EN FOCO

El ilusionista federal: una reforma pendiente

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. Después de las elecciones del 22 de Octubre el Gobierno nacional pretende lanzar un paquete de reformas trascendentales, entre la que más resuena es la tributaria,  con la finalidad de dotar al sector productivo y/o comercial de mayor competitividad. Pero ésta debe estar acompañada de una nueva Ley Coparticipación que modifique el actual sistema que cuenta con grandes asimetrías verticales y horizontales dado que una gran proporción de los recursos tributarios de Origen Nacional no son transferidos de manera automática a las Jurisdicciones sino más bien,  se les asignan a éstas conforme a las políticas a llevarse a cabo por el Poder Ejecutivo Nacional y por tal, históricamente su orientación siempre tiende a tener un sesgo importante hacia las Provincias con los mismos colores partidarios.

La Constitución Nacional de la Argentina adopta un sistema federal, donde coexisten del Estado nacional como Soberano, los Gobiernos provinciales y los municipales con sus respectivas autonomías. Pero con el correr de los años se fue tornando cada vez más ilusoria la premisa del federalismo mediante el avasallamiento de las facultades tributarias que no le delegaron las Provincias al Estado nacional ante los diferentes contextos de crisis económicas, no existiendo a la fecha una correlación entre los recursos automáticos que reciben las Provincias con el cúmulo de competencias en seguridad, educación y salud que éstas fueron asumiendo sin la pertinente transferencia de los recursos que debía efectuarle el Estado nacional, lo que fue atentando claramente con sus autonomías.

Es claro que sin recursos no existe autonomía, tal como lo decía el propio inspirador de la Constitución Nacional, el gran maestro Juan Bautista Alberdi, quien entendía que nunca existiría la autonomía en los Estados locales (Provincias y Municipios), si carecían de recursos suficientes para realizar las funciones de gobierno y promover a su bienestar general.

 

Tal como lo expone el gráfico precedente, del total de los recursos tributarios de Origen de Origen Nacional que en el año 2016 ascendieron a $ 2.070.153,7 millones de pesos (que incluye aportes y contribuciones a la Seguridad Social), las Provincias percibieron un total de $ 558.908,8 millones que represento el 23 % del total, en tanto que el Estado Nacional se quedó con el 73 % de los mismos. A su vez, si no se contemplan los recursos destinados a la Seguridad Social, las Provincias participaron en la distribución primaria de dichos tributos en un 36 %.

En tal sentido, dicha distribución mencionada que reciben las provincias no logra alcanzar los 2 tercios de lo que les hubiera correspondido si se transfirieran los recursos en base a lo estipulado en el Artículo 3 de la Ley N° 23.548, donde establece que a las Provincias le corresponden el 56,66 %, siendo este incrementado después con la inclusión de Tierra del Fuego y de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pasando así la distribución primaria al 61,11 % del total. Es por ello que el régimen vigente de distribución de los recursos tributarios de origen nacional presenta grandes falencias por no contemplar una relación directa a las competencias, servicios y funciones, como así también, en la distribución secundaria los criterios objetivos de reparto para un logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidades en todo el territorio nacional.

Dotarse de mayores recursos de los que en realidad le demanda al Estado Nacional en virtud de sus competencias originó, por ejemplo, que en el año 2016, la Provincia de Buenos Aires percibiera el 41,8 % de las transferencias corrientes y de capital no automáticas (discrecionales) del total efectuado a las 24 jurisdicciones que fue por un total de 109.228 millones de pesos, donde claramente mediante ese esquema alternativo se buscó compensar los desequilibrios que le ocasionan a esta jurisdicción la no actualización del Fondo del Conurbano Bonaerense correspondiente a la afectación de la recaudación del impuesto a las Ganancias, pero claro queda que ésta no es la única jurisdicción afectada en el reparto vigente, sino que también existen otras jurisdicciones como Misiones que con una ubicación en el puesto N° 9 en cuanto la cantidad de habitantes, se ubica hoy en el puesto N° 19 en la distribución per cápita de los recursos coparticipables.

No puede obviarse también que el proceso inflacionario afecta sustancialmente la equidad vertical y horizontal del esquema de federalismo fiscal vigente en nuestro país que provoca serios inconvenientes y por consiguiente, será necesario incluir estas consideraciones al momento de discutir el nuevo régimen que habrá de regir para las relaciones financieras entre el nivel central de gobierno y las jurisdicciones provinciales. La inflación tiene origen, entre otras cuestiones, a consecuencia de la emisión monetaria por parte del Banco Central de la República Argentina para financiar el déficit fiscal del Estado nacional mediante los adelantos transitorios, que termina siendo en definitiva un impuesto no coparticipable.

A modo de síntesis, hoy en día en la Argentina a pesar de adoptar un régimen formalmente federal funciona en parte como un régimen unitario por la centralización de las facultades recaudatorias y del poder político en manos del Gobierno nacional y por tal, el federalismo fiscal que aborda como se distribuyen las responsabilidades del gasto y las facultades impositivas entre los distintos niveles de gobierno federal debe tender a un desarrollo equitativo en todo el territorio nacional.

 

 

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Los nuevos aportes por el Premio Nobel para las proyecciones económicas

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis.  La economía siempre se ha jactado de ser la más científica de las ciencias sociales. Sin embargo, este es un debate que se aviva cada cierto tiempo, poniendo en tela de juicio dicha afirmación, sobre todo cuando los economistas fallan en sus predicciones. Uno de los ejemplos más recientes es el hecho, de que prácticamente ningún economista fue capaz de predecir la gran recesión iniciada en 2008, la crisis más grande en 75 años.

El punto central de por qué fallan los economistas radica en los modelos económicos que utilizan para estudiar la economía, donde a través de éstos tratan de describir el funcionamiento de los agregados económicos y la posible respuesta de tales agregados a modificaciones de la política económica o a alteraciones originadas por la Naturaleza, basándose para ello en supuestos que no se necesariamente pueden condecirse con la realidad por los criterios de abstracción que emplean. La teoría económica tradicional asume que las personas, para tomar una decisión económica, tienen acceso completo a la información y que pueden procesarla de forma correcta y, además, supone que siempre actúan de forma racional. Sin embargo, podemos notar que estas personas perfectas no existen en el mundo real. Uno de los muchos ejemplos es que hay gente que mantiene plata en sus cajas de ahorro o guardada en su casa sin recibir ningún interés a cambio y se financia con atrasos en las tarjetas de crédito a tasas muy altas, pero tener dinero guardado le da una sensación de seguridad aunque no estén tomando la decisión óptima en términos financieros.

Otro ejemplo curioso podría darse cuando a una persona, llamémosla María le regalan un objeto costoso, podríamos decir un reloj de u$s 500. Tal vez María no esté dispuesta a pagar el precio de ese reloj para obtenerlo, sin embargo una vez que lo tiene tampoco lo vendería. Este comportamiento que parece irracional es porque las personas tienden a valorar más aquellos bienes que son de su pertenencia y esto se ha comprobado a través de numerosos experimentos. Un caso típico de ello es el mercado inmobiliario, donde las personas tienden a sobrevaluar sus propiedades y por lo que muchas veces nos encontramos con precios tan elevados.

Considerando los comportamientos mencionados en los ejemplos y comparándolos con los supuestos de la teoría económica tradicional, podemos darnos cuenta de por qué los economistas en determinadas predicciones pueden equivocarse.

Richard Thaler y sus contribuciones a la economía del comportamiento

Las propias deficiencias de las Ciencias Económicas en predecir el comportamiento humano hacen que los aportes de Richard Thaler, un economista estadounidense de 72 años, sean tan importantes para la disciplina que le valiera el Premio Nobel de Economía entregado el pasado 9 de Octubre por la Academia Sueca.

Los estudios que llevaron a Thaler a ser el 29° economista de la Universidad de Chicago en ser galardonado con este premio destacan por la incorporación de la psicología a las ciencias económicas. Entre otros aportes, sus investigaciones han demostrado que las decisiones de los seres humanos no siempre obedecen a la racionalidad, sino que muchas veces se ven afectadas por variables psicológicas que no se encuentran alineadas con el llamado “comportamiento económico racional”. De esta manera, se demuestra cómo las características del comportamiento humano afectan a los mercados supuestamente racionales.

De manera más precisa, el jurado que le otorgó el premio al economista Richard Thaler señaló que “Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia y la falta de autocontrol”. También señaló que sus aportes han contribuido a “construir un puente entre los análisis psicológicos y económicos de los procesos de decisión individuales”.

Esta nueva teoría, según The Guardian es especialmente útil para las empresas y negocios que buscan impulsar sus niveles de ventas mediante el cambio del comportamiento de los consumidores, como así también, para establecer políticas públicas. Particularmente su trabajo, ha estimulado a que los Gobiernos como las empresas hagan un mayor esfuerzo en incorporar la ciencia del comportamiento, incluyendo los elementos relacionados con los sesgos inconscientes, dado que más del 90 % de las decisiones se hacen en forma subconsciente.

En manera de síntesis, se puede decir que la contribución de Thaler a la economía consiste en hacerla una ciencia más realista y con mayor capacidad de predicción debido a que se nutre de supuestos más sensatos del comportamiento humano a la hora de tomar decisiones.

Los Premios Nobel

Es un reconocimiento honorífico otorgado cada año por el gobierno de Suecia a personas que hayan hecho aportes científicos sobresalientes o hayan realizado contribuciones notables a la sociedad. Los mismos fueron instituidos en 1895 como última voluntad de Alfred Nobel, inventor de la dinamita e industrial sueco. En principio, los premios se habían creado para los campos de la física, la química, la medicina y la fisiología, la literatura y la paz y desde 1969 en Banco Central de Suecia creó el premio a la economía en honor a Alfred Nobel.

 

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Éramos pocos y apareció Cavallo

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. El éxito tiene muchos padres reza el refrán y la derrota es huérfana. La economía empezó a mostrar claros índices de mejoría y todos quieren tener algo que ver.

Los datos: desde el cuarto trimestre del 2016 la Argentina empezó un lento proceso de reactivación económica que se aceleró en los últimos dos meses. Los datos muestran que el crecimiento puede terminar en un 3,5 % anual en el 2017. El número es muy alentador y dado el optimismo que empieza a notarse en la gente no sería una meta alocada de cumplir.

El optimismo es algo bastante abstracto de definir, pero bastante efectivo a la hora de impactar en la actividad económica dado que si los empresarios son optimistas invertirán más, si las personas son optimistas consumirán más y si el Estado es optimista realizara más obras.

Como la mano parece que viene bien todos queremos ser los padres de la criatura, el tema es que hay padres y padres, y en política económica hay padres de los que a veces al menos en materia publicitaria conviene renegar, uno de estos es el ex ministro de Economía y hombre fuerte del menemismo Domingo Cavallo.

Con referencia a la conducción económica del país Cavallo manifestó lo siguiente:

“Todos los que están (ahora) en el Gobierno trabajaron conmigo”. De hecho el actual presidente del Banco Central Federico Sturzenegger fue secretario de Política Económica del ex ministro durante el gobierno de De la Rúa. El actual ministro del Interior, Rogelio Frigerio ocupó diversos cargos vinculados al ministerio de Economía en la presidencia de Menem.

La verdad, tratar de menoscabar la capacidad de un funcionario vinculándolo a alguna gestión anterior es un golpe bajo. No todos participaron del diseño de las políticas y tan solo fueron parte de la ejecución y al tratarse de funcionarios de gobiernos democráticos no debemos olvidar que en algún momento tuvieron gran respaldo popular tanto en la cabeza de sus jefes como en las medidas aplicadas. Pedimos a la gente que se comprometa con la cosa pública y después la juzgamos y condenamos si pierde las elecciones.

El tema de fondo son otras de las frases vertidas en el reportaje:

“Lo que ahora llaman neoliberalismo era simplemente la organización y modernización de la economía como funciona en los países exitosos. En su momento bajó la desocupación, aumentaron los ingresos, mejoró todo”.

Hay una gran coincidencia entre la economía de Macri y la de los 90 los enlaza una moneda estable y una economía con baja inflación”.

“Espero que después de las elecciones el Gobierno advierta que vale la pena que se endeude el sector privado para financiar las inversiones importantes y que el sector público rápidamente deje de financiarse con deuda y emisión y se organice como estuvo entre 1991 y 1996″.

-En referencia a si vendrá un ajuste post electoral: “Yo creo que sí. Si lo posterga le puede explotar en sus propias manos.”

Cavallo hace bien en proclamarse padre de la criatura, o al menos abuelo ya que en esencia existen algunas similitudes a tener en cuenta:

1) El principal problema económico es la inflación: Si hay un punto en el que claramente no hay discusión en que se parecen la gestión actual y la de los 90 es que el éxito de la misma depende de disminuir el índice del nivel general de precios y ahí se apuntan todas las medidas. También es el punto donde tuvieron los resultados positivos más perceptibles para la gente. Ver gráficos

Los 90:

Los 2010:

2) En base a la baja de la inflación y otras causas ambos tuvieron un éxito inicial en materia de crecimiento del PBI al principio de sus gestiones:

Los 90:

Los 2010:

3) El déficit fiscal financiado con endeudamiento no es un mayor problema, ya que se genera un ahorro por parte de los tenedores de títulos de esa deuda. Hay países que en términos de PBI deben mucho más que la Argentina y les funciona (EEUU tiene una deuda de casi 108 % de su PBI) pero nosotros como no emitimos dólares para pagarla, con una deuda pequeña ya tenemos problemas para manejarla.

4) La apertura económica genera competencia y crecimiento, y si hay déficit comercial no es un problema del Estado porque son los extranjeros los que están financiando a privados argentinos.

Si bien es cierto que las economías abiertas crecen la apertura con un dólar atrasado genera competencia desleal y ruinosa en el empresariado nacional, y si bien los que importan son los particulares luego querrán que el estado les venda los dólares para pagarlas con lo que el problema pasa a ser público.

Conclusión

Si los modelos son similares como dice Cavallo el resultado no va a ser muy distinto:

Tendremos una bonanza por consumo de productos importados y un dólar barato, largos créditos a tasas bajas por baja inflación, hasta que el Estado no pueda endeudarse más para financiar su déficit y se quede sin dólares (la famosa restricción externa). Luego habrá crisis, devaluación brusca, etc, etc.

¿Podría ser distinto? Obvio que sí, empezando por corregir las cuentas fiscales para que no suba el endeudamiento y que esto nos lleve a tener un dólar un poco más competitivo. Mientras déficit y deuda sigan subiendo el resultado es inevitable por más que tengamos once meses de reactivación.

 

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Subsidio y obra pública, las variables de ajuste para 2018

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En una entrevista reciente el ex ministro A. Prat Gay destacó el efecto adverso que podría tener una rápida desinflación sobre las cuentas públicas. Según el ex ministro, como parte del gasto ajusta por inflación pasada (aproximadamente el 60% de las erogaciones primarias) y los ingresos por inflación presente, una rápida reducción de la inflación generaría un deterioro en el resultado primario del Tesoro, dificultando el cumplimiento de la meta fiscal. Se plantea entonces una disyuntiva entre el cumplimiento de los objetivos de política monetaria y fiscal. En Analytica creemos que el diagnóstico es correcto pero el orden de magnitud del efecto está sobredimensionado. Según nuestras simulaciones, si la inflación 2017 y 2018 están en línea con el consenso del mercado, el congelamiento del gasto en términos reales pautado por el Gobierno en el Presupuesto implica que las erogaciones de capital podrían crecer por encima de lo que se reducen los subsidios, aunque ambas partidas crecerían por debajo del promedio. Esto es, aunque el congelamiento del gasto real primario en un contexto de desinflación reduce los grados de libertad del Tesoro, afectando el crecimiento de las partidas discrecionales, existen factores que atemperan este efecto permitiendo que los gastos de capital crezcan por encima del promedio.

Para realizar el ejercicio, el ex ministro asumió que jubilaciones, salarios y transferencias corrientes a provincias (el 59% del gasto primario del sector público nacional) ajustan por inflación pasada. Esto luce sobredimensionado.

Veamos. Supongamos que el gasto primario se mantiene constante en términos reales según estipula el Presupuesto (+15% i.a.) y la inflación se reduce del 22% al 16% i.a. entre dic-17 y dic-18. Teniendo en cuenta el resultado de las paritarias 2017, es esperable que los salarios ajusten por la inflación corriente. Por lo tanto, el componente salarial del gasto primario (13% del mismo) ajustaría en torno de 15%-16% y no al 22%, como se deduce de los dichos de Prat-Gay.

A su vez, las jubilaciones ya incorporaron parte de la inflación 2017 en los gastos de este año (subieron un 28,4% anualizando en septiembre vs. 23,2% i.a. estimado en el IPC si se proyecta un 1,5% en septiembre). Por tanto, asumir que en 2018 las prestaciones de la seguridad social ajustaran en función a la inflación registrada este año (+22%) como lo hace Presupuesto, tiene que ver con el programa de reparación histórica y no necesariamente con los efectos de la inercia inflacionaria en un contexto de desinflación.

Existen entonces 2 factores, paritarias y reparación histórica, que reducen el orden de magnitud del efecto mencionado por Prat GayEl Tesoro pierde entonces capacidad de maniobra al quedar preso de las metas fiscales y la inercia inflacionaria. Las tablas a continuación exhiben el incremento de todos los componentes del gasto primario en el escenario descrito.

G2_442

G3_442

La tabla 1 muestra el efecto de asumir que los salarios crecen en línea con la inflación corriente (16%) sobre el agregado de los gastos no discrecionales: la tasa de crecimiento se reduce del 22% al 20%. Esto se refleja en el escenario 1 en la tabla 2, el cual está en línea con el Presupuesto. El escenario 2 refleja los dichos del ex ministro Prat Gay.

Parte de los efectos adversos de la política monetaria sobre la política fiscal están representados por el impacto de la inercia inflacionaria sobre jubilaciones y transferencias a provincias. Ambas crecen al 22% en los 2 escenarios simulados en la tabla 2. Sin embargo, el ajuste “forward looking” de los salarios, atribuible quizás a la reputación del BCRA, compensa parcialmente los efectos adversos de la inercia, como se refleja en la tabla 1.

Existe otro efecto que atempera la dominancia monetaria de la política fiscal y está representada en la partida “resto” de la tabla 2, cuyos principales componentes son los gastos de capital y los subsidios. El crecimiento del 7% simulado permite que el Tesoro continúe estimulando la obra pública ya que, teniendo en cuenta el nivel de cada una de las partidas proyectadas a fin 2017, por cada peso que se reducen los subsidios, los gastos de capital pueden aumentar 3. Por lo tanto, aunque las partidas no discrecionales, representadas por la línea “resto” en la tabla 2, crecerán por debajo del promedio como consecuencia de la inercia inflacionaria, el gasto de capital puede crecer por encima del promedio en tanto y en cuanto el mercado descuenta que continuará el ajuste de tarifas. De hecho, si asumimos que ambas partidas se comportan en línea con el Presupuesto (los gastos de capital crecen al 22% y los subsidios caen al 13%), la partida resto podría crecer 7% como surge de las simulaciones; reflejando la existencia de grados de libertad dentro de los componentes no discrecionales del gasto.

El presente ejercicio no pretende ser una proyección. En Analytica no creemos que sea posible desacelerar tan fuertemente el gasto primario. Sólo para ilustrar: actualmente las transferencias al sector privado acumuladas en 12 meses crecen al 38% i.a.; difícilmente puedan decrecer en términos nominales como sugiere la tabla 2. Sin embargo, es posible utilizar ambas tablas para ilustrar hasta donde la política monetaria puede condicionar el cumplimiento de las metas fiscales. El efecto de las paritarias “forward looking” y el ajuste semestral de las jubilaciones permiten liberar recursos; atemperando la dominancia monetaria de la política fiscal.

En términos generales, el efecto de la desinflación sobre el gasto primario se traduce en un cambio en la composición de las partidas que lo integran, reasignando recursos a favor de componentes “inerciales” (v. gr. jubilaciones)  y en detrimento de las “discrecionales” (v. gr. subsidios, gastos de capital). Sin embargo, esto ocurre en un contexto de ajuste de tarifas; mitigando el efecto total sobre los gastos de capital y, consecuentemente, sin afectar la sostenibilidad del modelo macroeconómico.

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