EN FOCO

La moda del gradualismo

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Según un informe reciente [1], 15 de los 46 países de América Latina y el Caribe van a realizar consolidaciones fiscales en torno a 2% de sus respectivos productos brutos. El “ajuste” se realizará de manera gradual y en un contexto de moderado crecimiento económico. Obviamente la Argentina integra este club. En Analytica creemos que estas son buenas noticias, no sólo para la búsqueda del financiamiento externo sino también para la sostenibilidad del modelo, entendiendo a esto último cómo la capacidad de generar divisas vía exportaciones.

La crisis financiera de 2008 forzó a la mayoría de los países de la región a realizar aumentos del gasto discrecional. Estas medidas sirvieron cómo paliativos, pero no lograron consolidar un crecimiento sostenido, máxime después de la ralentización del ritmo de expansión en China y su consecuente impacto en los precios de las materias primas. Actualmente, el PBI en muchas de estas economías “está buscando máximos” aunque a tasas de crecimiento moderadas.

En este contexto, no sólo un tercio de los países de la región intentará realizar ajustes fiscales en la fase expansiva del ciclo sino que también buscará hacerlo de manera gradual. Más allá de la discusión sobre la pro-ciclicidad de la política fiscal, vale la pena repasar los motivos por los que creemos que la medida se lleva a cabo en este momento y de esta forma: i) los ajustes de shock son altamente impopulares, ii) los multiplicadores fiscales son “altos” si el nivel de producto es “bajo”: recordemos que en estas economías el producto está retornando a niveles máximos, lo cual implica una caída en términos per cápita, iii) abundancia de liquidez internacional: el stock de deuda  del Tesoro Americano se encuentra en máximos y parece difícil esperar una corrección fuerte de la tasa de los bonos a 10 años, un referente en el mercado de deuda emergente, iv) si se mantiene el gasto real constante, la fase expansiva del producto permite un ajuste digerible desde el punto de vista del electorado.

¿Cuáles son las consecuencias de este contexto para la Argentina? Al menos dos. Primero, el ritmo del ajuste es homogéneo entre los tomadores de deuda externa. Desde el punto de vista de los “ratios” de solvencia, todos los Gobiernos que van a estar demandado deuda debido al déficit financiero que experimentan van a mostrar el mismo “nivel de compromiso” con el repago futuro de sus obligaciones. Por lo tanto, teniendo en cuenta la similitud del nivel de ajuste fiscal entre los países de la región, conseguir deuda será un problema menor. Segundo[2], cómo no se esperan grandes recortes de impuestos y el ajuste se haría “licuando gasto real”, el efecto sobre la competitividad (externa) del proceso de consolidación fiscal es similar al registrado en muchos de los países con los que la Argentina tiene fluidas relaciones comerciales. Además, dependiendo del éxito de la reforma impositiva que anunció el Ministro Dujovne, el ajuste fiscal podría implicar una mejora del tipo de cambio real efectivo respecto a muchos de nuestros competidores comerciales. Si además se le suma que el financiamiento vía deuda externa contribuye a la apreciación de todas las monedas emergentes contra el dólar, es esperable que el ajuste fiscal mejore la competitividad externa incluso teniendo en cuenta que un tercio de los potenciales competidores de la Argentina están inmersos en el mismo proceso.

Sin embargo, vemos algunas señales de alerta: por un lado, la reforma laboral en Brasil será más agresiva que la que desea implementar la administración Cambiemos Por otro, de los países “grandes” de la región, la Argentina es el único que se encuentra “desinflando” su economía. Ambos factores ponen presión adicional a los niveles de competitividad, por lo que el déficit en cuenta corriente en 2018 podría mantenerse en los actuales niveles (en torno al 5% del PBI).

De fondo, el gradualismo parece el camino que eligieron la mayoría de los países de la región que están consolidando sus cuentas públicas. Si nos abstraemos de las implicancias del proceso de des-inflación, este contexto juega a favor de sostenibilidad de la estrategia que está llevando adelante el Ministro Dujovne. La sostenibilidad tiene al menos 3 dimensiones: la política, la fiscal y la externa. El contexto regional aporta un poco de viento de cola en el sentido no tradicional del término.

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[1]http://vox.lacea.org/?q=blog/desafios_macroeconomicos_latam

[2] La elasticidad de las exportaciones / importaciones puede ser sensible al nivel de la alícuota. Por lo tanto, dependiendo del nivel de los impuestos, muy disimiles dentro de la región, la respuesta del balance comercial puede ser distinta para igual recorte de impuestos. Esto es, es posible que una quita pequeña sea muy expansiva en términos de competitividad si la presión fiscal es alta. Sin embargo, contrariamente a lo esperado en Argentina, la mayoría de los 15 países que consolidan no están llevando adelante recortes de impuestos y ajustarían vía congelamiento del gasto.  Por lo tanto, es de esperar que “el ajuste” en nuestro país sea más expansivo en términos de competitividad que en el resto.

 
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¿Qué hacemos con los jubilados?

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. Argentina está pasando por un momento único e irrepetible en la historia, esta transitando su bono demográfico, esto significa que hay mas gente en la Población Económicamente Activa o en edad de trabajar que en la Inactiva. Este bono se considera cuando hay mayor cantidad de personas entre 15 y 59 años en un país, que es donde es menor el costo por trabajador activo de sostener a los infantes y a la clase pasiva. Esto potencialmente es una oportunidad histórica para generar ahorro y volcarlo al crecimiento de la economía. En Europa por el contrario  tienen el problema de la población envejecida por la baja natalidad de las últimas décadas y el alargamiento de la esperanza de vida por los avances médicos y los cuidados de la población adulta.

Por el contrario, África en general tiene una alta proporción de población por debajo de los quince años por sus incipientes avances en salir de la pobreza, lo que disminuye la mortalidad infantil, con lo que para entrar en el bono demográfico le falta un tiempo.

En el gráfico siguiente podemos visualizar la duración de nuestro bono demográfico y del resto de los países de Latinoamérica.

Pero el tema en cuestión no es el bono demográfico en si, sino decir “tenemos problemas con nuestro sistema previsional estando en el bono demográfico, ¿entonces que pasará en el 2030 cuando salgamos de él?”.

Dentro del paquete de reformas que se esta negociando en estos días entre Nación y Provincias se encuentra la discusión de poder encontrarle solución a un esquema de jubilaciones y pensiones que, mediante el “bono demográfico” es profundamente deficitario.

 

 

Los números:

La Argentina volvió al sistema de reparto en el 2008, esto significa que en principio las jubilaciones se pagan con lo que se recauda de los trabajadores activos. El sistema instaurado en los 90 (de capitalización y ahorro consistía en que cada trabajador tenia una cuenta donde depositaba su aporte mensual, el que era administrado por una AFJP para hacerlo crecer y retribuírselo al momento de jubilarse).

Existen aproximadamente 8,2 millones de jubilaciones y pensiones.

Estas sumaran $1.210.813 millones de pesos en el 2018, aproximadamente un 9 % del PBI.

Solo un 30 % de estas se financian con aportes y contribuciones, o sea un 3 % del PBI.

El déficit previsional equivale a 6% del PBI, esto es la diferencia entre lo que recauda y lo que paga.

La relación de trabajadores y jubilados en la Argentina es de 1,3 o sea que bajo el sistema de reparto un trabajador debería debería trabajar lo suficiente para su consumo y ahorro personal y casi para pagar una jubilación.

De los datos mencionados arriba podemos extraer las siguientes conclusiones:

  • Para que el sistema de reparto sea genuino partiendo de que hoy el monto y la cantidad de jubilaciones y pensiones es la correcta necesitaríamos dos trabajadores en blanco más por cada jubilado y pensionado existente.
  • Se estima que existe un 34 % de trabajadores informales con lo cual ingresándolos al mercado formal y realizando los aportes seria una gran ayuda al sistema.
  • La recomendación es que existan 3 trabajadores por jubilado para que el sistema funcione, no nos olvidemos que nos encontramos en el bono demográfico en estos años, quiere decir que potencialmente existe el máximo de trabajadores combinado con el mínimo de jubilados que puede dar la estructura demográfica de nuestro país.
  • Una vez que dejemos de transitar el bono demográfico el problema se agravará más, dado que habrá menos trabajadores por jubilado y a esto debemos sumarle que la esperanza de vida se extiende aún más.

Ver gráfico siguiente:

Separando la paja del trigo:

 

El problema no es solamente argentino, el mundo es así principalmente por los avances en medicina y la planificación familiar.

También el trabajo basado en el esfuerzo físico va disminuyendo, con lo cual irá corriendo la edad jubilatoria acorde a la capacidad no es descabellado.

Por otro lado, afirmar que el sistema de jubilaciones se tiene que financiar estrictamente con aportes de tres trabajadores es algo muy rígido, así que no esta mal que se financie con parte de los impuestos.

La particularidad de nuestro país es que está atravesando el bono demográfico, pero también está atravesando la emergencia previsional.

Si no logramos crecimiento que aporte ingresos mas altos y mayor formalidad en el empleo tenemos un problema grave a enfrentar en quince años y la verdad esperamos no morirnos antes.

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Los posadeños se autoperciben como de una clase social más alta a la que pertenecen, según un estudio

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La mayoría de los posadeños se autoperciben como pertenecientes a una clase social más alta a la que pertenecen, indicó un estudio del Observatorio Económico y Social de la  Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Cuenca del Plata. Es decir, un clase media baja se considera “clase media” o un clase media, piensa que pertenece a la clase “media alta”.

El informe se basa en datos obtenidos del Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea e incluye a los aglomerados urbanos de más de 200.000 habitantes de las provincias del NEA es decir, a Gran Resistencia y Sáenz Peña en Chaco; Gran Corrientes en la provincia homónima; Posadas en la Provincia de Misiones y a la Capital de la provincia de Formosa, por lo tanto no puede generalizarse a las ciudades del interior ni a los hogares rurales.

A partir de la encuesta se concluye que aproximadamente un 43% de los principales sostenes del hogar, es decir, aquel integrante del hogar que aporta el mayor ingreso, percibe a su hogar como un hogar de clase media; en segundo lugar, se posiciona la percepción de clase media baja con aproximadamente un 21% de respuestas. Las preguntas de “percepción de clase” corresponden a un registro de la auto identificación requerida a los entrevistados por autoclasificación conforme a categorías previstas. Esta tendencia a ubicarse en la parte alta de la distribución se sostiene cuando se solicitó a los respondientes ubicarse, en la actualidad, en la escala de posiciones sociales, que va de 1 (lo más bajo) a 10 (lo más alto).

 

Fuente: elaboración Observatorio Económico y Social con base a datos PISAC NEA
Fuente: elaboración Observatorio Económico y Social con base a datos PISAC NEA

Otro aspecto interesante de analizar constituye la falta de correspondencia entre la auto identificación de clases y las convenciones estadísticas simples basadas en niveles de ingresos, “ocupación” usualmente usada como el principal predictor (Sautu et al, 2010) o máximo nivel de escolaridad. En este último caso, se observa que la percepción de pertenencia a la “clase media-media”, disminuye conforme aumenta el nivel educativo del principal sostén del hogar en favor de la  percepción de pertenencia a la “clase media-baja”.

Macuria (2015) señala que “las clases sociales son resultantes de relaciones histórico sociales más que de convenciones estadísticas”. En este sentido un mejores predictor de la autopercepción de clases resulta el índice de estatus socioeconómico de las ocupaciones (ISEI). La puntuación del ISEI se genera en torno a la ocupación, pero es una medida de los atributos de las ocupaciones que transforman la educación de una persona en renta o ingreso  (Ganzeboom, De Graaf, & Treiman, 1992), evidenciando además el papel tanto de “la ocupación” como el rol en el “empleo” como factores constitutivos de una identidad de clases. De esta forma los trabajadores manuales, calificados, de rutina o de servicios y comercio, cualquiera sea su nivel de ingresos, se autoperciben como “clase obrera”; los supervisores de trabajos manuales y autónomos sin empleados tienen tendencia a autopercibirse como “clase media baja”; los ocupados en rubros de servicios no empleados con bajos ingresos, como “clase media” y los autónomos con empleados se asumen como pertenecientes a la “clase alta”.

Otro aspecto interesante de analizar constituye la falta de correspondencia entre la auto identificación de clases y las convenciones estadísticas simples basadas en niveles de ingresos, “ocupación” usualmente usada como el principal predictor (Sautu et al, 2010) o máximo nivel de escolaridad. En este último caso, se observa que la percepción de pertenencia a la “clase media-media”, disminuye conforme aumenta el nivel educativo del principal sostén del hogar en favor de la  percepción de pertenencia a la “clase media-baja”.

Macuria (2015) señala que “las clases sociales son resultantes de relaciones histórico sociales más que de convenciones estadísticas”. En este sentido un mejores predictor de la autopercepción de clases resulta el índice de estatus socioeconómico de las ocupaciones (ISEI). La puntuación del ISEI se genera en torno a la ocupación, pero es una medida de los atributos de las ocupaciones que transforman la educación de una persona en renta o ingreso  (Ganzeboom, De Graaf, & Treiman, 1992), evidenciando además el papel tanto de “la ocupación” como el rol en el “empleo” como factores constitutivos de una identidad de clases. De esta forma los trabajadores manuales, calificados, de rutina o de servicios y comercio, cualquiera sea su nivel de ingresos, se autoperciben como “clase obrera”; los supervisores de trabajos manuales y autónomos sin empleados tienen tendencia a autopercibirse como “clase media baja”; los ocupados en rubros de servicios no empleados con bajos ingresos, como “clase media” y los autónomos con empleados se asumen como pertenecientes a la “clase alta”.

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La puja por alcanzar las metas inflacionarias: el deseo de aplanar expectativas

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. El aumento sostenido de los precios de los bienes y servicios es un problema grave en el cual la Argentina se encuentra inmersa por sus problemas estructurales y que implica efectos adversos tanto en su valor de la moneda, en el ahorro, en la recaudación fiscal, como también, la asignación de los recursos productivos alterando sus precios relativos, entre otros. En tal sentido, en septiembre de 2016, el actual presidente del Banco Central Federico Sturzenegger había anunciado que a partir de enero de 2017 la política monetaria se llevaría a cabo bajo un régimen de metas de inflación decreciente, que contaba con una proyección para el corriente año en un rango de entre el 12% y el 17% e ir reduciéndola gradualmente hasta alcanzar un 5% anual en 2019.

A punto de llegar al último mes del año 2017, se puede decir que el objetivo ha sido demasiado ambicioso y que la inflación anual superará el 17%. Más precisamente, se estima que la inflación de este año será de alrededor de entre el 22% al 24,5%. Sin embargo, a pesar de haber fallado en el pronóstico, no hay que quitarle mérito al BCRA, ya que el 2016 cerró con una tasa de inflación superior al 40%.

¿En qué consiste la política de Metas de Inflación?

Esta política tuvo su origen en Nueva Zelanda, a fines de la década de los ochenta, cuando el Banco Central de dicho país comenzó a trabajar con un nuevo enfoque de política monetaria que consistía en metas explícitas de inflación. Al tener éxito en lograr una marcada desaceleración de los precios, otros países comenzaron a adoptar dichas estrategias, siendo actualmente alrededor de 30 los que han adoptado el establecimiento de metas de inflación explícitas.

Dicha política se basa en la premisa de que los aumentos sostenidos de los precios no se deben exclusivamente a la expansión monetaria o al estado de las cuentas fiscales, sino que también son importantes las expectativas de los agentes económicos. Por lo tanto, para lograr el objetivo, es necesario llevar adelante ciertas acciones:

Fijar metas para la inflación claramente explícitas, lo que significa que muchas veces se deberán subordinar otros objetivos como el crecimiento del PBI o el tipo de cambio. En el gráfico 1 se muestran las metas de inflación y las expectativas de inflación del público para los siguientes años.

  1. Para la aplicación de este tipo de políticas es indispensable contar con un Banco Central autónomo y con un mandato expreso de preservar la estabilidad de precios como objetivo primordial;
  2. Es imprescindible un aumento progresivo de la transparencia y la comunicación política, lo que refuerza la necesidad de tener estadísticas confiables;
  3. El Banco Central no debe ser la fuente de financiamiento del tesoro, sino que debe concentrarse en el control de los agregados monetarios. Esto es consistente con las acciones del BCRA ya que, como se puede observar en el gráfico 1, han disminuido notablemente los adelantos transitorios al tesoro nacional y el uso de reservas, debido el primer caso principalmente al nuevo paradigma del financiamiento del déficit fiscal a través del endeudamiento externo.
  4. A partir de ello, la manera de conducir la política sería muy sencilla: una vez que el Banco Central haya establecido la meta de inflación, si la tasa observada es mayor a la meta seguirá aumentando la tasa de interés con el fin de contraer la demanda agregada y de esta forma desacelerar el aumento de los precios. En el caso contrario, si la inflación está por debajo del objetivo, la entidad monetaria tiene que disminuir la tasa de interés buscando el efecto opuesto. Esto se hace a través de colocaciones y retiros de títulos del Banco Central, en el caso de Argentina las LEBAC, en donde se fija una tasa de interés orientada a inducir la tasa de inflación hacia el objetivo perseguido.

    Además de lo ya mencionado, es importante aclarar que para que dicha política funcione, es fundamental el esquema de formación de precios y salarios que tienen los empresarios y los trabajadores. Para ello, se presupone que los precios y salarios de la economía se fijan tomando como referencia la inflación futura y que las metas fijadas por el banco central son creíbles.

    Particularidades del Caso Argentino

    Ya se ha mencionado que Argentina no alcanzará los objetivos establecidos de inflación para el año 2017 y, según las expectativas de los agentes económicos, tampoco se espera que el BCRA logre sus metas de inflación para los siguientes años (gráfico 1), por lo que se hace fundamental el análisis de las causas de ello. En primer lugar, merece algunos comentarios adicionales el nivel previo de la tasa de inflación y el rango que se ha establecido como objetivo. Si se considera la experiencia de las economías latinoamericanas que utilizan este enfoque (Brasil, Chile, Colombia, Perú y México), en todos los casos las tasas de inflación de partida eran inferiores al 10% anual y la meta inicial establecida se encontraba cercana a ese nivel. Esto contrasta claramente con el caso argentino, donde la tasa de inflación de 2016 fue del orden del 40% y la meta para 2017 admitía un máximo del 17%. Una inflación tan alta genera una distorsión importante en precios relativos, ello hace que los empresarios y trabajadores busquen fijar precios y salarios, no pensando en la inflación futura, sino contemplando la inflación pasada y su pérdida real de poder adquisitivo. Otro factor que afecta los precios relativos es el atraso en las tarifas de servicios públicos y modificar dicha distorsión tiene un costo en términos de incrementos en el nivel general de precios, acelerando la inflación.

    Para abordar fuertemente con las expectativas, desde el Gobierno Nacional, tal como salió en el diario digital AMBITO FINANCIERO (http://www.ambito.com/904034-audacia-gobierno-quiere-paritarias-en-10-para-2018), empezó a diagramar las negociaciones de las paritarias para el próximo año cercanas al 10 %  con el pedido  de que no haya demasiado énfasis puesto en los conceptos de “piso” y “techo” para las metas de inflación y se adicione las ganancias por productividad que tuvieron.

    Entonces, las metas del Banco Central propuestas para el próximo año serán de difícil cumplimiento sino se aborda fuertemente las variables económicas que terminan impactando en la tasa de inflación como el déficit fiscal, el tipo de cambio y el nivel de endeudamiento en aras de sanear la economía doméstica.

     

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Crónicas de un tiempo de un país

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. Año 1985, junio, el flamante presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos Paul Volcker, inició un proceso de suba de tasas de interés (la muy renombrada tasa FED) para cumplir la misión encomendada: bajar la inflación de la economía más grande de la tierra que desde finales de los años 70 superaba el 13 %; algo totalmente inimaginable en estos días donde los precios norteamericanos crecen a no más del 2 % anual.

Pero los 80 fueron tiempos movidos, guerra fría y cortina de hierro mediante las jóvenes democracias latinoamericanas que trataban de consolidarse y reivindicar los derechos y garantías mínimas de dignidad de vida de sus habitantes, entre las dos potencias que se disputaban el control del mundo.

En medio de esa tormenta, el entonces Ministro de Economía del país, Juan Sourrouille viaja de urgencia a los Estados Unidos y se entrevista con Volcker

  • Mire tengo dificultades con sus políticas
  • No puede ser, a ver los números

Sourrouille que no era ningún improvisado desplegó la información sobre el escritorio y consiguió algo que demostró que había desempeñado bien su cargo: el reconocimiento de Volcker…. “Tiene razón.  Pero yo no puedo cambiar la política antinflacionaria de mi país”.

  • ¿Y que hacemos?
  • Habrá que navegar”, concluyó Volcker.
  • El resto es la historia conocida que desemboco en la hiperinflación unos años más tarde.

 

Y que tiene que ver

 

Mucho se compara la política económica del actual Gobierno con algo de los 90, pero nosotros queremos traer al presente algo de los 80, y la vulnerabilidad que genera para el país esta nueva etapa de endeudamiento.

Cuando el endeudamiento es en dólares la tasa FED se torna una cuestión de vida o muerte del plan económico del país por varios motivos. Nos referiremos a los principales:

 

  • El costo de la deuda: Que suba la tasa FED implica que el costo de adquirir dólares sube. Si tenemos que renegociar la deuda o pedir más préstamos estos serán cada vez más caros.
  • La actividad económica: La tasa por lo general se sube como una política antinflacionaria. Simplificadamente la idea es que la gente ante un buen rendimiento, prefiera comprar un bono o hacer un plazo fijo en vez de consumir, entonces existe menos demanda y menos inflación. Pero que caiga la actividad económica también significa que haya menos exportaciones de nuestros productos.
  • El precio de los commodities: cuando la tasa sube en general los productos primarios bajan de precio. Esto ocurre en parte por lo explicado en el punto 2 (caída del consumo de estos productos) y en gran parte porque al tener el Tesoro tasas más altas, los inversionistas prefieren bonos del tesoro de Estados Unidos a comprar futuros de trigo, soja o petróleo. Por ello los precios se desploman y como las exportaciones de estos productos son muy importantes para los ingresos en dólares de los países latinoamericanos, estos caen conjuntamente.
  • La fuga de capitales: invertir en bonos de Estados Unidos es lo más seguro que hay. Si encima ofrece un rendimiento superior obliga a los países más riesgosos a ofrecer una tasa mayor, por ende, un costo financiero mayor para retener los capitales adentro.

 

La evidencia:

En el gráfico está arriba el PBI Argentino y abajo la tasa FED. Nótese que cuando la tasa baja el PBI sube y viceversa, también no debemos dejar de observar que desde el año 2009 esta tasa se encuentra en los niveles más bajos de la historia reciente.

Luego de la crisis subprime en 2009 EEUU inicio una política de expansión monetaria y tasas bajas para que el mundo no caiga en una recesión similar a la famosa de 1929. Pero a medida que EEUU retoma su crecimiento normal el principal objetivo de la FED muta de evitar la recesión a evitar la inflación:

Durante el presente año la inflación norteamericana prácticamente duplico a la del 2016, que fue muy superior a la del 2015. Esto se está vislumbrando como una clara señal de hay que empezar a controlarla y que mejor que subir la tasa para esto.

Conclusión:

Si aumenta la tasa en EEUU es inevitable recibir un coletazo, la caída de la actividad, y los precios de las materias primas se van a hacer sentir como pasó siempre.

Lo que nos queda por hacer es tratar de minimizar el impacto de la suba en nuestra economía doméstica. En el año 85 no se podía hacer mucho ya que el elevado endeudamiento externo y déficit fiscal heredado de la dictadura tiraron por la ventana cualquier alternativa de supervivencia del plan económico ante la suba de tasas.

Si bien la administración de Macri recibió una situación fiscal complicada, el endeudamiento en dólares no era un problema a finales del 2015, el gradualismo en el achicamiento del déficit se verá erosionado por el aumento de los intereses en dólares, por el aumento de la deuda y una potencial suba de la tasa FED. Se debe replantear urgente el financiamiento del Estado argentino.

El propio Volcker reconoció la capacidad del entonces ministro del Alfonsín, incluso pusieron 3000 millones de dólares de ese entonces para respaldar el plan Austral, pero no pudo con la FED por la deuda heredada. El plan actual no tenía ese problema, al menos no en la gravedad de los 80. Que no nos tumbe una suba de tasas que al ritmo de la inflación norteamericana se viene si o sí.

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