MADERA DURA

De la genética al vivero: cómo el INTA impulsa pinos más productivos en Misiones

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El mejoramiento genético forestal que desarrolla el INTA en Misiones comienza en la investigación, pero su impacto se ve en el campo. A partir de este trabajo, se obtienen semillas mejoradas que llegan a viveros forestales, donde se transforman en plantines destinados a nuevas forestaciones en toda la región.

La calidad de una plantación se define desde el inicio: genética adecuada, plantines de calidad y buen manejo en campo. En este proceso, los viveros forestales cumplen un rol clave como puente entre la investigación y los productores.

Uno de estos casos es el vivero Arco Iris, en Puerto Esperanza, que desde hace décadas produce plantines forestales. “Nuestro vínculo con el INTA lleva más de 25 años. Los materiales mejorados tienen una ganancia interesante en producción”, explica Luis Kutz, propietario del vivero.

Actualmente, allí se producen principalmente plantines de Pinus taeda, que luego son implantados por productores forestales de Misiones y la región.

Este proceso se sustenta en décadas de mejoramiento genético de pinos desarrolladas en INTA Montecarlo. “El INTA viene trabajando desde hace más de 30 años en el mejoramiento genético de pinos en Misiones, con el objetivo de identificar y multiplicar árboles superiores que permitan mejorar la productividad y la calidad de las plantaciones”, explica el investigador Cristian Rotundo.

Los resultados muestran las siguientes ganancias en volumen:

🌱 Hasta 24% en Pinus taeda frente a otros materiales del mismo origen.

🌱 Hasta 25% en Pinus elliottii respecto a semillas de los primeros huertos.

🌱 Hasta 48% en Pino híbrido en comparación con materiales F2.

En forestación, elegir el material adecuado es una decisión estratégica. A diferencia de otros cultivos, los pinos tienen ciclos productivos de entre 15 y 25 años, por lo que arrancar con semillas de alta calidad genética es primordial para lograr mayores rendimientos, mejor calidad de madera y más rentabilidad en el futuro.

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Los malos indicadores de 2025 dificultan la actividad de la cadena forestoindustrial en el primer semestre

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El último “Informe de empleo y actividad” elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines – FAIMA, destaca el difícil panorama que enfrenta la cadena de valor sectorial. Pero también da cuenta de las asimetrías presentes al interior de la misma.

El trabajo de FAIMA fue coordinado por su director ejecutivo Fernando Couto y contó con el respaldo de los datos aportados por las 28 cámaras de todo el país que representan a la actividad sectorial.

Panorama complejo

FAIMA pone de relieve que la recuperación macroeconómica no se traduce de manera homogénea en la cadena foresto-industrial. En este sentido, la entidad puntualiza que el crecimiento del EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) está fuertemente impulsado por sectores primarios, mientras que la industria continúa mostrando debilidad estructural.

Por otra parte, el crecimiento observado en algunos segmentos responde en gran medida a efecto rebote estadístico. “Tanto en madera como en muebles, las subas acumuladas deben interpretarse en el contexto de las fuertes caídas registradas en 2024, lo que sugiere una recuperación parcial más que una expansión consolidada”, advierte FAIMA.

El empleo continúa ajustándose, con una caída del empleo industrial del 6,15% interanual. “Es una clara muestra que indica que el proceso contractivo aún no se ha revertido, particularmente en actividades vinculadas a construcción y bienes de mayor valor agregado”, comenta el coordinador del informe Fernando Couto.

Para las PyMEs, la realidad es aún más compleja. El relevamiento sectorial evidencia una caída significativa en ventas, mostrando que la recuperación no está siendo uniforme y que existen fuertes diferencias según escala y región.

En línea con lo anterior, persisten señales de fragilidad en la demanda interna: La contracción del comercio sectorial confirma un menor dinamismo del consumo y de la actividad vinculada a construcción, precisa el informe de FAIMA.

Números y señales

El punto de partida en 2026 lleva el lastre de los números preocupantes que mostró el balance sectorial de 2025. Así, en toda la cadena foresto-industrial, el comportamiento fue dispar.

El sector de madera y productos de madera (excepto muebles) mostró una recuperación interanual del 4,6% en diciembre y una suba acumulada del 3,8% en 2025, tras haber registrado una fuerte caída del 14% en 2024.

En cambio, el sector de muebles y colchones registró una caída interanual del 6,6% en diciembre, aunque acumuló una expansión del 14% en el año. “Sin embargo, este crecimiento debe interpretarse como una recuperación parcial luego de la caída del 18% sufrida en 2024”, aclara el informe.

En el segmento PyME mueblero, el relevamiento sectorial de FAIMA para el cuarto trimestre de 2025 indicó una caída promedio del 19% en ventas, evidenciando una divergencia respecto de indicadores oficiales y reflejando una recuperación desigual según tamaño de empresa y región.

En materia de empleo registrado, la cadena foresto-industrial mostró una contracción interanual del 6,15% en el segmento industrial y del 2,42% en el comercial.Las mayores pérdidas de empleo industrial se concentraron en viviendas prefabricadas de madera (-31%). Pero también hubo índices altos en artículos de tornería (-22%), enchapados y tableros (-20%) y aserrado de madera nativa (-11%).

En el comercio sectorial también se verificó una contracción generalizada, especialmente en mayoristas de muebles (-7%) y venta minorista de madera (-3,5%). “El único segmento industrial con variación positiva fue la fabricación de somieres y colchones (+1,64%), mientras que en el comercio solo creció el segmento mayorista orientado a industria y comercio (+5%)”, destaca FAIMA.

Evolución sectorial
Evolución sectorial

Del optimismo cauteloso al desengaño de la realidad

La perspectiva que plantea para 2026 el informe de FAIMA coincide con los resultados del “Panorama de la cadena de valor de la madera de Argentina y sus perspectivas para 2026” elaborado por ASORA Madera y Tecnología.

“El año 2025 se define como un ciclo de Régimen de Supervivencia para la cadena de valor de la madera de Argentina. El periodo está marcado por una contracción de mayor a menor y una caída drástica de la demanda en el segundo semestre. Con una capacidad ociosa promedio del 50%, el sector sostiene una estrategia de retención de capital humano”, señala el mencionado informe.

El relevamiento planteaba que la viabilidad del 2026 dependía de una “cancha nivelada”, que contenía la esperanza del acceso al crédito, la reforma laboral y, fundamentalmente, una política de costos logísticos y reales que detuviera la asfixia financiera provocada por la combinación de precios planchados y tarifas en ascenso.

De acuerdo al último informe de FAIMA, poco y nada de eso se verifica en los primeros meses de 2026. Ni tampoco se vislumbra en el horizonte inmediato de la actividad industrial.

El diagnóstico general que presentó el trabajo de ASORA Madera y Tecnología se confirma con el informe de FAIMA: un estancamiento generalizado, con el mueble y la construcción atravesando una crisis profunda. Los ejes que se identificaron en el relevamiento sectorial marcan la hoja de ruta a seguir en la evolución de cortísimo plazo de la actividad de la cadena de valor de la madera:

  • Por un lado, la “Triple Pinza” de costos: tarifas de servicios en alza, incertidumbre laboral y una falta de competitividad externa que reduce drásticamente la rentabilidad.
  • Los efectos de la reforma laboral, tan esperada por los industriales, no pareciera tener el impacto inmediato que auguraron sus impulsores. Las PyMEs sostienen el empleo especializado como activo estratégico, pero enfrentan una situación contextual que las asfixia en su intención de mantener al personal que tanto les costó formar.
  • El dilema de la apertura e impacto tecnológico sigue sin resolverse. La entrada de productos finales de China amenaza la fabricación nacional. Esto afecta el recambio tecnológico, con el consiguiente efecto negativo sobre la modernización de instalaciones industriales que muestran evidentes signos de retraso y obsolescencia.
  • La nota positiva de una mayor estabilidad en precios de insumos y la previsibilidad de mercado comienza a diluirse con una inflación que se le escapa de las manos al Gobierno. Esto tiene su correlato en la caída de la rentabilidad y pisa cualquier esperanza de recomposición en los volúmenes de pedidos.

Así, el panorama presentado por FAIMA subraya más las notas negativas del análisis y previsiones del informe de ASORA Madera y Tecnología que el optimismo cauteloso de las opiniones obtenidas a fines de 2025. En esta línea, todo indica que las previsiones que señalaban la continuidad del estancamiento de la actividad y el mercado interno trazarán la escena sectorial, al menos, en el primer semestre del año.

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La madera argentina busca nuevos mercados: FAIMA y PromArgentina avanzan en una agenda conjunta

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El presidente ejecutivo de PromArgentina, Diego Sucalesca, mantuvo una reunión con FAIMA -entidad que nuclea a 28 cámaras en todo el país y representa a toda la cadena foresto-industrial-, con el objetivo de impulsar acciones concretas orientadas a potenciar las exportaciones de productos de madera con mayor valor agregado. Por parte de FAIMA participaron su presidenta, Mercedes Omeñuka, y su director ejecutivo, Fernando Couto.

Una agenda 2026 con foco exportador

Durante el encuentro se avanzó en una agenda conjunta de actividades para 2026, con eje en la internacionalización del sector y el fortalecimiento de su posicionamiento en mercados externos.

Entre los principales lineamientos de trabajo se destacan:

  • El desarrollo de una marca sectorial: “Woods of Argentina”
  • La implementación de capacitaciones para fortalecer la salida a mercados internacionales
  • La organización de una ronda internacional de negocios en el marco de la Feria de la Madera y el Mueble Argentino
  • El impulso a la participación de empresas en ferias internacionales del sector

Esta articulación busca consolidar una estrategia de largo plazo que permita escalar la presencia de la industria maderera argentina en el mundo, no solo a través de materia prima, sino también mediante productos elaborados y soluciones con mayor valor agregado.

De la madera al mundo

La iniciativa se da en un escenario en el que la industria foresto-industrial argentina busca ampliar su participación en mercados internacionales, en un contexto donde la demanda externa comienza a mostrar nuevas oportunidades.

En particular, durante la reunión se destacó el potencial de la oferta argentina frente a la creciente demanda internacional, especialmente en el mercado estadounidense, donde el pino producido en provincias como Corrientes y Misiones presenta oportunidades concretas para su uso en construcción.

Construcción, diseño y valor agregado

En línea con las tendencias globales, FAIMA viene impulsando una agenda que promueve la exportación de productos con mayor nivel de transformación, incluyendo muebles, componentes y sistemas constructivos en madera.

Asimismo, iniciativas como la Feria de la Madera y el Mueble Argentino y el Laboratorio del Mueble buscan fortalecer el vínculo entre industria, diseño e innovación, generando nuevas oportunidades comerciales y posicionando al sector en segmentos de mayor valor.

Una industria federal con proyección global

Con fuerte presencia en economías regionales y capacidad de generación de empleo en todo el país, la industria maderera argentina tiene el potencial de consolidarse como un actor relevante en el comercio internacional.

En este marco, el trabajo conjunto entre FAIMA y PromArgentina representa un paso clave para mejorar la competitividad del sector, potenciar su proyección global y posicionar a la madera argentina como sinónimo de calidad, innovación y sustentabilidad.

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El aserradero ASECOR de Virasoro paga salarios con vales y expone el deterioro del sector

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Un aserradero ubicado en Gobernador Virasoro comenzó a pagar parte de los salarios con vales, en un contexto de atraso en los haberes y caída del consumo interno que ya había sido advertido por referentes del sector. La situación, que surge del testimonio directo de trabajadores de la firma ASECOR, introduce un dato incómodo para la política productiva regional: cuando una actividad estratégica como la forestoindustria recurre a mecanismos informales de pago, la discusión deja de ser sectorial y pasa a ser estructural.

El hecho ocurre en una provincia que, junto a Misiones, concentra buena parte del complejo maderero del país. Y aparece en un momento donde el discurso público todavía apuesta a la expansión industrial basada en recursos forestales. La pregunta se vuelve inevitable: ¿se trata de un caso puntual de crisis empresaria o de una señal temprana de un ajuste más profundo en la cadena?

Un síntoma que desborda lo laboral

La situación en ASECOR se conoció a partir de testimonios difundidos por el portal Corrientes Hoy de trabajadores, quienes aseguran que “hace meses” no perciben sus salarios en efectivo y que, ante la falta de alternativas, aceptan vales para adquirir mercadería. La práctica no solo implica un deterioro directo del ingreso, sino que también tensiona los marcos regulatorios laborales vigentes.

El dato no es menor: el pago en vales remite a esquemas que históricamente fueron cuestionados por desnaturalizar la relación laboral formal. En términos concretos, limita la capacidad de los trabajadores para decidir sobre su consumo, reduce liquidez en economías locales y desdibuja la trazabilidad del salario.

El contexto empresarial tampoco es ajeno. Según se indicó, la firma tendría entre sus socios a una referente del sector maderero que recientemente había advertido sobre la crisis derivada de la caída del consumo interno. Esa lectura sectorial ahora encuentra una expresión concreta en el territorio.

Marco productivo: una cadena estratégica bajo presión

La industria maderera en la región se apoya en un esquema integrado que va desde la producción forestal hasta la industrialización y exportación. Sin embargo, el eslabón industrial —especialmente los aserraderos— suele ser el más expuesto a variaciones en la demanda y a los costos operativos.

Cuando el consumo interno se retrae, el impacto se traslada rápidamente a la actividad de transformación. En ese escenario, las empresas con menor espalda financiera enfrentan tensiones de liquidez que terminan trasladándose a la variable más sensible: el salario.

El caso de ASECOR se inscribe en esa lógica. No aparece como una decisión aislada, sino como la consecuencia de un desequilibrio económico que todavía no encuentra mecanismos de compensación. Y que, además, convive con un escenario donde otras provincias impulsan inversiones forestales de gran escala, buscando posicionar al sector como motor exportador.

Correlación de fuerzas: entre la crisis empresarial y la respuesta estatal

El episodio deja expuesta una zona gris en la articulación entre el sector privado y el Estado. Por un lado, la forestoindustria continúa siendo presentada como un eje de desarrollo regional. Por otro, emergen situaciones que cuestionan la sostenibilidad de ese modelo en el corto plazo.

En términos de poder, el caso coloca en tensión a varios actores: Empresas del sector, que advierten sobre la caída del consumo y la necesidad de sostener la actividad. Trabajadores, que quedan atrapados en esquemas informales para sostener ingresos. Estado, que enfrenta el desafío de garantizar condiciones laborales sin desarticular la producción.

La aparición de pagos en vales no solo afecta a los empleados involucrados. También introduce ruido en el conjunto de la cadena, porque puede anticipar conflictos laborales, inspecciones o incluso intervenciones regulatorias si la situación escala.

Además, impacta indirectamente en la economía regional: menos ingreso líquido implica menor circulación de dinero en comercios locales, lo que retroalimenta la caída del consumo que originó el problema.

Un escenario abierto: señales a monitorear

El caso ASECOR no define por sí solo el rumbo del sector maderero, pero sí funciona como indicador temprano. Sobre todo en un contexto donde la política económica nacional apuesta a la generación de divisas a través de complejos productivos como el forestal.

En las próximas semanas habrá variables clave a observar: Si la situación se replica en otras empresas del sector. Si aparecen respuestas institucionales para regularizar los pagos. Si el mercado interno muestra señales de recuperación o profundiza su retracción.

También quedará bajo análisis la capacidad del sistema productivo para absorber shocks de demanda sin trasladarlos directamente al empleo. Porque, en definitiva, el equilibrio entre competitividad y condiciones laborales sigue siendo uno de los puntos más sensibles de la agenda industrial.

Por ahora, el episodio en Virasoro pone en evidencia que, detrás de los grandes anuncios de inversión, la realidad cotidiana de algunas empresas empieza a mostrar fisuras que todavía no encuentran respuesta clara.

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Valdés confirmó inversión forestal de Central Puerto y presiona por cambios en el RIGI

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El gobernador Juan Pablo Valdés confirmó en Estados Unidos el desembarco de Central Puerto con una inversión de USD 40 millones para construir un mega aserradero en el Parque Industrial de Santa Rosa, y en paralelo abrió un frente político con el Gobierno nacional: pidió modificar el piso de acceso al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). La doble jugada —captar capital y cuestionar el diseño del régimen— instala una pregunta de fondo: ¿Corrientes busca consolidarse como polo forestal o tensionar las reglas del esquema de inversiones que impulsa la Casa Rosada?

El anuncio se dio tras la participación de la delegación correntina en foros internacionales y reuniones con el sector energético y el equipo económico nacional. El dato central no es solo el monto, sino el timing: la provincia busca acelerar obras durante este año bajo un marco legal que combina beneficios provinciales por 15 años y estabilidad fiscal nacional por 30 años.

El “modelo Corrientes” como plataforma institucional

La inversión se apoyará en la ley provincial 5470, que garantiza exenciones impositivas y seguridad jurídica. En términos políticos, Valdés intenta consolidar un esquema propio de atracción de inversiones, articulado con la adhesión al RIGI, pero con capacidad de negociación sobre sus condiciones.

El proyecto de Central Puerto no es aislado. La compañía ya controla más de 160.000 hectáreas en la región tras la adquisición de activos de Masisa y EVASA. La nueva planta buscará industrializar madera sólida con destino exportador y, en paralelo, generar energía a partir de biomasa. Esa integración productiva traduce un objetivo estratégico: agregar valor en origen y reducir la dependencia de exportaciones primarias.

El Parque Industrial de Santa Rosa aparece como nodo central de esa estrategia. Allí, la provincia despliega infraestructura dentro de un esquema más amplio que incluye 18 parques industriales, diseñados para captar inversiones con mayor componente tecnológico.

En ese marco, el planteo ante el ministro de Economía, Luis Caputo, introduce una dimensión política adicional. El pedido de bajar el umbral de USD 200 millones del RIGI apunta a que sectores como el forestal, el arrocero y el ganadero —con inversiones de menor escala relativa— puedan acceder a los beneficios del régimen.

Inversión, PyMEs y disputa por el alcance del RIGI

El desembarco de Central Puerto fortalece la narrativa oficial de Corrientes como destino competitivo para capitales productivos. La provincia gana volumen en un sector donde ya exhibe liderazgo en generación de energía por biomasa, con 100 MW instalados.

Sin embargo, la clave no está solo en la llegada de grandes jugadores. Desde el sector privado advierten que el impacto real dependerá de la integración con las PyMEs locales. La propuesta de crear un “Punto Verde” para gestionar exportaciones en origen refleja esa preocupación: reducir costos logísticos y evitar que el valor agregado se diluya fuera de la provincia.

En términos de correlación de fuerzas, el movimiento posiciona a Corrientes como interlocutor activo frente al Gobierno nacional en materia de política productiva. Mientras la Nación impulsa el RIGI como herramienta macro para atraer inversiones, la provincia plantea ajustes que contemplen las particularidades de las economías regionales.

El equilibrio es delicado. Acompañar el régimen, pero discutir su diseño. Captar inversiones, pero exigir reglas más flexibles.

Un tablero abierto entre desarrollo y regulación

La confirmación de la inversión abre un escenario de ejecución. El inicio de obras previsto para este año será el primer test de la capacidad provincial para transformar anuncios en actividad económica concreta.

Al mismo tiempo, la discusión sobre el RIGI recién comienza. Si el Gobierno nacional mantiene el piso de USD 200 millones, muchos proyectos regionales quedarán fuera del esquema. Si lo modifica, el régimen podría ampliarse, pero también cambiar su lógica original.

En ese cruce se jugará parte de la estrategia de desarrollo del interior productivo. Corrientes ya movió ficha: aseguró un desembarco relevante y planteó condiciones. Resta ver si el esquema nacional se adapta o si la tensión entre diseño macro y necesidades regionales se profundiza.

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