A través del Ministerio del Agro y la Producción, el Gobierno de Misiones continúa promoviendo espacios de formación técnica orientados a fortalecer las capacidades del sector productivo y aportar herramientas concretas para una producción más segura, eficiente y sostenible.
En este marco, hoy martes 29 de abril se desarrolla en Oberá la charla “Abejas y hogares: cómo actuar ante esta situación”, destinada a brindar información clave sobre cómo manejar la presencia de abejas en entornos urbanos y prevenir riesgos. La actividad, con entrada libre y gratuita, se realiza de 8 a 10 hs. en la Dirección de Desarrollo Económico (Larrea 625, esquina Chaco), con participación del Área de Desarrollo Agropecuario local.
Por otro lado, el próximo 8 de mayo se realizará en El Soberbio la Jornada de Capacitación sobre Cosecha de Yerba Mate, en la chacra del productor Alejandro Muller. El encuentro, que se desarrollará de 8:30 a 12 hs., contará con la disertación de los ingenieros agrónomos Néstor Munaretto y Guillermo Reutemann, y está dirigido especialmente a productores y trabajadores del sector yerbatero.
Ambas iniciativas forman parte de una política pública integral que busca acompañar al productor misionero, brindar formación continua y fomentar buenas prácticas en todos los eslabones de la cadena agroproductiva.
El viernes 9 de mayo, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) ofrecerá el seminario web “Tomar Mate Hace Bien: El Mate ayuda a proteger nuestros huesos”, a cargo del doctor Lucas Brun, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de Rosario.
El doctor Brun lideró un trabajo destinado a determinar científicamente la incidencia del consumo de mate en la salud ósea, investigación que fue reconocida por la Sociedad Americana para la Investigación de los Huesos y los Minerales (ASBMR, por sus siglas en inglés American Society for Bone and Mineral Research), que lo galardonó con el “2018 ASBMR Rising Star Award”.
El seminario web se realizará a las 11:00 horas, a través del canal de YouTube del Instituto Nacional de la Yerba Mate, y está abierto a todos los interesados en conocer o profundizar sobre las propiedades funcionales del mate, validadas científicamente, en la salud humana.
La iniciativa busca profesionalizar la difusión de la yerba mate en Argentina y el mundo, con certificaciones internacionales respaldadas por la American Yerba Mate Association.
La Academia de la Yerba Mate presentó su programa integral de formación para crear líderes y comunicadores expertos que difundan la cultura y las propiedades de esta tradicional infusión argentina a escala global. Con certificaciones internacionales y un enfoque académico inédito en Sudamérica, la iniciativa busca consolidar un mercado gourmet de la yerba mate y fortalecer las economías regionales.
Formación profesional para un mercado global
La Academia de la Yerba Mate nace con el objetivo de profesionalizar el conocimiento sobre el mate, combinando tradición, cultura, técnicas de cata y preparación de infusiones. El plan de formación incluye tres niveles: Yerbarista®, Sommelier de mate® y YerbaMaster®, cada uno diseñado para abarcar desde el ritual de cebar hasta el análisis sensorial, el maridaje y el conocimiento agronómico de la planta.
“Formar un ejército de comunicadores de la yerba mate” es la misión que impulsa a los fundadores Leonardo Paredes y Ariel Lacher, sommeliers certificados internacionalmente. “Queremos darle al mate la jerarquía que ya lograron productos como el vino argentino, generando embajadores que promuevan su calidad y su historia en todo el mundo”, explicó Paredes a Economis.
Un plan estratégico de difusión y certificación internacional
El proyecto cuenta con el respaldo de la American Yerba Mate Association (AYMA), con sede en Michigan, EE.UU., lo que garantiza certificaciones reconocidas internacionalmente para los egresados.
El programa de la Academia no solo incluye clases teóricas virtuales y masterclasses con expertos en yerba mate, sino también prácticas de campo en yerbales de Misiones y Corrientes, donde los alumnos podrán conocer de primera mano los procesos productivos y las prácticas sustentables que caracterizan a esta producción nativa de la Mata Atlántica.
“Este enfoque integral nos permite formar no solo conocedores de la infusión, sino también defensores de su valor cultural, ambiental y económico para la región”, agregaron los fundadores.
Un espacio educativo para fortalecer las economías regionales
La Academia busca además apuntalar a los pequeños productores, ofreciendo una plataforma para visibilizar yerbas de calidad diferenciada, cooperativas y proyectos boutique que hoy luchan por posicionarse en un mercado altamente competitivo.
“La comunicación de la calidad y la diversidad de la yerba mate es una deuda pendiente. Mientras un kilo de yerba se discute en góndola, otros productos gourmet se valorizan mucho más. Queremos cambiar esa percepción y abrir un nuevo capítulo para la yerba argentina”, subrayó Paredes.
Las clases comienzan el 30 de abril y estarán abiertas a estudiantes de todo el país y del exterior, con el objetivo de formar una primera generación de expertos que lleven la cultura del mate a nuevas fronteras.
Máximas y principios de formación
La Academia sostiene tres principios rectores para la formación de sus futuros expertos:
Compartir conocimientos y experiencias en torno al mate.
Hablar con fundamento, respaldando cada afirmación con información precisa.
Transformar ideas en acción, impulsando la cultura matera a través de proyectos concretos.
Estas máximas buscan no solo formar profesionales, sino también consolidar una comunidad de promotores de la yerba mate que actúen como líderes de opinión a nivel global.
Hacia un 2025 con la yerba mate como protagonista
Con su plan 2025, la Academia de la Yerba Mate apuesta a transformar la forma en que se difunde y valora este producto emblemático. La formación profesionalizada, la certificación internacional y la construcción de una red global de especialistas serán claves para consolidar a la yerba mate como un referente de la cultura alimentaria y saludable en el escenario internacional.
Durante 2024, las exportaciones de Misiones alcanzaron los 441,3 millones de dólares, registrando un crecimiento del 21,5% en comparación con 2023. En volumen, la provincia exportó 607.246.435 kilogramos netos, un 39,6% más que el año anterior. Este avance fue impulsado no solo por sus tradicionales productos como la pasta para papel y la yerba mate, sino también por el despegue del maíz, que se posicionó por primera vez como uno de los principales bienes exportables de la provincia.
En un hecho llamtivo, el maíz misionero mostró un crecimiento exponencial, con exportaciones que alcanzaron los 20 millones de dólares, marcando un salto del 256,1% en monto y un 354% en volumen respecto a 2023.
Este fenómeno se enmarca en un contexto nacional favorable, con la Argentina acelerando ventas externas de maíz para aprovechar la ventana comercial previa a la cosecha tardía de Brasil. Según registros oficiales, en marzo de 2025 se exportaron 2,47 millones de toneladas de maíz y en abril se anotaron otras 2,03 millones.
Pero ¿Misiones tiene suficiente maíz como para exportar? Lo cierto es que no. Se registra un déficit del consumo interno, aunque la base productiva está en expansión. Según el último Censo Nacional Agropecuario (CNA), de las 22.417 explotaciones agropecuarias (EAPs) existentes en Misiones, 9.378 EAPs (41%) producen maíz para grano, ocupando 25.046 hectáreas.
Con esta cantidad de unidades productivas, Misiones se ubica como la tercera provincia argentina con mayor número de establecimientos dedicados al cultivo de maíz, detrás de Buenos Aires y Córdoba.
Sin embargo, especialistas advierten que la situación real es más compleja. “En términos de volumen, suponiendo que Misiones exportara todo lo que produce, se cerraría el valor que publicaron”, explicaron analistas del sector agroindustrial.
De todos modos, Misiones continúa en déficit de maíz para su propia demanda interna, debido al fuerte consumo para engorde de animales, producción avícola y bioenergía. Hace algunos años, durante la gestión Cambiemos, en una alianza con la corporación Maizar, hubo un intento de expandir la frontera del maíz con unas 200 mil hectáreas, pero el plan fue rechazado por la Provincia y por grupos ambientalistas, ya que una superficie semejante demanda una enorme cantidad de agroquímicos, justo en momentos en que se impulsa la erradicación del glifosato.
La explicación es que parte del maíz exportado es abastecido con camiones provenientes de la zona núcleo o del Chaco, que logran despachar su producción desde Misiones bajo mecanismos formales.
Pero si el dato del maíz sorprende, mucho más llamativo es que en Misiones comienza a plantarse trigo. En forma incipiente y para autoconsumo, pero en las chacras de Cerro Azul, en la zona sur de la provincia, el cereal empieza a germinar en forma agroecológica.
El programa “Pan sin veneno” con productores campesinos y comunidades guaraníes, diseñado por el productor agroecológico Juan Carlos Furlán, ya cuenta con diez familias que participan del programa de soberanía alimentaria y energética en la provincia. Se busca recuperar el cultivo de trigo sin químicos ni dependencia del petróleo.
Con el nombre simbólico de “Pan sin veneno”, una experiencia inédita de producción de trigo agroecológico está dando sus primeros pasos en Misiones, impulsada por productores de base, con el acompañamiento del Ministerio de Agricultura Familiar y referentes técnicos de otras provincias. La iniciativa, liderada desde la estación experimental El Ceibalito por Furlán, promueve la siembra de trigo sin uso de agroquímicos ni fertilizantes sintéticos, con semillas autóctonas y tecnologías apropiadas como el uso de bueyes y arado de reja.
“El año pasado se hizo el primer ensayo de trigo ecológico en la provincia, y fue totalmente exitoso. Eso nos dio pie para lanzar este año el programa con una proyección más ambiciosa: llegar a diez familias campesinas con semillas para media hectárea cada una”, explicó Furlán en diálogo con Economis.
Para poner en marcha el programa fue necesario adquirir 600 kilos de semilla agroecológica, que ya están en manos de los productores. “Ya hicimos tres entregas, y en estos días se viene la cuarta y la quinta, incluso una de ellas será en una aldea guaraní cerca de San Pedro”, detalló el impulsor de la iniciativa.
El programa contempla la entrega gratuita de semillas y también asesoramiento técnico, gracias al trabajo conjunto con productores experimentados de la zona pampeana y técnicos del INTA Entre Ríos especializados en trigo agroecológico. “Es un equipo que ya está trabajando con los productores que ahora están preparando la tierra, porque si Dios quiere la siembra va a ser en mayo”, anticipó.
Furlán remarcó que el enfoque agroecológico no solo excluye el uso de “venenos” -como herbicidas, fungicidas o fertilizantes químicos- sino también cualquier tipo de maquinaria que dependa del petróleo. “Se apunta a la tecnología apropiada, la que conocen los pequeños campesinos misioneros, hablando de bueyes y arado de reja”, enfatizó.
El proyecto se articula con otras líneas de acción como la producción de biogás y de energías alternativas, bajo la consigna de “soberanía energética”, complementaria de la soberanía alimentaria. “La idea es recuperar cultivos que ya existían en Misiones, no inventar nada, y avanzar hacia el autoabastecimiento. Sabemos que media hectárea es apenas lo mínimo para el autoconsumo familiar, pero estamos dando un primer paso”, señaló.
El único compromiso que se pide a los productores es que, si la cosecha resulta exitosa, devuelvan al programa 90 kilos de semilla por cada 60 que recibieron, para conformar un banco provincial de semillas autóctonas que permita escalar la experiencia en los próximos años.
“Esa es la propuesta, ese es el desafío: multiplicar la semilla, el conocimiento y la capacidad de producir alimentos sanos en nuestras chacras. Pan sin veneno es mucho más que un título, es un proyecto de vida”, concluyó Furlán.
CNN — El sistema de milpa maya, con más de 3.500 años de antigüedad, es hoy ejemplo mundial en la producción de alimentos: provee a las comunidades de un sustento de calidad al tiempo que preserva la biodiversidad y mitiga el cambio climático.
Los sistemas alimentarios de las comunidades locales y pueblos indígenas, entre ellos la milpa que se practica en Yucatán, México, están destacados en un reciente informe histórico de IPBES -una plataforma mundial de referencia sobre biodiversidad y ecosistemas- como ejemplo de buena práctica de producción basada en una visión del mundo que busca el equilibro entre la naturaleza y los seres humanos.
La investigación, de la que la plataforma publicó un adelanto en diciembre, es el resultado del trabajo de 165 expertos que analizaron durante más de tres años las principales crisis ambientales, sociales y económicas que azotan al planeta, concluyendo que urge abordarlas de manera interrelacionada ya que hacerlo por separado, como sucede mayoritariamente hasta ahora, es ineficiente y puede ser hasta contraproducente.
En otras palabras, eso significa responder de manera integral a los desafíos que refieren a cinco áreas identificadas por los expertos: biodiversidad, cambio climático, agua, salud y alimentación.
El terreno de la alimentación es un ejemplo claro de esta interrelación: por un lado, el aumento en la producción de alimentos ha permitido un mayor consumo de calorías beneficioso para la salud, pero por otro se han extendido prácticas poco sostenibles que utilizan mal el agua, hacen que se pierda biodiversidad, aumentan las emisiones de gases contaminantes y disminuyen la calidad y diversidad de los alimentos. Además, sigue existiendo desnutrición e inseguridad alimentaria, y las dietas saludables resultan demasiado caras y por tanto inaccesibles para partes de la población global, en especial en países en desarrollo, analizan los expertos.
En este marco, ciertos sistemas de producción de origen indígena emergen como referencia.
Becky Chaplin-Kramer, científica principal de Biodiversidad de la organización WWF, explicó a CNN en Español que los investigadores tomaron como caso de estudio el sistema de la milpa maya en Yucatán, que “produce alimentos fomentando la identidad y la cultura, ofreciendo una nutrición completa y de calidad, y ha permitido evolucionar con la diversidad productiva de los huertos familiares”.
¿Cómo funciona la milpa? Un sistema de “policultivo eficiente” como pocos
La milpa es un sistema agrícola de policultivo practicado originalmente por los indígenas mayas, en el sur de México y Centroamérica.
Consiste, tal como explica la ONU, en rotar dentro de una zona selvática las parcelas agrícolas, plantando cultivos múltiples y permitiendo la regeneración natural del terreno. “Como resultado, estos ‘jardines forestales comestibles’ mantienen altos niveles de biodiversidad y fertilidad del suelo al preservar un mosaico de hábitats forestales y agrícolas, nuevos y regenerados”, dice la organización. En 2023, la FAO reconoció a la milpa maya de Yucatán como sistema de patrimonio agrícola de importancia mundial.
La especie principal con la que se trabaja es el maíz, que puede ir acompañado de especies de frijoles, calabazas, tomates, chiles y más, dependiendo de la región en la que se “haga milpa”.
Tradicionalmente se asocia esta práctica con la “tríada mesoamericana” formada por el maíz, el frijol y la calabaza, designadas popularmente como “las tres hermanas”.
El informe de IPBES destaca que los sistemas de conocimiento indígena “reconocen la complementariedad entre las especies que a menudo se plantan en la milpa”.
¿Cómo? “El maíz proporciona una estructura de soporte para los frijoles trepadores, cuyo follaje reduce las pérdidas de maíz por la depredación de las aves. El nitrógeno fijado por los frijoles beneficia al maíz y la calabaza, con sus tasas de fotooxidación más altas, que crecen en el sotobosque más bajo, debajo del maíz y los frijoles”, explica.
El documento destaca, de hecho, que “pocos sistemas modernos igualan su capacidad como policultivo eficiente, proporcionando valor nutricional completo a la dieta, al mismo tiempo que se adaptan a las condiciones ambientales de las tierras pobres en nutrientes y agua de la península de Yucatán”.
A esto se suma su fuerte valor cultural. En palabras de la antropóloga social Silvia Terán: “La milpa es el corazón de la cultura maya. Es una articulación entre naturaleza, sistema agrícola y cultura; dentro de la milpa, los tres elementos están en armonía”.
La investigación de IPBES –que propone más de 70 soluciones que atacan de manera combinada las crisis ambientales, económicas y sociales que atraviesan el planeta– incluye un segundo caso de estudio: la comunidad kelabita del Borneo malasio, que ha lograo una valorización de “patrimonio alimentario regional y las prácticas sostenibles de producción y búsqueda de alimentos de larga data a través de festivales culturales”, explica Chaplin-Kramer.
“Los factores de éxito observados en estos estudios de caso incluyen el respeto a la diversidad alimentaria y los sistemas de producción locales, y acciones para apoyar los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales al reconocimiento de la tenencia colectiva de la tierra”.
Los beneficios de la gestión indígena de las tierras
El reporte de IPBES también destaca cómo los conocimientos y las prácticas de comunidades locales y pueblos indígenas “pueden ayudar a conservar con éxito la biodiversidad y a gestionar de forma sostenible” los elementos interrelacionados que estudiaron: el agua, los alimentos, la salud y el cambio climático.
“Por ejemplo, en la Amazonia brasileña la deforestación se ha reducido de forma importante tras formalizar y hacer cumplir los derechos de tenencia de los territorios de los pueblos indígenas y las comunidades locales”, dice el adelanto del reporte.
El líder indígena Valdiney Satere recolecta una planta nativa de la Amazonía en un área rural al oeste de Manaos, en 2020. Ricardo Oliveira/AFP/Getty Images
Al respecto, la experta de WWF destacó que el reconocimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales y sus derechos contribuye a la mitigación del cambio climático. “Por ejemplo, se estima que el 30% del carbono forestal aéreo de la cuenca del Amazonas se encuentra en territorios indígenas, que han tenido más éxito que las áreas protegidas tradicionales en la conservación de estas reservas”, dijo.
Otra estadística destacada por la experta refiere a la deforestación: los territorios donde las comunidades locales e indígenas tienen plenos derechos de propiedad han registrado una disminución de la deforestación de hasta el 75%, dice citando estudios de 2020 y 2023, mientras que aquellos donde los derechos no son plenos o no están garantizados con seguridad no han llegado a esas cifras.
La importancia de hablar (y exigir)
La investigación de IPBES señala la necesidad de afrontar de manera interrelacionada los desafíos referidos a alimentos, salud, agua, biodiversidad y cambio climático en el entendido de que “son cuestiones indivisibles, interrelacionadas e interdependientes. Como están interconectadas, cuando una falla, las demás le siguen”, según dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cuando se publicó el resumen del informe.
Al respecto, Becky Chaplin-Kramer consideró que “actualmente no hay suficiente conciencia sobre las interconexiones en los muchos desafíos globales que enfrentamos”.
“Estamos bastante lejos de donde debemos estar para abordar estos desafíos interrelacionados de manera integrada, y la mayoría de las acciones tomadas por los Gobiernos todavía se centran en silos de desarrollo rural, energía, infraestructura, planificación urbana, todos separados de las agencias o Ministerios de Conservación o Medio Ambiente”, evaluó.
¿Hay algo que podamos hacer nosotros? Definitivamente sí, dice la experta. Hablar.
“Cada vez hay más conciencia sobre el cambio climático: ahora necesitamos ayudar a conectar los puntos sobre cómo la pérdida de biodiversidad agrava los crecientes riesgos que enfrentamos debido al clima (…) y viceversa”, explica.
Y también exigir. “Exige mejor, como votante y como consumidor. Desperdicia menos, compra menos. Hay muchos cambios que podemos hacer en nuestras vidas individuales para vivir más en armonía con la naturaleza, pero si no difundimos ese mensaje y presionamos continuamente a quienes están en el poder para que faciliten a otros tomar esas mismas decisiones, casi no tendremos un impacto”.