Gobernadores en primera fila en el CCK.

El carro delante del caballo y la cobardía de ponerle el cascabel al gato

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Sin perder tiempo, luego de la victoria del 22 de Octubre, el presidente Mauricio Macri y su círculo de mayor referencia comenzaron a revelar las modificaciones que pretenden llevar a cabo hace tiempo, acorde a lo prometido durante la campaña y en pos de atraer las inversiones prometidas. Mediante un acertado discurso ante gobernadores, empresarios y sindicalistas, se remarcaron los males que ya todos conocemos y que no nos permiten bajar la pobreza, ni crecer, ni crear empleos o simplemente evitar crisis cada diez años. En resumen, el Presidente remarcó que la Argentina necesita en forma urgente cuatro reformas fundamentales a saber: previsional, laboral, tributaria y fiscal.

Sin embargo, al otro día el ministro Nicolás Dujovne, no solamente anunció una reforma tributaria muy mediocre, reemplazando impuestos por impuestos en forma de shock y reducciones graduales, sino que para colmo, el proyecto llega sin una propuesta real de cómo reformar un Estado sobredimensionado. El problema es que sin reducir el Estado y bajar el gasto, toda otra reforma es puro voluntarismo que terminará en la nada y de esta forma Argentina no puede pretender recuperar el sendero del crecimiento perdido. Tanto Macri como Dujovne lo saben, inclusive lo admiten, pero a la hora de ejecutar, muestran más de lo mismo y con errores como el caso del impuesto al vino.

Los números de crecimiento que tiene nuestro país son realmente deplorables y si los comparamos con la región se trata de una verdadera desgracia. En los últimos 20 años nuestro PBI per cápita creció un magro 16%, mientras que la región creció un 53% donde tanto Chile con el 62% como Perú y Colombia con el 64% crecieron significativamente más. El PBI per cápita actual es un 7% más bajo que en 2011 e igual que en 2008. Son números tan elocuentes como dramáticos. Durante los casi 35 años que llevamos en democracia, todos los gobiernos han hablado de reducir la pobreza, sin embargo nada hicieron en pos de incrementar la riqueza y así los resultados están a la vista con 40 años en niveles de 30% de pobreza promedio.

Para que se entienda, Argentina tiene hoy una presión impositiva del 38% del PBI con un gasto público consolidado del 45% del PBI, mientras la región tiene en promedio 15 puntos menos de gasto y 10 puntos menos de presión tributaria. Los empleados públicos totales en los tres niveles pasaron de 2 a 4 millones y hoy cuestan $1.000.000.000.000. Los planes sociales subieron de 150.000 a más de 4 millones y los jubilados más que se duplicaron creciendo de 4 a 8,5 millones de beneficiarios. Y así hoy tenemos casi 25 millones de personas recibiendo un cheque del Estado. Para colmo de males, de los casi 20 millones de población económicamente activa que informa el Indec, sólo 10 millones aportan y el resto vive en la informalidad pero aún con los 20 millones formalizados la ecuación no cerraría.

La reforma tributaria actual baja la presión tributaria 0,18 puntos por año, es decir que Argentina tendría la presión tributaria promedio de la región para 2056. ¿En serio queremos eso? Además se incluyó un 5% de impuesto a la renta financiera en títulos locales y 15% en moneda extranjera, pegándole a los plazos fijos desde $200.000, el cual es de los pocos instrumentos disponibles en el mercado para el ciudadano común y que con la tasa actual ya están al límite de la inflación. Es cierto que varios países desarrollados cobran este impuesto, pero todos ellos son países con una inflación bajísima con un alto nivel de ahorro y donde la presión impositiva es mucho menor que en Argentina. Por lo tanto se eligió mal el momento para incorporar un impuesto que para colmo obligará al Gobierno a pagar mejor la emisión de títulos públicos con la que hoy financia al Estado, algo insólito teniendo en cuenta el nivel de endeudamiento actual. 

En conclusión si no bajamos el gasto público desde la Nación que incluya además del pacto de responsabilidad fiscal,  reformas fiscales y tributarias provinciales por parte de estos gobernadores adictos al gasto, además de seguir ahogando al sector privado impidiéndole ganar dinero, desincentivándolo a invertir, a ampliar su capacidad producción, a mejorar su productividad y a crear empleo, todo lo que pueda venir después será en vano y solo cambiara fichas en forma cualitativa, eso es la reforma tributaria actual. Lo que necesitamos son reformas cuantitativas valientes y de fondo que bajen impuestos hoy, de lo contrario perderemos otra oportunidad de crecer en serio y de repartir riqueza en lugar de miseria. Este gobierno, a pesar de la brutal herencia recibida, cuenta con el capital político para llevar a cabo profundas reformas, sin embargo ya desperdició una bala de plata al iniciar su gestión y hoy luego de dos batallas electorales ganadas se encuentra con otra gran oportunidad que parece también dilapidar.    

Otra vez la clase política parece ganar la discusión. No se habla de gasto público impagable sino de impuestos, si son estos altos, bajos o distorsivos. Sin embargo, el no bajo del gasto esperando que el crecimiento me resuelva todo durará mientras dure la posibilidad de tomar deuda, lo que ya sabemos cómo termina.

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