EL MUNDO

Acusan a Israel de utilizar fósforo blanco

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El grupo de derechos humanos Human Rights Watch informó este lunes que el ejército israelí atacó una aldea del sur de Líbano “de forma ilegal” con proyectiles que contenían fósforo blanco, según medios internacionales.

Human Rights Watch aseguró que determinó, mediante la geolocalización y verificación de siete imágenes, que Israel disparó fósforo blanco con artillería contra zonas residenciales en la aldea libanesa de Yohmor, en el sur del país, indican distintos medios que se hicieron eco de esa información. Esto ocurrió horas después de que el ejército israelí advirtiera a los residentes de la aldea y de decenas de otras localidades del sur de Líbano que evacuaran.

El observatorio de Derechos Humanos señaló que no pudo determinar de manera independiente si aún había residentes en la zona o si alguien resultó herido. El ejército israelí no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de la agencia de noticias Associated Press.

Franja de Gaza

En el pasado, el grupo sostuvo que Israel había informado se utiliza fósforo blanco (una sustancia incendiaria) como cortina de humo y no para atacar a civiles.

Defensores de los derechos humanos afirman que el uso de fósforo blanco es ilegal según el derecho internacional cuando la sustancia química, al rojo vivo, se dispara contra zonas pobladas.

Efectos del fósforo blanco

El fósforo blanco puede incendiar edificios y quemar la carne humana hasta el hueso y los sobrevivientes corren riesgo de infecciones y de insuficiencia orgánica o respiratoria, incluso si las quemaduras son pequeñas.

“El uso ilegal de fósforo blanco por parte del ejército israelí sobre zonas residenciales es extremadamente alarmante y tendrá consecuencias nefastas para los civiles”, afirmó Ramzi Kaiss, investigador sobre Líbano en Human Rights Watch.

Antecedentes

Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional afirmaron que la munición se utilizó en numerosas ocasiones en el sur de Líbano durante la última guerra de Israel con Hezbollah, hace más de un año, cuando aún había civiles presentes.

También en el pasado, el Programa de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional informó que reunió “indicios contundentes que documentan el uso de proyectiles de artillería de fósforo blanco por el ejército israelí en zonas civiles densamente pobladas de Gaza”.

“Muchos de estos ataques podrían considerarse ataques indiscriminados ilegítimos”, agrega la denuncia publicada en el sitio oficial de Amnistía Internacional.

Vídeos y fotos verificados por el Laboratorio de Pruebas del Programa de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional indican que Israel usó esas municiones, indica el informe.

En varias de estas fotos verificadas se ven proyectiles de artillería M825 y M825A1 que también muestran la etiqueta D528, el Código de identificación del Departamento de Defensa de Estados Unidos (DODIC) para proyectiles con fósforo blanco, sigue la denuncia.

El alcance de los obuses M109 es de unos 18-22 kilómetros, agrega, para calcular que “desde Sderot, esto supone la mitad norte de la Franja de Gaza”.

Otras pruebas videográficas disponibles mostraron también la explosión en el aire de proyectiles de artillería que liberan partículas de denso humo blanco, lo que concuerda con el uso de proyectiles M825 y M825A1

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Israel intensifica ataques en Irán, Teherán responde con misiles

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La guerra en Medio Oriente entró en una nueva fase este lunes tras ataques israelíes “a gran escala” contra Teherán, Isfahan y el sur de Irán, una ofensiva que profundiza el enfrentamiento iniciado tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. La respuesta de Teherán no se hizo esperar: misiles y drones impactaron en Israel y en varios Estados del Golfo, dejando al menos un muerto en el centro israelí y provocando incendios en instalaciones petroleras de Baréin y los Emiratos Árabes Unidos.

El impacto no se limitó al campo militar. Los mercados reaccionaron con rapidez: el crudo Brent superó los 100 dólares por barril, las bolsas europeas abrieron en baja y el gas natural en Europa trepó hasta un 30%. El encarecimiento energético ya obligó a las principales economías occidentales a activar mecanismos de contingencia. El G7 convocó a una reunión de emergencia para evaluar la liberación coordinada de reservas petroleras estratégicas, una señal de que el conflicto empieza a tener efectos directos sobre la estabilidad económica global.

En paralelo, el escenario político dentro de Irán también cambió de manera abrupta: la Asamblea de Expertos de Irán designó como nuevo líder supremo al ayatolá Mojtaba Khamenei, en sustitución de su padre Alí Khamenei, fallecido durante los primeros bombardeos estadounidenses e israelíes. La decisión reconfigura el poder interno del régimen en pleno conflicto militar.

La pregunta que atraviesa el tablero internacional es inevitable: ¿se trata de una escalada regional contenible o del inicio de un conflicto con impacto estructural sobre el orden energético y geopolítico global?

Un frente militar que se expande

Los enfrentamientos ya no se concentran únicamente en Irán e Israel. El conflicto se ha extendido por varios frentes de la región.

En Israel, un misil iraní con ojiva de racimo impactó en el centro del país, afectando zonas como Yehud, Or Yehuda, Holon y Bat Yam. El ataque dejó un muerto y dos heridos graves, según informó el comandante del Distrito de Tel Aviv.

Mientras tanto, en el Golfo Pérsico se registraron nuevas explosiones en Doha, y las sirenas de alerta sonaron en Manama, capital de Baréin, tras una oleada de drones y misiles lanzados por Irán.

El conflicto también alcanzó territorio turco. Los sistemas de defensa de la OTAN desplegados en el Mediterráneo interceptaron un misil balístico iraní que ingresó al espacio aéreo de Turquía, cuyos restos cayeron en la región de Gaziantep sin provocar víctimas.

En paralelo, Israel amplió su ofensiva contra posiciones vinculadas a Hezbollah en los suburbios del sur de Beirut. El grupo confirmó combates con fuerzas israelíes que habrían ingresado al este del Líbano desde Siria.

El frente militar se expande en varias direcciones al mismo tiempo, lo que eleva el riesgo de una guerra regional de mayor escala.

La sucesión en Irán y el respaldo de Rusia

En medio de los combates, el sistema político iraní reaccionó con rapidez para asegurar la continuidad del liderazgo.

La Asamblea de Expertos designó como nuevo líder supremo a Mojtaba Khamenei, consolidando la sucesión tras la muerte de Alí Khamenei. La decisión busca preservar la estabilidad institucional del régimen en un momento de máxima presión externa.

Miles de personas se congregaron en una plaza céntrica de Teherán en apoyo al nuevo líder, mientras el jefe de seguridad iraní Ali Larijani aseguró que la elección sumió a Estados Unidos e Israel en la “desesperación”.

La reacción internacional no tardó en llegar. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, expresó su respaldo “inquebrantable” al nuevo líder iraní, un gesto que añade una dimensión geopolítica adicional al conflicto.

Infraestructura estratégica bajo amenaza

La guerra también comenzó a afectar infraestructuras críticas de la región.

Durante el fin de semana se registraron ataques contra plantas desalinizadoras en Bahréin e Irán, instalaciones fundamentales para el suministro de agua en Medio Oriente. En varios países del Golfo, la desalación representa la principal fuente de agua potable.

La región concentra alrededor del 42% de la capacidad global de desalinización, y su dependencia es extrema: el 70% del agua potable en Arabia Saudita, el 86% en Omán y el 90% en Kuwait proviene de estas plantas.

Expertos advierten que una campaña sostenida contra esta infraestructura podría desencadenar crisis humanitarias severas, con racionamientos de agua y desplazamientos masivos de población.

Al mismo tiempo, el conflicto ya impacta en otras infraestructuras estratégicas. Washington ordenó la evacuación de personal no esencial de su consulado en Adana, cerca de la base de la OTAN en Incirlik, tras el segundo misil iraní interceptado en espacio aéreo turco.

El efecto energético y el temor de los mercados

El salto del petróleo por encima de los USD 100 por barril refleja el nerviosismo de los mercados ante la posibilidad de interrupciones en las rutas energéticas.

La región del Golfo concentra algunas de las principales infraestructuras de exportación de crudo y gas del mundo. Un conflicto prolongado podría alterar los flujos globales de energía.

Las consecuencias económicas comenzaron a sentirse de inmediato: caída en bolsas europeas, aumento del gas natural en Europa de hasta 30%, y presión sobre los precios del petróleo

Ante ese escenario, el G7 evalúa liberar reservas estratégicas para amortiguar el impacto en los mercados energéticos internacionales.

Europa endurece su discurso

La escalada militar también generó reacciones políticas en Europa.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió sobre las consecuencias económicas del conflicto, aunque al mismo tiempo sostuvo que “no debería derramarse ni una lágrima por el régimen iraní”.

Von der Leyen planteó además que Europa debe construir “su propio camino europeo”, una señal de que la guerra podría acelerar debates estratégicos sobre seguridad, defensa y autonomía geopolítica dentro de la Unión Europea.

Un conflicto que redefine el tablero global

Los últimos acontecimientos muestran un conflicto que evoluciona con rapidez y en múltiples dimensiones: militar, energética, política e institucional.

La sucesión en el liderazgo iraní, la expansión de los combates hacia varios países de la región y el impacto inmediato en los mercados globales indican que la crisis ya trasciende el plano regional.

En las próximas semanas, los movimientos diplomáticos, las decisiones energéticas del G7 y la reacción de actores globales como Rusia serán claves para determinar si la escalada encuentra mecanismos de contención o si el enfrentamiento se transforma en una crisis de alcance global.

Por ahora, el tablero sigue en movimiento.

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El FMI advierte por el impacto del conflicto en Medio Oriente y alerta sobre un posible rebrote inflacionario global

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La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, lanzó una advertencia directa sobre el nuevo escenario económico internacional: la escalada del conflicto en Medio Oriente podría reactivar presiones inflacionarias globales y desacelerar el crecimiento económico. El mensaje llegó durante una conferencia en Tokio, en momentos en que el organismo prepara la actualización de sus proyecciones en las próximas Perspectivas de la Economía Mundial que se publicarán a mediados de abril.

El dato central que expuso Georgieva resume el riesgo: cada aumento del 10% en el precio del petróleo sostenido durante gran parte del año podría agregar unos 40 puntos básicos a la inflación global, mientras que el crecimiento del PBI mundial podría caer entre 0,1% y 0,2%.

La advertencia introduce una tensión estratégica para los gobiernos y bancos centrales: ¿puede el nuevo shock energético reabrir el ciclo inflacionario global justo cuando muchas economías intentaban consolidar la desinflación?

El petróleo vuelve al centro del riesgo económico

El diagnóstico del FMI parte de un punto claro: el principal canal de transmisión del conflicto hacia la economía mundial es el mercado energético.

Los precios del petróleo, históricamente sensibles a las tensiones geopolíticas, vuelven a actuar como un multiplicador de riesgos. Cuando la energía se encarece, el impacto no queda restringido al sector energético: se traslada al transporte, a los alimentos, a los costos industriales y finalmente a la inflación general.

Ese mecanismo ya se observó en crisis anteriores y explica la preocupación del organismo. Si el aumento de precios se consolida, los bancos centrales podrían enfrentar un escenario incómodo: inflación persistente en un contexto de crecimiento debilitado.

Desde el punto de vista macroeconómico, se trata de una combinación compleja. El encarecimiento de la energía presiona los precios mientras reduce el margen de consumo y de inversión, lo que termina afectando la actividad económica.

El FMI prepara su diagnóstico global

Las declaraciones de Georgieva se producen mientras el FMI recopila información para elaborar la próxima edición del informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), uno de los documentos más influyentes en la agenda económica internacional.

El reporte, que se publicará a mediados de abril, incluirá una evaluación más detallada del impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la economía global.

En ese proceso de análisis, el organismo monitorea principalmente tres variables: la evolución de los precios del petróleo, el efecto inflacionario sobre las economías y el impacto potencial sobre el crecimiento mundial

El objetivo es medir hasta qué punto el shock energético puede alterar las previsiones económicas que los organismos internacionales habían formulado para 2026.

El mensaje a los gobiernos: prepararse para escenarios extremos

Más allá de los números, el mensaje político de Georgieva apunta a la gestión de la incertidumbre.

“Piensen en lo impensable y prepárense para ello”, recomendó a los responsables de política económica de todo el mundo.

La frase refleja el cambio de clima global. Tras varios años marcados por crisis sucesivas —pandemia, inflación global, tensiones geopolíticas—, los organismos internacionales advierten que los shocks externos pueden aparecer con mayor frecuencia.

Frente a ese escenario, el FMI planteó una serie de prioridades para los gobiernos: fortalecer las instituciones económicas, mantener marcos de política fiscal y monetaria sólidos, preservar margen de maniobra para responder a shocks externos y promover el crecimiento impulsado por el sector privado

La lógica detrás de estas recomendaciones es clara: los países con mayor solidez macroeconómica tienen más capacidad para absorber crisis externas sin perder estabilidad.

Inflación, crecimiento y geopolítica: el triángulo de la incertidumbre

El nuevo escenario internacional reconfigura el debate económico global.

Durante los últimos años, los bancos centrales concentraron sus esfuerzos en reducir la inflación que se disparó tras la pandemia y las disrupciones energéticas. El proceso de desinflación comenzó a consolidarse en varias economías, aunque todavía con fragilidad.

La posibilidad de un nuevo shock petrolero reabre la discusión sobre la duración de ese proceso.

Si los precios de la energía continúan en alza, la inflación podría volver a acelerarse justo cuando muchas economías buscaban relajar sus políticas monetarias.

Al mismo tiempo, un menor crecimiento global complicaría el panorama fiscal de numerosos países.

Un escenario global que todavía se está redefiniendo

Las advertencias del FMI reflejan un momento de transición en la economía mundial.

El conflicto en Medio Oriente, el comportamiento de los mercados energéticos y la reacción de los gobiernos y bancos centrales determinarán el impacto real sobre el crecimiento y la inflación.

Por ahora, el organismo se limita a señalar los riesgos y a preparar su diagnóstico para el informe de abril.

El verdadero alcance de esta nueva fase de incertidumbre —y la capacidad de los países para responder— comenzará a medirse en los próximos meses, cuando las consecuencias económicas del conflicto se vuelvan más visibles en los datos globales.

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Irán designa a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo tras la muerte de su padre

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Irán designó a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo, tras la decisión de la Asamblea de Expertos, el máximo órgano religioso y político de la República Islámica. El clérigo de 56 años es hijo del fallecido ayatolá Alí Jamenei y asume el cargo en un contexto de fuerte tensión regional y crisis política interna.

La designación fue confirmada por medios estatales iraníes durante la madrugada en Teherán. La Asamblea de Expertos continuó con el proceso de sucesión incluso en medio de la ofensiva militar que atraviesa el país y pese a los ataques contra sus instalaciones, según informó la televisión estatal.

Mojtaba Jamenei figuraba desde hace años entre los posibles sucesores de su padre, quien lideró Irán desde 1989 hasta su muerte el 28 de febrero. Su elección marca un hecho inédito en la historia reciente de la República Islámica, ya que refuerza la percepción de una continuidad familiar en el poder religioso más importante del país.

Un clérigo de perfil reservado

Nacido el 8 de septiembre de 1969 en Mashhad, Mojtaba Jamenei es el segundo de los seis hijos del histórico líder iraní. Realizó sus estudios en la escuela religiosa Alavi de Teherán y posteriormente se trasladó a Qom, uno de los principales centros de formación del clero chiita, donde profundizó su formación teológica.

A diferencia de su padre, mantuvo durante décadas un perfil público muy bajo. Nunca ocupó cargos formales en el gobierno ni ofreció discursos o entrevistas. Sin embargo, distintos analistas y cables diplomáticos revelados en el pasado señalaron que ejercía una influencia significativa en los círculos de poder iraníes.

Algunas versiones lo describían como una figura clave en el entorno del líder supremo y un actor relevante en la relación con la Guardia Revolucionaria y otros sectores del aparato político y religioso.

Controversias y acusaciones

El nombre de Mojtaba Jamenei comenzó a aparecer en el debate político iraní durante las elecciones presidenciales de 2005, cuando el candidato reformista Mehdi Karroubi lo acusó de intervenir en el proceso electoral que llevó al poder a Mahmud Ahmadineyad.

Acusaciones similares surgieron durante la controvertida reelección de Ahmadineyad en 2009, que desencadenó protestas masivas conocidas como el Movimiento Verde. Algunos sectores opositores denunciaron entonces una creciente concentración de poder en torno al hijo del líder supremo.

En 2019, el gobierno de Estados Unidos incluyó a Mojtaba Jamenei en su lista de sanciones, al considerarlo parte del círculo de poder que actuaba en nombre del ayatolá Alí Jamenei.

El poder del líder supremo en Irán

El cargo de líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa del país. Según la Constitución iraní, el titular del puesto es comandante en jefe de las fuerzas armadas y tiene la facultad de declarar la guerra o la paz.

También controla el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, supervisa a la Policía y puede designar o remover a autoridades clave del sistema judicial, del Consejo de Guardianes y de los medios estatales.

Además, tiene la capacidad de convocar referendos y, en determinadas circunstancias, incluso destituir al presidente.

La llegada de Mojtaba Jamenei abre una nueva etapa para la República Islámica en un momento marcado por tensiones geopolíticas, sanciones internacionales y una creciente presión interna sobre el régimen.

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Israel bombardea infraestructura petrolera en Teherán y escala la guerra con Irán

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La guerra entre Israel e Irán entró en una nueva fase este sábado cuando la fuerza aérea israelí atacó reservas petroleras y refinerías en Teherán, ampliando el alcance estratégico de la ofensiva militar iniciada en las últimas semanas. El primer ministro Benjamín Netanyahu confirmó la continuidad de las operaciones y aseguró que Israel continuará el ataque “con toda la fuerza”, en lo que describió como una campaña que ya está “cambiando el rostro de Oriente Medio”.

Los bombardeos, reportados por la radiodifusora estatal israelí y por corresponsales internacionales en la capital iraní, se produjeron mientras el sistema de defensa israelí activaba sus baterías antimisiles tras nuevos lanzamientos desde territorio iraní. La secuencia marca una escalada que combina ataques directos a infraestructura energética, represalias militares y advertencias cruzadas que elevan el riesgo de un conflicto regional de mayor escala.

La ofensiva también abre una pregunta estratégica: ¿Israel busca debilitar al gobierno iraní o está redibujando el equilibrio de poder en toda la región?

Golpear la energía: el objetivo estratégico detrás del ataque

El ataque contra reservas petroleras y refinerías en Teherán introduce un cambio relevante en la lógica militar del conflicto. No se trata únicamente de objetivos militares directos, sino de infraestructura clave para la economía iraní.

La ofensiva se produce en el marco de una campaña militar que, según el propio Netanyahu, apunta a debilitar al gobierno iraní en múltiples frentes. Durante una declaración televisada emitida tras el final del sabbat, el primer ministro aseguró que Israel dispone de “un plan organizado con muchas sorpresas” para la próxima etapa de la guerra.

En ese mismo mensaje, el jefe del gobierno israelí reiteró que la operación militar no se detendrá.
“La guerra contra Irán continuará sin pausas y sin compromisos”, afirmó.

El discurso incluyó además un mensaje dirigido a los miembros del aparato estatal iraní. Netanyahu aseguró que quienes depongan las armas no serán atacados, mientras advertía que integrantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica están “en la mira” de las fuerzas israelíes.

La declaración también incorporó un elemento político: el mandatario afirmó que Israel se ha convertido en “una potencia regional” y sostuvo que la ofensiva militar está modificando la correlación de fuerzas en Medio Oriente.

Estados Unidos entra en la ecuación estratégica

El conflicto también refleja el peso de las alianzas internacionales.

Netanyahu agradeció públicamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por su “liderazgo histórico”, y afirmó que la relación bilateral se mantiene “más fuerte que nunca”.

En paralelo, informes difundidos por medios internacionales señalaron que aviones de combate de Estados Unidos e Israel participaron en ataques contra instalaciones petroleras en Teherán, lo que profundiza la percepción de una operación coordinada entre ambos países.

La posición estadounidense se endureció en las últimas horas. Trump sostuvo que no habrá acuerdos con el gobierno iraní si antes no acepta una capitulación total, una formulación que eleva el tono político del conflicto y reduce los márgenes para una negociación inmediata.

El escenario se volvió aún más complejo cuando la embajada de Estados Unidos en Bagdad fue atacada con cohetes, según una fuente del Ministerio del Interior iraquí citada por agencias internacionales.

Irán responde con ataques en el Golfo y amenaza al tráfico marítimo

La reacción iraní también comenzó a desplegarse en distintos frentes.

Un vocero militar iraní advirtió que los “buques enemigos” que ingresen al Golfo terminarán “en el fondo del mar”, en una amenaza directa al tráfico marítimo en una de las rutas energéticas más importantes del planeta.

El Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) informó que atacó un petrolero con bandera de las Islas Marshall, identificado como “Louise P”, mediante un dron en medio del Golfo.

La organización militar también afirmó haber atacado otro buque petrolero en el estrecho de Ormuz, identificado como “Prima”, luego de que ignorara advertencias emitidas por fuerzas navales iraníes.

Las autoridades iraníes sostienen que todos los activos estadounidenses e israelíes en la región serán considerados objetivos militares legítimos, lo que extiende el campo de batalla más allá de las fronteras directas del conflicto.

El estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo, vuelve así al centro de la tensión geopolítica.

El punto de quiebre que desató la escalada

La escalada militar tiene un antecedente inmediato.

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques masivos contra Irán que provocaron la muerte del líder supremo Ali Khamenei, junto con varios comandantes militares de alto rango y cientos de civiles.

Irán respondió con misiles y drones contra objetivos de Estados Unidos e Israel en distintos puntos de la región, iniciando una secuencia de ataques cruzados que ahora se extiende al Golfo y a infraestructura energética dentro de territorio iraní.

Ese episodio cambió la naturaleza del conflicto. Lo que durante años fue una confrontación indirecta entre potencias regionales pasó a convertirse en un enfrentamiento militar abierto.

Un conflicto que puede redibujar el mapa regional

Las últimas operaciones militares sugieren que el conflicto está entrando en una fase más amplia y potencialmente más peligrosa.

El ataque a instalaciones petroleras en Teherán, los bombardeos cruzados, los ataques a buques en el Golfo y la participación indirecta de actores regionales indican que el conflicto dejó de ser un enfrentamiento bilateral para convertirse en una crisis regional.

En ese escenario, la guerra podría extenderse a nuevos frentes: rutas marítimas, infraestructura energética, bases militares y representaciones diplomáticas.

Las próximas semanas serán determinantes para medir el alcance real de la escalada. La ofensiva israelí continúa, Irán promete responder y el tablero geopolítico de Medio Oriente vuelve a moverse con rapidez.

Lo que todavía permanece abierto es si esta fase de la guerra consolidará un nuevo equilibrio regional o si apenas marca el inicio de una confrontación más prolongada.

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