacionales. El enigma hoy es cuáles serán los pasos que dará Estados Unidos y si Argentina tendrá las herramientas de alquimia idóneas que transformen esos desafíos en oportunidades de expansión y crecimiento.

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Trump despierta las fuerzas centrípetas de América latina

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Casi al mismo tiempo que Mauricio Macri y Michel Temer relanzaban en Brasilia mecanismos de integración que permanecían aletargados, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el presidente uruguayo Tabaré Vázquez subrayaban la importancia de poner en marcha el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Pese a los cantos de sirena anti-globalización, hay todavía muchas regiones del planeta en las que los hacedores de política entienden que los pactos comerciales no son un juego de “suma cero”, sino que agregan valor a cada socio, sea por la difusión de tecnología, las ganancias de escala en la producción, la introducción de mayor competencia en sus mercados, o el desarrollo de las llamadas ventajas comparativas dinámicas. Es temprano para anticipar el alcance disruptivo de las nuevas políticas que se originan en Washington, pero al menos algunos de sus efectos colaterales tienen signo positivo, como es el despertar de las fuerzas centrípetas en buena parte de América latina.

 

Entre 2005 y 2016, el PIB de Perú creció, en forma acumulativa, un 82,7 % y el de Chile lo hizo un 48,0 %. Al este del continente, Argentina, Brasil y Venezuela dilapidaron el boom de commodities que duró hasta 2012, creciendo sólo 32,9 %; 26,1 % y 8,5 %, respectivamente. La fecha para la comparación no es arbitraria. Fue en 2005, en la cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, cuando Hugo Chávez logró el aval de los influenciables presidentes de la Argentina y Brasil para mandar el ALCA… a dónde riman las palabras. La diferencia en las cifras del crecimiento experimentadas desde entonces ilustra sobre el fracaso de una estrategia basada en la percepción de que el boom de commodities habría de durar para siempre, que el engorde del Estado sin cuidar la eficiencia podía ser un motor de desarrollo y que los controles podían sustituir a la competencia como impulsores de la productividad. Aunque los discursos de Mar del Plata alentaran, en teoría, una mayor integración de América latina, en la práctica activaron fuerzas centrífugas que han predominado hasta poco tiempo atrás. Ahora, Brasil y la Argentina intentan cambiar para superar su “crisis de estancamiento”, al tiempo que países como Perú y Chile procuran mejoras adicionales, en una especie de “crisis de crecimiento”. Y la irrupción de Donald Trump aporta los condimentos necesarios para este nuevo escenario que se dibuja en el horizonte, con hitos como las cumbres de Brasilia y Berlín. Así, aunque Estados Unidos, China y Japón habrán de seguir teniendo peso indiscutido, al margen de las políticas de corto plazo que apliquen, se está abriendo camino un triángulo prometedor, si es que efectivamente avanza el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y se amplían los vasos comunicantes con la Alianza del Pacífico. Dadas las malas experiencias de las últimas décadas, cabe esperar pragmatismo en los negociadores, pero también la certeza de que ya pasó el tiempo de los discursos. El triángulo Alianza del Pacífico/Mercosur/Unión Europea podría tener efectos prácticos significativos para orientar nuevas inversiones en sectores productivos. Los países de la Alianza del Pacífico (además de Perú y Chile; Colombia y México) ya tienen acuerdos de libre comercio con Bruselas, por lo que si el Mercosur negociara con la Unión Europea marcos regulatorios similares y lograra que en las reglas de origen se puedan computar insumos y partes de Chile, Perú y demás países, esto podría impulsar cadenas de valor regionales mucho más competitivas. Ha sido el ex presidente chileno Ricardo Lagos uno de los más firmes impulsores de esta línea de acción. No sólo las circunstancias empujan en esta dirección. Por las condiciones iniciales existe un gran terreno fértil por recorrer, dado el bajo punto de partida:

• En el Cono Sur, menos del 20 % de las exportaciones de manufacturas industriales tienen como destino la propia región, dato que compara con un 60 % en la Unión Europea y un 45 % en Asia Oriental. • El componente de valor agregado extranjero incorporado en las exportaciones industriales es muy reducido (14,3 % en Brasil y 18,6 % en la Argentina), comparado con países exitosos como Israel (35,1 %) y Finlandia (41,8 %). • Todavía es incipiente la conformación de clusters productivos aguas arriba y debajo de los nodos vinculados a los recursos naturales de cada país. • La sub-inversión en infraestructura y las malas regulaciones hacen que en Logística la Argentina tenga un puntaje de sólo 2,96 sobre 5 y Brasil de 3,09 (ranking del Banco Mundial). Estas limitantes pueden ser, al mismo tiempo, oportunidades de inversión en un mundo que no ofrece demasiadas opciones. Otra ventaja de la región es la ampliación del horizonte en términos macroeconómicos, siempre que puedan consolidarse las políticas en curso en Brasil y la Argentina.

 

Aunque resulte muy oportuno el despertar de las fuerzas centrípetas en América latina, sería un gran error estratégico (como el de 2005, en Mar del Plata, aunque con sesgo distinto) apostar todo a una sola ficha. En términos económicos, el impulso a la integración regional debería ser un complemento, no un sustituto, de la inserción global de cada país. Sólo de ese modo podría ser un instrumento de competitividad. En el aspecto geopolítico, el enfoque multipolar tiene mil ventajas sobre cualquier otra opción. Por ambas vertientes, se puede desembocar en una estructura productiva interna más diversificada y flexible, con mayor capacidad de respuesta a los cambios por venir, que nadie puede anticipar.

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Inversores a la pesca

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Dentro del mercado inmobiliario, la tierra es un elemento fundamental, decisivo a la hora de generar un buen negocio. En momentos en los que la incertidumbre y la quietud parecen dominar el escenario existe un grupo de personas que se encuentran más activas que nunca, a la caza de terrenos.  Éstos, son sin duda el primer eslabón de la cadena inmobiliaria,  el bien más cotizado por la mayoría de los jugadores del sector, por tratarse de la inversión más buscada, ya que garantiza una rentabilidad buena y segura.

Los terrenos siempre tienen un mercado muy activo más allá de la coyuntura política y económica que esté atravesando el país.  Es rentable, y ello hace que su demanda sea sostenida.  Pero la rentabilidad no es la única meta que persigue quien apuesta a la compra de una propiedad; la futura revalorización del terreno también define el negocio. Además de la rentabilidad, el inversor busca recapitalizarse. En ese sentido, los terrenos siempre han dado sobradas pruebas que no defraudan a aquél que apostó por los inmuebles.

Las variables frente a uno de los segmentos más importantes del mercado pueden tener que ver con las siguientes características:

  • Irrepetible: la tierra bien ubicada es un recurso hoy casi inexistente, y un proyecto construido sobre uno de ellos resulta irrepetible.
  • A futuro: quedan en la ciudad zonas por explorar con muchas posibilidades de construir.
  • Diversidad: la dispersión de valores es mayor. La revalorización está dada muchas veces por su ubicación, es decir, si los terrenos se encuentran en una zona en pleno desarrollo o en otra zona que ya alcanzó su curva de crecimiento.

Los productos de inversión y la operativa de los mercados son cada vez más complejos y requieren atención y seguimiento constantes, por lo que podría ser conveniente recurrir a la orientación de profesionales.

 

 

La compra de un terreno es un asunto mucho más complejo de lo que parece; debe ser una decisión muy meditada, pues la adquisición formará parte del  patrimonio. En todo caso, la elección entre decidir por sí mismo o buscar asesoramiento dependerá de los conocimientos del inversor y de su experiencia en los mercados.

Finalmente, cabe decir que cada inversor puede tener intereses o preferencias distintas y que, en base a ello, debe decidir cuál es el tipo de inversión que más le conviene realizar. Por ello, recomendamos evaluar todas las opciones disponibles para elegir la inversión que mayor revalorización pueda ofrecerle.

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