La polémica por el auspicio de una marca brasileña de yerba mate a la Selección Argentina escaló en las últimas horas y dejó al descubierto un fenómeno poco habitual en la política nacional: un reclamo transversal que une a dirigentes del misionerismo con sectores del PRO alineados al oficialismo nacional.
A la iniciativa impulsada por los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, que solicitaron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) revisar el acuerdo comercial, se sumó un documento del senador nacional Martín Goerling, referente del PRO y cercano al mileísmo, que endurece el tono y amplía el alcance del planteo.
El proyecto de declaración presentado por Goerling expresa un “profundo rechazo y enérgico repudio” a la decisión de la AFA de incorporar como sponsor a una yerba mate de origen brasileño, al considerar que la medida “perjudica de manera directa a las economías regionales” y desplaza a la industria nacional de uno de los espacios de mayor visibilidad global.
El dato político no es menor: el cuestionamiento ya no se limita al espacio provincial misionero, sino que alcanza a sectores opositores que, en otros temas, suelen acompañar la agenda del gobierno de Javier Milei. La yerba mate, en este caso, funciona como un eje de defensa productiva que trasciende alineamientos partidarios.
En sus fundamentos, tanto el proyecto de los senadores misioneros como el de Goerling coinciden en un punto central: la contradicción entre el carácter de “Infusión Nacional”, establecido por la Ley 26.871, y la decisión de promover una marca extranjera en uno de los principales símbolos del país.
Goerling advierte que la medida rompe con la tradición de acompañamiento de empresas nacionales a la Selección y constituye “un precedente lesivo para la soberanía productiva” de provincias como Misiones y Corrientes.
El planteo adquiere mayor peso al incorporar datos estructurales del sector: Misiones concentra el 88% de la superficie cultivada de yerba mate en Argentina, con más de 200 mil hectáreas, mientras que la actividad involucra a más de 13.000 explotaciones y sostiene el entramado económico de amplias zonas del noreste.
En ese contexto, los legisladores advierten que la decisión de la AFA no es un hecho aislado ni meramente comercial, sino que impacta directamente en la cadena productiva y en el empleo, en un momento en el que el sector ya muestra señales de deterioro.
Más que un sponsor: visibilidad, mercado y posicionamiento
El núcleo del conflicto no radica únicamente en la elección de una marca extranjera, sino en lo que representa la Selección Argentina como plataforma de posicionamiento global.
“La máxima vidriera deportiva del país” —como la define el documento— es también un espacio estratégico de marketing internacional. Ceder ese lugar a un competidor externo implica, según los legisladores, resignar una oportunidad clave para promover la producción nacional en mercados internacionales.
El argumento se refuerza con un dato simbólico: mientras el mate se consolida como parte de la identidad argentina a nivel global, impulsado incluso por la visibilidad de los campeones del mundo, la AFA opta por asociar esa imagen a un producto importado.
El reclamo comenzó en el ámbito productivo, con el planteo del diputado provincial Juan José Szychowski, pero rápidamente escaló al plano institucional y ahora suma volumen político en el Congreso.
La coincidencia entre el misionerismo y un sector del PRO alineado al oficialismo nacional introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que el tema trascienda lo simbólico y se convierta en un punto de tensión concreta entre economías regionales y decisiones de actores privados con impacto público.
Aunque la AFA es una entidad de derecho privado, los proyectos presentados sostienen que su rol excede lo comercial por su peso cultural y representativo, lo que abre un debate más amplio sobre los límites entre mercado, identidad nacional y políticas de promoción productiva.
En ese escenario, la discusión por un sponsor deportivo se transforma en algo más profundo: un test sobre cómo se defienden —o se resignan— los espacios de visibilidad global de las economías regionales argentinas.