JUDICIALES

Agostina Páez, la abogada acusada en Brasil por injuria racial, no va presa y vuelve al país

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Agostina Páez enfrentó este martes la audiencia clave en el marco de la causa que la mantiene retenida en Río de Janeiro, Brasil, desde enero pasado, acusada de injuria racial, que tiene una pena de hasta 5 años de prisión, y todas fueron buenas noticias: si bien falta la firma del juez, no va presa y vuelve al país.

Así lo confirmó la abogada de Agostina, Carla Junqueira, al salir de la audiencia este martes. Dijo que la Fiscalía y la querella no se opusieron a que su defendida regrese al país: “El juez tiene que definir en el escrito la caución pecuniaria (fianza); es una cuestión de días”.

Ahora, Agostina deberá pagar una multa y hacer servicios comunitarios. Sus defensores calculan que en tres días podrá estar de regreso en su casa, pero depende de la resolución del juez sobre qué tiene que pagarles a las víctimas y cuánto dinero.

El caso contra Agostina se originó el 14 de enero, cuando fue grabada realizando gestos considerados racistas hacia empleados de un bar en el barrio de Ipanema, lo que derivó en tres denuncias penales por discriminación. El video, que se viralizó rápidamente, desencadenó una investigación de la Justicia de Brasil y la imposición de medidas cautelares: tobillera electrónica y prohibición de abandonar el país.

La abogada Junqueira contó que, en la audiencia, en lugar de las tres denuncias que le endilgaban a la santiagueña y que llevaban la pena en expectativa a 15 años de cárcel de máxima, “la Fiscalía la redujo a una con una pena mínima de dos años, reemplazable por servicios comunitarios en Argentina y pago de reparación a las víctimas”. Es que, finalmente, la acusación tomó todo como un delito continuado con tres víctimas.

Si Dios quiere, en días puedo volver a la Argentina. Al juez le dije la verdad, todo lo que ha pasado; les he pedido perdón a las supuestas víctimas”, comentó Agostina ante la prensa que estaba en la puerta del juzgado. Y agregó: “Fue la peor experiencia de mi vida”.

Luego, la abogada acusada reveló: ”Las víctimas no dijeron nada, han aceptado las disculpas y se han ido”. Y sobre el gesto que le hicieron a ella comentó que “no ha habido un pedido de disculpas”.

Junqueira añadió a ello como positivo que “la fiscal mencionó claramente que había pedido disculpas y había entendido lo que significa el racismo en Brasil”.

“Me siento aliviada, pero hasta que no esté en Argentina no voy a estar en paz. Voy a seguir encerrada porque he seguido siendo amenazada. Que esta resolución no quita que no me puedan hacer algo”, explicó Agostina luego. Serán las horas más largas las de la espera de la resolución del juez y ahí se verá qué tiene que pagarles a las víctimas.

Por qué el gobierno argentino no pudo interceder

En el caso de Agostina Páez, y en el de cualquier otro detenido en el exterior por causas penales, el gobierno de Argentina no puede intervenir para traerlos de vuelta por un principio básico del derecho internacional: la soberanía judicial del país donde ocurrió el hecho.

En el caso de Agostina, como el hecho investigado ocurrió en Río de Janeiro, la justicia brasileña tiene competencia exclusiva. Eso significa que la investigación, la detención o retención, el proceso judicial y cualquier restricción para salir del país solo pueden decidirlos jueces o fiscales brasileños.

Ningún gobierno extranjero puede ordenar que la persona vuelva a su país.

¿Qué sí puede hacer el gobierno argentino? A través del consulado en Río o la embajada en Brasilia puede verificar que la detenida tenga defensa legal, asegurarse de que no se vulneren sus derechos, permitir contacto con la familia, visitar a la persona si está detenida o facilitar un abogado o traductor.

Esta asistencia consular, como se la llama, se le brindó a Páez desde el mismo día en el que fue informada del proceso, según ella misma destacó varias veces. Y este martes sí hubo gente del consulado en la audiencia.

Sin embargo, no pueden sacarla del país ni interferir en la causa. Eso solo se puede lograr a través de un consenso entre las partes durante una audiencia judicial, como ocurrió este martes.

En ese contexto, el canciller Pablo Quirno tuiteó la noticia sobre el regreso de Agostina esta noche con la frase: “Hechos, no palabras”.

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Brasil: comienza el juicio contra la abogada argentina acusada de realizar gestos racistas

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 El juicio contra Agostina Páez, la abogada argentina acusada de realizar gestos racistas dentro de un boliche en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, comenzará este martes.

Lla parte acusatoria, la fiscalía y la querella expondrán sus conclusiones en la primera audiencia en el Tribunal Penal N°37, a cargo del juez Guilherme Schilling Pollo Duarte.

Páez se encuentra detenida con prisión domiciliaria por tres hechos de injuria racial, un delito que forma parte del marco legal antirracista del país brasieño, mientras que la querella pidió 15 años de condena.

El conflicto que derivó en su detención se originó, según la versión de la imputada, por una discusión sobre una cuenta mal cobrada mientras vacacionaba con amigas.

La joven de 29 años, representada por la letrada Carla Junqueira, consignó que se retiró del lugar a los gritos tras un cruce con los mozos, pero su gesto discriminatorio quedó registrado en un video que se volvió viral y sirvió como prueba fundamental para la justicia brasileña.

En un video que publicó la oriunda de Santiago del Estero en sus redes sociales, consideró el hecho como “una reacción muy grave” y añadió: “Por eso quiero pedir disculpas públicamente, algo que quería hacer anteriormente y, por recomendación de mi defensa anterior, no lo hice”.

Por otro lado, en declaraciones televisivas, la abogada sostuvo: “Si me condenan, yo me mato o me matan ahí adentro, no sé. Imagínate ir a una cárcel en un país que me odia y en cárceles como las que hay aquí en Río”. Y repitió: “Yo me mato”.

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Suspenden el juicio por complicidad empresarial en La Fronterita de Tucumán

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A menos de 24 horas de su inicio, el Tribunal Oral Federal de Tucumán suspendió el arranque del primer juicio por complicidad empresarial por delitos de lesa humanidad cometidos contra 68 víctimas en la provincia. La causa investiga los crímenes cometidos en el Ingenio La Fronterita, ubicado en Famaillá, en donde la empresa azucarera habría cedido sus instalaciones al Ejército para instalar un centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico militar. “Nos piden que esperemos, que tengamos paciencia pero la paciencia alguna vez se acabará”, reflexionó Hortensia Ortiz, hija de una de las víctimas.

La suspensión, dispuesta el pasado 5 de marzo, respondió a un pedido de nueva evaluación pericial sobre el estado de salud de Jorge Alberto Figueroa Minetti, exadministrador del ingenio y uno de los dos imputados que llegaban al debate oral. El tribunal ordenó que intervenga el Cuerpo Médico Forense, dejando el inicio del juicio sin fecha cierta.

El caso lleva más de una década en trámite judicial. Inicialmente fueron seis los empresarios imputados, pero la demora ha cobrado un precio demoledor: tres de ellos fallecieron y uno fue apartado por razones de salud antes de llegar al juicio. Solo Figueroa Minetti y Eduardo Butori permanecían en pie para ser juzgados por los delitos cometidos contra 68 víctimas -trabajadores y dirigentes gremiales- entre 1975 y 1978 .

Desde la organización Abogados y Abogadas del NOA en Derechos Humanos y Estudios Sociales (ANDHES), que actúa como querellante representando a familiares de víctimas, advirtieron que esta decisión “coloca la causa al borde de lo que se conoce como la impunidad biológica, consecuencia de las fallas estructurales del Poder Judicial argentino en el proceso de memoria, verdad y justicia”.

El caso Ledesma: un precedente que pesa

La suspensión del juicio de La Fronterita revive los temores suscitados por el caso más emblemático de complicidad empresarial en la región: el Ingenio Ledesma de Jujuy. Allí, Carlos Pedro Blaquier, dueño de la empresa y uno de los empresarios más poderosos del país, murió el 13 de marzo de 2023 a los 95 años sin haber sido juzgado, víctima de la misma “impunidad biológica” que ahora amenaza a los imputados tucumanos.

Las similitudes entre ambos casos son inquietantes. En Ledesma, Blaquier y su administrador Alberto “Boni” Lemos fueron procesados en 2012 por la privación ilegal de la libertad de 20 personas durante la “Noche del Apagón” de julio de 1976, cuando la empresa cortó el suministro eléctrico para facilitar los secuestros, aportó camionetas para trasladar a las víctimas y cedió instalaciones como centros clandestinos de detención.

Las causas estaban en condiciones de ser elevadas a juicio en 2013, cuando Blaquier tenía 84 años y estaba en plenas facultades. Sin embargo, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal -integrada por Juan Carlos Gemignani, Gustavo Hornos y Eduardo Riggi- dictó en 2015 la falta de mérito para ambos acusados, lo que constituyó “una maniobra judicial que favoreció la impunidad”. Recién en julio de 2021, tras seis años de demora, la Corte Suprema de Justicia de la Nación anuló lo resuelto por Casación, calificando la decisión de “arbitraria” y señalando que “obstaculizó indebidamente el avance del proceso”. Pero para entonces era demasiado tarde: el Cuerpo Médico Forense determinó que Blaquier, a sus 94 años, presentaba un deterioro cognitivo que no le permitía afrontar un debate oral. Murió impune, sin sentarse nunca en el banquillo de los acusados.

La misma estrategia, el mismo riesgo

Los imputados de La Fronterita han recurrido a una estrategia similar. El abogado querellante Pablo Gargiulo había advertido hace unos meses que “han recurrido a todas las vías legales posibles para impedir el juicio”. Ahora, con la suspensión a horas del inicio del debate, se abre la posibilidad de que Figueroa Minetti sea apartado definitivamente por “incapacidad mental sobreviniente”, reproduciendo el guion que benefició a Blaquier.

La comparación es explícita para los organismos de derechos humanos. En ambos casos se trata de empresarios azucareros procesados por complicidad con el terrorismo de Estado; en ambos casos las causas estuvieron paralizadas años en los tribunales superiores; y en ambos casos la vejez de los imputados se convierte en argumento para postergar indefinidamente la justicia. Como señaló la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación en el caso Ledesma: “Las causas que involucran la responsabilidad de actores civiles y económicos durante la última dictadura cívico militar son las que mayor resistencia generan en el Poder Judicial”.

Tucumán 1975-1976: El laboratorio del terror

Para comprender la magnitud de lo que se juzga en La Fronterita, es necesario retroceder a febrero de 1975. Un año antes del golpe de Estado, la presidenta constitucional Isabel Perón firmó el decreto secreto 261/75 que ordenaba “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos” en Tucumán. Así nació el Operativo Independencia, el plan represivo que convertiría a la provincia en el laboratorio del terrorismo de Estado que luego se extendería por todo el país.

El 9 de febrero de 1975, 1.500 soldados desembarcaron en el sudoeste tucumano bajo el mando del general Acdel Vilas. La población civil quedó atrapada dentro de un territorio militarizado donde se establecieron controles estrictos en pueblos y rutas. Pero el Operativo Independencia fue mucho más que una operación antiguerrillera contra el ERP: constituyó la fase inicial del genocidio perpetrado en Argentina, con un objetivo que trascendió a la guerrilla para apuntar contra toda una cultura de lucha de las clases populares.

“La Escuelita” de Famaillá, una construcción escolar inconclusa, se convirtió en el primer centro clandestino de detención del país. Por allí pasaron alrededor de 3.000 personas entre 1975 y 1976, muchas de ellas posteriormente asesinadas. A seis kilómetros de allí, el Ingenio La Fronterita funcionaría como una pieza más de este engranaje de terror.

La FOTIA: Sindicato en la mira del genocidio

El blanco principal de la represión no fue casual. La Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA) representaba en la década de 1960 al cuarto sindicato más grande del país, con 100.000 trabajadores afiliados. Su historia estaba marcada por la combatividad: en 1959 había realizado una huelga de 45 días con 80.000 participantes que logró un aumento salarial del 70%, consolidando a la organización como columna vertebral del sindicalismo del norte argentino.

En septiembre de 1974, la FOTIA protagonizó una de las huelgas obreras más importantes de su historia. Durante más de dos semanas, medio millar de delegados seccionales participaron de congresos que paralizaron la economía provincial, logrando romper el congelamiento salarial impuesto por el “Pacto Social” del gobierno peronista. El primer comandante del Operativo Independencia, Vilas, lo explicó sin ambigüedades años después: el epicentro de su accionar se llevó a cabo en el “ámbito gremial y dentro del mismo el objetivo principal era la FOTIA” .

La estrategia fue demoledora. Casi el 80% del consejo directivo de la FOTIA fue víctima del terrorismo de Estado. La cúpula sindical fue secuestrada, torturada y asesinada en una operación quirúrgica que comenzó antes del golpe y se intensificó el 24 de marzo de 1976.

Atilio Santillán, secretario general de la FOTIA, fue asesinado en Buenos Aires el 22 de marzo de 1976, dos días antes del golpe. Esa misma madrugada del 24 de marzo, en Tucumán, el maestro Isauro Arancibia, secretario general de ATEP y fundador de CTERA, fue asesinado en la sede de su sindicato junto a su hermano Arturo. La noche anterior había cenado con compañeros del gremio después del sepelio de Santillán.

Benito Romano, histórico dirigente peronista de la FOTIA que había encabezado la huelga de 1959 y llegado a ser diputado nacional, fue secuestrado el 16 de abril de 1976 en el Hotel Splendid de Buenos Aires. Su cuerpo apareció el 25 de abril en la ruta 25, a la altura del río Luján, y fue enterrado sin identificar en el cementerio de Escobar. Recién en 2024 el Equipo Argentino de Antropología Forense pudo identificar sus restos y devolverlos a su familia.

Leandro Fote, también dirigente de la FOTIA y legislador provincial, fue desaparecido poco después. La lista sigue: secretarios generales, adjuntos, delegados seccionales, militantes de base. La plana mayor de las comisiones directivas de los sindicatos de ingenios fueron secuestradas en operativos coordinados.

Los ingenios azucareros: Centros clandestinos de detención

La agroindustria azucarera de Tucumán no solo fue víctima de la represión: parte de ella se convirtió en cómplice activa del terrorismo de Estado. Los ingenios, con sus edificios aislados en medio de los cañaverales, sus colonias de viviendas obreras y su infraestructura de comunicaciones, ofrecieron el escenario perfecto para instalar centros clandestinos de detención.

Además de La Fronterita, funcionaron CCD en los ex ingenios Lules, Nueva Baviera, Santa Lucía y Bella Vista, entre otros. La lógica era siempre la misma: los empresarios cedían las instalaciones, aportaban logística, vehículos e información sobre los trabajadores. A cambio, el Ejército garantizaba el control sindical y la eliminación de la militancia organizada. En La Fronterita, la firma Minetti cedió tres espacios.

Los trabajadores rurales de la caña de azúcar -los “obreros del surco”- sufrieron una violencia particular. Eran trabajadores temporarios, muchos de ellos migrantes internos de las provincias del noroeste, que vivían en las colonias azucareras: viviendas precarias pertenecientes a las empresas, sin servicios básicos, dependientes de la proveeduría del ingenio para sus necesidades más elementales. Esta vulnerabilidad estructural los convirtió en blanco fácil. Cuando eran secuestrados, sus familias no solo perdían al sustento principal: eran expulsadas de las viviendas, quedando en la calle sin ninguna protección.

La Fronterita: terror en el corazón del ingenio

El Ingenio La Fronterita, fundado en 1923 por la familia Minetti, fue escenario de una de las formas más extremas de complicidad civil con el terrorismo de Estado. Según la investigación judicial, la empresa no solo cedió espacios del predio para que el Ejército instale una base militar -denominada “Rayo”- sino que aportó logística, vehículos e información clave sobre obreros y empleados para los operativos de inteligencia.

Dentro del ingenio funcionaron al menos tres lugares de detención ilegal: el Comando de la Laguna, donde se alojaba la oficialidad; El Tambo, destinado a las tropas; y “Los Conventillos”, viviendas de obreros temporarios convertidas en lugar de torturas. A solo 300 metros de la casa del administrador Figueroa Minetti, el Ejército secuestró, torturó y desapareció a decenas de personas, muchas de ellas dirigentes de la FOTIA.

Entre las víctimas se encuentra Fidel Jacobo Ortiz, secretario general del sindicato en la planta, secuestrado en junio de 1976 y desaparecido hasta hoy. Su hija, Hortensia Ortiz, en diálogo con Ámbito, recordó que tras el secuestro “nos corrieron de la casa en que vivíamos con mi mamá y mis otros siete hermanos. Quedamos en la calle y desde niños tuvimos que salir a trabajar”. Consultada sobre el aplazamiento, sin fecha, del juicio, reflexionó: “Nos piden que esperemos, que tengamos paciencia, pero la paciencia alguna vez se acabará”.

Reconocimiento municipal en medio de la polémica

En 2022, el municipio de Famaillá declaró “Ciudadano Ilustre” a Figueroa Minetti, en un acto encabezado por el exintendente José Orellana, el 19 de mayo. El reconocimiento generó el repudio inmediato de Madres de Plaza de Mayo, HIJOS, la Liga Argentina por los Derechos Humanos y otras organizaciones, que calificaron el homenaje como un intento de “mejorar la imagen pública de Minetti”.

El ingenio se encuentra a solo seis kilómetros de “La Escuelita” de Famaillá, el primer centro clandestino de detención del país, donde entre 1.500 y 2.500 personas pasaron entre 1975 y 1976 bajo el mando de los generales Acdel Vilas y Antonio Bussi. La articulación entre ambos espacios -el oficial y el empresarial- evidencia la densidad del aparato represivo en la zona azucarera tucumana durante el Operativo Independencia y los primeros años de la dictadura.

La urgencia de la justicia: ¿Otra vez la misma historia?

A 51 años del Operativo Independencia y en vísperas de los 50 años del golpe de Estado de este 24 de marzo, la suspensión del juicio reavivó el debate sobre los plazos de la justicia frente a los crímenes de lesa humanidad. Organismos de derechos humanos advierten que cada postergación representa una victoria de la impunidad, especialmente cuando los imputados cuentan con recursos económicos para litigar extensamente mientras el tiempo juega a su favor.

La comparación con el caso Ledesma es ineludible. Allí, como ahora en Tucumán, los imputados contaron con el amparo de los más altos tribunales del país. La Cámara Federal de Casación Penal y la Corte Suprema demoraron el proceso durante casi ocho años, hasta que la muerte natural de Blaquier cerró definitivamente la posibilidad de justicia.

“Nunca dejó de buscarlo”

Los hijos de Fidel Jacobo Ortiz, secretario general del sindicato en el Ingenio Fronterita, relataron que él era el tercero de ocho hermanos nacidos en La Aguada, un paraje conocido también como Colonia II y “comenzó a trabajar pelando caña a los 18 años”. Sobre el secuestro de su padre, Hortensia, Gaspar y Fidel recordaron que “el primero fue en marzo de 1976, cuando dos militares entraron de forma tranquila a nuestra casa, alrededor de las 23. Estaba oscuro, no teníamos luz en esos momentos. Se lo llevaron y lo soltaron 43 días después en El Manantial, cerca de la casa de una tía que lo ayudó a volver. Estaba todo hinchado y tenía marcas en las muñecas de cadenas. Lo habían torturado”.

Meses después, el 14 de junio del mismo año en horas de la noche, un grupo integrado por alrededor de seis militares volvieron a la casa de la familia Ortiz. “Comenzaron a golpear la puerta, lo insultaban, yo me puse delante de mi padre para que no se lo lleven, pero igual empezaron a golpearlo”, recordó Fidel. “Lo sacaron de la casa y una vez afuera hicieron un tiro pero no sé qué habrá pasado. Eran militares, después vi a tres de ellos y los reconocí, estaban en La Laguna”, el nombre de la base militar que se instaló en el ingenio.

Hortensia rememoró: “fue una noche muy triste y negra para nosotros. No volvimos a saber nada de él, mi mamá salía temprano a la mañana y volvía tarde a la noche tratando de encontrarlo, nunca dejó de buscarlo hasta que falleció”. “Tememos que ahora todo quede en la nada como en otros casos, no solo para nosotros, también para el resto de las víctimas”, cerró. Sin fecha de inicio a la vista, la pregunta que recorre los pasillos judiciales y las organizaciones de derechos humanos es si la justicia llegará a tiempo -o si, como ocurrió con Blaquier en Jujuy- la impunidad biológica tendrá una vez más la última palabra en Tucumán.

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La Corte Suprema dictó 1907 fallos por delitos de lesa humanidad desde 2004

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La Corte Suprema de Justicia dictó desde 2004 al 17 de marzo de 2026 un total de 1907 sentencias en causas vinculadas a crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación tuvo un rol decisivo en la recuperación de la memoria y la justicia por los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Entre sus fallos más relevantes se destaca el caso “Simón” del 14 de junio de 2005, que declaró la inconstitucionalidad y nulidad de las leyes de Punto Final (23.492) y Obediencia Debida (23.521), lo que habilitó la reanudación de los juicios por delitos de lesa humanidad iniciados tras el golpe del 24 de marzo de 1976, del que el próximo martes se cumplirán 50 años.

Previamente, en 2004 la Corte dictó el fallo “Arancibia Clavel”, que estableció la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad; y en 2007, en la causa “Mazzeo”, declaró la inconstitucionalidad de los indultos otorgados a militares.

Según registros de la Secretaría de Jurisprudencia, de la Secretaría Penal y de la Secretaría Penal Especial, el total de 1.907 fallos se corresponde con el período comprendido entre 2004 y el 17 de marzo de 2026.

De acuerdo con datos de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, desde la reapertura de los juicios en 2006 se dictaron 361 sentencias, con 1.231 personas condenadas y 250 absueltas. Además, hay 12 juicios en curso y 282 causas en etapa de investigación preliminar.

El año pasado la Corte Suprema homenajeó a los jueces del Juicio a las Juntas de 1985, que en la llamada “Causa 13” condenaron a los principales responsables del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. En esa oportunidad, el presidente del tribunal, Horacio Rosatti, subrayó la realización de un “auténtico juicio justo” en un contexto “complejo”; el vicepresidente Carlos Rosenkrantz lo definió como una respuesta “jurídicamente impecable a crímenes atroces”; y el juez Ricardo Lorenzetti afirmó que la política de memoria y justicia forma parte del contrato social de los argentinos.

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Especialistas debatieron en Puerto Iguazú sobre el futuro de la Justicia

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Puerto Iguazú fue durante dos días algo más que la sede de un congreso jurídico. Entre el jueves 19 de marzo y el viernes 20, el Poder Judicial de Misiones y la Universidad Católica de Santa Fe pusieron en escena un encuentro internacional sobre el “Presente y Futuro del Derecho Procesal” que, detrás del formato académico, dejó una señal institucional más amplia: la Justicia misionera busca intervenir en una discusión de época sobre cómo se tramitan los conflictos, qué margen conserva la decisión humana frente al avance tecnológico y qué lugar quiere ocupar la provincia en ese debate. No fue una actividad menor ni meramente protocolar. La presencia de ministros del Superior Tribunal de Justicia, del Procurador General, de autoridades judiciales de otras provincias, de representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo y de especialistas de América Latina y Europa mostró que la agenda procesal ya no se discute en un círculo técnico cerrado. Se discute, cada vez más, como una cuestión de diseño institucional.

La foto también tuvo una dimensión política concreta. El encuentro recibió declaraciones de interés provincial por parte de la Cámara de Representantes y de interés municipal por parte de la Municipalidad de Puerto Iguazú. Ese respaldo no solo jerarquiza el congreso. También confirma que, cuando la conversación gira sobre inteligencia artificial en la Justicia, procesos colectivos, oralidad y evidencia digital, lo que está en juego no es solo un cambio de lenguaje jurídico, sino una transformación que puede alterar tiempos, criterios y capacidades del sistema judicial.

Una agenda procesal que ya impacta en la estructura del poder judicial

El congreso fue impulsado por Adolfo Alvarado Velloso, de la Universidad Nacional de Rosario, y Silvia Barona Vilar, de la Universidad de Valencia. Pero la organización formal a cargo del Poder Judicial de Misiones y de la Universidad Católica de Santa Fe le dio al evento una impronta institucional definida. No se trató solamente de escuchar voces expertas. Se trató de montar, desde Misiones, un espacio de validación y producción de agenda sobre los cambios que vienen para la Justicia.

Los ejes elegidos no fueron casuales: inteligencia artificial y proceso, procesos colectivos y tutela de derechos en la era digital, y derecho procesal y oralidad. En cada uno aparece una tensión de fondo. La inteligencia artificial interpela la capacidad del sistema judicial para incorporar tecnología sin resignar control humano. Los procesos colectivos empujan a la Justicia a responder a conflictos que ya no son estrictamente individuales. Y la oralidad se vincula con un modelo que promete mayor inmediación y agilidad, pero que también obliga a rediseñar prácticas, roles y criterios.

En ese marco, la apertura a cargo de Juan Manuel Díaz fijó una línea política del encuentro. Su intervención no quedó en el agradecimiento formal. Introdujo una lectura sobre el contexto social e institucional en el que se inserta el debate jurídico. Habló de la necesidad de establecer canales de comunicación, de llegar a puntos de encuentro y de cuidar la vida en un tiempo en el que, según planteó, proliferan discursos de violencia y destrucción. La idea no fue lateral. Colocó al Derecho Procesal no como una técnica neutra, sino como parte de una arquitectura orientada a un “macrofin del derecho”, que identificó con la paz y el cuidado de la vida.

Ahí aparece una de las claves del congreso. La discusión procesal dejó de ser un asunto interno del foro para convertirse en una herramienta desde la cual el Poder Judicial también intenta construir legitimidad, mostrar capacidad de adaptación y fijar posición frente a debates públicos más amplios.

Misiones busca entrar en la conversación global sobre reforma judicial

La elección de Puerto Iguazú como sede también funciona como mensaje. La ciudad, presentada en el texto base como cuna de las Cataratas, se convirtió en punto de encuentro para especialistas de América Latina y Europa. Esa convocatoria no solo aportó volumen académico. Proyectó a Misiones como anfitriona de una conversación transnacional sobre los cambios en la Justicia.

Magín Ramón Ferrer, decano de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la sede Posadas de la UCSF, remarcó precisamente esa dimensión al destacar la presencia de profesores que “han cruzado el Atlántico” para compartir experiencias y conocimiento. Su definición de que el Derecho Procesal “traspasa fronteras” resume el tono de una parte importante del congreso: una provincia que no quiere quedar como receptora pasiva de reformas, sino que busca sentarse en la mesa donde se discuten.

Esa pretensión quedó reforzada con la participación de ministros del Superior Tribunal de Justicia y de la Corte de Justicia de Corrientes y Salta, junto con autoridades de los Poderes Judiciales de la Nación y de la Provincia, del Ministerio Público, de los poderes Ejecutivo y Legislativo provincial y municipal, además de alumnos de la UCSF. La amplitud del auditorio mostró que la cuestión procesal genera interés transversal cuando toca materias sensibles como justicia civil, laboral, penal, procesos electrónicos, litigio ambiental o evidencia digital.

En términos institucionales, el congreso funcionó así como un espacio de articulación. Reunió academia, magistratura, ministerios públicos, representantes políticos y juristas extranjeros alrededor de una agenda común. Ese tipo de convergencia no garantiza reformas inmediatas, pero sí ordena conversaciones que después pueden bajar a proyectos, capacitaciones, rediseños de prácticas o nuevas interpretaciones jurisprudenciales.

Inteligencia artificial, oralidad y evidencia digital: el corazón de una reforma en movimiento

La estructura del congreso dejó ver por dónde pasa hoy la preocupación central del mundo judicial. La conferencia inaugural de Silvia Barona Vilar abordó la “Inteligencia artificial en la Justicia Civil. Retos para la Abogacía del Siglo XXI”. No fue un tema decorativo. Fue, en los hechos, una puerta de entrada a una discusión sobre el modo en que la tecnología empieza a redefinir funciones, tiempos y márgenes de decisión.

A lo largo de las jornadas se sucedieron paneles sobre Derecho Procesal Civil, Laboral, procesos colectivos, proceso electrónico e inteligencia artificial y Derecho Procesal Penal. Esa diversidad muestra que la transformación no se limita a un fuero. Atraviesa todo el sistema.

Valeria Fiore Cáceres planteó, en el panel de Derecho Procesal Civil, un tema que conecta directamente con la reforma judicial: “Proceso y métodos adecuados de solución de controversias: hacia un modelo integrado de tutela efectiva”. Su definición posterior fue todavía más precisa en clave institucional. Dijo que la importancia del congreso se nota en el intercambio de experiencias, en las preguntas y en la posibilidad de aprender de personas que ya recorrieron caminos que en Misiones todavía representan desafíos. Esa formulación traduce el valor práctico del encuentro: no solo teorizar, sino observar modelos ya ensayados en otros contextos para mejorar el sistema de justicia provincial.

La oralidad también apareció como una de las piezas centrales de esa transición. Manuel González Castro expuso sobre los desafíos en la implementación eficaz de la regla de debate oral en el fuero civil. Gustavo Calvinho, por su parte, llevó la experiencia del nuevo Código Procesal Civil Adversarial de la provincia de Neuquén. Allí se coló otro dato relevante: Misiones no discutió en abstracto, sino mirando experiencias concretas de rediseño procesal dentro del país.

El proceso electrónico y la inteligencia artificial tuvieron un lugar específico en el cuarto panel, con exposiciones sobre plataformas digitales y resolución de conflictos, la “Soberanía Sintética” y los horizontes de la inteligencia artificial en el derecho. El solo repertorio de temas evidencia que la Justicia enfrenta un cruce complejo entre automatización, independencia de criterio, validación de evidencia y garantías.

En materia penal, la discusión sobre evidencias en entornos digitales, el rol de la víctima en el proceso acusatorio y el ciberespacio dejó ver otra capa del problema: cuando el delito, la prueba y la interacción social se trasladan a ámbitos digitales, el proceso penal necesita rediseñar herramientas sin debilitar garantías constitucionales.

Un congreso académico, pero con señales para la gobernanza judicial

El encuentro tuvo además un fuerte componente simbólico. La apertura incluyó la presentación del coro de las comunidades aborígenes, que interpretó dos canciones en lengua nativa. El gesto aportó una marca de identidad territorial y cultural a un congreso dominado por discusiones técnicas. En una provincia donde la representación de la diversidad suele adquirir valor político, esa escena no fue un detalle menor.

También hubo señales de reconocimiento institucional. Los diputados provinciales Aryhatne Bahr, Rudi Bundziak y Horacio Martínez entregaron el proyecto de declaración de interés provincial presentado ante la Cámara de Representantes. Leopoldo Lucas, en nombre de la Municipalidad de Puerto Iguazú, hizo lo propio con la declaración de interés del municipio. Ese acompañamiento de actores legislativos y municipales muestra que el evento fue leído como algo más que una actividad universitaria o judicial. Hubo una decisión de darle volumen político.

Esa validación importa por una razón adicional. Cada vez que el sistema judicial abre debates sobre oralidad, procesos electrónicos, litigios colectivos o inteligencia artificial, inevitablemente se acerca a la frontera donde convergen gestión, presupuesto, capacitación, regulación y política pública. La gobernanza judicial ya no depende solo de sentencias. También depende de su capacidad de anticipar transformaciones y construir consensos internos y externos.

La sabiduría humana como límite frente al avance tecnológico

En el cierre de los paneles, Juan Manuel Díaz volvió sobre un punto que atravesó todo el congreso. Al exponer sobre obligaciones de procedimiento en la jurisprudencia internacional frente a la emergencia climática, subrayó que al hablar de asuntos ambientales hay tres ejes fundamentales: la información, la participación y el acceso a la justicia. Esa tríada conecta con una visión del proceso como garantía de derechos y no solo como mecanismo formal.

Pero además dejó una frase que condensa una de las tensiones más profundas del encuentro. En un ámbito donde se habló de inteligencia artificial, sostuvo que lo que debe mantenerse siempre presente es la sabiduría, porque, según afirmó, “la sabiduría es solamente humana”. La definición funciona como advertencia institucional. La Justicia puede incorporar herramientas tecnológicas, pero no delegar el núcleo de su responsabilidad.

En tiempos de automatización creciente, esa idea tiene peso. No solo marca un límite conceptual. También anticipa el tipo de discusión que probablemente gane centralidad en los próximos años: cuánto puede apoyarse el sistema judicial en procesos automatizados sin comprometer la deliberación, la prudencia y la legitimidad de sus decisiones.

Repercusiones: qué se fortalece y qué queda bajo presión

El principal actor fortalecido por el congreso es el Poder Judicial de Misiones, que logró proyectarse como anfitrión de una agenda jurídica contemporánea y sensible. También gana centralidad la articulación entre el sistema judicial y la academia, en este caso a través de la Universidad Católica de Santa Fe. Esa alianza muestra que la formación, la producción doctrinaria y la discusión institucional pueden funcionar como una misma plataforma de legitimación.

A la vez, el encuentro pone presión sobre el propio sistema judicial. Porque abrir la discusión sobre inteligencia artificial, oralidad, procesos electrónicos y litigios colectivos genera una expectativa inevitable: que esas conversaciones no queden en el plano declarativo. El desafío empieza después del congreso. Cómo se traducen estas discusiones en capacitación, modernización, reformas prácticas o nuevas pautas jurisprudenciales será la medida real de su impacto.

También se fortalece la idea de que Misiones quiere tener una voz propia en la conversación sobre reforma judicial. No necesariamente desde una ruptura, pero sí desde una construcción gradual de agenda. El intercambio con especialistas de la Universidad de Valencia, de Zaragoza, de Salamanca, de la Universidad Católica del Paraguay, de la Universidad Nacional de Córdoba, de la Austral, de la Universidad Nacional del Nordeste y de otras instituciones muestra que la provincia busca nutrirse de experiencias externas sin resignar protagonismo local.

Un cierre emotivo y una escena que deja proyección

El congreso cerró el viernes 20 con la entrega de un presente a Adolfo Alvarado Velloso de manos de Juan Manuel Díaz, Cristina Irene Leiva y Valeria Fiore. El homenaje tuvo una carga simbólica evidente. A lo largo de ambas jornadas fue reconocido como referente y maestro del Derecho Procesal por distintos disertantes. Además, el cierre incluyó el “Manifiesto Garantista” a su cargo, y él mismo definió la organización del encuentro como “una hermosísima fiesta misionera”.

La escena final reforzó una lectura doble. Por un lado, la reivindicación de una tradición doctrinaria y de referentes consolidados. Por otro, la necesidad de poner esa tradición a dialogar con los cambios que empujan la inteligencia artificial, la digitalización, la oralidad y los litigios complejos. Ahí radica la tensión central que dejó el congreso: cómo actualizar la Justicia sin vaciarla de sus garantías.

Puerto Iguazú fue, durante esas dos jornadas, el punto de encuentro de esa discusión. Queda por ver si esa conversación se convierte en insumo para reordenar prácticas concretas dentro del sistema judicial, si alimenta futuras reformas o si funciona, sobre todo, como un movimiento de posicionamiento institucional. Lo cierto es que la Justicia ya empezó a discutir su futuro en voz alta, y cuando eso ocurre, lo que se redefine no es solo un procedimiento.

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