MADERA DURA

La Feria de la Madera y el Mueble Argentino crece y se consolida

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Luego del fuerte impacto de su primera edición, la Feria de la Madera y el Mueble Argentino confirmó su realización 2026 y dio una señal clara de madurez institucional y peso económico: el evento se desarrollará del 24 al 27 de septiembre en La Rural de Palermo, el principal predio ferial del país. El cambio de sede marca un salto de escala y posiciona a la industria maderera y del mueble dentro del calendario mayor de los grandes negocios productivos de la Argentina.

Organizada por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) junto al Instituto del Mueble Argentino (IMA), la feria volverá a reunir a fabricantes, diseñadores, estudios de arquitectura, interioristas, distribuidores y compradores, en una propuesta que integra industria, diseño, innovación y generación de negocios, con eje en la producción nacional.

La decisión de trasladar el evento a La Rural responde al desempeño de la primera edición, realizada en 2025 en Costa Salguero, que superó las previsiones de asistencia, calidad de expositores y volumen de contactos comerciales. La curaduría de contenidos, el perfil profesional del público y la articulación entre empresas y diseñadores convirtieron al encuentro en una referencia inmediata para el sector forestal–industrial y del mueble.

A diferencia de otras exposiciones multisectoriales, la Feria de la Madera y el Mueble Argentino se presenta como la única en Buenos Aires dedicada exclusivamente a muebles y bienes finales de y con madera diseñados y producidos en el país. La propuesta apunta a mostrar valor agregado, identidad productiva, innovación tecnológica y uso sostenible del recurso forestal, alineando a la industria con las nuevas demandas del mercado y la agenda ambiental.

Uno de los pilares del evento será la tercera edición del Laboratorio Argentino del Mueble, cuya convocatoria abrirá en febrero. Este espacio vincula empresas fabricantes con estudios de diseño para desarrollar productos reales, que luego se exhiben en la feria. Tras el impacto de las ediciones anteriores, el Laboratorio volverá a presentar prototipos que combinan diseño, funcionalidad y eficiencia productiva, con la madera como insumo estratégico y renovable.

“La respuesta fue excelente desde todo punto de vista. Hubo una percepción muy clara de calidad, prolijidad e innovación, y se sentaron las bases para la continuidad de la feria”, afirmó Pablo Bercovich, asesor de FAIMA en el IMA y coordinador de la Feria y del Laboratorio del Mueble Argentino. “El interés de los expositores y del público confirmó que este era un espacio que el sector necesitaba”.

La industria del mueble y la transformación mecánica de la madera atraviesan un escenario complejo, pero sostienen una apuesta estructural al diseño, la capacitación y la incorporación de tecnología como motores de competitividad. Con más de 60.000 empleos directos y fuerte presencia en economías regionales forestales, el sector tiene un potencial significativo para generar valor agregado, exportaciones y sustitución de importaciones.

En ese marco, la expansión de la Feria de la Madera y el Mueble Argentino refuerza una estrategia de largo plazo para dar visibilidad y proyección a una de las cadenas productivas más importantes del país. La edición 2026 incorporará rondas de negocios, actividades de formación, exposiciones temáticas y espacios de networking, consolidando al evento como una verdadera plataforma de inversión, diseño e industria para el complejo foresto–industrial argentino.

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Mercados de carbono: una oportunidad económica que Argentina puede aprovechar

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La Mesa Argentina de Carbono puso en el centro de la agenda económica y ambiental un instrumento que puede convertirse en una nueva fuente estratégica de divisas para el país: el Artículo 6 del Acuerdo de París. Según la entidad, su implementación permitiría duplicar y, en algunos casos, quintuplicar el valor de las exportaciones de créditos de carbono, siempre que la Argentina presente su nueva Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) ante las Naciones Unidas.

Desde la Mesa sostienen que la NDC 3.0 es la “llave maestra” para integrar al país al mercado internacional de carbono, un sistema que ya moviliza inversiones millonarias en América Latina y otras regiones del mundo. Ese mercado permite que los países exporten reducciones certificadas de emisiones -los denominados ITMOs- a economías que necesitan compensar su huella de carbono.

“La presentación de la NDC 3.0 funciona como prerrequisito para avanzar en la negociación de acuerdos con países compradores bajo el Artículo 6 y es una señal para que el sector privado trabaje en proyectos de inversión para comercializar créditos de carbono al mundo”, explicó Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono.

Un mercado que paga hasta cinco veces más

Argentina cuenta con más de dos décadas de experiencia técnica en el desarrollo de proyectos de carbono, pero hasta ahora sus créditos sólo pueden venderse en el mercado voluntario, que paga valores significativamente más bajos que el mercado regulado bajo el Artículo 6.

“El mercado internacional del Artículo 6 paga entre dos y cinco veces más por crédito de carbono que el mercado voluntario actual. Esto cambia radicalmente la ecuación económica, haciendo viables proyectos de gran envergadura en energía, agro, bosques y residuos que hoy no logran financiarse”, subrayó Cano.

Esa diferencia de precios es clave: mientras el esquema voluntario limita el impacto económico, el acceso al mercado internacional habilita un flujo mucho mayor de inversiones, tecnología y financiamiento para proyectos ambientales de escala.

El Centro Argentino de Ingenieros y la Academia Nacional de Ingeniería estimaron que la Argentina tiene un potencial mínimo de generación de 131,4 millones de créditos de carbono por año, a partir de la producción forestal y agropecuaria, la conservación de bosques nativos y otras actividades certificables.

Con ese volumen, el país podría generar ingresos anuales de entre 1.400 y 3.900 millones de dólares en el mercado internacional, frente a los 788 millones de dólares proyectados si se mantiene exclusivamente el esquema del mercado voluntario.

Para la Mesa Argentina de Carbono, la diferencia representa una oportunidad macroeconómica relevante en un contexto de restricción externa y necesidad de diversificar las exportaciones.

La oportunidad no es teórica. Actualmente, más de 70 países ya incluyeron el Artículo 6 en sus nuevas NDC, y existen más de 100 acuerdos bilaterales bajo el esquema del Artículo 6.2 firmados por más de 60 países.

Entre los principales compradores figuran Japón, Suiza, Singapur, Suecia, Corea y Noruega, mientras que del lado de los vendedores se destacan países de América Latina, África y Asia como Chile, Paraguay, Perú, Costa Rica, Ghana, Kenia e Indonesia.

La Argentina, señalan desde la Mesa, todavía está fuera de ese circuito por no haber presentado su NDC 3.0, lo que impide la firma de acuerdos bilaterales y la participación plena en el mercado regulado.

Según la Mesa Argentina de Carbono, la puesta en marcha del Artículo 6 tendría impactos económicos transversales. Entre ellos, se destacan el ingreso de divisas por exportación de activos ambientales, el acceso a financiamiento y tecnología a tasas más competitivas, y una mejor preparación frente a nuevas barreras climáticas al comercio, como el Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM) de la Unión Europea, que comenzará a regir plenamente en 2026.

Además, el esquema permitiría canalizar inversiones directas hacia provincias con alto potencial forestal, agropecuario y de energías renovables, fortaleciendo un modelo de desarrollo más federal y basado en la valorización del capital natural.

“Desde la Mesa Argentina de Carbono -que agrupa a más de 50 empresas líderes del sector- acompañamos y alentamos a las autoridades a concretar la presentación de la NDC 3.0 para transformar esa intención en una realidad operativa. Argentina tiene el talento y los recursos naturales, tiene todo para ser un proveedor de créditos de carbono a los mercados internacionales que hoy los demandan y que están dispuestos a pagar valores muy por encima del mercado argentino actual. La presentación de la NDC 3.0 es el primer paso para no mirar esta oportunidad desde afuera y pasar a ser protagonistas del mercado global”, concluyó Cano.

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Coiform alerta: la foresto-industria opera al límite, con plantas a media máquina y costos fuera de control

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A diferencia de la Federación Argentina de la Industria de la Madera (FAIMA) que detecta “señales de estabilización” tras el derrumbe de la actividad, el Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones (COIFORM) eleva una advertencia mucho más severa: la foresto-industria atraviesa una crisis estructural, con plantas operando a menos de la mitad de su capacidad, costos desbordados y pymes al borde del colapso. La diferencia de miradas revela un dilema central para provincias como Misiones: adaptación vía exportaciones o reconstrucción del sistema productivo con políticas públicas y planificación.

El diagnóstico que publica COIFORM es más crudo y territorializado. Según el Colegio, la foresto-industria opera hoy por debajo del 50% de su capacidad instalada y registra caídas de actividad cercanas al 40%, con reducción de turnos, vacaciones anticipadas, líneas paralizadas y riesgo concreto de despidos y cierres de plantas. La paralización de la obra pública nacional aparece como uno de los golpes más duros sobre la demanda, pero el problema de fondo es el brutal descalce entre ingresos y costos.

Entre 2023 y 2025, señala el documento, los ingresos del sector crecieron 124% en dólares, pero los costos estructurales lo hicieron 249% y los costos energéticos más de 600%. La energía eléctrica, los insumos, la logística y los salarios aumentaron muy por encima de los precios de venta, que permanecen prácticamente estancados. 

El resultado es una ecuación asfixiante: aún vendiendo más, muchas empresas ganan menos o directamente pierden dinero

Más de la mitad de los aserraderos pequeños, advierte COIFORM, duda de poder reanudar su actividad por falta de pedidos y previsibilidad.

Este deterioro ya se refleja en la cadena de pagos, con un aumento de cheques rechazados y mayores dificultades para acceder al crédito en un contexto de tasas altas y liquidez escasa. La sobreoferta y los altos inventarios empujan a vender barato para no acumular stock, mientras que el único segmento con algo de dinamismo, el de pallets, opera con pedidos de muy corto plazo y elevada volatilidad.

La diferencia entre FAIMA y COIFORM no está en el diagnóstico básico -ambos reconocen demanda interna débil, costos altos y una “meseta baja” de actividad- sino en el enfoque estratégico. FAIMA describe una industria que se está adaptando: ajusta producción, exporta para sostenerse y busca atravesar el valle de la recesión hasta que la macroeconomía se estabilice. COIFORM, en cambio, advierte que esa adaptación no alcanza si no hay políticas sectoriales, planificación y una agenda de competitividad que evite la pérdida de capacidades productivas.

Para el Colegio de Ingenieros Forestales, la salida no puede quedar librada solo al mercado. Propone una estrategia basada en ingeniería, innovación y bioeconomía: eficiencia productiva y energética, reingeniería de cadenas de valor, certificaciones, diversificación, productos de mayor valor agregado, servicios ecosistémicos y proyectos de carbono. Además, vincula el futuro del sector con una política climática seria y con la defensa de la universidad pública como base de formación, investigación y desarrollo tecnológico.

En una provincia como Misiones, donde la foresto-industria es un pilar del empleo, las exportaciones y la inversión, el momento es crítico. La exportación de pino aserrado le está dando oxígeno al sistema, pero no resuelve el problema de fondo: costos desbordados, mercado interno deprimido y márgenes que no permiten invertir ni modernizarse. El 2026, más que un año de expansión, aparece como un período de resistencia y reorganización.

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Faima ve “señales de estabilización” en el mercado de la madera

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En un escenario económico aún complejo para la actividad industrial y la construcción, el sector de la madera comienza a mostrar signos de estabilización, con una leve recuperación respecto a los meses previos y oportunidades concretas vinculadas al comercio exterior, de acuerdo con el último informe elaborado por el asesor de mercado de FAIMA, Gustavo Cetrángolo.

“Durante noviembre y lo que va de diciembre observamos una continuidad en los niveles de actividad registrados en octubre, mes en el que se había dado una pequeña recuperación. Si bien el contexto sigue siendo desafiante, algunos indicadores permiten pensar en una etapa de transición hacia un escenario más previsible”, explicó Cetrángolo.

Según el análisis, las altas tasas de interés, la restricción del consumo y la caída de la obra pública continúan condicionando el desempeño del mercado interno. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin variaciones desde hace más de un año, con un fuerte nivel de competencia comercial que impacta en los márgenes de rentabilidad de las empresas, especialmente en las pymes.

No obstante, el informe destaca que la industria viene mostrando una capacidad de adaptación significativa, adecuando los niveles de producción a la demanda y explorando nuevos canales comerciales. En ese sentido, las exportaciones de madera aserrada de pino crecieron un 30,7% en los primeros once meses de 2025, impulsadas principalmente por la demanda de mercados asiáticos.

“Frente a la debilidad del mercado interno, la exportación se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad, reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar el empleo, aun cuando los márgenes sean ajustados”, señaló el consultor de FAIMA. Este proceso, que históricamente estuvo concentrado en grandes empresas, comienza a incorporar a un mayor número de aserraderos pymes.

El reporte también subraya que la actividad vinculada a la construcción continúa en una ‘meseta baja’, aunque algunos indicadores muestran leves mejoras intermensuales. En paralelo, las expectativas empresarias comenzaron a mejorar hacia el cierre del año, en línea con un escenario financiero algo más estable y una moderación en las tasas de interés.

“Estamos atravesando un punto de inflexión para el sector foresto-industrial. La competitividad sigue siendo un desafío central, especialmente por el fuerte aumento de los costos estructurales, pero también hay oportunidades si se avanza en una agenda que mejore las condiciones macroeconómicas, el acceso al financiamiento y la previsibilidad”, sostuvo Cetrángolo.

Desde FAIMA remarcan que el sector de la madera mantiene un rol estratégico en la industria nacional, con capacidad de generar empleo, valor agregado y divisas, y que será clave acompañar esta etapa con políticas que fortalezcan la competitividad y promuevan la inversión productiva.

“El desafío es grande, pero el sector ha demostrado históricamente una enorme resiliencia. Con reglas claras y una macroeconomía más estable, la industria de la madera tiene condiciones para recuperar dinamismo y proyectarse a largo plazo”, concluyó el especialista.

Variables que condicionan

La industria foresto-industrial argentina, y en particular el complejo maderero, llega al cierre de 2025 en una situación de extrema fragilidad. Tras una leve mejora técnica en octubre, noviembre y lo que va de diciembre consolidaron una “meseta baja” de actividad: se vende algo más que en el peor momento de la recesión, pero no lo suficiente como para recomponer rentabilidad ni aliviar la asfixia financiera que atraviesan los aserraderos y fabricantes.

El principal problema no es la falta total de operaciones, sino su calidad económica. Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin cambios desde hace más de un año, pero en un contexto de costos que no dejaron de subir. Para cerrar ventas, muchas empresas se ven obligadas a aplicar descuentos sobre listas, extender plazos de pago y, en algunos casos, recurrir a esquemas informales. El resultado es una competencia feroz por colocar stock, con márgenes mínimos o directamente negativos.

La sobreoferta es otro rasgo del momento. Numerosos aserraderos arrastran altos inventarios de madera, lo que acelera la presión vendedora y empuja aún más los precios a la baja. El único segmento con algo más de dinamismo es el de pallets, aunque con pedidos de muy corto plazo, lo que vuelve al mercado extremadamente volátil e imprevisible.

Este deterioro ya se refleja en la cadena de pagos. En las últimas semanas comenzó a observarse un aumento en los cheques rechazados dentro del sector, una señal temprana de estrés financiero. Aunque todavía no se trata de una crisis generalizada, complica el acceso al crédito en un contexto en el que financiarse es caro y escaso.

La raíz del problema es estructural. En los últimos dos años, los ingresos del sector crecieron con fuerza en dólares, pero los costos lo hicieron mucho más rápido. La energía eléctrica —clave para aserraderos y secaderos— registró aumentos desproporcionados, al igual que los insumos, la logística y los costos laborales. La ecuación es simple y brutal: aun vendiendo más, muchas empresas ganan menos o directamente pierden dinero.

A este cuadro se le suma el calendario financiero de fin de año. El pago de paritarias, aguinaldos y vacaciones llega en el peor momento de liquidez, lo que vuelve especialmente delicada la situación de muchas pymes foresto-industriales.

La construcción, principal demandante de madera, tampoco ofrece un piso firme. Los despachos de cemento y otros indicadores del sector muestran una actividad deprimida, con leves oscilaciones mensuales que no alcanzan para revertir el estancamiento. La obra pública sigue prácticamente paralizada y la inversión privada no logra despegar en un contexto de crédito caro y consumo débil.

En ese escenario, la exportación se convirtió en la principal válvula de escape. Las ventas externas de madera aserrada de pino crecieron con fuerza en 2025, impulsadas por grandes jugadores y, cada vez más, por aserraderos pymes que encontraron en los mercados externos una forma de sostener producción, empleo y flujo de caja. Asia es hoy el gran destino, con precios estables pero bajos, que obligan a resignar margen a cambio de asegurar cobranzas.

Estados Unidos, en cambio, sigue sin traccionar. La débil recuperación de su mercado inmobiliario limita la demanda de productos de mayor valor agregado, como las molduras de pino, cuyas exportaciones continúan en caída. El sector apuesta a una reactivación en 2026, pero por ahora no hay señales claras.

El resultado es un modelo de supervivencia: se exporta para no cerrar, se vende barato para no acumular stock, se ajusta producción y horas trabajadas para no profundizar pérdidas. La industria comenzó a adaptarse a esta nueva normalidad reduciendo turnos y reestructurando plantas, un proceso que probablemente se intensifique el año próximo.

Para provincias como Misiones, donde la foresto-industria es un pilar del empleo, las exportaciones y la inversión, el momento es crítico. La combinación de costos desbordados, demanda interna débil y mercados externos que compran pero no convalidan mejores precios deja al sector en una posición frágil. El 2026 aparece, así, más como un año de resistencia y reorganización que de verdadera recuperación.

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Del vivero al papel y las bolsas de exportación: 50 años de Papel Misionero

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Papel Misionero es un emblema. Medio siglo de producción forestal desde Misiones al mundo, con plantines seleccionados, papel de alta calidad y una nueva línea de bolsas industriales que llegan a 40 destinos de exportación. Desde su génesis, se convirtió en un motor económico de Puerto Leoni, Puerto Rico y Capioví: hoy hay cerca de 350 jóvenes de la zona trabajando en las fábricas que combinan experiencia con lo más moderno del mercado. Muchos entraron sin experiencia previa, otros tanto, gracias a los vínculos educativos que se tejieron desde que Arcor se hizo cargo de la firma. 

Queda poco de aquellos años iniciales. Camilo Paniego, gerente técnico de la planta, es uno de ellos. Cuarenta y siete años y medio de experiencia en la fábrica, a la que entró siendo apenas un adolescente. Historia viva de la planta que comenzó siendo del Estado, se privatizó y luego cambió de manos. Cuenta cada etapa con orgullo sincero. Y hay mucho para contar. Hoy Papel Misionero es carbono positivo, con diez mil toneladas de carbono captadas más de la que emiten, según las certificaciones de FSC y PEFC. Con residuos forestales, la planta se autoabastece de energía con un ahorro de 20 mil toneladas de fuel oil al año. Esos logros se traducen en la emisión de 355 mil bonos de carbono colocados en el mercado. 

Guillermo Muller, Gerente General de Packaging del Grupo Arcor, repasó el presente de la planta, su impacto económico regional y la importancia de sostener una mirada estratégica de largo plazo.

Papel Misionero comenzó trabajando con el raleo de la producción forestal local y hoy es un actor relevante en la producción de papeles kraft y sack kraft. ¿Qué representa este recorrido de 50 años?
Es un recorrido muy significativo. Haber transitado 50 años en una industria como esta no es un dato menor. Papel Misionero pasó de ser una empresa vinculada al aprovechamiento del raleo forestal a convertirse en un jugador importante en la producción de papeles kraft y sack kraft. Creo sinceramente que es un orgullo para la Argentina contar con una empresa de estas características, con esta trayectoria y con este nivel de desarrollo industrial.

¿Cómo describiría hoy a la planta en términos de empleo y capacidad productiva?
La planta, junto con la planta de bolsas industriales, genera de manera directa más de 350 empleos. Pero cuando uno analiza el impacto real, hay que sumar todo el empleo indirecto, que tranquilamente multiplica ese número por más de cinco. Desde el punto de vista económico, esto tiene un efecto muy significativo en la región. Además, hay un aspecto clave: transformar los activos forestales de la provincia en valor agregado industrial. Ahí hay un eje central del aporte de Papel Misionero.

Más allá del empleo directo, ¿cómo se mide el aporte económico de Papel Misionero a la provincia?
Es difícil cuantificar con precisión, porque Papel Misionero tiene un impacto económico muy amplio. No se trata solo de la venta de papel o de bolsas. Hay que considerar a los servicios forestales, el transporte, los proveedores, los servicios de mantenimiento y todo el ecosistema que permite que la industria funcione. En una parada de planta, por ejemplo, directa e indirectamente trabajan más de mil personas.

Durante los períodos de parada, la capacidad hotelera se ocupa de manera muy significativa y eso derrama sobre las localidades cercanas, que experimentan un aumento general de la actividad. Es un impacto concreto y visible en la economía regional.

En materia de exportaciones, ¿a cuántos mercados llega hoy Papel Misionero?
Actualmente estamos llegando a 40 países. Exportamos a todos los continentes: Asia, África, Europa, muchos países de América. Es el resultado de un camino de 50 años. En los últimos tiempos, además, empezamos a trabajar con mayor foco en generar más valor agregado, exportando bolsas, lo que nos permitió ingresar a mercados muy sofisticados y abrir oportunidades aún mayores.

¿Qué implica competir en esos mercados internacionales?
Implica una visión de largo plazo. Somos parte del país y como tal tenemos que adaptarnos a distintas circunstancias, pero no se puede pensar solo en el corto plazo. Ganar un mercado externo lleva mucho tiempo y mucho esfuerzo. Tomar la decisión de salir por una cuestión circunstancial es muy costoso y, en muchos casos, volver es imposible. Por eso, si hay algo que caracterizó a Papel Misionero a lo largo del tiempo es la continuidad en apostar a políticas de mediano y largo plazo.

¿Qué rol juegan las políticas públicas en ese proceso?
Todo lo que sea financiamiento para nuevas inversiones, promoción de exportaciones y el trabajo de la Cancillería para facilitar el acceso a mercados internacionales es clave. Pero no beneficia solo a Papel Misionero: juega a favor de toda la industria y, en definitiva, de todo el país.

Papel Misionero, empresa líder en la producción de papel Kraft (papel marrón de alta resistencia utilizado para embalajes, bolsas y cajas) y de bolsas industriales, es la única planta integrada del país que abarca todo el proceso productivo: forestación, producción de celulosa, fabricación de papel (Kraft Linerboard y Sack Kraft) y desarrollo de bolsas industriales. Es el único productor de papel Kraft elaborado 100% con fibra virgen de pino. 

Tiene un enorme impacto económico en toda la zona, ya que solo el 40 por ciento de la demanda de madera se cubre con producción propia, mientras que el resto proviene de productores locales. 

Desde su incorporación a Grupo Arcor en 2017, la compañía ha mantenido un desarrollo continuo, acompañado por un proceso de inversión y diversificación que reforzó su competitividad. Entre sus inversiones recientes, en 2021 la compañía destinó 20 millones de dólares a la construcción de una nueva planta de bolsas industriales con una capacidad productiva de más de 80 millones de bolsas por año, que además de abastecer el mercado interno, se exportan a Estados Unidos, Paraguay, Colombia, Chile y Bolivia.

A su vez, el papel Kraft de Papel Misionero ha llegado históricamente a más de 40 países de América, Europa, África y Asia, consolidando su presencia internacional en los principales mercados del mundo.

En materia de sustentabilidad, la compañía cuenta con certificación de carbono positivo; es decir, absorbe más carbono del que emite, gracias a una gestión forestal responsable y a la conservación activa de la biodiversidad, también avalada por la certificación PEFC

El complejo de Papel Misionero abarca más de 22 mil hectáreas, donde se encuentra la Reserva Natural y Cultural Papel Misionero, que se extiende por 10.300 hectáreas y alberga familias de la comunidad Mbya guaraní con las que se realizan proyectos de desarrollo productivo y educativo, y especies de fauna en peligro de extinción. En este espacio, y también en las zonas productivas, la empresa realiza tareas de regeneración ambiental, reforestación y monitoreo de fauna. En la reserva, ubicada en El Soberbio, se encontraron 29 tipos de animales, el 75 por ciento de las especies esperables.

De forma complementaria, mantiene un vivero forestal que produce plantines de más de 30 especies nativas, destinados a proyectos de recuperación ambiental y forestación, contribuyendo así a la preservación activa del entorno natural, explicó Andrés Garde, gerente industrial Papel Misionero del del Grupo Arcor, aunque con pasado como gerente de la planta de Puerto Leoni. 

El vivero de pino produce 700 mil plantas, suficientes para cubrir 500 hectáreas de plantación por año. En total, Papel Misionero tiene siete mil hectáreas forestadas propias.

La planta consume mil toneladas diarias de madera y cuenta con reservas para 30 o 40 días. Por día entran a la planta un centenar de camiones. 

Además, Papel Misionero consolidó un modelo productivo circular que aprovecha los subproductos del proceso industrial para generar energía renovable a través de una caldera de biomasa. Este mecanismo permitió reemplazar el uso de combustibles fósiles y reducir 20.000 toneladas de consumo anual de fuel oil, y contribuyó a la obtención de más de 355 mil bonos de carbono.

La caldera genera 110 toneladas de vapor por hora, suficientes para generar 8 megas de energía. Por cada tonelada de papel se utilizan actualmente 100 m3 de agua. Hace unos años se usaban 120. El objetivo es bajar a 80 m3. 

El vínculo con la comunidad es otro pilar fundamental de su gestión. La empresa sostiene alianzas con instituciones educativas, como la Tecnicatura en Celulosa y Papel, impulsada junto a la Universidad Nacional de Misiones y la Municipalidad de Puerto Rico. Estas iniciativas alcanzan a más de 400 estudiantes por año y promueven la formación técnica y profesional favoreciendo la empleabilidad de los jóvenes. Hoy el 45 por ciento del personal de planta es femenino, con un 22 por ciento de mujeres en roles jerárquicos, contó Rocío Pérez, gerente de Recursos Humanos, quien se sumó al grupo Arcor hace once años. 

Al mismo tiempo, Papel Misionero brinda un horizonte laboral real para muchos de ellos, permitiendo que jóvenes misioneros puedan crecer profesionalmente y proyectar su futuro en su lugar de origen. 

Ceo fotógrafo. Muller y los jóvenes operarios compartieron un brindis por los 50 años de Papel Misionero.

Del mismo modo, la empresa acompaña el desarrollo del entramado productivo a través de iniciativas que buscan fortalecer a toda la cadena forestal. En este marco, trabaja junto al INTA para obtener árboles con mayor rendimiento y mejor calidad de fibra que se traducirán en un papel con los más elevados estándares de calidad. Los resultados de esta alianza beneficiarán a toda la cadena forestal, ya que las nuevas variedades podrán ponerse a disposición de productores locales, favoreciendo un abastecimiento más eficiente, sustentable y competitivo. Esta alianza fortalece el ecosistema forestal regional, ayudando a elevar la productividad de los bosques que abastecen a la industria del papel.

Muller marca que “estos 50 años reflejan el esfuerzo y la evolución de una industria que hoy es sinónimo de innovación y calidad. Nuestra mirada está puesta en el futuro: seguir modernizando procesos, ampliando mercados y reafirmando nuestro compromiso con el crecimiento de Misiones. Argentina tiene una gran oportunidad de seguir desarrollando la industria celulósica papelera, dado que tiene las condiciones de competitividad a nivel mundial”.  

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