Chile espera con tranquilidad el balotaje presidencial

Mientras que en las calles los chilenos parecen más preocupados en las compras navideñas que en las elecciones, en las redes se vive la previa con crispación: los hashtag #Boric y #Ansiedad dominan el espacio y los debates sostienen la tensión y polarización.

Por IVÁN GAJARDO MILLAS – Las calles de Santiago amanecieron este sábado tranquilas en la jornada previa al crucial balotaje presidencial que enfrentará al candidato de la ultraderecha, José Antonio Kast, y al de izquierda, Gabriel Boric, sin la inquietud preelectoral mostrada en los días anteriores.

Algunas portadas matinales de los principales periódicos mostraron información lateral sobre la jornada de votación, sus eventuales efectos sobre los mercados, etc. mientras otras se las arreglan para incluir declaraciones de los candidatos, siempre en estricto cumplimiento de la veda vigente.

Pero en el central paseo Ahumada casi nadie se detiene a mirar las noticias y muchos parecen más preocupados por adquirir adornos en una enorme feria navideña emplazada allí, que se extiende hasta la Plaza de Armas, a una cuadra del histórico edificio que funcionó por décadas como el Congreso Nacional y hoy alberga a la Convención Constituyente.

El panorama evidencia un enorme contraste con la crispación que muestran las redes sociales, como Twitter donde este spabado los hashtag #Boric y #Ansiedad dominan el espacio y los debates sostienen la tensión y polarización que marcaron las últimas semanas.

El viernes por la noche, algunos enfrentamientos entre decenas de manifestantes y policías se registraron en la emblemática Plaza Dignidad, como todos los viernes desde el estallido social de 2019.

Este sábado, sin embargo, la tranquilidad matinal dominaba ese lugar, que parece extrañar el ajetreo que copó las portadas de los diarios del mundo hace apenas dos años, y que el tiempo, la pandemia y la vida cotidiana fueron transformando nuevamente en gris rutina capitalina.

A escasos metros de La Moneda, sede del Gobierno chileno, un grupo de jóvenes contó a Télam su preocupación ante la posibilidad de que gane Kast.

“Nosotros somos del Sur y en el Sur no nos gusta la derecha”, dijo Rosa, la más conversadora del grupo, que duda entre sacarse o no el barbijo para conversar con periodistas.

A unas pocas cuadras de allí, Víctor, un barrendero con uniforme de la Municipalidad de Santiago sostuvo que el candidato de la ultraderecha “representa el capitalismo y tiene mucha plata hecha en sus negocios”, una declaración que inicia una catarata de argumentos que -sorpresivamente- desemboca en “lo importante que es votar por Kast”.

Víctor vivió como inmigrante en España “en la época de (José Luis Rodríguez) Zapatero”, donde aprendió lo que significaba ser “sudaca”. Parece ser un recuerdo incómodo, pero minutos después larga una ristra de insultos contra la inmigración en Chile, particularmente contra “haitianos, dominicanos y venezolanos”.

“Nos vienen a sacar el trabajo a nosotros que somos chilenos poh”, denunció, repitiendo una frase que suena cada vez más en los últimos años en el país y explica en parte el avance de la ultraderecha.

Un hombre que limpia la vereda de la Catedral de Santiago se acerca, pero declina hablar de política, aunque muestra subrepticiamente el número dos con los dedos, en señal de su apoyo por Kast.

Rumbo al elegante poniente de la ciudad de Santiago hay una veintena de cuadras que aún muestran las huellas del estallido de octubre de 2019, un colorido caleidoscopio de miles de grafitis que condensan decenas de demandas que centran la agenda política chilena: género, el conflicto mapuche, feminismo, la Constitución, las jubilaciones, la educación.

En los últimos días se sumaron grafitis alusivos a la muerte de la viuda de Pinochet, Lucía Hiriart, quien falleció a los 99 años el pasado jueves, lo que desató una serie de reacciones de todo tipo -lamentos y festejos- en otra señal que da cuenta de la enorme fragmentación de la sociedad chilena.

En los exclusivos barrios de Lo Barnechea y La Dehesa, en el oeste de la ciudad, con casas valuadas en millones de dólares y un parque automotor de sorprendente modernindad, nada parece indicar que en las próximas horas habrá una elección presidencial.

Los niños juegan en arbolados parques mientras un grupo de jóvenes obedece a un coqueto letrero, al lado de una especie de una minipista de atletismo que propone: “No olvides elongar después de hacer ejercicios”.

No hay señales de que acá hubo carteles o propaganda política en algún momento. Las prolijas calles siguen su rutina habitual.

Ramiro, un taxista que circula por la zona, contó a Télam que votará por Boric. Explicó que ideológicamente se siente cercano a la izquierda e incluso narró sus peripecias militantes como férreo opositor a la dictadura. Finalmente concluyó: Chile es un país donde “el que la sabe hacer, le va bien…no hay modo de que si haces un negocio inteligente te vaya mal”.

Este domingo este país fragmentado y contradictorio definirá entre un candidato de izquierda de 35 años que abraza abiertamente la idea de aprobar una nueva Constitución que cambie la institucionalidad que produjo la paradoja actual de la estabilidad y la desigualdad, y otro de 55 años que se niega a calificar al Gobierno de Augusto Pinochet como una dictadura y propone garantizar una continuidad con las políticas de Estado de las últimas décadas.

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