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Trump despierta las fuerzas centrípetas de América latina

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Casi al mismo tiempo que Mauricio Macri y Michel Temer relanzaban en Brasilia mecanismos de integración que permanecían aletargados, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el presidente uruguayo Tabaré Vázquez subrayaban la importancia de poner en marcha el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Pese a los cantos de sirena anti-globalización, hay todavía muchas regiones del planeta en las que los hacedores de política entienden que los pactos comerciales no son un juego de “suma cero”, sino que agregan valor a cada socio, sea por la difusión de tecnología, las ganancias de escala en la producción, la introducción de mayor competencia en sus mercados, o el desarrollo de las llamadas ventajas comparativas dinámicas. Es temprano para anticipar el alcance disruptivo de las nuevas políticas que se originan en Washington, pero al menos algunos de sus efectos colaterales tienen signo positivo, como es el despertar de las fuerzas centrípetas en buena parte de América latina.

 

Entre 2005 y 2016, el PIB de Perú creció, en forma acumulativa, un 82,7 % y el de Chile lo hizo un 48,0 %. Al este del continente, Argentina, Brasil y Venezuela dilapidaron el boom de commodities que duró hasta 2012, creciendo sólo 32,9 %; 26,1 % y 8,5 %, respectivamente. La fecha para la comparación no es arbitraria. Fue en 2005, en la cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, cuando Hugo Chávez logró el aval de los influenciables presidentes de la Argentina y Brasil para mandar el ALCA… a dónde riman las palabras. La diferencia en las cifras del crecimiento experimentadas desde entonces ilustra sobre el fracaso de una estrategia basada en la percepción de que el boom de commodities habría de durar para siempre, que el engorde del Estado sin cuidar la eficiencia podía ser un motor de desarrollo y que los controles podían sustituir a la competencia como impulsores de la productividad. Aunque los discursos de Mar del Plata alentaran, en teoría, una mayor integración de América latina, en la práctica activaron fuerzas centrífugas que han predominado hasta poco tiempo atrás. Ahora, Brasil y la Argentina intentan cambiar para superar su “crisis de estancamiento”, al tiempo que países como Perú y Chile procuran mejoras adicionales, en una especie de “crisis de crecimiento”. Y la irrupción de Donald Trump aporta los condimentos necesarios para este nuevo escenario que se dibuja en el horizonte, con hitos como las cumbres de Brasilia y Berlín. Así, aunque Estados Unidos, China y Japón habrán de seguir teniendo peso indiscutido, al margen de las políticas de corto plazo que apliquen, se está abriendo camino un triángulo prometedor, si es que efectivamente avanza el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y se amplían los vasos comunicantes con la Alianza del Pacífico. Dadas las malas experiencias de las últimas décadas, cabe esperar pragmatismo en los negociadores, pero también la certeza de que ya pasó el tiempo de los discursos. El triángulo Alianza del Pacífico/Mercosur/Unión Europea podría tener efectos prácticos significativos para orientar nuevas inversiones en sectores productivos. Los países de la Alianza del Pacífico (además de Perú y Chile; Colombia y México) ya tienen acuerdos de libre comercio con Bruselas, por lo que si el Mercosur negociara con la Unión Europea marcos regulatorios similares y lograra que en las reglas de origen se puedan computar insumos y partes de Chile, Perú y demás países, esto podría impulsar cadenas de valor regionales mucho más competitivas. Ha sido el ex presidente chileno Ricardo Lagos uno de los más firmes impulsores de esta línea de acción. No sólo las circunstancias empujan en esta dirección. Por las condiciones iniciales existe un gran terreno fértil por recorrer, dado el bajo punto de partida:

• En el Cono Sur, menos del 20 % de las exportaciones de manufacturas industriales tienen como destino la propia región, dato que compara con un 60 % en la Unión Europea y un 45 % en Asia Oriental. • El componente de valor agregado extranjero incorporado en las exportaciones industriales es muy reducido (14,3 % en Brasil y 18,6 % en la Argentina), comparado con países exitosos como Israel (35,1 %) y Finlandia (41,8 %). • Todavía es incipiente la conformación de clusters productivos aguas arriba y debajo de los nodos vinculados a los recursos naturales de cada país. • La sub-inversión en infraestructura y las malas regulaciones hacen que en Logística la Argentina tenga un puntaje de sólo 2,96 sobre 5 y Brasil de 3,09 (ranking del Banco Mundial). Estas limitantes pueden ser, al mismo tiempo, oportunidades de inversión en un mundo que no ofrece demasiadas opciones. Otra ventaja de la región es la ampliación del horizonte en términos macroeconómicos, siempre que puedan consolidarse las políticas en curso en Brasil y la Argentina.

 

Aunque resulte muy oportuno el despertar de las fuerzas centrípetas en América latina, sería un gran error estratégico (como el de 2005, en Mar del Plata, aunque con sesgo distinto) apostar todo a una sola ficha. En términos económicos, el impulso a la integración regional debería ser un complemento, no un sustituto, de la inserción global de cada país. Sólo de ese modo podría ser un instrumento de competitividad. En el aspecto geopolítico, el enfoque multipolar tiene mil ventajas sobre cualquier otra opción. Por ambas vertientes, se puede desembocar en una estructura productiva interna más diversificada y flexible, con mayor capacidad de respuesta a los cambios por venir, que nadie puede anticipar.

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Inversores a la pesca

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Dentro del mercado inmobiliario, la tierra es un elemento fundamental, decisivo a la hora de generar un buen negocio. En momentos en los que la incertidumbre y la quietud parecen dominar el escenario existe un grupo de personas que se encuentran más activas que nunca, a la caza de terrenos.  Éstos, son sin duda el primer eslabón de la cadena inmobiliaria,  el bien más cotizado por la mayoría de los jugadores del sector, por tratarse de la inversión más buscada, ya que garantiza una rentabilidad buena y segura.

Los terrenos siempre tienen un mercado muy activo más allá de la coyuntura política y económica que esté atravesando el país.  Es rentable, y ello hace que su demanda sea sostenida.  Pero la rentabilidad no es la única meta que persigue quien apuesta a la compra de una propiedad; la futura revalorización del terreno también define el negocio. Además de la rentabilidad, el inversor busca recapitalizarse. En ese sentido, los terrenos siempre han dado sobradas pruebas que no defraudan a aquél que apostó por los inmuebles.

Las variables frente a uno de los segmentos más importantes del mercado pueden tener que ver con las siguientes características:

  • Irrepetible: la tierra bien ubicada es un recurso hoy casi inexistente, y un proyecto construido sobre uno de ellos resulta irrepetible.
  • A futuro: quedan en la ciudad zonas por explorar con muchas posibilidades de construir.
  • Diversidad: la dispersión de valores es mayor. La revalorización está dada muchas veces por su ubicación, es decir, si los terrenos se encuentran en una zona en pleno desarrollo o en otra zona que ya alcanzó su curva de crecimiento.

Los productos de inversión y la operativa de los mercados son cada vez más complejos y requieren atención y seguimiento constantes, por lo que podría ser conveniente recurrir a la orientación de profesionales.

 

 

La compra de un terreno es un asunto mucho más complejo de lo que parece; debe ser una decisión muy meditada, pues la adquisición formará parte del  patrimonio. En todo caso, la elección entre decidir por sí mismo o buscar asesoramiento dependerá de los conocimientos del inversor y de su experiencia en los mercados.

Finalmente, cabe decir que cada inversor puede tener intereses o preferencias distintas y que, en base a ello, debe decidir cuál es el tipo de inversión que más le conviene realizar. Por ello, recomendamos evaluar todas las opciones disponibles para elegir la inversión que mayor revalorización pueda ofrecerle.

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Cartas marcadas

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El acuerdo de condonación de deudas entre el Gobierno y el grupo Macri, concesionario del Correo Argentino, debería ser considerado un escándalo. No sólo por el monto en juego, estimado por la fiscal que desnudó la maniobra en 70 mil millones de pesos, sino por las partes intervinientes. El Correo Argentino en manos de Franco Macri desde 1997, quebró en 2003 y le debía más de mil millones al Estado. Sucesivamente fue dilatando el arreglo, que llegó con su hijo Presidente. Las negociaciones avaladas por el Gobierno resultaron ser sumamente gravosas para el Estado por la deuda incobrable y por una nueva maniobra que recién se conoció en las últimas horas. No sólo se le perdonó prácticamente toda la deuda, sino que la misma familia Macri reclama un resarcimiento económico de 1850 millones más intereses y no renuncia a más reclamos.

Cuando la familia recibió el Correo de manos de Carlos Menem, la empresa estatal contaba con 20.400 empleados y no tenía deuda. El grupo debía pagarle al Estado un canon semestral de 51,6 millones de pesos.

En la despedida del riojano del poder, el Correo le debía al Estado 408 millones de pesos y otros 60 millones en préstamos al Banco Nación. Nada alcanzaba. En 2001 entró en concurso preventivo y despidió a 12.800 trabajadores. La Afip le reclamó después más de 500 millones de pesos por falta de pago de los aportes patronales, lo que hace una deuda acumulada de más de mil millones de pesos.

Nada extraordinario. Fue más o menos el mismo esquema que se repitió en otras empresas privatizadas. Aerolíneas, YPF, las AFJP, tuvieron el mismo final. Quebrados, sin activos y con millones de dólares fugados. Empresas fundidas, ejecutivos millonarios. En realidad, es una historia que encuentra sus orígenes en las postrimerías de la última dictadura militar, cuando el siempre presente Domingo Cavallo estatizó la deuda privada. El grupo Socma, del entonces joven Mauricio, fue una de las empresas beneficiadas con la licuación y estatización de una deuda de 170 millones de dólares-

La nueva operación, sin embargo, pasa casi desapercibida en los grandes medios y en los principales debates políticos. Por ahora es apenas un vocerío lateral, que indigna a un sector de la oposición, mientras que los indignados con los bolsos del señor López, distraídos, callan o justifican. “No hay que pensar que Mauricio sabía”, dijo la vicepresidenta Gabriela Michetti.

Es poco probable que el tema no se haya colado en alguna cena familiar. Socma, la controladora del Correo, fue transferida en 2007 al ahora Presidente. Ahora está en manos de los hermanos y de tres hijos de Mauricio. Todo se reduce, en última instancia, en un beneficio familiar.

El enorme volumen de dinero en nada se asemeja a los bolsos tirados en el convento. Pero refleja lo mismo. La diferencia es que la condonación de deudas es abstracta. Los bolsos de López fueron fotografiados por doquier y las imágenes ocuparon horas de televisión. Por eso, el grado de indignación es distinto.

Sin embargo, la promesa de “transparencia”, quedó licuada en un gris pantanoso. Hasta los socios de Cambiemos, tímidamente, intentan desmarcarse. Algunos. “No entiendo de derecho pero sí de ética y no hay explicación que valga ni justifique que el hijo Presidente le resuelva un problema al papá empresario en conflicto con el Estado”, aseguró el ex gobernador Ricardo Barrios Arrechea.

En cambio, el diputado Luis Pastori minimizó la situación y culpó a la fiscal Gabriela Boquín de moverse como “un elefante en un bazar”. Para el contador, “la señora hizo mal las cuentas o no supo verificar la que le informaron. No supo qué fórmula usar. Usó la fórmula del interés compuesto cuando tenía que usar la del interés simple. Y así llega a los supuestos 70.000 millones”.

Obvia el legislador en su intento de preservar la “cristalería” del Gobierno, es que más allá del dinero en juego, lo que está en discusión es el uso del Estado al servicio de la familia presidencial. La ética, como define el veterano Barrios Arrechea.

La ética y la transparencia fueron pilares en la campaña de Cambiemos y una piedra en el zapato del kirchnerismo. ¿Por qué era grave antes lo que ahora no lo es?

Los asesores del Gobierno estiman que el escándalo del Correo no pasará a mayores ya que no está en la agenda de los grandes medios ni hace a la realidad del ciudadano común. Y tal vez acierten. Sin embargo, la realidad cotidiana no tiene demasiados elementos alentadores para el que paga los impuestos.

La economía no muestra signos de una enorme reacción, sino apenas retoños que asoman producto de un efecto rebote tras una caída profunda el año pasado. El desempleo se acentúa, con más de 250 mil despidos. La inflación que parece estar contenida en niveles bajos por la caída del consumo, tiene como contrapeso la pérdida del poder adquisitivo del año anterior.

El propio Gobierno es el que puede llegar a minar sus chances políticas en las elecciones legislativas con sendos conflictos generados por la negativa a avalar incrementos salariales que estén por encima del 17 por ciento de inflación estimada para este año.

Los empleados bancarios fueron los primeros en ponerse en estado de alerta. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, que apuesta a las pasantías para “generar empleo”, frenó un acuerdo ya cerrado con los bancos y los trabajadores con un aumento del 24 por ciento.

El otro frente que está creciendo en temperatura es el docente. El inicio de clases está en riesgo por la negativa del ministro de Educación, Esteban Bullrich de abrir las paritarias federales y ponerle un techo a las negociaciones. Los gobiernos del interior quedan así librados a su suerte y el salario docente volverá a estar desequilibrado entre provincias ricas y pobres. La ministra de Educación de Misiones, Ivonne Aquino, puso sobre el tapete esas diferencias: sin los recursos federales, será casi imposible sostener los salarios de los educadores.

En el primer encuentro de la paritaria “misionera”, los gremios se mostraron comprensivos con la posición en la que está el Gobierno y reconocieron que una de las prioridades es mantener el empleo. Signo de los tiempos. De todos modos, es probable que haya un acuerdo en Misiones –mañana hay un nuevo encuentro, en el que se conocerá la propuesta oficial-, aunque los sindicalistas quieren bastante más que la oferta oficial y estén presionados por los gremios nacionales para sostener una postura unificada.

A la postura de la Ctera se sumaron en las últimas horas las centrales obreras agrupadas en la CGT, que ya anunció una movilización y un paro nacional sin fecha. Si hay unidad de las centrales sindicales, el foco de conflicto puede agrandar el descontento y provocar efectos inesperados de cara a las elecciones.

Para las provincias el panorama es bastante claro. Más allá del rumbo de la nacional, que arrastra a todos, cada uno de los gobernadores tendrá que hacerse fuerte desde la gestión si quiere obtener resultados políticos favorables.

El gobernador Hugo Passalacqua mantiene aceitadas relaciones con el Gobierno nacional. Esta semana acompañó a Macri a Brasil, donde mantuvo una cumbre bilateral con el presidente Michael Temer.

(Brasília – DF, 07/02/2017) Visita Oficial do Presidente da Argentina, Maurício Macri.
Fotos: Marcos Corrêa/PR

Passalacqua es una de las figuras políticas de mayor exposición en las giras de Macri. Viajó con él a Europa y posiblemente sea parte de un encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que Cancillería apura a la brevedad posible.

En Brasilia los planteos misioneros fueron precisos: mejorar la conectividad en las fronteras, a través de conexiones físicas y también el flujo del comercio para potenciar la economía local, atascada con un problema intrínseco de la política nacional: el atraso cambiario. Con el precio del dólar planchado como está –esta semana tuvo una caída llamativa-, el problema de las asimetrías seguirá latente, más allá del comercio fronterizo. Las empresas exportadoras no pueden competir con los precios de Paraguay y Brasil y eso ya está afectando al empleo en la zona del Alto Paraná, dedicado esencialmente a la forestoindustria.

Los paliativos con el ITC diferenciado para Posadas apenas ayudaron a mitigar la enorme sangría de recursos hacia Encarnación. Las estaciones de servicio de la capital provincial aumentaron levemente sus ventas –en un promedio del diez por ciento en relación a diciembre-, pero, en cambio, las de Candelaria y Garupá, sufrieron una caída del 40 por ciento.

Las gestiones por mayores beneficios son permanentes, pero los tiempos porteños no coinciden con las necesidades locales.

Esta semana visitó Misiones por unas pocas horas el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Aunque es el funcionario de Nación más cercano a la Provincia, esta vez estuvo parco a la hora de enfrentar los reclamos políticos y empresarios. “Nosotros avanzamos con la diferenciación del ITC para Posadas y para todas las ciudades que tengan un mecanismo o interrelación con el Paraguay cercana o fluida, son los que más sufrían las diferencias de precio de las naftas locales y del otro lado de la frontera, no ocurría lo mismo con Brasil, hicimos los cálculos y no ameritaba”, dijo Frigerio, poniéndole un techo a los comerciantes y a los funcionarios misioneros, quienes reclamaron la medida para toda la provincia.

Después agregó: “Estamos trabajando para mejorar la competitividad de nuestra economía, hablando con los distintos sectores de la producción, representantes de los trabajadores, empresas y el Estado en todos los niveles del Gobierno para vender nuestros productos de manera más barata”. La toma de decisiones, va muy atrás de las demandas.

El titular de la cartera del Interior sí ocupó varias horas en reuniones con referentes del PRO en Misiones. La salvedad no es antojadiza. Los socios radicales de Cambiemos fueron simples espectadores durante las reuniones políticas y después en los actos oficiales.

La idea del PRO es que las elecciones legislativas sirvan para potenciar su propia fuerza. El presidente del partido, el misionero Humberto Schiavoni, insistió en que “no habrá problemas para alcanzar una lista de consenso”. La lista que importa es la naciona y, pretenden, debe ser encabezada por un PRO puro y no por un socio. La discusión local estará abierta a internas y a danza de nombres. El de Alex Ziegler se filtró como posible postulante a la Cámara de Diputados provincial.

La estrategia del Gobierno provincial es clara. Aprovechar cada beneficio que se pueda obtener de la Nación, pero enfocar las energías en las herramientas propias que se puedan utilizar. La puesta en marcha del Fondo de Crédito de Misiones promete convertirse en un potente motor para la economía local, con una capital de 500 millones de pesos disponible para préstamos a pequeños empresarios y productores que tienen dificultades para acceder a la banca financiera tradicional. Los requisitos de acceso son casi tan exigentes como los de los bancos, pero la decisión es impulsar aquellos emprendimientos que puedan generar empleo, generar valor agregado a la producción local y sustituir importaciones. El círculo virtuoso está a la vuelta de la esquina. Si aumenta la producción y se sustituyen importaciones, es dinero que circulará inmediatamente en la economía local.

En paralelo, se abre la discusión por una nueva ley de coparticipación federal. El Gobierno tiene un borrador de proyecto que deberá ser consensuado con las provincias. La iniciativa oficial parte de la base de que ninguna provincia recibirá menos dinero que en la actualidad. Pero, como es de esperar, la disputa se planteará en cuánto debe recibir la provincia de Buenos Aires, gobernada por Maria Eugenia Vidal, la mimada de Macri. El ministerio del Interior calcula que no menos del 35 por ciento más.

La visión del Estado en retroceso del actual Gobierno puede ser fundamental a la hora de las negociaciones, ya que la Nación será la que deba ceder mayores recursos para repartir. A cambio, el Estado nacional se sacaría varias de sus obligaciones actuales, como el caso de los recursos para el salario docente.

Pero los gobernadores advierten que no se trata sólo de no perder dinero, sino que la ecuación debe cubrir además otras desigualdades internas. Misiones, por caso, reveló el secretario de Hacienda, Adolfo Safrán, en una entrevista concedida a Economis, en 1980 era la novena provincia en el reparto de recursos. Después de las cesiones del radicalismo primero y de Ramón Puerta después, ocupa los últimos puestos, pese a ser la provincia del NEA con mayor cantidad de habitantes, una economía más potente y al mismo tiempo, elevados indicadores de NBI y pobreza. “No debemos recibir menos de 30 por ciento más de los recursos actuales”, advierte Safrán.

Esos recursos son claves para el futuro de la Provincia, ya que quedarían fijos y no dependerían del humor político de turno. De todos modos, la balanza no se inclinaría para un lado, sino que nuevamente haría equilibrio con los recursos federales que dejarían de venir por otras vías.  Pero con más recursos propios, será la Provincia la que determine cómo y en qué distribuye.

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Palabras, un desafío al discurso

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El Presidente Mauricio Macri reclamó precisión:

“Cada vez tenemos que ser más precisos. Porque bastardeamos algo fundamental que es la palabra…”. Vamos entonces con el análisis de la precisión de las palabras, porque ahí radican interesantes desafíos para el Gobierno nacional.

Por ahora… discurso Está en danza la idea de un “país normal”. Pero ¿quién pudiera definir la normalidad? Es polisémica, cada quien la entiende como quiere. Eso no es un mito de gobierno. Este habla de un rumbo, de políticas públicas consolidadas que, identificables, son apropiadas por la ciudadanía y se perciben y adquieren forma de relato. El país normal no es fácilmente identificable. Todavía las posiciones políticas de la mayoría de argentinos son más explicables desde sus posturas ideológicas que desde el análisis concienzudo de las políticas públicas actuales. Casi como una prórroga del último resultado del balotaje, aunque con una novedad: la mayoría de la oposición no defiende con el mismo énfasis el pasado, tanto como la mayoría del votante oficialista no defiende con total convicción el presente.

En cambio sí hay discurso. Son vigas de una construcción que empieza a armarse sin que estén los planos aprobados, pero van formando una estructura más o menos sólida. Y ese edificio en construcción se va llenando de materiales que dan pistas de lo que se viene. Mucho del set lingüístico de Cambiemos transita sobre un sendero discursivo de expectativas de optimización personal, enumerando negativos a los que hay que vencer. “Somos distintos”, “se puede”, “decir la verdad”, “pesada herencia”, “no es tiempo de ideologías”, “escuchar a la gente”, “pobreza cero”, “trabajar por la unidad de los argentinos”. Mensajes esperanzadores, de superación individual, motivantes, pero sin precisión.

No sólo de eufemismos se vive. Un eufemismo es un tridente: suaviza ideas, silencia un término y oculta un concepto. Muchos tienen un uso incómodo: “reacomodamiento de precios”, “sinceramiento de tarifas”, “reducción de costos”, “amnistía fiscal”.

Otros son más elaborados y expanden su significado político: “normalización” (para argumentar el rumbo económico), “coordinación” (para que el equipo no tenga fisuras).

Los eufemismos son expresiones decorosas frente a decisiones políticas que pudieran presentarse cuestionables, así es que relativizan consecuencias no deseadas. Pero no tienen futuro. Son precisos (y prácticos) en su objetivo corto. Son medios, nunca fines.

Exaltación de la celebración futura. Aparecen pujas en la agenda. Mientras algunos se enfocan en la recesión económica (la oposición), el oficialismo se aferra a cuanto dato pudiese representar una noticia positiva. Pero el presidente, como primer comunicador, posa su eje discursivo en el futuro. Ha cambiado la “revolución de la alegría” por “una verdadera revolución del trabajo” (así lo anunció tras el Plan de Explotación del yacimiento Vaca Muerta). Reafirma discursivamente lo mismo que durante el primer semestre del 2016: “Esta apertura traerá un enorme proceso de inversión en el país, como no se veía en décadas”, al finalizar la Cumbre de Seguridad Nuclear.

Y más. No habrá obra pública, habrá “explosión” de obra pública.

El potente “decir la verdad” suele verse menoscabado cada vez más por una secuencia amesetada que ya lleva buen rato (y que pareciera servirle al oficialismo): un presente de gestión discreto en noticias positivas, una agenda generosa en noticias judiciales del pasado y un discurso ampuloso en resultados futuros. Esa trayectoria es vistosa. Espectacular a veces. Pero no es precisa.

Lo privado modela a lo público. ¿Lo modela?

4 dogmas pretéritos sostienen que lo privado es mejor que lo público. Adrian Wooldridge nos lo recuerda en la sección “Schumpeter” en The Economist. Que en los negocios hay más competitividad, justo lo que se necesita en un mundo hiper competitivo. Y nos hace ver que las concentraciones oligopólicas son predominantes. Que en lo privado hay más emprendedurismo, aunque lo cierto es que desde los ´70, el ratio de creación de empresas va en baja y actualmente más empresas mueren que las que nacen. Que en los negocios se va más rápido. Cuando muchas empresas desperdician meses o años para chequear decisiones o lanzamientos que empalidecerían a los tiempos gubernamentales. Y un cuarto punto es que la globalización es inevitable e irreversible. Sí, en un mundo donde la mayoría de los cambios políticos de impacto internacional viran hacia el nacionalismo y proteccionismo.

A ello agreguemos un detalle: la Comisión de Gobernanza Pública de la OCDE advirtió que el objetivo fundamental de la función pública es el gobierno, no la gestión. Y aclara que hay que prestar especial atención a valores fundamentales como la justicia, la equidad y la cohesión social. Y no deja de señalar que las consideraciones administrativas son también importantes pero secundarias. Vale decir, las preconcepciones del sector privado no aplican literalmente al sector público.

Por todo ello, no se trata pues del mejor equipo. Se trata de cómo piensa el equipo frente a lo público. Y no siempre es preciso ese pensamiento en un gobierno de tipo “managerialista” que, como afirma Alejandro Estévez”, lleva a la política a una “correcta” administración de las cosas, concibiendo al conflicto político como artificial, sustituible por un gerenciamiento técnico.

Las palabras de un gobernante son una mirada del mundo a través de un determinado constructo lingüístico que modelan una idea de país. “El estilo es el hombre” acuñó el naturalista Buffon. Un hombre y su equipo están modelando un nuevo país que empieza a aflorar, todavía impreciso desde sus palabras, si es que estas representan el futuro nacional.

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Palabras, un desafío al discurso

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“Cada vez tenemos que ser más precisos. Porque bastardeamos algo fundamental que es la palabra…”. Vamos entonces con el análisis de la precisión de las palabras, porque ahí radican interesantes desafíos para el Gobierno nacional.

Por ahora… discurso Está en danza la idea de un “país normal”. Pero ¿quién pudiera definir la normalidad? Es polisémica, cada quien la entiende como quiere. Eso no es un mito de gobierno. Este habla de un rumbo, de políticas públicas consolidadas que, identificables, son apropiadas por la ciudadanía y se perciben y adquieren forma de relato. El país normal no es fácilmente identificable. Todavía las posiciones políticas de la mayoría de argentinos son más explicables desde sus posturas ideológicas que desde el análisis concienzudo de las políticas públicas actuales. Casi como una prórroga del último resultado del balotaje, aunque con una novedad: la mayoría de la oposición no defiende con el mismo énfasis el pasado, tanto como la mayoría del votante oficialista no defiende con total convicción el presente.

En cambio sí hay discurso. Son vigas de una construcción que empieza a armarse sin que estén los planos aprobados, pero van formando una estructura más o menos sólida. Y ese edificio en construcción se va llenando de materiales que dan pistas de lo que se viene. Mucho del set lingüístico de Cambiemos transita sobre un sendero discursivo de expectativas de optimización personal, enumerando negativos a los que hay que vencer. “Somos distintos”, “se puede”, “decir la verdad”, “pesada herencia”, “no es tiempo de ideologías”, “escuchar a la gente”, “pobreza cero”, “trabajar por la unidad de los argentinos”. Mensajes esperanzadores, de superación individual, motivantes, pero sin precisión.

No sólo de eufemismos se vive. Un eufemismo es un tridente: suaviza ideas, silencia un término y oculta un concepto. Muchos tienen un uso incómodo: “reacomodamiento de precios”, “sinceramiento de tarifas”, “reducción de costos”, “amnistía fiscal”.

Otros son más elaborados y expanden su significado político: “normalización” (para argumentar el rumbo económico), “coordinación” (para que el equipo no tenga fisuras).

Los eufemismos son expresiones decorosas frente a decisiones políticas que pudieran presentarse cuestionables, así es que relativizan consecuencias no deseadas. Pero no tienen futuro. Son precisos (y prácticos) en su objetivo corto. Son medios, nunca fines.

Exaltación de la celebración futura. Aparecen pujas en la agenda. Mientras algunos se enfocan en la recesión económica (la oposición), el oficialismo se aferra a cuanto dato pudiese representar una noticia positiva. Pero el presidente, como primer comunicador, posa su eje discursivo en el futuro. Ha cambiado la “revolución de la alegría” por “una verdadera revolución del trabajo” (así lo anunció tras el Plan de Explotación del yacimiento Vaca Muerta). Reafirma discursivamente lo mismo que durante el primer semestre del 2016: “Esta apertura traerá un enorme proceso de inversión en el país, como no se veía en décadas”, al finalizar la Cumbre de Seguridad Nuclear.

Y más. No habrá obra pública, habrá “explosión” de obra pública.

El potente “decir la verdad” suele verse menoscabado cada vez más por una secuencia amesetada que ya lleva buen rato (y que pareciera servirle al oficialismo): un presente de gestión discreto en noticias positivas, una agenda generosa en noticias judiciales del pasado y un discurso ampuloso en resultados futuros. Esa trayectoria es vistosa. Espectacular a veces. Pero no es precisa.

Lo privado modela a lo público. ¿Lo modela?

4 dogmas pretéritos sostienen que lo privado es mejor que lo público. Adrian Wooldridge nos lo recuerda en la sección “Schumpeter” en The Economist. Que en los negocios hay más competitividad, justo lo que se necesita en un mundo hiper competitivo. Y nos hace ver que las concentraciones oligopólicas son predominantes. Que en lo privado hay más emprendedurismo, aunque lo cierto es que desde los ´70, el ratio de creación de empresas va en baja y actualmente más empresas mueren que las que nacen. Que en los negocios se va más rápido. Cuando muchas empresas desperdician meses o años para chequear decisiones o lanzamientos que empalidecerían a los tiempos gubernamentales. Y un cuarto punto es que la globalización es inevitable e irreversible. Sí, en un mundo donde la mayoría de los cambios políticos de impacto internacional viran hacia el nacionalismo y proteccionismo.

A ello agreguemos un detalle: la Comisión de Gobernanza Pública de la OCDE advirtió que el objetivo fundamental de la función pública es el gobierno, no la gestión. Y aclara que hay que prestar especial atención a valores fundamentales como la justicia, la equidad y la cohesión social. Y no deja de señalar que las consideraciones administrativas son también importantes pero secundarias. Vale decir, las preconcepciones del sector privado no aplican literalmente al sector público.

Por todo ello, no se trata pues del mejor equipo. Se trata de cómo piensa el equipo frente a lo público. Y no siempre es preciso ese pensamiento en un gobierno de tipo “managerialista” que, como afirma Alejandro Estévez”, lleva a la política a una “correcta” administración de las cosas, concibiendo al conflicto político como artificial, sustituible por un gerenciamiento técnico.

Las palabras de un gobernante son una mirada del mundo a través de un determinado constructo lingüístico que modelan una idea de país. “El estilo es el hombre” acuñó el naturalista Buffon. Un hombre y su equipo están modelando un nuevo país que empieza a aflorar, todavía impreciso desde sus palabras, si es que estas representan el futuro nacional.

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