El consentimiento determina los límites compartidos

Por Dra. María Edith Martin (M.N.105686), sexóloga clínica, especialista en diversidad sexual y Presidente de Koinonía.

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Por Dra. María Edith Martin (M.N.105686), sexóloga clínica, especialista en diversidad sexual y Presidente de Koinonía.

Cada 4 de septiembre, desde 2010, se celebra el Día Mundial de la Salud Sexual, se trata de una fecha impulsada por la Asociación Mundial para la Salud Sexual, que permite reflexionar sobre la importancia de acceder y gozar de los derechos sexuales y reproductivos, para que se practique de manera saludable, satisfactoria y sin que esto implique riesgo alguno, garantizando el bienestar físico, social y mental.

Mientras en el mundo circulan imágenes que opacan la consagración de la selección española de fútbol femenino, y se cuestionan las actitudes de líderes de opinión que omiten o resguardan los sectores más beneficiados, vemos cómo el avance sobre el cuerpo de una jugadora evidencia acciones de índole privada, que ejercen personas más o menos influyentes, con actitudes deliberadas unilateralmente que dejan expuestas situaciones de vulnerabilidad.

Sobre esto vuelve el Día Mundial de la Salud Sexual, a partir de un enfoque marcado por el CONSENTIMIENTO, se trata de un concepto muy importante: para tener una vida sexual plena, placentera y segura, es fundamental conocerse, saber qué querés, saber qué no, y con quién, dónde, cuándo y cómo. Esto implica el consentimiento, de respetar tu deseo y hacerlo respetar. Y de compartir la experiencia con una persona que también haga lo mismo… Si se ponen de acuerdo ¡genial! Y, si no, bueno, será con otra persona.

Entonces, el consentimiento es específico e implica desear tener:

* una experiencia sexual concreta: desde abrazos, besos, caricias hasta prácticas con penetración, oral, vaginal o anal, ya sea con la mano, el pene o con juguetes… todas son experiencias sexuales, y que quieras tener una determinada práctica no significa que tengas “acceder” a tener otro tipo de encuentro;

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* con una persona en particular;

* en un determinado momento y lugar: que hayas tenido un encuentro sexual ayer o la semana pasada no implica una “obligación” de volver a estar con esa persona si no lo deseas.

Todo esto es también parte de un abordaje necesario, que incluye el consenso explícito sobre cómo cuidarte y cuidar a la otra persona de las infecciones de transmisión genital, de un embarazo no deseado y lo que profesionalmente llamamos cuidado emocional: no tomar fotos o videos sin permiso, abrazarse cuando termina la relación, o lo que sientas que necesites para que ese encuentro sea placentero y positivo, es decir, que termines bien y que salgas mejor que cuando lo iniciaste.

Sin embargo, el consentimiento no es un poder que se otorga indefinidamente; se puede “retirar”. Si quisiste tener una experiencia sexual, y durante el transcurso de la misma algo “no te cierra” o te sentís mal o simplemente no querés seguir: el encuentro se termina. No hace falta que “tengas una razón”, y no importa lo que la otra persona “haya hecho” (si te invitó a algún lado, te compró alguna cosa, pagó el hotel) o dejado de hacer para tener esa relación sexual. Si no tenés deseo de continuar, es NO.

NO ES NO. NO no es “tal vez”, no es “hacerse la/el difícil”. ES NO. ¡Solo SÍ es SÍ!

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