Carlos Lancioni

Duomo cruzó otra frontera: desembarcó en Formosa, agotó el helado en su apertura y ya proyecta un segundo local

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La expansión de una empresa suele medirse en cantidad de locales, volumen de producción o nuevos mercados. Pero hay ocasiones en las que la respuesta de los consumidores ofrece una medida bastante más gráfica: Duomo llegó a Formosa y se quedó sin helado durante su primer fin de semana de actividad.

La marca nacida en Misiones inauguró una franquicia en la esquina de las avenidas Juan Domingo Perón y González Lelong, en el barrio San Miguel de la capital formoseña, y la demanda inicial superó las previsiones del nuevo franquiciado.

El propietario del establecimiento, Gianluca Citadini, explicó que el movimiento fue tan intenso durante el fin de semana largo que el lunes por la tarde debieron cerrar anticipadamente: habían agotado todos los baldes disponibles.

La situación obligó a activar rápidamente la logística entre provincias. Un camión salió desde Posadas con una nueva carga para reponer el stock y permitir la reapertura del comercio.

Más allá de la anécdota comercial, el desembarco en Formosa representa otro paso en la regionalización de una compañía nacida y desarrollada en Misiones, que durante los últimos años comenzó a extender su red hacia otros mercados del Nordeste y el Litoral.

Duomo ya tiene presencia fuera de la provincia y también desembarcó en Corrientes capital, además de contar con antecedentes de expansión hacia localidades correntinas, Chaco y Entre Ríos. La apertura formoseña amplía ahora ese mapa.

Del viaje a Misiones a invertir en una franquicia

Citadini proviene del ámbito deportivo y conoció los productos de Duomo durante un viaje familiar a Misiones. A partir de aquella experiencia surgió el interés por llevar la marca a Formosa.

El debut encontró una combinación particularmente favorable para una heladería: altas temperaturas, buen tiempo, el movimiento generado por el Día del Niño y el fin de semana largo. La suma de esos factores derivó en una afluencia que terminó desbordando la capacidad inicialmente prevista.

El local había comenzado a operar con una cámara y un pozo de frío cargados a máxima capacidad. No alcanzó.

Los sabores más demandados fueron pistacho, chocolate y crema griega con pasta de maní. Pero para el nuevo franquiciado, el producto constituye solamente una parte del modelo que intenta instalar.

“El trato no se negocia”, resumió Citadini al destacar que la propuesta busca combinar la calidad del helado con la atención al cliente.

La frase conecta, además, con una idea que forma parte de la cultura empresarial de Duomo desde sus comienzos.

Una empresa que empezó en 27 metros cuadrados

La escala actual contrasta con los orígenes de la compañía. En una entrevista realizada por Economis a Carlos Lancioni, fundador de Duomo, el empresario recordó que el primer establecimiento funcionó en un pequeño local alquilado sobre avenida Uruguay, en Posadas, a comienzos de los años 90.

Lancioni prácticamente hacía todo. Atendía, cobraba, elaboraba y hasta participó personalmente de las refacciones del inmueble. La primera etapa estuvo marcada más por el trabajo propio que por la disponibilidad de capital.

El salto comenzó cuando dejó de limitarse a comercializar helados de terceros y empezó a producirlos. La elaboración propia arrancó alrededor de 1992 y, según relató Lancioni en aquella entrevista, la producción inicial rondaba los 20 mil kilos anuales. Años después, la fábrica había alcanzado 1,3 millón de kilos por año.

Ese cambio de escala fue acompañado por otra transformación: pasar de una heladería a una organización empresarial capaz de crecer sin depender exclusivamente de su fundador. El modelo de franquicias terminó convirtiéndose en una de las claves de esa transformación. Esa estrategia permitió transformar una empresa nacida en Posadas en una marca con alcance regional. Hoy es una marca que emplea más de 500 personas en Misiones y la región.

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Duomo acelera su expansión y abrió su primera heladería en la capital de Corrientes

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La expansión de una de las marcas gastronómicas más emblemáticas de Misiones suma un nuevo capítulo. Duomo inauguró su primera heladería en la ciudad de Corrientes, un desembarco largamente esperado por los consumidores correntinos y que marca un paso estratégico en el crecimiento regional de la empresa fundada por el empresario misionero Carlos Lancioni.

El nuevo local abrió sus puertas en Fray José de la Quintana 1203, esquina Mendoza, convirtiéndose en la sucursal número 89 de la cadena. “Nuestros amigos correntinos lo venían pidiendo hace mucho tiempo y hoy ya es una realidad”, celebró la empresa al anunciar la apertura del local, que busca convertirse en un nuevo punto de encuentro para vecinos y visitantes.

La apuesta, sin embargo, no termina allí. La empresa confirmó una nueva inversión en la capital misionera: adquirió la tradicional esquina de Colón y Sarmiento, donde proyecta instalar una segunda heladería, consolidando su presencia en uno de los principales mercados del Nordeste argentino. 

La llegada a la capital de Corrientes representa un nuevo hito para una firma que nació hace más de tres décadas en Posadas y que hoy se convirtió en una de las mayores cadenas de heladerías del NEA.

Actualmente, Duomo produce más de 1,3 millones de kilos de helado por año, cuenta con 89 heladerías en Misiones y presencia en Corrientes, Chaco y Entre Ríos, además de una red de franquicias que continúa creciendo. En total, alrededor de 500 personas trabajan directa e indirectamente vinculadas a la empresa.

Del esfuerzo personal a una red de franquicias

Detrás de ese crecimiento está la historia de Carlos Lancioni, quien comenzó prácticamente desde cero.

En una entrevista concedida a Economis, recordó que abrió su primer local alquilado en Posadas trabajando completamente solo: era heladero, cajero, vendedor e incluso albañil durante las refacciones.

“Yo estaba buscando una actividad que me permitiera trabajar por mi cuenta. Después de haber trabajado en una heladería en Alemania entendí que no necesitaba inventar un negocio revolucionario: necesitaba hacer mejor las cosas”, recordó.

Durante los primeros años vendía helados de otra marca hasta que comenzó a fabricar su propia producción con una pequeña máquina instalada inicialmente en su vivienda.

“Los primeros tres años me convenía económicamente ser empleado. Pero estaba convencido de que iba a funcionar”, explicó.

Lancioni sostiene que el diferencial de Duomo nunca fue únicamente el producto, sino la combinación entre calidad y atención al cliente. “La calidad no se puede tocar. Solo se puede mejorar. Ese es nuestro compromiso con quien entra a comprar un helado”, afirmó.

La expansión mediante franquicias también responde a esa lógica. La empresa selecciona cuidadosamente las ubicaciones para evitar saturar mercados y proteger la rentabilidad de quienes invierten en la marca.

“No nos interesa abrir heladerías solamente para vender más desde la fábrica. Queremos que al franquiciado también le vaya bien”, explicó.

El empresario reconoce que el contexto económico sigue siendo complejo para un producto considerado de consumo recreativo. “El helado no es una necesidad básica. La gente viene a darse un gusto y cuando el poder adquisitivo cae muchas veces posterga esa compra”, señaló.

Aun así, destacó que la estrategia de la empresa continúa siendo mantener un producto de calidad con precios accesibles, sin resignar estándares de elaboración.

La apertura en Corrientes y la confirmación de un segundo local sobre una de las esquinas comerciales más importantes de la ciudad muestran que, pese a la desaceleración del consumo, Duomo mantiene su plan de inversiones y apuesta a seguir consolidándose como una marca regional nacida en Misiones.

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