INDUSTRIA DE LA MODA

Cementerios de ropa: el costo de la fast fashion en América Latina

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Por Aleida Rueda / SciDevNet – Varios países de América Latina importan cada año toneladas de ropa usada de Europa, Asia y Estados Unidos con el fin de darle “una segunda vida”. Sin embargo, el exceso de prendas de mala calidad, sumado a la falta de infraestructura para reciclarla, está propiciando que la ropa que entra como mercancía se convierta en residuos difíciles de eliminar.

Ese es el caso de Chile, donde gran parte de la ropa usada que entra al país no se revende y termina siendo transportada e incinerada ilegalmente en el desierto de Atacama. Y como son textiles elaborados con fibras sintéticas no biodegradables, su incineración implica daños potenciales para el ambiente y la salud.

“La ropa usada de baja calidad es abandonada y/o incinerada en sitios no autorizados, generalmente por compradores informales de este tipo de productos, quienes disponen las unidades de baja calidad en sitios clandestinos”, reconoció el Ministerio de Medio Ambiente de Chile en su Estrategia de Economía Circular del Sector Textil, publicada en agosto de este año.

El documento, cuya consulta pública terminó hace unos días (23 de octubre), tiene el objetivo de impulsar la vida útil de la ropa y prevenir la generación de residuos textiles para “proteger la salud de las personas y el medio ambiente” pues las grandes cantidades de ropa que terminan convirtiéndose en desechos, sumado al consumo desmedido, “constituyen una problemática ambiental que ha crecido considerablemente en los últimos años”.

Bastian Barria vive esa problemática. Él es cofundador de Desierto Vestido, una organización no gubernamental basada en Iquique, Chile, dedicada a la economía circular en la industria textil que ha documentado la existencia de decenas de estos vertederos en el desierto a través de su cuenta de Instagram.

“Hay microvertederos con muchos tipos de residuos, incluyendo textil. Tenemos algunos identificados, pero hoy se están expandiendo por el inmenso desierto de Atacama”, dijo a SciDev.Net.

“Cerca del 70 por ciento de la ropa contiene materia prima derivada del plástico, la cual, junto con los diversos químicos y tintes utilizados en las prendas, convierte a estos productos en residuos peligrosos cuando son incinerados”, agregó.

El problema ya está en la mira de los organismos internacionales.

En junio de este año, las Comisiones Económicas de las Naciones Unidas para Europa (CEPE) y para América Latina y el Caribe (CEPAL), publicaron un reporte que confirma cómo el exceso de importaciones de ropa usada, y elaborada con fibras sintéticas, está derivando en un problema grave de manejo de residuos textiles en Chile.

De acuerdo con el estudio, en 2022 -últimas cifras disponibles- Chile importó 124 mil toneladas de ropa de segunda mano, de las cuales alrededor de dos tercios entraron al país a través de la Zona Franca de Iquique; ahí, más de 50 empresas emplean a cientos de trabajadores, mujeres en su mayoría, para armar paquetes de ropa en función de su calidad.

De estos paquetes, 5 por ciento se reexportó a otros países, 20 por ciento se vendió en el resto del país y 75 por ciento fueron trasladados a las zonas aledañas del puerto.

“Muchas de estas prendas terminaron en vertederos en el cercano desierto de Atacama, ya que no tienen valor de mercado local o son demasiado numerosas para que los mercados locales los absorban”, dice el reporte.

La comunidad de Alto Hospicio, en la provincia de Iquique, Chile, se ha convertido en un paraíso de ropa usada de mala calidad que es abandonada y quemada, con un grave daño al ambiente y la salud. Foto: cortesía de Desierto Vestido para SciDev.Net

Además, revela que esta sobreproducción está impulsando exportaciones con un patrón específico: las prendas fluyen de países de ingresos altos a países de ingresos bajos.

“A medida que el mundo, sobre todo el Norte Global, produce y consume moda a un ritmo implacable, un puñado de países, principalmente en el Sur Global, se han convertido en cementerios de ropa”, dice Lily Cole, activista climática y asesora de la CEPE en una carta abierta incluida en el informe.

Para Matías Roa, ambientalista e integrante de Basura Cero Chile, un conjunto de organizaciones que impulsan el manejo sustentable de los residuos sólidos y que han documentado durante los últimos tres años la crisis de residuos textiles en el país, este flujo de ropa “tiene todos los síntomas y patrones de ser una práctica colonialista de residuos”.

“El Norte Global no puede eliminar toda la ropa que produce, entonces ¿qué está haciendo? Está usando las mismas prácticas que hace con otros residuos: moverlos al hemisferio sur”, afirmó a SciDev.Net.

Úsese y tírese

 Hay buenas razones para usar ropa de segunda mano. Un informe elaborado por Oxford Economics publicado hace unas semanas (9 de octubre) muestra que el sector de la ropa usada contribuye con miles de dólares al Producto Interno Bruto de los países, genera miles de empleos y reduce la huella ambiental de la producción de ropa.

“La industria de la ropa de segunda mano reduce significativamente la huella ambiental de las prendas de vestir, ya que los textiles reutilizados requieren solo el 0,01% de agua y ahorran alrededor de 3 kg de CO2 por artículo en comparación con la producción de ropa nueva”, dice el informe.

Pero este mercado en ascenso se enfrenta a una amenaza: la fast fashion, una industria de producción masiva de ropa que implica más colecciones al año, generalmente a precios bajos y elaboradas con materiales de mala calidad.

Estas nuevas prendas merman el modelo tradicional y virtuoso de la ropa de segunda mano: en vez de darle una segunda vida, como no tiene la calidad para ello, se aplica el clásico ‘úsese y tírese’.

Con ello empieza la cadena de desperdicio que terminará en los cementerios de ropa en países pobres o con nulas o pocas regulaciones para importarla, como Chile. Al ser más fácil de desechar, miles de personas tiran o donan la ropa que ya no quieren, al mismo tiempo que compran más. Es un círculo de consumo y desperdicio.

En algunos países de Europa y Estados Unidos, “hay muy buenos consumidores, entre otras cosas, de ropa, pero también están muy acostumbrados a deshacerse de ella, ya sea vendiéndola o donándola”, explicó a SciDev.Net Efrén Sandoval Hernández, antropólogo e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en México.

“Hay una enorme cantidad de ropa que se dona en Estados Unidos y se vende ahí, pero también a asociaciones de beneficencia que la venden a intermediarios, los cuales se encargan de exportar la ropa usada a todo el mundo”, dijo Sandoval.

Los intermediarios, que están tanto en el país exportador como en el importador, se dedican a revisar y dividir la ropa en función de su calidad, asegurando las mejores calidades para los mejores mercados.

Pero en ese flujo hay mucha ropa que se va quedando; no se revende, en parte, por ser de mala calidad, pero también por estar en malas condiciones, manchada, dañada, o rota. O también porque no es apta para el mercado latinoamericano.

“Pasa mucho que, en los lugares de muchísimo calor, llegan los grandes suéteres y abrigos, entonces nadie los compra porque no los necesita. O es ropa muy grande que a la gente de Guatemala, que es chiquita, no le queda. Todo eso termina siendo desperdicio”, contó a SciDev.Net Eduardo Iboy, diseñador industrial y coordinador de la organización Fashion Revolution Guatemala.

En 2022, el equipo de esta organización documentó la forma en la que llega la paca (el fardo de ropa usada) a Guatemala a través de un documental titulado “Se abrió paca”. Para hacerlo, recorrieron algunos mercados de ropa de segunda mano con el fin de explorar cuánta de esa ropa no era apta para el consumo.

“Queríamos saber de 100 prendas, ¿cuántas se tiraban a la basura o cuántas se tenían que quemar o regalar?”, dijo Iboy. Después de recorrer algunas pacas pequeñas, el equipo de Fashion Revolution Guatemala encontró que el 60 por ciento de la ropa es descartada, pero a diferencia de Chile, en Guatemala no se sabe con exactitud el destino final de esos residuos.

“La moda rápida ha aumentado el flujo de material en el sistema. Las marcas de moda producen casi el doble de ropa que antes del año 2000”, afirman en un estudio del 2020 un conjunto de investigadores liderados por Kirsi Niinimäki, especialista en investigación de la moda de la Universidad de Aalto, en Finlandia.

Y esto tiene consecuencias en el ambiente, no solo por los recursos naturales que se usan y los gases que se emiten para producirla sino también para eliminarla.

De acuerdo con Niinimäki, “la corta vida útil de las prendas de vestir, junto con el aumento del consumo, ha llevado a un aumento del 40 por ciento en los residuos textiles de vertederos en los Estados Unidos entre 1999 y 2009 y, a nivel mundial, los textiles representan hasta el 22 por ciento de los residuos mixtos en todo el mundo”.

A nivel individual, es bastante. No se tienen datos para América Latina, pero tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, una persona desecha en promedio 30 kilos de textiles al año, de las cuales sólo el 15 por ciento se recicla.

Venta de ropa usada en Guatemala, donde no existen aranceles ni restricciones para este tipo de mercadería. Crédito de la imagen: J. Stephen Conn/Flickr.

Un problema global, que afecta a América Latina

Según la base de datos estadísticos de las Naciones Unidas sobre el comercio de mercancías (UN Comtrade), en las últimas tres décadas el mercado global de ropa de segunda mano creció siete veces. Pakistán, Malasia, Kenia e India son los países en desarrollo que están importando cada vez más volúmenes de textiles usados de bajo valor desde Europa y Estados Unidos.

En América Latina, Chile y Guatemala son los dos mayores importadores debido a que son prácticamente los únicos en la región que no cobran aranceles ni tienen restricciones de cantidad para la entrada de ropa.

Esto ha traído como consecuencia que se vuelvan los “paraísos” para la ropa usada de mala calidad porque la reciben, pero no tienen forma (adecuada) de deshacerse de ella.

Para Roa, la situación es absurda: “Estamos saturando nuestros vertederos con residuos que ni siquiera generamos nosotros, o sea, ya tenemos una crisis de gestión de residuos y encima estamos poniendo residuos de otros lugares”.

Chile y Guatemala son los países de América Latina que más ropa de segunda mano importan. Fuente: Base de datos estadísticos de las Naciones Unidas sobre el comercio de mercancías (UN Comtrade).

Aunque Chile es el país que tiene el problema de residuos textiles más visible, otros países de Centroamérica han empezado a ver un crecimiento sustancial del mercado de ropa de segunda mano y, en consecuencia, un aumento en la cantidad de ropa de bajo valor de la que deben deshacerse.

Un informe elaborado por la empresa Garson & Shaw, un proveedor global de ropa usada al mayoreo, reportó que en los últimos diez años, hasta 2021, “el valor de las importaciones de ropa de segunda mano a los cuatro países [Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador] creció en US$ 274 millones, con Nicaragua experimentando un crecimiento de casi el 280 por ciento durante el periodo”.

La empresa estima -y celebra- que para 2040, el sector de la ropa usada sostendrá más de 3 millones de empleos en estos cuatro países.

Eduardo Iboy es testigo de que la ropa de segunda mano ha hecho crecer el mercado laboral y económico en la última década en Guatemala, pero esto, dice, ha sido a costa de la llegada excesiva de ropa que termina siendo basura.

“Tenemos datos aproximados: en la ciudad de Guatemala hay 100 pacas, y cada una importa alrededor de seis contenedores a la semana, eso sin contar todos los 300 municipios alrededor del país que importan pacas cada mes. Es exagerada la cantidad de ropa que llega al país; de hecho, no llega, regresa, porque la mayoría se hace aquí, pero se exporta y la utilizan en otro lado”, dijo a SciDev.Net.

Iboy identifica que la gente consume cada vez más ropa de segunda mano. “Las personas en Guatemala están tomando las pacas como si fuera fast fashion. Todos los fines de semana están yendo a comprar ropa que al final de cuentas utilizan una o dos veces, y de ahí, a la basura. Es el mismo modelo que las fast fashion, solo que ahora es más económico para el bolsillo de los guatemaltecos”, comentó.

La quema como vía para eliminar ropa

En Chile está prohibido desechar textiles o ropa de segunda mano en el ambiente, de ahí que la solución más fácil para eliminarlos sea dejarlos en los lugares más alejados de las ciudades, como el desierto, y después quemarlos.

No hay datos sobre los efectos ambientales o a la salud que este problema genera; no hay especialistas tomando muestras ni reportando cómo estos incendios están dañando el suelo o el aire, pero todos quienes han estado ahí saben que la quema de textiles no es inocua.

“No sólo es la contaminación por dejar la ropa ahí, esta ropa llega con aditivos para el control de plagas que se mezclan con el aire y la neblina que es usual ahí [en Atacama]. Estas sustancias se percolan y empiezan a drenar hacia el suelo”, señala el ingeniero Franklin Zepeda, hoy fundador de una empresa de reciclaje textil.

Zepeda es uno de los primeros visitantes que vio las montañas de ropa descartada que cubrían parte del desierto de Atacama en 2012.

“Iba en mi motocicleta, en una zona conocida como El Paso de la Mula. Ahí me encontré con un nuevo planeta: el planeta de la ropa. Se estima que había 200 mil toneladas de ropa en ese momento”, dice Zepeda a SciDev.Net.

En junio de 2022, después de que la noticia del inmenso vertedero llegara a los medios internacionales, hubo un incendio que dejó sepultados bajo tierra miles de trozos de tela chamuscados y una nube de humo tóxico que estuvo en el aire durante una semana.

Pero el desierto nunca dejó de ser un basurero, solo se transformó en decenas de vertederos ilegales en nuevas zonas del desierto chileno cercanas a la comunidad de Alto Hospicio, una comuna de la provincia de Iquique, caracterizada por la pobreza, la falta de servicios y la marginación.

“Hemos observado que llegan camiones con ropa todos los días a distintas partes de Alto Hospicio. Es bastante complicado hacer el seguimiento y determinar cuántas prendas y de qué tipo llegan, porque son toneladas de textiles”, dice Barria.

La ropa usada se amontona incluso en las calles. Foto: cortesía de Franklin Zepeda para SciDev.Net

Lo que sí se sabe es que los incendios de ropa suceden todo el tiempo, especialmente durante la tarde-noche. “Las incineraciones y el humo se pueden ver desde la comuna de Alto Hospicio, y algunas veces desde la ciudad de Iquique”, continúa.

Barria dice que hay personas en situación de calle que viven cerca de los vertederos y son quienes rescatan algunas prendas y luego le prenden fuego a lo que no les sirve, pero también lo hacen quienes llevan la ropa en camiones desde el puerto de Iquique.

“La ropa se está incinerando en el desierto de la manera más rústica, que es a cielo abierto. Las montañas de ropa ahora son esporádicas porque técnicamente se forman, pero se incineran de manera inmediata”, afirma Roa.

Lo que más dificulta la eliminación de la ropa, especialmente la que se produce en el modelo fast fashion, tiene que ver con los materiales con las que están elaboradas: fibras sintéticas como poliéster, nylon, acrílico y elastano que son elaboradas a partir de combustibles fósiles y tardan décadas en degradarse.

Mucha de la ropa que se desecha está elaborada con materiales difíciles de eliminar, como el poliéster. Crédito: Cortesía de Franklin Zepeda para SciDev.Net

El inexplorado daño ambiental

El informe de la CEPE y CEPAL de este año apunta a que, al incinerarlas, estas fibras pueden emitir gases nocivos. “Las emisiones de la incineración de textiles incluyen metales pesados, gases ácidos, partículas y dioxinas, que son perjudiciales para la salud humana y contribuyen a diversos tipos de cáncer, defectos congénitos, enfermedades pulmonares y respiratorias, accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiovasculares, entre otras”.

“También dañan el medio ambiente al liberar microfibras (microplásticos), lixiviar productos químicos tóxicos en el suelo y las aguas subterráneas, además de liberar metano a la atmósfera”, continúa.

Así lo ha visto Bastian Barria. “El viento y la erosión desgastan estos residuos, se liberan micropartículas de plástico que se dispersan en el aire y el desierto, afectando incluso a la fauna nativa”, afirma.

“En Alto Hospicio, por ejemplo, se han observado especies de búhos habitando en microbasurales textiles, lo que evidencia el grave impacto de esta contaminación en los ecosistemas locales”.

Parte del problema es que buena parte de las prendas que se fabrican actualmente están hechas casi totalmente de plástico. El más común es el poliéster, un polímero de politereftalato de etileno, conocido regularmente como PET.

De acuerdo con un estudio de investigadores australianos, en su forma más simple este PET “es grueso, rígido y de tono ligeramente transparente”, así que para volverlo flexible, suave, y ligero para que sirva para hacer ropa, “se agregan otros aditivos plásticos o monómeros en varias etapas del proceso de producción”, lo que lo vuelve aún más difícil de eliminar.

Fotografía en microscopio electrónico del poliéster. Crédito de la imagen: Pschemp/Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0 Deed.

Uno de los problemas adicionales del poliéster en la ropa es que ni los consumidores ni las autoridades aduaneras lo ven como plástico, por lo tanto, la ropa elaborada con este material que se desecha escapa de las normas que regulan el movimiento transfronterizo de desechos, como la Convención de Basilea.

“Estamos pagando cantidades ridículas de dinero por comprar una prenda que es básicamente poliéster, es plástico”, dice Matías Roa. “Si hiciéramos una lectura estricta de lo que dice la Convención de Basilea, el poliéster no debería ser comercializado porque el poliéster es plástico y el plástico es un residuo”.

De hecho, en 2019, los 170 países que forman parte del Convenio de Basilea aceptaron por consenso llamarle Desechos Plásticos a una nueva lista de residuos (conocida como Y48), muchos de ellos plásticos mezclados con otros materiales que son difíciles de reciclar, con el objetivo de impedir que se vertieran total o parcialmente en los países como resultado de movimientos transfronterizos.

“La mayoría de los residuos textiles mixtos que contienen textiles sintéticos deben considerarse como Y48” y “el no hacerlo sería ir en contra de las razones científicas y técnicas (…) sobre otros plásticos”, escribió Jim Puckett, director ejecutivo de Basel Action Network (BAN), una organización enfocada en la justicia ambiental, en una recomendación al gobierno chileno que publicó en junio de este año.

La regla está clara, el desafío está en que los países la cumplan. Por eso, escribió Puckett, “Chile debería exigir como mínimo que todas las importaciones de desechos textiles que contengan textiles plásticos estén sujetas al procedimiento PIC para las importaciones”. Esto significa que la ropa sea considerada como sustancia química peligrosa y que sólo pueda ser exportada con el consentimiento expreso del país receptor.

Toda solución pasa por el consumo

A pesar de que la vida de la fast fashion no parece agotarse, los efectos que los desperdicios textiles están produciendo en algunos países son señales de que debe haber un límite. Algunos creen que debe ser un límite a las importaciones, otros, a la producción.

Pero todos coinciden en que, mientras no haya una disminución en el consumo de la fast fashion, los flujos de ropa de segunda mano seguirán aumentando, con consecuencias dañinas para el ambiente y la salud de quienes viven en los países en desarrollo que lo permiten.

“La solución no es prohibir el ingreso de esta ropa, porque hay una derrama económica y hay muchas familias que viven de vender ropa usada, pero sí regularla, que no ingrese tanta basura”, dice Franklin Zepeda.

Sandoval, desde su formación de antropólogo, coincide en que la ropa de segunda mano no es el problema. Este sector “es muy importante en términos sociales y económicos, especialmente para la economía informal de los países (…) El problema es la fast fashion y la lógica de consumo y desperdicio, gente que dice: si compro ropa por barata, pero la uso una vez y la desecho, no pasa nada porque me costó muy barata”.

Para Roa, “el gran paso es regular el tema del plástico, y las fibras para evitar que tengamos tanta ropa de poliéster; necesitamos que se haga ropa de algodón, de cáñamo, de fibras que se puedan reciclar y que no dañen el ambiente”.

“La solución pasa por aprender a comprar y cuidar la ropa que tenemos”, dice Iboy. Pero también por políticas de Estado que permitan “tener la infraestructura para el correcto tratamiento y eliminación de residuos textiles en nuestros países”.

“Un aspecto clave que no podemos ignorar es la reparación hacia las comunidades afectadas durante décadas por los impactos socioambientales derivados de la quema de textiles en Alto Hospicio”, advierte Barria.

“Hay que mitigar los daños acumulados y mejorar la calidad de vida de quienes han sufrido las consecuencias de estas prácticas contaminantes. La educación ambiental, con un enfoque en la justicia ambiental, es clave para avanzar hacia una sociedad más sostenible y equitativa”, concluye.

Todos coinciden en que no hay solución si no se empieza por lo obvio: hay que dejar de comprar ropa (nueva o usada) que no necesitamos.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net

Aleida Rueda periodista mexicana, colaboradora independiente de SciDev.Net

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La “ecovisión”, protagonista en la gran final del desfile “Ruta del Diseño Misionero”

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El clásico del Cataratas Day finalizó su recorrido este domingo en Puerto Iguazú. Además, recibió la declaración de interés provincial por parte de la Cámara de Representantes.

En el marco de las celebraciones por el “Cataratas Day 2024”, se llevó adelante la gran final del desfile “Ruta del Diseño Misionero”, en el Falls Iguazú Hotel, el cual tuvo como eje temático principal la “ecovisión”.

La obereña Gisela Krazuski, con su marca, UEL, fue galardonada como la Embajadora del Diseño Misionero por su colección “Overdenim”, que reutiliza materiales y promueve una moda sin género, con un fuerte compromiso social y ambiental.

A su vez, Gustavo Lenz, de “Cosa Diseño Creativo”, recibió la mención “Accesorio de Autor Misionero” por su habilidad en la creación de accesorios con un sello de identidad local.

Elizabeth Gross, especializada en tejidos, fue reconocida con la mención “Tejido de Autor Misionero” gracias a su minuciosa labor en piezas que reflejan tradición y modernidad. Mientras que Fiorela Held fue seleccionada como Modelo del Año, destacando su elegancia en la pasarela.

La Ruta del Diseño Misionero busca potenciar a los talentos de la industria de la moda y afines, dando oportunidades a los diseñadores emergentes, creando banco de datos de profesionales misioneros de la moda y afines, y fusionando pasarela de moda con destinos turísticos y culturales de la provincia, mediante una agenda anual de eventos, que tiene su broche de oro en el Cataratas Day.

De este proceso también es parte la -primera y única- incubadora de diseño, dirigida por el diseñador Alejandro Uset, la cual viene trabajando con los participantes desde julio hasta octubre en la temática de este año sobre el diseño con compromiso sustentable.

“Hay todo un recorrido previo que se realiza en el año para alcanzar esta instancia, participaciones de diferentes talentos que atraviesan etapas con determinados tópicos y criterios a evaluar por jurados reconocidos en la materia. Esta noche final es el cierre de una experiencia que nos enriquece año a año”, remarcó la directora del programa, Karyna González.

Sobre la pasarela, cada diseñador presentó una cápsula que refleja su estilo único y la riqueza cultural de Misiones. María Eugenia Chacón con “Monarca” mostró una colección metamórfica que simboliza la transformación, inspirada en el ciclo de la mariposa. Eugenia Lutz, con su línea “Novias Únicas”, deleitó al público con creaciones de alta moda que resaltan la feminidad y elegancia.

María Krijanoski, de Herencia Bonita, presentó “Emoriô”, una colección etérea que evoca la selva paranaense con estampados vegetales y géneros livianos. Pamela Galian, de Galian, deslumbró con prendas vibrantes y modernas, diseñadas para la mujer actual.

Luciana Segura, de Louz, se destacó en marroquinería y moda funcional, con diseños que abarcan desde bolsos hasta pijamas, caracterizados por estampados distintivos.

Under Tango, un emprendimiento emergente, tiñó de tango la pasarela con una colección que celebra este tesoro cultural argentino. Mientras que Agustín Ferreira, de Calumnia Studio, presentó “Noche de la Selva Misionera”, una colección que explora la magia de la noche misionera con tintes naturales y moldería experimental.

Finalmente, Cristina Strieder, de Jardinarte, maravilló al público con “Mágica Selva Misionera”, una línea de accesorios en vitrofusión creados con vidrio reciclado, inspirados en la biodiversidad de la selva.

La Ruta del Diseño Misionero pone en escena talentos locales, creatividad, compromiso con la naturaleza y la sinergia entre destinos y moda, creando producciones con enfoque sostenible.

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Eco printing y slow fashion: Georgia Madelaire impulsa el cambio hacia una moda amigable con el ambiente y la piel

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Ante la urgente necesidad de cambiar la forma en que las sociedades producen y consumen sus bienes, la moda sostenible, que busca ser responsable y respetuosa con la Tierra se presenta como un modelo superador, positivo y posible. Su propuesta se contrapone al fenómeno llamado fast fashion y a la lógica de consumo basada en el “compro-uso-descarto” que éste implica.

En este nuevo modelo de “Moda sostenible”, Georgia Madelaire tiene su propuesta misionera de diseño consciente. Durante muchos años llevó adelante un taller de técnicas decorativas, pero en este momento se encuentra avocada al diseño de indumentaria exclusivamente. Su objetivo es concientizar a través de las redes. Y su ropa es una opción que brinda para que la gente vea que desde la moda se puede colaborar con el cambio.

En un mundo cada vez más alerta a las prácticas de consumo responsable, la diseñadora Georgia Madelaire ha marcado un rumbo hacia una moda sostenible desde Misiones. Con su marca, “Georgia Madelaire, Moda sostenible”, busca educar y proveer alternativas DE slowfashion que desafían el rápido consumo del fast fashion al priorizar materiales naturales, procesos lentos y una producción ética.

Madelaire utiliza telas naturales y tintes ecológicos. Sus prendas son atemporales y hechas a mano. Buscan crear un estilo de vida consciente y responsable con el medio ambiente.

“El fast fashion ha impuesto un ritmo de consumo feroz, con marcas que lanzan colecciones cada quince días. Pero esa velocidad tiene un precio altísimo: trabajo esclavo y daño ambiental”, explicó Madelaire en una entrevista reciente. La diseñadora apuesta por técnicas como el eco printing, un proceso que utiliza hojas y flores para plasmar patrones en telas naturales, y donde cada prenda se convierte en una pieza única, libre de químicos y de impactos negativos para el ambiente.

Georgia trabaja principalmente con algodón y fibra de bambú, una alternativa con beneficios tanto para la salud de la piel como para el entorno. “La mayoría de las prendas en fast fashion están hechas de poliéster, un material que no deja respirar a la piel y que además tiene una enorme carga contaminante. Las fibras naturales, en cambio, son biodegradables, antibacterianas y hasta protegen de los rayos UV”, comentó.

A sus 65 años, Madelaire combina su pasión por el arte y la moda en su taller en Misiones, donde enseñaba técnicas decorativas y ahora se aboca a la impresión botánica y el oxidado solar. Este último es un método donde se coloca metal sobre la tela y se expone al sol, permitiendo que el proceso natural deje impresos patrones únicos. “Es un trabajo artesanal y lento, lo contrario de la moda rápida. Ninguna prenda es igual a otra, cada una refleja algo único de la naturaleza y de quien la lleva”.

Además de brindar beneficios para la piel y el ambiente, Madelaire subraya la importancia de cuidar a quienes producen las prendas. “Para que una remera sea barata, alguien pagó el costo, y muchas veces son personas en condiciones de trabajo indignas, como vemos en talleres clandestinos. En cambio, en la moda sostenible, cada paso del proceso se enfoca en la ética laboral y en una cadena de valor justa”.

Inspirada en documentales como El verdadero costo, que expone el impacto humano y ambiental de la industria textil, Georgia se compromete a brindar una alternativa. Con sus prendas atemporales y hechas a mano, invita a los consumidores a sumarse a una moda que cuida el medio ambiente y a quienes lo habitan.

Con su participación en eventos como la Galería de Autor misionero: “Misiones moda, arte y diseño con conciencia” y el MiDi Fashion Week en Posadas, Madelaire reafirma su misión de compartir una visión de moda ética y consciente, donde cada prenda es una oportunidad para proteger el planeta y valorar el trabajo humano.

Una alerta global

El llamadofast fashion, es ese modelo de producción que prioriza la inmediatez del consumo por sobre el bienestar del planeta y de las personas y que ha contribuido a que la naturaleza no llegue, por ejemplo, a regenerar los recursos demandados por la humanidad en el período de un año, lo que se conoce como sobregiro ecológico de la Tierra.

De acuerdo con cifras de la Alianza de las Naciones Unidas para la Moda Sostenible y la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) recogidas en una publicación en 2021, el impacto negativo de la industria textil representa:

• 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI);

• 215.000 millones de litros de agua al año;

• 500.000 toneladas de microfibra desechadas en el mar

• 20% de las aguas residuales del mundo.

La Alianza de las Naciones Unidas para la Moda Sostenible también señala que el modelo laboral de dicha industria resulta insostenible: “Dado su tamaño y alcance global, las prácticas no sostenibles dentro del sector de la moda tienen impactos importantes en los indicadores de desarrollo social y ambiental. Sin cambios importantes en los procesos de producción y patrones de consumo en la moda , los costos sociales y ambientales del sector seguirán aumentando”, advierte en su sitio web.

La contracara a la fast fashion es la moda sostenible. Así lo define la periodista e investigadora especializada en consumo, sostenibilidad y cultura, Brenda Chávez. En su libro Tu consumo puede cambiar el mundo: El poder de tus elecciones responsables, conscientes y críticas (Planeta, 2015), la autora define a la moda sostenible como sentido común, como un signo de humanidad e, incluso, como una forma de pensar el futuro.

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Moda, Arte y Diseño con conciencia, en la Galería de Autor Misionero

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En el ingreso al edificio del Ministerio de Turismo de Misiones, ubicado sobre la Calle Colón 1985 de Posadas, la Galería de Autor Misionero presenta una nueva muestra que destaca el talento local, la identidad cultural y el compromiso con la sostenibilidad.

Este espacio, dedicado a la difusión del arte y el emprendedurismo misionero, se presenta como un punto de encuentro donde turistas y residentes pueden descubrir y apreciar la esencia de Misiones a través del trabajo de sus artistas.

Este jueves se inauguró oficialmente la segunda muestra de la galería, titulada “Misiones: Moda, Arte y Diseño con Conciencia”, que reúne la producción de tres destacados exponentes: Georgina Madelaire, diseñadora de moda y creativa; Mene Montero, reconocida pintora de paisajes misioneros; y Adriana Xica Da Silva, diseñadora gráfica y artista visual. Cada una aporta su perspectiva para celebrar el arte con identidad misionera, bajo una mirada comprometida con el respeto y la preservación de la naturaleza.

Desde 2023, Madelaire crea piezas de vestuario que van más allá de la estética, integrando materiales sostenibles como el algodón y el bambú, una planta con propiedades antibacterianas y térmicas que además tiene un bajo impacto ambiental. Utiliza tintes naturales y técnicas de impresión botánica que capturan la belleza de la flora local en cada prenda. Con bordados hechos a mano, cada pieza se convierte en una obra de arte única, reflejo de las tradiciones artesanales misioneras.

La obra de Montero, impregnada de amor por la naturaleza, captura los paisajes de la tierra colorada. Con técnica y sensibilidad, plasma en sus lienzos los matices de color que caracterizan la región, haciendo de cada pintura una ventana hacia el mundo natural de la provincia. A través de su arte, invita a los espectadores a conectar con la riqueza natural y cultural de Misiones.

Por su parte, la fundadora de la marca Xica Arte y Diseño, ofrece una experiencia sensorial y emocional en objetos cotidianos. Con su arte, busca alegrar espacios y momentos especiales, llenándolos de color y expresividad. Cada creación es una invitación a sumergirse en la magia del arte, donde cada detalle cuenta una historia digna de ser explorada.

La Galería de Autor Misionero busca fortalecer el vínculo entre el turismo y la identidad de Misiones, a través de una propuesta artística que resalta el talento de los creadores misioneros y su respeto por el entorno.

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Le Utthe y su estrategia de vender ropa muy barata

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Le Utthe nació en 2016 con una clara visión: convertirse en la H&M de Argentina. Sus fundadores vieron la oportunidad de crear una marca de ropa accesible.

En los últimos años, Le Utthe surgió como una de las marcas de ropa más populares en Argentina, conocida por ofrecer prendas de moda a precios bajos. Este fenómeno llamó la atención de consumidores y del sector textil que se preguntan cómo es posible que una marca logre vender a costos tan reducidos sin comprometer la calidad de sus productos.

Le Utthe nació en 2016 con una clara visión: convertirse en la H&M de Argentina. Sus fundadores vieron la oportunidad de crear una marca de ropa accesible y de moda, inspirada en el modelo de negocios de grandes cadenas internacionales como Zara o H&M. Sin embargo, en lugar de importar productos, Le Utthe apostó por la producción local como una ventaja competitiva.

La marca comenzó a ganar popularidad gracias a su capacidad de ofrecer prendas atractivas a precios bajos, atrayendo a un público joven que buscaba moda sin gastar de más. Desde su fundación, Le Utthe ha crecido de manera sostenida y, en 2023, decidió dar un paso más con una inversión de 10 millones de dólares en la construcción de una nueva fábrica en la provincia de Buenos Aires. Este ambicioso proyecto tuvo como objetivo incrementar su capacidad de producción y abastecer mejor la creciente demanda.

Uno de los principales secretos detrás de los precios competitivos de Le Utthe es su modelo de producción vertical. A diferencia de muchas otras marcas que dependen de terceros para fabricar sus prendas, Le Utthe controla gran parte de su cadena de suministro, lo que le permite reducir costos de intermediación.

La inversión en su nueva planta de fabricación, que cuenta con tecnología avanzada y un diseño optimizado para maximizar la eficiencia, ha sido fundamental para abaratar los costos de producción. Al producir a gran escala y en tiempos reducidos, la marca logra ahorrar en mano de obra y costos operativos, lo que se traduce en precios más bajos para los consumidores.

Además, Le Utthe apuesta por la moda rápida. Esta estrategia se basa en la producción de prendas de tendencia con un ciclo de vida corto. Es decir, en lugar de invertir grandes sumas en colecciones permanentes, la marca lanza nuevas líneas de ropa constantemente, manteniendo a los consumidores interesados en las últimas modas y agotando el stock rápidamente. Esto evita costos adicionales de almacenamiento y permite vender a precios más accesibles.Producción local: una ventaja competitiva

Mientras que muchas marcas de ropa en Argentina han optado por importar productos, lo que a menudo genera un incremento en los precios debido a los aranceles y costos logísticos, Le Utthe ha apostado por mantener su producción en el país. Esta decisión no solo le ha permitido mantener precios bajos, sino que también ha sido una estrategia clave para esquivar las fluctuaciones económicas y las limitaciones de importación que afectan al sector textil argentino.

Al producir localmente, la empresa también está en mejores condiciones para responder rápidamente a cambios en la demanda y adaptar sus colecciones a las preferencias del mercado argentino. Además, esta producción nacional ha tenido un impacto positivo en la economía local, generando empleos y fomentando el desarrollo de la industria textil en el país.Dónde comprar Le Utthe: tiendas físicas y online

Le Utthe cuenta con varias tiendas físicas en las principales ciudades de Argentina, como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza Rosario. Sus locales están diseñados para ofrecer una experiencia de compra moderna y accesible, con una disposición clara de las prendas y un ambiente que recuerda a las grandes cadenas internacionales de moda.

Sin embargo, uno de los mayores atractivos de la marca es su tienda online. En su sitio web, los consumidores pueden navegar fácilmente por las diferentes categorías de productos, desde ropa casual hasta prendas más formales, y realizar compras desde la comodidad de su hogar. La tienda online de Le Utthe ofrece promociones y descuentos exclusivos, lo que la convierte en una opción aún más atractiva para los compradores que buscan ahorrar dinero.

Además, la empresa ha implementado un sistema de envíos rápidos y eficientes, lo que asegura que los pedidos lleguen en poco tiempo, incluso en zonas más alejadas del país. Para aquellos que prefieren ver y probar las prendas antes de comprarlas, las tiendas físicas también ofrecen una excelente opción, con atención personalizada y la posibilidad de acceder a las últimas novedades de la marca.¿Qué esperar del futuro de Le Utthe?

Con su nueva fábrica en funcionamiento y un plan de expansión ambicioso, Le Utthe parece estar bien posicionada para consolidarse como la marca de moda accesible número uno en Argentina. La combinación de una producción local eficiente, una estrategia de moda rápida y precios bajos le ha permitido ganar terreno en un mercado altamente competitivo.

Además, la empresa tiene en mente seguir expandiendo su red de tiendas físicas y mejorar su presencia en el comercio electrónico. En un contexto donde cada vez más personas optan por comprar online, Le Utthe está invirtiendo en su plataforma digital para hacerla más amigable y atractiva para sus clientes.

Le Utthe ha logrado posicionarse como una de las marcas de ropa más atractivas en Argentina gracias a su capacidad para ofrecer productos de moda a precios muy accesibles. Su estrategia de producción local, combinada con su enfoque en la moda rápida y la optimización de costos, ha sido clave para su éxito. Con nuevas inversiones y un plan de expansión en marcha, todo indica que la marca seguirá creciendo en los próximos años, ofreciendo moda asequible para todos los argentinos.

Para aquellos que quieran aprovechar sus precios bajos y las últimas tendencias en moda, pueden visitar sus tiendas físicas o comprar directamente desde su sitio web, donde encontrarán una amplia gama de productos a precios imbatibles.

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