Duomo cruzó otra frontera: desembarcó en Formosa, agotó el helado en su apertura y ya proyecta un segundo local
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La expansión de una empresa suele medirse en cantidad de locales, volumen de producción o nuevos mercados. Pero hay ocasiones en las que la respuesta de los consumidores ofrece una medida bastante más gráfica: Duomo llegó a Formosa y se quedó sin helado durante su primer fin de semana de actividad.
La marca nacida en Misiones inauguró una franquicia en la esquina de las avenidas Juan Domingo Perón y González Lelong, en el barrio San Miguel de la capital formoseña, y la demanda inicial superó las previsiones del nuevo franquiciado.
El propietario del establecimiento, Gianluca Citadini, explicó que el movimiento fue tan intenso durante el fin de semana largo que el lunes por la tarde debieron cerrar anticipadamente: habían agotado todos los baldes disponibles.
La situación obligó a activar rápidamente la logística entre provincias. Un camión salió desde Posadas con una nueva carga para reponer el stock y permitir la reapertura del comercio.
Más allá de la anécdota comercial, el desembarco en Formosa representa otro paso en la regionalización de una compañía nacida y desarrollada en Misiones, que durante los últimos años comenzó a extender su red hacia otros mercados del Nordeste y el Litoral.
Duomo ya tiene presencia fuera de la provincia y también desembarcó en Corrientes capital, además de contar con antecedentes de expansión hacia localidades correntinas, Chaco y Entre Ríos. La apertura formoseña amplía ahora ese mapa.
Del viaje a Misiones a invertir en una franquicia
Citadini proviene del ámbito deportivo y conoció los productos de Duomo durante un viaje familiar a Misiones. A partir de aquella experiencia surgió el interés por llevar la marca a Formosa.
El debut encontró una combinación particularmente favorable para una heladería: altas temperaturas, buen tiempo, el movimiento generado por el Día del Niño y el fin de semana largo. La suma de esos factores derivó en una afluencia que terminó desbordando la capacidad inicialmente prevista.
El local había comenzado a operar con una cámara y un pozo de frío cargados a máxima capacidad. No alcanzó.
Los sabores más demandados fueron pistacho, chocolate y crema griega con pasta de maní. Pero para el nuevo franquiciado, el producto constituye solamente una parte del modelo que intenta instalar.
“El trato no se negocia”, resumió Citadini al destacar que la propuesta busca combinar la calidad del helado con la atención al cliente.
La frase conecta, además, con una idea que forma parte de la cultura empresarial de Duomo desde sus comienzos.
Una empresa que empezó en 27 metros cuadrados
La escala actual contrasta con los orígenes de la compañía. En una entrevista realizada por Economis a Carlos Lancioni, fundador de Duomo, el empresario recordó que el primer establecimiento funcionó en un pequeño local alquilado sobre avenida Uruguay, en Posadas, a comienzos de los años 90.
Lancioni prácticamente hacía todo. Atendía, cobraba, elaboraba y hasta participó personalmente de las refacciones del inmueble. La primera etapa estuvo marcada más por el trabajo propio que por la disponibilidad de capital.
El salto comenzó cuando dejó de limitarse a comercializar helados de terceros y empezó a producirlos. La elaboración propia arrancó alrededor de 1992 y, según relató Lancioni en aquella entrevista, la producción inicial rondaba los 20 mil kilos anuales. Años después, la fábrica había alcanzado 1,3 millón de kilos por año.
Ese cambio de escala fue acompañado por otra transformación: pasar de una heladería a una organización empresarial capaz de crecer sin depender exclusivamente de su fundador. El modelo de franquicias terminó convirtiéndose en una de las claves de esa transformación. Esa estrategia permitió transformar una empresa nacida en Posadas en una marca con alcance regional. Hoy es una marca que emplea más de 500 personas en Misiones y la región.
